Pensaba haber publicado esto por la tarde, pero entre las idas y venidas y que estoy muy enganchada a la novela Habitaciones cerradas, pues se me ha pasado, la verdad. Pero no pasa nada porque me he dado cuenta ahora y, así, le damos la bienvenida a noviembre como se merece, al menos en este blog. Es decir, con la publicación de la recopilación de las Frases inspiradoras del día. Además, este último mes ha colaborado muchísima gente, lo que me emociona muy mucho, ¡si es que sois amor del bueno! Así que gracias a todos =D
"Ninguna mujer debería sufrir a manos de un hombre." Sara Lance en Arrow cortesía de Noelia.
"Según el filósofo Ly Tin Wheedle, lo único conocido que se mueve más deprisa que la luz corriente es la monarquía. Llegó a esta conclusión siguiendo este razonamiento: no se puede tener más de un rey, y la tradición exige que no existan intervalos entre un rey y otro, de manera que cuando un rey muere, la sucesión ha de pasar al heredero instantáneamente. Según Wheedle, es probable que existan ciertas partículas elementales, los reiones o tal vez las reionas, que se encargan de cumplir esta función, pero hay que tener en cuenta que a veces la sucesión falla si, en mitad del vuelo chocan con una antipartícula, o republicón. Su ambicioso plan de utilizar este descubrimiento para enviar mensajes, para lo cual hubo de torturar cuidadosamente a un rey menor para poder así modular la señal, jamás llegó a desarrollarse con todo detalle porque, alcanzado ese punto, le cerraron el bar." Mort de Terry Pratchett.
"- Afortunadamente, antes de que confiscaran mi propiedad, fui capaz de descifrar algunos de sus grabados. Era sumerio. Cuatro mil años. Traducido aproximadamente decía: la leyenda de Sleepy Hollow...
- Mmff, ¿lo dices en serio, Crane?
- ¡Sí, le aseguro que sí! No ve que esta tablilla...
- Déjame adivinar: crees que es una antigua profecía sobre nuestro lugar en la guerra entre el bien y el mal. Los chamanes hace tiempo predijeron lo que nos iba a pasar, y ese artefacto babilonio contendrá la clave de lo que se supone que tenemos que hacer con nuestras vidas. ¿Tengo razón?
- Bueno, no. ¡En realidad, no! ... Era sumerio, no babilonio." Ichabod Crane y Abby Mills en Sleepy Hollow (serie).
"Por favor, no seas tan británico." Sally Bowles en Cabaret (película).
"- Sé lo del discurso.
- Oh, tu padre te lo ha contado, ¿eh? ¿Estás preparado?
- Tal vez, ¿estás tú preparada?
- Tal vez. Bueno... ¿qué vas a decir?
- Oh, ya lo verás. ¿Qué vas a decir tú?
- Oh, ya lo verás. Pero, cariño, sabes que esto no es una competición, ¿verdad?
- Sí, claro. Recuerda eso cuando les guste más mi discurso." James "Jamie" Scott y Haley James-Scott en One tree hill cortesía de Noelia.
"Lo admito, sois más ocurrente que yo. Cuando me encontraron junto a mi rey muerto, no se me ocurrió decir: No, no fui yo, fue una sombra, una terrible sombra fría." Jaime Lannister en Canción de hielo y fuego III. Tormenta de espadas de George R. R. Martin.
"Un mago intenta sorprender con algo nuevo que deje desconcertados a todos los demás magos." Alfred Borden en El truco final (El prestigio).
"Que aunque te vaya mal, no eres más que nadie. El mundo no se para por tu dolor. Pierdes lo que más quieres, pero todo sigue. El domingo habrá fútbol y los telediarios seguirán hablando de guerras. Alguien dará su primer beso y lloverá. Lloverá como ha llovido siempre. Todo sigue adelante. Y tú también deberías hacerlo." Irene Larra en El ministerio del Tiempo.
"Tuvimos un minuto. Tuvimos nuestros minutos en el autobús, en la Kirov, en Luga y en el Jardín de Verano. Minutos inolvidables. Lo que queremos ahora es la eternidad." Tatiana en El jinete de Bronce de Paullina Simmons cortesía de Xymeeforyou.
"Hay un tipo de sensibilidad que las mujeres tienen. Yo no la tengo. No lloro con las películas, no enloquezco con los bebés, no empiezo a celebrar la Navidad cinco meses antes y no le digo al hombre que acaba de arruinar nuestras vidas "¡oh, pobrecito!" Así soy yo. Para bien o para mal. Pero te amo." Dorothy Boyd en Jerry Maguire.
"- ¿No le molestaría a tu amigo que...?
- ¿A Guðjon? Se muere por perderme de vista un rato y tener nueva compañía. Seguro que le parece bien. Es una aventura y en las aventuras siempre hay imprevistos.
- ¿Soy un imprevisto?
- El mejor." Laura y Orri en Heima es hogar en islandés de Laia Soler.
"- Si saliéramos de verdad este sería el momento en que me vería obligado a besarte.
- ¿Obligado? ¿Tan malo sería?
- Seguro que lo soportaría.
- Yo también." Chuck Bartowski y Sarah Walker en Chuck.
"- ¿Puede alguien en esta ciudad quedarse muerto?
- Creo que esperaban que tú lo hicieras." Peter Hale y Malia Tate en Teen wolf (serie) cortesía de Noelia.
"Cinco años perdidos lucharon por salir a flote en los labios de Daisy." Nick Carraway en El gran Gatsby (película del 2013).
"- ¡¿Es usted el Magíster?!
- He conseguido maestría en muchas cosas en mi vida. Orientarme por las calles de Londres, hablar francés sin acento, bailar la cuadrilla, el arte japonés del arreglo floral, mentir en las charadas, disimular un estado de profunda ebriedad, deleitar a las jóvenes con mis encantos... Pero nunca nadie se ha referido a mí como 'el maestro' o 'el magíster'. Lo cual es una pena.
- ¿Está en un estado de profunda ebriedad en este momento?" Theresa "Tessa" Gray y William "Will" Herondale en Cazadores de sombras: Los orígenes I. Ángel mecánico de Cassandra Clare.
"Me voy a comer este sobao. ¿Es el primero que se cruzó en mi camino? Sí, pero antes de cogerlo he barajado otros sobaos y éste es, sin duda, el que más me gusta. Por eso me lo voy a comer, porque tengo hambre, hambre de muchas cosas. Pero me lo voy a comer despacio. Y lo más importante, es una decisión mía, sólo mía, la primera que tomo en varios días. La primera pero no la última. Desayunar no es tan fácil como parece." Diego en Primos.
"Querido M.:
Te escribo desde el carruaje donde he pasado los últimos seis días con mis cuatro hermanas y mi madre recorriendo el norte del país para visitar a tía Hester (recordarás que la mencioné en mi última carta).
No puedo imaginar qué clase de locura poseería a los romanos para llegar tan al norte y construir la muralla de Adriano. No debían tener hermanas o no habrían pasado de la Toscana.
Siempre perseverante,
P." Lady Penélope Marbury en Un canalla siempre es un canalla de Sarah MacLean cortesía de Xymeeforyou.
"En muchos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos poco porque gozamos de una posición que está por encima de los que exponen su trabajo y a sí mismos a nuestro criterio. Nos regodeamos en las críticas negativas que son divertidas de escribir y de leer. Pero el hecho más amargo que debemos afrontar los críticos es que, a la hora de la verdad, cualquier producto mediocre tiene, probablemente, más sentido que la crítica en la que lo tachamos de basura." Anton Ego en Ratatouille.
"- Si olvidas nuestros besos, ¿sabes qué? Que siempre te puedo dar otro.
- ¿Y qué? También se me va a olvidar.
- Pues te daría otro. Y, siempre que se te olvidara, te volvería a dar otro más. Y, así, cada vez que nos acariciáramos o hiciéramos el amor, sería como la primera vez." Julia Medina e Iván Noiret en El internado.
"Escúchame, cielo. Si le pones nombre a mi miembro, tiene que ser algo híper masculino. Algo como pitón, machote, Krull el guerrero... pero no princesa Dorita." Benjamin "Ben" Barry en Cómo perder a un chico en diez días.
"- ¿Tú con qué ojo me vas a disparar? ¿Con el derecho o con el izquierdo?
- Con el del culo, hija de puta." Mónica Salcedo y Gregorio Atiza en Olmos y Robles cortesía de Artemisa.
"Pero yo estaba de servicio. Se me ordenó ir a una puerta trasera de palacio, donde el confesor de la reina puso un bebé en mis brazos. Aquella noche la reina había dado a luz gemelos y el niño que yo llevaba era el menor de los dos. El rey descubrió que tenía dos herederos. Había visto muchos reinos desgarrados por disputas entre hermanos y decidió en nombre de la paz deshacerse de uno, de ti, Phillippe. Ordenó que se te ocultara tu verdadera identidad. En su lecho de muerte confirmó tu existencia a Louis y tu madre... Ella deseaba restituir tu derecho de nacimiento, pero ahora Louis era rey. Tenía miedo de matarte, pues todo su poder descansaba en la santidad de la sangre real, de modo que ingenió un modo de mantenerte oculto para siempre. Por mi Patria, por mi Rey, compré la paz con tu vida y con mi alma. Algún día te pediré que me perdones, pero no hasta que te haya restituido lo que es tuyo." Aramis en El hombre de la máscara de hierro.
"Verdes.
Ese era el color que empapaba sus recuerdos de aquel día. No el rojo vivo de la sangre, sino aquella llama candente de verde incandescente. Los ojos de Clay. Talin había gimoteado cuando se lo llevaron, pero su mirada le había dicho que fuera fuerte, que volvería a por ella. Y lo había hecho.
Fue ella quien había deshonrado su silencioso pacto, quien había estado demasiado rota como para atreverse a danzar con un leopardo. Aquel fracaso la atormentaba cada día de su vida." La luna del leopardo (Psi/Cambiantes 4) de Nalini Singh.
"Cuando aparece un familiar, es una sorpresa. Si lo hacen dos, una coincidencia. Si son tres, es Eli." Ruth Eastman en The good wife.
"Vamos, hombre, ningún sueño tiene Kleenex arrugados." Peter Harper en La última noche en Tremore Beach de Mikel Santiago cortesía de Yos Paranoias.
"Pueden exterminar a toda una generación, derribar sus casas y, aún así, el pueblo sería capaz de rehacerse. Sin embargo, si destruyen sus obras, su historia, es como si no hubiera existido, sería ceniza en el aire." George Stout en The monuments men.
"Pensará usted que esta carta llega de otro mundo. Discúlpame por no enviársela a través de esa vía endiabladamente rápida que las máquinas han puesto a nuestro servicio, pero soy de las que aún piensan que los trazos manuscritos contienen mucho más que un mensaje: el latido de la mano que los traza, la humedad de las lágrimas que los acompaña y puede que el temblor de la emoción que los justifica." Fiorella Otrante en Habitaciones cerradas de Care Santos.
Y como en cada entrada de esta sección, esperar que os hayan gustado y
recordaros que, si lo deseáis, podéis participar y que, de hecho,
estamos encantadas con que nos mandéis vuestras citas favoritas ^^ Para
participar, simplemente tenéis que hacernos llegar la frase inspiradora
en cuestión (junto a la procedencia de la misma) a través de uno de
estos medios:
A) Dejarla a modo de comentario en cualquiera de las entradas de Frases inspiradoras del mes.
B) Enviarla a nuestro correo: epic.us.blog@gmail.com
C) Dejarla en el muro de nuestra página de feisbuk y, de paso, si os apetece y eso, regalarnos algún like ;P
domingo, 1 de noviembre de 2015
miércoles, 28 de octubre de 2015
Cuando Robles se despidió de Olmos
Ayer se despidió en TVE la (esperemos) primera temporada de Olmos y Robles, una serie que con sólo ocho episodios se ha convertido en una de mis favoritas porque, así, resumiendo un poco, es fantabulosa total. De hecho, me he arrepentido de no dedicarle crónicas semanales como a otras joyas españolas como El ministerio del tiempo.
TVE, si la renuevas por una segunda temporada, te prometo que todas las semanas le dedico una entrada. Que no va a servir de nada porque la cadena ni conoce mi existencia, pero, oye, por intentarlo que no quede.
Cuando se estrenó hace ocho semanas, ya comenté lo mucho que me gustó el episodio piloto, pero es que desde entonces la cosa ha ido a más. Y es que Olmos y Robles ha sabido conciliar perfectamente, durante toda la temporada, esos géneros tan dispares que era el policíaco con el de pueblo con encanto, rompiendo además con varios tópicos.
En primer lugar, y creo que es lo que más agradezco de todas las cosas buenas que tienen, es que no juegan con la inteligencia ni del espectador ni de los personajes. Sí, la trama horizontal de Los siete infantes de Lara era un tanto predecible (desde el regreso de Alcides a Ezcaray ya se intuye por dónde van a ir los tiros y Guerezt era un villano tan obvio que no podía serlo en realidad), pero se han molestado en tomársela en serio y ofrecerla perfectamente dosificada. Porque, sobre todo, ha sido interesante y entretenida y Almanzor ha sido un gran villano: el arco del padre Juan fue toda una sorpresa (a ver quién se veía venir que era un testigo protegido) y encima estuvo muy bien contado, culminando en esa gran escena de la iglesia.
Además, fue precisamente Almanzor el detonante de los dos mejores episodios de toda la temporada. Sí, los ocho han sido muy divertidos, pero los dos últimos mezclaron magistralmente la comedia con la tensión, el thriller y la acción con escenas muy memorables en ambos géneros. Por ejemplo, cuando Atiza mata a Salazar fue épica a morir, pero también tuvo unos diálogos descacharrantes.
Y, como decía hace un par de párrafos, no jugaban con la inteligencia de los personajes. Por lo general, en las series o son más bien cortos o no comparten información, lo que provoca que te desesperes. Pero aquí no. Aquí absolutamente todos los personajes son inteligentes y actúan con cabeza, aunque también puedan ser desastrosos. Por ejemplo, Atiza es un vago, pero también es muy capaz, como demuestra ayer al organizar al pueblo para atrapar a los dos sicarios de Alcides. Otro ejemplo sería Cata cuyo don sí que es permanente y no desaparece cuando conviene (como el de Emma Swan para saber cuándo le mienten).
De hecho, el otro aspecto que más le agradezco son los personajes.
Hoy por hoy, tras haber visto los ocho episodios, no hay ni uno solo que me moleste o que no me interese. Sí, Guerezt era un pesado irritante, pero ese era su papel. Sin embargo, ante el resto no puedes más que quererlos, incluso a ese Damián retorcido donde los haya, manipulador y cobarde, que no podía ser un malo más típico ni más divertido. Verlo sentado en su silla, acariciando a su animal molaba muchísimo, al igual que ese constante enfrentamiento con Cata.
Es de agradecer también que en ninguna parte se hayan olvidado ni de la parte policial, ni del pueblo, manteniendo así varias tramas horizontales como la de la cooperativa, a Isabel vendiendo sus tierras (con el perpetuo boicot de Damián), el misterioso plan de Braulio y Claudio y los secretos que ocultaba Nuria.
Toda esa parte no ha podido ser ni más entrañable, ni más divertida. La serie tiene mucho corazón a la hora de tratar a sus personajes y las relaciones entre ellos, teniendo mucho cuidado de relacionar a prácticamente todos los personajes. Quizás el ejemplo más claro sería la historia de amor entre Nuria y Lucky, que no ha podido ser más mona, pero no han sido los únicos: las chicas tenían una gran amistad, Claudio y Braulio han tenido escenas muy bonitas (su final en el globo fue precioso), la relación padre-hija entre Atiza y Nuria...
Pero si ha habido una relación importante esa ha sido la de Olmos y Robles. Es increíble ver cómo han evolucionado de los dos primeros episodios a este último, a esa despedida (esperemos que temporal) con la que cerraban la temporada. Bueno, en realidad, debería hablar de lo mucho que ha evolucionado Robles, porque Olmos ya respetaba y apreciaba a su compañero desde el principio, la verdad.
Esa relación entre los dos ha sido lo más importante. Los casos eran excusas para ponerlos a trabajar juntos, para que se conocieran y acabaran queriéndose. De hecho, en el séptimo episodio, El juego de Almanzor, les faltaba acudir a terapia de parejas con esas discusiones tan típicas de un matrimonio. Y, claro, ni qué decir tiene que ha sido tan divertido como tierno, una vez más. Un detalle tan tonto como Robles haciéndole unas albóndigas a Olmos era capaz de sacarte la sonrisa, al igual que las escenas en las que Domi le trataba como un nieto más.
Y es que Robles se ha humanizado muchísimo desde su llegada a Ezcaray y, lo más importante, Rubén Cortada se ha soltado tanto que resulta impresionante.
En el episodio piloto Pepe Viyuela era el amo de la función, el que más destacaba tanto a nivel interpretativo como de personaje, pero con el paso de los episodios todos se han equiparado. No sólo es una serie muy coral donde todos tienen su sitio y están más o menos parejos, sino que todos los actores están increíblemente cómodos y se refleja en la pantalla.
Pero como desde el principio todos eran maravillosos, quiero destacar a Rubén Cortada, que fue lo único que me chirrió en el piloto. Quizás era su forma de interpretar a un Robles sieso como ninguno o quizás que se ha ido haciendo con el tono de la serie, no lo sé, pero la cuestión es que ha terminado siendo muy natural hasta en las escenas de comedia más física, como ese (épico) momento en que Robles debe imitar a Gollum en el juego de las películas. Yo es que aún lo recuerdo y me meo viva. Vamos, que el señor Cortada ha terminado demostrando que es algo más que una cara bonita y yo he acabado tan rendida a sus pies como al del resto del reparto.
También me sorprendió muchísimo el cambio de registro de Luis Miguel Seguí en este último episodio, una vez se le cae la careta de amigo majo. Ha sido impresionante verlo de malo malísimo un poco desquiciado tras haberlo visto tanto tiempo interpretar a Leo en La que se avecina. De hecho, va a ser una pena no volver a verlo más por Ezcaray, aunque espero que le guarden algún flashback.
Porque tiene que haber segunda temporada. Olmos y Robles es una serie maravillosa con una audiencia media mayor que la de la cadena y, encima, en mi TL por cada tweet dedicado a Mar de plástico (responsable del bajón de audiencia), había veinte sobre Olmos y Robles y no precisamente por RTs de los actores. Quizás no ha tenido el mismo impacto que El ministerio del tiempo, pero tiene el suyo y lo han hecho tan bien que ellos se merecen volver y nosotros merecemos ver una temporada donde resuelvan el misterio que plantaron ayer: el de la muerte de los padres de Robles con esa referencia a la hidra (¿Alcides será amiguito maligno de Grant Ward?), que seguramente tendrá que ver con la muerte de los de Olmos (demasiada casualidad que ambos se quedaran huérfanos por la misma época).
Eso, junto a esos casos que han escrito y que no podían ser más variados. Me alegra que no hayan convertido Ezcaray en, no sé, Los Angeles y que hubiera asesinatos todos los episodios. De hecho, han sido tan variados que, de nuevo, no puedo más que comentar lo listos que son los guionistas: monjas amnésicas, ladrones de arte, cadáveres cambiados de tumba, el cuervo blanco... Vamos, que se las han apañado para ofrecer misterios sin que muera medio pueblo, lo que es de agradecer, sobre todo porque así iban presentando otros lugares de La Rioja.
Salvo mi pueblo, que sólo sacaron un bazar chino, pero, bueno, eso en la segunda temporada se puede solucionar.
Y, de paso, me podrían dar una escena donde Cata y Damián discutan como cochinos y acaben barriendo la mesa en plan apasionado. No sé si me entendéis... Pero eso son cosas mías. Lo importante es que TVE debe renovar Olmos y Robles porque su primera temporada ha sido genial... y porque siempre podemos presentarnos ahí los fans con horcas y antorchas, ¿a qué si?
Podéis visualizarme sentada tras la mesa tras la que escribo esto, con cara de maligna al imaginar lo que podríamos hacerle a TVE si no nos da la segunda temporada, mientras acaricio un peluche al más puro estilo Damián, seh. Es que no tengo un Genaro, ni animales disecados... que, de hecho, me dan tirria, así que contentémonos con el peluche. Muajajaja.
TVE, si la renuevas por una segunda temporada, te prometo que todas las semanas le dedico una entrada. Que no va a servir de nada porque la cadena ni conoce mi existencia, pero, oye, por intentarlo que no quede.
Cuando se estrenó hace ocho semanas, ya comenté lo mucho que me gustó el episodio piloto, pero es que desde entonces la cosa ha ido a más. Y es que Olmos y Robles ha sabido conciliar perfectamente, durante toda la temporada, esos géneros tan dispares que era el policíaco con el de pueblo con encanto, rompiendo además con varios tópicos.
En primer lugar, y creo que es lo que más agradezco de todas las cosas buenas que tienen, es que no juegan con la inteligencia ni del espectador ni de los personajes. Sí, la trama horizontal de Los siete infantes de Lara era un tanto predecible (desde el regreso de Alcides a Ezcaray ya se intuye por dónde van a ir los tiros y Guerezt era un villano tan obvio que no podía serlo en realidad), pero se han molestado en tomársela en serio y ofrecerla perfectamente dosificada. Porque, sobre todo, ha sido interesante y entretenida y Almanzor ha sido un gran villano: el arco del padre Juan fue toda una sorpresa (a ver quién se veía venir que era un testigo protegido) y encima estuvo muy bien contado, culminando en esa gran escena de la iglesia.
Además, fue precisamente Almanzor el detonante de los dos mejores episodios de toda la temporada. Sí, los ocho han sido muy divertidos, pero los dos últimos mezclaron magistralmente la comedia con la tensión, el thriller y la acción con escenas muy memorables en ambos géneros. Por ejemplo, cuando Atiza mata a Salazar fue épica a morir, pero también tuvo unos diálogos descacharrantes.
Y, como decía hace un par de párrafos, no jugaban con la inteligencia de los personajes. Por lo general, en las series o son más bien cortos o no comparten información, lo que provoca que te desesperes. Pero aquí no. Aquí absolutamente todos los personajes son inteligentes y actúan con cabeza, aunque también puedan ser desastrosos. Por ejemplo, Atiza es un vago, pero también es muy capaz, como demuestra ayer al organizar al pueblo para atrapar a los dos sicarios de Alcides. Otro ejemplo sería Cata cuyo don sí que es permanente y no desaparece cuando conviene (como el de Emma Swan para saber cuándo le mienten).
De hecho, el otro aspecto que más le agradezco son los personajes.
Hoy por hoy, tras haber visto los ocho episodios, no hay ni uno solo que me moleste o que no me interese. Sí, Guerezt era un pesado irritante, pero ese era su papel. Sin embargo, ante el resto no puedes más que quererlos, incluso a ese Damián retorcido donde los haya, manipulador y cobarde, que no podía ser un malo más típico ni más divertido. Verlo sentado en su silla, acariciando a su animal molaba muchísimo, al igual que ese constante enfrentamiento con Cata.
Es de agradecer también que en ninguna parte se hayan olvidado ni de la parte policial, ni del pueblo, manteniendo así varias tramas horizontales como la de la cooperativa, a Isabel vendiendo sus tierras (con el perpetuo boicot de Damián), el misterioso plan de Braulio y Claudio y los secretos que ocultaba Nuria.
Toda esa parte no ha podido ser ni más entrañable, ni más divertida. La serie tiene mucho corazón a la hora de tratar a sus personajes y las relaciones entre ellos, teniendo mucho cuidado de relacionar a prácticamente todos los personajes. Quizás el ejemplo más claro sería la historia de amor entre Nuria y Lucky, que no ha podido ser más mona, pero no han sido los únicos: las chicas tenían una gran amistad, Claudio y Braulio han tenido escenas muy bonitas (su final en el globo fue precioso), la relación padre-hija entre Atiza y Nuria...
Pero si ha habido una relación importante esa ha sido la de Olmos y Robles. Es increíble ver cómo han evolucionado de los dos primeros episodios a este último, a esa despedida (esperemos que temporal) con la que cerraban la temporada. Bueno, en realidad, debería hablar de lo mucho que ha evolucionado Robles, porque Olmos ya respetaba y apreciaba a su compañero desde el principio, la verdad.
Lo que me estoy controlando para no empezar con chistes de 'Oficial y caballero'...
Esa relación entre los dos ha sido lo más importante. Los casos eran excusas para ponerlos a trabajar juntos, para que se conocieran y acabaran queriéndose. De hecho, en el séptimo episodio, El juego de Almanzor, les faltaba acudir a terapia de parejas con esas discusiones tan típicas de un matrimonio. Y, claro, ni qué decir tiene que ha sido tan divertido como tierno, una vez más. Un detalle tan tonto como Robles haciéndole unas albóndigas a Olmos era capaz de sacarte la sonrisa, al igual que las escenas en las que Domi le trataba como un nieto más.
Y es que Robles se ha humanizado muchísimo desde su llegada a Ezcaray y, lo más importante, Rubén Cortada se ha soltado tanto que resulta impresionante.
En el episodio piloto Pepe Viyuela era el amo de la función, el que más destacaba tanto a nivel interpretativo como de personaje, pero con el paso de los episodios todos se han equiparado. No sólo es una serie muy coral donde todos tienen su sitio y están más o menos parejos, sino que todos los actores están increíblemente cómodos y se refleja en la pantalla.
Pero como desde el principio todos eran maravillosos, quiero destacar a Rubén Cortada, que fue lo único que me chirrió en el piloto. Quizás era su forma de interpretar a un Robles sieso como ninguno o quizás que se ha ido haciendo con el tono de la serie, no lo sé, pero la cuestión es que ha terminado siendo muy natural hasta en las escenas de comedia más física, como ese (épico) momento en que Robles debe imitar a Gollum en el juego de las películas. Yo es que aún lo recuerdo y me meo viva. Vamos, que el señor Cortada ha terminado demostrando que es algo más que una cara bonita y yo he acabado tan rendida a sus pies como al del resto del reparto.
También me sorprendió muchísimo el cambio de registro de Luis Miguel Seguí en este último episodio, una vez se le cae la careta de amigo majo. Ha sido impresionante verlo de malo malísimo un poco desquiciado tras haberlo visto tanto tiempo interpretar a Leo en La que se avecina. De hecho, va a ser una pena no volver a verlo más por Ezcaray, aunque espero que le guarden algún flashback.
Porque tiene que haber segunda temporada. Olmos y Robles es una serie maravillosa con una audiencia media mayor que la de la cadena y, encima, en mi TL por cada tweet dedicado a Mar de plástico (responsable del bajón de audiencia), había veinte sobre Olmos y Robles y no precisamente por RTs de los actores. Quizás no ha tenido el mismo impacto que El ministerio del tiempo, pero tiene el suyo y lo han hecho tan bien que ellos se merecen volver y nosotros merecemos ver una temporada donde resuelvan el misterio que plantaron ayer: el de la muerte de los padres de Robles con esa referencia a la hidra (¿Alcides será amiguito maligno de Grant Ward?), que seguramente tendrá que ver con la muerte de los de Olmos (demasiada casualidad que ambos se quedaran huérfanos por la misma época).
Eso, junto a esos casos que han escrito y que no podían ser más variados. Me alegra que no hayan convertido Ezcaray en, no sé, Los Angeles y que hubiera asesinatos todos los episodios. De hecho, han sido tan variados que, de nuevo, no puedo más que comentar lo listos que son los guionistas: monjas amnésicas, ladrones de arte, cadáveres cambiados de tumba, el cuervo blanco... Vamos, que se las han apañado para ofrecer misterios sin que muera medio pueblo, lo que es de agradecer, sobre todo porque así iban presentando otros lugares de La Rioja.
Salvo mi pueblo, que sólo sacaron un bazar chino, pero, bueno, eso en la segunda temporada se puede solucionar.
Y, de paso, me podrían dar una escena donde Cata y Damián discutan como cochinos y acaben barriendo la mesa en plan apasionado. No sé si me entendéis... Pero eso son cosas mías. Lo importante es que TVE debe renovar Olmos y Robles porque su primera temporada ha sido genial... y porque siempre podemos presentarnos ahí los fans con horcas y antorchas, ¿a qué si?
Podéis visualizarme sentada tras la mesa tras la que escribo esto, con cara de maligna al imaginar lo que podríamos hacerle a TVE si no nos da la segunda temporada, mientras acaricio un peluche al más puro estilo Damián, seh. Es que no tengo un Genaro, ni animales disecados... que, de hecho, me dan tirria, así que contentémonos con el peluche. Muajajaja.
martes, 27 de octubre de 2015
El nuevo color de Oliver Queen
A Cisco Ramon no le gusta cuando un héroe pone colores en su nombre, pero debemos admitir que el hecho de que Oliver Queen digievolucionara de Arrow a Green Arrow ha sido todo un acierto y parece la clave para haber remontado una serie cuya temporada anterior flojeó bastante.
Cuando Arrow llegó a nuestras pantallas hace ya casi cuatro años, su tono oscuro y trascendental era algo que molaba. Nos recordaba a las películas de Batman que tanto nos entusiasmaron, pero, claro, una cosa es una película (o en este caso tres) y otra muy distinta una serie cuyas temporadas están formadas por 22 ó 23 episodios. Y es que la intensidad desgasta, sobre todo cuando no dan ni un momento de respiro.
Precisamente por eso Felicity Smoak se alzó como un diosa en medio de Starling City, ya que era el único personaje que tenía sentido del humor y sonreía la mayoría del tiempo. Era un gran contraste con las paranoias y dramas del resto, que se pasaban las veinticuatro horas del día sufriendo como si les fuera la vida en ello. Pero, a pesar de eso, Arrow moló mucho... hasta que la intensidad se les fue de las manos.
Su tercera temporada no fue mala, pero sí floja (a excepción del primer tramo y de Laurel y Thea, que se llevaron la temporada ellas solas) y se notó muchísimo ese desgaste que conllevaba el arrastrar los traumas de siempre: Oliver no avanzaba tras tres temporadas con paranoias sobre ser él o Arrow, a Laurel seguían ocurriéndole una desgracia tras otra, Thea era víctima de secretos una y otra vez... Y, encima, el villano de la temporada, Pepe (que es como llamo yo a Ra’s al Ghul para abreviar y porque, la verdad, mucho respeto tampoco infundía), fue un fracaso total. Intentaron que supusiera algo tan emocional para Oliver como lo fue ese magnífico rival que fue Slade en la segunda temporada, pero lo único que consiguieron fue marearnos a todos con ese juego de infiltraciones y planes secretos y que Oliver nos desesperara.
Tampoco ayudó que subieran a Felicity al carro de los reyes del drama, ni ese spin-off encubierto que suponías las tramas de Ray Palmer (que, encima, era repelente a más no poder) y que precisamente su serie hermana, The Flash, lograra ser emocional sin dejar de ser divertida, ligera y muy interesante (el juego que se trajeron con Harrison Wells fue un continuo WTF?! con el que te devanabas los sesos y encima el flow que tiene Tom Cavanagh era muy genial).
Por suerte, los guionistas tomaron buena nota de todo lo que les había fallado en el tramo final y, de cara a su cuarta temporada, decidieron introducir cambios. Lo están haciendo poco a poco, pero con buen pulso.
Arrow no ha dejado de ser oscura, diferenciándose así de las aventuras de Barry Allen y compañía que siguen siendo más ligeras (sólo hay que ver la actitud de cada ciudad hacia su héroe), pero ahora también tiene sentido del humor. Los personajes se divierten tanto como en The Flash a la hora de salvar a su ciudad, disfrutan con lo que hacen. Es Felicity quien desea volver y retomar su faceta de justicieros y es Oliver quien decide cambiar de actitud, ser algo más que un justiciero: convertirse en un icono, en esa esperanza que una ciudad tan decadente como Starling City necesita.
Y, de hecho, son precisamente ellos dos quienes le están dando un nuevo aire a Arrow, uno más relajado y disfrutable. Verlos juntos es beneficioso para la serie, por lo que no dejo de preguntarme cómo pudieron retrasarlo tanto (y de formas tan estúpidas).
No sólo hacen un gran equipo, sino que ambos están contentos y se permiten el tener sentido del humor. Ha sido muy divertido ver a Oliver como cocinillas o las bromas de Felicity (genial cuando comenta que quiere un nombre en clave o como cuando les dice que se supone que Dig está más evolucionado que Oliver) y también ha sido muy bonito como se apoyan: Felicity está ahí para decirle a Oliver que puede ser mejor, mientras que él está ahí para recordarle a ella que puede hacer todo lo que se proponga, incluido salvar Palmer Tech.
Ahora mismo la pareja formada por ellos dos son el corazón de Arrow, el centro del equipo y los que mantienen a los demás en equilibrio: Felicity es la que logra que Diggle se olvide de sus intensidades varias, mientras que Oliver es quien hace que todos se den cuenta de que Thea no está bien.
Que, por cierto, manda narices que Thea ande desatada, cual Demonio de Tasmania, y no sólo tenga que volver Oliver para darse cuenta, sino que encima tardan en creerle. También manda narices que le hagan volver porque le necesitan y la única que no le dé por saco es Laurel, sobre todo porque la actitud de Oliver ha cambiado para bien, lo que es de agradecer para el espectador. Oliver ya no cree que debe hacer todo solo, que el peso del mundo descarga únicamente sobre su espalda y, aunque claramente ejerce de líder, no pone su opinión por encima de los demás.
De hecho es ese cambio de actitud, el que sólo intente ayudar y se mueva respetando los deseos de todos el que hace que mi odio hacia Diggle y el capitán Lance no conozca límites. Ahora que Diggle ha hecho las paces con él, me imagino que se olvidará de tratarlo a patadas, pero a mí no se me olvidan las lindezas que le ha estado dedicando, a destacar ese momento en que básicamente le dice que no tiene alma, ni corazón ni nada. WTF?! Si pudiera, les pateaba el culo a ambos dos, por gilipollas, intensos y porculeros.
Pero, bueno, por suerte sólo son dos personajes que resultan desagradables, ya que el resto, al menos de momento, están llevando un buen camino. La nueva incorporación, Curtis, es simpático y funciona muy bien con Felicity, mientras que están haciendo un buen uso de Malcolm al no meterlo con calzador. Malcolm funciona mejor en pequeñas dosis, sobre todo porque no les obliga a buscar motivos rocambolescos para mantenerlo con vida y, encima, como nuevo Pepe ofrece a los guionistas un montón de posibilidades.
Sobre todo cuando, poco a poco, están introduciendo la magia en el mundo de Arrow.
Comenzó con la resurrección de Thea en El pozo de Lázaro y ha sido un buen catalizador, ya que, por un lado, tenemos a Thea lidiando con una maldición (o mata o acabará volviéndose loca) y, por otro, han tenido la excusa perfecta para recuperar a Sara. Seguramente la decisión de Laurel le explote en la cara, pero creo que es muy humano que intente salvar a Sara, a pesar de que todo apunte a que es una muy mala idea.
Desde la muerte de Sara, el mundo particular de Laurel se ha reducido a ella (encontrar a su asesino, vengarla, honorarla al continuar su legado) y por eso no es de extrañar que la quiera de vuelta. Sobre todo si tenemos en cuenta lo mal que la está tratando su propio padre, de nuevo a raíz de la muerte de su hermana. Por eso, es natural que Laurel haga lo que sea para volver a reunir a su familia, recuperar lo que perdió.
Habrá que ver cómo desarrollan ahora esa parte de Nanda Parbat, con Sara pareciendo más una bestia que otra cosa, Thea con la espada de Damocles de la locura sobre ella y Nyssa declarándole tanto la guerra a Malcolm como en menor medida a Laurel. Por cierto, ha sido muy inteligente por parte de los guionistas el destruir El pozo de Lázaro, pues con él corrían el riesgo de terminar convertidos en The vampire diaries donde la muerte ha perdido tanto su importancia como su dramatismo porque nunca es permanente. Una cosa es que se salve a Thea en extremis y se resucite a Sara, ambas con terribles consecuencias, otra muy distinta es que cualquiera pueda volver de la muerte.
Porque si fuera así, no habría tensión y ni el flashfoward que cerró el primer episodio de temporada, ni ese villano tan genial que han traído servirían para nada.
Hay que ver, por cierto, el gran acierto que ha sido Damien Darhk. Quizás, por el momento, no tiene ninguna conexión emocional con nadie (aunque yo no descarto que sea el padre de Felicity como se viene rumoreando desde que empezaron a hablar de él en la serie), pero tampoco lo necesita porque hay que ver cómo acojona.
Neal McDonough puede ser muy perturbador y aquí lo es. Tiene presencia, es frío y controlado y, sobre todo, puede usar magia. ¿Cómo van a vencerle si él puede parar sus ataques? Es una de las preguntas que lleva flotando en la serie desde el inicio de temporada y que se va acentuando a medida que sabemos más de él. Damien Darhk es peligroso, asusta al más pintado (el metahumano del tercer episodio prácticamente sale corriendo de Starling City porque le tiene miedo) y es un jodido misterio, ya que sabemos pocas cosas de él. De hecho, por no saber, no sabemos ni qué diantres quiere con exactitud, ni cómo ha conseguido que Lance colabore con él. Mi teoría es que le prometió resucitar a Sara, pero es más una corazonada que otra cosa.
Al igual que no sabemos qué nombre habrá en la lápida frente a la que Barry encuentra a Oliver en el flashfoward del primer episodio. Menudo final de episodio, por cierto, ni una patada en el cielo de la boca.
Sé que lo más obvio es pensar que se trata de Felicity, pero sinceramente las actitudes tanto de uno como de otro me hacen pensar que no es ella. Si Felicity hubiera muerto, los dos estarían hechos mierdecilla y, de hecho, Barry parece más preocupado por Oliver que afectado por la pérdida. Por eso, voy a concentrarme en que es el capitán Lance, ya que le odio mucho y celebraría su muerte con fuegos artificiales.
Sólo llevamos tres episodios de la cuarta temporada, pero de momento está funcionando mucho mejor que la anterior. Es divertida, entretenida, emocionante y se agradece muchísimo el que la gran mayoría de personajes no sean intensamente repelentes como ocurría el año pasado. Esperemos que sigan así porque, en serio, Arrow está molando mucho de nuevo.
Y, encima, en unas semanas aparece Constantine, algo que estoy deseando ver. De hecho, no me importaría que lo dejaran fijo en la serie porque estoy muy enamorada de Matt Ryan y andamos un poco cortos de chicos. En serio, ahora mismo Thea y Laurel o se pegan por Nyssa o no veo ningún otro ship posible, salvo que hagan parejas entre series como ocurre con las Chicago (Laurel y Cisco molarían... creo que shippeo a Laurel hasta con el helecho del amor, tengo un serio problema, xD).
Ay, Matt Ryan n_n
Brazacos... *0*
Cuando Arrow llegó a nuestras pantallas hace ya casi cuatro años, su tono oscuro y trascendental era algo que molaba. Nos recordaba a las películas de Batman que tanto nos entusiasmaron, pero, claro, una cosa es una película (o en este caso tres) y otra muy distinta una serie cuyas temporadas están formadas por 22 ó 23 episodios. Y es que la intensidad desgasta, sobre todo cuando no dan ni un momento de respiro.
Precisamente por eso Felicity Smoak se alzó como un diosa en medio de Starling City, ya que era el único personaje que tenía sentido del humor y sonreía la mayoría del tiempo. Era un gran contraste con las paranoias y dramas del resto, que se pasaban las veinticuatro horas del día sufriendo como si les fuera la vida en ello. Pero, a pesar de eso, Arrow moló mucho... hasta que la intensidad se les fue de las manos.
Su tercera temporada no fue mala, pero sí floja (a excepción del primer tramo y de Laurel y Thea, que se llevaron la temporada ellas solas) y se notó muchísimo ese desgaste que conllevaba el arrastrar los traumas de siempre: Oliver no avanzaba tras tres temporadas con paranoias sobre ser él o Arrow, a Laurel seguían ocurriéndole una desgracia tras otra, Thea era víctima de secretos una y otra vez... Y, encima, el villano de la temporada, Pepe (que es como llamo yo a Ra’s al Ghul para abreviar y porque, la verdad, mucho respeto tampoco infundía), fue un fracaso total. Intentaron que supusiera algo tan emocional para Oliver como lo fue ese magnífico rival que fue Slade en la segunda temporada, pero lo único que consiguieron fue marearnos a todos con ese juego de infiltraciones y planes secretos y que Oliver nos desesperara.
Tampoco ayudó que subieran a Felicity al carro de los reyes del drama, ni ese spin-off encubierto que suponías las tramas de Ray Palmer (que, encima, era repelente a más no poder) y que precisamente su serie hermana, The Flash, lograra ser emocional sin dejar de ser divertida, ligera y muy interesante (el juego que se trajeron con Harrison Wells fue un continuo WTF?! con el que te devanabas los sesos y encima el flow que tiene Tom Cavanagh era muy genial).
Por suerte, los guionistas tomaron buena nota de todo lo que les había fallado en el tramo final y, de cara a su cuarta temporada, decidieron introducir cambios. Lo están haciendo poco a poco, pero con buen pulso.
Arrow no ha dejado de ser oscura, diferenciándose así de las aventuras de Barry Allen y compañía que siguen siendo más ligeras (sólo hay que ver la actitud de cada ciudad hacia su héroe), pero ahora también tiene sentido del humor. Los personajes se divierten tanto como en The Flash a la hora de salvar a su ciudad, disfrutan con lo que hacen. Es Felicity quien desea volver y retomar su faceta de justicieros y es Oliver quien decide cambiar de actitud, ser algo más que un justiciero: convertirse en un icono, en esa esperanza que una ciudad tan decadente como Starling City necesita.
Y, de hecho, son precisamente ellos dos quienes le están dando un nuevo aire a Arrow, uno más relajado y disfrutable. Verlos juntos es beneficioso para la serie, por lo que no dejo de preguntarme cómo pudieron retrasarlo tanto (y de formas tan estúpidas).
No sólo hacen un gran equipo, sino que ambos están contentos y se permiten el tener sentido del humor. Ha sido muy divertido ver a Oliver como cocinillas o las bromas de Felicity (genial cuando comenta que quiere un nombre en clave o como cuando les dice que se supone que Dig está más evolucionado que Oliver) y también ha sido muy bonito como se apoyan: Felicity está ahí para decirle a Oliver que puede ser mejor, mientras que él está ahí para recordarle a ella que puede hacer todo lo que se proponga, incluido salvar Palmer Tech.
Ahora mismo la pareja formada por ellos dos son el corazón de Arrow, el centro del equipo y los que mantienen a los demás en equilibrio: Felicity es la que logra que Diggle se olvide de sus intensidades varias, mientras que Oliver es quien hace que todos se den cuenta de que Thea no está bien.
Que, por cierto, manda narices que Thea ande desatada, cual Demonio de Tasmania, y no sólo tenga que volver Oliver para darse cuenta, sino que encima tardan en creerle. También manda narices que le hagan volver porque le necesitan y la única que no le dé por saco es Laurel, sobre todo porque la actitud de Oliver ha cambiado para bien, lo que es de agradecer para el espectador. Oliver ya no cree que debe hacer todo solo, que el peso del mundo descarga únicamente sobre su espalda y, aunque claramente ejerce de líder, no pone su opinión por encima de los demás.
De hecho es ese cambio de actitud, el que sólo intente ayudar y se mueva respetando los deseos de todos el que hace que mi odio hacia Diggle y el capitán Lance no conozca límites. Ahora que Diggle ha hecho las paces con él, me imagino que se olvidará de tratarlo a patadas, pero a mí no se me olvidan las lindezas que le ha estado dedicando, a destacar ese momento en que básicamente le dice que no tiene alma, ni corazón ni nada. WTF?! Si pudiera, les pateaba el culo a ambos dos, por gilipollas, intensos y porculeros.
Pero, bueno, por suerte sólo son dos personajes que resultan desagradables, ya que el resto, al menos de momento, están llevando un buen camino. La nueva incorporación, Curtis, es simpático y funciona muy bien con Felicity, mientras que están haciendo un buen uso de Malcolm al no meterlo con calzador. Malcolm funciona mejor en pequeñas dosis, sobre todo porque no les obliga a buscar motivos rocambolescos para mantenerlo con vida y, encima, como nuevo Pepe ofrece a los guionistas un montón de posibilidades.
Sobre todo cuando, poco a poco, están introduciendo la magia en el mundo de Arrow.
Comenzó con la resurrección de Thea en El pozo de Lázaro y ha sido un buen catalizador, ya que, por un lado, tenemos a Thea lidiando con una maldición (o mata o acabará volviéndose loca) y, por otro, han tenido la excusa perfecta para recuperar a Sara. Seguramente la decisión de Laurel le explote en la cara, pero creo que es muy humano que intente salvar a Sara, a pesar de que todo apunte a que es una muy mala idea.
Desde la muerte de Sara, el mundo particular de Laurel se ha reducido a ella (encontrar a su asesino, vengarla, honorarla al continuar su legado) y por eso no es de extrañar que la quiera de vuelta. Sobre todo si tenemos en cuenta lo mal que la está tratando su propio padre, de nuevo a raíz de la muerte de su hermana. Por eso, es natural que Laurel haga lo que sea para volver a reunir a su familia, recuperar lo que perdió.
Habrá que ver cómo desarrollan ahora esa parte de Nanda Parbat, con Sara pareciendo más una bestia que otra cosa, Thea con la espada de Damocles de la locura sobre ella y Nyssa declarándole tanto la guerra a Malcolm como en menor medida a Laurel. Por cierto, ha sido muy inteligente por parte de los guionistas el destruir El pozo de Lázaro, pues con él corrían el riesgo de terminar convertidos en The vampire diaries donde la muerte ha perdido tanto su importancia como su dramatismo porque nunca es permanente. Una cosa es que se salve a Thea en extremis y se resucite a Sara, ambas con terribles consecuencias, otra muy distinta es que cualquiera pueda volver de la muerte.
Porque si fuera así, no habría tensión y ni el flashfoward que cerró el primer episodio de temporada, ni ese villano tan genial que han traído servirían para nada.
Hay que ver, por cierto, el gran acierto que ha sido Damien Darhk. Quizás, por el momento, no tiene ninguna conexión emocional con nadie (aunque yo no descarto que sea el padre de Felicity como se viene rumoreando desde que empezaron a hablar de él en la serie), pero tampoco lo necesita porque hay que ver cómo acojona.
Neal McDonough puede ser muy perturbador y aquí lo es. Tiene presencia, es frío y controlado y, sobre todo, puede usar magia. ¿Cómo van a vencerle si él puede parar sus ataques? Es una de las preguntas que lleva flotando en la serie desde el inicio de temporada y que se va acentuando a medida que sabemos más de él. Damien Darhk es peligroso, asusta al más pintado (el metahumano del tercer episodio prácticamente sale corriendo de Starling City porque le tiene miedo) y es un jodido misterio, ya que sabemos pocas cosas de él. De hecho, por no saber, no sabemos ni qué diantres quiere con exactitud, ni cómo ha conseguido que Lance colabore con él. Mi teoría es que le prometió resucitar a Sara, pero es más una corazonada que otra cosa.
Al igual que no sabemos qué nombre habrá en la lápida frente a la que Barry encuentra a Oliver en el flashfoward del primer episodio. Menudo final de episodio, por cierto, ni una patada en el cielo de la boca.
Yo estaba tan feliz viendo el episodio, sale esa escena y me quedé:
Sé que lo más obvio es pensar que se trata de Felicity, pero sinceramente las actitudes tanto de uno como de otro me hacen pensar que no es ella. Si Felicity hubiera muerto, los dos estarían hechos mierdecilla y, de hecho, Barry parece más preocupado por Oliver que afectado por la pérdida. Por eso, voy a concentrarme en que es el capitán Lance, ya que le odio mucho y celebraría su muerte con fuegos artificiales.
Sólo llevamos tres episodios de la cuarta temporada, pero de momento está funcionando mucho mejor que la anterior. Es divertida, entretenida, emocionante y se agradece muchísimo el que la gran mayoría de personajes no sean intensamente repelentes como ocurría el año pasado. Esperemos que sigan así porque, en serio, Arrow está molando mucho de nuevo.
Y, encima, en unas semanas aparece Constantine, algo que estoy deseando ver. De hecho, no me importaría que lo dejaran fijo en la serie porque estoy muy enamorada de Matt Ryan y andamos un poco cortos de chicos. En serio, ahora mismo Thea y Laurel o se pegan por Nyssa o no veo ningún otro ship posible, salvo que hagan parejas entre series como ocurre con las Chicago (Laurel y Cisco molarían... creo que shippeo a Laurel hasta con el helecho del amor, tengo un serio problema, xD).
Ay, Matt Ryan n_n
lunes, 26 de octubre de 2015
La luna del leopardo
Pues poquito a poco me voy haciendo con las novelas de las dos sagas largas que estoy siguiendo en este momento: Mundodisco de Terry Pratchett (más que larga, es eterna, pero ahí voy poquito a poco) y la de Psi/Cambiantes de Nalini Singh. Las tres primeras partes (La noche del cazador, La noche del jaguar y Caricias de hielo) ya he reseñado y hoy le toca el turno a la siguiente novela, La luna del leopardo.
Uno de los centinelas de los DarkRiver, Clay, siendo muy joven se vio impulsado a matar a un hombre al saber que éste abusaba de su hijastra, una niña llamada Tally, que era la mejor amiga de Clay. Ese acto hizo que Clay acabara en un correccional, lo que, junto a la noticia que Tally había muerto, hizo que una vez libre, fuera más leopardo que hombre hasta el punto de que está a un paso de convertirse en un renegado, un cambiante que decide quedarse para siempre en su forma animal.
Sin embargo, de pronto Tally vuelve a irrumpir en su vida. Tras una infancia tan traumática como dolorosa, Tally decidió hacer creer a Clay que estaba muerta para que no tuvieran que verse más, ya que no dejaba de recordar cómo él mató a su padrastro, algo que la traumatizó aún más. Ya de adulta, Tally es una trabajadora social contratada por una poderosa empresa para ayudar a niños con talento que no viven en buenas condiciones. Cuando uno de sus niños desaparece, descubre que no es el primero y que la mayoría han aparecido muertos. Para encontrarle y salvar su vida, Tally recurre a Clay, la única persona en la que puede confiar y que le puede ayudar de verdad.
Como veis el punto de partida es mucho más complicado que en otras historias de la autora. Clay y Tally tienen una historia en común, una truculenta donde ambos han cometido errores, pero que también fue lo mejor que tuvieron los dos. Así, se inicia una dinámica compleja entre ambos en la que deben lidiar con el pasado, el presente y las consecuencias de sus actos.
Y precisamente es eso último lo que hace que sea una historia diferente. Ambos tienen en mente al niño que fue el otro, la relación que tenían, pero en el presente ambos han crecido sin verse y, en parte, son un par de extraños. Así que no sólo deben conocerse de nuevo, sino que tienen ciertos asuntos que tratar. Personalmente me gustó el hecho de que los dos creyeran que actuaran de la mejor manera, pero se les acabe volviendo en su contra: Clay quiere salvar a Tally de los abusos y lo que logra es traumatizarla al mostrarle al leopardo furioso que lleva dentro, mientras que Tally sólo quiere estar mejor y acaba hiriendo a Clay.
No hay ni víctima ni verdugo, sino que se pueden comprender a ambos personajes. Eso sí, a mí personalmente me cogió un poco el cogerle el punto a Tally. Durante el principio de la historia, aunque entendía por qué actuaba de manera tan errática (quiere confiar en Clay, es ella la que acude a él, pero no logra superar el haberle visto matar a su padrastro), me cansaba un poco su actitud, sobre todo cuando seguía poniéndose en plan “no me quiere nadie”. No obstante, a medida que avanza la historia, se le acaba cogiendo mucho cariño.
De hecho, es ese viaje que hacen ambos, tanto por separados como juntos, lo que hace que La luna del leopardo sea distinta (más oscura, más brutal), pero también muy bonita. No sólo deben perdonarse y volver a conocerse, sino que, además, Tally debe superar el trauma que arrastra y Clay abrazar su humanidad de una vez.
Además de la historia de amor, volvemos a tener una parte de thriller que, como siempre, está muy bien llevada y que Nalini Singh utiliza para aumentar su universo particular. En esta entrega no sólo volvemos a ver a personajes ya conocidos, sino que conocemos a otros nuevos y también nuevos aspectos de este complicado mundo. Tally es humana, lo que sirve para profundizar más en la tercera raza que, hasta el momento, había pasado desapercibida en las novelas. También seguimos viendo lo que el terrible Consejo Psi sigue haciendo y hasta nos presentan la pareja que va a protagonizar la siguiente entrega.
Vamos, que La luna del leopardo es una novela muy, muy completa: no sólo tiene una historia de amor tan complicada como bonita, sino que tiene una trama de desaparición muy bien llevada y, de paso, conocemos nuevos aspectos del mundo de los Psi/Cambiantes.
El próximo lunes literario estará dedicado a... La sonrisa del diablo de Annelie Wendeberg.
Uno de los centinelas de los DarkRiver, Clay, siendo muy joven se vio impulsado a matar a un hombre al saber que éste abusaba de su hijastra, una niña llamada Tally, que era la mejor amiga de Clay. Ese acto hizo que Clay acabara en un correccional, lo que, junto a la noticia que Tally había muerto, hizo que una vez libre, fuera más leopardo que hombre hasta el punto de que está a un paso de convertirse en un renegado, un cambiante que decide quedarse para siempre en su forma animal.
Sin embargo, de pronto Tally vuelve a irrumpir en su vida. Tras una infancia tan traumática como dolorosa, Tally decidió hacer creer a Clay que estaba muerta para que no tuvieran que verse más, ya que no dejaba de recordar cómo él mató a su padrastro, algo que la traumatizó aún más. Ya de adulta, Tally es una trabajadora social contratada por una poderosa empresa para ayudar a niños con talento que no viven en buenas condiciones. Cuando uno de sus niños desaparece, descubre que no es el primero y que la mayoría han aparecido muertos. Para encontrarle y salvar su vida, Tally recurre a Clay, la única persona en la que puede confiar y que le puede ayudar de verdad.
Como veis el punto de partida es mucho más complicado que en otras historias de la autora. Clay y Tally tienen una historia en común, una truculenta donde ambos han cometido errores, pero que también fue lo mejor que tuvieron los dos. Así, se inicia una dinámica compleja entre ambos en la que deben lidiar con el pasado, el presente y las consecuencias de sus actos.
Y precisamente es eso último lo que hace que sea una historia diferente. Ambos tienen en mente al niño que fue el otro, la relación que tenían, pero en el presente ambos han crecido sin verse y, en parte, son un par de extraños. Así que no sólo deben conocerse de nuevo, sino que tienen ciertos asuntos que tratar. Personalmente me gustó el hecho de que los dos creyeran que actuaran de la mejor manera, pero se les acabe volviendo en su contra: Clay quiere salvar a Tally de los abusos y lo que logra es traumatizarla al mostrarle al leopardo furioso que lleva dentro, mientras que Tally sólo quiere estar mejor y acaba hiriendo a Clay.
No hay ni víctima ni verdugo, sino que se pueden comprender a ambos personajes. Eso sí, a mí personalmente me cogió un poco el cogerle el punto a Tally. Durante el principio de la historia, aunque entendía por qué actuaba de manera tan errática (quiere confiar en Clay, es ella la que acude a él, pero no logra superar el haberle visto matar a su padrastro), me cansaba un poco su actitud, sobre todo cuando seguía poniéndose en plan “no me quiere nadie”. No obstante, a medida que avanza la historia, se le acaba cogiendo mucho cariño.
De hecho, es ese viaje que hacen ambos, tanto por separados como juntos, lo que hace que La luna del leopardo sea distinta (más oscura, más brutal), pero también muy bonita. No sólo deben perdonarse y volver a conocerse, sino que, además, Tally debe superar el trauma que arrastra y Clay abrazar su humanidad de una vez.
Además de la historia de amor, volvemos a tener una parte de thriller que, como siempre, está muy bien llevada y que Nalini Singh utiliza para aumentar su universo particular. En esta entrega no sólo volvemos a ver a personajes ya conocidos, sino que conocemos a otros nuevos y también nuevos aspectos de este complicado mundo. Tally es humana, lo que sirve para profundizar más en la tercera raza que, hasta el momento, había pasado desapercibida en las novelas. También seguimos viendo lo que el terrible Consejo Psi sigue haciendo y hasta nos presentan la pareja que va a protagonizar la siguiente entrega.
Vamos, que La luna del leopardo es una novela muy, muy completa: no sólo tiene una historia de amor tan complicada como bonita, sino que tiene una trama de desaparición muy bien llevada y, de paso, conocemos nuevos aspectos del mundo de los Psi/Cambiantes.
El próximo lunes literario estará dedicado a... La sonrisa del diablo de Annelie Wendeberg.
viernes, 23 de octubre de 2015
Corrientes del tiempo: Capítulo 8
Ya es viernes, el fin de semana está aquí y para celebrarlo qué mejor que leer un nuevo capítulo de Corrientes del tiempo (recordemos, la tercera parte de la saga Cuatro damas) porque, sí, tranquilos, no se me ha pasado. Así que, nada, me dejo de daros el coñazo y os dejo con el octavo capítulo, Me he convertido en muerte.
Mientras Kenneth y él viajan a Londres para planear el robo en la torre Benavente, Álvaro no puede evitar recordar cómo terminó convertido en asesino, sobre todo porque sabe que, al otro lado del océano, la ceremonia de iniciación de Rubén está a punto de suceder.
Capítulo dedicado casi exclusivamente a Álvaro en el que por fin sabéis cómo y por qué se convirtió en asesino, una parte de la historia que estaba deseando que leyérais. Espero que os hayan gustado sus flashbacks (bueno, y el resto del capítulo) y, ya sabéis, si queréis comentar cualquier cosa, pues lo hacéis, que los comentarios me dan la vida.
En dos semanas, más.
Próximamente: Inesperado.
Mientras Kenneth y él viajan a Londres para planear el robo en la torre Benavente, Álvaro no puede evitar recordar cómo terminó convertido en asesino, sobre todo porque sabe que, al otro lado del océano, la ceremonia de iniciación de Rubén está a punto de suceder.
Capítulo dedicado casi exclusivamente a Álvaro en el que por fin sabéis cómo y por qué se convirtió en asesino, una parte de la historia que estaba deseando que leyérais. Espero que os hayan gustado sus flashbacks (bueno, y el resto del capítulo) y, ya sabéis, si queréis comentar cualquier cosa, pues lo hacéis, que los comentarios me dan la vida.
En dos semanas, más.
Próximamente: Inesperado.
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jueves, 22 de octubre de 2015
Limitless, toda una sorpresa
Hoy vengo a hablaros de la que ha sido, al menos para mí, la sorpresa seriéfila de la temporada. Por ejemplo, me imagina que The muppets molaría y así lo hace cada semana, pero no esperaba que esta serie fuera a gustarme tanto. Estoy hablando de Limitless, una especie de spin-off de la película del mismo título que protagonizó Bradley Cooper (que en España se tituló Sin límites, vamos, que está bien traducido, ¡milagro!)
De hecho, empecé a verla más que nada por su protagonista: Jake McDorman. Veréis, una de mis series favoritas (y a la que recuerdo con mucho cariño) es Greek y adoro a su reparto al completo, pero sobre todo al trío protagonista Scott Michael Foster (que pena que Blood and oil no sea nada del otro mundo, al igual que sus audiencias), Spencer Grammer (que salvo alguna aparición esporádica en Chicago PD hace un montón que no la veo) y Jake McDorman, que era capaz de humanizar al cretino de Evan y lograr que siempre tendiera a pasarle por alto ciertas cosas y le acaba perdonando.
Y precisamente es Jake McDorman lo que le está dando tanta vida a Limitless, aunque no lo único.
Pero vayamos en orden, porque quizás no sabéis de qué trata Limitless.
Brian Finch (Jake McDorman) es un músico un tanto desastroso y sin oficio ni beneficio, pero con buen corazón, que adora a su familia. Un día, su padre (Ron Rifkin) sufre un desmayo y el hombre acaba ingresado sin que nadie sepa qué le ocurre, algo que desespera a Brian, que intenta seguir con su vida. Así, se reencuentra con un viejo amigo suyo, que le da una pastilla que es una droga llamada NZT, que estimula el cerebro humano de tal manera que se puede usar todo su potencial.
Eso hace que Brian no sólo sea súper listo, sino que sea rápido y pueda hacer un montón de cosas molonas. En ese momento, su primer instinto es salvar a su padre y, de hecho, acaba descubriendo qué tiene. Sin embargo, la situación de su padre se complica aún más y Brian vuelve a buscar a su amigo para que le dé más NZT... pero se lo encuentra muerto. Como lo primordial es salvar a su padre, Brian busca más pastillas y así acaba convirtiéndose en el sospechoso del asesino.
Como es de esperar, todo se resuelve y la agente del FBI que lo ha perseguido, Rebecca Harris (Jennifer Carpenter) se da cuenta de su potencial y decide ficharlo como consultor. El problema es que el NZT resulta mortal y, de hecho, Brian sufre sus efectos secundarios... hasta que aparece el senador Eddie Morra (Bradley Cooper) y le ofrece una solución: le suministrará una inyección que lo protegerá de los efectos secundarios, por lo que podrá tomar tanto NZT como quiera, pero a cambio será su infiltrado en el FBI.
Como podéis deducir es un procedimental, pero es uno que está muy conseguido. En parte, porque es muy simpático y usa muy bien el sentido del humor, además de una estética curiosa (Brian habla consigo mismo para mostrar su imagen mental, hay un código de colores para que sepas si está bajo los efectos de la droga o no, incluso tiene detalles gráficos muy chulos en plan Jane the Virgin) y, sobre todo, tiene un gran protagonista.
Jake McDorman vende muy bien a su Brian Finch. Un hombre que es bueno, divertido, pero también una especie de Peter Pan, un niño perdido que no sabe qué hacer con su vida. Es muy agradable que, a pesar de todo, Brian se tome las cosas con humor y siempre tenga una sonrisa en los labios. Es un tío muy adorable y, en serio, es imposible no enamorarse de él.
Como partenaire de Brian tenemos a Rebecca, que es la agente del FBI con su propio caso a investigar: la muerte de su padre, que era drogadicto y sospecha que tomó NZT antes de morir. En los primeros episodios, Jennifer Carpenter está totalmente eclipsada por su compañero de faenas, pero a partir del tercer episodio se relaja muchísimo y tiene una relación muy mona con Brian. Se supone que no van a ir por el terreno romántico (lo dijeron los creadores en la Comic Con de Nueva York), pero espero que cambien de opinión porque los actores tienen muy buena química y puede molar mucho.
El resto de personajes todavía está un poco difuminado, aunque personalmente soy muy fan de Mike y Ike, los niñeros de Brian (que no se llaman así, es un mote que les ha puesto él), que tienen escenas grandiosas con él.
También me ha gustado que, a pesar de cumplir ciertos clichés del género (un miembro de la pareja es agente y el otro consultor, uno de los dos tiene un caso que no ha resuelto y es personal...), también intentan romper otros muchos. Por ejemplo, al principio el FBI no deja que vaya por ahí con Rebecca, haciendo trabajo de campo, sino que lo tienen en un despacho con su placa y su arma particular... que son la grapadora y el celo. En serio, soy muy fan. Encima es que tiene mucha lógico, lo raro es que un consultor cualquiera se pasee por ahí como si fuera un agente entrenado.
Otro aspecto que están llevando muy bien es la trama a largo plazo. En los cuatro episodios que he visto, no la han abandonado en ningún momento. Todavía, como es lógico, desconocemos cuáles son las intenciones del senador Morra, pero sí que estamos viendo cómo cerca al pobre Brian y como parece una amenaza constante, que sirve muy bien para mantener la tensión y para que Brian se quede callado.
Curiosamente, a diferencia de la mayoría de las series, Brian ha querido contar su secreto desde el principio, pero es el senador Morra quien con sus amenazas constantes lo ha impedido. Tan brutal como inquietante esa escena en la que el pobre Brian contrata a su padre, que es abogado (y se huele que algo pasa con su hijo), para contarle todo sin que ninguno está en peligro y entonces descubre que la enfermera de su padre es un esbirra de Morra.
No sé dónde desembocará todo esto, pero de momento está siendo muy interesante, sobre todo porque obliga a Brian a callar, lo que para él es una tortura. Pero, bueno, de momento Limitless está siendo divertida, entretenida y una de las series a las que más ganas tengo que ver. Eso sí, sólo le falta que mejoren un poco los casos, que de momento han sido muy obvios, aunque también es verdad que los usan con sabiduría para mostrar más de Brian y Rebecca y que su amistad se vaya fortaleciendo.
Vamos, que os recomiendo Limitless, que está muy bien y Jake McDorman es una monada que lo vale.
De hecho, empecé a verla más que nada por su protagonista: Jake McDorman. Veréis, una de mis series favoritas (y a la que recuerdo con mucho cariño) es Greek y adoro a su reparto al completo, pero sobre todo al trío protagonista Scott Michael Foster (que pena que Blood and oil no sea nada del otro mundo, al igual que sus audiencias), Spencer Grammer (que salvo alguna aparición esporádica en Chicago PD hace un montón que no la veo) y Jake McDorman, que era capaz de humanizar al cretino de Evan y lograr que siempre tendiera a pasarle por alto ciertas cosas y le acaba perdonando.
Y precisamente es Jake McDorman lo que le está dando tanta vida a Limitless, aunque no lo único.
Pero vayamos en orden, porque quizás no sabéis de qué trata Limitless.
Brian Finch (Jake McDorman) es un músico un tanto desastroso y sin oficio ni beneficio, pero con buen corazón, que adora a su familia. Un día, su padre (Ron Rifkin) sufre un desmayo y el hombre acaba ingresado sin que nadie sepa qué le ocurre, algo que desespera a Brian, que intenta seguir con su vida. Así, se reencuentra con un viejo amigo suyo, que le da una pastilla que es una droga llamada NZT, que estimula el cerebro humano de tal manera que se puede usar todo su potencial.
Eso hace que Brian no sólo sea súper listo, sino que sea rápido y pueda hacer un montón de cosas molonas. En ese momento, su primer instinto es salvar a su padre y, de hecho, acaba descubriendo qué tiene. Sin embargo, la situación de su padre se complica aún más y Brian vuelve a buscar a su amigo para que le dé más NZT... pero se lo encuentra muerto. Como lo primordial es salvar a su padre, Brian busca más pastillas y así acaba convirtiéndose en el sospechoso del asesino.
Como es de esperar, todo se resuelve y la agente del FBI que lo ha perseguido, Rebecca Harris (Jennifer Carpenter) se da cuenta de su potencial y decide ficharlo como consultor. El problema es que el NZT resulta mortal y, de hecho, Brian sufre sus efectos secundarios... hasta que aparece el senador Eddie Morra (Bradley Cooper) y le ofrece una solución: le suministrará una inyección que lo protegerá de los efectos secundarios, por lo que podrá tomar tanto NZT como quiera, pero a cambio será su infiltrado en el FBI.
Como podéis deducir es un procedimental, pero es uno que está muy conseguido. En parte, porque es muy simpático y usa muy bien el sentido del humor, además de una estética curiosa (Brian habla consigo mismo para mostrar su imagen mental, hay un código de colores para que sepas si está bajo los efectos de la droga o no, incluso tiene detalles gráficos muy chulos en plan Jane the Virgin) y, sobre todo, tiene un gran protagonista.
A mí es que estás tontás me molan mucho.
Jake McDorman vende muy bien a su Brian Finch. Un hombre que es bueno, divertido, pero también una especie de Peter Pan, un niño perdido que no sabe qué hacer con su vida. Es muy agradable que, a pesar de todo, Brian se tome las cosas con humor y siempre tenga una sonrisa en los labios. Es un tío muy adorable y, en serio, es imposible no enamorarse de él.
Como partenaire de Brian tenemos a Rebecca, que es la agente del FBI con su propio caso a investigar: la muerte de su padre, que era drogadicto y sospecha que tomó NZT antes de morir. En los primeros episodios, Jennifer Carpenter está totalmente eclipsada por su compañero de faenas, pero a partir del tercer episodio se relaja muchísimo y tiene una relación muy mona con Brian. Se supone que no van a ir por el terreno romántico (lo dijeron los creadores en la Comic Con de Nueva York), pero espero que cambien de opinión porque los actores tienen muy buena química y puede molar mucho.
El resto de personajes todavía está un poco difuminado, aunque personalmente soy muy fan de Mike y Ike, los niñeros de Brian (que no se llaman así, es un mote que les ha puesto él), que tienen escenas grandiosas con él.
También me ha gustado que, a pesar de cumplir ciertos clichés del género (un miembro de la pareja es agente y el otro consultor, uno de los dos tiene un caso que no ha resuelto y es personal...), también intentan romper otros muchos. Por ejemplo, al principio el FBI no deja que vaya por ahí con Rebecca, haciendo trabajo de campo, sino que lo tienen en un despacho con su placa y su arma particular... que son la grapadora y el celo. En serio, soy muy fan. Encima es que tiene mucha lógico, lo raro es que un consultor cualquiera se pasee por ahí como si fuera un agente entrenado.
Otro aspecto que están llevando muy bien es la trama a largo plazo. En los cuatro episodios que he visto, no la han abandonado en ningún momento. Todavía, como es lógico, desconocemos cuáles son las intenciones del senador Morra, pero sí que estamos viendo cómo cerca al pobre Brian y como parece una amenaza constante, que sirve muy bien para mantener la tensión y para que Brian se quede callado.
Curiosamente, a diferencia de la mayoría de las series, Brian ha querido contar su secreto desde el principio, pero es el senador Morra quien con sus amenazas constantes lo ha impedido. Tan brutal como inquietante esa escena en la que el pobre Brian contrata a su padre, que es abogado (y se huele que algo pasa con su hijo), para contarle todo sin que ninguno está en peligro y entonces descubre que la enfermera de su padre es un esbirra de Morra.
No sé dónde desembocará todo esto, pero de momento está siendo muy interesante, sobre todo porque obliga a Brian a callar, lo que para él es una tortura. Pero, bueno, de momento Limitless está siendo divertida, entretenida y una de las series a las que más ganas tengo que ver. Eso sí, sólo le falta que mejoren un poco los casos, que de momento han sido muy obvios, aunque también es verdad que los usan con sabiduría para mostrar más de Brian y Rebecca y que su amistad se vaya fortaleciendo.
Vamos, que os recomiendo Limitless, que está muy bien y Jake McDorman es una monada que lo vale.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Cambiad, cambiad, malditos
Estaba yo viendo el final de temporada de Young and hungry (todo un descubrimiento, es una comedia muy maja), cuando pasé por el típico ritual de querer pegarme un tiro a querer pegárselo a la protagonista por su comportamiento. No voy a entrar a quejarme de Gabi o de lo que ha pasado porque esta entrada no va sobre Young and hungry, sino sobre una cuestión que le pesa a varias series: la obsesión con anclarse a lo establecido, al status quo que se plantea al principio.
En varias series los guionistas se empeñan en darle vueltas a lo mismo una y otra vez o también en alargar situaciones porque en un principio funcionaban. En el caso de Young and hungry es la tensión sexual no resuelta entre los protagonistas, lo típico que sabes que se quieren y van a acabar juntos, pero no dan el paso por un motivo u otro.
El problema es que a medida que avanza la historia, el alargar una situación de ese tipo acaba siendo más y más pesado y también más y más absurdo. Llega un momento en que nada tiene sentido y acabas harto, pero harto de veras.
Y es que, a veces, parece que los guionistas toman al espectador por idiota, como si no supiéramos que van volviendo todo más rocambolesco para alargar esa situación que tan bien funcionaba al principio. Y, claro, eso acaba por desesperarte hasta límites insospechados y, entonces, más o menos acabas así:
Pensemos, por ejemplo, en Águila Roja. La serie de TVE está emitiendo actualmente su octava temporada y, personalmente, me parece que es mejor que la anterior, pero tampoco es que importe mucho porque está de capa caída. ¿Y eso por qué? Cierto es que el maltrato de la cadena a la hora de programarla no ha ayudado, pero principalmente se debe a que durante ocho temporadas no se han molestado en hacer ningún cambio.
Todos los personajes repetían los mismos patrones (Margarita era secuestrada, Gonzalo la salvaba; Gonzalo y Satur tenían las mismas discusiones sobre modernidad frente a fe, Alonso sólo le importa ser soldado y no ve nada más, algo así como un Amador de La que se avecina con ser un vividor follador, y así un largo etcétera) y nada cambiaba en las relaciones: el amor imposible no se consumía, cada vez por motivos más absurdos, mientras que los secretos no se revelaban ni habiendo motivos para ello o la historia no avanzaba precisamente por ese lastre que era no tocar nada, no cambiar el status quo establecido en la segunda temporada, la única que se molestó en incorporar novedades y cambios.
Es ahora en su octava temporada cuando, por fin, están empezando a cambiar las cosas, pero es tarde porque la audiencia la ha abandonado a la bestia y se lo han buscado.
Algo así le está sucediendo a Velvet, que no está siendo el pelotazo de otras temporadas. Es verdad que Antena 3 tiene una especie de maldición con las terceras temporadas de sus series, pero también que está siendo una temporada muy pesada. Todo lo interesante que está siendo el arco de Cristina (que, por mucho que los guionistas se empeñen en ponerla de mala, es víctima) y el de Patricia (insospechado, pero maravilloso, el que la junten con Jonás), no lo está siendo el resto. Sí, hay amenazas a la vista (Oxford, principalmente), pero no se pueden tomar en serio, ya que en Velvet nada cambia.
Empezando por la que era la pareja explosiva de la serie y que ahora sencillamente parece un fantasma de lo que fue. ¿Cuántas veces van a romper Clara y Mateo por el mismo motivo para volver después? ¿Cuántas? Porque esto ya empieza a ser una tomadura de pelo, al igual que otras situaciones que se repiten una y otra y otra vez: los primos Infantes liándola, Alberto despreciando a su hermana que vale mil veces más que él...
Es como estar viendo Glee otra vez.
Porque Glee era otra serie circular, una especie de día de la marmota seriéfila, como Velvet, pero más bestia aún. Las tramas de Glee (al menos durante las cuatro primeras temporadas, que es lo que vi) se repetían constantemente. Siempre ocurría lo mismo, hasta cuando cambiaron de generación. Los nuevos repetían los patrones de los viejos, siendo prácticamente los mismos personajes con otras caras.
Y, a ver, yo entiendo que si algo funciona, dé miedo tocarlo, pero todo tiene un límite y el secreto reside en saber cuándo parar, en elegir el momento adecuado.
Por ejemplo, Castle lidió bastante bien con la tensión sexual no resuelta entre sus dos protagonistas y no la alargó demasiado, pues Rick se declaró al final de la tercera y Kate dio en paso en el final de la cuarta. Si lo comparamos, por ejemplo, con Bones no es nada. Eso sí, al menos en estas dos series los personajes no te caían mal como consecuencia de las absurdeces de mantener la tensión sexual no resuelta, porque es algo en lo que es muy fácil caer: Woody de Crossing Jordan tuvo una etapa horribilis por ese motivo, Oliver y Felicity estaban insoportables en la tercera de Arrow para evitar que no estuvieran juntos y ahora mismo Gabi de Young and hungry es ahostiable a más no poder porque la usan para mantener la situación como estaba.
Otra que se manejó perfectamente en estos términos es Chuck. Durante dos temporadas sí que se basó en ciertos hechos (nadie conocía el secreto de Chuck, lo que le traía unos cuantos quebraderos de cabeza, y éste mantenía la tensión sexual con Sarah), pero a partir de la tercera se esforzaron en cambiar las reglas del juego una y otra vez, logrando que fuera una serie muy dinámica y que no se estancara, lo que también lograba otra ventaja: era impredecible.
De hecho, hay unas cuantas series que demuestran que eso de renovarse o morir es lo mejor en una serie. En Grimm, por ejemplo, también van haciendo evolucionar las relaciones (a pesar de que la fuerte amistad entre los protagonistas siempre predomina) y no tienen miedo de cambiar el status quo en general, sobre todo mostrando las consecuencias de los actos de los personajes. Quiero decir, si comparamos el último episodio emitido con cualquiera de la primera temporada, alucinamos con lo mucho que ha evolucionado todo y lo bestias que son a veces los guionistas.
Es precisamente eso lo que logra que estés en tensión, que te preocupes por los protagonistas, ya que tienes esa sensación de que les puede ocurrir cualquier cosa. No es como, por ejemplo en Once upon a time o The vampire diaries, donde todo siempre sigue igual. De hecho, en Mystic Falls la muerte ya no importa nada, porque todos vuelven, así que ya no queda dramatismo. ¿Qué un personaje muere? Psh, qué más da si lo van a traer de vuelta.
Porque, por ejemplo, ¿cuántas veces ha vuelto Bonnie del reino de los muertos? Pues eso.
Bueno, he dicho a Bonnie porque creo que tiene el record, pero si no me falla la memoria todos han muerto en Mystic Falls y están de vuelta: Alaric, Stefan, Damon, Jeremy, Matt... Vamos, que ahora mismo cuando muere alguien o quieren que estés en tensión por un personaje, acabas reaccionando así a pesar de los intentos de los guionistas:
Cierto es que hay algunas series que pueden sobrevivir sin cambiar demasiado las situaciones y que, aún así, siguen resultando de lo más simpáticas (los cambios en Leverage, por ejemplo, fueron nimios, pero es una serie estupenda de principio a fin), pero son las menos. De hecho, por lo general el renovar tramas suele ayudar a que la serie avance y muchas veces mejore (Agents of Shield ganó enteros con los cambios a lo largo de su primera temporada o la estupenda tercera temporada que nos están dando en Sleepy Hollow, por ejemplo).
Así que, señores guionistas, por favor, arriesgaos un poco, antes de que tengáis un Águila Roja en las manos y, de pronto, vuestra serie no interese a nadie por cansinos porque es espectador no es idiota, tiene experiencia en serie y se conoce vuestros trucos ya.
Y dicho lo cual, así, para acabar: ¿cuándo narices se dejan de tonterías en Young and hungry y lían a los protagonistas de una vez? ¡Apuf!
En varias series los guionistas se empeñan en darle vueltas a lo mismo una y otra vez o también en alargar situaciones porque en un principio funcionaban. En el caso de Young and hungry es la tensión sexual no resuelta entre los protagonistas, lo típico que sabes que se quieren y van a acabar juntos, pero no dan el paso por un motivo u otro.
Los responsables de que esté escribiendo esto: Gabi y Josh de Young and hungry.
El problema es que a medida que avanza la historia, el alargar una situación de ese tipo acaba siendo más y más pesado y también más y más absurdo. Llega un momento en que nada tiene sentido y acabas harto, pero harto de veras.
Y es que, a veces, parece que los guionistas toman al espectador por idiota, como si no supiéramos que van volviendo todo más rocambolesco para alargar esa situación que tan bien funcionaba al principio. Y, claro, eso acaba por desesperarte hasta límites insospechados y, entonces, más o menos acabas así:
Pensemos, por ejemplo, en Águila Roja. La serie de TVE está emitiendo actualmente su octava temporada y, personalmente, me parece que es mejor que la anterior, pero tampoco es que importe mucho porque está de capa caída. ¿Y eso por qué? Cierto es que el maltrato de la cadena a la hora de programarla no ha ayudado, pero principalmente se debe a que durante ocho temporadas no se han molestado en hacer ningún cambio.
Todos los personajes repetían los mismos patrones (Margarita era secuestrada, Gonzalo la salvaba; Gonzalo y Satur tenían las mismas discusiones sobre modernidad frente a fe, Alonso sólo le importa ser soldado y no ve nada más, algo así como un Amador de La que se avecina con ser un vividor follador, y así un largo etcétera) y nada cambiaba en las relaciones: el amor imposible no se consumía, cada vez por motivos más absurdos, mientras que los secretos no se revelaban ni habiendo motivos para ello o la historia no avanzaba precisamente por ese lastre que era no tocar nada, no cambiar el status quo establecido en la segunda temporada, la única que se molestó en incorporar novedades y cambios.
Es ahora en su octava temporada cuando, por fin, están empezando a cambiar las cosas, pero es tarde porque la audiencia la ha abandonado a la bestia y se lo han buscado.
Algo así le está sucediendo a Velvet, que no está siendo el pelotazo de otras temporadas. Es verdad que Antena 3 tiene una especie de maldición con las terceras temporadas de sus series, pero también que está siendo una temporada muy pesada. Todo lo interesante que está siendo el arco de Cristina (que, por mucho que los guionistas se empeñen en ponerla de mala, es víctima) y el de Patricia (insospechado, pero maravilloso, el que la junten con Jonás), no lo está siendo el resto. Sí, hay amenazas a la vista (Oxford, principalmente), pero no se pueden tomar en serio, ya que en Velvet nada cambia.
Bárbara: Mira, Cris, cari, al final somos lo mejor de la temporada, ju, ju, ju.
Empezando por la que era la pareja explosiva de la serie y que ahora sencillamente parece un fantasma de lo que fue. ¿Cuántas veces van a romper Clara y Mateo por el mismo motivo para volver después? ¿Cuántas? Porque esto ya empieza a ser una tomadura de pelo, al igual que otras situaciones que se repiten una y otra y otra vez: los primos Infantes liándola, Alberto despreciando a su hermana que vale mil veces más que él...
Es como estar viendo Glee otra vez.
Porque Glee era otra serie circular, una especie de día de la marmota seriéfila, como Velvet, pero más bestia aún. Las tramas de Glee (al menos durante las cuatro primeras temporadas, que es lo que vi) se repetían constantemente. Siempre ocurría lo mismo, hasta cuando cambiaron de generación. Los nuevos repetían los patrones de los viejos, siendo prácticamente los mismos personajes con otras caras.
Y, a ver, yo entiendo que si algo funciona, dé miedo tocarlo, pero todo tiene un límite y el secreto reside en saber cuándo parar, en elegir el momento adecuado.
Por ejemplo, Castle lidió bastante bien con la tensión sexual no resuelta entre sus dos protagonistas y no la alargó demasiado, pues Rick se declaró al final de la tercera y Kate dio en paso en el final de la cuarta. Si lo comparamos, por ejemplo, con Bones no es nada. Eso sí, al menos en estas dos series los personajes no te caían mal como consecuencia de las absurdeces de mantener la tensión sexual no resuelta, porque es algo en lo que es muy fácil caer: Woody de Crossing Jordan tuvo una etapa horribilis por ese motivo, Oliver y Felicity estaban insoportables en la tercera de Arrow para evitar que no estuvieran juntos y ahora mismo Gabi de Young and hungry es ahostiable a más no poder porque la usan para mantener la situación como estaba.
Otra que se manejó perfectamente en estos términos es Chuck. Durante dos temporadas sí que se basó en ciertos hechos (nadie conocía el secreto de Chuck, lo que le traía unos cuantos quebraderos de cabeza, y éste mantenía la tensión sexual con Sarah), pero a partir de la tercera se esforzaron en cambiar las reglas del juego una y otra vez, logrando que fuera una serie muy dinámica y que no se estancara, lo que también lograba otra ventaja: era impredecible.
De hecho, hay unas cuantas series que demuestran que eso de renovarse o morir es lo mejor en una serie. En Grimm, por ejemplo, también van haciendo evolucionar las relaciones (a pesar de que la fuerte amistad entre los protagonistas siempre predomina) y no tienen miedo de cambiar el status quo en general, sobre todo mostrando las consecuencias de los actos de los personajes. Quiero decir, si comparamos el último episodio emitido con cualquiera de la primera temporada, alucinamos con lo mucho que ha evolucionado todo y lo bestias que son a veces los guionistas.
Me encanta esta foto y no he podido resistirme.
Es precisamente eso lo que logra que estés en tensión, que te preocupes por los protagonistas, ya que tienes esa sensación de que les puede ocurrir cualquier cosa. No es como, por ejemplo en Once upon a time o The vampire diaries, donde todo siempre sigue igual. De hecho, en Mystic Falls la muerte ya no importa nada, porque todos vuelven, así que ya no queda dramatismo. ¿Qué un personaje muere? Psh, qué más da si lo van a traer de vuelta.
Porque, por ejemplo, ¿cuántas veces ha vuelto Bonnie del reino de los muertos? Pues eso.
Bueno, he dicho a Bonnie porque creo que tiene el record, pero si no me falla la memoria todos han muerto en Mystic Falls y están de vuelta: Alaric, Stefan, Damon, Jeremy, Matt... Vamos, que ahora mismo cuando muere alguien o quieren que estés en tensión por un personaje, acabas reaccionando así a pesar de los intentos de los guionistas:
Cierto es que hay algunas series que pueden sobrevivir sin cambiar demasiado las situaciones y que, aún así, siguen resultando de lo más simpáticas (los cambios en Leverage, por ejemplo, fueron nimios, pero es una serie estupenda de principio a fin), pero son las menos. De hecho, por lo general el renovar tramas suele ayudar a que la serie avance y muchas veces mejore (Agents of Shield ganó enteros con los cambios a lo largo de su primera temporada o la estupenda tercera temporada que nos están dando en Sleepy Hollow, por ejemplo).
Así que, señores guionistas, por favor, arriesgaos un poco, antes de que tengáis un Águila Roja en las manos y, de pronto, vuestra serie no interese a nadie por cansinos porque es espectador no es idiota, tiene experiencia en serie y se conoce vuestros trucos ya.
Y dicho lo cual, así, para acabar: ¿cuándo narices se dejan de tonterías en Young and hungry y lían a los protagonistas de una vez? ¡Apuf!
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