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lunes, 14 de octubre de 2013

Cumbres Borrascosas

Hoy os traigo la reseña de un clásico que llevaba tiempo queriendo leer y que, al mismo tiempo, no llegaba a hacerlo: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë. Cumbres Borrascosas es la típica novela que aparece en otras novelas, casi siempre como lectura favorita de alguno de sus protagonistas (lo mismo ocurre con Jane Eyre, la cual también tengo pendiente, por cierto), así que tenía curiosidad por conocer yo misma a Heathcliff y Catherine.

Así que hace poco, desoyendo los consejos de Sofía como bien me recordó por twitter, cogí el ejemplar que me compré en una feria del libro y, al fin, leí Cumbres Borrascosas.

Lockwood es un hombre que acaba de alquilar una granja a un hombre llamado Heathcliff, que vive en una villa cercana, Cumbres Borrascosas. Un día, Lockwood va a Cumbres Borrascosas a conocer a su casero y, entonces, descubre la extraña situación de dicha finca, donde todos sus habitantes parecen ser infelices, toscos y amargados. Por eso, Lockwood acaba obsesionándose en cierta medida con aquella casa, lo que le lleva a pedirle a su ama de llaves que le cuente la historia de Heathcliff y las dos familias que vivieron allí antes que ellos.

Lo primero que debería decir es que, sorprendentemente, Cumbres Borrascosas me gustó mucho. Digo lo de "sorprendentemente" porque no me caía bien ningún personaje, sino todo lo contrario, salvo un par de excepciones. Me resulta curioso que, pese a que los odiaba a todos, me interesaba lo que me estaba contando la novela y la leí con facilidad, algo que no me esperaba.

Eso sí, tanto Heathcliff como Catherine fueron una decepción. Siempre había oído que eran una gran pareja de la literatura, así que me quedé atónita cuando descubrí cómo eran en realidad. Porque, sí, mucho amor, mucha pasión, pero menudos dos. De hecho, creo que he topado con pocos personajes que sean despreciables como lo es Heathcliff: malvado, cínico, cruel, resentido, un cabrón bastardo con todas las letras, vamos. Ella, por su parte, es caprichosa, veleta y, al igual que su querido Heathcliff, se las apaña para fastidiarle la vida a todo aquel que se cruce en su camino.

El resto de los personajes también me caen como una patada en el culo, ya sea por pavisosos y pasivos, ya sea porque eran inaguantables y ahostiables. En serio, ¿existe alguien con mayor hostia en toda la cara que Linton? Ya os digo yo que no. Sólo se salva Catherine hija, que me gustó mucho: fuerte, razonable y a la pobre le hace la vida imposible todo el mundo. También me gustó Nelly, que era la única persona razonable y normal en medio de tanto tarado, y Hareton. Por cierto, es una pena que la autora decidiera no ahondar más en Hareton, me hubiera gustado conocerle más.

En cuanto al estilo de la autora, sólo puedo comentar que me sorprendió la estructura de la obra y como decidió contar su historia. Y es que mi edición es tan penosa, pero penosa, penosa, que tenía tales fallos de puntuación y traducción que me sangraban los ojos. Puntos donde iban comas, falta de mayúsculas, signos de interrogación en medio de una frase sin venir a cuento... Vamos, que parece que mi edición la tradujo un mono olegofrénico. Así que si os encontráis con una edición de la editorial Fontana, huid, ¡huid, insensatos!, que diría Gandalf porque es el mal, ¡el mal!

No, en serio, que mira que me he encontrado con cada traducción (Predestinados sin ir más lejos o Legado, la última parte de Eragon, en la que los traductores ni siquiera se ponían de acuerdo en como llamar a los personajes), pero esta se lleva la palma, ¡qué horror!

Por cierto, como no he encontrado la portada de mi edición, os he puesto esa que me parece bonita.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Lord John y un asunto privado de Diana Gabaldon.