Buff, llevaba bastante tiempo sin reseñar libros (en parte porque he estado releyendo Orgullo y prejuicio y Juego de tronos que no pensaba reseñar, por lo que me lo he tomado con calma), pero ya se me están empezando a acumular, así que, ea, a la carga con una nueva ronda de reseñas.El tiempo entre costuras de María Dueñas es el típico libro que se ha leído todo el mundo y que todos te recomiendan constantemente y tú acabas haciéndote con él pensando “bueno, si todo el mundo está que no caga con el libro, por algo será”. Bueno, como muchos de esos best sellers súper recomendados, en mi opinión está sobrevalorado.
Sira Quiroga es una humilde modista que, de la noche a la mañana, cambia su vida drásticamente. El primer cambio viene cuando sustituye a su prometido de toda la vida, el típico buen chico, por Ramiro, un hombre del que se enamora locamente nada más verlo. El otro, se debe a la guerra civil que le han advertido que va a tener lugar en España: su propio padre (al que desconocía hasta ese momento) la hace llamar para darle una serie de joyas y para avisarle de que abandone el país antes de que el conflicto estalle.
Por eso, Sira junto a Ramiro deja España y se muda a Tanger, en África. Ahí, al principio, es feliz, pero, claro, ocurre lo que sabes que va a ocurrir nada más conoces a Ramiro: que éste la abandona, robándole porque es un jeta que se ha aprovechado de ella. Además, Ramiro deja unas deudas increíbles que la pobre Sira, abandonada y sin nada, debe pagar.
La novela narra a partir de ahí la transformación de Sira en una mujer autosuficiente que no sólo logra madurar, sino aprende a cuidar de sí misma y a sacarse las castañas del fuego hasta el punto de convertirse en una espía de la inteligencia británica.
Como ya he dicho, la palabra con la que definiría El tiempo entre costuras es sobrevalorada. Es cierto que María Dueñas tiene una prosa preciosa, muy esmerada, muy culta y que sabe describir a la perfección tanto lugares como el estado de Sira (está escrita en primera persona). Sin embargo, se trata de una novela excesivamente lenta, casi sin acción y que, no sólo deja en el tintero la mayoría de las cuestiones, sino que desaprovecha su potencial. María Dueñas se dedica a escribir hojas y hojas sobre los vestidos que cose Sira, sobre cómo son las ciudades o las sociedades de Tanger y Tetuan, mientras que, lo que es la historia en sí, es tan breve que se puede resumir en cuatro párrafos.
Quizás, El tiempo entre costuras ha jugado con algo en su contra en mi caso: que antes me había leído Dime quién soy de Julia Navarro, que es de temática similar (chica pava que se ve timada por el supuesto amor de su vida y acaba convertida en espía) y que me enganchó como pocas. Además, me encantó de cabo a rabo y su protagonista me pareció muy, muy trabajada. Así que, claro, después de leer Dime quién soy con su acción a raudales, su ritmo frenético y sus personajes desarrollados a los que cogí cariño, toparme con El tiempo entre costuras resultó decepcionante.
A excepción de Sira, la autora no desarrolla ningún personaje. De hecho, se saca de la manga una súper historia de amor con un periodista inglés que, por lo menos a mí, me resultó insulsa. Lo siento, no puedo desear que dos personajes estén juntos o emocionarme con su reencuentro cuando ni siquiera he tenido constancia de que haya algo entre ellos más allá de que la prota, de vez en cuando, diga que echa de menos al chico.
Y, personalmente, encontré un timo el final del libro. Es decir, me explican con sumo detalle qué les ocurre a Rosalinda Fox y a Beigbeder, pero cuando llega la hora de saber qué fue de Sira, sus padres y Marcus no dice absolutamente nada. No sé, tras seiscientas páginas acompañando a Sira con sus vestidos descritos hasta la extenuación, no me gustó nada saber si fue feliz junto a Marcus, si le ocurrió algo en la guerra o qué.
En resumen, El tiempo entre costuras es un libro que se deja leer porque tiene una prosa muy bonita, que resulta entretenido a pesar de su lentitud, pero que se centra demasiado en describir nimiedades en vez de desarrollar una historia en condiciones.