Mostrando entradas con la etiqueta El ministerio del Tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El ministerio del Tiempo. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de octubre de 2016

5 series que la lían parda jugando con el tiempo

Todos los años hay un tipo de género que parece ir replicándose en los estrenos y este año han sido los viajes en el tiempo y las consecuencias de éstos. Bueno, mejor dicho, este año parece que es el año de liarla parda con el espacio tiempo y, por eso… ¡Sí, nueva lista al canto! Me encanta hacer listas, ya lo sabéis. Y no me voy a andar con rodeos y vayamos con...

Series que la liaron parda jugando con el tiempo.

The Flash


A lo largo de las dos primeras temporadas de The Flash, Barry Allen descubría que podía viajar atrás en el tiempo y, aunque la primera vez que lo hace salva a Cisco, también pierde la oportunidad de salir con Iris. Así que Wells le advierte que no juegue con el tiempo, ya que siempre trae consecuencias que no puedes controlar y, quizás, todo resulte peor que como era al principio.

Pues bien, al final de la segunda temporada, Barry decide que todo se la pela y vuelve atrás en el tiempo para impedir que asesinen a su madre. ¿Qué eso va a trastocar todo? Pues evidentemente, pero a Barry le da igual y durante tres semanas se dedica a perseguir a Iris sin ni siquiera molestarse en buscar qué ha sido de los demás. Que podría ponerle a hablar de lo egoísta que demuestra ser Barry, pero no es la cuestión, ya que hay que hablar de cómo ha terminado jodiendo el tiempo.

Pese a reparar su error, que creó la línea temporal Flashpoint, el mundo de Barry ha cambiado y ni siquiera sabemos bien cómo ha podido hacerlo: el hermano de Cisco ha muerto, Caitlin tiene poderes, Alchemy está por ahí dando por culo, ha aparecido Julian de la nada (es tan cantado que es Alchemy que me voy a ir con que es una manifestación de la speedforce, ahí dejo eso) y ni siquiera sabemos cómo tienen poderes o qué ha sido de Wells, porque Eobard Thawne se va tan pito en lugar de revivir su propia historia.

Legends of tomorrow


En un futuro apocalíptico, la familia de Rip Hunter es asesinada, así que éste recluta a un grupo de pringadillos cuya muerte no causará ningún cambio en la historia para detener a Vandal Savage y salvar a su familia. Durante la primera temporada se dedican a cazar a Savage a lo largo de la historia y, cuando Rip asume que no puede salvar a su familia (lo que es de cajón, Rip: a ver, si la muerte motiva el viaje, si viven, no hay viaje y no las salvas, es una paradoja), deciden dedicarse a proteger la historia. Aunque, claro, como los Legends son como son, siempre hay peleas de por medio, meteduras de pata y caos en general.

He de decir que los Legends todavía no la han liado muy parda en lo que a joder la historia se ha dicho (bueno, salvo algún futuro alternativo que arreglan), aunque ahora tenemos a Reverse Flash y a Damian Dahrk aliándose con los nazis, lo que no puede traer nada bueno.

Frequency


Está claro que las tramas de alterar el tiempo estaban de oferta en la CW, porque ya van tres series que se basan en esa idea. Eso sí, Frequency es distinta, ya que no va de superhéroes que viajan en el tiempo a lo loco, sino que trata de Raimy, una detective que, por cosas de una tormenta, logra contactar con radio con su padre justo antes de que muera por ser corrupto.

Raimy, entonces, descubre que su padre no era un corrupto, sino que le tendieron una trampa, así que le avisa y el tío se salva. ¿El problema? Pues que Raimy no debe ser muy entendida de la ciencia-ficción y no se le ocurre pensar que cambiar algo del pasado, puede alterar su presente. Y, sí, ahora tiene una serie de bonitos recuerdos con su padre, pero su madre murió a manos de un asesino en serie que, en esta nueva realidad, ha matado a mucha más gente y, de paso, como su madre le presentó a su prometido, se ha quedado sin éste.

Así que Raimy en el presente y el padre buenorro en los noventa intentan salvar a la madre, mientras van cambiando la historia sin parar. Suerte tienen que no hay un Ministerio del Tiempo en yankilandia, que si no Salvador ya les habría echado la bronca. Dicho lo cual...

El ministerio del tiempo


La serie española tiene ya dos años de antigüedad (y va a haber tercera entrega, ¡regocijémonos!) y la verdad sea dicha no han liado ninguna permanente. De hecho, quién iba a decirlo, los españoles son los que mejor mantienen el tiempo, salvo en algún momento puntual, como esa victoria a cinco en Eurovisión. Pero la patrulla formada por Amelia, Alonso y Julián (o mi más que adorado Pacino) ha conseguido mantener la historia como debería, incluso cuando ha habido cambios.

Fue algo que se vio en la segunda temporada. Primero cuando Lombardi se cruza en el camino de Cristóbal Colón y le acaba sustituyendo (así que el tal Colón lombardizó América) y después cuando Felipe II decide convertirse en el rey del tiempo y reina en todas las épocas, cambiando completamente la actualidad. Sin embargo, nuestra intrépida patrulla logra arreglarlo todo, no sin sacrificios, claro está.

Timeless


Si la patrulla española siempre se las apaña para cumplir, el trío americano son un poco inútiles. En sus cuatro episodios emitidos, además de cruzarse en el camino de personajes de interés, siempre han acabado perdiendo el enfrentamiento contra Flynn y cambiado cosas sin pretenderlo. Algunas son de lo más curiosas, como la de una novela de Ian Flemming con ellos como protas, mientras que con otras se ha liado muchísimo más: Lucy pierde a su hermana, que no llega a nacer, y le sale un prometido buenorro de la nada.

Habrá que ver cómo sigue el asunto, pero de momento yo sigo temiendo por el presente de los yanquis, ya que Flynn siempre se acaba saliendo con la suya y, de momento, tiene una máquina del tiempo con una súper batería.

Esas son todas las series que, por ahora, están jugando con el tiempo. Falta por estrenar Time after time, que también va sobre viajes en el tiempo. Y, no, no me olvido del Doctah, pero él no la lía pardísima con el espacio tiempo, sino que suele arreglar esas cuestiones. Pero, bueno, ¿alguna que me haya dejado?

miércoles, 5 de octubre de 2016

El sospechoso parecido de Timeless con El ministerio del tiempo

Yo tenía pensado el hablaros sobre This is us, que es uno de los estrenos que más me ha gustado y eso que sólo he visto dos episodios. Sin embargo, ayer vi Timeless (que se estrenó el lunes en la NBC) y, claro, no me pude resistir por lo polémica que ha sido sin ni siquiera estrenarse.

Y es que la productora de la serie española El ministerio del tiempo (que es grandeza de la buena) ha denunciado a la productora de Timeless por plagio. Y, bueno, como somos como somos (ya sabéis, Spain is different) pues se lió un poco parda por las redes con los defensores y detractores de Javier Olivares, en plan que si tenía razón, que si sólo llamaba la atención y demás.


Total, que yo prefería esperarme a ver el piloto para opinar, porque encima el responsable de Timeless es Eric Kripke, que fue el creador de Supernatural y su showrunner durante las cinco primeras temporadas, que fueron las mejores con diferencia (perdóname octava, porque fuiste un oasis de grandeza y de destiel, pero es así) y me gustaban varios actores del reparto a quien ya había visto (si tienen a Doc de Regreso al futuro, eso es un sí muy grande).

Y lo he visto.

Y me ha gustado.

Pero vayamos por partes, porque a lo mejor vosotros no tenéis ni repajolera idea de qué diantres es Timeless. En realidad, es bastante sencillo: el misterioso Flynn (Goran Visnjic, al que habéis podido ver en Urgencias) roba una máquina del tiempo con la intención de cambiar la historia, por lo que se recluta a un equipo para que le persiga, consiga la máquina del tiempo e impida que la historia cambie. El equipo está formado por la experta en historia Lucy Preston (Abigail Spencer, que interpretaba a Scottie en Suits), el soldado viudo Wyatt Logan (Matt Lanter) y el ingeniero Rufus Carlin (Malcolm Barrett).


Ni que decir tiene que Javier Olivares y su Ministerio del tiempo no tienen la exclusiva sobre los viajes del tiempo, ni mucho menos. Por ahí tenemos al Doctor saltando al pasado y al futuro con su Tardis (y curiosamente tanto El ministerio como Timeless bebe mucho de Doctor Who) u otras mucho menos conocidas como Tru Calling, Continuum o incluso clásicos como Quantum leap y un gran etcétera.

Sin embargo, los parecidos entre las dos series se aprecian desde el punto de partida: un grupo formado por dos hombres y una mujer viajan constantemente al pasado para impedir que la historia cambie, bajo las órdenes de una misteriosa organización. En El ministerio del tiempo, como bien dice su título, la patrulla formada por Amelia, Alonso y Julián trabaja para el gobierno español de forma oficial (lo que permite introducir muchos golpes de humor basados en la figura del funcionario), mientras que la americana lo deja un poco en el aire: a Lucy la recluta el gobierno americano, pero en ningún momento mencionan que sea algo oficial y, de hecho, parece una organización privada.

Y la cuestión es que, tras ver el episodio piloto de Timeless, es imposible no creer que fue escrito tras ver El ministerio del tiempo, algo que ocurrió porque ambas productoras estuvieron en negociaciones para adaptar El ministerio del tiempo en Estados Unidos. Curiosamente, la cadena encargada de emitir Timeless es NBC, que fue la misma cadena que adaptó Los misterios de Laura de forma oficial.


Y precisamente, mientras veía Timeless, me he acordado mucho de The mysteries of Laura, que ambas tienen algo en común, al menos en mi opinión: las series están bien, son entretenidas, se dejan de ver, pero no dejan de ser una americanada de tomo y lomo basada en una serie española.

Porque, en serio, Timeless está bien. Me ha gustado el episodio piloto y me ha parecido muy entretenido y pienso seguir viéndola, pese a que El ministerio del tiempo mola mil veces más (y es más original y no porque Timeless sea un plagio). Sin embargo, joder, no han podido hacerla más americana en el sentido de pastiche, propaganda yanki y cliché.

Por ejemplo, una de las pocas diferencias que hay es que la patrulla española viaja a través de puertas, lo que a mí me parece mucho más original. También, desde que he visto Timeless, me parece más práctico y mejor pensado. Porque, claro, el equipo americano tiene una máquina del tiempo, rodeada del típico laboratorio enorme lleno de ordenadores y científicos anónimos que están ahí todo el rato, haciendo cosas que nosotros no comprendemos. Sin embargo, tienen esta máquina del tiempo:


¿Qué narices es ese huevo? En serio, ¿quién la ha diseñado? ¿Agatha Ruiz de la Prada? Porque, no es por nada, pero esa puerta sin una escalerilla ni nada es incómoda de narices. Me veo a los pobres protas tirándose de cabeza y esperando acertar. Como alguno no sea bueno encestando, se va a meter unas cuantas leches bien dadas. Ni que decir tiene que yo me habría espatarrado nada más aterrizar en el pasado (y por eso debería ser companion del Doctor y no trabajar para esta gente).

Lucy preguntándose cómo baja de ahí sin escoñarse.

También disparan a la mínima, porque eso de tirar de ingenio para salir de situaciones peliagudas pues como que no (ya me gustaría a estos verse enfrentarse a los portugueses que iban tras Cristóbal Colón). Y, lo que más me gusta, lo que le da sentido a una serie americana: ¡el malo quiere destruir Estados Unidos tal y como lo conocemos! ¡No, el drama, hay que salvar a América y su grandeza!

Pues eso, que mientras que en El ministerio del tiempo pasan de esos temas grandilocuentes en plan dominación mundial, aquí ya te ponen el ataque contra su querido país desde el primer momento. Sin embargo, es prácticamente la única diferencia importante que hay entre las dos series: mientras que El ministerio del tiempo habla de personajes, paradojas temporales y momentos claves de la historia, Timeless es otra de salvar Estados Unidos, pero con los viajes en el tiempo como elemento diferenciador a cualquier otra serie de casos.

Porque el resto de diferencias son meramente anecdóticas. Sí, los tres personajes principales de Timeless son de la misma época, mientras que los de El ministerio del tiempo son un soldado de los Tercios de Flandes, la primera mujer universitaria y un enfermero de la época actual.


No obstante, yo creo que ese cambio se debe principalmente a que Estados Unidos no tiene tanta historia como nosotros y así es más cómodo para ellos. Sin embargo, tanto los roles, como el papel en el grupo es el mismo. En España, Amelia es la líder de la patrulla, además de la experta en historia y la que siempre, pase lo que pase, cree en lo que está haciendo y en que la historia debe quedarse como está, por lo que acaba manteniendo a raya en cierta manera a sus compañeros.

En Timeless, Lucy es prácticamente el reflejo de Amelia tanto en carácter, como en conflicto. Ya que una parte importante de la historia de Amelia es que la villana, Lola Mendieta, le da ciertas clave de su futuro y acaba cambiándolo, mientras que aquí Flynn hace lo mismo con Lucy que, al volver a su casa tras la primera y medio fallida misión, tiene que lidiar con que su presente ha cambiado considerablemente. De hecho, es que Flynn parece totalmente la versión masculina de Lola Mendieta, ya que parece el villano de turno, pero al mismo tiempo te dejan claro que tiene sus razones legítimas para hacerlo y que, al igual que ocurre en la española con Amelia y Lola, parece que Flynn tiene una relación con Lucy que, por el momento, ella no conoce.

Esta escena es prácticamente clavada a la de Lola y Amelia en el episodio de los nazis.
Por favor, si hasta Flynn lleva un look similar al de Lola.

También tenemos una futura tensión sexual no resuelta entre Lucy y el soldado, Wyatt, que tan solo en el episodio piloto se ha saltado las normas a la torera para salvar a una chica que le recordaba a su difunta mujer. Es imposible al verlo no recordar a Julián, que es el menos convencido con no salvar vidas en sus misiones y que la pérdida de su mujer le ha marcado desde el principio de la serie.

Incluso hay paralelismos entre Alonso de Entrerríos, nuestro valiente soldado de los tercios, con Rufus, el ingeniero que termina el grupo americano. Porque Alonso es un soldado del siglo XVI que, de pronto, se encuentra en pleno siglo XXI y está desubicado y la situación no es sencilla para él. Evidentemente, Alonso no se enfrenta a esas dificultades a las que Rufus debe hacer cara al ser un afroamericano volviendo atrás en el tiempo, pero sí que comparten esa sensación de no encajar y de tener que esforzarse más que el resto de su equipo.


De momento, hemos visto la explosión del dirigible Hidenburg en Nueva Jersey, los primeros pasos del equipo y nos han insinuado que el malo quizás no lo sea y que trabajan para una organización con sus secretos. Y, como he dicho, ha sido un episodio entretenido, con muy buenos efectos y algún golpe de humor simpático, aunque me preocupa un poco lo que pueda dar de sí.

Quiero decir, han dejado claras dos reglas a la hora del viajar, que son dos de las que hay en El ministerio del tiempo: no se puede viajar al futuro porque todavía no existe y no se puede interactuar en la línea temporal de uno mismo porque puedes crear paradojas. No han hablado de limitaciones geográficas, aunque me imagino (y espero, de hecho) que no exista esa regla de que sólo pueden viajar a terreno americano. En El ministerio del tiempo, sólo pueden viajar entre los límites del reino español y eso lo saben usar muy bien a su favor (Julián en Filipinas no habría sido tan efectivo de no contar con esa limitación), pero encima nuestra serie tiene dos ventajas que Timeless no tiene: por un lado, nuestra historia es muchísimo más rica; por otro, tenemos temporadas cortas, mientras que las series americanas suelen contar con veintidós episodios por temporada. ¿Tendrán suficientes hechos históricos como para aguantar toda una temporada e incluso más?

¿Se les caerá la máquina del tiempo pelotil encima y harán un homenaje a Indiana Jones? Vale, eso ya no es serio, lo sé, pero me lo pregunto muy en serio.

Bueno, y vosotros, ¿habéis visto Timeless? ¿Creéis que es un plagio o no?

jueves, 26 de mayo de 2016

El ministerio del Tiempo 2x13 - Cambio de tiempo

El lunes terminó la segunda temporada de El ministerio del tiempo con un pedazo de episodio maravilloso que, además, no fue para nada lo que teorizábamos y, en lugar de hacer explotar el tema de las fotos o ir por las relaciones personales, se dedicó a lo más épico que se puede hacer en una serie de fantasía: a salvar el mundo, bitches.

La verdad es que me ha parecido un movimiento súper inteligente, porque no sólo se ha confirmado que, a pesar de lo que pudiera parecer, la patrulla sigue unida, sino que, por un lado, ya ha visto lo que ocurre si cambias la historia y ya no va a haber más dudas al respecto de la labor del Ministerio, sino también para que Julián al fin comprenda que sus compañeros están por encima de todo y que acepte definitivamente que debe dejar marchar a Maite. Porque las reglas del Ministerio en realidad son una forma de decir que tienes que superar el dolor, seguir adelante con él y ha sido la lección que Julián ha aprendido en todos estos episodios. Así que, nada, me dejo de rollos y voy directamente con el análisis:

El episodio comienza en Inglaterra en 1588, donde dos niños ven impresionados la caída de La armada invencible. A continuación vemos como la noticia llega al Alcázar de Madrid, donde el rey, Felipe II, no es que se lo tome con mucha entereza. Vamos, que se china de lo lindo y exige ver a De las Cuevas, que es el secretario del Ministerio del tiempo.

Felipe II: Dile a De las Cuevas que se vea Vis a vis y sepa de qué soy capaz, ¡a chungo no me gana nadie! ¡NADIE!

Por otro lado, en el presente, vemos como siguen las cosas para nuestros funcionarios favoritos: Alonso descubre que Elena se ha ido y ella, mediante una nota, le dice que tiene miedo de él. Mujer, vale que el tema “soy un soldado de los Tercios y viajo en el tiempo” es surrealista que te cagas, ¿pero cómo te va a dar miedo Alonso si es un Oso amoroso? Pobrecito Alonso, ay, ven, que te consuelo.

También vemos que Irene sigue con su ligue del bodorrio y yo que me alegro, que menuda mala suerte ha tenido con las churris. Y que Amelia y Julián lidian con la última confesión de ella, aunque se lo toman bastante bien: por un lado, descubrimos que en parte Amelia se siente culpable por haber cambiado la vida de Julián y, por otro, que él sigue más perdido que Marco el día de la madre, pero que no la culpa por nada. Y a mí que me gusta esto. Si van a estar juntos, tiene que ser porque quieren estarlo ambos, no porque el otro sea una tabla de salvación o uno se conforme con ser el segundo plato.

El hijo youtuber de Ernesto, además, le manda un mensaje para que vea su último vídeo, en el que le dice que quizás se pasó un poco y le invita a celebrar su cumpleaños. Me mata el tema hacerle un vídeo, de verdad, eh, más original que sólo llamar ya es. A Ernesto se le derrite la patata y justo en ese momento aparece Marisa, que se sorprende al verlo de secretario y Ernesto le explica que Angustias sigue ayudando a Constanza en el convento y que todavía no les han enviado un sustituto… ¿En serio? ¡Me ofrezco voluntaria! ¿Dónde he de firmar?

Ernesto: Anda, si Angustias se ha dejado el feisbuk encendido... ¿Tiene a Napoleón como amigo?

Bueno, Marisa va a hablar con Salvador, que está mirando el cuadro de Susana Torres, lo que la sorprende. Salvador, una vez más, demuestra ser todo un señor, cuando le dice que Torres ha sido la primera mujer en llegar al puesto y que no es la primera que comete errores, así que prefiere no ser rencoroso. Después, la felicita y Marisa le dice que quiere mantener una reunión semanal con él, algo que a Salvador le parece bien. Al informarla de que todo está tranquilo, Marisa se pone contenta, pero Salvador debe de ser descendiente de Galadriel o algo, porque cree que una tormenta se avecina. Y, jo, qué razón tiene.

Porque volvemos a 1588, donde Felipe II quiere usar el Ministerio para cambiar la historia, pero el secretario es claro: la reina Isabel decidió que nadie, ni siquiera un rey, podía usar el Ministerio para sus propósitos. El chinamiento de Felipe II va a más y le echa en cara el dinero que les da y el secretario le deja claro que, a cambio, ellos le han salvado la vida varias veces. ¿Le importa mucho a Felipe II? Pues no, porque hasta manda torturar al pobre secretario para saber qué puerta debe usar.

De vuelta al Ministerio, Salvador recluta a la patrulla para una nueva misión: resulta que Agustín de Argüelles, uno de los padres de la Constitución de 1812, se ha alistado para luchar contra los franceses y lo han perdido, así que deben ir a rescatarlo. Evidentemente, Alonso no tiene ni idea de quién es, así que entre todos le explican por qué es tan importante tanto él como la Constitución, que limitaba el poder del rey y el origen de la democracia. Por cierto, qué chulo el recurso de la fotografía en movimiento. Mola muchísimo.

¡El Ministerio es Hogwarts! ¡OMG!

Cuando parten, Alonso comenta que está harto de la democracia y de las modernidades, pero Julián le dice que de lo que está harto es de que le dejen plantado. Amelia, de paso, comenta lo peligroso que es que cuando sólo manda uno, haría cualquier cosa por mantener su poder.

Al parecer Amelia también tiene algo de Galadriel, porque en ese momento vemos en 1588 como el Santo oficio nos está torturando al pobre secretario. Su desaparición, de hecho, no pasa desapercibida para nuestro Ministerio, así que Salvador manda una patrulla para ver qué ocurre.

En 1809, Argüelles se está enfrentando a un pelotón de fusilamiento (no mola ni nada el que hayan recreado el cuadro de Goya, ¡no mola ni nada! ¡OMG!), cuando aparece Alonso en plan Kingsman de la vida y se carga a todos los franceses. La patrulla, entonces, deja que los demás se vayan, pero le dicen a Argüelles que Jovellanos le envía para que lo lleven a Sevilla, algo que Argüelles no entiende mucho, al igual que le sorprende el arma moderna de Alonso.



Argüelles no es el único, ya que, mientras tanto, Felipe II flipa ante otra, que su segundo al mando, Mateo Vázquez de Leca, le ha traído tras encargarse de la patrulla que ha enviado el Ministerio. Vázquez de Leca también se ha hecho con el teléfono móvil de uno de los funcionarios y, claro, Felipe II flipa todavía más, sobre todo cuando recibe una llamada de Ernesto y se acojona de lo lindo, gritando: ¡está vivo, matadlo! Y un soldado empieza a espadazos con él. En serio, la secuencia es arte, ARTE.

Anónimo de atrás 1: ¿Le habrán expulsado del grupo de whatsapp?
Anónimo de atrás 2: Seguro que se le ha colgado el Candy Crush cuando por fin se estaba pasando el nivel que tanto le costaba... Pobrecito.

Felipe II también tiene el libro de las puertas, así que decide usarlo para ir al Ministerio actual, armarse y conquistar el mundo, básicamente. Es que Felipe II no se conforma con ser rey del mundo, lo quiere ser también del tiempo. Ahí es nada.

Así que Felipe II aparece en el Ministerio con sus hombres y Germán avisa a Salvador, justo antes de que Felipe II se haga con el teléfono. Al presentarse como el rey Felipe, Ernesto se sorprende al creer que es Felipe VI, pero Felipe II le dice que se ha equivocado de número y yo creo que nunca he escrito Felipe tantas veces seguidas. Así, como dato que no os interesa. Por cierto, que Felipe II parece un abuelo cualquiera, renegando de la tecnología y achacándolo a que está demasiado mayor, xD.

Felipe II, por cierto, tonto no es y manda a Vázquez de Leca a que busque la biblioteca para que lea en los libros de historia en qué falló. En ese momento, Salvador y Ernesto van al encuentro de Felipe II y éste le pide que le cuente cómo van las Españas. Bueno, digamos que la lección de modernidad de Salvador no es que le entre muy bien en la cabeza a Felipe II, que no sólo se trauma, sino que no entiende la mitad de las cosas: la falta de guerra contra los americanos, los turistas... Ya sabéis, lo normal.

Cuando Felipe II le cuenta a Salvador sus planes, además de poner de vuelta y media a los ingleses (que alguien le ponga Sherlock y Doctor Who, a ver si aprende a apreciarlos, aunque sea un poquito), llega el turno de Salvador de chinarse.

Total, que todo va relativamente tranquilo, hasta que Vázquez de Leca descubre por qué falló La armada invencible y Salvador se niega a que cambie la historia. De hecho, Salvador se marca un pedazo de discurso sobre lo necio que está siendo, la gloria y el poder que es MUY flipante. Cómo ha molado, sobre todo la parte en la que le dice cómo murió. De hecho, es tan bruto que Felipe II acaba todo traumatizado.

 Salvador: No sólo tu muerte va a ser horrible, sino que luego te reencarnarás en Carlos Alcántara...

Felipe: ¡No, eso no!
Vázquez de Leca: Si al menos fuera doña Herminia...

Entonces se lía aún más parda, porque Salvador llama a presidencia para dar el chivatazo y el muy hijo de la gran puta de Felipe II lo mata. ¡Tío, que lo ha matado! ¡Cabrón, a Salvador no se lo toca! Jo, Salvador ha muerto y lo último que ha escuchado es a Rajoy, qué pobre.

Así que, además de asesinar a Salvador (¡sufro!), Felipe II se encarga de cambiar la historia y La armada invencible pues deja de tener un nombre tan irónico. También se encarga de aprender a usar las nuevas tecnologías como los móviles, usar el Excell... Así que, claro, cuando la patrulla vuelve de su última misión, se encuentran con el Ministerio un poquito cambiado y, de hecho, barajan las opciones de que Ernesto haya creado escuela (Amelia) o ahora sean los Men in black (Julián, por si había dudas).

La patrulla no deja de flipar, ya que luego los recibe Ernesto y les felicita por matar a Argüelles, ya que el muy majadero quería que hubiera una Constitución. Acto seguido envía a Amelia a donde pertenece, según él, es decir, administración. Pero, por si no tenían suficiente, aparece Irene de morena para pedirse la tarde libre para celebrar el cumpleaños de su hija.


Alonso ejemplificando el flipamiento que llevamos todos ahora mismo al ver a Irene de maruja gótica.
(¿Se habrá disfrazado de Allison Hendrix?)

Por suerte, Amelia es muy hábil y se pispa de una foto de Ernesto con Felipe II y le sigue la corriente como si todo fuera normal. Así que van a cambiarse y en la cafetería vuelven a flipar de lo lindo entre el parte meteorológico de las Españas y un bonito vídeo en el que un montón de personas de distintos países (chicarrón vasco incluido) dicen "yo soy España". También ven un anuncio sobre su gran monarca Felipe II, así que Amelia deduce que el amigo Felipe II ha cambiado la historia en algún momento.

Como Alonso sabe que está casado y a Julián le llama Maite, que al parecer está viva en esta realidad, Amelia les dice que no se preocupen, que ella investiga sola y que se marchen. Así, Amelia se pasa la noche investigando no solo a Felipe II, sino todas las misiones que han llevado a cabo, mientras Alonso se reúne con Elena (que está embarazada) y Julián con Maite. Por cierto, hace falta mala leche para hacerle esto a Julián, jolín, que así no va a superar el dolor nunca, qué manera de hurgarle en la herida, coño.

Al día siguiente, los dos pánfilos están súper contentos con los cambios, cuando llega Amelia con muy malas noticias: Felipe II hizo que La armada invencible ganara y eso hizo que tanto Londres como Lisboa sean territorio español; además, no existe El Quijote, ni El Lazarillo y gente como Goya o Jovellanos han sido depurados. Pero, esperad, que se pone aún peor: en la actualidad existe La inquisición y sigue haciendo listas de libros prohibidos. Además, España está en guerra contra Estados Unidos y el Islam, porque encima Felipe II vive en todas las épocas y elimina a cualquiera que suponga una amenaza para él.

Con semejante panorama, Amelia ya tiene un plan de acción: mientras ella viaja a la época de Felipe II para hacerse pasar por una profeta para que la detengan y llamar su atención, así los chicos podrían viajar a un momento de su vida en que fuera vulnerable. Así, Amelia podría convencerlo para que lo dejara todo como estaba en primer lugar.

Alonso no tarda ni un segundo en protestar, aduciendo que, quizás, se vean obligados a matar al rey y cambiar la historia, por lo que Amelia se china y le dice que Felipe II es el que ha cambiado la historia. Julián le pide que no grite porque va a menudo a ese bar, que es un poco como: ... really? ¿Estamos hablando de Inquisición y de un rey que mata a cualquiera que le sale de la punta del nabo y te preocupas por eso? ¡Reordena tus prioridades, tío!

Es en ese momento cuando Amelia comprende que no la van a ayudar, ¿porque qué importa el bien común si cada uno tiene a su churri? Julián le pregunta si se han cumplido sus sueños y si sabe algo sobre Pacino y Amelia les informa de que Pacino murió en la nueva realidad. ¿Qué eso les importa a los otros dos? Pues no. Amelia, entonces, les dice que entiende que sea difícil renunciar a sus sueños, pero que ella no puede vivir en un mundo sin libertades y con Inquisición, así que va a seguir el plan la ayuden o no.

La carita de Amelia al ver que ellos pasan de hacer nada, yo de ser ella habría reaccionado así:

Y luego habría hecho esto porque, en serio, ¡Inquisición, genios asesinados!

Y aquí voy a hacer un alto, porque Amelia ha sido un personaje súper criticado en esta segunda mitad de temporada y, aunque creo que ha sido súper borde con Julián, yo no comparto ese odio o decepción hacia ella. Y este episodio ha sido la ejemplificación perfecta de que Amelia, éste más o menos jodida, siempre cumple con lo que es correcto. ¿Qué a veces no lidia bien con sus emociones? Entendible, ya que es alguien inexperto y de un siglo en el que no se tenía la educación emocional de ahora. Además, es una persona humana y ningún humano es perfecto, nin-gu-no.

Sin embargo, pese a todo, Amelia ha cumplido como la que más con las misiones y el bien común (bueno, salvo con Lope) y por eso creo que, ni aún teniendo una vida perfecta en esta realidad alternativa, se hubiera quedado de brazos cruzados. Y por eso también creo que Amelia Folch mola un huevo y, si yo soy ella, les pego tal sacudida a Zipi y Zape que los convertiría en bongos humanos. Joder, que estamos hablando de Inquisición, mujeres sumisas, un mundo de guerra y con un tirano que decide quién vive y quien muere.

Bueno, sigo. Tras dejarles el cuaderno, Amelia vuelve al Ministerio donde se da cuenta de que Irene mira a chica de soslayo, porque evidentemente le gusta. Por eso, Amelia la sigue para pedirle que hablen un momento a solas y acaban en el despacho de Ernesto, donde Irene quiere saber qué se siente estando de misión, aunque no es como si su marido fuera a dejarla.

Amelia, una vez más, hace gala de ese poco tacto tan suyo y va directa al grano. Vamos, que le come la boca a Irene, recreando esa escena tan fantástica del episodio piloto. Irene le acaba devolviendo el beso, aunque después se lamenta porque eso es pecado. Amelia le pregunta si es feliz e Irene le dice que es responsable. La pobre Irene se piensa que Amelia trabaja para La Inquisición, pero Amelia le explica toda la verdad, dejando a Irene flipada no, lo siguiente. Sin embargo, lo único que acaba consiguiendo de Irene es que le guarde el secreto.

El paralelismo con el primer episodio es maravilloso.

Mientras tanto, los dos lechuguinos se lo están pasando pipa en una cena doble, aunque ven cosas raras como que tanto Maite como Elena son súper serviles con ellos. Julián ya empieza a estar un poco mosqueado, pero Alonso no quiere pensar sobre el tema.

Las cosas raras no quedan ahí, ya que Elena dice que si el bebé es niña se llamará Isabel como la madre del rey Felipe y, si es niño, será Felipe como él. Pero es que lo dice con una emoción que me tiene acojonada, en serio. Alonso dice de cenar, pero las chicas les dicen que primero deben ver el mensaje del rey, así que ven a Jordi Hurtado presentando el programa Saber y triunfar. Después, ven el mensaje de Felipe, pero lo que da miedo es lo mucho que adoran las chicas a Felipe, es que están ahí como si vieran... no sé, no tengo comparación, salvo que esto parece una secta y da muy mal rollo.

Prueba irrefutable de que Jordi Hurtado es eterno.

Por la noche, Julián está recordando las últimas palabras de Amelia y Maite le pregunta qué le ocurre, ya que teme que esté pensando en otra mujer. Él le dice que no, que siempre está pensando en ella y como a cabezona no me gana nadie, yo sigo pensando que se siente culpable por sentir cosas hacia Amelia y "olvidarse" de Maite.

Al día siguiente, Amelia cumple con su parte del plan, mientras los chicos están tan tranquilos pensando en que no lo va a hacer porque es inteligente. Estos dos no conocen a Amelia, como no es terca ni nada.

Total, que Amelia es capturada por Felipe II, que le da toda una lección sobre lo mucho que se ha perdido a sí mismo con todo este tema de ser el rey del mundo y del tiempo. Amelia también le pregunta por Salvador y Vázquez de Leca le dice que tuvo un accidente. Sí, ya, lo que tú digas. Amelia también deduce la verdad y a la pobre se le rompe el corazón, aunque no por eso traiciona a nadie o cambia de parecer porque prefiere morir a perder la dignidad. Hija, Amelia, ¡cómo molas, tía!



Como Felipe II no está por la labor de dejar pasar el tema, avisa a Ernesto para que capture al resto de su patrulla. Por suerte, Irene lo escucha todo y les manda un mensaje a los chicos, que están muy ocupados pensando en si lo que están haciendo es lo correcto o no. Y es que Julián se ha dado cuenta de que tanto Maite como Elena no son las personas de las que están enamoradas, por mucho que tengan su voz y su cara. Lo que es lógico porque se han criado en un mundo completamente distinto. Eso sí, eso de que lo importante es la persona es un concepto muy, muy bonito... aunque sigo queriendo pegarles. ¡Inquisición, tíos, inquisición!

Los lechuguinos se reúnen con Irene en un pasillo solitario, que les pide que huyan y les explica lo que ha hecho Amelia, lo que les sorprende. Irene les pregunta sobre si conocen a la Irene de la que habló Amelia y ambos le confirman que ésta no le mintió. Irene, entonces, les suplica que hagan que la Irene que exista sea esa y no la actual.

Parece que al fin se han puesto en marcha, así que Julián llama la atención de Ernesto y deja que lo torture, aunque también intenta que reaccione. Al mismo tiempo, a la pobre Amelia también la están torturando electrocutándola, mientras Alonso viaja por las puertas del tiempo para cumplir el plan de una vez.

Cuando parece que todo ya no puede ser peor, tanto Ernesto como Felipe II reciben una llamada: Alonso está con el Felipe II de 7 años y está dispuesto a matar al niño, sino libera a sus compañeros y le hace caso a Amelia. Como encima Alonso se marca un súper discurso sobre que no será nunca rey y no tendrá gloria, pues no le queda otra que obedecer, no sin antes preguntarle por qué lo hace. Alonso le dice que por honor y porque nunca abandona a un compañero en la batalla y Amelia lo es. Ainss, qué bonito.



Una vez en el despacho de Felipe II, ella le exige que vuelva al punto en que cambió la historia y que deje que suceda como debería. Resulta que Felipe II está súper deprimido con el tema, porque ya no le queda nadie y eso de ser rey del tiempo es muy cansado. En un momento dado, le va a pedir un favor a Amelia y le dice que hay algo que no se ha atrevido a mirar. Ella se adelanta porque sabe que es su muerte, ya que a ella le pasa lo mismo. Entonces, Felipe II le recuerda lo que le dijo Salvador y Amelia no sólo se lo confirma, sino que le dice el cuándo por petición de él.

Total, que volvemos por tercera vez a Inglaterra en 1588 y esta vez todo sucede como debe de suceder, así que el mundo vuelve a la normalidad. Y Salvador vuelve a estar libre y les dan días libres y todo vuelve a ser bonito otra vez, ¡ay, qué feliz soy!

Encima, cuando Alonso vuelve a casa, descubre que Elena está ahí, esperándole. Entonces le besa y le dice que quiere estar con él, pero que no le mienta nunca más y no le diga tonterías de esas de que viaja en el tiempo. Vamos, yo lo interpreto como que prefiere hacerse la tonta y no pensar en los viajes temporales.

También vemos a Julián en su bar de siempre, solo. Hijo, Julián, no te nos vuelvas a deprimir, anda, que mola más cuando eres alegre e ingenioso.

Y, para acabar, vemos cómo Amelia cumple su promesa en una escena preciosa. Amelia viaja hasta 1598, cuando Felipe II yace moribundo en su cama. Felipe II le dice que ya no sabe si cree en Dios y que tiene miedo, así que Amelia le dice que piense en el día más feliz de su vida. A Felipe II no le cuesta, ya que no ha tenido muchos, y vemos un flashback de él siendo niño y siendo arropado por su madre, Isabel de Portugal. Y, jo, en serio, la llorera que me he pegado con el Felipe II repitiendo el diálogo en contraposición con el flashback ha sido brutal. Qué grande es Carlos Hipólito, jo.

Menuda llorera me he pegado con esta escena. No, en serio, esta gente manipula mis feelings muy fácilmente.

Entonces Felipe II muere y vemos que Amelia le ha ayudado un poquito, lo que es muy bonito y, jo, no es justo que yo ahora esté toda compungida por el malo del episodio.

Y con eso llegamos al final de la segunda temporada de El ministerio del tiempo sin saber si la han renovado, así que, por favor, TVE, hazlo. Jolín, es una serie genial y ha tenido una segunda temporada muy arriesgada y molona, así que se lo merece. Encima, se han quedado muchas cosas en el aire (el destino de Lola, el pasado-futuro de Amelia...) y yo sigo queriendo ver esa segunda patrulla con Pacino, Argamasilla y Julia (NO podéis decirle que no a Alexandra Jiménez y lo sabéis). Pues eso gran episodio para cerrar una temporada maravillosa y que ojalá nos den una tercera temporada.

miércoles, 18 de mayo de 2016

El ministerio del Tiempo 2x12 - Hasta que el tiempo nos separe

Episodio tranquilito de El ministerio del tiempo esta semana, que imagino que sirve para dejar claro dónde está cada personaje y terminar de situarlos donde quieren de cara al final de temporada (que no puede ser de serie, TVE, que si hace falta me marco un Rory Mick en vuestras oficinas ^^). Bueno, pues eso, episodio simpático con unos cuantos golpes muy buenos, pero ha sido el que menos me ha gustado hasta la fecha.

El episodio comienza con una dama, Constanza, a la que están preparando para su boda porque se va a casar con un señor importante y poderoso, pero la muchacha tiene una depresión que parece que la van a cazar con Barbazul. Por eso, acaba huyendo y, claro, como su futuro esposo se pone a perseguirla y dando voces que equivaldrían al “te vas a cagar” de la época, empieza a desesperarse. Al final, por accidente, acaba descubriendo un pasadizo... que resulta ser una puerta del tiempo.

Lo primero que Constanza descubre en el futuro es a Pepe de Masterchef cocinando. Que digo yo que de haber sido Jordi, la muchacha se habría alegrado más. Ay, Jordi. Uy, se me va la pinza con los ojitos azules de Jordi Cruz... mejor sigo: Constanza sigue corriendo y descubre un cuadro de ella a punto de tirarse de una almena. Muy bonito todo.

Pepe: ¿Qué? ¿Intentando llamar la atención en el casting de Masterchef?
Constanza: Yo... esto... eh... en realidad, estoy harta de mi marido cabrón...
Pepe: Ah, coño, otra que va para Sálvame. Pues Telecinco está por ahí.

Bueno, lo que sí es bonito es que, a todo esto, Amelia está siguiendo a Julián fuera del castillo y se ponen a bailar súper acaramelados. Uh, Amelia ha debido de darle a la barra libre, ¿no? Eso o las bodas le suavizan el carácter. El problema es que aquí Amelia no puede tener un momento de paz, o los guionistas nos estallan o algo, así que los dos acaban viendo a Constanza a punto de recrear el cuadro. Hija, porque ha visto ese, que si ve la maja desnuda, a lo mejor se nos despelota en medio de la boda.

Justo en ese momento, la escena se para, se rebonina y entonces nos encontramos 20 horas antes en el Ministerio. Los chicos e Irene acaban de volver de la despedida de soltero de Ortigosa, que se han ido a los San Fermines con Ernest Hemingway. Macho, qué pasada, yo quiero irme a desfasar con esta gente, ¡qué envidia!

Hemingway, como no podía ser menos, va más pedo que Alfredo, así que Irene se ofrece a llevarlo de vuelta y, de paso, busca a Velázquez que está en paradero desconocido, pero presumimos que pasándoselo bien. Mira el amigo Diego, qué juerguista nos ha salido.

Esto es una despedida de soltero súper mega épica.


Los demás se van y, aunque Germán quiere irse a la Rockola del 81 a ver tocar a Nancha Pop (Germán sí que sabe), Ortigosa prefiere irse para poder estar presentable en su boda. Entendible, que luego tenemos un Resacón en Las Vegas temporal y menudo jaleo... Eh, un momento, ¿por qué no hemos tenido uno de esos? ¡Yo quiero! A ver, ¿a quién casamos en la tercera temporada para que pueda pasar eso?

A todo esto el pobre Alonso tiene los ánimos un poco bajos, así que Julián se lo lleva a tomar un café como excusa para un intercambio psíquico. Alonso le cuenta entonces que, aunque en un principio Elena iba a ir con él a la boda, se ha echado atrás a última hora y, claro, él no entiende nada y encima sufre, por eso cree que es mejor lo de su época: mandabas a una mujer y punto. Ya sabemos, cosas de Alonso, que encima está convencido de que no la quiere. Julián le hace ver que eso no es así, que sencillamente es un paso importante y Elena tiene miedo de comprometerse.

Paralelamente, en 1212 vemos a Constanza diciéndole a Patrick Criado que huya porque a ella la obligan a casarse y su futuro marido la matará, pero Patrick Criado le dice que mejor huyan juntos. Están tan felices, cuando aparece el futuro marido que, claro, no es que esté muy contento con la situación y ordena prender a Patrick Criado.

Mientras, en el Ministerio, Amelia e Irene se están preparando para ir a la boda, mientras que Angustias lo hace para volver al convento de Tordesillas porque, por un lado, lo había prometido y, por otro, no le gustan las bodas... y encima tiene antojo de yemas la mujer (o tiene una cita secreta con Napoleón, es bastante factible, que estamos hablando de Angustias, Abadesa emperatriz).

Angustias (pensando): Uf, menos mal que les he dado gato por liebre y no saben que me voy a ver a Napo, ainss.
Amelia (pensando): No entiendo los escotes del siglo XXI, ¿y si se salen?

Las chicas no son las únicas que se preparan, ya que Alonso se está peleando con la corbata, cuando se le presenta Elena súper guapa. Alonso, para variar, no entiende nada y Elena le explica que quiere estar con él, que le gusta demasiado y eso la asusta porque no le conoce y no quiere que se hagan daño. Entonces Alonso se pone en plan galán y le jura que a su lado jamás tendrá miedo.

Por su parte, Salvador no es que esté muy feliz de ir a la boda porque le trae recuerdos de su difunta mujer, ya que siempre la ha querido. Y como Salvador se nos va de bodorrio, Ernesto se queda a cargo del chiringuito, más que nada porque tampoco es muy amigo de las bodas... y personalmente me gusta imaginármelo bailando cual Hugh Grant en Love actually al quedarse a solas en el Ministerio. Bueno, además, los dos comentan que le van a regalar unos fuegos artificiales a los novios que les ha traído desde 1962 un maestro artificiero valenciano.

Ernesto: No se preocupe, jefe, que deja el Ministerio en buenas manos, que ya sabe lo serio y recto que soy.
Eso dice Ernesto para aparentar, pero a mí no me engaña y sé que en el momento en que se quedó solo hizo esto:


Los funcionarios que van de bodorrio se están preparando para coger el minibús, menos Velázquez que sigue desaparecido, y es entonces cuando Julián ve llegar a Amelia, que no puede estar más guapa y le cae la baba.

De vuelta en 1212, el noble está dándole de latigazos a Patrick Criado, que en su curriculum debería poner “sufridor profesional” porque siempre sufre en pantalla. En serio, ¿cuántas veces le han zurrado en la tele? Pobrecito, si es amor. Total, que Patrick Criado decide retar al noble por el amor de Constanza, pero como era de esperar el enfrentamiento pastor vs. caballero no acaba bien para el primero y el noble le da muerte, pese a las súplicas de Constanza. Hijo, Patrick, que te he visto empuñar una espada desde que eras un enano en Águila Roja, que lo de espadachín lo llevas dentro.

Patrick Criado: Bah, Constanza, tampoco llores, que en Águila Roja me hacen cosas peores. He estado a punto de perder miembros y todos. Y tengo que aguantar a Alonso de Montalvo, eso es lo peor.

En el presente, los invitados a la boda llegan al castillo y Salvador e Irene felicitan al novio... cuando hace aparición su cuñado, que tardamos un segundo en saber que es gilipollas. Después, los dos conocen a Elena y a ambos les parece guapísima. También conocemos a la wedding planner, concepto que a Alonso le suena a chino. Si es que, claro, le habláis en idiomas raros y el pobre se pierde.

La boda llega y la escena está muy, muy chula, ya que intercala escenas entre la boda de Natalia y Ortigosa tan feliz y llena de amor, con la de Constanza y el noble que más parece una tortura. El montaje les queda súper chulo y el contraste entre ambas ceremonias y lo que significan también. En serio, soy muy, muy fan de esta parte.

Tras la ceremonia moderna, la wedding planner va repartiendo pétalos para que le tiren a los novios. Cuando le da el cucurucho a Amelia y Julián, él le cuenta que en su boda le tiraron arroz y ella, que en la ceremonia se ha dado cuenta de que no está siendo fácil para él, le dice que si necesita hablar, es buena escuchando. Julián le da un besito, antes de reunirse con los demás y, en ese momento, Salvador se lo lleva a un aparte para pedirle que, después, encienda el castillo de fuegos artificiales que le van a regalar a los novios.

Éstos salen del castillo y todos les tiran pétalos... ¿Todos? ¡No! Porque El cuñado pesado se encarga de tirarle un puñado de arroz al pobre Ortigosa en la cara, antes de hacer un selfie con todos los invitados, que le envían a Ernesto.

Ernesto ya ha dejado de bailar a lo Hugh Grant por el Ministerio y está disfrutando del despacho de Salvador y viendo el vídeo del unboxing de su hijo (mini Ernesto no es un youtuber muy activo, al parecer), cuando aparece Marisa para decirle que va a ser el nuevo enlace del Ministerio con presidencia, vamos, la sustituta de Torres.

Ernesto le felicita y la invita a champagne para celebrarlo, aunque está preocupado. Pero como Marisa lo conoce, le promete que no está ahí para joder a Salvador, que ella no es Torres y que sólo quiere ayudarlos, lo que alegra enormemente a Ernesto. No sé si me muero más de amor con Ernesto en plan protector con Salvador o con Marisa siendo guay y no una Torres cualquiera.

Ernesto preocupado por si vuelven a joder a Salvador es tan adorable.


De vuelta en el bodorrio, Irene se pasea por ahí, buscando un objetivo hasta que ficha a una chica morena, Rocío, a la que le tira los tejos sin compasión. Irene está en plena conquista, cuando aparece El cuñado pesado a dar por saco, pero Irene es implacable y muy ídola, así que le suelta tal barbaridad que lo acojona y El cuñado pesado sale corriendo, seguramente en rumbo al baño o bien para hacer caquita o bien para llorar.

 Irene: ¿Tú ves Juego de tronos?
Cuñado: Sí, ¡Joffrey era tan molón...!
Irene: Pues estamos en una boda y de ti depende que sea roja.

Cuñado: Hostia, colega, qué chuga... Uh, mis pantalones.

Irene sigue cercando a su próximo ligue, cuando Salvador aparece para decirle que Velázquez se ha perdido, así que ella le envía el mapa que les había dado Ortigosa para acudir al enlace.

Mientras, la patrulla está explicándole a Elena que su trabajo es muy aburrido (sí, ya), cuando ella les comenta que creía que Alonso es agente del CNI (algo que él no entiende) y deja claro que shippea a Julián y Amelia, porque de hecho pensaba que era pareja. Ambos lo están negando fervorosamente cuando aparece la wedding planner porque está ultimando los detalles de una obra de teatro. Por eso, les acaba explicando la leyenda del castillo, que es la historia de Constanza, a pesar de que les va a spoiler la historia... algo que, para variar, no entiende Alonso, ni tampoco Amelia, que sí que sabe que el noble es Fadrique, un héroe de la batalla de Navas de Tolosa. La wedding planner, por cierto, lo vive muchísimo y lo da todo contando la historia. Hasta que llega al final, que se queda sin tiempo y les resume que Constanza se suicidó tirándose de la almena.

Luego, tienen que entrar al banquete (donde Irene ha cambiado los nombres para que su ligue se siente con ellos) y es entonces, cuando, por fin, entra Velázquez en escena en plan fucker de la vida. Encima, resulta que Velázquez va al ladito de Salvador, lo que mata de ilusión a éste último.

 Velázquez: ¡Hala, jefe, que nos han puesto juntos, qué ilu!

Y Salvador se muere de la ilusión, como la captura ilustra.

Velázquez se queja de su migraña, que todos sabemos que es resaca, aunque no tarda ni un segundo en pedir cerveza y preguntar sobre la dote que ofrece la novia, presumiendo de la que ofreció su mujer, para cabreo de Salvador que presume de que la suya le dio 40 años de felicidad. Eso sí, el cabreo le dura poco a Salvador, sobre todo porque entre Irene ligando sin piedad y Velázquez bebiendo sin piedad, se está imaginando que se va a liar parda no, lo siguiente.

Salvador: Esto es como cuando comienzan a dar por culo con Eurovisión: preveo el desastre que se avecina.

Mientras, en el Ministerio, Ernesto por fin se sincera con alguien sobre la reacción de su hijo (a Salvador le ha dicho que está quedando con él) y Marisa le acaba diciendo que, después de él, se lió con otro agente, que se fue de misión con Hernán Cortés y nunca regresó y que, desde entonces, no ha vuelto a tener nada serio. Y todos sabemos que esto es lo típico para que, si pasa algo serie entre ellos, Ramón vuelva para complicar las cosas.

En la boda, Velázquez ya está alcanzado una borrachera más que considerable y empieza a divagar sobre amor, belleza y humanizar mitos en plan brote total. Eso sí, Velázquez no sólo no se calma, sino que su brote va a más y, cuando suena Chaikovski, se viene arriba y besa a Salvador, aunque éste no es que esté muy contento con el giro de los acontecimientos.



A Amelia el baile nupcial le emociona, no así a Julián que sigue afectadillo al recordar su propia boda. Y es entonces cuando juntamos con el comienzo del episodio, con Constanza llegando al presente a través de una puerta y con Julián saliendo del salón y Amelia siguiéndole, mientras los demás bailan, incluido Alonso, que es lo mejor.

Afuera, Amelia decide de una vez confesarse, así que, mientras bailan, le dice a Julián que quería hablar con él y que han pasado tantas cosas... Es en ese momento cuando ven a Constanza en la almena y acuden raudos a pararla. Los dos flipan al reconocerla y ella flipa al creer que son demonios, que pobrecita menudo shock. Entre los dos calmar a Constanza y deducen lo que ha pasado, también el hecho de que Fadrique la debe de estar persiguiendo.

 El súper momento baile...

... y el baile interruptus. Lloro.

De hecho, en 1212 vemos como Fadrique reconstruye los pasos de su mujer, como si fuera un CSI o Aragorn hijo de Arathorn, y acaba en el presente con sus hombres. Éstos están un poco acojonados, pero Fadrique los tiene bien puestos, al César lo que es del César.

Fadrique y sus hombres irrumpen en el salón de bodas, justo cuando se supone que va a dar comienzo la representación de la obra. La wedding planner flipa por el cambio de reparto, se pone farruca, pero Fadrique la quita del medio arreándole un hostión, lo que emociona a la peña, que compra totalmente que es una obra. Fadrique se pone a buscar a Constanza y amenaza con matar a cualquiera que le moleste, mientras Alonso y Salvador se han dado cuenta de que no son actores, sino el verdadero Fadrique. Salvador decide que, por el momento, es mejor quedarse quietos y se pregunta por Irene.

Y es que Irene está en el baño liándose con su ligue. Si es que esta mujer es más efectiva que el cazador de Jumanji, colega. Qué ídola.

Por su parte, Amelia y Julián descubren a los actores inconscientes y oyen a Fadrique, así que a Julián se le ocurre un plan: le pide a Amelia que llame al Ministerio para pedir refuerzos, mientras él ganará tiempo. Dice eso mientras coge un micro, así que podemos ir preparándonos para algo grande.

Amelia saca a Constanza fuera del palacio, mientras llama al Ministerio, cortándole el incipiente polvo al pobre Ernesto. El pobre tiene que ir a llamar a SpínolaSpínola, te queremos!), que está ocupado, aunque Ernesto promete encargarse.

Mientras tanto, en la boda, Fadrique y sus hombres están a punto de entrar en brote porque Constanza no aparece y no se le ocurre mejor idea que ir a por Elena. Alonso se levanta para defenderla y está a punto de batirse en duelo con los malos, cuando Julián aparece con una capa y un micrófono hablando como si fuera el hijo de Darth Vader y Voldemort y le dice que lo sabe todo y que Fadrique no se comporta como manda Dios. Entonces amenaza con que una tormenta de fuego va a romper el cielo y reducirlos a cenizas. Todos se vuelven expectantes a ver qué ocurre, pero Amelia está teniendo problemas encendiendo los fuegos artificiales.



Sin embargo, cuando lo consigue, Fadrique y sus hombres se acojonan de lo lindo y deciden huir... llevándose a Elena para sustituir a Constanza. Oye, tío, eres un consentido de mierda y un inconsciente que va a conocer el método Entrerríos.

Y tanto que lo hace, ya que, cuando están a punto de irse se han dado cuenta de que les falta un tío (Nuño, ahí, con toda la ironía del mundo, jajaja) y, bueno, digamos que Nuño ya ha conocido El método Entrerríos. Tras semejante entrada gloriosa, Alonso reta a Fadrique a un duelo, de nuevo otro paralelismo muy molón. Pero, claro, Alonso no es Patrick Criado y acaba ganando el duelo, a pesar de que Fadrique se aplica y también sabe pelear. Eso sí, a diferencia de en el otro duelo, Alonso no le mata, ya que Fadrique tiene que pelear en la batalla de Navas de Tolosa y, encima, considera que no merece tal honor, así que le arrea una patada en los huevos y listo.

Una vez Alonso ha largado a todos a través de la puerta, le promete a Elena contarle todo y vuelven a la boda con escena súper mega molona a cámara lenta y con música de héroe del lejano oeste. ¿Se puede molar más que Alonso? OMG.



Elena decide esperarle fuera y Alonso va a explicarle a Salvador lo que ha ocurrido, cuando llega Spínola dispuesto a hacerse cargo de la situación... pero es tarde. Eso sí, Spínola es un héroe y, por eso, le acaba soltando un señor rejostio al Cuñado pesado cuando éste va a tocarle las narices. En serio, Spínola, ¡eres mi héroe, te queremos! ¡Uh!

Spínola dice que si no le necesitan se vuelve a dónde estaba y, oye, ya que le habéis hecho venir, qué menos que irse de farra con él. Seguro que Velázquez y Alonso están conmigo. Spínola, al pirarse, se cruza con Irene que no se ha enterado de nada, estando tan ocupada como estaba. Irene es tan ídola que es la única de todo el episodio que no ha tenido un coitus interruptus (cambiemos coitus por conversación en el caso de Amelia y Julián).

Hablando de coitus interruptus, el pobre Ernesto le explica a Marisa que más o menos todo se ha solucionado, cuando ella le da un beso y se marcha. Ernesto la llama y él le dice que, si no hubiera sonado el teléfono, pues eso. Lo malo es que ha sonado y, según Marisa, quizás es lo mejor que les ha podido pasar y que el destino es el que es. Vamos, yo creo que el destino tiene miedo de lo que podría salir si Ernesto tuviera otro hijo.

Bueno, al final, cuando todos vuelven al Ministerio se traen a Constanza con ellos y Salvador, que también es un ídolo magno, tiene una gran idea cuando ve llegar a Angustias del monasterio de Tordesillas: dejará a Constanza en el convento, lo que es maravilloso porque dada la época de Constanza y el trauma con Fadrique, creo que es el mejor lugar para ella.

Y ya sólo queda atar cabos sueltos o, lo que es lo mismo, conversaciones que los personajes deben tener. Por un lado, Elena está afectada por todo lo sucedido y quiere saber la verdad, algo que Alonso está dispuesto a darle.

Por otro, Amelia y Julián están en la cafetería y ella sigue preocupada, pero no por Constanza, sino por todo lo que tiene que decirle a Julián. Y como ya sabemos, Amelia es muy buena para algunas cosas, pero es un desastre en el terreno personal, por eso le suelta todo sin contemplaciones: que ya no conoce su futuro porque la lápida ha desaparecido y la foto (que le enseña) ha cambiado y ya no hay un bebé entre ellos y que lo que ha cambiado es que se acostó con Pacino.



Resumen y definición gráfica de la escena.

Hija, tú también, es que vas de un extremo a otro: o te encierras en ti misma sin compartir nada o tiras la bomba sin delicadeza. Que, a ver, me parece que está bien pensado y tal por cómo es Amelia y esa inocencia que tiene con las relaciones, pero pobrecito Julián, que un poco más y le haces un Once upon a time.

Y hasta aquí llega el episodio, que me ha gustado, pero los demás han sido TAN molones que este se ha quedado un poco deslucido, aunque ha molado el reparto episódico. Yo creo que, como dice Salvador en el avance, ha sido la calma ante la tormenta. Y es que el próximo episodio es el final de temporada y pinta súper potente con Felipe II irrumpiendo en el Ministerio actual con un ataque de cojonitis. Y, eh, yo he visto a Carlos Hipólito en Vis a vis y ese tío es un pro de la vida, la que puede liar.

Vamos, que le tengo muchas ganas, que espero que TVE la renueve de una puñetera vez (otra vez ha vuelto a subir en audiencia y pasar con soltura los dos millones, así que espero que lo hagan) y quiero ver a ver qué hemos acertado en nuestras teorías.