El año pasado Cassandra Clare (esa genia del mal) unió fuerzas con su amiga Holly Black para traernos la pentalogía Magisterium, basada en un fanfic que escribieron juntas sobre Harry Potter. De hecho, la primera entrega de la saga, La prueba de hierro, recordaba a las novelas de J. K. Rowling, aunque a decir verdad te olvidabas de eso fácilmente, pues acababas metiéndote en la historia y dejándote llevar... hasta ese sorprendente final, que es para flipar mucho.
Por eso, me moría de ganas por saber cómo continuaba la historia con su segunda parte, que es el libro que reseño hoy: El guante de cobre.
El verano no está siendo sencillo para Call. Tras haber pasado su primer curso en el Magisterium, ha vuelto a casa y la relación con su padre no es la misma, se ha enrarecido con todo lo sucedido. Sin embargo, Call no esperaba que su padre tuviera todo un plan para cerciorarse de que sea El enemigo de la muerte y, si es así, matarlo. Asustado, Call coge a su lobo caotizado, Estrago, y huye a casa de Tamara donde pasa las últimas semanas de vacaciones con ella y con Aaron, su mejor amigo y el nuevo makaris... que está destinado a matarle.
Cuando por fin vuelve al Magisterium, Call cree que tiene unos cuantos meses de calma, ya que ahí estará seguro, por lo menos hasta el verano. Sin embargo, la paz no dura mucho, pues pronto el Alkahest es robado. El Alkahest es un guante mágico capaz de quitarle los poderes a un mago y de matar al makaris y también es el objeto que estaba estudiando su padre. Para salvar a éste, Call se tira de cabeza a una aventura contrarreloj junto a sus dos amigos y Jasper. ¿Conseguirán encontrar a Alastair Hunt y descubrir qué se propone?
La primera parte acabó con Call descubriendo que era ni más ni menos que Constantine Madden, El enemigo de la muerte, el mago que en su intento de resucitar a su hermano, perdió la cabeza y supuso la amenaza más peligrosa para el mundo de los magos. Con semejante final de infarto, el listón estaba muy, muy alto.
Pero el binomio Clare-Black lo ha superado.
Si La prueba de hierro era bastante introductoria, en El guante de cobre no se han andado con rodeos y desde el principio se han dedicado a contar la historia que querían, sin dar respiro alguno al lector. El libro empieza con Call huyendo de casa porque cree que su padre lo quiere matar y no se toma ni un solo respiro, pues hasta las partes más calmadas te ofrecen una visión de la política de los magos. Por tanto, El guante de cobre es un libro, ante todo, entretenido. Es imposible dejar de leer al verte sumergido por la huida hacia delante llena de acción de Call y compañía.
Además, también nos dan más respuestas y siembran nuevas dudas y sospechas, que muy sutiles no son, pero al fin y al cabo la saga de Magisterium está pensada para un público más joven que el de las novelas habituales de Clare y Black.
Eso sí, a pesar de que es un libro un poco más infantil, tiene un aire muy macabro y tiene partes que resultan hasta inquietantes, sobre todo ese último acto del que no os hablaré porque no me gusta soltar spoilers. Pero, vamos, que me sorprendió un poco lo brutas que eran las autoras en ciertos aspectos y, oye, se lo aplaudo porque ese mal rollo que da el último tercio de la novela mola mucho.
También me resulta muy interesante que el protagonista sea lo que es. Call tiene el alma del enemigo que todos temen y que hizo cosas horribles, lo que es muy original. Es algo que se trata a lo largo de toda la novela, con Call preguntándose si tener el alma de Constantine Madder le hace malo o si, por el contrario, es un buen chico. Me gustó mucho ese dilema suyo, también sus reacciones, que me parecieron muy naturales: ocultar la verdad porque la temía, el temer a su propio padre por ser el único que podría saber quién era, el hecho de que fuera tan coherente todo el rato... Era muy fácil que llevaran a Call por el camino de la intensidad suprema y, aunque un poco intenso sí que es, se entiende con todo lo que tiene encima.
Aaron y Tamara, por su parte, siguen siendo los de siempre y cada uno se enfrenta a sus propios problemas: mientras que Aaron debe sufrir las cosas buenas y malas de ser el famoso makaris, ella sigue debatiéndose entre las reglas y sus amigos.
Pero si ha habido una revelación en El guante de cobre ha sido Jasper, que ha pasado de ser un tocapelotas del quince a estar en el equipo de los protagonistas y ha molado mucho. Hemos podido conocerlo mejor y le ha sentado de maravilla jugar el rol que juega en esta segunda novela, convirtiéndose en un personaje más complejo que el compañero tocapelotas de turno que era en La prueba de hierro.
Por lo demás, el estilo a cuatro manos de Cassandra Clare y Holly Black sigue siendo maravilloso, con unos diálogos muy geniales. Encima, nos han dado una novela que engancha, se lee en un suspiro y, aunque su final es más cerrado que la anterior, deja con ganas de leer la tercera entrega, que se titulará The bronze key. Vamos, que estoy deseando volver al Magisterium y la espera se hará larga.
El próximo lunes literario estará dedicado a... El jinete de bronce de Paullina Simons.
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lunes, 8 de febrero de 2016
lunes, 2 de febrero de 2015
La prueba de hierro
Hoy os traigo la reseña de un libro al que le tenía muchas, pero que muchas, ganas: la primera entrega de la pentalogía Magisterium. Como sabéis soy muy fan de Cassandra Clare y sus sagas varias sobre los Cazadores de sombras y también me han encantado los libros que he leído de Holly Black (la trilogía The curse workers es lo más), así que me moría de ganas de leer La prueba de hierro, la novela que daba inicio a la saga que escriben juntas.
Y hostia puta con el libro. No, en serio, esas palabras lo describen muy bien, pero voy a ir por parte y, como siempre, empezaré con su argumento.
Callum Hunt ha crecido sabiendo que es un mago y que, llegado el momento, le harían la prueba para entrar en el Magisterium, la escuela de magia donde cualquier niño querría entrar. Sin embargo, Callum lo único que desea es suspenderla, pues su padre le ha advertido que el Magisterium no es el lugar maravilloso que se presupone, sino un sitio horrible donde ocurren cosas espantosas y es más que posible que provoque su muerte, al igual que provocó la de su madre.
Sin embargo, pese a los intentos de Callum, acaba siendo aceptado en Magisterium y se ve obligado a aprender magia junto a Tamara y Aaron. Pronto, Callum empezará a plantearse muchas cosas, pues ni la magia ni el Magisterium se ajustan a lo que le contó su padre. Es más, parece que las historias de su padre tienen muchos agujeros y que su insistencia por mantenerlo alejado quizás se debe a otros motivos... motivos que tendrían que ver con el propio Callum que, al parecer, por desconocer, hasta desconoce cosas sobre sí mismo. ¿Qué ocultará su padre? ¿Cuál es la verdad sobre Magisterium? ¿Conseguirá Callum sacar adelante el curso de hierro? Y, a todo esto, ¿las débiles alianzas con el mago que puso en jaque a toda la comunidad, El enemigo de la muerte, seguirán en pie?
Vale, ya sé que estáis pensado: escuela de magia, trío de personajes, El enemigo de la muerte... ¡Magik, esto es Harry Potter! Pues sí y no. Me explico. Es cierto que las autoras, Cassandra Clare y Holly Black, lo idearon como un fanfic de Harry Potter, así que, en líneas generales, hay ciertas semejanzas... que básicamente son las que he dicho antes.
Y es que, pese a eso, Cassandra Clare y Holly Black han conseguido que su saga tenga su propia personalidad y que, al leerlo, ni siquiera pienses en Harry Potter. Sí, hay un trío protagonista en una escuela de magia, pero ahí acaba todo el parecido. Tanto los personajes, como la escuela y, sobre todo, el uso de la magia es muy, muy diferente a la propuesta de J. K. Rowling.
Eso sí, La prueba de hierro peca de ser muy introductorio. Es verdad que toda la novela consiste básicamente en presentar tanto el mundo, como los problemas que vendrán luego, sin que haya una línea de acción demasiado definida. ¿Es eso aburrido? Para nada, puesto que la intriga se mantiene con las pistas que van guiando a Callum hacia ciertas preguntas que tienen que ver tanto con su persona como con el intrigante prólogo que da inicio a la novela y por todo lo alto, además. En serio, el prólogo de La prueba de hierro es uno de mis favoritos, sobre todo la frase final. Tiene mucho gancho.
Además, resulta muy entretenido ver a Callum adaptándose al Magisterium y dejando de ser ese bicho raro solitario que ha sido hasta ese momento. Las autoras saben establecer muy bien la amistad entre el trío protagonista, hasta el punto de que acabas cogiéndole mucho cariño tanto a los tres como a los lazos que les unen. En realidad, como han hecho otras veces en otras novelas, te van preparando para que sufras de lo lindo cuando te arranquen el corazón, como si fueran el sacerdote diabólico de Indiana Jones y el templo maldito.
Porque si La prueba de hierro es introductoria en líneas generales y también un poco predecible, la última parte del libro es todo lo contrario: las autoras se marcan tal giro de los acontecimientos que no puedes más que quedarte quieta en el sitio, alucinando y planteándote que, aunque mola mucho, en el futuro más a sufrir de lo lindo.
Que básicamente es lo que pasa cuando lees Cazadores de sombras, pero bueno.
En lo que respecta a la narrativa, está muy conseguida y tiene diálogos que, aunque a veces es difícil de creer que tienen niños de doce años (la edad de los protagonistas), molan mucho. Personalmente no pude evitar compararlos con los de Cazadores y no eran tan graciosos, pero, claro, estamos ante un libro donde los protagonistas son mucho más jóvenes, aunque, de nuevo, ese giro final haga que la historia supere ese tono más infantil que tiene en general.
Eso sí, el protagonista de Magisterium, Callum, es muy ingenioso y eso hace que sea el más gracioso de todo el elenco. También es el personaje con el que es más sencillo conectar y no sólo porque la narración, que está en tercera persona, se centre en él. Y es que Callum es un poco el marginado, el chico que no encaja en ningún sitio y su clara desconfianza hacia el Magisterium logra que te plantees si él tiene razón o son los demás o seguramente una mezcla de ambas cuestiones.
Después tenemos a una amplia gama de compañeros de Callum y maestros, en los que destacan Tamara y Aaron, que son los dos aprendices que están bajo la tutela del mismo maestro que Callum. Vamos, que los tres se ven obligados a trabajar juntos y eso hace que se vayan haciendo amigos. Aaron es un buen chico, alguien tranquilo y sensato, que siempre hace lo correcto y que tiene una vida de soledad a sus espaldas. La verdad es que Aaron me cayó bastante simpático, algo que no esperaba, pues esa clase de personajes siempre me acaban dando igual, aunque no en este caso. Tamara, por su parte, me resultó más interesante como personaje, ya que en ella pesa la perfección de sus hermanas, un secreto familiar bastante duro y tiene mucho carácter.
Y, aunque no suelo comentarlo, en esta ocasión tengo que destacar el gran trabajo de edición que ha llevado a cabo Destino. La prueba de hierro tiene una edición muy cuidada, también muy bonita; de hecho, me gustaron mucho los dibujos que había al principio de cada capítulo. Es algo que no se suele ver.
Por lo demás, lo único que me queda es señalar las ganas que tengo por saber cómo va a continuar la historia en el segundo libro porque, de verdad, que La prueba de hierro se queda muy, muy interesante.
El próximo lunes literario estará dedicado a... La noche del cazador de Nalini Singh.
Y hostia puta con el libro. No, en serio, esas palabras lo describen muy bien, pero voy a ir por parte y, como siempre, empezaré con su argumento.
Callum Hunt ha crecido sabiendo que es un mago y que, llegado el momento, le harían la prueba para entrar en el Magisterium, la escuela de magia donde cualquier niño querría entrar. Sin embargo, Callum lo único que desea es suspenderla, pues su padre le ha advertido que el Magisterium no es el lugar maravilloso que se presupone, sino un sitio horrible donde ocurren cosas espantosas y es más que posible que provoque su muerte, al igual que provocó la de su madre.
Sin embargo, pese a los intentos de Callum, acaba siendo aceptado en Magisterium y se ve obligado a aprender magia junto a Tamara y Aaron. Pronto, Callum empezará a plantearse muchas cosas, pues ni la magia ni el Magisterium se ajustan a lo que le contó su padre. Es más, parece que las historias de su padre tienen muchos agujeros y que su insistencia por mantenerlo alejado quizás se debe a otros motivos... motivos que tendrían que ver con el propio Callum que, al parecer, por desconocer, hasta desconoce cosas sobre sí mismo. ¿Qué ocultará su padre? ¿Cuál es la verdad sobre Magisterium? ¿Conseguirá Callum sacar adelante el curso de hierro? Y, a todo esto, ¿las débiles alianzas con el mago que puso en jaque a toda la comunidad, El enemigo de la muerte, seguirán en pie?
Vale, ya sé que estáis pensado: escuela de magia, trío de personajes, El enemigo de la muerte... ¡Magik, esto es Harry Potter! Pues sí y no. Me explico. Es cierto que las autoras, Cassandra Clare y Holly Black, lo idearon como un fanfic de Harry Potter, así que, en líneas generales, hay ciertas semejanzas... que básicamente son las que he dicho antes.
Y es que, pese a eso, Cassandra Clare y Holly Black han conseguido que su saga tenga su propia personalidad y que, al leerlo, ni siquiera pienses en Harry Potter. Sí, hay un trío protagonista en una escuela de magia, pero ahí acaba todo el parecido. Tanto los personajes, como la escuela y, sobre todo, el uso de la magia es muy, muy diferente a la propuesta de J. K. Rowling.
Eso sí, La prueba de hierro peca de ser muy introductorio. Es verdad que toda la novela consiste básicamente en presentar tanto el mundo, como los problemas que vendrán luego, sin que haya una línea de acción demasiado definida. ¿Es eso aburrido? Para nada, puesto que la intriga se mantiene con las pistas que van guiando a Callum hacia ciertas preguntas que tienen que ver tanto con su persona como con el intrigante prólogo que da inicio a la novela y por todo lo alto, además. En serio, el prólogo de La prueba de hierro es uno de mis favoritos, sobre todo la frase final. Tiene mucho gancho.
Además, resulta muy entretenido ver a Callum adaptándose al Magisterium y dejando de ser ese bicho raro solitario que ha sido hasta ese momento. Las autoras saben establecer muy bien la amistad entre el trío protagonista, hasta el punto de que acabas cogiéndole mucho cariño tanto a los tres como a los lazos que les unen. En realidad, como han hecho otras veces en otras novelas, te van preparando para que sufras de lo lindo cuando te arranquen el corazón, como si fueran el sacerdote diabólico de Indiana Jones y el templo maldito.
Porque si La prueba de hierro es introductoria en líneas generales y también un poco predecible, la última parte del libro es todo lo contrario: las autoras se marcan tal giro de los acontecimientos que no puedes más que quedarte quieta en el sitio, alucinando y planteándote que, aunque mola mucho, en el futuro más a sufrir de lo lindo.
Que básicamente es lo que pasa cuando lees Cazadores de sombras, pero bueno.
En lo que respecta a la narrativa, está muy conseguida y tiene diálogos que, aunque a veces es difícil de creer que tienen niños de doce años (la edad de los protagonistas), molan mucho. Personalmente no pude evitar compararlos con los de Cazadores y no eran tan graciosos, pero, claro, estamos ante un libro donde los protagonistas son mucho más jóvenes, aunque, de nuevo, ese giro final haga que la historia supere ese tono más infantil que tiene en general.
Eso sí, el protagonista de Magisterium, Callum, es muy ingenioso y eso hace que sea el más gracioso de todo el elenco. También es el personaje con el que es más sencillo conectar y no sólo porque la narración, que está en tercera persona, se centre en él. Y es que Callum es un poco el marginado, el chico que no encaja en ningún sitio y su clara desconfianza hacia el Magisterium logra que te plantees si él tiene razón o son los demás o seguramente una mezcla de ambas cuestiones.
Después tenemos a una amplia gama de compañeros de Callum y maestros, en los que destacan Tamara y Aaron, que son los dos aprendices que están bajo la tutela del mismo maestro que Callum. Vamos, que los tres se ven obligados a trabajar juntos y eso hace que se vayan haciendo amigos. Aaron es un buen chico, alguien tranquilo y sensato, que siempre hace lo correcto y que tiene una vida de soledad a sus espaldas. La verdad es que Aaron me cayó bastante simpático, algo que no esperaba, pues esa clase de personajes siempre me acaban dando igual, aunque no en este caso. Tamara, por su parte, me resultó más interesante como personaje, ya que en ella pesa la perfección de sus hermanas, un secreto familiar bastante duro y tiene mucho carácter.
Y, aunque no suelo comentarlo, en esta ocasión tengo que destacar el gran trabajo de edición que ha llevado a cabo Destino. La prueba de hierro tiene una edición muy cuidada, también muy bonita; de hecho, me gustaron mucho los dibujos que había al principio de cada capítulo. Es algo que no se suele ver.
Por lo demás, lo único que me queda es señalar las ganas que tengo por saber cómo va a continuar la historia en el segundo libro porque, de verdad, que La prueba de hierro se queda muy, muy interesante.
El próximo lunes literario estará dedicado a... La noche del cazador de Nalini Singh.
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martes, 19 de junio de 2012
Gata blanca
Pues como últimamente es habitual, vamos con una reseña literaria en martes. Con esta ya me pongo al día, aunque Canciones para Paula me lo estoy ventilando a una velocidad vertiginosa, así que a lo mejor la semana que viene seguís teniendo reseña.Pero vamos con el libro que nos corresponde. Es la primera parte de una trilogía titulada Los trabajadores de maldiciones y que está formada por: Gata blanca, Guante rojo y Corazón negro. En España, de momento, sólo se ha publicado el primero. La saga está escrita por Holly Black que es conocida por haber escrito Las crónicas de Spiderwick (que ni he leído los libros ni visto la película) y, también, por ser una gran amiga de una vieja conocida de este blog, Cassandra Clare.
Leí una reseña por casualidad de Gata blanca y entre la portada y la historia, el libro me llamó poderosamente la atención. Después, descubrí que la autora era Holly Black y, como soy como soy, me emocioné más porque... Jo, una es muy fan de Cassandra Clare.
¿Y de qué trata Gata blanca?
En un mundo donde la magia existe y el mero roce de una mano puede hacerte víctima de una maldición (de suerte, memoria, muerte, sentimental, física o, la más extraña de ellas, cambiarte de forma), Cassel Sharpe es el único normal en su familia, lo que le convierte en un bicho raro. Toda su familia, desde su abuelo hasta sus hermanos, son trabajadores; es decir, personas que poseen la capacidad de usar la magia.
Sin embargo, Cassel es perfectamente normal... Salvo por el hecho de que, hace unos años, mató a su mejor amiga, Lila que, para más INRI, era la hija única y, por tanto, heredera del líder mafioso del lugar. Y es que, en el mundo creado por Holly Black, los trabajadores, en general, suelen pertenecer a una u otra familia mafiosa.
Con la culpa y el temor a descontrolarse de nuevo, Cassel se ha esforzado por llevar una vida lo más normal y anodina posible: va a un internado un poco pijo, no se mete en líos... Pero eso cambia nada más comenzar la novela, pues el pobre Cassel, tras un sueño muy extraño protagonizado por una gata blanca, despierta en el tejado de la escuela completamente desnudo.
Por si no tiene suficiente con que todos sus compañeros le graben en vídeo, le expulsan del colegio, así que, primero, pasa un día con su hermano mayor Phillip y, después, se traslada con su abuelo a la casa familiar. Y entre los extraños sueños que le llevan al sonambulismo, sus planes para poder volver a su vida y la forma tan actuar de su familia, Cassel acaba sumergiéndose en un misterio donde nada es lo que parece ser.
Con esa premisa que, particularmente, encuentro tan interesante (me parece todo un puntazo lo de mezclar la magia con las maldiciones y los mafiosos) Holly Black crea un mundo muy bien armado y muy original. Su mundo es casi igual que el nuestro y desde el primer momento, usando a Cassel como narrador de la historia, te transporta ahí, a ese mundo donde todo el mundo lleva guantes y lo raro y desagradable es ir con las manos desnudas.
Como acabo de decir, la historia está narrada en primera persona, usando la voz de Cassel y, además, en presente, lo que consigue una narrativa muy envolvente y adecuada que se adapta perfectamente a las escenas de más acción, pero también a las reflexiones, explicaciones y breves recuerdos que Cassel va añadiendo para que comprendamos cómo es su mundo y su entorno. Según he leído en algunos blogs, en Las crónicas de Spiderwick el estilo de Holly Black era muy frío. En Gata blanca no es así, es muy cercano, muy apropiado dada la forma de ser de Cassel.
Y es que Cassel es un gran personaje. Tiene sentido del humor sin ser un payaso, tiene problemas (y muy serios) y no deja de enfrentarse a ellos con determinación y, lo que más agradecí, usa la cabeza. Además, su traumático pasado y su conocimiento de que no es una persona normal, que es un asesino, le aportan una carga muy curiosa y original.
Aunque Cassel es el evidente protagonista y, por tanto, el más trabajado, los otros personajes no tienen desperdicio: desde una Lila a la que conoces mediante flashbacks y que resulta un poco sociópata hasta la madre de Cassel (una trabajadora de los sentimientos y timadora, que hace que los hombres ricos se enamoren de ella), pasando por sus hermanos y compañeros de colegio, todos están muy bien definidos; unos son más fáciles de conocer del todo, unos te caen mejor que otros, pero todos ellos son personajes muy fuertes, que enseguida reconoces.
Por otro lado, Holly Black consigue que Gata blanca sea una novela trepidante. Entras en ella desde la primera página y es difícil dejar de leerla, siempre quieres saber lo que va a pasar. El ritmo es un poco inconstante, pero no se hace pesado y, de hecho, considero que tiene que ser así. Hay capítulos más tranquilos, en los que Cassel reflexiona acerca de lo que ha averiguado o en los que se profundiza en los personajes, otros que son más pulsos verbales e intelectuales y, también, los que son acción pura y dura.
En general, es una novela muy fácil de leer, muy fluida y que, además de entretener, engancha como pocas. Me faltó poco para leérmela casi de una sentada.
Además, Gata blanca se centra sobre todo en resolver el misterio al que se enfrenta Cassel y a los juegos de poder entre mafiosos. No es El padrino, pero las intrigas, traiciones y alianzas están a la orden del día. De hecho, personalmente me sorprendió que fuera así, básicamente porque la vi anunciada como romántica y... Bueno, hay cierto romance, pero es muy, muy leve. Además, hay que recordar que Cassel se considera a sí mismo poco menos que un psicópata, así que tampoco se permite demasiado margen de actuación en el terreno sentimental. Vamos, que es una novela de intrigas y misterio, nada romántico, aunque haya alguna chica que otra que trastoca un poco el corazoncito de Cassel.
En conclusión, Gata blanca es una novela tremendamente original, una mezcla explosiva de magia, secretos, mafia y acción, que resulta adictiva, entretenida, inteligente e, incluso, divertida. Personajes muy bien dibujados, un gran narrador, un mundo bien armado y, de nuevo, original. Una lectura muy, muy recomendable.
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