El lunes terminó la segunda temporada de Olmos y Robles, que espero que vuelva con una tercera entrega porque, en serio, esta serie mola mucho. Eso sí, este año decidieron ser más precavidos y cerraron la temporada de tal manera que da pie a continuación (a fin de cuentas, con una serie de casos, siempre se puede sacar trama y ciertas situaciones podrían explotarse en el futuro), pero que también puede servir de final de serie si TVE decide no renovarla.
Pero ojalá lo haga. En serio, TVE, por favor, renuévala, porque se lo merece y mucho. En serio. ¡Por fi, por fi, por fi!
Vale, dejo de suplicar y paso a analizar lo que ha dado de sí esta temporada. Y como siempre me ha gustado ir de menos a más, voy a comenzar con el único pero que ha tenido la temporada, un pero que tiene nombre propio:
Nora, la jueza petarda.
Vale, lo de petarda lo he añadido yo, tiene otro apellido la muchacha y tal, aunque la cuestión es que se merece el epíteto. Desde que Nora hace su aparición, se dedica a ser un auténtico grano en el culo, no porque tenga motivos, sino porque lo es. Es borde, les frena continuamente y está todo el día involucrada en las investigaciones, como si fueran estúpidos y la necesitaran, cuando en realidad sólo es un estorbo.
Así que verla era desesperante, no sólo porque fuera francamente desagradable, sino porque era la conjunción de todos los clichés que odio en los personajes femeninos: desde contar con una actriz cuyo único mérito es ser guapa, que no tiene vis cómica (puede que Rubén Cortázar no sea el mejor actor del mundo, pero ha mejorado mucho y puede ser muy, muy gracioso), hasta el hecho de que, siendo guapa, hay que confundir necesariamente el ser fuerte con ser desagradable. Y era especialmente sangrante porque todas las féminas de Ezcaray son fuertes y útiles sin tener que estar ladrando todo el rato. Porque, encima, es que Nora no tiene absolutamente ningún motivo para ser una borde de mierda, ya que desde que aparece todos la tratan con respeto y educación.
Por eso, en ningún momento compré que Robles pudiera sentirse atraído por ella, sobre todo porque tampoco es que tengan ningún momento de conocerse. Además, Rubén Cortada y Elisa Mouliáa menos química no pueden tener. A ver, que es un poco de cajón: si coges al contrapunto serio y a una sosa y los juntas pues... no va a salir nada bueno.
Además, hubo un detalle que tuvieron con Nora que no me gustó nada. Cierto es que es un personaje plano, pero en un episodio ella bromea con que es dura porque la violaron, aunque no llegan a aclarar si es verdad o sólo una coña. Y me parece un tema con el que no se debería bromear, pero, por otro lado, me vuelve a parecer un clásico odioso que una víctima de violación acabe siendo así de petarda.
Así que, por favor, dejad a Nora en Haro (otra cosa que cabría preguntarse es cómo la jueza de Haro se pasa la vida en Ezcaray, pero bueno) y, si queréis buscarle una novia a Robles, traed de vuelta a la psicóloga interpretada por Begoña Maestre, que era amor del bueno y en un episodio encajó más en el pueblo que la dichosa jueza.
Pero Nora no era la única incorporación a la segunda temporada, aunque sí la única que se podrían haber ahorrado. Puede que al principio Esteban estuviera un poco a rebufo de su tío Atiza (que lo he echado un huevo de menos, por cierto), pero acabó desarrollando su propia personalidad y dando muy buenos momentos, sobre todo desde que Arrea entró en juego.
Comentemos lo grande que ha sido Arrea. En primer lugar, me gustó mucho que nos trajeran a una guardia civil (Isa y, sobre todo, Cata siempre han sido claves para resolver cosas, pero aún así mola que tengamos una guardia civil), pero además es que Arrea me conquistó desde el principio: tan dura, pero tan dulce, tan profesional y lo mucho que molaba la tía. Además, los guionistas le regalaron un episodio de lucimiento a Elena Alférez, cuando Arrea es secuestrada. Y, de paso, aprovecharon su secuestro para que la psicóloga les hiciera ahondar más en cuestiones interesantes: el cómo Arrea lo va superando, la culpabilidad de Esteban, la situación de Robles...
Porque este segundo año ha versado sobre la investigación de Robles del asesinato de sus padres, cuya primera pista se la ofreció Alcides a modo de despedida al final de la primera temporada. Curiosamente esta segunda temporada ha ido mucho sobre la familia, no tanto sobre qué ocurrió con los padres de Robles (aunque la conspiración ahí estaba y nos dio un magnífico final), sino sobre cómo Robles ha encontrado su propia familia en Ezcaray. Lo hemos visto acostumbrado a la gente del pueblo, aceptando plenamente que quiere a Olmos y, al final, todo ha girado en la relación de los dos, que ha podido con todo.
Y, oye, ha sido muy bonito ver lo unidos que están ahora. También se ha agradecido que, de vez en cuando, Robles haya abrazado la personalidad de Ezcaray: disfrazarse con Olmos, gastarles la broma del hombre lobo (impagable escena, por cierto) y que ni siquiera ha intentado abandonar Ezcaray ni una sola vez.
Por otro lado, hemos seguido con las tramas de Ezcaray, que han tenido como epicentro la batalla de Cata y Damián por la alcaldía, lo que de paso les ha permitido desarrollar la pedazo de química que han tenido Ana Morgade y Alex O’Dogherty desde el primer momento. Cada vez que se ponían a pelear y acababan acostándose, era tan gracioso como satisfactorio, aunque he de decir que me ha parecido que han pasado un poco por encima y se han limitado a ser graciosos, en lugar de ahondar en qué sentía cada uno.
Sí, de vez en cuando veíamos a Cata cuestionándose todo y dividida entre el hecho de que Damián le atraía tanto como horripilaba, pero creo que en su caso nunca han aclarado si era algo más sentimental que sexual. Curiosamente, en el caso de él sí que se veía más claramente que era amor (la banda sonora, el ir a buscarla todo el rato, las caritas que ponía...) y eso es algo que evidentemente no sabe manejar. Por eso, aunque me alegra mucho que acabaran la temporada juntos, me ha faltado profundidad y desarrollo en el conflicto y alguna escena en la que Damián se ganara realmente el perdón de Cata tras la putada que le hizo.
Ojalá que tengamos tercera temporada y así pueden explayarse más, sobre todo porque el intercambio de roles puede ser grandioso: desde un Damián completamente desubicado en casi todos los aspectos (ya no es alcalde, lo que le definía, y además no es alguien acostumbrado a tener relaciones) hasta esa Cata que pasa de ser la oposición a alcaldesa.
Finalmente, me queda hablar de Isa, que ha encontrado completamente su lugar en esta temporada. Isa siempre ha molado, pero ha sido, quizás, la que más ha cambiado en esta segunda entrega: y no sólo porque se haya atrevido a estar con Olmos, pese al gafe que la acompaña (debería fundar un club con Maggie de Doctor en Alaska, por cierto), sino porque ya no es esa mujer desubicada que no sabe qué hacer con su vida y que tiene miedo por todo. No, Isa ha encontrado su lugar y la hemos visto decidida e interviniendo en asuntos serios y arriesgados, lo que ha molado muchísimo.
Además, con ella se ha demostrado uno de los aspectos que más me gustan de esta serie: ¡los personajes actúan con lógica! Isa se comporta extraño en un episodio y es descubierta por Olmos, que la enfrenta en cero coma como haría cualquier persona normal, aunque no así un personaje catódico.
Y es por cosas como esas o sus grandes personajes o su sentido del humor o incluso los casos (el de las joyas de la Castafiore fue muy genial) Olmos y Robles debería ser renovada por una tercera temporada. Lo merece. Nosotros merecemos seguir disfrutando de esta serie. Así que, de nuevo, insistió (que sí, soy muy cansina), pero, TVE, por favor, renuévala.
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jueves, 24 de noviembre de 2016
sábado, 12 de noviembre de 2016
6 diferencias de Víctor Ros
La semana pasada volvió a TVE Víctor Ros con su segunda temporada, una temporada que ya nadie se esperaba y que demuestra que TVE muy seria con sus renovaciones no es. De hecho, parte de su equipo ha cambiado y creo que eso se ha notado en la serie, pues esta segunda temporada, al menos de momento, poco tiene en común con la primera.
Esta temporada está ligeramente basada en la quinta novela protagonizada por el personaje (y escrita por Jerónimo Tristante), Víctor Ros y el gran robo del oro español. Aunque, bueno, en realidad lo único que se mantiene fiel a la novela es el punto de partida, con ese gran golpe que enmascara el robo del tesoro nacional. Por eso, y como en realidad, la serie sigue teniendo sus mismas virtudes (es entretenida, está bien hecha y tiene un buen reparto), esta entrada va a ir sobre los cambios entre novela y serie.
La situación de Víctor
Mientras que en la serie, Víctor sigue formando parte de la policía madrileña, en los libros su camino es mucho más complicado y es que, ante las injusticias que se daban en el sistema, Víctor acaba dejando la policía y se dedica a trabajar por su cuenta. En este tramo de la historia, de hecho, está prácticamente retirado, pues en la aventura anterior está a punto de morir y aquí se está recuperando. Por eso, van a buscarlo y Víctor tiene libertad de movimientos y no debe depender de nadie y mucho menos del cuartel de la guardia civil de Linares, como ocurre en la serie.
Además, su situación personal en los libros difiere muchísimo de la que se está viendo en la serie, ya que, sin contar a su hijo adoptivo, tiene otros dos, nacidos de su matrimonio con Clara. Así que es padre de familia y marido, lo que no quita que haga lo que tenga que hacer para resolver el caso, pero sí que cambia cosas y, de hecho, me lleva al siguiente punto:
Clara
Mientras que en la serie Clara siempre ha sido el interés amoroso, pese a que sí desarrollan su faceta de sufragista y mujer luchadora, el desarrollo de Clara en las novelas es muchísimo más original y mejor llevado.
En primer lugar, Clara no muere, lo que ya cambia mucho el panorama. Pero, además, en los libros Jerónimo Tristante nos dibuja a una Clara muy, muy inteligente que acaba volviéndose una gran detective, que está al nivel de su marido. La Clara de las novelas no sólo es esa presencia dulce que le espera en casa, sino que toma presencia activa en las aventuras. En La última noche de Víctor Ros (la cuarta entrega) es quien salva la vida a su marido y lo hace de tal manera que la archienemiga de Víctor, Bárbara Miranda, se da cuenta de que su auténtica rival es Clara.
En la aventura del oro español, Clara y Eduardo (así se llama su hijo adoptivo en las novelas, no Juan como en la serie) se dan cuenta de que Víctor puede estar dirigiéndose hacia una trampa, así que se disfrazan de pilluelos y lo siguen para mantenerle a salvo de Bárbara Miranda. Y resulta muy divertido ver cómo Blázquez se obsesiona con ellos al no saber que se trata de Clara y Eduardo.
Como he dicho, personalmente me gusta muchísimo más como retratan a Clara las novelas, ya que la hacen una igual de Víctor, su compañera, más que su esposa. Además, me duele mucho que la hayan matado porque, jolín, a mí Clara me mola.
La localización
En la serie de televisión, el tesoro nacional lleva a Víctor y Blázquez hasta Linares, donde tienen que lidiar con los guardias civiles que parecen ser corruptos. Sin embargo, en la novela viajan hasta Londres, lo que no sólo cambia los escenarios, sino toda la trama. Además, el estar en Londres le permite a Jerónimo Tristante permitirse alguna licencia molona que otra, como el hacer que Víctor se infiltre en los barrios bajos de la ciudad y conozca a Sherlock Holmes.
La trama: espionaje internacional vs. bandoleros
Dado que sólo llevamos dos episodios, quizás es un poco pronto para hablar de esto, pero a priori sí que parece que la trama es completamente distinta: mientras que en la serie Víctor y Blázquez están rodeados de bandoleros y guardias civiles que no saben a qué juegan, en la novela se combina la búsqueda del tesoro con los tejemanejes que se traen los políticos gracias a él y con la desaparición de un hombre inglés.
Evidentemente, Inglaterra desea conseguir el oro español, mientras que España quiere recuperarlo, así que Víctor se mueve en terrenos pantanosos todo el rato. Además, en la novela se nos presentan a dos personajes que molan muchísimo: Martin, un amigo inglés de Víctor que sirve de enlace con el gobierno británico, y la misteriosa María, que acaba resultando ser una espía española.
Los enemigos
Ahora mismo no me acuerdo si en la serie de televisión llega a salir Bárbara Miranda como tal o es una versión de ella, pero, bueno, lo que importa es que es un personaje que no llegan a desarrollar como en los libros. En éstos es una transexual muy, muy inteligente (e igual de loca) y muy peligrosa, que se dedica a matar, por lo que Víctor la descubre y la detiene, aunque se escapa. Desde entonces, Bárbara Miranda está obsesionada con él y tiene siempre un rol importante que desentrañar en las aventuras de Víctor Ros.
En la aventura del oro español va detrás de Víctor, que también se enfrenta al fantasma de Aldanza (su antiguo maestro, al que cree fallecido), mientras que en la serie de momento no sabemos muy bien lo que ocurre, aunque sí que han descartado que sea Aldanza... de nuevo, al menos por el momento.
De hecho, es algo que echo de menos en la serie, esa figura de gran rival de Víctor, más allá de que vaya resolviendo los casos que se cruzan en su camino. Quizás el personaje de Paco Tous pueda convertirse en el malo de la temporada, pero en estos dos episodios lo están dejando todo en insinuaciones y pueden salir por cualquier lado, lo que me parece bastante interesante, por cierto.
Elena y Juan
En la serie, Víctor adopta a Juan, que es el hijo de dos de sus amigos de infancia, y ahora se ha reencontrado con la madre de Juan, Elena, que en lugar de muerta está metida a bandolera en la sierra de Linares. Sin contar la gracia que me hace que Carles Francino y Tomás del Estal cacen bandoleros juntos y que seguramente junten al primero con una bandolera, es otro tema que se ha desarrollado de forma muy distinta a los libros.
En primer lugar, en los libros el personaje de hijo adoptivo se llama Eduardo y no tiene nada que ver con el pasado de Víctor. Sencillamente es un huérfano que le asiste en un caso y que demuestra ser muy hábil, por lo que Víctor decide adoptarle y darle una oportunidad, como le pasó a él cuando era niño.
Personalmente, salvo el tema de Clara que sí que me parece fatal, el resto no me importa que haya cambios, ya que permite que el lector de las novelas no vaya con ventaja y se pueda sorprender. Además, los medios no dejan de ser diferentes, aunque no deja de ser interesante el comparar las dos historias. ¿Estáis viendo la segunda de Víctor Ros? ¿Qué os está pareciendo? ¿Preferís libros o serie u os gustan las dos por igual?
Esta temporada está ligeramente basada en la quinta novela protagonizada por el personaje (y escrita por Jerónimo Tristante), Víctor Ros y el gran robo del oro español. Aunque, bueno, en realidad lo único que se mantiene fiel a la novela es el punto de partida, con ese gran golpe que enmascara el robo del tesoro nacional. Por eso, y como en realidad, la serie sigue teniendo sus mismas virtudes (es entretenida, está bien hecha y tiene un buen reparto), esta entrada va a ir sobre los cambios entre novela y serie.
La situación de Víctor
Mientras que en la serie, Víctor sigue formando parte de la policía madrileña, en los libros su camino es mucho más complicado y es que, ante las injusticias que se daban en el sistema, Víctor acaba dejando la policía y se dedica a trabajar por su cuenta. En este tramo de la historia, de hecho, está prácticamente retirado, pues en la aventura anterior está a punto de morir y aquí se está recuperando. Por eso, van a buscarlo y Víctor tiene libertad de movimientos y no debe depender de nadie y mucho menos del cuartel de la guardia civil de Linares, como ocurre en la serie.
Además, su situación personal en los libros difiere muchísimo de la que se está viendo en la serie, ya que, sin contar a su hijo adoptivo, tiene otros dos, nacidos de su matrimonio con Clara. Así que es padre de familia y marido, lo que no quita que haga lo que tenga que hacer para resolver el caso, pero sí que cambia cosas y, de hecho, me lleva al siguiente punto:
Clara
Mientras que en la serie Clara siempre ha sido el interés amoroso, pese a que sí desarrollan su faceta de sufragista y mujer luchadora, el desarrollo de Clara en las novelas es muchísimo más original y mejor llevado.
En primer lugar, Clara no muere, lo que ya cambia mucho el panorama. Pero, además, en los libros Jerónimo Tristante nos dibuja a una Clara muy, muy inteligente que acaba volviéndose una gran detective, que está al nivel de su marido. La Clara de las novelas no sólo es esa presencia dulce que le espera en casa, sino que toma presencia activa en las aventuras. En La última noche de Víctor Ros (la cuarta entrega) es quien salva la vida a su marido y lo hace de tal manera que la archienemiga de Víctor, Bárbara Miranda, se da cuenta de que su auténtica rival es Clara.
En la aventura del oro español, Clara y Eduardo (así se llama su hijo adoptivo en las novelas, no Juan como en la serie) se dan cuenta de que Víctor puede estar dirigiéndose hacia una trampa, así que se disfrazan de pilluelos y lo siguen para mantenerle a salvo de Bárbara Miranda. Y resulta muy divertido ver cómo Blázquez se obsesiona con ellos al no saber que se trata de Clara y Eduardo.
Como he dicho, personalmente me gusta muchísimo más como retratan a Clara las novelas, ya que la hacen una igual de Víctor, su compañera, más que su esposa. Además, me duele mucho que la hayan matado porque, jolín, a mí Clara me mola.
La localización
En la serie de televisión, el tesoro nacional lleva a Víctor y Blázquez hasta Linares, donde tienen que lidiar con los guardias civiles que parecen ser corruptos. Sin embargo, en la novela viajan hasta Londres, lo que no sólo cambia los escenarios, sino toda la trama. Además, el estar en Londres le permite a Jerónimo Tristante permitirse alguna licencia molona que otra, como el hacer que Víctor se infiltre en los barrios bajos de la ciudad y conozca a Sherlock Holmes.
La trama: espionaje internacional vs. bandoleros
Dado que sólo llevamos dos episodios, quizás es un poco pronto para hablar de esto, pero a priori sí que parece que la trama es completamente distinta: mientras que en la serie Víctor y Blázquez están rodeados de bandoleros y guardias civiles que no saben a qué juegan, en la novela se combina la búsqueda del tesoro con los tejemanejes que se traen los políticos gracias a él y con la desaparición de un hombre inglés.
Evidentemente, Inglaterra desea conseguir el oro español, mientras que España quiere recuperarlo, así que Víctor se mueve en terrenos pantanosos todo el rato. Además, en la novela se nos presentan a dos personajes que molan muchísimo: Martin, un amigo inglés de Víctor que sirve de enlace con el gobierno británico, y la misteriosa María, que acaba resultando ser una espía española.
Los enemigos
Ahora mismo no me acuerdo si en la serie de televisión llega a salir Bárbara Miranda como tal o es una versión de ella, pero, bueno, lo que importa es que es un personaje que no llegan a desarrollar como en los libros. En éstos es una transexual muy, muy inteligente (e igual de loca) y muy peligrosa, que se dedica a matar, por lo que Víctor la descubre y la detiene, aunque se escapa. Desde entonces, Bárbara Miranda está obsesionada con él y tiene siempre un rol importante que desentrañar en las aventuras de Víctor Ros.
En la aventura del oro español va detrás de Víctor, que también se enfrenta al fantasma de Aldanza (su antiguo maestro, al que cree fallecido), mientras que en la serie de momento no sabemos muy bien lo que ocurre, aunque sí que han descartado que sea Aldanza... de nuevo, al menos por el momento.
De hecho, es algo que echo de menos en la serie, esa figura de gran rival de Víctor, más allá de que vaya resolviendo los casos que se cruzan en su camino. Quizás el personaje de Paco Tous pueda convertirse en el malo de la temporada, pero en estos dos episodios lo están dejando todo en insinuaciones y pueden salir por cualquier lado, lo que me parece bastante interesante, por cierto.
Elena y Juan
En la serie, Víctor adopta a Juan, que es el hijo de dos de sus amigos de infancia, y ahora se ha reencontrado con la madre de Juan, Elena, que en lugar de muerta está metida a bandolera en la sierra de Linares. Sin contar la gracia que me hace que Carles Francino y Tomás del Estal cacen bandoleros juntos y que seguramente junten al primero con una bandolera, es otro tema que se ha desarrollado de forma muy distinta a los libros.
En primer lugar, en los libros el personaje de hijo adoptivo se llama Eduardo y no tiene nada que ver con el pasado de Víctor. Sencillamente es un huérfano que le asiste en un caso y que demuestra ser muy hábil, por lo que Víctor decide adoptarle y darle una oportunidad, como le pasó a él cuando era niño.
Personalmente, salvo el tema de Clara que sí que me parece fatal, el resto no me importa que haya cambios, ya que permite que el lector de las novelas no vaya con ventaja y se pueda sorprender. Además, los medios no dejan de ser diferentes, aunque no deja de ser interesante el comparar las dos historias. ¿Estáis viendo la segunda de Víctor Ros? ¿Qué os está pareciendo? ¿Preferís libros o serie u os gustan las dos por igual?
jueves, 13 de octubre de 2016
Los claroscuros de Marta Novoa
Llevamos ya unas cuantas semanas de la nueva temporada para Amar es para siempre, una quinta temporada que llegó con muchos cambios. Cada año gran parte del reparto es distinto, pues nos cuentan una historia distinta, pero en esta quinta temporada han optado por cambiar muchas más cosas: desde de aligerar el tono, aprovechando que estamos a punto de llegar a los años setenta, hasta regresar a los orígenes al olvidarse de tramas más propias de thriller para tener otras mucho más clásicas, pero que personalmente creo que funcionan mejor.
La tercera temporada fue la mejor de esta nueva época en Antena 3 y sí que supieron combinar los dos géneros perfectamente, pero la cuarta se quedó a medio gas y, más allá de la historia de Sofía y de Tomás, hubo pocos aciertos y hubo muchas tramas que no supieron manejar con tino (el piso compartido fue un desastre, Ángel con su carrera de torero otro tanto, el cambio a maniquí de María, el galán un descafeinado de tomo y lomo…).
Así que esta vuelta a las historias más sencillas está siendo de lo más refrescante.
De hecho, personalmente creo que la temporada actual es la que más me recuerda a la primera. Quizás es porque hay elementos similares: abogados, una empresa llevada por la familia protagonista y con su representante sindical con aviesas intenciones, una marquesa maliciosa que odia a su futura nuera, un protagonista no tan perfecto como podría parecer (aunque Antonio le daba mil vueltas a Jaime)… De hecho, es curioso lo bien que están sabiendo llevar a todos los personajes, pues son complicados y todos tienen sus claroscuros.
Y podría hablar de Jaime, ese galán que en menos de una semana ya le ha puesto los cuernos a la heroína y ni se arrepiente de ello, pues me parece muy poco típico para el género. Pero hoy me voy a centrar en su hermana, Marta Novoa.
Porque Marta es, en mi opinión, el personaje más complejo de todos y también el que más está dando que hablar. Al menos, yo siempre acabo hablando de Marta en tuiter y no es para menos porque la señorita Novoa es un personaje que me tiene muy despistada; ahora mismo podría tirar por dos caminos muy distintos y no tengo ni idea de por dónde la llevarán, lo que particularmente me mola mucho. Es decir, podría terminar siendo la villana de la temporada… o no.
Sí, ahora mismo en general hay un sentimiento de que Marta básicamente es malvada y calculadora, como si diera cada paso pensando en una manera de joder a alguien, sobre todo a su hermano quien se ha perfilado como su contrario. Al menos, es lo que cree la mayoría de la gente con la que hablo de Amar, aunque yo no lo percibo así.
Cierto es que Marta no es una santa, ni mucho menos; de hecho ni siquiera sé si calificarla de buena persona, pero tampoco puedo endilgarle el cartel de mala. De momento, y tomando toda la información que nos han dado como certera (en Amar nunca se sabe), me da la sensación de que es un personaje parecido al de Escarlata O’Hara, en el sentido de que es orgullosa y soberbia y que quedó profundamente marcada por las carencias que vivió en una niñez que tuvo lugar durante los primeros años de la posguerra. De hecho, cuando le explica a Jaime lo mal que lo pasó en el colegio gracias a cómo la trataban de menos tanto las monjas como sus compañeras, me pareció muy honesta.
Y esa conversación fue bastante reveladora, al menos para mí, ya que deja claro el origen de lo distintos que son los dos hermanos: Marta vivió marcada por la pobreza y posterior mejora gracias a la empresa donde ella trabajó desde niña, mientras que Jaime no recuerda haber pasado estrecheces. Por tanto, tenemos a alguien que desde los siete años se dedicó al negocio familiar y que desde niña apreció la diferencia entre tener dinero y no tenerlo y otro alguien que vivió una niñez mucho más feliz.
¿Qué Marta ha terminado siendo como esas personas que le atormentan incluso en el presente? Cierto, aunque no creo que sea algo tan sencillo como que es clasista, sino que no le gusta la gente que no es capaz. Por ejemplo, con María está encantada, pese a que es humilde, mientras que Jaime le saca de sus casillas por su inocencia y creo que a Henar no la respeta porque la prejuzga como alguien superficial y poco profesional. De hecho, ahora mismo la respeta muchísimo más al comprobar que fue fiel a Félix aunque casi le cuesta el puesto y ni siquiera se plantea que Henar pudiera ser la que llamaba al extranjero a escondidas.
Vamos, que no es una excusa, sino que el comportamiento de Marta es más por cómo entiende ella la profesionalidad que por maldad. Es decir, no creo que sea una Encarnación Llanos o un Augusto Lloveras, sino que es un personaje más complicado.
Hasta ahora es cierto que, en cierta manera, Marta ha sido un desencadenante del caos, pero yo no creo que hubiera intención de herir a nadie, tan solo que está tan centrada en llevar a cabo sus objetivos (triunfar profesionalmente e impedir que su familia vuelva a ese estado de pobreza que recuerda con amargura) que no ve más allá y no tiene en cuenta las posibles consecuencias de sus actos.
Por ejemplo, es ella la que lleva a cabo la estafa que provoca que Jaime vaya a la cárcel, pero no lo hizo con la intención de enchironar a su hermano, mientras se frotaba las manos y bebía un coñac, sino que creo que únicamente quería conseguir el dinero que necesitaban para salir del bache y se pasó de lista. De hecho, en ese caso me parece muchísimo peor y más reprochable la actitud de Félix que de ella: Marta quiere pagar por su delito, Félix decide protegerla, pero entonces cuando Jaime le propone cargar las culpas por él, lo acepta sin contarle la verdad. Él está anteponiendo un hijo sobre el otro, permitiendo que Jaime se sacrifique por él cuando él ha decidido sacrificarse por Marta.
Es decir, Marta hace mal, comete un delito y luego permite que Jaime pague por sus pecados, cuando es inocente, lo que evidentemente no está bien.
Pero, para mí, es hasta ahora el único acto que ha llevado a cabo que sí es muy reprochable, porque sus otras acciones tampoco me parecen tan sencillas como para calificarlas de maldad. Sí, ella decide aceptar un aumento de ventas mayor del que habían pensado igualmente, pero en ningún momento obliga a Carlos Salgado a que cumpla con todo ese aumento. Es él quien se empecina hasta límites insospechados, en lugar de aceptar la propuesta de Félix de cumplir con un porcentaje del pedido y que la otra parte se encargue a otro proveedor.
Que, quizás, otra persona se habría apiadado y le hubiera dado otro margen de maniobra, pues puede ser, pero también es cierto que la empresa se compromete con los franceses a algo y le dan una opción razonable a Salgado para que no se arruine, una opción que él decide no aceptar. Así que tampoco considero que Marta sea la culpable de la muerte de Salgado, ya que ella sólo cumplía con su empresa.
Y es que parece que se castiga a Marta por no vivir en la Aldea del Arce. Es como uno de los últimos enfrentamientos con su hermano: sí, es mucho más bonito comprometerse a conservar los puestos de trabajo y, desde luego, se entiende que los trabajadores quieran conservar su puesto (e incluso en esta ocasión se entiende el que Maroto cizañe todo lo que pueda), pero creo que es muy simplón el juzgar la propuesta de Jaime como buena y la de Marta como mala. A fin de cuentas, el progreso es el progreso: mejorar la maquinaria, lo que provoca que se pierdan puestos de trabajo, es algo que se ha hecho desde la revolución industrial, aunque sea una putada para los trabajadores. Si gracias a esa mejora pueden hacer 100 lavadoras en lo que harían 50, la empresa sale ganando, así que creo que la posición de Marta es también entendible.
Es precisamente esa inocencia de Jaime lo que creo que provoca ese conflicto entre los Novoa y también en la propia Marta. Marta lleva cinco años dejándose la piel en la empresa y, de hecho, está claro que es lo que más le importa. Es cierto que lo ha podido hacer gracias a Jaime, por lo que éste se merece ser partícipe de la empresa, pero la pregunta es: ¿será capaz de hacerlo bien?
Hombre, dado que es el protagonista masculino, seguramente sí (y seguramente acaba costándoles el trato con los alemanes, lo que acabará siendo mejor a largo plazo), pero de momento Jaime parece salido de la calle de la piruleta y no ve la situación en su totalidad. Por ejemplo, no se da cuenta de que Maroto únicamente lo usa en lugar de ser su amigo. Así que yo creo que la rivalidad de los hermanos viene porque Marta está convencida de que Jaime va a destrozar la empresa porque no le ve capaz, junto al hecho de que ha tenido que hacer méritos en un mundo de hombres cosa que su hermano, de momento, no ha hecho, no porque sea una especie de Gollum que quiere la empresa para ella sola.
Es decir, que Marta tiene muchos elementos que la pueden hacer una villana (es implacable, ambiciosa en demasía, vehemente...), pero luego tiene otros detalles que me despistan: Jaime la enerva, pero luego siempre lo defiende delante de Alonso; pese a que es evidente que quiere a Rafael, intercede para que él esté con Alba; se siente culpable de sus acciones y, por eso, creo que no soporta a Nuria, porque es la personificación de su culpa (la hija del hombre que se suicida cuando no puede cumplir con ellos y la que saca a su hermano de la cárcel al conocer toda la verdad).
Y tampoco es que haya precedentes de alguien como Marta en Amar. Hemos tenido varias empresarias, pero ninguna ha sido como ella: Laura Blasco era ambiciosa, estaba preparada y podía ser dura, pero era amable y generosa y la percibían como una especie de hada madrina; Ana Rivas se enfrentaba a personajes claramente antagónicos y, por eso, sus acciones se veían de una forma distinta (aunque luego destruyó la empresa familiar en menos de un año) y encima siempre fue más, no sé, campechana.
Así que no tenemos con quien comparar, aunque a mí la situación me recuerda un poco a los inicios de la cuarta temporada, donde otra Marta, la madre de Ana Rivas, era presentada como la posible mala, mientras que Encarna era el personaje bueno, pero acabaron cambiándose los papeles. Por lo que creo, y es una teoría y es bastante probable que me lleve el tortazo del siglo, que Marta y Alonso se van a intercambiar los papeles: él se va a destapar como un cabrón del quince (ahora mismo es demasiado perfecto, aunque se le ha visto algún ramalazo de mal carácter) y ella lo va a sufrir al casarse con él por mejorar todavía más su posición y seguramente tenga que aprender muchas cosas por las malas.
De todas maneras, en esta serie muchas veces los personajes funcionan de una manera u otra gracias a la percepción que tienen los otros personajes de él. Por ejemplo, Jorge Arteche era un terrorista que llega a provocar la muerte de Juana, pero no era percibido como tal o el año pasado Ángel fue percibido de forma muy distinta a Lucía, pese a que su historia era parecida, siendo la de él peor.
En el caso de Marta Novoa es un personaje que prácticamente desde que aparece es descrito por los demás de forma muy negativa: Carlos Salgado la culpabilizó de todo, Nuria de la muerte de su padre y de ser egoísta, Henar y Fiona no dejan de hablar de ella como si fuera Voldemort, al igual que Maroto y Sebas, incluso su propia familia la percibe como alguien que es muy suyo y sólo se interesa de la empresa (la relación de Rosalía y Félix con Marta no tiene nada que ver con la que mantienen con sus otros tres hijos, llegando a quedar patente que Rosalía no sabe nada de su propia hija cuando no puede ni decirle una sola cosa a Alonso para preparar la boda), por lo que también tengo la sensación de que nadie conoce en realidad a Marta Novoa, salvo Rafael, con quien preveo historia de amor.
Vamos, que sigo sin tener muy claro qué papel va a jugar Marta en la temporada, pero hoy por hoy creo que no va a ser la villana, sino la protagonista con más oscuros que claros (seguramente en contraposición del personaje de Nuria, que es muy buena chica). Bueno, sólo nos queda esperar, pero creo que Marta Novoa es el personaje más interesante e impredecible que tienen ahora mismo y encima Mariona Ribas está estupenda en el papel.
La tercera temporada fue la mejor de esta nueva época en Antena 3 y sí que supieron combinar los dos géneros perfectamente, pero la cuarta se quedó a medio gas y, más allá de la historia de Sofía y de Tomás, hubo pocos aciertos y hubo muchas tramas que no supieron manejar con tino (el piso compartido fue un desastre, Ángel con su carrera de torero otro tanto, el cambio a maniquí de María, el galán un descafeinado de tomo y lomo…).
Así que esta vuelta a las historias más sencillas está siendo de lo más refrescante.
De hecho, personalmente creo que la temporada actual es la que más me recuerda a la primera. Quizás es porque hay elementos similares: abogados, una empresa llevada por la familia protagonista y con su representante sindical con aviesas intenciones, una marquesa maliciosa que odia a su futura nuera, un protagonista no tan perfecto como podría parecer (aunque Antonio le daba mil vueltas a Jaime)… De hecho, es curioso lo bien que están sabiendo llevar a todos los personajes, pues son complicados y todos tienen sus claroscuros.
Y podría hablar de Jaime, ese galán que en menos de una semana ya le ha puesto los cuernos a la heroína y ni se arrepiente de ello, pues me parece muy poco típico para el género. Pero hoy me voy a centrar en su hermana, Marta Novoa.
Porque Marta es, en mi opinión, el personaje más complejo de todos y también el que más está dando que hablar. Al menos, yo siempre acabo hablando de Marta en tuiter y no es para menos porque la señorita Novoa es un personaje que me tiene muy despistada; ahora mismo podría tirar por dos caminos muy distintos y no tengo ni idea de por dónde la llevarán, lo que particularmente me mola mucho. Es decir, podría terminar siendo la villana de la temporada… o no.
Sí, ahora mismo en general hay un sentimiento de que Marta básicamente es malvada y calculadora, como si diera cada paso pensando en una manera de joder a alguien, sobre todo a su hermano quien se ha perfilado como su contrario. Al menos, es lo que cree la mayoría de la gente con la que hablo de Amar, aunque yo no lo percibo así.
Cierto es que Marta no es una santa, ni mucho menos; de hecho ni siquiera sé si calificarla de buena persona, pero tampoco puedo endilgarle el cartel de mala. De momento, y tomando toda la información que nos han dado como certera (en Amar nunca se sabe), me da la sensación de que es un personaje parecido al de Escarlata O’Hara, en el sentido de que es orgullosa y soberbia y que quedó profundamente marcada por las carencias que vivió en una niñez que tuvo lugar durante los primeros años de la posguerra. De hecho, cuando le explica a Jaime lo mal que lo pasó en el colegio gracias a cómo la trataban de menos tanto las monjas como sus compañeras, me pareció muy honesta.
Y esa conversación fue bastante reveladora, al menos para mí, ya que deja claro el origen de lo distintos que son los dos hermanos: Marta vivió marcada por la pobreza y posterior mejora gracias a la empresa donde ella trabajó desde niña, mientras que Jaime no recuerda haber pasado estrecheces. Por tanto, tenemos a alguien que desde los siete años se dedicó al negocio familiar y que desde niña apreció la diferencia entre tener dinero y no tenerlo y otro alguien que vivió una niñez mucho más feliz.
¿Qué Marta ha terminado siendo como esas personas que le atormentan incluso en el presente? Cierto, aunque no creo que sea algo tan sencillo como que es clasista, sino que no le gusta la gente que no es capaz. Por ejemplo, con María está encantada, pese a que es humilde, mientras que Jaime le saca de sus casillas por su inocencia y creo que a Henar no la respeta porque la prejuzga como alguien superficial y poco profesional. De hecho, ahora mismo la respeta muchísimo más al comprobar que fue fiel a Félix aunque casi le cuesta el puesto y ni siquiera se plantea que Henar pudiera ser la que llamaba al extranjero a escondidas.
Vamos, que no es una excusa, sino que el comportamiento de Marta es más por cómo entiende ella la profesionalidad que por maldad. Es decir, no creo que sea una Encarnación Llanos o un Augusto Lloveras, sino que es un personaje más complicado.
Hasta ahora es cierto que, en cierta manera, Marta ha sido un desencadenante del caos, pero yo no creo que hubiera intención de herir a nadie, tan solo que está tan centrada en llevar a cabo sus objetivos (triunfar profesionalmente e impedir que su familia vuelva a ese estado de pobreza que recuerda con amargura) que no ve más allá y no tiene en cuenta las posibles consecuencias de sus actos.
Por ejemplo, es ella la que lleva a cabo la estafa que provoca que Jaime vaya a la cárcel, pero no lo hizo con la intención de enchironar a su hermano, mientras se frotaba las manos y bebía un coñac, sino que creo que únicamente quería conseguir el dinero que necesitaban para salir del bache y se pasó de lista. De hecho, en ese caso me parece muchísimo peor y más reprochable la actitud de Félix que de ella: Marta quiere pagar por su delito, Félix decide protegerla, pero entonces cuando Jaime le propone cargar las culpas por él, lo acepta sin contarle la verdad. Él está anteponiendo un hijo sobre el otro, permitiendo que Jaime se sacrifique por él cuando él ha decidido sacrificarse por Marta.
Es decir, Marta hace mal, comete un delito y luego permite que Jaime pague por sus pecados, cuando es inocente, lo que evidentemente no está bien.
Pero, para mí, es hasta ahora el único acto que ha llevado a cabo que sí es muy reprochable, porque sus otras acciones tampoco me parecen tan sencillas como para calificarlas de maldad. Sí, ella decide aceptar un aumento de ventas mayor del que habían pensado igualmente, pero en ningún momento obliga a Carlos Salgado a que cumpla con todo ese aumento. Es él quien se empecina hasta límites insospechados, en lugar de aceptar la propuesta de Félix de cumplir con un porcentaje del pedido y que la otra parte se encargue a otro proveedor.
Que, quizás, otra persona se habría apiadado y le hubiera dado otro margen de maniobra, pues puede ser, pero también es cierto que la empresa se compromete con los franceses a algo y le dan una opción razonable a Salgado para que no se arruine, una opción que él decide no aceptar. Así que tampoco considero que Marta sea la culpable de la muerte de Salgado, ya que ella sólo cumplía con su empresa.
Y es que parece que se castiga a Marta por no vivir en la Aldea del Arce. Es como uno de los últimos enfrentamientos con su hermano: sí, es mucho más bonito comprometerse a conservar los puestos de trabajo y, desde luego, se entiende que los trabajadores quieran conservar su puesto (e incluso en esta ocasión se entiende el que Maroto cizañe todo lo que pueda), pero creo que es muy simplón el juzgar la propuesta de Jaime como buena y la de Marta como mala. A fin de cuentas, el progreso es el progreso: mejorar la maquinaria, lo que provoca que se pierdan puestos de trabajo, es algo que se ha hecho desde la revolución industrial, aunque sea una putada para los trabajadores. Si gracias a esa mejora pueden hacer 100 lavadoras en lo que harían 50, la empresa sale ganando, así que creo que la posición de Marta es también entendible.
Es precisamente esa inocencia de Jaime lo que creo que provoca ese conflicto entre los Novoa y también en la propia Marta. Marta lleva cinco años dejándose la piel en la empresa y, de hecho, está claro que es lo que más le importa. Es cierto que lo ha podido hacer gracias a Jaime, por lo que éste se merece ser partícipe de la empresa, pero la pregunta es: ¿será capaz de hacerlo bien?
Hombre, dado que es el protagonista masculino, seguramente sí (y seguramente acaba costándoles el trato con los alemanes, lo que acabará siendo mejor a largo plazo), pero de momento Jaime parece salido de la calle de la piruleta y no ve la situación en su totalidad. Por ejemplo, no se da cuenta de que Maroto únicamente lo usa en lugar de ser su amigo. Así que yo creo que la rivalidad de los hermanos viene porque Marta está convencida de que Jaime va a destrozar la empresa porque no le ve capaz, junto al hecho de que ha tenido que hacer méritos en un mundo de hombres cosa que su hermano, de momento, no ha hecho, no porque sea una especie de Gollum que quiere la empresa para ella sola.
Es decir, que Marta tiene muchos elementos que la pueden hacer una villana (es implacable, ambiciosa en demasía, vehemente...), pero luego tiene otros detalles que me despistan: Jaime la enerva, pero luego siempre lo defiende delante de Alonso; pese a que es evidente que quiere a Rafael, intercede para que él esté con Alba; se siente culpable de sus acciones y, por eso, creo que no soporta a Nuria, porque es la personificación de su culpa (la hija del hombre que se suicida cuando no puede cumplir con ellos y la que saca a su hermano de la cárcel al conocer toda la verdad).
Y tampoco es que haya precedentes de alguien como Marta en Amar. Hemos tenido varias empresarias, pero ninguna ha sido como ella: Laura Blasco era ambiciosa, estaba preparada y podía ser dura, pero era amable y generosa y la percibían como una especie de hada madrina; Ana Rivas se enfrentaba a personajes claramente antagónicos y, por eso, sus acciones se veían de una forma distinta (aunque luego destruyó la empresa familiar en menos de un año) y encima siempre fue más, no sé, campechana.
Así que no tenemos con quien comparar, aunque a mí la situación me recuerda un poco a los inicios de la cuarta temporada, donde otra Marta, la madre de Ana Rivas, era presentada como la posible mala, mientras que Encarna era el personaje bueno, pero acabaron cambiándose los papeles. Por lo que creo, y es una teoría y es bastante probable que me lleve el tortazo del siglo, que Marta y Alonso se van a intercambiar los papeles: él se va a destapar como un cabrón del quince (ahora mismo es demasiado perfecto, aunque se le ha visto algún ramalazo de mal carácter) y ella lo va a sufrir al casarse con él por mejorar todavía más su posición y seguramente tenga que aprender muchas cosas por las malas.
De todas maneras, en esta serie muchas veces los personajes funcionan de una manera u otra gracias a la percepción que tienen los otros personajes de él. Por ejemplo, Jorge Arteche era un terrorista que llega a provocar la muerte de Juana, pero no era percibido como tal o el año pasado Ángel fue percibido de forma muy distinta a Lucía, pese a que su historia era parecida, siendo la de él peor.
En el caso de Marta Novoa es un personaje que prácticamente desde que aparece es descrito por los demás de forma muy negativa: Carlos Salgado la culpabilizó de todo, Nuria de la muerte de su padre y de ser egoísta, Henar y Fiona no dejan de hablar de ella como si fuera Voldemort, al igual que Maroto y Sebas, incluso su propia familia la percibe como alguien que es muy suyo y sólo se interesa de la empresa (la relación de Rosalía y Félix con Marta no tiene nada que ver con la que mantienen con sus otros tres hijos, llegando a quedar patente que Rosalía no sabe nada de su propia hija cuando no puede ni decirle una sola cosa a Alonso para preparar la boda), por lo que también tengo la sensación de que nadie conoce en realidad a Marta Novoa, salvo Rafael, con quien preveo historia de amor.
Vamos, que sigo sin tener muy claro qué papel va a jugar Marta en la temporada, pero hoy por hoy creo que no va a ser la villana, sino la protagonista con más oscuros que claros (seguramente en contraposición del personaje de Nuria, que es muy buena chica). Bueno, sólo nos queda esperar, pero creo que Marta Novoa es el personaje más interesante e impredecible que tienen ahora mismo y encima Mariona Ribas está estupenda en el papel.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
El regreso de Olmos y Robles
Bueno, pues lo prometido es deuda y, si la semana pasada hablé del regreso de Mar de plástico, hoy toca hablar de Olmos y Robles, una de mis favoritas y, desde luego, una de las que más disfruto. Porque, encima los vecinos de Ezcaray han vuelto en tan buena forma como se despidieron y nos han dado dos episodios muy, muy buenos donde, de nuevo, han sabido aunar esos dos géneros tan extremos que hace de Olmos y Robles algo muy particular: la acción, el misterio y el costumbrismo del adorable pueblo de tarados.
De hecho, abrimos temporada con intercambio de políticos gracias a una conspiración y toma de rehenes, que nos dio lo mejor de los vecinos de Ezcaray. Puede que Gus sea el hombre de acción, el puto amo (y Rubén Cortazar lo vende muy bien), pero el resto de vecinos saben defenderse solitos y volver loco a cualquiera que ose amenazarlos.
Sólo hay que ver esa escena de los interrogatorios para saber que Olmos y Robles sigue siendo única y sigue siendo tan divertida como encantadora, pero que, al mismo tiempo, no le toma el pelo al espectador, ni vuelve a sus personajes idiotas. Y eso es algo que me gusta de esta serie, que es muy divertida, sus personajes son graciosos y un tanto esperpénticos, pero no son una panda de catetos idiotas que necesitan ser salvados por la figura seria y profesional. Por ejemplo, Cata descubre el intercambio en un abrir y cerrar de ojos, al igual que Olmos, cada uno usando su propio método. Todo eso, mientras los secuestradores se jactaban de que era un pueblo de paletos, que no iban a descubrir sus malvados planes, lo que, además de irónico, no deja de ser una declaración de intenciones.
Bueno, pero yo estaba hablando de esta segunda temporada, en la que ha habido varias novedades. Del caso que va a ocupar toda la temporada, apenas sabemos nada, salvo que Gus quiere resolver el caso de la muerte de sus padres (que, gracias al difunto Alcides, sabe que no fue un accidente) ya que los guionistas han usado estos dos episodios para introducir las nuevas tramas y los cambios.
El primero de ellos sería el cambio de reparto, ya que han despedido a Nuria y Lucky para traer a una pareja de guardia civiles nuevos (el sobrino de Atiza y una chica interpretada por Elena Alférez, a la que conoceremos la semana que viene, pero la actriz me gustó muchísimo en Chiringuito de Pepe). Por mucho que yo el año pasado quisiera a los primeros (y Santi Marín era una monada), me parece una buena decisión, ya que en la primera temporada nos contaron su historia de amor, que acabó con final feliz, así que tampoco es que haya nada más que contar y, así, los tenemos felices en Chicago. Vale, no han dicho que estén juntos, pero a mí me gusta pensar que sí.
Eso sí, a quien echo de menos y estoy deseando que vuelva es Atiza, que lleva estos dos primeros episodios prácticamente desaparecido porque ha ido a ver a su hija. Y es que Atiza es mucho Atiza y, aunque su sobrino no está mal, no es lo mismo. Eso sí, me alegra mucho que hayan dado su propia personalidad al personaje de Alfonso Lara, en vez de tirar por la vía fácil, que sería calcar la personalidad del Atiza original.
Otro de los cambios, y es uno que me hace muy feliz, es que parece que han decidido aprovechar la brutal química entre Ana Morgade y Alex O’Dogherty. Si ya en la primera temporada, los personajes solían chocar, ahora prácticamente viven enfrentados y yo estoy deseando que esa tensión sexual se resuelva de una vez, sobre todo porque los shippeo a muerte desde el año pasado, cuando no parecía que iban a ir por esos derroteros. Pero es que además ese enfrentamiento, que está llamado a reflejarse en las urnas, es muy disfrutable, pues saca lo mejor de dos personajes que no pueden ser mejores. Tanto Cata como Damián siempre me hacen reír y, encima, se enfrentan con cabeza, ¿se puede pedir más?
Y, bueno, es que esta temporada parece la del amor. Si Cata y Damián parecen condenados a entenderse (aunque sea barriendo la mesa para liarse de una vez), también parece que quiere asentar lo que era un flirteo bastante inocente por parte de Olmos e Isa.
Además, Isa en esta segunda temporada está muchísimo más graciosa y Pilar Castro demuestra que tiene una gran vis cómica. Entre su interrogatorio en el primer episodio y el constante estado de nervios del segundo, ha estado inmensa. Y, desde luego, me gusta mucho más ese registro y, de hecho, ahora mismo me estoy riendo al recordar su interrogatorio del inicio de temporada. No, en serio, qué risas con la pobre histérica.
El que no ha tenido tanta suerte, y es el único “pero” que le puedo poner a lo que llevamos de temporada, es Robles. Si Robles en la primera temporada era completamente asexual, ahora le han tenido que poner una chica mona para liarlo con ella. Si en una serie no lían al guapo de turno con una chica mona, algún guionista sufre un ataque o algo así. Pero, bueno, era algo que se preveía (no iban a tirar por algo más arriesgado, pese a que la relación con Alcides se prestaba a que hubiera pasado algo de índole más romántica) y podían haberlo hecho bien, porque se puede ser guapa y ser graciosa y molar, como ocurre con Cata e Isa.
¿El problema? Pues que nos han traído a Elisa Mouliaá, que mucha gracia no tiene (todo lo que tiene de guapa, lo tiene de sosa), con un personaje tan cliché como desagradable. Al menos de momento. Pero, vamos, un episodio y cada vez que Nora hablaba, quería ponerle loctite en la boca a ver si no la volvía a abrir.
Y es que parece que en la televisión, si se es una chica atractiva y dura, se tiene que ser una petarda de mucho cuidado, pues los guionistas parecen confundir fortaleza con bordería. Vale que, en este mundo patriarcal en el que vivimos, una mujer tenga que luchar mucho por conseguir un puesto importante y tenga que ser implacable, sobre todo si tenemos en cuenta que Nora es jueza. Pero una cosa es esa y otra que cada una de sus aportaciones era un ataque de bordería increíble que no venía a cuento. A destacar, ese momento en que Robles le hace el favor de dejarle la mesa que él ocupa y lo primero que hace Nora es atacarle, echándole en cara cosas de su pasado. Se puede ser dura y profesional sin ser desagradable las veinticuatro horas del día, sobre todo cuando nadie en toda la serie la ha atacado, ni puesto en duda, ni nada por el estilo.
De momento, Nora sólo ha tenido escenas con los guardias civiles, con los que casi ha sido tan desdeñosa como los secuestradores del primer episodio. Habrá que ver cómo se desenvuelve con el resto de vecinos, pero de momento no ha podido entrar con peor pie. Es que encima en una serie como esta, en la que coges cariño incluso a alguien como Damián (que yo le quiero, pero tela con el alcalde), no pega que se sea tan desagradable y soberbia. Pero, bueno, tengo fe en los guionistas y, aunque sigo pensando que Elisa Mouliaá no sirve para comedia (aún la recuerdo en Buscando el norte), espero que al desarrollarla el personaje vaya a mejor.
Pero, bueno, salvo eso, Olmos y Robles ha vuelto maravillosa, con más acción, misterios más trabajados y más humor, así que estoy encantada. Y, sí, me estoy olvidando de las audiencias tan pequeñitas que tiene (y que no se merece porque esta serie es grandeza) porque pienso que la van a cancelar y me deprimo. ¡TVE, no me la canceléis, por fa! ¡Eh, que bastante me hacéis sufrir con El ministerio del tiempo, tened piedad!
De hecho, abrimos temporada con intercambio de políticos gracias a una conspiración y toma de rehenes, que nos dio lo mejor de los vecinos de Ezcaray. Puede que Gus sea el hombre de acción, el puto amo (y Rubén Cortazar lo vende muy bien), pero el resto de vecinos saben defenderse solitos y volver loco a cualquiera que ose amenazarlos.
Sólo hay que ver esa escena de los interrogatorios para saber que Olmos y Robles sigue siendo única y sigue siendo tan divertida como encantadora, pero que, al mismo tiempo, no le toma el pelo al espectador, ni vuelve a sus personajes idiotas. Y eso es algo que me gusta de esta serie, que es muy divertida, sus personajes son graciosos y un tanto esperpénticos, pero no son una panda de catetos idiotas que necesitan ser salvados por la figura seria y profesional. Por ejemplo, Cata descubre el intercambio en un abrir y cerrar de ojos, al igual que Olmos, cada uno usando su propio método. Todo eso, mientras los secuestradores se jactaban de que era un pueblo de paletos, que no iban a descubrir sus malvados planes, lo que, además de irónico, no deja de ser una declaración de intenciones.
Bueno, pero yo estaba hablando de esta segunda temporada, en la que ha habido varias novedades. Del caso que va a ocupar toda la temporada, apenas sabemos nada, salvo que Gus quiere resolver el caso de la muerte de sus padres (que, gracias al difunto Alcides, sabe que no fue un accidente) ya que los guionistas han usado estos dos episodios para introducir las nuevas tramas y los cambios.
El primero de ellos sería el cambio de reparto, ya que han despedido a Nuria y Lucky para traer a una pareja de guardia civiles nuevos (el sobrino de Atiza y una chica interpretada por Elena Alférez, a la que conoceremos la semana que viene, pero la actriz me gustó muchísimo en Chiringuito de Pepe). Por mucho que yo el año pasado quisiera a los primeros (y Santi Marín era una monada), me parece una buena decisión, ya que en la primera temporada nos contaron su historia de amor, que acabó con final feliz, así que tampoco es que haya nada más que contar y, así, los tenemos felices en Chicago. Vale, no han dicho que estén juntos, pero a mí me gusta pensar que sí.
Eso sí, a quien echo de menos y estoy deseando que vuelva es Atiza, que lleva estos dos primeros episodios prácticamente desaparecido porque ha ido a ver a su hija. Y es que Atiza es mucho Atiza y, aunque su sobrino no está mal, no es lo mismo. Eso sí, me alegra mucho que hayan dado su propia personalidad al personaje de Alfonso Lara, en vez de tirar por la vía fácil, que sería calcar la personalidad del Atiza original.
Otro de los cambios, y es uno que me hace muy feliz, es que parece que han decidido aprovechar la brutal química entre Ana Morgade y Alex O’Dogherty. Si ya en la primera temporada, los personajes solían chocar, ahora prácticamente viven enfrentados y yo estoy deseando que esa tensión sexual se resuelva de una vez, sobre todo porque los shippeo a muerte desde el año pasado, cuando no parecía que iban a ir por esos derroteros. Pero es que además ese enfrentamiento, que está llamado a reflejarse en las urnas, es muy disfrutable, pues saca lo mejor de dos personajes que no pueden ser mejores. Tanto Cata como Damián siempre me hacen reír y, encima, se enfrentan con cabeza, ¿se puede pedir más?
Y, bueno, es que esta temporada parece la del amor. Si Cata y Damián parecen condenados a entenderse (aunque sea barriendo la mesa para liarse de una vez), también parece que quiere asentar lo que era un flirteo bastante inocente por parte de Olmos e Isa.
Además, Isa en esta segunda temporada está muchísimo más graciosa y Pilar Castro demuestra que tiene una gran vis cómica. Entre su interrogatorio en el primer episodio y el constante estado de nervios del segundo, ha estado inmensa. Y, desde luego, me gusta mucho más ese registro y, de hecho, ahora mismo me estoy riendo al recordar su interrogatorio del inicio de temporada. No, en serio, qué risas con la pobre histérica.
El que no ha tenido tanta suerte, y es el único “pero” que le puedo poner a lo que llevamos de temporada, es Robles. Si Robles en la primera temporada era completamente asexual, ahora le han tenido que poner una chica mona para liarlo con ella. Si en una serie no lían al guapo de turno con una chica mona, algún guionista sufre un ataque o algo así. Pero, bueno, era algo que se preveía (no iban a tirar por algo más arriesgado, pese a que la relación con Alcides se prestaba a que hubiera pasado algo de índole más romántica) y podían haberlo hecho bien, porque se puede ser guapa y ser graciosa y molar, como ocurre con Cata e Isa.
¿El problema? Pues que nos han traído a Elisa Mouliaá, que mucha gracia no tiene (todo lo que tiene de guapa, lo tiene de sosa), con un personaje tan cliché como desagradable. Al menos de momento. Pero, vamos, un episodio y cada vez que Nora hablaba, quería ponerle loctite en la boca a ver si no la volvía a abrir.
Y es que parece que en la televisión, si se es una chica atractiva y dura, se tiene que ser una petarda de mucho cuidado, pues los guionistas parecen confundir fortaleza con bordería. Vale que, en este mundo patriarcal en el que vivimos, una mujer tenga que luchar mucho por conseguir un puesto importante y tenga que ser implacable, sobre todo si tenemos en cuenta que Nora es jueza. Pero una cosa es esa y otra que cada una de sus aportaciones era un ataque de bordería increíble que no venía a cuento. A destacar, ese momento en que Robles le hace el favor de dejarle la mesa que él ocupa y lo primero que hace Nora es atacarle, echándole en cara cosas de su pasado. Se puede ser dura y profesional sin ser desagradable las veinticuatro horas del día, sobre todo cuando nadie en toda la serie la ha atacado, ni puesto en duda, ni nada por el estilo.
De momento, Nora sólo ha tenido escenas con los guardias civiles, con los que casi ha sido tan desdeñosa como los secuestradores del primer episodio. Habrá que ver cómo se desenvuelve con el resto de vecinos, pero de momento no ha podido entrar con peor pie. Es que encima en una serie como esta, en la que coges cariño incluso a alguien como Damián (que yo le quiero, pero tela con el alcalde), no pega que se sea tan desagradable y soberbia. Pero, bueno, tengo fe en los guionistas y, aunque sigo pensando que Elisa Mouliaá no sirve para comedia (aún la recuerdo en Buscando el norte), espero que al desarrollarla el personaje vaya a mejor.
Pero, bueno, salvo eso, Olmos y Robles ha vuelto maravillosa, con más acción, misterios más trabajados y más humor, así que estoy encantada. Y, sí, me estoy olvidando de las audiencias tan pequeñitas que tiene (y que no se merece porque esta serie es grandeza) porque pienso que la van a cancelar y me deprimo. ¡TVE, no me la canceléis, por fa! ¡Eh, que bastante me hacéis sufrir con El ministerio del tiempo, tened piedad!
miércoles, 14 de septiembre de 2016
Las nuevas promesas de Campoamargo
El lunes comenzó la temporada de series (wiiii) con el estreno de las segundas temporadas de Olmos y Robles y Mar de plástico, que vuelven a enfrentarse (que digo yo que ya son ganas de TVE de programar a mis amados Guardias Civiles el único día que se emite otra serie, tsk). Y aunque yo disfruto muchísimo más de los vecinos de Ezcaray, quiero esperar a ver cómo le sientan las nuevas incorporaciones en el próximo episodio y voy a hablaros de la vuelta de Mar de plástico, que hizo con unos cuantos cambios que, a priori, parece que le han sentado de maravilla.
Y es que en su primer año, Mar de plástico fue una emisión un tanto desigual: mientras que el misterio sobre el asesinato de Ainhoa funcionaba perfectamente, todo ese entramado de parejas, dramas y argumentos telenoveleros en general acababa siendo un lastre.
De hecho, la intensidad sigue ahí, en cada escena, a cada minuto, agobiándonos desde que la temporada empieza y, aunque creo que deberían rebajarla (aunque sólo sea para impedir que Rodolfo Sancho acabe explotando del esfuerzo), al menos este año la situación lo propicia algo más: entre las consecuencias del asesinato de Ainhoa, que han matado a la que era la novia del prota y que ese nuevo asesinato parece relacionado de forma personal con todo quisqui, pues hasta está justificada. Aunque, eso sí, yo creo que menos intensidad ayudaría, la verdad.
Al igual que ha ayudado que hayan prescindido de Jesús Castro, que no sólo era un actor malo a rabiar, sino que interpretaba a uno de los tíos más coñazo que he visto y que, encima, lastraba a otros personajes. No echaré de menos ni a Lucas ni a Fara, ni tampoco a su historia de amor, pero es que encima su ausencia puede suponer un revulsivo para Pilar.
Porque Pilar el año pasado era la mala de una telenovela, esa mujer sin amor propio que se arrastra al putear a la heroína para conseguir a un hombre que no la quiere. Daba igual que Lucas pasara de ella, el único motor de Pilar era conseguirlo a toda costa, con el agravante de que es violenta y racista. Por eso, el que en esta nueva temporada no tenga ninguna carga y sí que cuente con responsabilidades como un bebé y con ganas de enemistarse con Juan Rueda. Pilar puede dar mucho de sí esta temporada con ese cambio de rol y eso puede molar mucho. A ver en qué queda.
Y es que la segunda temporada promete. A priori, parece que los guionistas han aprendido de sus errores, pues no sólo se han desecho de aquello que no funcionaba, sino que parece que han potenciado aquello que sí lo hacía.
Como, por ejemplo, mantener a Patrick Criado en la serie, pese a que podría parecer que habían terminado de contar su historia. Patrick Criado no sólo es un actor magnífico, sino que su personaje funciona muy bien y, aunque acabó siendo el asesino de Ainhoa, resulta fascinante de ver e incluso me cae bien. No puedo evitarlo. Es ver cómo se comporta con su hermano y me derrito, lo que no deja de ser curioso. Además, parece que va a ser fundamental en la nueva investigación, lo que puede estar realmente bien. Y es muy irónico que ahora Héctor sólo pueda fiarse de él y tenga que trabajar con Fernando para averiguar qué está pasando en Campoamargo.
Porque la trama de thriller no ha podido empezar más fuerte. Si el año anterior el asesinato de Ainhoa fue brutal y nos estuvieron liando durante trece episodios, ahora los guionistas han dado un paso más: ya no es el asesinato de una desconocida, como quien dice, sino de un personaje importante. Encima, Marta era insoportable, así que otro personaje peñazo que nos quitamos de encima y, de paso, sus dramas romántico-absurdos con Héctor.
Es decir, la investigación es más personal hasta para el espectador, que ya conoce al pueblo y a los sospechosos. Pero también lo es para Héctor, que estaba enamorado de Marta y que, de pronto, no puede estar en una situación más complicada con la llegada de Pablo, el marido de Marta que no estaba muerto, estaba de parranda.
Porque, recordemos, uno de los ejes de Héctor en la primera temporada fue la creencia de que él había matado a Pablo y que, encima, estaba enamorado de Marta. Como si le traicionara dos veces, pero ahora descubre que todo lo que pasó, todo su sufrimiento, vino dado por una mentira, que su mejor amigo, en cierta manera, le traicionó a él al fingir su muerte. Porque puede que Pablo, y digo lo de puede con toda la intención, tuviera buenos motivos para actuar, pero también es cierto que para todos ha estado tres años muertos y, aunque él ni se plantee el asumirlo, la vida ha seguido para todos los demás.
En este primer episodio la incorporación de Pablo no ha podido parecerme más acertada. No sólo supone una situación extraña y compleja tanto para Héctor como para Lola y Salva, que están un poco en medio, sino que Pablo se trata de un personaje ambiguo y terriblemente inquietante. En apariencia, Pablo no puede estar comportándose mejor con la investigación, pero al mismo tiempo resulta imposible fiarse de él: todo en sus acciones parece meticulosamente planeado, su mera presencia sirve para poner nervioso a su propio hijo, ha pedido a Héctor que se encargue de la investigación...
Pero, claro, es tan de cajón que casi parece imposible, por lo que las dudas ya están servidas.
Además, también hay otras posibilidades y, curiosamente, apuntan hacia la familia de Lola, porque si Lola no está en medio del fuego cruzado pues los guionistas no se quedan tranquilos. No sólo tiene que debatirse entre su lealtad hacia Pablo y hacia Héctor, sino que su propio hermano parece ser un sospechoso bastante probable y su prima ha sido testigo de cómo preparaban la escena del crimen.
Vamos, que el lío está servido, pero en este caso creo que lo han sabido montar muy bien. El caso es interesante, la tensión es palpable (las apariciones tanto de Pablo como de Lolo acaban resultando de lo más tensas) y abre muchas posibilidades, hasta en esa especie de trama de intrigas que hay alrededor de Juan Rueda intentando recuperar su poder, un serbio que parece que lo va a traicionar y Pilar entrando en el juego para vengar a su padre.
Es verdad que hay ciertos aspectos que, al menos a priori, no me terminan de convencer, como esa especie de fan beata de Fernando o el miedo a que Héctor y Pablo se pasen toda la temporada viendo quien la tiene más larga, pero, por lo general, el regreso de Mar de plástico me ha convencido muchísimo más que su primera temporada.
Y es que en su primer año, Mar de plástico fue una emisión un tanto desigual: mientras que el misterio sobre el asesinato de Ainhoa funcionaba perfectamente, todo ese entramado de parejas, dramas y argumentos telenoveleros en general acababa siendo un lastre.
De hecho, la intensidad sigue ahí, en cada escena, a cada minuto, agobiándonos desde que la temporada empieza y, aunque creo que deberían rebajarla (aunque sólo sea para impedir que Rodolfo Sancho acabe explotando del esfuerzo), al menos este año la situación lo propicia algo más: entre las consecuencias del asesinato de Ainhoa, que han matado a la que era la novia del prota y que ese nuevo asesinato parece relacionado de forma personal con todo quisqui, pues hasta está justificada. Aunque, eso sí, yo creo que menos intensidad ayudaría, la verdad.
Al igual que ha ayudado que hayan prescindido de Jesús Castro, que no sólo era un actor malo a rabiar, sino que interpretaba a uno de los tíos más coñazo que he visto y que, encima, lastraba a otros personajes. No echaré de menos ni a Lucas ni a Fara, ni tampoco a su historia de amor, pero es que encima su ausencia puede suponer un revulsivo para Pilar.
Porque Pilar el año pasado era la mala de una telenovela, esa mujer sin amor propio que se arrastra al putear a la heroína para conseguir a un hombre que no la quiere. Daba igual que Lucas pasara de ella, el único motor de Pilar era conseguirlo a toda costa, con el agravante de que es violenta y racista. Por eso, el que en esta nueva temporada no tenga ninguna carga y sí que cuente con responsabilidades como un bebé y con ganas de enemistarse con Juan Rueda. Pilar puede dar mucho de sí esta temporada con ese cambio de rol y eso puede molar mucho. A ver en qué queda.
Y es que la segunda temporada promete. A priori, parece que los guionistas han aprendido de sus errores, pues no sólo se han desecho de aquello que no funcionaba, sino que parece que han potenciado aquello que sí lo hacía.
Como, por ejemplo, mantener a Patrick Criado en la serie, pese a que podría parecer que habían terminado de contar su historia. Patrick Criado no sólo es un actor magnífico, sino que su personaje funciona muy bien y, aunque acabó siendo el asesino de Ainhoa, resulta fascinante de ver e incluso me cae bien. No puedo evitarlo. Es ver cómo se comporta con su hermano y me derrito, lo que no deja de ser curioso. Además, parece que va a ser fundamental en la nueva investigación, lo que puede estar realmente bien. Y es muy irónico que ahora Héctor sólo pueda fiarse de él y tenga que trabajar con Fernando para averiguar qué está pasando en Campoamargo.
Porque la trama de thriller no ha podido empezar más fuerte. Si el año anterior el asesinato de Ainhoa fue brutal y nos estuvieron liando durante trece episodios, ahora los guionistas han dado un paso más: ya no es el asesinato de una desconocida, como quien dice, sino de un personaje importante. Encima, Marta era insoportable, así que otro personaje peñazo que nos quitamos de encima y, de paso, sus dramas romántico-absurdos con Héctor.
Es decir, la investigación es más personal hasta para el espectador, que ya conoce al pueblo y a los sospechosos. Pero también lo es para Héctor, que estaba enamorado de Marta y que, de pronto, no puede estar en una situación más complicada con la llegada de Pablo, el marido de Marta que no estaba muerto, estaba de parranda.
Porque, recordemos, uno de los ejes de Héctor en la primera temporada fue la creencia de que él había matado a Pablo y que, encima, estaba enamorado de Marta. Como si le traicionara dos veces, pero ahora descubre que todo lo que pasó, todo su sufrimiento, vino dado por una mentira, que su mejor amigo, en cierta manera, le traicionó a él al fingir su muerte. Porque puede que Pablo, y digo lo de puede con toda la intención, tuviera buenos motivos para actuar, pero también es cierto que para todos ha estado tres años muertos y, aunque él ni se plantee el asumirlo, la vida ha seguido para todos los demás.
En este primer episodio la incorporación de Pablo no ha podido parecerme más acertada. No sólo supone una situación extraña y compleja tanto para Héctor como para Lola y Salva, que están un poco en medio, sino que Pablo se trata de un personaje ambiguo y terriblemente inquietante. En apariencia, Pablo no puede estar comportándose mejor con la investigación, pero al mismo tiempo resulta imposible fiarse de él: todo en sus acciones parece meticulosamente planeado, su mera presencia sirve para poner nervioso a su propio hijo, ha pedido a Héctor que se encargue de la investigación...
Pero, claro, es tan de cajón que casi parece imposible, por lo que las dudas ya están servidas.
Además, también hay otras posibilidades y, curiosamente, apuntan hacia la familia de Lola, porque si Lola no está en medio del fuego cruzado pues los guionistas no se quedan tranquilos. No sólo tiene que debatirse entre su lealtad hacia Pablo y hacia Héctor, sino que su propio hermano parece ser un sospechoso bastante probable y su prima ha sido testigo de cómo preparaban la escena del crimen.
Vamos, que el lío está servido, pero en este caso creo que lo han sabido montar muy bien. El caso es interesante, la tensión es palpable (las apariciones tanto de Pablo como de Lolo acaban resultando de lo más tensas) y abre muchas posibilidades, hasta en esa especie de trama de intrigas que hay alrededor de Juan Rueda intentando recuperar su poder, un serbio que parece que lo va a traicionar y Pilar entrando en el juego para vengar a su padre.
Es verdad que hay ciertos aspectos que, al menos a priori, no me terminan de convencer, como esa especie de fan beata de Fernando o el miedo a que Héctor y Pablo se pasen toda la temporada viendo quien la tiene más larga, pero, por lo general, el regreso de Mar de plástico me ha convencido muchísimo más que su primera temporada.
jueves, 14 de julio de 2016
5 cosas que no entiendo de Águila Roja
TVE, con su más que extraña y criticable política catódica, ha decidido estrenar la última temporada de Águila Roja en pleno verano. Con un par, sí señor. Y, bueno, podría ponerlos a parir porque me cancelaron El caso y eso no está nada bien y seguimos sin saber nada de El ministerio del tiempo, pero esta entrada no va sobre eso... como bien dice el título, por otra parte. Esta entrada va sobre Águila Roja y su más que extraña última temporada, que contenta, contenta no me tiene precisamente.
Y es que los guionistas de Águila Roja siempre han hecho unas cosas que me hacen plantearme muy seriamente si toman drogas fuertes. Además de a qué viene tanta fijación con cruzar toda clase de animales en el camino de Gonzalo (hasta pingüinos, colega). Pero eso es otro tema, vayamos con las grandes idas de olla que hacen que haya autómatas, templarios, que Gonzalo y Satur vayan de Madrid a Sevilla en caballo con más rapidez que los protagonistas de Allí abajo. Porque en esta última temporada se les está yendo la pinza a base de bien y hay muchas cosas que yo no entiendo por qué las haces.
1. Por qué desaprovechar la relación entre hermanos
La temporada anterior, por fin, Hernán descubrió que Gonzalo era su hermano y durante toda la santa temporada estuvimos sufriendo la misma dinámica: Hernán se afanaba en ayudar y proteger a su hermano, mientras Gonzalo no veía más allá de que Hernán había matado a su madre sin saberlo ni nada. ¿Gonzalo le dijo la verdad? No. ¿Gonzalo le preguntó por qué mató a Laura o si alguien se lo ordenó? Tampoco, ¿para qué? ¿Gonzalo pensó más allá de su ombligo? Nein.
Y es que no hay que olvidar que, aunque Gonzalo no haya tenido una vida sencilla, ha sido un camino de rosas en comparación a la de Hernán. Ojo, no digo con esto que haya que disculpar a Hernán, porque mamón es un rato, pero sí que creo que deberían habernos dado al menos una conversación entre los hermanos para poner en común su pasado.
De hecho, ni siquiera le sacaron partido a la revelación de que Irene era la hermana de ambos, además de esposa de Hernán. Ni siquiera el que Gonzalo descubriera que habían casado a sus hermanos sin que lo supieran o el hecho de que Irene se suicidó y ellos dos tiraron su ataúd por pelearse logró una conversación. De verdad, ¿tan difícil es? Joder, que Gonzalo está en plan vengador de su madre sin saber una mierda y no ha intentado ni preguntarle a Hernán si sabe algo, lo que podría ser porque Hernán, de hecho, recordaba tener un hermano.
De verdad, no digo que ahora tengan que tener una relación idílica, pero no comprendo por qué no han intentado ni acercarlos un poco o que al menos hablen. Ni entiendo por qué han acabado con Irene tan rápido sin darle tiempo a explorar la situación. Joder, no es que Irene fuera santo de mi devoción, pero ofrecía muchas posibilidades: desde relacionarse al fin con Gonzalo, hasta incluso mediar entre los demás.
2. Por qué Hernán tiene que maltratar a Lucrecia
A lo largo de las distintas temporadas de Águila Roja, hemos visto a Hernán y Lucrecia acercarse y alejarse en una relación tortuosa hasta decir basta, pero siempre ha habido una constante: por mucho que sean un par de cabrones, siempre lo daban el uno por el otro. Sí, podían herirse y joderse vivos, pero a la hora de la verdad, les importaba más el bienestar del otro que otra cosa. Tanto Hernán como Lucrecia lo han dado todo para salvar al otro y siempre han acabado acercando posturas y estando más o menos juntos.
También, hemos visto como Lucrecia se ha perfilado como la Escarlata O'Hara española, esa mujer independiente, luchadora y caprichosa que hacía su voluntad costase lo que costase y que vivía en el mismo dilema romántico que Escarlata O'Hara: empeñarse en su amor hacia un pavisoso que no está interesado en ella porque quieren a otra (Escarlata se obsesiona con Ashley, que quiere a Melanie, al igual que Lucrecia lo hace con Gonzalo, que está enamorado de Margarita), sin darse cuenta de que ya tienen al hombre de su vida (Rhett Butler en el caso de Escarlata, Hernán en el de Lucrecia). Y, sí, yo me he desesperado muchísimo por esa insistencia de Lucrecia hacia Gonzalo cuando, seamos honestos, es demasiada mujer para él.
Y, por eso, entiendo el hecho de que Hernán está despechado, que el saber que Lucrecia ama a Gonzalo le ha roto el alma. Porque Hernán siempre ha creído que Lucrecia no estaba con él porque no era importante, pero sí que estaría con alguien aún más humilde y que, para más INRI, es un hermano que no deja de despreciarle.
Yo eso lo entiendo, pero lo que no entiendo es que estén dando a las fans del lado oscuro lo que querían de una forma tan nociva, humillante y asquerosa. Es tristísimo ver que por fin se han casado, pero lo han hecho por odio y poder. Es horrible ver a Hernán maltratar constantemente a Lucrecia, destruirla poco a poco y despojarla de todo lo que la hacía ella: sus vestidos, sus criados, su libertad, su forma de ser... Resultó especialmente sangrante verla comportarse como una ama de casa perfecta, cumpliendo la voluntad de Hernán. Es asqueroso, horrible y no entiendo cómo nos hacen esto tras toda la mierda que hemos aguantado en esta serie. ¿De verdad era necesario esta trama? ¿De verdad no podían haberlo planteado de otra forma? Porque, eh, si quieren que me cabree, pues lo consiguen.
Eso sí, al menos no romantizan ese maltrato, sino que lo muestra como lo que es: algo dañino, que está mal y que no debería ser así. Pero, eh, manda huevos que a muchos nos mantuvieran como espectadores gracias al lado oscuro y ahora nos hagan esto.
3. Por qué castigar a Gonzalo y Lucrecia por haberse acostado
Hace un par de temporadas, Gonzalo y Lucrecia echaron un polvo. Fue algo consentido por ambas partes, partes que estaban solteras: Lucrecia no tenía pareja y Gonzalo había sido rechazo por milésima vez por Margarita. Lucrecia fue a consolarle, lo intentó y Gonzalo quiso dar el paso con ella. Todo perfectamente normal. Dos amigos que echan un polvo, aunque sea por diferentes motivaciones. Lo que no entiendo es por qué se está machacando constantemente a los dos personajes por haber tenido sexo.
En serio, ¿por qué? ¿Qué hicieron mal? Porque yo no veo nada malo en que dos personas solteras, perfectamente dueñas de sí mismas se acuesten juntas. Es que ni siquiera entiendo el drama que ha montado Margarita con el tema porque, recordemos, ella rechazó a Gonzalo y, de hecho, acabó en un convento. Chica, si no quieres que Gonzalo esté con otras, pues sé más clara, dile que te espere o algo. De hecho, esto me lleva al siguiente punto:
4. Por qué ensalzar la relación de Gonzalo y Margarita
Me imagino que habrá gente que los shippee, pero yo no entiendo por qué insisten en esta relación y en venderla como algo épico y súper bonito cuando la verdad es que Margarita sólo existe para amargarle la vida a Gonzalo. Bueno, y a todos los espectadores, porque anda que no es pesada y aburrida la tía.
Y es que desde el principio Margarita ha sido una presencia dañina en la vida de Gonzalo. Cierto es que esa situación inicial no tiene mucho sentido, pero la cuestión es que ella le puso celoso a propósito con un noble. Nunca nos han dicho el motivo, así que parece que era porque ella lo valía. Después, está desaparecida hasta que vuelve tras la muerte de su hermana, acaba liada con Juan hasta el punto de que, si él no se casa con Manuela Velasco (esta pobre mujer está destinada a ser la otra siempre, ¿eh?), se hubiera casado con él, a pesar de estar enamorada de Gonzalo.
Después ha sido mil veces secuestrada, a la mínima se ha ido de cabeza a distintos problemas (que si me voy a una leprosería, que si acabo encerrada en un psiquiátrico) y ha rechazado a Gonzalo en varias ocasiones. Por eso, es para matarla que, cuando se entera de que, sin que estuvieran juntos, Gonzalo se acostó con Lucrecia, drame tanto que salga corriendo y que no tenga ni la decencia de comunicarle que está embarazada de él. O sea, a ver, tía, con todo lo que ha pasado Gonzalo por tu culpa, ¿no eres capaz de decirle que va a ser padre, sólo porque estando soltero estuvo con otra? Joder, que Gonzalo no es precisamente el galán perfecto, pero es que ella es directamente lo peor.
5. Por qué Alonso y Cipri siguen saliendo a estas alturas
Nunca entenderé el que mantengan a estos dos en plantel. Bueno, me imagino que teniendo a Javier Gutiérrez y Patrick Criado, que son dos de los que más vida le dan a la serie, ocupados con otras series, tiran de lo que tienen. Pero, joder, qué dos personajes más odiosos: entre el niño petardo, mala gente y maltratador de su padre, y el caos hecho hombre. En serio, Cipri con algo tan vacuo como un libro tiene más peligro que Cersei Lannister con un cargamento de fuego valario, hostia tú.
Además, es que estoy segura que estos van a sobrevivir al final de serie, como las cucarachas asquerosas que son. Que ya podrían darme alguna alegría (sobre todo con lo mucho que me cabrean con la trama de Hernán) y cargárselos. Tampoco pido tanto.
Creo que a grandes rasgos esas son mis quejas de esta última temporada, que está teniendo otras cosas positivas. Por ejemplo, la incorporación de Anaís, que es amor del bueno y que, si Gonzalo no termina con Satur (que debería ser, al fin y al cabo no sólo se pasan las noches juntitos, sino que siempre están el uno para el otro), pues la prefiero a ella que a la odiosa de Margarita. También han sabido sacarle partido a Jorge Sanz, que estuvo sustituyendo a Javier Gutiérrez mientras éste no podía rodar.
Y, desde luego, el magnético Malasangre, del cual no puedo ser más fan. Me resulta un personaje súper interesante, ya que es tan sanguinario como inteligente y sensato. Desde luego, en esta especie de Juego de tronos que se han montado, su plan es, de lejos, el mejor. Y, además, mola muchísimo ver cómo le cae bien a Gonzalo, a pesar de que sea alguien que puede ser tan despiadado.
Y es que los guionistas de Águila Roja siempre han hecho unas cosas que me hacen plantearme muy seriamente si toman drogas fuertes. Además de a qué viene tanta fijación con cruzar toda clase de animales en el camino de Gonzalo (hasta pingüinos, colega). Pero eso es otro tema, vayamos con las grandes idas de olla que hacen que haya autómatas, templarios, que Gonzalo y Satur vayan de Madrid a Sevilla en caballo con más rapidez que los protagonistas de Allí abajo. Porque en esta última temporada se les está yendo la pinza a base de bien y hay muchas cosas que yo no entiendo por qué las haces.
1. Por qué desaprovechar la relación entre hermanos
La temporada anterior, por fin, Hernán descubrió que Gonzalo era su hermano y durante toda la santa temporada estuvimos sufriendo la misma dinámica: Hernán se afanaba en ayudar y proteger a su hermano, mientras Gonzalo no veía más allá de que Hernán había matado a su madre sin saberlo ni nada. ¿Gonzalo le dijo la verdad? No. ¿Gonzalo le preguntó por qué mató a Laura o si alguien se lo ordenó? Tampoco, ¿para qué? ¿Gonzalo pensó más allá de su ombligo? Nein.
Y es que no hay que olvidar que, aunque Gonzalo no haya tenido una vida sencilla, ha sido un camino de rosas en comparación a la de Hernán. Ojo, no digo con esto que haya que disculpar a Hernán, porque mamón es un rato, pero sí que creo que deberían habernos dado al menos una conversación entre los hermanos para poner en común su pasado.
De hecho, ni siquiera le sacaron partido a la revelación de que Irene era la hermana de ambos, además de esposa de Hernán. Ni siquiera el que Gonzalo descubriera que habían casado a sus hermanos sin que lo supieran o el hecho de que Irene se suicidó y ellos dos tiraron su ataúd por pelearse logró una conversación. De verdad, ¿tan difícil es? Joder, que Gonzalo está en plan vengador de su madre sin saber una mierda y no ha intentado ni preguntarle a Hernán si sabe algo, lo que podría ser porque Hernán, de hecho, recordaba tener un hermano.
De verdad, no digo que ahora tengan que tener una relación idílica, pero no comprendo por qué no han intentado ni acercarlos un poco o que al menos hablen. Ni entiendo por qué han acabado con Irene tan rápido sin darle tiempo a explorar la situación. Joder, no es que Irene fuera santo de mi devoción, pero ofrecía muchas posibilidades: desde relacionarse al fin con Gonzalo, hasta incluso mediar entre los demás.
2. Por qué Hernán tiene que maltratar a Lucrecia
A lo largo de las distintas temporadas de Águila Roja, hemos visto a Hernán y Lucrecia acercarse y alejarse en una relación tortuosa hasta decir basta, pero siempre ha habido una constante: por mucho que sean un par de cabrones, siempre lo daban el uno por el otro. Sí, podían herirse y joderse vivos, pero a la hora de la verdad, les importaba más el bienestar del otro que otra cosa. Tanto Hernán como Lucrecia lo han dado todo para salvar al otro y siempre han acabado acercando posturas y estando más o menos juntos.
También, hemos visto como Lucrecia se ha perfilado como la Escarlata O'Hara española, esa mujer independiente, luchadora y caprichosa que hacía su voluntad costase lo que costase y que vivía en el mismo dilema romántico que Escarlata O'Hara: empeñarse en su amor hacia un pavisoso que no está interesado en ella porque quieren a otra (Escarlata se obsesiona con Ashley, que quiere a Melanie, al igual que Lucrecia lo hace con Gonzalo, que está enamorado de Margarita), sin darse cuenta de que ya tienen al hombre de su vida (Rhett Butler en el caso de Escarlata, Hernán en el de Lucrecia). Y, sí, yo me he desesperado muchísimo por esa insistencia de Lucrecia hacia Gonzalo cuando, seamos honestos, es demasiada mujer para él.
Y, por eso, entiendo el hecho de que Hernán está despechado, que el saber que Lucrecia ama a Gonzalo le ha roto el alma. Porque Hernán siempre ha creído que Lucrecia no estaba con él porque no era importante, pero sí que estaría con alguien aún más humilde y que, para más INRI, es un hermano que no deja de despreciarle.
Yo eso lo entiendo, pero lo que no entiendo es que estén dando a las fans del lado oscuro lo que querían de una forma tan nociva, humillante y asquerosa. Es tristísimo ver que por fin se han casado, pero lo han hecho por odio y poder. Es horrible ver a Hernán maltratar constantemente a Lucrecia, destruirla poco a poco y despojarla de todo lo que la hacía ella: sus vestidos, sus criados, su libertad, su forma de ser... Resultó especialmente sangrante verla comportarse como una ama de casa perfecta, cumpliendo la voluntad de Hernán. Es asqueroso, horrible y no entiendo cómo nos hacen esto tras toda la mierda que hemos aguantado en esta serie. ¿De verdad era necesario esta trama? ¿De verdad no podían haberlo planteado de otra forma? Porque, eh, si quieren que me cabree, pues lo consiguen.
Eso sí, al menos no romantizan ese maltrato, sino que lo muestra como lo que es: algo dañino, que está mal y que no debería ser así. Pero, eh, manda huevos que a muchos nos mantuvieran como espectadores gracias al lado oscuro y ahora nos hagan esto.
3. Por qué castigar a Gonzalo y Lucrecia por haberse acostado
Hace un par de temporadas, Gonzalo y Lucrecia echaron un polvo. Fue algo consentido por ambas partes, partes que estaban solteras: Lucrecia no tenía pareja y Gonzalo había sido rechazo por milésima vez por Margarita. Lucrecia fue a consolarle, lo intentó y Gonzalo quiso dar el paso con ella. Todo perfectamente normal. Dos amigos que echan un polvo, aunque sea por diferentes motivaciones. Lo que no entiendo es por qué se está machacando constantemente a los dos personajes por haber tenido sexo.
En serio, ¿por qué? ¿Qué hicieron mal? Porque yo no veo nada malo en que dos personas solteras, perfectamente dueñas de sí mismas se acuesten juntas. Es que ni siquiera entiendo el drama que ha montado Margarita con el tema porque, recordemos, ella rechazó a Gonzalo y, de hecho, acabó en un convento. Chica, si no quieres que Gonzalo esté con otras, pues sé más clara, dile que te espere o algo. De hecho, esto me lleva al siguiente punto:
4. Por qué ensalzar la relación de Gonzalo y Margarita
Me imagino que habrá gente que los shippee, pero yo no entiendo por qué insisten en esta relación y en venderla como algo épico y súper bonito cuando la verdad es que Margarita sólo existe para amargarle la vida a Gonzalo. Bueno, y a todos los espectadores, porque anda que no es pesada y aburrida la tía.
Y es que desde el principio Margarita ha sido una presencia dañina en la vida de Gonzalo. Cierto es que esa situación inicial no tiene mucho sentido, pero la cuestión es que ella le puso celoso a propósito con un noble. Nunca nos han dicho el motivo, así que parece que era porque ella lo valía. Después, está desaparecida hasta que vuelve tras la muerte de su hermana, acaba liada con Juan hasta el punto de que, si él no se casa con Manuela Velasco (esta pobre mujer está destinada a ser la otra siempre, ¿eh?), se hubiera casado con él, a pesar de estar enamorada de Gonzalo.
Después ha sido mil veces secuestrada, a la mínima se ha ido de cabeza a distintos problemas (que si me voy a una leprosería, que si acabo encerrada en un psiquiátrico) y ha rechazado a Gonzalo en varias ocasiones. Por eso, es para matarla que, cuando se entera de que, sin que estuvieran juntos, Gonzalo se acostó con Lucrecia, drame tanto que salga corriendo y que no tenga ni la decencia de comunicarle que está embarazada de él. O sea, a ver, tía, con todo lo que ha pasado Gonzalo por tu culpa, ¿no eres capaz de decirle que va a ser padre, sólo porque estando soltero estuvo con otra? Joder, que Gonzalo no es precisamente el galán perfecto, pero es que ella es directamente lo peor.
5. Por qué Alonso y Cipri siguen saliendo a estas alturas
Nunca entenderé el que mantengan a estos dos en plantel. Bueno, me imagino que teniendo a Javier Gutiérrez y Patrick Criado, que son dos de los que más vida le dan a la serie, ocupados con otras series, tiran de lo que tienen. Pero, joder, qué dos personajes más odiosos: entre el niño petardo, mala gente y maltratador de su padre, y el caos hecho hombre. En serio, Cipri con algo tan vacuo como un libro tiene más peligro que Cersei Lannister con un cargamento de fuego valario, hostia tú.
Además, es que estoy segura que estos van a sobrevivir al final de serie, como las cucarachas asquerosas que son. Que ya podrían darme alguna alegría (sobre todo con lo mucho que me cabrean con la trama de Hernán) y cargárselos. Tampoco pido tanto.
Creo que a grandes rasgos esas son mis quejas de esta última temporada, que está teniendo otras cosas positivas. Por ejemplo, la incorporación de Anaís, que es amor del bueno y que, si Gonzalo no termina con Satur (que debería ser, al fin y al cabo no sólo se pasan las noches juntitos, sino que siempre están el uno para el otro), pues la prefiero a ella que a la odiosa de Margarita. También han sabido sacarle partido a Jorge Sanz, que estuvo sustituyendo a Javier Gutiérrez mientras éste no podía rodar.
Y, desde luego, el magnético Malasangre, del cual no puedo ser más fan. Me resulta un personaje súper interesante, ya que es tan sanguinario como inteligente y sensato. Desde luego, en esta especie de Juego de tronos que se han montado, su plan es, de lejos, el mejor. Y, además, mola muchísimo ver cómo le cae bien a Gonzalo, a pesar de que sea alguien que puede ser tan despiadado.
miércoles, 6 de julio de 2016
El corazón de Sofía Contreras
Hace mucho, pero mucho, que no le dedico una entrada a Amar es para siempre y eso que esta temporada ha vuelto a tener algunos giros de quitarse el sombrero. Así que, aprovechando que la cuarta temporada está encarando su recta final, toca hacer repaso de lo que han dado de sí las nuevas historias porque anda que no han cambiado las cosas desde el principio de temporada. Porque nada como los guionistas de Amar para girar a un personaje o una trama y que acabes pensando exactamente lo contrario de lo que pensabas.
El mejor ejemplo de eso sería Loli, que empezó siendo odiosa a más no poder, pero con el devenir de los episodios se ha convertido en todo lo contrario y su historia con Víctor Reyes no puede ser más mona. Al igual que lo es su amistad con las otras chicas jóvenes de la serie, sobre todo con María y Sofía.
Pero no todas las evoluciones han funcionado tan bien como la de Loli. Y es que, mientras que la tercera temporada fue prácticamente redonda, la cuarta está siendo irregular, haciendo tramas que funcionan a las mil maravillas y otras que dejan que desear.
Entre esas partes más flojas habría cosas como la despedida de Leonor y Miguel, no sólo porque se fueran (les echo mucho de menos), sino porque todo vino forzado por la cabezonería de ella, que parecía confundir arrojo con insensatez y estupidez. Si un comisario de policía te tiene en tu punto de mira, ¿a qué viene el esconder a un exiliado en tu casa, sobre todo estando embarazada? Si es que no hacía falta ser especialmente listo para saber que tarde o temprano Parrado te iba a cazar y no iba a tener ninguna clase de consideración.
Eso sí, no ha llegado al desastre que fue el cuadrado amoroso entre Eladio-Pepa-Toni-Carmen, que resultó aburrido, desagradable y, a día de hoy, no entiendo cuál era el propósito de esa trama. Sólo me alegro por lo rápido que se la cargaron cuando llegó el momento, la forma en la que lo hicieron y el hecho de que le dieran a Carmen un novio súper adorable, que ha contribuido a que sea un personaje mucho más llevadero.
De hecho, Carmen ha sido la única Montilla que no sólo sigue en la serie, sino que se ha mostrado más consecuente con lo largo de la serie. Porque el destrozo que han hecho con Ángel es digno de estudiar. Ángel ha pasado de ser un amor y de tener una historia preciosa con María a ser alguien sin escrúpulos, a quien no le ha importado convertirse en el prostituto personal del Rondeño para conseguir sus objetivos.
He de decir que me asombra cómo han llevado la trama. Por un lado, está bien que sea un hombre quien se prostituye por ambición, ya que suele ser una trama relegada a los personajes femeninos. Sin embargo, me decepcionó mucho el cómo plantearon el momento en que la verdad estalló.
Ángel no ha pagado de ningún modo, no se le ha culpado o castigado de ningún modo, salvo por la lógica ruptura con María, que tampoco ha hecho demasiada sangre. Lo injusto del caso es que los personajes femeninos ambiciosos sí que han terminado purgando dicha ambición: sin ir más lejos, el año pasado Lucía confió a ciegas en los cantos de sirena de Dante y no sólo no consiguió su sueño, como Ángel, sino que la violaron en grupo y eso mató sus aspiraciones. Otro ejemplo sería Chelo en la sexta temporada, que acabó siendo madre soltera en una sociedad donde eso se castigaba con el desprecio y las habladurías.
Además de todo esto, hay otras cuestiones que no me han convencido de la temporada: Ramón se hizo increíblemente cansino y se obcecaron tanto en su relación con Manolita que ni siquiera intentaron darle ora cosa que hacer; y Guillermo es el peor galán que he tenido esta serie en sus dos etapas y once temporadas. ¿Se puede ser más soso y parado que Guillermo Perona? Yo no sé si hay que achacárselo a Junio Valverde, que mucho carisma no tiene, o a que Michelle Calvó se lo come con patatas o a guión, pero menuda decepción.
Pero, bueno, esta temporada está teniendo una trama principal de lo más interesante y que les está funcionando a las mil maravillas.
Empezando con ese giro maestro en el que nos contaron que, en realidad, Tomás Contreras no era él, sino otro hombre, Rogelio, que se hizo pasar por él para sobrevivir en el gulag. Fue maravillosa tanto la forma en la que Adela lo descubrió, como el giro en sí porque, de pronto, todo tuvo sentido. Y, encima, no se vio venir. Si es que no queda más que aplaudirles.
Y es curioso como esta temporada los personajes principales han ido un poco al revés. Me explico. Por lo general, el núcleo central de la serie es una familia aparentemente típica, que resulta tóxica y completamente desestructurada: los Robles, los Roldán, los Blasco... En Amar ha habido muchas y todas han compartido el que sean un desastre y que todo sean mentiras, traiciones y ataques entre ellos. Sin embargo, los Contreras no son técnicamente una familia, pues Tomás no es el padre de Sofía, pero se quieren mucho más, están mucho más unidos y son buenos los unos para los otros.
Precisamente por eso es muy sencillo entrar en las dos historias que rodean a los Contreras: tanto las tramas de espionaje que atañen a Tomás, como el avance de la enfermedad de Sofía. Entre que te caen bien todos y que forman una familia muy bonita, el pensar que les va a pasar algo malo, sólo te encoge el corazón.
Y lo peor es que, mientras que la telaraña de espionaje que rodea a Tomás sí puede solucionarse, veo muy difícil que la salud de Sofía siga el mismo camino. Por supuesto, siempre queda la opción (por loca y poco creíble que parezca) de que Martos consiga trasplantarle un corazón a Sofía. Particularmente yo prefiero que hagan algo así, porque no quiero que Sofía muera.
Porque Sofía, al menos para mí, ha sido el corazón de la cuarta temporada de Amar, por irónico que suene.
A mí Sofía me conquistó desde el principio, pero poco a poco se ha ido perfilando como una de las mejores protagonistas que ha tenido Amar. A su manera, es una chica tan admirable como lo fue Laura Blasco el año pasado, que para mí siempre será la mejor protagonista. Porque Sofía es una luchadora, que lleva desde el principio de la serie con la espada de Damocles sobre su cabeza, pero no por eso es derrotista o va de víctima, sino que se ha esforzado por ser feliz y aprovechar la vida todo lo posible.
Desde la lucha por estudiar la carrera que quería (algo que su madre no veía con buenos ojos por si la presión afectaba a su corazón) hasta la forma en la que tira de todos los demás. Porque Sofía es el motor de la gente de su alrededor: es Sofía quien constantemente busca ampliar el negocio de su madre, teniendo ideas como convertirlo en un salón unisex; también es Sofía quien ha hecho los avances en su relación con Guillermo, que siempre ha sido súper paradito, y quien le ha animado a él a seguir sus sueños.
Por eso, tiene muchísimo sentido que, cuando cree que el tiempo se le agota definitivamente, maneje los hilos desde las sombras para que, una vez se haya ido, todos sean felices.
La verdad es que el planteamiento del triángulo amoroso entre ella, Guillermo y Carlota ha sido bastante original, sobre todo porque ellas dos se han hecho amigas. De hecho, en el momento en que Sofía descubre que Carlota está enamorada de Guillermo, en lugar de escandalizarse o ponerse celosa, decide ir juntándolos poco a poco. Y a mí eso me rompe el corazón. No porque la pareja se rompa, que me da bastante igual (a la hora de la verdad, Guillermo no estuvo precisamente a la altura de Sofía), sino porque no quiero que Sofía se muera y el verla así es súper triste.
Es curioso como el personaje con problemas cardíacos resulta tener el corazón más grande y desinteresado de toda la serie. También es matador, pero, bueno, en Amar siempre les ha gustado hacernos sufrir.
Calculo que de temporada nos quedan dos meses, así que habrá que ver si Sofía se nos va a ir muriendo poco a poco, que parece lo más probable, o por el contrario tiran la casa por la ventana y se sacan algo de la manga. Yo, particularmente, pienso que el mejor final sería que Sofía sobreviviera gracias a que le trasplantaran el corazón de Martos y que lo hicieran los americanos porque Tomás, para salvarla, se ha hecho agente doble.
Es una locura que no va a pasar, pero de sueños también se vive.
El mejor ejemplo de eso sería Loli, que empezó siendo odiosa a más no poder, pero con el devenir de los episodios se ha convertido en todo lo contrario y su historia con Víctor Reyes no puede ser más mona. Al igual que lo es su amistad con las otras chicas jóvenes de la serie, sobre todo con María y Sofía.
Pero no todas las evoluciones han funcionado tan bien como la de Loli. Y es que, mientras que la tercera temporada fue prácticamente redonda, la cuarta está siendo irregular, haciendo tramas que funcionan a las mil maravillas y otras que dejan que desear.
Entre esas partes más flojas habría cosas como la despedida de Leonor y Miguel, no sólo porque se fueran (les echo mucho de menos), sino porque todo vino forzado por la cabezonería de ella, que parecía confundir arrojo con insensatez y estupidez. Si un comisario de policía te tiene en tu punto de mira, ¿a qué viene el esconder a un exiliado en tu casa, sobre todo estando embarazada? Si es que no hacía falta ser especialmente listo para saber que tarde o temprano Parrado te iba a cazar y no iba a tener ninguna clase de consideración.
Eso sí, no ha llegado al desastre que fue el cuadrado amoroso entre Eladio-Pepa-Toni-Carmen, que resultó aburrido, desagradable y, a día de hoy, no entiendo cuál era el propósito de esa trama. Sólo me alegro por lo rápido que se la cargaron cuando llegó el momento, la forma en la que lo hicieron y el hecho de que le dieran a Carmen un novio súper adorable, que ha contribuido a que sea un personaje mucho más llevadero.
Amemos fuertetote a Mariano.
Por cierto, ¿soy a la única a la que le recuerda a C3PO?
De hecho, Carmen ha sido la única Montilla que no sólo sigue en la serie, sino que se ha mostrado más consecuente con lo largo de la serie. Porque el destrozo que han hecho con Ángel es digno de estudiar. Ángel ha pasado de ser un amor y de tener una historia preciosa con María a ser alguien sin escrúpulos, a quien no le ha importado convertirse en el prostituto personal del Rondeño para conseguir sus objetivos.
He de decir que me asombra cómo han llevado la trama. Por un lado, está bien que sea un hombre quien se prostituye por ambición, ya que suele ser una trama relegada a los personajes femeninos. Sin embargo, me decepcionó mucho el cómo plantearon el momento en que la verdad estalló.
Ángel no ha pagado de ningún modo, no se le ha culpado o castigado de ningún modo, salvo por la lógica ruptura con María, que tampoco ha hecho demasiada sangre. Lo injusto del caso es que los personajes femeninos ambiciosos sí que han terminado purgando dicha ambición: sin ir más lejos, el año pasado Lucía confió a ciegas en los cantos de sirena de Dante y no sólo no consiguió su sueño, como Ángel, sino que la violaron en grupo y eso mató sus aspiraciones. Otro ejemplo sería Chelo en la sexta temporada, que acabó siendo madre soltera en una sociedad donde eso se castigaba con el desprecio y las habladurías.
Definición gráfica de cómo me sentí con la historia de Ángel.
Además de todo esto, hay otras cuestiones que no me han convencido de la temporada: Ramón se hizo increíblemente cansino y se obcecaron tanto en su relación con Manolita que ni siquiera intentaron darle ora cosa que hacer; y Guillermo es el peor galán que he tenido esta serie en sus dos etapas y once temporadas. ¿Se puede ser más soso y parado que Guillermo Perona? Yo no sé si hay que achacárselo a Junio Valverde, que mucho carisma no tiene, o a que Michelle Calvó se lo come con patatas o a guión, pero menuda decepción.
Pero, bueno, esta temporada está teniendo una trama principal de lo más interesante y que les está funcionando a las mil maravillas.
Empezando con ese giro maestro en el que nos contaron que, en realidad, Tomás Contreras no era él, sino otro hombre, Rogelio, que se hizo pasar por él para sobrevivir en el gulag. Fue maravillosa tanto la forma en la que Adela lo descubrió, como el giro en sí porque, de pronto, todo tuvo sentido. Y, encima, no se vio venir. Si es que no queda más que aplaudirles.
Y es curioso como esta temporada los personajes principales han ido un poco al revés. Me explico. Por lo general, el núcleo central de la serie es una familia aparentemente típica, que resulta tóxica y completamente desestructurada: los Robles, los Roldán, los Blasco... En Amar ha habido muchas y todas han compartido el que sean un desastre y que todo sean mentiras, traiciones y ataques entre ellos. Sin embargo, los Contreras no son técnicamente una familia, pues Tomás no es el padre de Sofía, pero se quieren mucho más, están mucho más unidos y son buenos los unos para los otros.
Precisamente por eso es muy sencillo entrar en las dos historias que rodean a los Contreras: tanto las tramas de espionaje que atañen a Tomás, como el avance de la enfermedad de Sofía. Entre que te caen bien todos y que forman una familia muy bonita, el pensar que les va a pasar algo malo, sólo te encoge el corazón.
Y lo peor es que, mientras que la telaraña de espionaje que rodea a Tomás sí puede solucionarse, veo muy difícil que la salud de Sofía siga el mismo camino. Por supuesto, siempre queda la opción (por loca y poco creíble que parezca) de que Martos consiga trasplantarle un corazón a Sofía. Particularmente yo prefiero que hagan algo así, porque no quiero que Sofía muera.
Porque Sofía, al menos para mí, ha sido el corazón de la cuarta temporada de Amar, por irónico que suene.
A mí Sofía me conquistó desde el principio, pero poco a poco se ha ido perfilando como una de las mejores protagonistas que ha tenido Amar. A su manera, es una chica tan admirable como lo fue Laura Blasco el año pasado, que para mí siempre será la mejor protagonista. Porque Sofía es una luchadora, que lleva desde el principio de la serie con la espada de Damocles sobre su cabeza, pero no por eso es derrotista o va de víctima, sino que se ha esforzado por ser feliz y aprovechar la vida todo lo posible.
Desde la lucha por estudiar la carrera que quería (algo que su madre no veía con buenos ojos por si la presión afectaba a su corazón) hasta la forma en la que tira de todos los demás. Porque Sofía es el motor de la gente de su alrededor: es Sofía quien constantemente busca ampliar el negocio de su madre, teniendo ideas como convertirlo en un salón unisex; también es Sofía quien ha hecho los avances en su relación con Guillermo, que siempre ha sido súper paradito, y quien le ha animado a él a seguir sus sueños.
Por eso, tiene muchísimo sentido que, cuando cree que el tiempo se le agota definitivamente, maneje los hilos desde las sombras para que, una vez se haya ido, todos sean felices.
La verdad es que el planteamiento del triángulo amoroso entre ella, Guillermo y Carlota ha sido bastante original, sobre todo porque ellas dos se han hecho amigas. De hecho, en el momento en que Sofía descubre que Carlota está enamorada de Guillermo, en lugar de escandalizarse o ponerse celosa, decide ir juntándolos poco a poco. Y a mí eso me rompe el corazón. No porque la pareja se rompa, que me da bastante igual (a la hora de la verdad, Guillermo no estuvo precisamente a la altura de Sofía), sino porque no quiero que Sofía se muera y el verla así es súper triste.
Es curioso como el personaje con problemas cardíacos resulta tener el corazón más grande y desinteresado de toda la serie. También es matador, pero, bueno, en Amar siempre les ha gustado hacernos sufrir.
Calculo que de temporada nos quedan dos meses, así que habrá que ver si Sofía se nos va a ir muriendo poco a poco, que parece lo más probable, o por el contrario tiran la casa por la ventana y se sacan algo de la manga. Yo, particularmente, pienso que el mejor final sería que Sofía sobreviviera gracias a que le trasplantaran el corazón de Martos y que lo hicieran los americanos porque Tomás, para salvarla, se ha hecho agente doble.
Es una locura que no va a pasar, pero de sueños también se vive.
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miércoles, 8 de junio de 2016
La grandeza del Caso
Ayer se terminaba la primera temporada de El caso en TVE y yo no puedo más que comenzar esta entrada pidiendo su renovación y no sólo porque se quedara todo en el aire, sino porque la serie lo merece y durante trece episodios no ha hecho más que crecer y demostrar lo sumamente bien orquestada que está y lo diferente a otras series españolas que es.
Y es que El caso es una de esas pocas que sabe aprovechar la larga duración de las series españolas a su favor y sin que se note las tramas de relleno para llegar a la hora y pico de episodio. De hecho, es precisamente su duración lo que ayuda a que pueda desarrollar el caso de forma no sólo entretenida, sino compleja y que juegue con el espectador a deducir qué está ocurriendo, al igual que hacen los protagonistas. Muchas veces en los procedimentales americanos los casos no tienen ese factor complejidad, más que nada porque los cuarenta minutos por episodio no permiten mucho margen de maniobra.
Además, en El caso también encontraban tiempo para dedicarle no sólo al caso del Asesino del Rosario, sino también a los personajes que conforman ese universo tan variado donde viven los protagonistas. Y eso, en mi opinión, ha sido otro acierto porque el elenco de personajes de El caso no sólo funciona, sino que todos son muy interesantes, al igual que sus relaciones.
Porque El caso demuestra cariño por sus personajes, dándole sus propias historias y desarrollando sus situaciones. Salvo Aparicio, se ha explorado las situaciones de todos los personajes de la redacción, incluso la de Aníbal que no era uno de los que más protagonismo tenía en un primer momento. Y, encima, cada una de esas historias servía para hablarnos de algo diferente, ya fuera algo más de la época, como algo más universal: el problema de estar endeudado de Germán, Aníbal teniendo problemas con el Opus, Paloma siendo madre soltera, Rodrigo y su matrimonio fallido, la independencia de Margarita...
Quizás no han sido tan brutales como deberían, estando la serie ambientada en plena dictadura franquista, pero creo que con eso se ha ganado en el factor encanto. Además, yo creo que han sabido usar la época muy a su favor: sin hacer una serie que fuera una crítica constante o un drama constante, pero sí usando los elementos de la dictadura para complicar la vida de los protagonistas, la publicación de la revista e incluso la investigación de ese caso a largo plazo que es el de Santa Cruz.
Vamos, que la dosis de crítica al régimen era la justa y la necesaria, siendo más una herramienta para contar la historia que viceversa y eso me ha gustado.
Sobre todo porque también ha servido para poner a los personajes en situaciones de riesgo (Germán a punto de ser condenado al garrote porque un policía le tiende una trampa, la pareja de franceses a punto de ser ajusticiados cuando eran una mísera cabeza de turco…) y, también, para justificar perfectamente el que el caso del Asesino del Rosario avance muy poco a poco. ¿Cómo va a hacer Jesús avances si el propio gobierno protege al asesino? Por cierto, golpe maestro que Santa Cruz sea alguien bien relacionado hasta el punto de que su primera víctima sea la hija de los guardeses del Pardo. Toma ya.
Es también digno de admiración lo bien que emplean la carta de Santa Cruz, ya que apenas le hemos visto, pero durante toda la temporada ha sido una presencia constante e inquietante, dándonos escenas de auténtica tensión: la visita en mitad de la noche a Clara, el ataque contra Rebeca... Vamos, es escuchar su musiquita y yo ya me ponía nerviosa.
Y, como decía al principio, en el estupendo final de temporada no se resolvió el asunto, no estamos un poco más cerca de resolver el caso, por mucho que Jesús y Camacho hayan descubierto que hubo una víctima previa a Asunción Montenegro. Lo que no sería tan malo, si el maldito Santa Cruz no siguiera con su juego de torturar a Jesús, amenazando ahora a Clara y Montenegro, a quien yo llamo, al igual que Jesús, Peluso porque no se puede ser más amor que ese chico.
O sea, por favor, tiene que haber segunda temporada para que se resuelva tanto eso como los otros cliffhangers que empezaron a marcarse: desde Rodrigo detenido y con un consejo de guerra ante sí (en serio, miedo me da que Rodrigo es mi favorito y eso suele ser muy malo para el personaje), hasta la posibilidad de que Gerardo haya muerto, lo que tampoco te aclaran demasiado. Vamos, que espero que TVE me renueve de una tacada tanto El caso como El ministerio del tiempo porque ambas se lo merecen y yo necesito más episodios.
Porque, como no me canso de repetir, El caso ha demostrado ser una serie muy buena, con personajes estupendos y que contaba mensajes que a mí me gustaban mucho.
Porque nos han hablado del amor como debe hablarse, sin que haya víctimas o verdugos, sino personas que cometían equivocaciones, pero que tampoco deseaban herir a nadie. Como ese Jesús enamorado de Rebeca, pero incapaz de darle lo que ella deseaba y haciéndose a un lado porque sabía que Camacho sí podía ofrecérselo. ¿Se puede hacer algo más bonito? La verdad es que la dinámica entre los tres me ha encantado, con los dos antiguos amigos enamorados de la misma, ella siendo muy clara y ellos condenados a entenderse.
Bueno, a mí el personaje de Camacho me ha encantado, me ha parecido uno de los más complejos. Quizás su papel no era el más agradecido, porque a veces era enemigo, a veces un amigo desagradable, pero también es cierto que nunca tienes demasiado claro por dónde va a salir y que el conflicto entre querer medrar, hacer justicia y la lealtad a Jesús y Rebeca es interesante.
Al igual que me ha gustado mucho cómo han enfocado la complicada situación sentimental de Clara. Por mucho que haya sufrido, Clara nunca se ha dejado llevar por la rabia, ni ha intentado herir a nadie, lo que le ha llevado a soportar carros y carretas. Y me ha gustado mucho que no se haya retratado a Gerardo como un cabrón, que habría sido lo más fácil, sino como una víctima de su época al que la sociedad no le dejaba ser ni él mismo, ni feliz. El pobre Gerardo daba mucha pena porque en ningún momento pretendía herir a Clara, incluso intentó arreglar las cosas y es terriblemente injusto que la culpa sea de esa sociedad arcaica y odiosa.
Aparentemente, Gerardo ha muerto en el accidente de tren, pero Clara ha notado alguna cosa rara, así que a mí me gustaría que siguiera vivo y que desarrollaran esa historia de amor con Cabrera, que se ha insinuado más que mostrado. Jolín, que Gerardo me da ternurita y quiero que sea feliz, al igual que quiero que Clara sea feliz.
Que, por cierto, me ha parecido todo un acierto que la relación de Clara con Peluso vaya poco a poco, en parte porque era lógico (bastante tenía Clara con superar el engaño como para meterse en otra relación), en parte porque así es más original y en parte porque creo que así sí pueden construir una historia de amor y no sólo de despecho. Sería muy sencillo para Clara aprovecharse de los evidentes sentimientos de Miguel para vengarse de Gerardo u olvidarse o tener eso que él le negaba al no sentirse atraído por ella, pero no lo hace y yo creo que eso mola mucho.
Porque en El caso nos han contado que el amor se basa en el respeto, en estar en sintonía con la pareja, admirarla y estar para lo bueno y para lo malo y eso mola mucho. Porque no sólo Jesús se hace a un lado porque sabe que no puede darle a Rebeca lo que quiere, sino que Clara está ahí para Gerardo y respeta a Miguel y Rodrigo y Paloma han demostrado estar para el otro ocurra lo que ocurra.
Es curioso porque al principio la historia de estos dos parecía un cliché (el jefe que está con la secretaria a escondidas, si es que hasta le llega a poner un piso), pero con el paso de los episodios hemos visto que no era una aventura, ni un capricho, sino que se querían. Rodrigo ha luchado por la nulidad matrimonial para estar con Paloma, ha adoptado a su hijo como suyo y le ha defendido con uñas y dientes, mientras que ella también le ha defendido a él y le ha ayudado constantemente. De hecho, la petición de matrimonio fue muy bonita, a pesar de que la interrumpieron, y el detalle del anillo me llegó a la patata.
Jolín, hay que salvar a Rodrigo para que nos vayamos de boda. ¡Maldita sea!
Bueno, y para acabar este repaso a la primera temporada de El caso (que me está quedando larguísima, lo sé, ¡pero hay mucho de lo que hablar!), sólo me falta señalar lo sumamente bien que está el reparto. Todos cumplen con su papel de maravilla, el buen rollo traspasa la pantalla y es que, encima, saben sacar partido a sus personajes, los cuales nunca me cansaré de alabar, porque, en serio, ¿se puede molar más que ellos? Si es que es la típica serie donde nunca terminas de tener muy claro cuál es tu favorito... Vale, antes he dicho Rodrigo, pero yo tengo un crush muy grande con Fernando Cayo. Y, vamos, que no es como si no adorara a Margarita, Clara, Jesús, Paloma, Germán...
Pues eso, que ojalá nos den una segunda temporada. Que espero que así sea porque necesito que esos cliffhangers se resuelvan y, encima, la audiencia ha sido muy regular.
No, en serio, ¿qué esperan para renovar tanto El caso como El ministerio del tiempo?
PD: En realidad, quiero creer en esa teoría de la conspiración de que están renovadas, pero TVE está esperando a ver qué pasa con Imanol Arias y Ana Duato para pronunciarse sobre Cuéntame y por eso no tenemos noticias. Soy más feliz así, ¿vale?
Y es que El caso es una de esas pocas que sabe aprovechar la larga duración de las series españolas a su favor y sin que se note las tramas de relleno para llegar a la hora y pico de episodio. De hecho, es precisamente su duración lo que ayuda a que pueda desarrollar el caso de forma no sólo entretenida, sino compleja y que juegue con el espectador a deducir qué está ocurriendo, al igual que hacen los protagonistas. Muchas veces en los procedimentales americanos los casos no tienen ese factor complejidad, más que nada porque los cuarenta minutos por episodio no permiten mucho margen de maniobra.
Además, en El caso también encontraban tiempo para dedicarle no sólo al caso del Asesino del Rosario, sino también a los personajes que conforman ese universo tan variado donde viven los protagonistas. Y eso, en mi opinión, ha sido otro acierto porque el elenco de personajes de El caso no sólo funciona, sino que todos son muy interesantes, al igual que sus relaciones.
Porque El caso demuestra cariño por sus personajes, dándole sus propias historias y desarrollando sus situaciones. Salvo Aparicio, se ha explorado las situaciones de todos los personajes de la redacción, incluso la de Aníbal que no era uno de los que más protagonismo tenía en un primer momento. Y, encima, cada una de esas historias servía para hablarnos de algo diferente, ya fuera algo más de la época, como algo más universal: el problema de estar endeudado de Germán, Aníbal teniendo problemas con el Opus, Paloma siendo madre soltera, Rodrigo y su matrimonio fallido, la independencia de Margarita...
Quizás no han sido tan brutales como deberían, estando la serie ambientada en plena dictadura franquista, pero creo que con eso se ha ganado en el factor encanto. Además, yo creo que han sabido usar la época muy a su favor: sin hacer una serie que fuera una crítica constante o un drama constante, pero sí usando los elementos de la dictadura para complicar la vida de los protagonistas, la publicación de la revista e incluso la investigación de ese caso a largo plazo que es el de Santa Cruz.
Vamos, que la dosis de crítica al régimen era la justa y la necesaria, siendo más una herramienta para contar la historia que viceversa y eso me ha gustado.
Sobre todo porque también ha servido para poner a los personajes en situaciones de riesgo (Germán a punto de ser condenado al garrote porque un policía le tiende una trampa, la pareja de franceses a punto de ser ajusticiados cuando eran una mísera cabeza de turco…) y, también, para justificar perfectamente el que el caso del Asesino del Rosario avance muy poco a poco. ¿Cómo va a hacer Jesús avances si el propio gobierno protege al asesino? Por cierto, golpe maestro que Santa Cruz sea alguien bien relacionado hasta el punto de que su primera víctima sea la hija de los guardeses del Pardo. Toma ya.
Es también digno de admiración lo bien que emplean la carta de Santa Cruz, ya que apenas le hemos visto, pero durante toda la temporada ha sido una presencia constante e inquietante, dándonos escenas de auténtica tensión: la visita en mitad de la noche a Clara, el ataque contra Rebeca... Vamos, es escuchar su musiquita y yo ya me ponía nerviosa.
Y, como decía al principio, en el estupendo final de temporada no se resolvió el asunto, no estamos un poco más cerca de resolver el caso, por mucho que Jesús y Camacho hayan descubierto que hubo una víctima previa a Asunción Montenegro. Lo que no sería tan malo, si el maldito Santa Cruz no siguiera con su juego de torturar a Jesús, amenazando ahora a Clara y Montenegro, a quien yo llamo, al igual que Jesús, Peluso porque no se puede ser más amor que ese chico.
O sea, por favor, tiene que haber segunda temporada para que se resuelva tanto eso como los otros cliffhangers que empezaron a marcarse: desde Rodrigo detenido y con un consejo de guerra ante sí (en serio, miedo me da que Rodrigo es mi favorito y eso suele ser muy malo para el personaje), hasta la posibilidad de que Gerardo haya muerto, lo que tampoco te aclaran demasiado. Vamos, que espero que TVE me renueve de una tacada tanto El caso como El ministerio del tiempo porque ambas se lo merecen y yo necesito más episodios.
Porque, como no me canso de repetir, El caso ha demostrado ser una serie muy buena, con personajes estupendos y que contaba mensajes que a mí me gustaban mucho.
Porque nos han hablado del amor como debe hablarse, sin que haya víctimas o verdugos, sino personas que cometían equivocaciones, pero que tampoco deseaban herir a nadie. Como ese Jesús enamorado de Rebeca, pero incapaz de darle lo que ella deseaba y haciéndose a un lado porque sabía que Camacho sí podía ofrecérselo. ¿Se puede hacer algo más bonito? La verdad es que la dinámica entre los tres me ha encantado, con los dos antiguos amigos enamorados de la misma, ella siendo muy clara y ellos condenados a entenderse.
Bueno, a mí el personaje de Camacho me ha encantado, me ha parecido uno de los más complejos. Quizás su papel no era el más agradecido, porque a veces era enemigo, a veces un amigo desagradable, pero también es cierto que nunca tienes demasiado claro por dónde va a salir y que el conflicto entre querer medrar, hacer justicia y la lealtad a Jesús y Rebeca es interesante.
Al igual que me ha gustado mucho cómo han enfocado la complicada situación sentimental de Clara. Por mucho que haya sufrido, Clara nunca se ha dejado llevar por la rabia, ni ha intentado herir a nadie, lo que le ha llevado a soportar carros y carretas. Y me ha gustado mucho que no se haya retratado a Gerardo como un cabrón, que habría sido lo más fácil, sino como una víctima de su época al que la sociedad no le dejaba ser ni él mismo, ni feliz. El pobre Gerardo daba mucha pena porque en ningún momento pretendía herir a Clara, incluso intentó arreglar las cosas y es terriblemente injusto que la culpa sea de esa sociedad arcaica y odiosa.
Aparentemente, Gerardo ha muerto en el accidente de tren, pero Clara ha notado alguna cosa rara, así que a mí me gustaría que siguiera vivo y que desarrollaran esa historia de amor con Cabrera, que se ha insinuado más que mostrado. Jolín, que Gerardo me da ternurita y quiero que sea feliz, al igual que quiero que Clara sea feliz.
Que, por cierto, me ha parecido todo un acierto que la relación de Clara con Peluso vaya poco a poco, en parte porque era lógico (bastante tenía Clara con superar el engaño como para meterse en otra relación), en parte porque así es más original y en parte porque creo que así sí pueden construir una historia de amor y no sólo de despecho. Sería muy sencillo para Clara aprovecharse de los evidentes sentimientos de Miguel para vengarse de Gerardo u olvidarse o tener eso que él le negaba al no sentirse atraído por ella, pero no lo hace y yo creo que eso mola mucho.
Porque en El caso nos han contado que el amor se basa en el respeto, en estar en sintonía con la pareja, admirarla y estar para lo bueno y para lo malo y eso mola mucho. Porque no sólo Jesús se hace a un lado porque sabe que no puede darle a Rebeca lo que quiere, sino que Clara está ahí para Gerardo y respeta a Miguel y Rodrigo y Paloma han demostrado estar para el otro ocurra lo que ocurra.
Es curioso porque al principio la historia de estos dos parecía un cliché (el jefe que está con la secretaria a escondidas, si es que hasta le llega a poner un piso), pero con el paso de los episodios hemos visto que no era una aventura, ni un capricho, sino que se querían. Rodrigo ha luchado por la nulidad matrimonial para estar con Paloma, ha adoptado a su hijo como suyo y le ha defendido con uñas y dientes, mientras que ella también le ha defendido a él y le ha ayudado constantemente. De hecho, la petición de matrimonio fue muy bonita, a pesar de que la interrumpieron, y el detalle del anillo me llegó a la patata.
Jolín, hay que salvar a Rodrigo para que nos vayamos de boda. ¡Maldita sea!
Bueno, y para acabar este repaso a la primera temporada de El caso (que me está quedando larguísima, lo sé, ¡pero hay mucho de lo que hablar!), sólo me falta señalar lo sumamente bien que está el reparto. Todos cumplen con su papel de maravilla, el buen rollo traspasa la pantalla y es que, encima, saben sacar partido a sus personajes, los cuales nunca me cansaré de alabar, porque, en serio, ¿se puede molar más que ellos? Si es que es la típica serie donde nunca terminas de tener muy claro cuál es tu favorito... Vale, antes he dicho Rodrigo, pero yo tengo un crush muy grande con Fernando Cayo. Y, vamos, que no es como si no adorara a Margarita, Clara, Jesús, Paloma, Germán...
Pues eso, que ojalá nos den una segunda temporada. Que espero que así sea porque necesito que esos cliffhangers se resuelvan y, encima, la audiencia ha sido muy regular.
No, en serio, ¿qué esperan para renovar tanto El caso como El ministerio del tiempo?
PD: En realidad, quiero creer en esa teoría de la conspiración de que están renovadas, pero TVE está esperando a ver qué pasa con Imanol Arias y Ana Duato para pronunciarse sobre Cuéntame y por eso no tenemos noticias. Soy más feliz así, ¿vale?
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