Ayer se terminaba la primera temporada de El caso en TVE y yo no puedo más que comenzar esta entrada pidiendo su renovación y no sólo porque se quedara todo en el aire, sino porque la serie lo merece y durante trece episodios no ha hecho más que crecer y demostrar lo sumamente bien orquestada que está y lo diferente a otras series españolas que es.
Y es que El caso es una de esas pocas que sabe aprovechar la larga duración de las series españolas a su favor y sin que se note las tramas de relleno para llegar a la hora y pico de episodio. De hecho, es precisamente su duración lo que ayuda a que pueda desarrollar el caso de forma no sólo entretenida, sino compleja y que juegue con el espectador a deducir qué está ocurriendo, al igual que hacen los protagonistas. Muchas veces en los procedimentales americanos los casos no tienen ese factor complejidad, más que nada porque los cuarenta minutos por episodio no permiten mucho margen de maniobra.
Además, en El caso también encontraban tiempo para dedicarle no sólo al caso del Asesino del Rosario, sino también a los personajes que conforman ese universo tan variado donde viven los protagonistas. Y eso, en mi opinión, ha sido otro acierto porque el elenco de personajes de El caso no sólo funciona, sino que todos son muy interesantes, al igual que sus relaciones.
Porque El caso demuestra cariño por sus personajes, dándole sus propias historias y desarrollando sus situaciones. Salvo Aparicio, se ha explorado las situaciones de todos los personajes de la redacción, incluso la de Aníbal que no era uno de los que más protagonismo tenía en un primer momento. Y, encima, cada una de esas historias servía para hablarnos de algo diferente, ya fuera algo más de la época, como algo más universal: el problema de estar endeudado de Germán, Aníbal teniendo problemas con el Opus, Paloma siendo madre soltera, Rodrigo y su matrimonio fallido, la independencia de Margarita...
Quizás no han sido tan brutales como deberían, estando la serie ambientada en plena dictadura franquista, pero creo que con eso se ha ganado en el factor encanto. Además, yo creo que han sabido usar la época muy a su favor: sin hacer una serie que fuera una crítica constante o un drama constante, pero sí usando los elementos de la dictadura para complicar la vida de los protagonistas, la publicación de la revista e incluso la investigación de ese caso a largo plazo que es el de Santa Cruz.
Vamos, que la dosis de crítica al régimen era la justa y la necesaria, siendo más una herramienta para contar la historia que viceversa y eso me ha gustado.
Sobre todo porque también ha servido para poner a los personajes en situaciones de riesgo (Germán a punto de ser condenado al garrote porque un policía le tiende una trampa, la pareja de franceses a punto de ser ajusticiados cuando eran una mísera cabeza de turco…) y, también, para justificar perfectamente el que el caso del Asesino del Rosario avance muy poco a poco. ¿Cómo va a hacer Jesús avances si el propio gobierno protege al asesino? Por cierto, golpe maestro que Santa Cruz sea alguien bien relacionado hasta el punto de que su primera víctima sea la hija de los guardeses del Pardo. Toma ya.
Es también digno de admiración lo bien que emplean la carta de Santa Cruz, ya que apenas le hemos visto, pero durante toda la temporada ha sido una presencia constante e inquietante, dándonos escenas de auténtica tensión: la visita en mitad de la noche a Clara, el ataque contra Rebeca... Vamos, es escuchar su musiquita y yo ya me ponía nerviosa.
Y, como decía al principio, en el estupendo final de temporada no se resolvió el asunto, no estamos un poco más cerca de resolver el caso, por mucho que Jesús y Camacho hayan descubierto que hubo una víctima previa a Asunción Montenegro. Lo que no sería tan malo, si el maldito Santa Cruz no siguiera con su juego de torturar a Jesús, amenazando ahora a Clara y Montenegro, a quien yo llamo, al igual que Jesús, Peluso porque no se puede ser más amor que ese chico.
O sea, por favor, tiene que haber segunda temporada para que se resuelva tanto eso como los otros cliffhangers que empezaron a marcarse: desde Rodrigo detenido y con un consejo de guerra ante sí (en serio, miedo me da que Rodrigo es mi favorito y eso suele ser muy malo para el personaje), hasta la posibilidad de que Gerardo haya muerto, lo que tampoco te aclaran demasiado. Vamos, que espero que TVE me renueve de una tacada tanto El caso como El ministerio del tiempo porque ambas se lo merecen y yo necesito más episodios.
Porque, como no me canso de repetir, El caso ha demostrado ser una serie muy buena, con personajes estupendos y que contaba mensajes que a mí me gustaban mucho.
Porque nos han hablado del amor como debe hablarse, sin que haya víctimas o verdugos, sino personas que cometían equivocaciones, pero que tampoco deseaban herir a nadie. Como ese Jesús enamorado de Rebeca, pero incapaz de darle lo que ella deseaba y haciéndose a un lado porque sabía que Camacho sí podía ofrecérselo. ¿Se puede hacer algo más bonito? La verdad es que la dinámica entre los tres me ha encantado, con los dos antiguos amigos enamorados de la misma, ella siendo muy clara y ellos condenados a entenderse.
Bueno, a mí el personaje de Camacho me ha encantado, me ha parecido uno de los más complejos. Quizás su papel no era el más agradecido, porque a veces era enemigo, a veces un amigo desagradable, pero también es cierto que nunca tienes demasiado claro por dónde va a salir y que el conflicto entre querer medrar, hacer justicia y la lealtad a Jesús y Rebeca es interesante.
Al igual que me ha gustado mucho cómo han enfocado la complicada situación sentimental de Clara. Por mucho que haya sufrido, Clara nunca se ha dejado llevar por la rabia, ni ha intentado herir a nadie, lo que le ha llevado a soportar carros y carretas. Y me ha gustado mucho que no se haya retratado a Gerardo como un cabrón, que habría sido lo más fácil, sino como una víctima de su época al que la sociedad no le dejaba ser ni él mismo, ni feliz. El pobre Gerardo daba mucha pena porque en ningún momento pretendía herir a Clara, incluso intentó arreglar las cosas y es terriblemente injusto que la culpa sea de esa sociedad arcaica y odiosa.
Aparentemente, Gerardo ha muerto en el accidente de tren, pero Clara ha notado alguna cosa rara, así que a mí me gustaría que siguiera vivo y que desarrollaran esa historia de amor con Cabrera, que se ha insinuado más que mostrado. Jolín, que Gerardo me da ternurita y quiero que sea feliz, al igual que quiero que Clara sea feliz.
Que, por cierto, me ha parecido todo un acierto que la relación de Clara con Peluso vaya poco a poco, en parte porque era lógico (bastante tenía Clara con superar el engaño como para meterse en otra relación), en parte porque así es más original y en parte porque creo que así sí pueden construir una historia de amor y no sólo de despecho. Sería muy sencillo para Clara aprovecharse de los evidentes sentimientos de Miguel para vengarse de Gerardo u olvidarse o tener eso que él le negaba al no sentirse atraído por ella, pero no lo hace y yo creo que eso mola mucho.
Porque en El caso nos han contado que el amor se basa en el respeto, en estar en sintonía con la pareja, admirarla y estar para lo bueno y para lo malo y eso mola mucho. Porque no sólo Jesús se hace a un lado porque sabe que no puede darle a Rebeca lo que quiere, sino que Clara está ahí para Gerardo y respeta a Miguel y Rodrigo y Paloma han demostrado estar para el otro ocurra lo que ocurra.
Es curioso porque al principio la historia de estos dos parecía un cliché (el jefe que está con la secretaria a escondidas, si es que hasta le llega a poner un piso), pero con el paso de los episodios hemos visto que no era una aventura, ni un capricho, sino que se querían. Rodrigo ha luchado por la nulidad matrimonial para estar con Paloma, ha adoptado a su hijo como suyo y le ha defendido con uñas y dientes, mientras que ella también le ha defendido a él y le ha ayudado constantemente. De hecho, la petición de matrimonio fue muy bonita, a pesar de que la interrumpieron, y el detalle del anillo me llegó a la patata.
Jolín, hay que salvar a Rodrigo para que nos vayamos de boda. ¡Maldita sea!
Bueno, y para acabar este repaso a la primera temporada de El caso (que me está quedando larguísima, lo sé, ¡pero hay mucho de lo que hablar!), sólo me falta señalar lo sumamente bien que está el reparto. Todos cumplen con su papel de maravilla, el buen rollo traspasa la pantalla y es que, encima, saben sacar partido a sus personajes, los cuales nunca me cansaré de alabar, porque, en serio, ¿se puede molar más que ellos? Si es que es la típica serie donde nunca terminas de tener muy claro cuál es tu favorito... Vale, antes he dicho Rodrigo, pero yo tengo un crush muy grande con Fernando Cayo. Y, vamos, que no es como si no adorara a Margarita, Clara, Jesús, Paloma, Germán...
Pues eso, que ojalá nos den una segunda temporada. Que espero que así sea porque necesito que esos cliffhangers se resuelvan y, encima, la audiencia ha sido muy regular.
No, en serio, ¿qué esperan para renovar tanto El caso como El ministerio del tiempo?
PD: En realidad, quiero creer en esa teoría de la conspiración de que están renovadas, pero TVE está esperando a ver qué pasa con Imanol Arias y Ana Duato para pronunciarse sobre Cuéntame y por eso no tenemos noticias. Soy más feliz así, ¿vale?
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miércoles, 8 de junio de 2016
jueves, 31 de marzo de 2016
La chica nueva de la oficina
Con unas tres semanas de retraso, porque soy así y yo lo valgo, os voy a hablar de uno de los últimos estrenos patrios: El Caso. Era una serie a la que le tenía ganas, básicamente porque la protagonista es Verónica Sánchez, a la que hay que rendirle pleitesía tras robar cualquier escena en Sin identidad con su estupenda Amparo. De hecho, Verónica Sánchez no llegó a fichar por Mar de plástico porque le salió El Caso, así que me generaba aún más curiosidad.
Y, bueno, el género negro es uno de mis favoritos, sobre todo en las series, así que tenía todas las papeletas para gustarme. Y me bastó ver el primer episodio para que me encantara, aunque los dos siguientes confirmaron que El Caso es muy, muy recomendable.
Bueno, situémonos, Madrid, 1966, Jesús Expósito (interpretado por Fernando Guillén Cuervo) es un periodista pasado de todo, que tiempo atrás fue policía y que arrastra un pasado truculento, pues su novia fue asesinada y está convencido de que el hombre detenido por el crimen no es culpable. Jesús escribe para El Caso, una revista de crímenes, lo que le lleva a colaborar más o menos estrechamente con la policía, sobre todo con el comisario Montenegro (Francisco Ortiz), que es el hermano de su antigua novia. Por otro lado, con quien se lleva a matar es con Antonio Camacho (Antonio Garrido), comisario jefe, que fue su amigo de la infancia.
La acción arranca no sólo con un nuevo caso que investigar, sino con la llegada de Clara López-Dóriga (Verónica Sánchez) a la redacción del Caso. Clara acaba de llegar de Londres, es joven guapa y básicamente una niña bien, que además es hija de un importante cargo del Régimen. Por eso, en un principio Jesús no la recibe precisamente con los brazos abiertos, ya que se teme que tiene que cargar con ella por un mero capricho. Sin embargo, Clara no tarda en demostrar su valía y ganarse el respeto tanto de Jesús como del resto de la redacción.
Como os podéis imaginar, El Caso mezcla tanto casos episódicos como una trama horizontal, que está protagonizada por El asesino del rosario, un asesino en serie que mató a la novia de Jesús y que desde el principio sabemos que no es quien pagó por los crímenes.
En ese sentido, El Caso podría ser una serie muy típica, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de procedimentales que hay con esa estructura. Sin embargo, desde el primer momento El Caso demuestra que es algo más y que tiene su propia personalidad. En primer lugar, por el aire noir que tiene, como de película antigua, para lo que usan no sólo la fotografía o la música, sino también la época en la que está ambientada. Estamos en 1966, en pleno franquismo, algo que no se ignora (hola, Velvet, ¿te crees que eres un multiverso de la DC o algo?), pero que tampoco es lo principal.
Sí, Clara, Jesús y compañía viven en la España de los 60, lo que no sólo se traduce en esa estética tan chula que tienen, sino en que hay muchos factores que influyen en sus vidas: el qué dirán, el poder de los políticos, censores, el empeño del Régimen por ocultar que en España había crímenes...
Es cierto que se toman ciertas licencias, pero no molestan y, como ya he dicho, emplean la época muy a su favor, lo que es todo un acierto.
Además, El Caso es algo más que un procedimental. Por mucho que los casos que van investigando Jesús y Clara, para obtener el artículo que corresponde, sean importantes y el motor de cada episodio, la serie nos cuenta más cosas. Y es que El Caso se está molestando en crear un universo complejo y formado por muchos personajes secundarios: desde la redacción de la revista, hasta los allegados de los protagonistas. Así, poco a poco van dando matices y perfilando a los secundarios, incluso dándoles sus propias tramas, que al final acaban confluyendo en las principales: la complicada situación de Germán por sus deudas de juego, les ha acabado dando pistas en varias tramas, por poner un ejemplo.
Y, claro está, se están molestando mucho en desarrollar a Jesús y Clara como algo más que ser el vehículo de la acción. Ambos son humanos, con sus defectos, sus virtudes y sus relaciones y también sus distintas situaciones.
Así, por un lado tenemos a Jesús, que quedó muy marcado por el asesinato de Asun, su novia de cuando era joven, lo que le afecta no sólo a la hora de seguir investigando el caso, sino también a la de desarrollarse con la gente de su entorno: el que era su mejor amigo le odia, sale con Rebeca pero no parece por la labor de comprometerse como ella quiere, Montenegro es como si fuera su hermano... De hecho, aunque no lo han dicho (de momento), se deja entrever que eso hace que se tome tan serio su trabajo y que acabara dejando la policía.
Encima, las escenas que tienen que ver con Jesús y El asesino del rosario son muy chocantes (el descubrimiento del cuerpo de Asun es una escena muy potente), de esas que se te quedan en la retina y resultan poderosas.
Por otro lado, está Clara y no puede ser más maravillosa. Clara no sólo demuestra desde el minuto uno que es lista y va a convertirse en una gran profesional, sino que tiene carácter, es maja y la pobre es una pupas. Por si no tenía suficiente con que su padre quiera cortar sus ambiciones para que cumpla con lo que él espera (quedarse en casa criando niños), la pobre descubre en el primer episodio que su marido la engaña con un hombre. Un hombre que, para más INRI, va a acabar siendo el censor que imponga su padre a la revista. Vamos, que se puede tener una situación familiar complicada y luego lo que tiene la pobre Clara.
Que, por cierto, fue ver el episodio piloto del Caso y comprender por qué Verónica Sánchez pasó del insufrible personaje de Marta en Mar de plástico para interpretar a Clara en El Caso. Es que no hay color, vamos.
Además, en El Caso todos los personajes son muy buenos (ya te caigan bien o te caigan mal) y todo el reparto está estupendo. Un reparto que, encima, no tiene desperdicio, pues cuenta con unos secundarios de lujo: Fernando Cayo me tiene ganada desde que aparece como el jefe caradura y rebelde de la revista, Blanca Apilánez tiene muchísima presencia como la reportera experimentada, Antonio Garrido no puede ser mejor haga lo que haga (que este hombre era Mario en Los protegidos y el malo malísimo de Augusto Lloveras en Amar es para siempre y estaba inmenso en ambos papeles)... y así podría seguir con todos, porque hasta Francisco Ortiz me ha sorprendido para bien (vale, quizás sea injusta juzgándole por ver escenas sueltas de El secreto de Puente Viejo si pasaba por ahí, pero ahí estaba fatal).
Otro aspecto interesante es que todos los casos están basados en hechos que de verdad ocurrieron y que protagonizaron las páginas de la revista. Por ejemplo, yo había oído hablar de la desaparición del niño pintor que es el misterio a resolver en el tercer episodio emitido.
Y encima El Caso mantiene ese espíritu de invitar al espectador a averiguar la solución al misterio junto a los personajes, como hacía la (muy tristemente) desaparecida Los misterios de Laura. Eso sí, los casos no están tan elaborados, ni resultan tan complicados como a los que se enfrentaba nuestra querida Laura Lebrel, y la serie tira más por el noir e incluso el thriller que por la complejidad del misterio. Aunque, bueno, eso no es que sea malo, ya que, como he dicho antes, le da su propia personalidad y hace que El Caso sea única.
Lo único malo que puedo decir de ella es que los de Antena 3 le han hecho la puñeta al programar Allí abajo el mismo día que venía emitiéndose El Caso, así que, claro, le ha acabado haciendo pupa.
Y, bueno, el género negro es uno de mis favoritos, sobre todo en las series, así que tenía todas las papeletas para gustarme. Y me bastó ver el primer episodio para que me encantara, aunque los dos siguientes confirmaron que El Caso es muy, muy recomendable.
Bueno, situémonos, Madrid, 1966, Jesús Expósito (interpretado por Fernando Guillén Cuervo) es un periodista pasado de todo, que tiempo atrás fue policía y que arrastra un pasado truculento, pues su novia fue asesinada y está convencido de que el hombre detenido por el crimen no es culpable. Jesús escribe para El Caso, una revista de crímenes, lo que le lleva a colaborar más o menos estrechamente con la policía, sobre todo con el comisario Montenegro (Francisco Ortiz), que es el hermano de su antigua novia. Por otro lado, con quien se lleva a matar es con Antonio Camacho (Antonio Garrido), comisario jefe, que fue su amigo de la infancia.
La acción arranca no sólo con un nuevo caso que investigar, sino con la llegada de Clara López-Dóriga (Verónica Sánchez) a la redacción del Caso. Clara acaba de llegar de Londres, es joven guapa y básicamente una niña bien, que además es hija de un importante cargo del Régimen. Por eso, en un principio Jesús no la recibe precisamente con los brazos abiertos, ya que se teme que tiene que cargar con ella por un mero capricho. Sin embargo, Clara no tarda en demostrar su valía y ganarse el respeto tanto de Jesús como del resto de la redacción.
Como os podéis imaginar, El Caso mezcla tanto casos episódicos como una trama horizontal, que está protagonizada por El asesino del rosario, un asesino en serie que mató a la novia de Jesús y que desde el principio sabemos que no es quien pagó por los crímenes.
En ese sentido, El Caso podría ser una serie muy típica, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de procedimentales que hay con esa estructura. Sin embargo, desde el primer momento El Caso demuestra que es algo más y que tiene su propia personalidad. En primer lugar, por el aire noir que tiene, como de película antigua, para lo que usan no sólo la fotografía o la música, sino también la época en la que está ambientada. Estamos en 1966, en pleno franquismo, algo que no se ignora (hola, Velvet, ¿te crees que eres un multiverso de la DC o algo?), pero que tampoco es lo principal.
Sí, Clara, Jesús y compañía viven en la España de los 60, lo que no sólo se traduce en esa estética tan chula que tienen, sino en que hay muchos factores que influyen en sus vidas: el qué dirán, el poder de los políticos, censores, el empeño del Régimen por ocultar que en España había crímenes...
Es cierto que se toman ciertas licencias, pero no molestan y, como ya he dicho, emplean la época muy a su favor, lo que es todo un acierto.
Además, El Caso es algo más que un procedimental. Por mucho que los casos que van investigando Jesús y Clara, para obtener el artículo que corresponde, sean importantes y el motor de cada episodio, la serie nos cuenta más cosas. Y es que El Caso se está molestando en crear un universo complejo y formado por muchos personajes secundarios: desde la redacción de la revista, hasta los allegados de los protagonistas. Así, poco a poco van dando matices y perfilando a los secundarios, incluso dándoles sus propias tramas, que al final acaban confluyendo en las principales: la complicada situación de Germán por sus deudas de juego, les ha acabado dando pistas en varias tramas, por poner un ejemplo.
Y, claro está, se están molestando mucho en desarrollar a Jesús y Clara como algo más que ser el vehículo de la acción. Ambos son humanos, con sus defectos, sus virtudes y sus relaciones y también sus distintas situaciones.
Así, por un lado tenemos a Jesús, que quedó muy marcado por el asesinato de Asun, su novia de cuando era joven, lo que le afecta no sólo a la hora de seguir investigando el caso, sino también a la de desarrollarse con la gente de su entorno: el que era su mejor amigo le odia, sale con Rebeca pero no parece por la labor de comprometerse como ella quiere, Montenegro es como si fuera su hermano... De hecho, aunque no lo han dicho (de momento), se deja entrever que eso hace que se tome tan serio su trabajo y que acabara dejando la policía.
Encima, las escenas que tienen que ver con Jesús y El asesino del rosario son muy chocantes (el descubrimiento del cuerpo de Asun es una escena muy potente), de esas que se te quedan en la retina y resultan poderosas.
Por otro lado, está Clara y no puede ser más maravillosa. Clara no sólo demuestra desde el minuto uno que es lista y va a convertirse en una gran profesional, sino que tiene carácter, es maja y la pobre es una pupas. Por si no tenía suficiente con que su padre quiera cortar sus ambiciones para que cumpla con lo que él espera (quedarse en casa criando niños), la pobre descubre en el primer episodio que su marido la engaña con un hombre. Un hombre que, para más INRI, va a acabar siendo el censor que imponga su padre a la revista. Vamos, que se puede tener una situación familiar complicada y luego lo que tiene la pobre Clara.
Que, por cierto, fue ver el episodio piloto del Caso y comprender por qué Verónica Sánchez pasó del insufrible personaje de Marta en Mar de plástico para interpretar a Clara en El Caso. Es que no hay color, vamos.
Además, en El Caso todos los personajes son muy buenos (ya te caigan bien o te caigan mal) y todo el reparto está estupendo. Un reparto que, encima, no tiene desperdicio, pues cuenta con unos secundarios de lujo: Fernando Cayo me tiene ganada desde que aparece como el jefe caradura y rebelde de la revista, Blanca Apilánez tiene muchísima presencia como la reportera experimentada, Antonio Garrido no puede ser mejor haga lo que haga (que este hombre era Mario en Los protegidos y el malo malísimo de Augusto Lloveras en Amar es para siempre y estaba inmenso en ambos papeles)... y así podría seguir con todos, porque hasta Francisco Ortiz me ha sorprendido para bien (vale, quizás sea injusta juzgándole por ver escenas sueltas de El secreto de Puente Viejo si pasaba por ahí, pero ahí estaba fatal).
Otro aspecto interesante es que todos los casos están basados en hechos que de verdad ocurrieron y que protagonizaron las páginas de la revista. Por ejemplo, yo había oído hablar de la desaparición del niño pintor que es el misterio a resolver en el tercer episodio emitido.
Y encima El Caso mantiene ese espíritu de invitar al espectador a averiguar la solución al misterio junto a los personajes, como hacía la (muy tristemente) desaparecida Los misterios de Laura. Eso sí, los casos no están tan elaborados, ni resultan tan complicados como a los que se enfrentaba nuestra querida Laura Lebrel, y la serie tira más por el noir e incluso el thriller que por la complejidad del misterio. Aunque, bueno, eso no es que sea malo, ya que, como he dicho antes, le da su propia personalidad y hace que El Caso sea única.
Lo único malo que puedo decir de ella es que los de Antena 3 le han hecho la puñeta al programar Allí abajo el mismo día que venía emitiéndose El Caso, así que, claro, le ha acabado haciendo pupa.
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