Hoy os traigo la reseña de una novela de la que no había oído hablar hasta que El ministerio del tiempo llegó a nuestras pantallas con su grandeza y es que Javier Olivares (que creó la serie junto a su hermano) la mencionó como una de sus inspiraciones. Y, claro, me picó el gusanillo y acabé pillándome el libro por mi cumpleaños. ¿Y de qué libro estoy hablando? Pues de Las puertas de Anubis de Tim Powers, un locurón de novela de los grandes.
En 1983 Brendan Doyle deja Estados Unidos para viajar a Inglaterra donde le está esperando el señor Darrow, un multimillonario aquejado de una grave enfermedad que necesita a un experto en el poeta Samuel Taylor Coleridge. Lo que el señor Darrow quiere es organizar un viaje para un reducido grupo de personas interesadas en el poeta y, por eso, necesita a Doyle con sus conocimientos. Ahora bien, esa excursión guiada es al pasado, exactamente a 1810 para acudir a una conferencia que Coleridge impartió en una taberna.
Doyle, a priori, no cree las explicaciones científicas de Darrow sobre los viajes en el tiempo, pero acaba aceptando el trabajo... y viajando a través del tiempo. Sin embargo, lo que en principio parece un sueño hecho realidad, se tornará una pesadilla cuando, en el pasado, Doyle sea secuestrado por un hechicero y, tras escapar, acabe perseguido por todo tipo de personas (incluido un tenebroso payaso que controla los mendigos de Londres, hechiceros egipcios e incluso un peludo asesino en serie), mientras intenta ya no sólo volver a su tiempo, sino sobrevivir a todo lo que le va sucediendo.
Como ya he dicho al principio, Las puertas de Anubis es una de las novelas más locas que he leído nunca, ya que mezcla géneros como nadie: desde un Londres más propio de Dickens, hasta ciencia-ficción y magia, pasando por aventuras, amor y todo tipo de seres a cada cual más peculiar, incluso también personajes históricos reales como Lord Byron.
Eso sí, Tim Powers mezcla esos elementos tan dispares con maestría, por lo que todo tiene sentido y encaja perfectamente. Ya sea la secta egipcia, que el payaso, que esa especie de hombre lobo, todo resulta creíble dentro de ese Londres tan particular y no sobra nada. De hecho, ni siquiera resulta excesivo y eso que Tim Powers nos ofrece una cantidad ingente de aventuras, personajes, desgracias y paranoias espacio-temporales.
De hecho, una vez Doyle acaba en ese Londres de 1810, Las puertas de Anubis se vuelve un poco denso, ya que debe presentar todas las fuerzas que manejan la ciudad, peor enseguida se recupera y sigue con su ritmo acelerado. Porque en esta novela no te vas a aburrir, la acción nunca falla y el pobre Doyle parece estar viviendo Una serie de catastróficas desdichas, porque le pasa absolutamente de todo y, claro, nada bueno, se entiende. Precisamente por eso, aunque Doyle es un llorón, tampoco molesta, ya que se comprende muy bien tanto su angustia, como que, mientras hace todo lo posible por sobrevivir, también tenga esos momentos de penar. Como para no con todo lo que le pasa al pobre.
La verdad es que Doyle es un personaje muy completo y con un gran recorrido que le hace evolucionar a lo largo de toda la novela. Es impresionante lo que le va curtiendo tanta aventura. También me gustó mucho lo sumamente humano que me resultó: se emociona con la posibilidad de conocer a su héroe, se asusta, tiene limitaciones, pero aún así siempre sigue hacia adelante.
En lo que respecta a los otros personajes, la galería es amplia, pero todos están muy bien dibujados, son muy particulares y únicos. Horrabin, Fikee, Romanelli, Lord Byron... Todos los personajes se quedan en tu memoria, lo que ayuda sobre todo al principio cuando empiezas a conocerlos, por lo que no te pierdes. Eso sí, si me tengo que quedar con un personaje, sería Jacky, de quien no voy a dar más detalles porque Las puertas de Anubis debe leerse sin saber demasiado, dejar que Tim Powers te sorprenda con sus giros.
Lo que sí puedo decir es que el estilo de Tim Powers es muy efectivo. Al principio, me resultó algo pesado, pero en el segundo capítulo ya estaba encantada con sus diálogos, su forma de narrar y lo sumamente bien que ambienta las escenas. Las calles de Londres parecen sacadas de una novela de Dickens, aunque también tiene otras escenas de lo más inquietantes y las de acción están muy conseguidas.
Además, todo el entramado que monta me parece muy, muy original. Nunca había leído nada así, ni tampoco nada de Tim Powers, así que no dejé de sorprenderme y me lo pasé pipa con el libro. Es decir, que lo recomiendo mucho, aunque también creo que, si lo tuyo no es la fantasía, Las puertas de Anubis no es tu novela.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Mort de Terry Pratchett.
lunes, 9 de noviembre de 2015
viernes, 6 de noviembre de 2015
Corrientes del tiempo: Capítulo 9
Ay, se me había olvidado que hoy tocaba subir un nuevo capítulo de Corrientes del tiempo, la tercera entrega de la saga Cuatro damas. Y como tengo que hacer la comida y se me ha hecho tarde y demás no me voy a enrollar y os dejo con su noveno capítulo, Inesperado:
Mientras, en Boston, Tania irrumpe en la ceremonia de iniciación de Rubén, en Londres Álvaro y Kenneth se preparan para dar el golpe a la torre Benavente.
Capítulo bastante importante, donde espero que le hagáis la ola a Tania o algo, que ha sido de su lucimiento. Y también espero que me queráis mucho por el final, que os he dejado algo bonito para variar ;P
En dos semanas, más.
Proximamente: Jero, la esposa y el armario.
Mientras, en Boston, Tania irrumpe en la ceremonia de iniciación de Rubén, en Londres Álvaro y Kenneth se preparan para dar el golpe a la torre Benavente.
Capítulo bastante importante, donde espero que le hagáis la ola a Tania o algo, que ha sido de su lucimiento. Y también espero que me queráis mucho por el final, que os he dejado algo bonito para variar ;P
En dos semanas, más.
Proximamente: Jero, la esposa y el armario.
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miércoles, 4 de noviembre de 2015
El acierto de Camelot
Aprovechando que este domingo se emitió el sexto episodio de la quinta temporada de Once upon a time, que vendría a ser el ecuador de esta primera parte de la temporada, voy a dedicarles un post. La 4B fue un enorme mojón y nunca comprenderé esa gente que dice que el arco Queens of darkness fue mucho mejor que el de Frozen... pero, bueno, Belén Esteban también tiene sus fans, so...
Ay, que me enrollo y pierdo el hilo. Bueno, como iba diciendo tras la enorme decepción que fue el segundo arco de la cuarta temporada, iba con miedo a qué nos íbamos a encontrar, a pesar de que prometían ciertos cambios que podrían ser interesantes.
Y tras ver la mitad de este arco de Camelot estoy bastante satisfecha con la historia.
Creo que en esta 5A han sabido aprovechar los recursos que mejor les funcionaron en otras historias y, además, han enmendado ciertos personajes, lo que es de agradecer. Y es que el arco de Camelot tiene lo mejor de la 3A, 3B y 4A y precisamente por eso funciona tan bien.
En primer lugar, está basada en leyendas que conocemos de toda la vida (¿cuántas adaptaciones hay de los mitos artúricos por el mundo?), pero con un giro loco de los que tanto les gustan: el rey Arturo es el villano de la función. Toma ya. Es como cuando convirtieron a Peter Pan en otro villano en la 3A y, aunque Arthur no tiene ese componente emocional que tuvo Peter Pan, tampoco pasa nada que para eso tenemos a Emma en su versión oscura. Genial, por cierto, lo bien que ha terminado encajando su mítico nombre (Swan, es decir, cisne) con la historia.
Porque ese nuevo Ser Oscuro, esa Dark Swan está siendo otro de los aciertos de la temporada. Es curioso como han dejado a Emma casi en un segundo plano, seguramente porque ella sabe todo y tiene un plan. Pero la cuestión es que la están dosificando muy bien y encima Jennifer Morrison está a la altura. Después de ver cómo interpretaba a Emma en la 4B no las tenía todas conmigo respecto a su interpretación, pero la verdad es que me está gustando. Parece más triste que malvada, en los flashbacks es tan frágil como perdida y una no deja de preguntarse cómo diantres acabaron en ese punto.
El misterio en torno a lo que sucedió en esas seis semanas en Camelot, que han desaparecido de la memoria de todos, está muy bien llevado. En el primer episodio de la temporada, The dark Swan, fue como un golpe en toda la cara que pasaran de ese final feliz a reaparecer en Storybrooke sin recordar nada y con Emma convertida en The dark one.
Precisamente fue un recurso que les ayudó a hacer de la 3B algo más interesante y, sobre todo, renovar los flashbacks, que llegó un punto en que eran muy cansinos (otro problema más de la 4B, que la mayoría de historias del pasado no contaban nada nuevo). Además el que cuenten tanto la historia de las semanas desaparecidas como del presente les está permitiendo hacer dicotomías con las relaciones: Charming haciéndose amigo de Arthur las dos veces o Mérida siendo ayudada por Belle para, en el presente, acabar intentando matarla gracias a que Emma tiene su corazón.
También me está gustando el que le estén dando cancha a todos los personajes. Sin ocupar la mayoría de la serie en Emma, están pudiendo desarrollar a los demás, tanto a los nuevos como a los viejos conocidos. Hemos tenido un episodio centrado en Regina, otro en Charming, en Arthur, en Henry (maravilloso e inesperado ese final en el que Emma le arranca el corazón al primer amor de su hijo, me dejó de piedra) y este último en Belle.
Además, casi todos los personajes están siendo bastante bien llevados, lo que es de agradecer: ni están de adorno, ni les sobre intensidad. De hecho, yo me alegro mucho que recuperen a los Charming adorables y divertidos que se dedican a alegrarse de la cita de su hija o, en este caso, ayudar a Regina a bailar o ayudar a Henry a ligar. Bueno, en realidad el responsable de la mayoría de eso es Charming, que gana enteros alejado de los dramas de su mujer. Aunque a favor de los dos diré que, al menos, han sido bastante avispados descubriendo quién era amigo y quien no en el enfrentamiento Arthur contra Lancelot.
Y, de hecho, en el presente tampoco han tardado mucho en descubrir que Arthur no es de fiar, así que estoy alucinando. Eso sí, sin Regina estarían acabados. Es curioso como Regina, en cierta manera, ha terminado siendo la salvadora y no sólo porque alguien tenía que fingirlo en Camelot. Desde el principio de la temporada ha sido la que ha ido apagando todos los fuegos y avanzando en la investigación, todo ello con su mala baba habitual, que por eso la queremos.
Precisamente por eso me sorprende que Hook siga de una pieza. Ay, Hook. No soy su mayor fan, ya que me parece un relleno de los grandes (para lo único que sirve desde la cuarta es para opositar él solito para que alguien le joda de lo lindo), pero este año es el único que me está molestando. Apuf, qué sopor de tío. No soporto verlo tan intenso, berreando a cualquiera y teniendo los planes más estúpidos de Storybrooke lo que, en serio, es para darle un premio, porque a veces los personajes piensan con el culo.
Pero, bueno, pasemos del inútil mayor del reino a su mayor enemigo, El cocodrilo como él lo llama. Porque si Regina ha terminado ocupando el papel de salvadora, Emma ha decidido que era hora de cambiar a Rumpel de registro y creo que Belle y todos nosotros se lo agradecemos porque ese Rumpel ejerciendo de villano, pero con motivos, se quemó totalmente en la cuarta temporada (y lo peor es que no le dieron un buen motivo, teniéndolo, que podían haber justificado todo el tema de la daga con derrotar a la oscuridad).
Total, que para sacar a Excalibur de la piedra (¿cómo diantres llegó ahí?) Emma necesitaba un héroe con el corazón puro y por eso secuestra a Rumpel, para aprovechar que su corazón es una hoja en blanco. El ponerlo a entrenar con Mérida fue genial, pero aún más lo ha sido este episodio The bear and the bow, donde se ha demostrado que para entrenadora de héroes está Belle.
Quizás Belle no vaya pateando culos por ahí como Snow en sus buenos tiempos, pero es un personaje que ayuda mucho a avanzar a los demás. Como una gran influencia, por lo que nunca he entendido que la desaprovechen tanto. En los flashbacks hemos visto como ha hecho que Mérida no sólo recobre su corona y sus hermanos, sino la confianza en sí misma; en la historia actual, ha sido la que finalmente ha hecho que Rumpel supere sus traumas y sea consciente de lo que ella ya sabía: puede ser valiente, puede ayudar sin necesidad de magia. Y, de paso, me han arreglado el Rumbelle, al cual ya veía difunto desde que Belle le exilia. Porque, encima, los cabrones han tenido escenas muy bonitas, como cuando Rumpel se arrepiente de todas sus cagadas.
Eso sí, lo interesante aquí son dos cosas: para variar Belle tiene razón, pero nadie le hace caso (vale que pasen de Rumpel, que él se lo ha buscado, pero si alguien sabe cosas es él) y ahora Rumpel es un héroe que puede enfrentarse a Emma mejor que nadie porque la conoce mejor que ella a sí misma, algo que ya se vio en el episodio anterior, Dreamcatcher.
Habrá que ver cómo se desarrolla ahora la historia, sobre todo porque la incursión de Rumpel en el equipo de los buenos puede dar mucho juego (lo malo va a ser que vamos a tener a Hook rabiando… qué pereza, madre; aunque, al menos, puedo tener a Belle y Rumpel haciendo equipo de nuevo, lo que molará) y quizás él pueda hablar del primer Ser Oscuro, que tiene pinta de ser Nimué, por cierto. A ver, podría perfectamente ser A con esa máscara que lleva, pero el flashback de Merlín me parece clarísimo: Nimué, su amor, se convirtió en el primer Ser Oscuro.
Que, por cierto, qué genial es que hayan juntado la mitología artúrica con la del Ser Oscuro. Todo un acierto, que encima están llevando muy bien: ¿qué pasará si Excalibur y la daga se unen? ¿Cómo se originó el primer Ser Oscuro? ¿Podrán liberar a Emma de la oscuridad? ¿Cómo entra en todo esto El aprendiz?
Vamos, que nos están dando una historia interesante y, lo que es mejor, es compacta, con un objetivo claro y no se pierde en mil ramificaciones. De hecho, hasta la trama de Mérida está relacionada con la de la liberación de Emma y Camelot. Sabemos que Arthur es su enemigo, también que éste la ha capturado y que ella desconoce cosas sobre la muerte de su padre (¿Mérida fallando un tiro? Algo huele a podrido en Escocia, vamos).
Que, por cierto, con Mérida han recuperado el aspecto de la 4A que también les funcionó: el respetar a un personaje querido, escribiendo una continuación de la película con evidente cariño por el personaje. Es muy fácil reconocer a Mérida y no sólo por la más que estupenda caracterización, sino porque está bien escrita y Amy Manson sencillamente lo borda. Hasta sus pretendientes eran clavados a los de la película (tengo curiosidad por ver cómo adaptan a sus padres) y han usado mitología de Brave para avanzar en la historia: los fuegos fatuos, la casa de la bruja, la poción para alterar el destino...
La verdad es que tengo muchas ganas de ver cómo responden a todas las dudas que han ido planteando (¿dónde está Merlín? ¿Qué sucede si juntas la daga con Excalibur? ¿Por qué Emma ha terminado así y les ha maldecido?) y ver cómo salvan a Emma.
Vamos, que así sí, Once upon a time, así sí.
PD: Sí, me he dado cuenta de mi indiscriminado uso del inglés y del español a partes iguales, pero a veces con esta serie resulta confuso, xDD.
PD2: Una semana entera sin Olmos y Robles. Sigue exigiendo la renovación por una segunda temporada. No, TVE, no se me olvida. Y, eh, hacía muchísimo mejor audiencia que la miniserie de ayer. Tenedlo en cuenta, malditos.
Ay, que me enrollo y pierdo el hilo. Bueno, como iba diciendo tras la enorme decepción que fue el segundo arco de la cuarta temporada, iba con miedo a qué nos íbamos a encontrar, a pesar de que prometían ciertos cambios que podrían ser interesantes.
Y tras ver la mitad de este arco de Camelot estoy bastante satisfecha con la historia.
Creo que en esta 5A han sabido aprovechar los recursos que mejor les funcionaron en otras historias y, además, han enmendado ciertos personajes, lo que es de agradecer. Y es que el arco de Camelot tiene lo mejor de la 3A, 3B y 4A y precisamente por eso funciona tan bien.
En primer lugar, está basada en leyendas que conocemos de toda la vida (¿cuántas adaptaciones hay de los mitos artúricos por el mundo?), pero con un giro loco de los que tanto les gustan: el rey Arturo es el villano de la función. Toma ya. Es como cuando convirtieron a Peter Pan en otro villano en la 3A y, aunque Arthur no tiene ese componente emocional que tuvo Peter Pan, tampoco pasa nada que para eso tenemos a Emma en su versión oscura. Genial, por cierto, lo bien que ha terminado encajando su mítico nombre (Swan, es decir, cisne) con la historia.
Porque ese nuevo Ser Oscuro, esa Dark Swan está siendo otro de los aciertos de la temporada. Es curioso como han dejado a Emma casi en un segundo plano, seguramente porque ella sabe todo y tiene un plan. Pero la cuestión es que la están dosificando muy bien y encima Jennifer Morrison está a la altura. Después de ver cómo interpretaba a Emma en la 4B no las tenía todas conmigo respecto a su interpretación, pero la verdad es que me está gustando. Parece más triste que malvada, en los flashbacks es tan frágil como perdida y una no deja de preguntarse cómo diantres acabaron en ese punto.
El misterio en torno a lo que sucedió en esas seis semanas en Camelot, que han desaparecido de la memoria de todos, está muy bien llevado. En el primer episodio de la temporada, The dark Swan, fue como un golpe en toda la cara que pasaran de ese final feliz a reaparecer en Storybrooke sin recordar nada y con Emma convertida en The dark one.
Precisamente fue un recurso que les ayudó a hacer de la 3B algo más interesante y, sobre todo, renovar los flashbacks, que llegó un punto en que eran muy cansinos (otro problema más de la 4B, que la mayoría de historias del pasado no contaban nada nuevo). Además el que cuenten tanto la historia de las semanas desaparecidas como del presente les está permitiendo hacer dicotomías con las relaciones: Charming haciéndose amigo de Arthur las dos veces o Mérida siendo ayudada por Belle para, en el presente, acabar intentando matarla gracias a que Emma tiene su corazón.
También me está gustando el que le estén dando cancha a todos los personajes. Sin ocupar la mayoría de la serie en Emma, están pudiendo desarrollar a los demás, tanto a los nuevos como a los viejos conocidos. Hemos tenido un episodio centrado en Regina, otro en Charming, en Arthur, en Henry (maravilloso e inesperado ese final en el que Emma le arranca el corazón al primer amor de su hijo, me dejó de piedra) y este último en Belle.
Además, casi todos los personajes están siendo bastante bien llevados, lo que es de agradecer: ni están de adorno, ni les sobre intensidad. De hecho, yo me alegro mucho que recuperen a los Charming adorables y divertidos que se dedican a alegrarse de la cita de su hija o, en este caso, ayudar a Regina a bailar o ayudar a Henry a ligar. Bueno, en realidad el responsable de la mayoría de eso es Charming, que gana enteros alejado de los dramas de su mujer. Aunque a favor de los dos diré que, al menos, han sido bastante avispados descubriendo quién era amigo y quien no en el enfrentamiento Arthur contra Lancelot.
Y, de hecho, en el presente tampoco han tardado mucho en descubrir que Arthur no es de fiar, así que estoy alucinando. Eso sí, sin Regina estarían acabados. Es curioso como Regina, en cierta manera, ha terminado siendo la salvadora y no sólo porque alguien tenía que fingirlo en Camelot. Desde el principio de la temporada ha sido la que ha ido apagando todos los fuegos y avanzando en la investigación, todo ello con su mala baba habitual, que por eso la queremos.
Precisamente por eso me sorprende que Hook siga de una pieza. Ay, Hook. No soy su mayor fan, ya que me parece un relleno de los grandes (para lo único que sirve desde la cuarta es para opositar él solito para que alguien le joda de lo lindo), pero este año es el único que me está molestando. Apuf, qué sopor de tío. No soporto verlo tan intenso, berreando a cualquiera y teniendo los planes más estúpidos de Storybrooke lo que, en serio, es para darle un premio, porque a veces los personajes piensan con el culo.
Pero, bueno, pasemos del inútil mayor del reino a su mayor enemigo, El cocodrilo como él lo llama. Porque si Regina ha terminado ocupando el papel de salvadora, Emma ha decidido que era hora de cambiar a Rumpel de registro y creo que Belle y todos nosotros se lo agradecemos porque ese Rumpel ejerciendo de villano, pero con motivos, se quemó totalmente en la cuarta temporada (y lo peor es que no le dieron un buen motivo, teniéndolo, que podían haber justificado todo el tema de la daga con derrotar a la oscuridad).
Total, que para sacar a Excalibur de la piedra (¿cómo diantres llegó ahí?) Emma necesitaba un héroe con el corazón puro y por eso secuestra a Rumpel, para aprovechar que su corazón es una hoja en blanco. El ponerlo a entrenar con Mérida fue genial, pero aún más lo ha sido este episodio The bear and the bow, donde se ha demostrado que para entrenadora de héroes está Belle.
Quizás Belle no vaya pateando culos por ahí como Snow en sus buenos tiempos, pero es un personaje que ayuda mucho a avanzar a los demás. Como una gran influencia, por lo que nunca he entendido que la desaprovechen tanto. En los flashbacks hemos visto como ha hecho que Mérida no sólo recobre su corona y sus hermanos, sino la confianza en sí misma; en la historia actual, ha sido la que finalmente ha hecho que Rumpel supere sus traumas y sea consciente de lo que ella ya sabía: puede ser valiente, puede ayudar sin necesidad de magia. Y, de paso, me han arreglado el Rumbelle, al cual ya veía difunto desde que Belle le exilia. Porque, encima, los cabrones han tenido escenas muy bonitas, como cuando Rumpel se arrepiente de todas sus cagadas.
Eso sí, lo interesante aquí son dos cosas: para variar Belle tiene razón, pero nadie le hace caso (vale que pasen de Rumpel, que él se lo ha buscado, pero si alguien sabe cosas es él) y ahora Rumpel es un héroe que puede enfrentarse a Emma mejor que nadie porque la conoce mejor que ella a sí misma, algo que ya se vio en el episodio anterior, Dreamcatcher.
Habrá que ver cómo se desarrolla ahora la historia, sobre todo porque la incursión de Rumpel en el equipo de los buenos puede dar mucho juego (lo malo va a ser que vamos a tener a Hook rabiando… qué pereza, madre; aunque, al menos, puedo tener a Belle y Rumpel haciendo equipo de nuevo, lo que molará) y quizás él pueda hablar del primer Ser Oscuro, que tiene pinta de ser Nimué, por cierto. A ver, podría perfectamente ser A con esa máscara que lleva, pero el flashback de Merlín me parece clarísimo: Nimué, su amor, se convirtió en el primer Ser Oscuro.
Que, por cierto, qué genial es que hayan juntado la mitología artúrica con la del Ser Oscuro. Todo un acierto, que encima están llevando muy bien: ¿qué pasará si Excalibur y la daga se unen? ¿Cómo se originó el primer Ser Oscuro? ¿Podrán liberar a Emma de la oscuridad? ¿Cómo entra en todo esto El aprendiz?
Vamos, que nos están dando una historia interesante y, lo que es mejor, es compacta, con un objetivo claro y no se pierde en mil ramificaciones. De hecho, hasta la trama de Mérida está relacionada con la de la liberación de Emma y Camelot. Sabemos que Arthur es su enemigo, también que éste la ha capturado y que ella desconoce cosas sobre la muerte de su padre (¿Mérida fallando un tiro? Algo huele a podrido en Escocia, vamos).
Que, por cierto, con Mérida han recuperado el aspecto de la 4A que también les funcionó: el respetar a un personaje querido, escribiendo una continuación de la película con evidente cariño por el personaje. Es muy fácil reconocer a Mérida y no sólo por la más que estupenda caracterización, sino porque está bien escrita y Amy Manson sencillamente lo borda. Hasta sus pretendientes eran clavados a los de la película (tengo curiosidad por ver cómo adaptan a sus padres) y han usado mitología de Brave para avanzar en la historia: los fuegos fatuos, la casa de la bruja, la poción para alterar el destino...
La verdad es que tengo muchas ganas de ver cómo responden a todas las dudas que han ido planteando (¿dónde está Merlín? ¿Qué sucede si juntas la daga con Excalibur? ¿Por qué Emma ha terminado así y les ha maldecido?) y ver cómo salvan a Emma.
Vamos, que así sí, Once upon a time, así sí.
PD: Sí, me he dado cuenta de mi indiscriminado uso del inglés y del español a partes iguales, pero a veces con esta serie resulta confuso, xDD.
PD2: Una semana entera sin Olmos y Robles. Sigue exigiendo la renovación por una segunda temporada. No, TVE, no se me olvida. Y, eh, hacía muchísimo mejor audiencia que la miniserie de ayer. Tenedlo en cuenta, malditos.
lunes, 2 de noviembre de 2015
La sonrisa del diablo
Sherlock Holmes es uno de los detectives más conocidos del mundo literario. La creación de sir Arthur Conan Doyle sigue siendo increíblemente popular como demuestran las múltiples adaptaciones en la pequeña y en la gran pantalla: la serie Sherlock con Benedict Cumberbatch, las películas más actuales protagonizadas por Robert Downey Jr. en la piel del personaje o las más viejas con Basil Rathbone, esa versión que era el doctor House...
Pero, además, Sherlock Holmes parece el protagonista de su propia corriente literaria: la de usarlo como protagonista o reclamo de novelas de misterio actuales. Así, tenemos una saga juvenil donde Sherlock aparece de niño junto a Arséne Lupin e Irene Adler o la protagonizada por Enola Holmes, hermana pequeña del detective que creó la autora americana Nancy Springer.
Y, como soy una persona de naturaleza retorcida, aunque las versiones en celuloide suelen gustarme, no suelo leer las novelas que lo usan un tanto descaradamente como reclamo para vender. No termina de gustarme que alguien utilice a un personaje ya consagrado para su propio beneficio económico, en ese sentido el fanfiction de toda la vida me parece mucho más honesto. Pero, como ya he dicho, soy retorcida y son paranoias mías, así que decidí darle una oportunidad a La sonrisa del diablo de la autora alemana Annelie Wendeberg, que cuenta con Sherlock Holmes como protagonista masculino y su propia creación, Anna Kronberg, como protagonista absoluta.
En el verano de 1889 un cadáver es encontrado con señales de haber sufrido cólera, así que las autoridades llaman al doctor Anton Kronberg, un experto en enfermedades contagiosas y epidemias. El doctor Kronberg en realidad es Anna, una mujer que se disfraza de hombre la mayoría del tiempo para poder ejercer su profesión. Al acudir a la llamada, Anna ve como su mundo está a punto de tambalearse cuando un detective asesor, Sherlock Holmes, descubre su preciado secreto con solo mirarla.
Sin embargo, Holmes no parece dispuesto a delatarla y, además, tienen problemas más acuciantes como que las pruebas del caso parecen apuntar a una conspiración criminal que podría acabar resultando fatal. Por eso, detective y doctora deciden aliarse para resolver el misterio, mientras se analizan el uno al otro.
Se tuviera que describir La sonrisa del diablo con una palabra es: meh.
No es que sea una mala novela o directamente un bodrio, ya que se puede leer y tiene algunos aspectos interesantes, pero en general me ha parecido muy floja, incluso olvidable. De hecho, aunque la venden como una novela de misterio, en realidad no es tal. Sí, hay un crimen que se debe resolver, pero el caso está muy cogido con pinzas y, a decir verdad, ahora mismo he olvidado prácticamente todo acerca de él.
Sí que recuerdo que más que ser un crimen al uso, la autora se decanta por el terrorismo bacteriológico, lo que siendo una novela ambientada en la época victoriana, resulta bastante original. Un poco “¡¿pero qué me estás contando?!”, pero original al fin y al cabo.
El problema es que básicamente Annelie Wendeberg se salta la norma principal de las historias de detectives y, en lugar de ofrecer pistas para que al lector pueda llegar a su propia conclusión, nos tira de cabeza a un caso un tanto confuso que, en realidad, no es un misterio a desentrañar. Por eso, resulta más una novela de aventuras con sus giros, que otra cosa, aunque tampoco es que importe mucho porque básicamente La sonrisa del diablo es la historia de Anna Kronberg.
A lo largo de sus doscientas páginas (es una novela muy corta) asistimos tanto al día a día como a la exploración que la autora hace de Anna: cómo equilibra sus diferentes vidas, qué la llevo a su actual situación, su trabajo en el hospital y como docente...
Y Anna cumple. Es una buena protagonista. Quizás peca un poco de ser intensa, pero es muy sencillo conectar con ella y comprender sus problemas (el miedo a ser descubierta, las dudas sobre su propio cuerpo al ser Anna y Anton al mismo tiempo...), que son precisamente lo que la hace un personaje muy original. Ante todo, Anna es una mujer fuerte, decidida y valiente, aunque no es sólo eso: también es doctora, amante, hija, una buena persona, inteligente, perspicaz... En realidad, Anna es prácticamente perfecta (puede cometer errores, sí, aunque dadas las situaciones casi imposibles es comprensible), pero no resulta cargante, ni cae mal, lo que es todo un acierto.
Por otro lado tenemos al protagonista masculino, Sherlock Holmes, un personaje al que conozco bastante bien tras haber leído sus historias y haber visto casi toda adaptación de las mismas. Annelie Wendeberg nos presenta a un Sherlock bastante más humano de lo habitual. Sigue siendo ese detective inteligente, perspicaz y con una vida personal anodina y complicada, pero me dio la sensación de ser una versión suavizada.
Algo lógico ya que la autora poco a poco desarrolla una relación romántica entre Sherlock y Anna, como se veía venir desde la sinopsis. No es una historia de amor al uso, ya que al fin y al cabo estamos hablando de Sherlock Holmes (que pasaba de mujeres, salvo de Irene Adler, La mujer para él) y él se mantiene apartado, aunque es más que evidente que corresponde los sentimientos de Anna. Eso sí, es precisamente la historia de amor lo que me hizo tener la sensación de estar leyendo un fic donde la autora bien podría haberse versionado a sí misma. Seré una desconfiada, pero Annelie y Anna son nombres sospechosamente parecidos y ambas son científicas. Lo dicho: sospechoso.
Pero, bueno, aunque chirría un poco, tampoco resulta desagradable o aburrido. La verdad es que La sonrisa del diablo al menos es un libro entretenido, también bien escrito (al menos la versión en español a cargo de la editorial Umbriel, porque la original debe de ser un desastre a nivel de erratas y maquetación) y que se lee enseguida. Eso sí, es tan ligero, que también se olvida enseguida, quedando únicamente el recuerdo de esa protagonista que, de lejos, es lo mejor de toda la novela.
La sonrisa del diablo es, además, la primera entrega de una trilogía. Así que queda algún fleco en el aire y, quizás, esta parte sea introductoria de cara a las otras dos. No es que esté deseando que salgan o se me vaya a hacer larga la espera, pero pienso darle otra oportunidad a su segunda novela, a ver qué tal.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Las puertas de Anubis de Tim Powers.
Pero, además, Sherlock Holmes parece el protagonista de su propia corriente literaria: la de usarlo como protagonista o reclamo de novelas de misterio actuales. Así, tenemos una saga juvenil donde Sherlock aparece de niño junto a Arséne Lupin e Irene Adler o la protagonizada por Enola Holmes, hermana pequeña del detective que creó la autora americana Nancy Springer.
Y, como soy una persona de naturaleza retorcida, aunque las versiones en celuloide suelen gustarme, no suelo leer las novelas que lo usan un tanto descaradamente como reclamo para vender. No termina de gustarme que alguien utilice a un personaje ya consagrado para su propio beneficio económico, en ese sentido el fanfiction de toda la vida me parece mucho más honesto. Pero, como ya he dicho, soy retorcida y son paranoias mías, así que decidí darle una oportunidad a La sonrisa del diablo de la autora alemana Annelie Wendeberg, que cuenta con Sherlock Holmes como protagonista masculino y su propia creación, Anna Kronberg, como protagonista absoluta.
En el verano de 1889 un cadáver es encontrado con señales de haber sufrido cólera, así que las autoridades llaman al doctor Anton Kronberg, un experto en enfermedades contagiosas y epidemias. El doctor Kronberg en realidad es Anna, una mujer que se disfraza de hombre la mayoría del tiempo para poder ejercer su profesión. Al acudir a la llamada, Anna ve como su mundo está a punto de tambalearse cuando un detective asesor, Sherlock Holmes, descubre su preciado secreto con solo mirarla.
Sin embargo, Holmes no parece dispuesto a delatarla y, además, tienen problemas más acuciantes como que las pruebas del caso parecen apuntar a una conspiración criminal que podría acabar resultando fatal. Por eso, detective y doctora deciden aliarse para resolver el misterio, mientras se analizan el uno al otro.
Se tuviera que describir La sonrisa del diablo con una palabra es: meh.
No es que sea una mala novela o directamente un bodrio, ya que se puede leer y tiene algunos aspectos interesantes, pero en general me ha parecido muy floja, incluso olvidable. De hecho, aunque la venden como una novela de misterio, en realidad no es tal. Sí, hay un crimen que se debe resolver, pero el caso está muy cogido con pinzas y, a decir verdad, ahora mismo he olvidado prácticamente todo acerca de él.
Sí que recuerdo que más que ser un crimen al uso, la autora se decanta por el terrorismo bacteriológico, lo que siendo una novela ambientada en la época victoriana, resulta bastante original. Un poco “¡¿pero qué me estás contando?!”, pero original al fin y al cabo.
El problema es que básicamente Annelie Wendeberg se salta la norma principal de las historias de detectives y, en lugar de ofrecer pistas para que al lector pueda llegar a su propia conclusión, nos tira de cabeza a un caso un tanto confuso que, en realidad, no es un misterio a desentrañar. Por eso, resulta más una novela de aventuras con sus giros, que otra cosa, aunque tampoco es que importe mucho porque básicamente La sonrisa del diablo es la historia de Anna Kronberg.
A lo largo de sus doscientas páginas (es una novela muy corta) asistimos tanto al día a día como a la exploración que la autora hace de Anna: cómo equilibra sus diferentes vidas, qué la llevo a su actual situación, su trabajo en el hospital y como docente...
Y Anna cumple. Es una buena protagonista. Quizás peca un poco de ser intensa, pero es muy sencillo conectar con ella y comprender sus problemas (el miedo a ser descubierta, las dudas sobre su propio cuerpo al ser Anna y Anton al mismo tiempo...), que son precisamente lo que la hace un personaje muy original. Ante todo, Anna es una mujer fuerte, decidida y valiente, aunque no es sólo eso: también es doctora, amante, hija, una buena persona, inteligente, perspicaz... En realidad, Anna es prácticamente perfecta (puede cometer errores, sí, aunque dadas las situaciones casi imposibles es comprensible), pero no resulta cargante, ni cae mal, lo que es todo un acierto.
Por otro lado tenemos al protagonista masculino, Sherlock Holmes, un personaje al que conozco bastante bien tras haber leído sus historias y haber visto casi toda adaptación de las mismas. Annelie Wendeberg nos presenta a un Sherlock bastante más humano de lo habitual. Sigue siendo ese detective inteligente, perspicaz y con una vida personal anodina y complicada, pero me dio la sensación de ser una versión suavizada.
Algo lógico ya que la autora poco a poco desarrolla una relación romántica entre Sherlock y Anna, como se veía venir desde la sinopsis. No es una historia de amor al uso, ya que al fin y al cabo estamos hablando de Sherlock Holmes (que pasaba de mujeres, salvo de Irene Adler, La mujer para él) y él se mantiene apartado, aunque es más que evidente que corresponde los sentimientos de Anna. Eso sí, es precisamente la historia de amor lo que me hizo tener la sensación de estar leyendo un fic donde la autora bien podría haberse versionado a sí misma. Seré una desconfiada, pero Annelie y Anna son nombres sospechosamente parecidos y ambas son científicas. Lo dicho: sospechoso.
Pero, bueno, aunque chirría un poco, tampoco resulta desagradable o aburrido. La verdad es que La sonrisa del diablo al menos es un libro entretenido, también bien escrito (al menos la versión en español a cargo de la editorial Umbriel, porque la original debe de ser un desastre a nivel de erratas y maquetación) y que se lee enseguida. Eso sí, es tan ligero, que también se olvida enseguida, quedando únicamente el recuerdo de esa protagonista que, de lejos, es lo mejor de toda la novela.
La sonrisa del diablo es, además, la primera entrega de una trilogía. Así que queda algún fleco en el aire y, quizás, esta parte sea introductoria de cara a las otras dos. No es que esté deseando que salgan o se me vaya a hacer larga la espera, pero pienso darle otra oportunidad a su segunda novela, a ver qué tal.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Las puertas de Anubis de Tim Powers.
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domingo, 1 de noviembre de 2015
Frases inspiradoras del mes: Octubre 2015
Pensaba haber publicado esto por la tarde, pero entre las idas y venidas y que estoy muy enganchada a la novela Habitaciones cerradas, pues se me ha pasado, la verdad. Pero no pasa nada porque me he dado cuenta ahora y, así, le damos la bienvenida a noviembre como se merece, al menos en este blog. Es decir, con la publicación de la recopilación de las Frases inspiradoras del día. Además, este último mes ha colaborado muchísima gente, lo que me emociona muy mucho, ¡si es que sois amor del bueno! Así que gracias a todos =D
"Ninguna mujer debería sufrir a manos de un hombre." Sara Lance en Arrow cortesía de Noelia.
"Según el filósofo Ly Tin Wheedle, lo único conocido que se mueve más deprisa que la luz corriente es la monarquía. Llegó a esta conclusión siguiendo este razonamiento: no se puede tener más de un rey, y la tradición exige que no existan intervalos entre un rey y otro, de manera que cuando un rey muere, la sucesión ha de pasar al heredero instantáneamente. Según Wheedle, es probable que existan ciertas partículas elementales, los reiones o tal vez las reionas, que se encargan de cumplir esta función, pero hay que tener en cuenta que a veces la sucesión falla si, en mitad del vuelo chocan con una antipartícula, o republicón. Su ambicioso plan de utilizar este descubrimiento para enviar mensajes, para lo cual hubo de torturar cuidadosamente a un rey menor para poder así modular la señal, jamás llegó a desarrollarse con todo detalle porque, alcanzado ese punto, le cerraron el bar." Mort de Terry Pratchett.
"- Afortunadamente, antes de que confiscaran mi propiedad, fui capaz de descifrar algunos de sus grabados. Era sumerio. Cuatro mil años. Traducido aproximadamente decía: la leyenda de Sleepy Hollow...
- Mmff, ¿lo dices en serio, Crane?
- ¡Sí, le aseguro que sí! No ve que esta tablilla...
- Déjame adivinar: crees que es una antigua profecía sobre nuestro lugar en la guerra entre el bien y el mal. Los chamanes hace tiempo predijeron lo que nos iba a pasar, y ese artefacto babilonio contendrá la clave de lo que se supone que tenemos que hacer con nuestras vidas. ¿Tengo razón?
- Bueno, no. ¡En realidad, no! ... Era sumerio, no babilonio." Ichabod Crane y Abby Mills en Sleepy Hollow (serie).
"Por favor, no seas tan británico." Sally Bowles en Cabaret (película).
"- Sé lo del discurso.
- Oh, tu padre te lo ha contado, ¿eh? ¿Estás preparado?
- Tal vez, ¿estás tú preparada?
- Tal vez. Bueno... ¿qué vas a decir?
- Oh, ya lo verás. ¿Qué vas a decir tú?
- Oh, ya lo verás. Pero, cariño, sabes que esto no es una competición, ¿verdad?
- Sí, claro. Recuerda eso cuando les guste más mi discurso." James "Jamie" Scott y Haley James-Scott en One tree hill cortesía de Noelia.
"Lo admito, sois más ocurrente que yo. Cuando me encontraron junto a mi rey muerto, no se me ocurrió decir: No, no fui yo, fue una sombra, una terrible sombra fría." Jaime Lannister en Canción de hielo y fuego III. Tormenta de espadas de George R. R. Martin.
"Un mago intenta sorprender con algo nuevo que deje desconcertados a todos los demás magos." Alfred Borden en El truco final (El prestigio).
"Que aunque te vaya mal, no eres más que nadie. El mundo no se para por tu dolor. Pierdes lo que más quieres, pero todo sigue. El domingo habrá fútbol y los telediarios seguirán hablando de guerras. Alguien dará su primer beso y lloverá. Lloverá como ha llovido siempre. Todo sigue adelante. Y tú también deberías hacerlo." Irene Larra en El ministerio del Tiempo.
"Tuvimos un minuto. Tuvimos nuestros minutos en el autobús, en la Kirov, en Luga y en el Jardín de Verano. Minutos inolvidables. Lo que queremos ahora es la eternidad." Tatiana en El jinete de Bronce de Paullina Simmons cortesía de Xymeeforyou.
"Hay un tipo de sensibilidad que las mujeres tienen. Yo no la tengo. No lloro con las películas, no enloquezco con los bebés, no empiezo a celebrar la Navidad cinco meses antes y no le digo al hombre que acaba de arruinar nuestras vidas "¡oh, pobrecito!" Así soy yo. Para bien o para mal. Pero te amo." Dorothy Boyd en Jerry Maguire.
"- ¿No le molestaría a tu amigo que...?
- ¿A Guðjon? Se muere por perderme de vista un rato y tener nueva compañía. Seguro que le parece bien. Es una aventura y en las aventuras siempre hay imprevistos.
- ¿Soy un imprevisto?
- El mejor." Laura y Orri en Heima es hogar en islandés de Laia Soler.
"- Si saliéramos de verdad este sería el momento en que me vería obligado a besarte.
- ¿Obligado? ¿Tan malo sería?
- Seguro que lo soportaría.
- Yo también." Chuck Bartowski y Sarah Walker en Chuck.
"- ¿Puede alguien en esta ciudad quedarse muerto?
- Creo que esperaban que tú lo hicieras." Peter Hale y Malia Tate en Teen wolf (serie) cortesía de Noelia.
"Cinco años perdidos lucharon por salir a flote en los labios de Daisy." Nick Carraway en El gran Gatsby (película del 2013).
"- ¡¿Es usted el Magíster?!
- He conseguido maestría en muchas cosas en mi vida. Orientarme por las calles de Londres, hablar francés sin acento, bailar la cuadrilla, el arte japonés del arreglo floral, mentir en las charadas, disimular un estado de profunda ebriedad, deleitar a las jóvenes con mis encantos... Pero nunca nadie se ha referido a mí como 'el maestro' o 'el magíster'. Lo cual es una pena.
- ¿Está en un estado de profunda ebriedad en este momento?" Theresa "Tessa" Gray y William "Will" Herondale en Cazadores de sombras: Los orígenes I. Ángel mecánico de Cassandra Clare.
"Me voy a comer este sobao. ¿Es el primero que se cruzó en mi camino? Sí, pero antes de cogerlo he barajado otros sobaos y éste es, sin duda, el que más me gusta. Por eso me lo voy a comer, porque tengo hambre, hambre de muchas cosas. Pero me lo voy a comer despacio. Y lo más importante, es una decisión mía, sólo mía, la primera que tomo en varios días. La primera pero no la última. Desayunar no es tan fácil como parece." Diego en Primos.
"Querido M.:
Te escribo desde el carruaje donde he pasado los últimos seis días con mis cuatro hermanas y mi madre recorriendo el norte del país para visitar a tía Hester (recordarás que la mencioné en mi última carta).
No puedo imaginar qué clase de locura poseería a los romanos para llegar tan al norte y construir la muralla de Adriano. No debían tener hermanas o no habrían pasado de la Toscana.
Siempre perseverante,
P." Lady Penélope Marbury en Un canalla siempre es un canalla de Sarah MacLean cortesía de Xymeeforyou.
"En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene, probablemente, más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura." Anton Ego en Ratatouille.
"- Si olvidas nuestros besos, ¿sabes qué? Que siempre te puedo dar otro.
- ¿Y qué? También se me va a olvidar.
- Pues te daría otro. Y, siempre que se te olvidara, te volvería a dar otro más. Y, así, cada vez que nos acariciáramos o hiciéramos el amor, sería como la primera vez." Julia Medina e Iván Noiret en El internado.
"Escúchame, cielo. Si le pones nombre a mi miembro, tiene que ser algo híper masculino. Algo como pitón, machote, Krull el guerrero... pero no princesa Dorita." Benjamin "Ben" Barry en Cómo perder a un chico en diez días.
"- ¿Tú con qué ojo me vas a disparar? ¿Con el derecho o con el izquierdo?
- Con el del culo, hija de puta." Mónica Salcedo y Gregorio Atiza en Olmos y Robles cortesía de Artemisa.
"Pero yo estaba de servicio. Se me ordenó ir a una puerta trasera de palacio, donde el confesor de la reina puso un bebé en mis brazos. Aquella noche la reina había dado a luz gemelos y el niño que yo llevaba era el menor de los dos. El rey descubrió que tenía dos herederos. Había visto muchos reinos desgarrados por disputas entre hermanos y decidió en nombre de la paz deshacerse de uno, de ti, Phillippe. Ordenó que se te ocultara tu verdadera identidad. En su lecho de muerte confirmó tu existencia a Louis y tu madre... Ella deseaba restituir tu derecho de nacimiento, pero ahora Louis era rey. Tenía miedo de matarte, pues todo su poder descansaba en la santidad de la sangre real, de modo que ingenió un modo de mantenerte oculto para siempre. Por mi Patria, por mi Rey, compré la paz con tu vida y con mi alma. Algún día te pediré que me perdones, pero no hasta que te haya restituido lo que es tuyo." Aramis en El hombre de la máscara de hierro.
"Verdes.
Ese era el color que empapaba sus recuerdos de aquel día. No el rojo vivo de la sangre, sino aquella llama candente de verde incandescente. Los ojos de Clay. Talin había gimoteado cuando se lo llevaron, pero su mirada le había dicho que fuera fuerte, que volvería a por ella. Y lo había hecho.
Fue ella quien había deshonrado su silencioso pacto, quien había estado demasiado rota como para atreverse a danzar con un leopardo. Aquel fracaso la atormentaba cada día de su vida." La luna del leopardo (Psi/Cambiantes 4) de Nalini Singh.
"Cuando aparece un familiar, es una sorpresa. Si lo hacen dos, una coincidencia. Si son tres, es Eli." Ruth Eastman en The good wife.
"Vamos, hombre, ningún sueño tiene Kleenex arrugados." Peter Harper en La última noche en Tremore Beach de Mikel Santiago cortesía de Yos Paranoias.
"Pueden exterminar a toda una generación, derribar sus casas y, aún así, el pueblo sería capaz de rehacerse. Sin embargo, si destruyen sus obras, su historia, es como si no hubiera existido, sería ceniza en el aire." George Stout en The monuments men.
"Pensará usted que esta carta llega de otro mundo. Discúlpame por no enviársela a través de esa vía endiabladamente rápida que las máquinas han puesto a nuestro servicio, pero soy de las que aún piensan que los trazos manuscritos contienen mucho más que un mensaje: el latido de la mano que los traza, la humedad de las lágrimas que los acompaña y puede que el temblor de la emoción que los justifica." Fiorella Otrante en Habitaciones cerradas de Care Santos.
Y como en cada entrada de esta sección, esperar que os hayan gustado y recordaros que, si lo deseáis, podéis participar y que, de hecho, estamos encantadas con que nos mandéis vuestras citas favoritas ^^ Para participar, simplemente tenéis que hacernos llegar la frase inspiradora en cuestión (junto a la procedencia de la misma) a través de uno de estos medios:
A) Dejarla a modo de comentario en cualquiera de las entradas de Frases inspiradoras del mes.
B) Enviarla a nuestro correo: epic.us.blog@gmail.com
C) Dejarla en el muro de nuestra página de feisbuk y, de paso, si os apetece y eso, regalarnos algún like ;P
"Ninguna mujer debería sufrir a manos de un hombre." Sara Lance en Arrow cortesía de Noelia.
"Según el filósofo Ly Tin Wheedle, lo único conocido que se mueve más deprisa que la luz corriente es la monarquía. Llegó a esta conclusión siguiendo este razonamiento: no se puede tener más de un rey, y la tradición exige que no existan intervalos entre un rey y otro, de manera que cuando un rey muere, la sucesión ha de pasar al heredero instantáneamente. Según Wheedle, es probable que existan ciertas partículas elementales, los reiones o tal vez las reionas, que se encargan de cumplir esta función, pero hay que tener en cuenta que a veces la sucesión falla si, en mitad del vuelo chocan con una antipartícula, o republicón. Su ambicioso plan de utilizar este descubrimiento para enviar mensajes, para lo cual hubo de torturar cuidadosamente a un rey menor para poder así modular la señal, jamás llegó a desarrollarse con todo detalle porque, alcanzado ese punto, le cerraron el bar." Mort de Terry Pratchett.
"- Afortunadamente, antes de que confiscaran mi propiedad, fui capaz de descifrar algunos de sus grabados. Era sumerio. Cuatro mil años. Traducido aproximadamente decía: la leyenda de Sleepy Hollow...
- Mmff, ¿lo dices en serio, Crane?
- ¡Sí, le aseguro que sí! No ve que esta tablilla...
- Déjame adivinar: crees que es una antigua profecía sobre nuestro lugar en la guerra entre el bien y el mal. Los chamanes hace tiempo predijeron lo que nos iba a pasar, y ese artefacto babilonio contendrá la clave de lo que se supone que tenemos que hacer con nuestras vidas. ¿Tengo razón?
- Bueno, no. ¡En realidad, no! ... Era sumerio, no babilonio." Ichabod Crane y Abby Mills en Sleepy Hollow (serie).
"Por favor, no seas tan británico." Sally Bowles en Cabaret (película).
"- Sé lo del discurso.
- Oh, tu padre te lo ha contado, ¿eh? ¿Estás preparado?
- Tal vez, ¿estás tú preparada?
- Tal vez. Bueno... ¿qué vas a decir?
- Oh, ya lo verás. ¿Qué vas a decir tú?
- Oh, ya lo verás. Pero, cariño, sabes que esto no es una competición, ¿verdad?
- Sí, claro. Recuerda eso cuando les guste más mi discurso." James "Jamie" Scott y Haley James-Scott en One tree hill cortesía de Noelia.
"Lo admito, sois más ocurrente que yo. Cuando me encontraron junto a mi rey muerto, no se me ocurrió decir: No, no fui yo, fue una sombra, una terrible sombra fría." Jaime Lannister en Canción de hielo y fuego III. Tormenta de espadas de George R. R. Martin.
"Un mago intenta sorprender con algo nuevo que deje desconcertados a todos los demás magos." Alfred Borden en El truco final (El prestigio).
"Que aunque te vaya mal, no eres más que nadie. El mundo no se para por tu dolor. Pierdes lo que más quieres, pero todo sigue. El domingo habrá fútbol y los telediarios seguirán hablando de guerras. Alguien dará su primer beso y lloverá. Lloverá como ha llovido siempre. Todo sigue adelante. Y tú también deberías hacerlo." Irene Larra en El ministerio del Tiempo.
"Tuvimos un minuto. Tuvimos nuestros minutos en el autobús, en la Kirov, en Luga y en el Jardín de Verano. Minutos inolvidables. Lo que queremos ahora es la eternidad." Tatiana en El jinete de Bronce de Paullina Simmons cortesía de Xymeeforyou.
"Hay un tipo de sensibilidad que las mujeres tienen. Yo no la tengo. No lloro con las películas, no enloquezco con los bebés, no empiezo a celebrar la Navidad cinco meses antes y no le digo al hombre que acaba de arruinar nuestras vidas "¡oh, pobrecito!" Así soy yo. Para bien o para mal. Pero te amo." Dorothy Boyd en Jerry Maguire.
"- ¿No le molestaría a tu amigo que...?
- ¿A Guðjon? Se muere por perderme de vista un rato y tener nueva compañía. Seguro que le parece bien. Es una aventura y en las aventuras siempre hay imprevistos.
- ¿Soy un imprevisto?
- El mejor." Laura y Orri en Heima es hogar en islandés de Laia Soler.
"- Si saliéramos de verdad este sería el momento en que me vería obligado a besarte.
- ¿Obligado? ¿Tan malo sería?
- Seguro que lo soportaría.
- Yo también." Chuck Bartowski y Sarah Walker en Chuck.
"- ¿Puede alguien en esta ciudad quedarse muerto?
- Creo que esperaban que tú lo hicieras." Peter Hale y Malia Tate en Teen wolf (serie) cortesía de Noelia.
"Cinco años perdidos lucharon por salir a flote en los labios de Daisy." Nick Carraway en El gran Gatsby (película del 2013).
"- ¡¿Es usted el Magíster?!
- He conseguido maestría en muchas cosas en mi vida. Orientarme por las calles de Londres, hablar francés sin acento, bailar la cuadrilla, el arte japonés del arreglo floral, mentir en las charadas, disimular un estado de profunda ebriedad, deleitar a las jóvenes con mis encantos... Pero nunca nadie se ha referido a mí como 'el maestro' o 'el magíster'. Lo cual es una pena.
- ¿Está en un estado de profunda ebriedad en este momento?" Theresa "Tessa" Gray y William "Will" Herondale en Cazadores de sombras: Los orígenes I. Ángel mecánico de Cassandra Clare.
"Me voy a comer este sobao. ¿Es el primero que se cruzó en mi camino? Sí, pero antes de cogerlo he barajado otros sobaos y éste es, sin duda, el que más me gusta. Por eso me lo voy a comer, porque tengo hambre, hambre de muchas cosas. Pero me lo voy a comer despacio. Y lo más importante, es una decisión mía, sólo mía, la primera que tomo en varios días. La primera pero no la última. Desayunar no es tan fácil como parece." Diego en Primos.
"Querido M.:
Te escribo desde el carruaje donde he pasado los últimos seis días con mis cuatro hermanas y mi madre recorriendo el norte del país para visitar a tía Hester (recordarás que la mencioné en mi última carta).
No puedo imaginar qué clase de locura poseería a los romanos para llegar tan al norte y construir la muralla de Adriano. No debían tener hermanas o no habrían pasado de la Toscana.
Siempre perseverante,
P." Lady Penélope Marbury en Un canalla siempre es un canalla de Sarah MacLean cortesía de Xymeeforyou.
"En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene, probablemente, más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura." Anton Ego en Ratatouille.
"- Si olvidas nuestros besos, ¿sabes qué? Que siempre te puedo dar otro.
- ¿Y qué? También se me va a olvidar.
- Pues te daría otro. Y, siempre que se te olvidara, te volvería a dar otro más. Y, así, cada vez que nos acariciáramos o hiciéramos el amor, sería como la primera vez." Julia Medina e Iván Noiret en El internado.
"Escúchame, cielo. Si le pones nombre a mi miembro, tiene que ser algo híper masculino. Algo como pitón, machote, Krull el guerrero... pero no princesa Dorita." Benjamin "Ben" Barry en Cómo perder a un chico en diez días.
"- ¿Tú con qué ojo me vas a disparar? ¿Con el derecho o con el izquierdo?
- Con el del culo, hija de puta." Mónica Salcedo y Gregorio Atiza en Olmos y Robles cortesía de Artemisa.
"Pero yo estaba de servicio. Se me ordenó ir a una puerta trasera de palacio, donde el confesor de la reina puso un bebé en mis brazos. Aquella noche la reina había dado a luz gemelos y el niño que yo llevaba era el menor de los dos. El rey descubrió que tenía dos herederos. Había visto muchos reinos desgarrados por disputas entre hermanos y decidió en nombre de la paz deshacerse de uno, de ti, Phillippe. Ordenó que se te ocultara tu verdadera identidad. En su lecho de muerte confirmó tu existencia a Louis y tu madre... Ella deseaba restituir tu derecho de nacimiento, pero ahora Louis era rey. Tenía miedo de matarte, pues todo su poder descansaba en la santidad de la sangre real, de modo que ingenió un modo de mantenerte oculto para siempre. Por mi Patria, por mi Rey, compré la paz con tu vida y con mi alma. Algún día te pediré que me perdones, pero no hasta que te haya restituido lo que es tuyo." Aramis en El hombre de la máscara de hierro.
"Verdes.
Ese era el color que empapaba sus recuerdos de aquel día. No el rojo vivo de la sangre, sino aquella llama candente de verde incandescente. Los ojos de Clay. Talin había gimoteado cuando se lo llevaron, pero su mirada le había dicho que fuera fuerte, que volvería a por ella. Y lo había hecho.
Fue ella quien había deshonrado su silencioso pacto, quien había estado demasiado rota como para atreverse a danzar con un leopardo. Aquel fracaso la atormentaba cada día de su vida." La luna del leopardo (Psi/Cambiantes 4) de Nalini Singh.
"Cuando aparece un familiar, es una sorpresa. Si lo hacen dos, una coincidencia. Si son tres, es Eli." Ruth Eastman en The good wife.
"Vamos, hombre, ningún sueño tiene Kleenex arrugados." Peter Harper en La última noche en Tremore Beach de Mikel Santiago cortesía de Yos Paranoias.
"Pueden exterminar a toda una generación, derribar sus casas y, aún así, el pueblo sería capaz de rehacerse. Sin embargo, si destruyen sus obras, su historia, es como si no hubiera existido, sería ceniza en el aire." George Stout en The monuments men.
"Pensará usted que esta carta llega de otro mundo. Discúlpame por no enviársela a través de esa vía endiabladamente rápida que las máquinas han puesto a nuestro servicio, pero soy de las que aún piensan que los trazos manuscritos contienen mucho más que un mensaje: el latido de la mano que los traza, la humedad de las lágrimas que los acompaña y puede que el temblor de la emoción que los justifica." Fiorella Otrante en Habitaciones cerradas de Care Santos.
Y como en cada entrada de esta sección, esperar que os hayan gustado y recordaros que, si lo deseáis, podéis participar y que, de hecho, estamos encantadas con que nos mandéis vuestras citas favoritas ^^ Para participar, simplemente tenéis que hacernos llegar la frase inspiradora en cuestión (junto a la procedencia de la misma) a través de uno de estos medios:
A) Dejarla a modo de comentario en cualquiera de las entradas de Frases inspiradoras del mes.
B) Enviarla a nuestro correo: epic.us.blog@gmail.com
C) Dejarla en el muro de nuestra página de feisbuk y, de paso, si os apetece y eso, regalarnos algún like ;P
miércoles, 28 de octubre de 2015
Cuando Robles se despidió de Olmos
Ayer se despidió en TVE la (esperemos) primera temporada de Olmos y Robles, una serie que con sólo ocho episodios se ha convertido en una de mis favoritas porque, así, resumiendo un poco, es fantabulosa total. De hecho, me he arrepentido de no dedicarle crónicas semanales como a otras joyas españolas como El ministerio del tiempo.
TVE, si la renuevas por una segunda temporada, te prometo que todas las semanas le dedico una entrada. Que no va a servir de nada porque la cadena ni conoce mi existencia, pero, oye, por intentarlo que no quede.
Cuando se estrenó hace ocho semanas, ya comenté lo mucho que me gustó el episodio piloto, pero es que desde entonces la cosa ha ido a más. Y es que Olmos y Robles ha sabido conciliar perfectamente, durante toda la temporada, esos géneros tan dispares que era el policíaco con el de pueblo con encanto, rompiendo además con varios tópicos.
En primer lugar, y creo que es lo que más agradezco de todas las cosas buenas que tienen, es que no juegan con la inteligencia ni del espectador ni de los personajes. Sí, la trama horizontal de Los siete infantes de Lara era un tanto predecible (desde el regreso de Alcides a Ezcaray ya se intuye por dónde van a ir los tiros y Guerezt era un villano tan obvio que no podía serlo en realidad), pero se han molestado en tomársela en serio y ofrecerla perfectamente dosificada. Porque, sobre todo, ha sido interesante y entretenida y Almanzor ha sido un gran villano: el arco del padre Juan fue toda una sorpresa (a ver quién se veía venir que era un testigo protegido) y encima estuvo muy bien contado, culminando en esa gran escena de la iglesia.
Además, fue precisamente Almanzor el detonante de los dos mejores episodios de toda la temporada. Sí, los ocho han sido muy divertidos, pero los dos últimos mezclaron magistralmente la comedia con la tensión, el thriller y la acción con escenas muy memorables en ambos géneros. Por ejemplo, cuando Atiza mata a Salazar fue épica a morir, pero también tuvo unos diálogos descacharrantes.
Y, como decía hace un par de párrafos, no jugaban con la inteligencia de los personajes. Por lo general, en las series o son más bien cortos o no comparten información, lo que provoca que te desesperes. Pero aquí no. Aquí absolutamente todos los personajes son inteligentes y actúan con cabeza, aunque también puedan ser desastrosos. Por ejemplo, Atiza es un vago, pero también es muy capaz, como demuestra ayer al organizar al pueblo para atrapar a los dos sicarios de Alcides. Otro ejemplo sería Cata cuyo don sí que es permanente y no desaparece cuando conviene (como el de Emma Swan para saber cuándo le mienten).
De hecho, el otro aspecto que más le agradezco son los personajes.
Hoy por hoy, tras haber visto los ocho episodios, no hay ni uno solo que me moleste o que no me interese. Sí, Guerezt era un pesado irritante, pero ese era su papel. Sin embargo, ante el resto no puedes más que quererlos, incluso a ese Damián retorcido donde los haya, manipulador y cobarde, que no podía ser un malo más típico ni más divertido. Verlo sentado en su silla, acariciando a su animal molaba muchísimo, al igual que ese constante enfrentamiento con Cata.
Es de agradecer también que en ninguna parte se hayan olvidado ni de la parte policial, ni del pueblo, manteniendo así varias tramas horizontales como la de la cooperativa, a Isabel vendiendo sus tierras (con el perpetuo boicot de Damián), el misterioso plan de Braulio y Claudio y los secretos que ocultaba Nuria.
Toda esa parte no ha podido ser ni más entrañable, ni más divertida. La serie tiene mucho corazón a la hora de tratar a sus personajes y las relaciones entre ellos, teniendo mucho cuidado de relacionar a prácticamente todos los personajes. Quizás el ejemplo más claro sería la historia de amor entre Nuria y Lucky, que no ha podido ser más mona, pero no han sido los únicos: las chicas tenían una gran amistad, Claudio y Braulio han tenido escenas muy bonitas (su final en el globo fue precioso), la relación padre-hija entre Atiza y Nuria...
Pero si ha habido una relación importante esa ha sido la de Olmos y Robles. Es increíble ver cómo han evolucionado de los dos primeros episodios a este último, a esa despedida (esperemos que temporal) con la que cerraban la temporada. Bueno, en realidad, debería hablar de lo mucho que ha evolucionado Robles, porque Olmos ya respetaba y apreciaba a su compañero desde el principio, la verdad.
Esa relación entre los dos ha sido lo más importante. Los casos eran excusas para ponerlos a trabajar juntos, para que se conocieran y acabaran queriéndose. De hecho, en el séptimo episodio, El juego de Almanzor, les faltaba acudir a terapia de parejas con esas discusiones tan típicas de un matrimonio. Y, claro, ni qué decir tiene que ha sido tan divertido como tierno, una vez más. Un detalle tan tonto como Robles haciéndole unas albóndigas a Olmos era capaz de sacarte la sonrisa, al igual que las escenas en las que Domi le trataba como un nieto más.
Y es que Robles se ha humanizado muchísimo desde su llegada a Ezcaray y, lo más importante, Rubén Cortada se ha soltado tanto que resulta impresionante.
En el episodio piloto Pepe Viyuela era el amo de la función, el que más destacaba tanto a nivel interpretativo como de personaje, pero con el paso de los episodios todos se han equiparado. No sólo es una serie muy coral donde todos tienen su sitio y están más o menos parejos, sino que todos los actores están increíblemente cómodos y se refleja en la pantalla.
Pero como desde el principio todos eran maravillosos, quiero destacar a Rubén Cortada, que fue lo único que me chirrió en el piloto. Quizás era su forma de interpretar a un Robles sieso como ninguno o quizás que se ha ido haciendo con el tono de la serie, no lo sé, pero la cuestión es que ha terminado siendo muy natural hasta en las escenas de comedia más física, como ese (épico) momento en que Robles debe imitar a Gollum en el juego de las películas. Yo es que aún lo recuerdo y me meo viva. Vamos, que el señor Cortada ha terminado demostrando que es algo más que una cara bonita y yo he acabado tan rendida a sus pies como al del resto del reparto.
También me sorprendió muchísimo el cambio de registro de Luis Miguel Seguí en este último episodio, una vez se le cae la careta de amigo majo. Ha sido impresionante verlo de malo malísimo un poco desquiciado tras haberlo visto tanto tiempo interpretar a Leo en La que se avecina. De hecho, va a ser una pena no volver a verlo más por Ezcaray, aunque espero que le guarden algún flashback.
Porque tiene que haber segunda temporada. Olmos y Robles es una serie maravillosa con una audiencia media mayor que la de la cadena y, encima, en mi TL por cada tweet dedicado a Mar de plástico (responsable del bajón de audiencia), había veinte sobre Olmos y Robles y no precisamente por RTs de los actores. Quizás no ha tenido el mismo impacto que El ministerio del tiempo, pero tiene el suyo y lo han hecho tan bien que ellos se merecen volver y nosotros merecemos ver una temporada donde resuelvan el misterio que plantaron ayer: el de la muerte de los padres de Robles con esa referencia a la hidra (¿Alcides será amiguito maligno de Grant Ward?), que seguramente tendrá que ver con la muerte de los de Olmos (demasiada casualidad que ambos se quedaran huérfanos por la misma época).
Eso, junto a esos casos que han escrito y que no podían ser más variados. Me alegra que no hayan convertido Ezcaray en, no sé, Los Angeles y que hubiera asesinatos todos los episodios. De hecho, han sido tan variados que, de nuevo, no puedo más que comentar lo listos que son los guionistas: monjas amnésicas, ladrones de arte, cadáveres cambiados de tumba, el cuervo blanco... Vamos, que se las han apañado para ofrecer misterios sin que muera medio pueblo, lo que es de agradecer, sobre todo porque así iban presentando otros lugares de La Rioja.
Salvo mi pueblo, que sólo sacaron un bazar chino, pero, bueno, eso en la segunda temporada se puede solucionar.
Y, de paso, me podrían dar una escena donde Cata y Damián discutan como cochinos y acaben barriendo la mesa en plan apasionado. No sé si me entendéis... Pero eso son cosas mías. Lo importante es que TVE debe renovar Olmos y Robles porque su primera temporada ha sido genial... y porque siempre podemos presentarnos ahí los fans con horcas y antorchas, ¿a qué si?
Podéis visualizarme sentada tras la mesa tras la que escribo esto, con cara de maligna al imaginar lo que podríamos hacerle a TVE si no nos da la segunda temporada, mientras acaricio un peluche al más puro estilo Damián, seh. Es que no tengo un Genaro, ni animales disecados... que, de hecho, me dan tirria, así que contentémonos con el peluche. Muajajaja.
TVE, si la renuevas por una segunda temporada, te prometo que todas las semanas le dedico una entrada. Que no va a servir de nada porque la cadena ni conoce mi existencia, pero, oye, por intentarlo que no quede.
Cuando se estrenó hace ocho semanas, ya comenté lo mucho que me gustó el episodio piloto, pero es que desde entonces la cosa ha ido a más. Y es que Olmos y Robles ha sabido conciliar perfectamente, durante toda la temporada, esos géneros tan dispares que era el policíaco con el de pueblo con encanto, rompiendo además con varios tópicos.
En primer lugar, y creo que es lo que más agradezco de todas las cosas buenas que tienen, es que no juegan con la inteligencia ni del espectador ni de los personajes. Sí, la trama horizontal de Los siete infantes de Lara era un tanto predecible (desde el regreso de Alcides a Ezcaray ya se intuye por dónde van a ir los tiros y Guerezt era un villano tan obvio que no podía serlo en realidad), pero se han molestado en tomársela en serio y ofrecerla perfectamente dosificada. Porque, sobre todo, ha sido interesante y entretenida y Almanzor ha sido un gran villano: el arco del padre Juan fue toda una sorpresa (a ver quién se veía venir que era un testigo protegido) y encima estuvo muy bien contado, culminando en esa gran escena de la iglesia.
Además, fue precisamente Almanzor el detonante de los dos mejores episodios de toda la temporada. Sí, los ocho han sido muy divertidos, pero los dos últimos mezclaron magistralmente la comedia con la tensión, el thriller y la acción con escenas muy memorables en ambos géneros. Por ejemplo, cuando Atiza mata a Salazar fue épica a morir, pero también tuvo unos diálogos descacharrantes.
Y, como decía hace un par de párrafos, no jugaban con la inteligencia de los personajes. Por lo general, en las series o son más bien cortos o no comparten información, lo que provoca que te desesperes. Pero aquí no. Aquí absolutamente todos los personajes son inteligentes y actúan con cabeza, aunque también puedan ser desastrosos. Por ejemplo, Atiza es un vago, pero también es muy capaz, como demuestra ayer al organizar al pueblo para atrapar a los dos sicarios de Alcides. Otro ejemplo sería Cata cuyo don sí que es permanente y no desaparece cuando conviene (como el de Emma Swan para saber cuándo le mienten).
De hecho, el otro aspecto que más le agradezco son los personajes.
Hoy por hoy, tras haber visto los ocho episodios, no hay ni uno solo que me moleste o que no me interese. Sí, Guerezt era un pesado irritante, pero ese era su papel. Sin embargo, ante el resto no puedes más que quererlos, incluso a ese Damián retorcido donde los haya, manipulador y cobarde, que no podía ser un malo más típico ni más divertido. Verlo sentado en su silla, acariciando a su animal molaba muchísimo, al igual que ese constante enfrentamiento con Cata.
Es de agradecer también que en ninguna parte se hayan olvidado ni de la parte policial, ni del pueblo, manteniendo así varias tramas horizontales como la de la cooperativa, a Isabel vendiendo sus tierras (con el perpetuo boicot de Damián), el misterioso plan de Braulio y Claudio y los secretos que ocultaba Nuria.
Toda esa parte no ha podido ser ni más entrañable, ni más divertida. La serie tiene mucho corazón a la hora de tratar a sus personajes y las relaciones entre ellos, teniendo mucho cuidado de relacionar a prácticamente todos los personajes. Quizás el ejemplo más claro sería la historia de amor entre Nuria y Lucky, que no ha podido ser más mona, pero no han sido los únicos: las chicas tenían una gran amistad, Claudio y Braulio han tenido escenas muy bonitas (su final en el globo fue precioso), la relación padre-hija entre Atiza y Nuria...
Pero si ha habido una relación importante esa ha sido la de Olmos y Robles. Es increíble ver cómo han evolucionado de los dos primeros episodios a este último, a esa despedida (esperemos que temporal) con la que cerraban la temporada. Bueno, en realidad, debería hablar de lo mucho que ha evolucionado Robles, porque Olmos ya respetaba y apreciaba a su compañero desde el principio, la verdad.
Lo que me estoy controlando para no empezar con chistes de 'Oficial y caballero'...
Esa relación entre los dos ha sido lo más importante. Los casos eran excusas para ponerlos a trabajar juntos, para que se conocieran y acabaran queriéndose. De hecho, en el séptimo episodio, El juego de Almanzor, les faltaba acudir a terapia de parejas con esas discusiones tan típicas de un matrimonio. Y, claro, ni qué decir tiene que ha sido tan divertido como tierno, una vez más. Un detalle tan tonto como Robles haciéndole unas albóndigas a Olmos era capaz de sacarte la sonrisa, al igual que las escenas en las que Domi le trataba como un nieto más.
Y es que Robles se ha humanizado muchísimo desde su llegada a Ezcaray y, lo más importante, Rubén Cortada se ha soltado tanto que resulta impresionante.
En el episodio piloto Pepe Viyuela era el amo de la función, el que más destacaba tanto a nivel interpretativo como de personaje, pero con el paso de los episodios todos se han equiparado. No sólo es una serie muy coral donde todos tienen su sitio y están más o menos parejos, sino que todos los actores están increíblemente cómodos y se refleja en la pantalla.
Pero como desde el principio todos eran maravillosos, quiero destacar a Rubén Cortada, que fue lo único que me chirrió en el piloto. Quizás era su forma de interpretar a un Robles sieso como ninguno o quizás que se ha ido haciendo con el tono de la serie, no lo sé, pero la cuestión es que ha terminado siendo muy natural hasta en las escenas de comedia más física, como ese (épico) momento en que Robles debe imitar a Gollum en el juego de las películas. Yo es que aún lo recuerdo y me meo viva. Vamos, que el señor Cortada ha terminado demostrando que es algo más que una cara bonita y yo he acabado tan rendida a sus pies como al del resto del reparto.
También me sorprendió muchísimo el cambio de registro de Luis Miguel Seguí en este último episodio, una vez se le cae la careta de amigo majo. Ha sido impresionante verlo de malo malísimo un poco desquiciado tras haberlo visto tanto tiempo interpretar a Leo en La que se avecina. De hecho, va a ser una pena no volver a verlo más por Ezcaray, aunque espero que le guarden algún flashback.
Porque tiene que haber segunda temporada. Olmos y Robles es una serie maravillosa con una audiencia media mayor que la de la cadena y, encima, en mi TL por cada tweet dedicado a Mar de plástico (responsable del bajón de audiencia), había veinte sobre Olmos y Robles y no precisamente por RTs de los actores. Quizás no ha tenido el mismo impacto que El ministerio del tiempo, pero tiene el suyo y lo han hecho tan bien que ellos se merecen volver y nosotros merecemos ver una temporada donde resuelvan el misterio que plantaron ayer: el de la muerte de los padres de Robles con esa referencia a la hidra (¿Alcides será amiguito maligno de Grant Ward?), que seguramente tendrá que ver con la muerte de los de Olmos (demasiada casualidad que ambos se quedaran huérfanos por la misma época).
Eso, junto a esos casos que han escrito y que no podían ser más variados. Me alegra que no hayan convertido Ezcaray en, no sé, Los Angeles y que hubiera asesinatos todos los episodios. De hecho, han sido tan variados que, de nuevo, no puedo más que comentar lo listos que son los guionistas: monjas amnésicas, ladrones de arte, cadáveres cambiados de tumba, el cuervo blanco... Vamos, que se las han apañado para ofrecer misterios sin que muera medio pueblo, lo que es de agradecer, sobre todo porque así iban presentando otros lugares de La Rioja.
Salvo mi pueblo, que sólo sacaron un bazar chino, pero, bueno, eso en la segunda temporada se puede solucionar.
Y, de paso, me podrían dar una escena donde Cata y Damián discutan como cochinos y acaben barriendo la mesa en plan apasionado. No sé si me entendéis... Pero eso son cosas mías. Lo importante es que TVE debe renovar Olmos y Robles porque su primera temporada ha sido genial... y porque siempre podemos presentarnos ahí los fans con horcas y antorchas, ¿a qué si?
Podéis visualizarme sentada tras la mesa tras la que escribo esto, con cara de maligna al imaginar lo que podríamos hacerle a TVE si no nos da la segunda temporada, mientras acaricio un peluche al más puro estilo Damián, seh. Es que no tengo un Genaro, ni animales disecados... que, de hecho, me dan tirria, así que contentémonos con el peluche. Muajajaja.
martes, 27 de octubre de 2015
El nuevo color de Oliver Queen
A Cisco Ramon no le gusta cuando un héroe pone colores en su nombre, pero debemos admitir que el hecho de que Oliver Queen digievolucionara de Arrow a Green Arrow ha sido todo un acierto y parece la clave para haber remontado una serie cuya temporada anterior flojeó bastante.
Cuando Arrow llegó a nuestras pantallas hace ya casi cuatro años, su tono oscuro y trascendental era algo que molaba. Nos recordaba a las películas de Batman que tanto nos entusiasmaron, pero, claro, una cosa es una película (o en este caso tres) y otra muy distinta una serie cuyas temporadas están formadas por 22 ó 23 episodios. Y es que la intensidad desgasta, sobre todo cuando no dan ni un momento de respiro.
Precisamente por eso Felicity Smoak se alzó como un diosa en medio de Starling City, ya que era el único personaje que tenía sentido del humor y sonreía la mayoría del tiempo. Era un gran contraste con las paranoias y dramas del resto, que se pasaban las veinticuatro horas del día sufriendo como si les fuera la vida en ello. Pero, a pesar de eso, Arrow moló mucho... hasta que la intensidad se les fue de las manos.
Su tercera temporada no fue mala, pero sí floja (a excepción del primer tramo y de Laurel y Thea, que se llevaron la temporada ellas solas) y se notó muchísimo ese desgaste que conllevaba el arrastrar los traumas de siempre: Oliver no avanzaba tras tres temporadas con paranoias sobre ser él o Arrow, a Laurel seguían ocurriéndole una desgracia tras otra, Thea era víctima de secretos una y otra vez... Y, encima, el villano de la temporada, Pepe (que es como llamo yo a Ra’s al Ghul para abreviar y porque, la verdad, mucho respeto tampoco infundía), fue un fracaso total. Intentaron que supusiera algo tan emocional para Oliver como lo fue ese magnífico rival que fue Slade en la segunda temporada, pero lo único que consiguieron fue marearnos a todos con ese juego de infiltraciones y planes secretos y que Oliver nos desesperara.
Tampoco ayudó que subieran a Felicity al carro de los reyes del drama, ni ese spin-off encubierto que suponías las tramas de Ray Palmer (que, encima, era repelente a más no poder) y que precisamente su serie hermana, The Flash, lograra ser emocional sin dejar de ser divertida, ligera y muy interesante (el juego que se trajeron con Harrison Wells fue un continuo WTF?! con el que te devanabas los sesos y encima el flow que tiene Tom Cavanagh era muy genial).
Por suerte, los guionistas tomaron buena nota de todo lo que les había fallado en el tramo final y, de cara a su cuarta temporada, decidieron introducir cambios. Lo están haciendo poco a poco, pero con buen pulso.
Arrow no ha dejado de ser oscura, diferenciándose así de las aventuras de Barry Allen y compañía que siguen siendo más ligeras (sólo hay que ver la actitud de cada ciudad hacia su héroe), pero ahora también tiene sentido del humor. Los personajes se divierten tanto como en The Flash a la hora de salvar a su ciudad, disfrutan con lo que hacen. Es Felicity quien desea volver y retomar su faceta de justicieros y es Oliver quien decide cambiar de actitud, ser algo más que un justiciero: convertirse en un icono, en esa esperanza que una ciudad tan decadente como Starling City necesita.
Y, de hecho, son precisamente ellos dos quienes le están dando un nuevo aire a Arrow, uno más relajado y disfrutable. Verlos juntos es beneficioso para la serie, por lo que no dejo de preguntarme cómo pudieron retrasarlo tanto (y de formas tan estúpidas).
No sólo hacen un gran equipo, sino que ambos están contentos y se permiten el tener sentido del humor. Ha sido muy divertido ver a Oliver como cocinillas o las bromas de Felicity (genial cuando comenta que quiere un nombre en clave o como cuando les dice que se supone que Dig está más evolucionado que Oliver) y también ha sido muy bonito como se apoyan: Felicity está ahí para decirle a Oliver que puede ser mejor, mientras que él está ahí para recordarle a ella que puede hacer todo lo que se proponga, incluido salvar Palmer Tech.
Ahora mismo la pareja formada por ellos dos son el corazón de Arrow, el centro del equipo y los que mantienen a los demás en equilibrio: Felicity es la que logra que Diggle se olvide de sus intensidades varias, mientras que Oliver es quien hace que todos se den cuenta de que Thea no está bien.
Que, por cierto, manda narices que Thea ande desatada, cual Demonio de Tasmania, y no sólo tenga que volver Oliver para darse cuenta, sino que encima tardan en creerle. También manda narices que le hagan volver porque le necesitan y la única que no le dé por saco es Laurel, sobre todo porque la actitud de Oliver ha cambiado para bien, lo que es de agradecer para el espectador. Oliver ya no cree que debe hacer todo solo, que el peso del mundo descarga únicamente sobre su espalda y, aunque claramente ejerce de líder, no pone su opinión por encima de los demás.
De hecho es ese cambio de actitud, el que sólo intente ayudar y se mueva respetando los deseos de todos el que hace que mi odio hacia Diggle y el capitán Lance no conozca límites. Ahora que Diggle ha hecho las paces con él, me imagino que se olvidará de tratarlo a patadas, pero a mí no se me olvidan las lindezas que le ha estado dedicando, a destacar ese momento en que básicamente le dice que no tiene alma, ni corazón ni nada. WTF?! Si pudiera, les pateaba el culo a ambos dos, por gilipollas, intensos y porculeros.
Pero, bueno, por suerte sólo son dos personajes que resultan desagradables, ya que el resto, al menos de momento, están llevando un buen camino. La nueva incorporación, Curtis, es simpático y funciona muy bien con Felicity, mientras que están haciendo un buen uso de Malcolm al no meterlo con calzador. Malcolm funciona mejor en pequeñas dosis, sobre todo porque no les obliga a buscar motivos rocambolescos para mantenerlo con vida y, encima, como nuevo Pepe ofrece a los guionistas un montón de posibilidades.
Sobre todo cuando, poco a poco, están introduciendo la magia en el mundo de Arrow.
Comenzó con la resurrección de Thea en El pozo de Lázaro y ha sido un buen catalizador, ya que, por un lado, tenemos a Thea lidiando con una maldición (o mata o acabará volviéndose loca) y, por otro, han tenido la excusa perfecta para recuperar a Sara. Seguramente la decisión de Laurel le explote en la cara, pero creo que es muy humano que intente salvar a Sara, a pesar de que todo apunte a que es una muy mala idea.
Desde la muerte de Sara, el mundo particular de Laurel se ha reducido a ella (encontrar a su asesino, vengarla, honorarla al continuar su legado) y por eso no es de extrañar que la quiera de vuelta. Sobre todo si tenemos en cuenta lo mal que la está tratando su propio padre, de nuevo a raíz de la muerte de su hermana. Por eso, es natural que Laurel haga lo que sea para volver a reunir a su familia, recuperar lo que perdió.
Habrá que ver cómo desarrollan ahora esa parte de Nanda Parbat, con Sara pareciendo más una bestia que otra cosa, Thea con la espada de Damocles de la locura sobre ella y Nyssa declarándole tanto la guerra a Malcolm como en menor medida a Laurel. Por cierto, ha sido muy inteligente por parte de los guionistas el destruir El pozo de Lázaro, pues con él corrían el riesgo de terminar convertidos en The vampire diaries donde la muerte ha perdido tanto su importancia como su dramatismo porque nunca es permanente. Una cosa es que se salve a Thea en extremis y se resucite a Sara, ambas con terribles consecuencias, otra muy distinta es que cualquiera pueda volver de la muerte.
Porque si fuera así, no habría tensión y ni el flashfoward que cerró el primer episodio de temporada, ni ese villano tan genial que han traído servirían para nada.
Hay que ver, por cierto, el gran acierto que ha sido Damien Darhk. Quizás, por el momento, no tiene ninguna conexión emocional con nadie (aunque yo no descarto que sea el padre de Felicity como se viene rumoreando desde que empezaron a hablar de él en la serie), pero tampoco lo necesita porque hay que ver cómo acojona.
Neal McDonough puede ser muy perturbador y aquí lo es. Tiene presencia, es frío y controlado y, sobre todo, puede usar magia. ¿Cómo van a vencerle si él puede parar sus ataques? Es una de las preguntas que lleva flotando en la serie desde el inicio de temporada y que se va acentuando a medida que sabemos más de él. Damien Darhk es peligroso, asusta al más pintado (el metahumano del tercer episodio prácticamente sale corriendo de Starling City porque le tiene miedo) y es un jodido misterio, ya que sabemos pocas cosas de él. De hecho, por no saber, no sabemos ni qué diantres quiere con exactitud, ni cómo ha conseguido que Lance colabore con él. Mi teoría es que le prometió resucitar a Sara, pero es más una corazonada que otra cosa.
Al igual que no sabemos qué nombre habrá en la lápida frente a la que Barry encuentra a Oliver en el flashfoward del primer episodio. Menudo final de episodio, por cierto, ni una patada en el cielo de la boca.
Sé que lo más obvio es pensar que se trata de Felicity, pero sinceramente las actitudes tanto de uno como de otro me hacen pensar que no es ella. Si Felicity hubiera muerto, los dos estarían hechos mierdecilla y, de hecho, Barry parece más preocupado por Oliver que afectado por la pérdida. Por eso, voy a concentrarme en que es el capitán Lance, ya que le odio mucho y celebraría su muerte con fuegos artificiales.
Sólo llevamos tres episodios de la cuarta temporada, pero de momento está funcionando mucho mejor que la anterior. Es divertida, entretenida, emocionante y se agradece muchísimo el que la gran mayoría de personajes no sean intensamente repelentes como ocurría el año pasado. Esperemos que sigan así porque, en serio, Arrow está molando mucho de nuevo.
Y, encima, en unas semanas aparece Constantine, algo que estoy deseando ver. De hecho, no me importaría que lo dejaran fijo en la serie porque estoy muy enamorada de Matt Ryan y andamos un poco cortos de chicos. En serio, ahora mismo Thea y Laurel o se pegan por Nyssa o no veo ningún otro ship posible, salvo que hagan parejas entre series como ocurre con las Chicago (Laurel y Cisco molarían... creo que shippeo a Laurel hasta con el helecho del amor, tengo un serio problema, xD).
Ay, Matt Ryan n_n
Brazacos... *0*
Cuando Arrow llegó a nuestras pantallas hace ya casi cuatro años, su tono oscuro y trascendental era algo que molaba. Nos recordaba a las películas de Batman que tanto nos entusiasmaron, pero, claro, una cosa es una película (o en este caso tres) y otra muy distinta una serie cuyas temporadas están formadas por 22 ó 23 episodios. Y es que la intensidad desgasta, sobre todo cuando no dan ni un momento de respiro.
Precisamente por eso Felicity Smoak se alzó como un diosa en medio de Starling City, ya que era el único personaje que tenía sentido del humor y sonreía la mayoría del tiempo. Era un gran contraste con las paranoias y dramas del resto, que se pasaban las veinticuatro horas del día sufriendo como si les fuera la vida en ello. Pero, a pesar de eso, Arrow moló mucho... hasta que la intensidad se les fue de las manos.
Su tercera temporada no fue mala, pero sí floja (a excepción del primer tramo y de Laurel y Thea, que se llevaron la temporada ellas solas) y se notó muchísimo ese desgaste que conllevaba el arrastrar los traumas de siempre: Oliver no avanzaba tras tres temporadas con paranoias sobre ser él o Arrow, a Laurel seguían ocurriéndole una desgracia tras otra, Thea era víctima de secretos una y otra vez... Y, encima, el villano de la temporada, Pepe (que es como llamo yo a Ra’s al Ghul para abreviar y porque, la verdad, mucho respeto tampoco infundía), fue un fracaso total. Intentaron que supusiera algo tan emocional para Oliver como lo fue ese magnífico rival que fue Slade en la segunda temporada, pero lo único que consiguieron fue marearnos a todos con ese juego de infiltraciones y planes secretos y que Oliver nos desesperara.
Tampoco ayudó que subieran a Felicity al carro de los reyes del drama, ni ese spin-off encubierto que suponías las tramas de Ray Palmer (que, encima, era repelente a más no poder) y que precisamente su serie hermana, The Flash, lograra ser emocional sin dejar de ser divertida, ligera y muy interesante (el juego que se trajeron con Harrison Wells fue un continuo WTF?! con el que te devanabas los sesos y encima el flow que tiene Tom Cavanagh era muy genial).
Por suerte, los guionistas tomaron buena nota de todo lo que les había fallado en el tramo final y, de cara a su cuarta temporada, decidieron introducir cambios. Lo están haciendo poco a poco, pero con buen pulso.
Arrow no ha dejado de ser oscura, diferenciándose así de las aventuras de Barry Allen y compañía que siguen siendo más ligeras (sólo hay que ver la actitud de cada ciudad hacia su héroe), pero ahora también tiene sentido del humor. Los personajes se divierten tanto como en The Flash a la hora de salvar a su ciudad, disfrutan con lo que hacen. Es Felicity quien desea volver y retomar su faceta de justicieros y es Oliver quien decide cambiar de actitud, ser algo más que un justiciero: convertirse en un icono, en esa esperanza que una ciudad tan decadente como Starling City necesita.
Y, de hecho, son precisamente ellos dos quienes le están dando un nuevo aire a Arrow, uno más relajado y disfrutable. Verlos juntos es beneficioso para la serie, por lo que no dejo de preguntarme cómo pudieron retrasarlo tanto (y de formas tan estúpidas).
No sólo hacen un gran equipo, sino que ambos están contentos y se permiten el tener sentido del humor. Ha sido muy divertido ver a Oliver como cocinillas o las bromas de Felicity (genial cuando comenta que quiere un nombre en clave o como cuando les dice que se supone que Dig está más evolucionado que Oliver) y también ha sido muy bonito como se apoyan: Felicity está ahí para decirle a Oliver que puede ser mejor, mientras que él está ahí para recordarle a ella que puede hacer todo lo que se proponga, incluido salvar Palmer Tech.
Ahora mismo la pareja formada por ellos dos son el corazón de Arrow, el centro del equipo y los que mantienen a los demás en equilibrio: Felicity es la que logra que Diggle se olvide de sus intensidades varias, mientras que Oliver es quien hace que todos se den cuenta de que Thea no está bien.
Que, por cierto, manda narices que Thea ande desatada, cual Demonio de Tasmania, y no sólo tenga que volver Oliver para darse cuenta, sino que encima tardan en creerle. También manda narices que le hagan volver porque le necesitan y la única que no le dé por saco es Laurel, sobre todo porque la actitud de Oliver ha cambiado para bien, lo que es de agradecer para el espectador. Oliver ya no cree que debe hacer todo solo, que el peso del mundo descarga únicamente sobre su espalda y, aunque claramente ejerce de líder, no pone su opinión por encima de los demás.
De hecho es ese cambio de actitud, el que sólo intente ayudar y se mueva respetando los deseos de todos el que hace que mi odio hacia Diggle y el capitán Lance no conozca límites. Ahora que Diggle ha hecho las paces con él, me imagino que se olvidará de tratarlo a patadas, pero a mí no se me olvidan las lindezas que le ha estado dedicando, a destacar ese momento en que básicamente le dice que no tiene alma, ni corazón ni nada. WTF?! Si pudiera, les pateaba el culo a ambos dos, por gilipollas, intensos y porculeros.
Pero, bueno, por suerte sólo son dos personajes que resultan desagradables, ya que el resto, al menos de momento, están llevando un buen camino. La nueva incorporación, Curtis, es simpático y funciona muy bien con Felicity, mientras que están haciendo un buen uso de Malcolm al no meterlo con calzador. Malcolm funciona mejor en pequeñas dosis, sobre todo porque no les obliga a buscar motivos rocambolescos para mantenerlo con vida y, encima, como nuevo Pepe ofrece a los guionistas un montón de posibilidades.
Sobre todo cuando, poco a poco, están introduciendo la magia en el mundo de Arrow.
Comenzó con la resurrección de Thea en El pozo de Lázaro y ha sido un buen catalizador, ya que, por un lado, tenemos a Thea lidiando con una maldición (o mata o acabará volviéndose loca) y, por otro, han tenido la excusa perfecta para recuperar a Sara. Seguramente la decisión de Laurel le explote en la cara, pero creo que es muy humano que intente salvar a Sara, a pesar de que todo apunte a que es una muy mala idea.
Desde la muerte de Sara, el mundo particular de Laurel se ha reducido a ella (encontrar a su asesino, vengarla, honorarla al continuar su legado) y por eso no es de extrañar que la quiera de vuelta. Sobre todo si tenemos en cuenta lo mal que la está tratando su propio padre, de nuevo a raíz de la muerte de su hermana. Por eso, es natural que Laurel haga lo que sea para volver a reunir a su familia, recuperar lo que perdió.
Habrá que ver cómo desarrollan ahora esa parte de Nanda Parbat, con Sara pareciendo más una bestia que otra cosa, Thea con la espada de Damocles de la locura sobre ella y Nyssa declarándole tanto la guerra a Malcolm como en menor medida a Laurel. Por cierto, ha sido muy inteligente por parte de los guionistas el destruir El pozo de Lázaro, pues con él corrían el riesgo de terminar convertidos en The vampire diaries donde la muerte ha perdido tanto su importancia como su dramatismo porque nunca es permanente. Una cosa es que se salve a Thea en extremis y se resucite a Sara, ambas con terribles consecuencias, otra muy distinta es que cualquiera pueda volver de la muerte.
Porque si fuera así, no habría tensión y ni el flashfoward que cerró el primer episodio de temporada, ni ese villano tan genial que han traído servirían para nada.
Hay que ver, por cierto, el gran acierto que ha sido Damien Darhk. Quizás, por el momento, no tiene ninguna conexión emocional con nadie (aunque yo no descarto que sea el padre de Felicity como se viene rumoreando desde que empezaron a hablar de él en la serie), pero tampoco lo necesita porque hay que ver cómo acojona.
Neal McDonough puede ser muy perturbador y aquí lo es. Tiene presencia, es frío y controlado y, sobre todo, puede usar magia. ¿Cómo van a vencerle si él puede parar sus ataques? Es una de las preguntas que lleva flotando en la serie desde el inicio de temporada y que se va acentuando a medida que sabemos más de él. Damien Darhk es peligroso, asusta al más pintado (el metahumano del tercer episodio prácticamente sale corriendo de Starling City porque le tiene miedo) y es un jodido misterio, ya que sabemos pocas cosas de él. De hecho, por no saber, no sabemos ni qué diantres quiere con exactitud, ni cómo ha conseguido que Lance colabore con él. Mi teoría es que le prometió resucitar a Sara, pero es más una corazonada que otra cosa.
Al igual que no sabemos qué nombre habrá en la lápida frente a la que Barry encuentra a Oliver en el flashfoward del primer episodio. Menudo final de episodio, por cierto, ni una patada en el cielo de la boca.
Yo estaba tan feliz viendo el episodio, sale esa escena y me quedé:
Sé que lo más obvio es pensar que se trata de Felicity, pero sinceramente las actitudes tanto de uno como de otro me hacen pensar que no es ella. Si Felicity hubiera muerto, los dos estarían hechos mierdecilla y, de hecho, Barry parece más preocupado por Oliver que afectado por la pérdida. Por eso, voy a concentrarme en que es el capitán Lance, ya que le odio mucho y celebraría su muerte con fuegos artificiales.
Sólo llevamos tres episodios de la cuarta temporada, pero de momento está funcionando mucho mejor que la anterior. Es divertida, entretenida, emocionante y se agradece muchísimo el que la gran mayoría de personajes no sean intensamente repelentes como ocurría el año pasado. Esperemos que sigan así porque, en serio, Arrow está molando mucho de nuevo.
Y, encima, en unas semanas aparece Constantine, algo que estoy deseando ver. De hecho, no me importaría que lo dejaran fijo en la serie porque estoy muy enamorada de Matt Ryan y andamos un poco cortos de chicos. En serio, ahora mismo Thea y Laurel o se pegan por Nyssa o no veo ningún otro ship posible, salvo que hagan parejas entre series como ocurre con las Chicago (Laurel y Cisco molarían... creo que shippeo a Laurel hasta con el helecho del amor, tengo un serio problema, xD).
Ay, Matt Ryan n_n
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