Hace ya dos años (que se dice pronto) mi amiga Irene y yo fuimos a ver Tres metros sobre el cielo, ahora hemos ido a ver su continuación. Nada más entrar en la sala, nos faltó santiguarnos, pues acabamos infiltradas entre hordas de carpeteras y quinceañeros y, claro, ya nos veíamos los gritos, el no enterarnos de nada ante las gracietas, los gritos y, quizás, algún lanzamiento de ropa interior a la pantalla.Pero no, durante las más de dos horas que dura Tengo ganas de ti, todo el cine estuvo en silencio sepulcral, pendiente de las aventuras y desventuras de Hache.
Y es que en Tengo ganas de ti nos reencontramos con los protagonistas que sobrevivieron a la primera parte varios años después del final de ésta. Hache vuelve de pasar una temporada en Londres y, además de reencontrarse con Katina, que se ha convertido en una gran amiga, conoce a Gin, una chica que logra hacerse un huequecito en su corazón, que aún sigue un poco obsesionado con Babi. Ésta, por su parte, ha seguido con su vida, un tanto aburrida al parecer, mientras su hermana está en plena edad del pavo.
A grandes rasgos, sería el planteamiento de la continuación, que me ha parecido más madura que Tres metros sobre el cielo. Además, también me ha parecido que ha sido una adaptación mucho más libre del libro que su antecesora, pero, personalmente, creo que los cambios que han introducido han sido para bien.
Me gustó mucho, por ejemplo, el que optaran por mantener a Katina como una chica dulce, algo triste por la pérdida de su novio, pero sin llegar a ser el personaje depresivo de los libros. Y, por cierto, un placer ver a Marina Salas en la película. Adoro a esta chica, haga lo que haga, y aquí me ha encantado. Su dulzura, su sencillez, la amistad con Hache... Sobre todo esta escena en la que quema su carta de despedida y se muestra más vulnerable que nunca. Un diez para la señorita Salas y, también, para el que ideó el final de Katina porque, a mí, una cursi y romántica empedernida, le encantó.
Y si Marina Salas está maravillosa, la protagonista lo está aún más, que ya es decir. Qué gran acierto Clara Lago. Desde el mero instante en que aparece, se adueña de la película. En serio, resulta imposible no adorar a su Gin, tan alegre, positiva, pero al mismo tiempo tan frágil y compleja.

De hecho, Clara Lago es la única actriz que no empequeñece al lado de Mario Casas. Y es que, el ídolo carpetero por excelencia, Mocopollo, tiende a arrastrar a la mediocridad a sus compañeras, como si les contagiara su (nula) capacidad de actuación.
Curiosamente, en Tengo ganas de ti Mario Casas ofrece su mejor y su peor trabajo al mismo tiempo. En la primera parte ya comenté que me convenció como Hache y, sí, cuando se tiene que limitar a ser un chulito y a hacer la mirada azul acero lo clava, el papel está hecho a su medida. No obstante, en Tengo ganas de ti se ha enfrentado a un par de escenas dramáticas en las que no ha sabido estar a la altura. Este chico llora muy mal y más que acongojar el espectador, daba un poquito de vergüenza ajena, sobre todo en la escena en la que se pelea con Gin.
Por su parte, el último vértice del triángulo, María Valverde pues... Hace lo que puede. No es que ella me convenza habitualmente, pero también es verdad que el papel de Babi es muy ingrato, sobre todo en esta segunda parte que se pasa más de la mitad de la película con cara de mártir porque en su casa todos son sufrimientos y luego, sencillamente, odias al personaje por ser cómo es. Además, es que Babi se pasa casi toda la cinta compartiendo protagonismo con su hermana, Daniela, y Nerea Camacho, además de ser adorable, está muy bien como hermana pija y en plena edad del pavo; personaje bastante más agradecido que la amargada de Babi.

Y, eso sí, la película está llena de buenos actores interpretando secundarios: Diego Martín repite como el hermano de Hache, Joan Crosas y Carmen Elías como sus padres, Manu Fullola, Luis Fernández, Álvaro Cervantes, Antonio Velázquez, Ferran Vilajosana (prácticamente en su primer trabajo y haciendo un papelón como hermano de Gin) y, sobre todo, el que a mí me emocionó por encima de todos: Ismael Martínez, ¡mi amado Cachas! Uhh, cómo me emocioné al verlo, vamos, que me puse toda carpetera, xD.
La cuestión es que me resulta muy injusto que se diga que le película triunfa porque tiene actores guapos sin talento. Vale, es evidente que si Mario Casas está ahí es porque tiene el tirón que tiene, cierto, pero el resto del reparto (sea más guapo o menos) cumple perfectamente con su papel, algunos con personajes más memorables que otros. En ese aspecto, Clara Lago, Marina Salas y Ferran Vilajosana tienen más suerte que otros.
Además, Tengo ganas de ti es una película muy entretenida. A pesar de durar poco más de dos horas, no se hace larga en ningún momento, ni da la sensación de que sobre metraje. Incluso tiene escenas y golpes muy divertidos, mezclados en su justa medida con otros dramas y el romanticismo. Hablando de éste último, sabe ser romántica sin ser cursi o pava, construyendo una relación muy dinámica (y, en general, divertida) entre Hache y Gin.

Encima, además de una Barcelona tan bonita como en la primera parte, vuelve a acertar en cuanto a fotografía y música. La banda sonora es perfecta y está escogida con mucho gusto. No podían haber conseguido algo más efectivo que la escena de Clara Lago cantando en el programa, mientras Hache va directo a cagarla. Y eso que Clara Lago no es precisamente Mariah Carey.
Vamos, que Tengo ganas de ti es una película muy entretenida, bastante bien hecha y salvo la excepción del tandem Mario Casas-María Valderde (que no, no funciona, no tienen química en pantalla), muy bien interpretada.
8/10.








