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jueves, 6 de julio de 2017

La estupidez de Iron Fist y otros defectos

Después de ver (y obviamente disfrutar) las desventuras de Matt Murdock y Jessica Jones en sus respectivas series, estaba deseando ver qué hacían con su otros dos superhéroes: Luke Cage y Danny Rand. Los dos habían tenido una colección menor, pero muy entretenida, conocida como Héroes de alquiler, así que esperaba que tiraran por ahí, sobre todo al saber que tanto Misty Knight como Colleen Wing iban a aparecer en dichas series.

Bueno, pues mi gozo en un pozo. Y es que Luke Cage tuvo un arranque demasiado denso, aunque Misty fue grandeza y El Giro (sí, con mayúsculas) de mitad de temporada le dio la vida e hizo que todo mereciera la pena. Sin embargo, meses después llegó Iron Fist. Puño de hierro en los cómics españoles.


Más bien Truño de hierro.

Porque, sí, seamos honestos, Iron Fist es un truñete. Hala, ya lo he dicho. Ojo, notad que lo he dicho como con diminutivo, porque se le coge cierto cariño pese a que es desesperante a más no poder y tiene más fallos que si yo ahora hiciera un examen de chino.


Iron Fist arranca con el advenimiento de Danny Rand a Nueva York, tras pasar años en unas montañas místicas, entrenándose para convertirse en el Iron Fist, un guardián místico que da hostias como panes y usa su chi para hacer varias cosas, entre ellos brillar como un Gusiluz. La cuestión es que Danny no se marchó voluntariamente, sino que, siendo niño, sufrió un accidente de avión en el que sus padres murieron. Así que, claro, a ojos de la sociedad, Danny Rand está muerto y, cuando él quiere recuperar su antigua vida, pues no lo tiene precisamente fácil, sobre todo porque los que recordaba sus amigos (los hermanos Joy y Ward Mitchum) no están dispuestos a soltar la empresa que su padre compartía con el señor Rand.

Y ahora, si no la habéis visto, pensaréis: eh, un momento, es una serie de superhéroes con un pavo que es la leche en las artes marciales, ¿dónde está la gran amenaza? ¿Dónde está ese malo que debe enfrentarse al héroe?

Pues... digamos que no hay.


A ver, entremos más en detalle. Daredevil se enfrentaba primero a Kingpin y luego a La mano, mientras Jessica Jones hacía frente a Kilgrave y Luke Cage se las veía con varios personajes que claramente se oponía a él. Es decir, además de construirnos a los héroes, se desarrollaban a los villanos y la batalla entre ellos, que normalmente tenía consecuencias muy personales para ellos (siendo el enfrentamiento entre Jessica y Kilgrave el mejor ejemplo de ello). Eso permitía que la historia se centrase y que el enfrentamiento interesara al espectador.

Bien, eso no ocurre en Iron Fist. Y es, en mi opinión, uno de los fallos más garrafales que tiene la serie. La trama está desdibujada, no tiene un rumbo fijo, sino que da coletazos, mientras los conflictos se alargan artificiosamente, debido a que el noventa por ciento de los personajes son tontos del culo. Danny no tiene un enemigo definido, no tiene nada a lo que enfrentarse y lo peor del caso es que el Iron Fist es el enemigo declarado de La mano... que sabemos que está en Nueva York gracias a la segunda temporada de Daredevil, donde funcionaban muy bien como villanos (son súper inquietantes) y donde te cuentan que tienen un súper plan malvado. ¿Utilizan eso como excusa para el regreso de Danny Rand? No, qué va, Danny ni siquiera sabe qué mierdas es La mano y se lo tiene que explicar un personaje secundario.

A día de hoy sigo alucinando con el desaprovechamiento de este tema. Joder, La mano son un grupo de ninjas chunguísimos que resucitan y dan miedito. ¿Por qué no enfrentar a Danny desde el principio con ellos e ir preparando el terreno para The defenders, que llega este agosto? ¿Por qué?

En su lugar, se pierden en mierdas sin sentido, sosas a más no poder, que hacen que esa Mano oscura y tétrica de Daredevil parezca un puto partido político con problemas internos. A ver, en serio, ¿a quién se le ocurrió esta gran idea? ¿A quién? ¿Cogieron a un becario de fiesta para escribir la serie o qué?

Madame Gao vuelve a Netflix... y resulta que es la Susana Díaz de La Mano.

Snape, yo nunca te mentiría... aunque sólo sea porque tienes Veritaserum.

Y es que no sólo la trama está completamente desdibujada y carece de emoción o de mínima coherencia, sino que el gran recurso de los guionistas para alargar los problemas y que la temporada dure trece episodios es escribir una galería de personajes que parecen competir entre ellos por ser el más idiota de la ciudad. Empezando por un Danny Rand que parece mentira que creciera en un ambiente relativamente hostil para convertirse en el Iron Fist. Comprendo que decidieran hacer un personaje inocente, era una buena forma de desmarcarse de sus otros tres compañeros en The Defenders que viven torturados por su pasado. Además, Finn Jones vende muy bien esa inocencia de niño. Pero, ojo, una cosa es la inocencia y la otra la estupidez. En trece episodios no tiene ni un solo momento en que puedas pensar que Danny Rand tiene alguna neurona en su cabecita rubia y cae en todas las putas trampas que le ponen, que no son tampoco elaboradas.

Tampoco ayuda esa fe ciega que tiene en la familia Meachum, cuando no dejan de demostrarle que no son de fiar y que le apuñalan por la espalda a la primera. Se puede comprender que en un principio sea el único lazo de unión con su pasado y los vea desde la óptica del niño que fue, pero llega un momento en que sencillamente te desespera que siga cayendo en lo mismo una y otra y otra vez.

Aunque el dudable honor de ser el personaje no se lo lleva Danny, ya que al menos le coges cariño, sino que va para Joy Meachum, seguramente el personaje más insustancial de este universo Marvel.



Si algo he apreciado de estas series de superhéroes es que saldan la deuda pendiente de los personajes femeninos que tienen las películas de Marvel. No sólo nos regalaron a esa espléndida Jessica Jones, sino que se han molestado en desarrollar a otras heroínas más secundarias y darles su propia entidad. Por ejemplo, puede que Karen Page sea el interés amoroso de Matt Murdock, además de una sencilla secretaria sin poderes, pero no queda reducida a ese cliché, sino que la desarrollan, tiene sus conflictos y su propia trama donde demuestra que, a su manera, es una superheroína. Y lo mismo se puede decir de Trish Walker y de Misty Knight.

Pero en Iron Fist se limitan a presentarnos a un personaje sin personalidad, que se mueve a bandazos precisamente por eso y que no tiene ni un mísero conflicto. Eso, por no hablar de lo sumamente irritante que es, además de una egoísta de mucho cuidado. Por suerte, lo hacen mejor con Colleen Wing, aunque tengo la sensación de que, en manos de otro guionista, Colleen habría sido mucho más remarcable. Incluso habrían llevado muchísimo mejor su relación con Danny (la de Trish y Will en Jessica Jones está mucho mejor llevada, incluso resultaba más romántica... hasta que pasa lo que pasa).

De hecho, es curioso que el único personaje con el que me quedo de Iron Fist es, quizás, el que es más prescindible y prácticamente inventado. Ward Meachum comienza la serie siendo un gilipollas avaricioso, pero luego es el único que tiene trasfondo, complejidad y que está en una situación comprometida, no porque sea idiota o porque sí, sino porque las circunstancias le obligan y le dan muy poco margen de actuación. Además, es el único que tiene una evolución y el cual va aprendiendo de todo lo que sucede, aunque tampoco le libra de actuar de forma estúpida a veces.


Ahora bien, pese a la cantidad de cagadas y lo desesperante que puede acabar resultando por tanta estupidez reunida, Iron Fist tiene varias cosas a su favor: el reparto, encabezado por Finn Jones, que consigue aguantar el tipo con semejante esperpento, y también el hecho de que, al menos, resulta entretenida. A diferencia de los primeros episodios de Luke Cage, no me costaba ponerme con ella, a pesar de que resoplaba casi continuamente.

A ver, no, en serio, ¿te encierran en un psiquiátrico porque pareces un loco y tu única actuación es repetir que eres el Iron Fist, un guerrero místico que controla su chi? Sí, claro, muy lógico todo.

No, en serio, no supero la tontería de esta serie.

De hecho, pronto nos llegará la reunión de los cuatro superhéroes en The Defenders y ya me veo que Danny va a ser la mascota del equipo, ese personaje tontito que sigue ahí porque los otros le tienen cariño. Es que, en serio, no me imagino como el Lerfist este va a encajar con los demás.

Y vosotros, ¿habéis visto Iron Fist? ¿Os gustó?

jueves, 3 de noviembre de 2016

Doctor Strange, Scott Derrickson, 2016

El lunes por la tarde por fin pude engañar a alguien para que me acompañara a ver Doctor Strange, que yo me moría de ganas de ver y al parecer estaba yo ahí sola con mis ganas. Pero, bueno, con el recurso del "te invito" una consigue milagros, así que me encaminé al cine de mi pueblo y flipé colorines porque tuvimos que hacer cola para comprar las entradas y luego para entrar. En serio, lo nunca visto en Calahorra, superó incluso al día que se estrenaron películas como En llamas o El retorno del rey.

Eso sí, en nuestra sala estuvimos bastante tranquilitos, pese a que había unos cuantos niños (que se acojonaron vivos los pobretes y sus padres tuvieron que irse sin terminar la peli), aunque a cambio decidieron poner la película tarde. Unos quince minutos después de la hora de inicio, se dignaron en ponernos los anuncios y luego los trailers y ya por fin empezó Doctor Strange (que para mí siempre será Doctor Extraño, ¿por qué no respetar los títulos de los cómics, eh? ¿Por qué? ¿No tuve bastante con el Silver Surfer en lugar de Estela plateada que, sí, suena más cursi, pero yo he crecido con eso y lo tengo tan asumido y adorado como el Mi música es tu voz) y me dejé llevar por ese recorrido tan maravillosamente psicodélico que es Doctor Strange.

Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) es uno de los mejores cirujanos que existen, algo que él sabe y que alimenta su enorme ego. Sin embargo, su perfecta vida da un giro de ciento ochenta grados cuando sufre un brutal accidente de coche que le destrozará las manos. Sin sus manos, sin ser ese cirujano de éxito, Strange se pierde a sí mismo y, en su desesperación por curarse, da con una posible solución en Nepal. Sin embargo, lo que encuentra ahí no es la cura a sus males, sino el descubrimiento de que la magia es real y de que no existe un único universo, sino un multiverso.


Pese a sus reticencias iniciales, Strange se convierte en alumno de La Anciana (Tilda Swinton) y no tarda en dominar las artes místicas, mientras La Anciana tiene sus propios problemas, ya que uno de sus alumnos, Kaecilius (Mads Mikkelsen), ha robado un hechizo que podría desencadenar la destrucción de la Tierra a manos del terrible ser Dormammu.

Como he dicho, le tenía muchas ganas a Doctor Strange, sobre todo porque es uno de mis personajes favoritos de los cómics, ya que siempre me ha gustado la vertiente mística de Marvel. Además, últimamente Marvel me ha sorprendido mucho (las dos últimas de Capitán América son una pasada) y le sienta bien el probar cosas diferentes.

¿Qué Doctor Strange es distinta al resto de películas Marvel? Pues, aunque es cierto que tiene su propia personalidad, no deja de ser una película de presentación del personaje. Sin embargo, eso no significa que sea una mala película, ya que no lo es; sencillamente, sigue la estructura que hemos visto antes, la del nacimiento del héroe, que básicamente sigue esa teoría de Joseph Campbell. Vamos, que el personaje es de una manera, algo ocurre que le saca de su zona de confort, vive la aventura y acaba convertido en héroe.

Hemos visto eso en multitud de películas y no sólo de Marvel o sólo de superhéroes en general, sino cualquier cinta de aventuras.


Eso sí, Doctor Strange se sostiene por sí sola como algo más que esa introducción al misticismo, ya que asienta pilares del universo cinematográfico, nos cuenta una aventura con unos buenos personajes y, de paso, sirve de nexo con otras películas, lo que no era de extrañar dado que aparece otra Gema del Infinito y que Dormammu es un personaje que, aunque es uno de los principales villanos de Doctor Extraño, se ha cruzado en el camino de personajes como Loki, el Capitán América, Bucky, Spiderman y una larga, larga lista.

De hecho, Doctor Strange es una película de orígenes en más de un sentido, ya que no sólo nos presentan a Stephen Strange o la magia, sino que también cuenta el origen de dos personajes que van a ser importantes en el futuro: Dormammu y Mordo. Quizás, éste último no está tan desarrollado y ejerce un poco de comparsa, pero sí que se toman el tiempo de explorarle y de presentar su conflicto con respecto a la magia.

Lo que también es lógico, pues la película no puede durar eternamente y era evidente que los guionistas querían centrarse sobre todo en Strange y La Anciana. Al fin y al cabo, él es el protagonista y ella un personaje que no sólo es magnético y complejo, sino que ejerce ese rol de maestra y guía de Strange, la que le hace ver cuál es su camino y le hace entender por qué es tan importante detener las amenazas a las que se enfrentan. De hecho, La Anciana me sorprendió muy gratamente y me encantó cómo han desarrollado la relación entre ambos y la forma en la que se ha llevado la evolución de Strange.


Porque Stephen Strange es el centro de todo, es el corazón de la película y puede llevar él solito el peso de la cinta. Strange es egocéntrico y soberbio, pero también inteligente, carismático y tiene sentido del humor. Hay un gran equilibrio en él entre sus cualidades y sus defectos y la forma en la que se convierte en héroe y acaba aceptando unas responsabilidades que no le interesaban, queda muy natural.

Además, Benedict Cumberbatch está soberbio en el papel. No sólo está conseguido físicamente, sino que me creí cada una de sus escenas y, como si de un hechizo se tratara, me cautivó desde el principio. Y, aunque el señor Cumberbatch es la piedra angular, el resto del reparto está muy a la altura: Tilda Swinton está maravillosa en un papel que parece hecho a su medida, Chiwetel Ejiofor vende muy bien ese colega rígido que es Mordo, Mads Mikkelsen tiene una presencia extraordinaria y Rachel McAdams no sólo tiene química con Benedict Cumberbatch, sino que queda muy natural y consigue ser una de las mejores chicas que ha habido en el Universo Cinematográfico Marvel.

Y quería hablar de estos dos últimos, ya que Mads Mikkelsen es un villano elegante, con mucha presencia, pero de nuevo vuelven a darnos un malo simplón. No llega al nivel de Malekith, que es malo porque sí, aunque tampoco tiene esa profundidad que han tenido otros villanos como Ultrón o Loki, que sigue siendo, al menos para mí, el mejor villano Marvel. Es decir, se molestan en darle un trasfondo que te haga comprender por qué desea abandonarse a la oscuridad de Dormammu, pero no deja de ser un cliché simplón, que ni siquiera tiene esa originalidad que, por ejemplo, sí tuvo Helmut Zemo en Civil War.


Kaecilius no deja de ser una víctima de un guión, que lo usa como excusa para iniciar los acontecimientos que llevan a que el resto de personajes se desarrollen y se establezcan relaciones que sí pueden dar mucho más juego en el futuro y que la historia sea más compleja e intensa y que las próximas películas de Doctor Strange sigan la estela de las de Capitán América. Y como no quiero spoilear a nadie, me voy a callar aquí, pero si has visto la película, sabes a qué me estoy refiriendo.

En el caso de Rachel McAdams, he de decir que es una chica muy digna. Yo pensaba que iba a ser Clea, que es la novia más mítica de Stephen Strange y que es princesa, hechicera y regente de la Dimensión Oscura, lo que mola mucho. Sin embargo, han optado por usar el personaje de Christine Palmer, que existe en los cómics, donde es una enfermera que ayuda a tratar a los superhéroes (si os suena el perfil, sí, Claire Temple de las series de Netflix iba a tener ese nombre, pero tuvieron que cambiarlo por esta película) y es algo que le hemos visto hacer aquí.

La verdad es que Christine me ha sorprendido mucho, ya que no está metida con calzador, su personaje tiene varios propósitos (no sólo sirve para ayudar a Strange a ver que hay vida más allá de la cirugía, sino que es necesaria para salvarle la vida) y me encantó su actitud con él: desde el marcharse al ver que él empezaba a tratarla mal, hasta esos sustos que se daba mientras ayudaba como podía.


Y para acabar con esta reseña, que me está quedando larga, lo sé, me queda comentar lo absolutamente impresionante que resulta de ver. Doctor Strange es sicodélica a decir hasta decir basta, llena de color y de unos efectos muy chulos para representar la magia. Me gustó especialmente cómo hicieron a Dormammu, que me pareció tan bonito como inquietante, al igual que me encantó el cómo iban alterando la realidad y las peleas que mantenían los hechiceros. De hecho, me he quedado con las ganas de verla en 3D.

Y a partir de ahora, va a haber unos cuantos spoilers sobre la película, así que dejad de leer si no la habéis visto. En serio, venga, piraos ya de una vez, que no quiero spoilear nada. Bien, supongo que quedamos los que hemos visto la película y ahora puedo comentar dos cosas muy concretas:

Una, me declaro fan absoluta del ataque gif que se marca Strange para derrotar a Dormammu. Fue divertido, inteligente e inesperado. Vamos, que me moló cantidad y encima ya sabemos dónde está la Gema del Tiempo, que era una de las que nos faltaban por ver. Ya sólo falta por aparecer la Gema del Alma, que yo creo que va a salir en Thor: Ragnarok (¿tendrá que ver con La espada Alma y el Infierno?).


La verdad es que desde el principio de la película de Doctor Strange tuve la sensación de que iba a estar relacionada con Thor: Ragnarok, por el tema del multiverso y tal. Después, aparece Dormammu y yo recordaba que éste había dado por saco a Asgard en alguna ocasión y, quizás, decidan sustituir a Surtur por él. Y curiosamente, al final de la película va y aparece Thor en una escena post-créditos, lo que ya me dejó loca de la vida porque es Thor y Thor mola, pero encima la escena me dejó a cuadros. En ella, nos cuentan que Loki está en Nueva York con Thor (¿por qué no salió en la escena, por qué?) y que están buscando a Odín y Thor llega al acuerdo con Strange de que les ayudará para que puedan irse de la Tierra.

Vale, a ver, ¿esto cuando narices ha pasado? Porque en Thor: El mundo oscuro aparentemente Loki muere y, de hecho, su hermano lo da por muerto, así que ni siquiera sospecha que, en realidad, Odín es Loki disfrazado con una de sus ilusiones. ¿Cuándo se han reencontrado estos dos? ¿La desaparición de Odín es una mentira de Loki? ¿La escena es pre Ragnarok o post Ragnarok? Porque Doctor Strange tiene lugar después de Civil War (uno de los posibles pacientes de Strange es Rodney).

Vamos, que tengo muchas paranoias encima. ¿Qué pensáis vosotros de la escena de Thor y Strange?

jueves, 10 de diciembre de 2015

La fuerza de Jessica Jones

Hace unos cuantos meses por fin pudimos disfrutar de la primera colaboración de Marvel y Netflix, que tienen planeado repetir el esquema que tan bien les funcionó en el universo cinematográfico: dedicarle una historia (en este caso una serie) a cada personaje para acabar juntándolos en otra. En este caso, encargaron temporadas dedicadas a Daredevil, Jessica Jones (en los cómics, Joya), Luke Cage (alias Power man) y Puño de hierro, que juntos protagonizarían The defenders (o Los defensores en español).

Bueno, pues Daredevil fue toda una sorpresa y un pelotazo y no pudo gustarme más, porque además me pareció muy fiel al espíritu de los cómics. Por eso, estaba esperando como agua de Mayo que se estrenara Jessica Jones, la siguiente de la lista. De hecho, le tenía más ganas porque estaba centrada en un personaje femenino y no es que abunden esas series (estaba la genialosa Agent Carter, pero no es de superhéroes per se, y ahora tenemos Supergirl) y porque a Jessica Jones la conocía de los cómics de Los Vengadores donde está casada con Luke Cage, tienen un hijo y los dos molan cantidad.


En este caso, sin embargo, a pesar de conocer al personaje, no había leído nada sobre la serie de cómics en que se basa, así que iba a ciegas... y me sorprendió un montón. En este caso, no sólo que molara, sino cómo estaba planteada la serie.

Jessica Jones (Krysten Ritter) es una detective privada que arrastra un trauma que apenas la deja dormir y que ha hecho que beba más de lo que debería. Ese trauma también hizo que desistiera en su idea de aprovechar sus superpoderes como si fuera una heroína y que se alejara de su mejor amiga, Trish Walker (Rachael Taylor). Sin embargo, esa especie de plácida existencia o de situación, cambia cuando Jessica es contratada para encontrar a una chica, Hope (Erin Moriarty), ya que la investigación le lleva hasta alguien que ella creía muerto: el pérfido Kilgrave (David Tennant), que tiene el poder de controlar a las personas sólo con la voz.

Meses atrás, Kilgrave conoció a Jessica y la estuvo controlando, mientras salía con ella, hasta que la obligó a hacer algo horrible que la traumatizó. Al saber que Kilgrave ha vuelto, Jessica quiere marcharse, pero un giro en el caso de Hope, hará que Jessica se quede y decida acabar con Kilgrave de una vez.


Si en Daredevil teníamos una historia de orígenes tanto sobre él como de su rival, el villano de la función, Kingpin, en Jessica Jones tenemos una historia de superación y feminismo con un interesante juego del ratón y del gato detrás. Toda la temporada se basa principalmente en el tira y afloja de Jessica y Kilgrave y en como ella no sólo deja de tenerle miedo, sino que se enfrenta a él y no deja que ni el miedo, ni él la controle nunca más.

Lo primero que me sorprendió fue que, a pesar de superpoderes y enfrentamientos, Jessica Jones hable del maltrato, de hombres abusadores y de una mujer que lucha por liberarse, por recuperarse a sí misma. Además, lo hace de varias maneras y usando a distintos personajes, porque, sí, Jessica fue controlada por Kilgrave y ahora se enfrenta a eso, intentando recuperar todo lo que perdió a manos de él, pero su mejor amiga, Trish, sufrió una infancia de abusos con una madre que no sólo la explotaba como actriz, sino que la maltrataba.


Y os hablo de Trish porque su historia enseguida se insinúa y no quiero soltar demasiados spoilers, pero digamos que el tema de las liberaciones y de recuperar el control de tu propia vida se refleja en otros personajes.

Y es que, al igual que ocurría en Daredevil, en Jessica Jones también tenemos a un protagonista fuerte y muy bien dibujado, que está acompañado de una estupenda galería de personajes. La serie lleva el nombre de Jessica Jones y ella es lo principal, pero no por eso descuidan a los secundarios, que están maravillosamente bien tratados. Además, todos resultan interesantes y tienen un gran desarrollo: Malcolm, Hope, Hogarth, Will... Alguno de ellos dando la sorpresa a través de algunos giros que te dejan con la boca abierta.

Eso sí, entre todos ellos, quiero destacar a Trish Walker, ya que fue una muy grata sorpresa. La verdad era que yo esperaba que fuera a cumplir el papel de amiga y confesora de Jessica, esa presencia dulce que sólo sirve para escuchar o consolar. Pero cuánto me equivoqué y qué bien que lo hice, porque Trish es genial. Con ese pasado de niña prodigio de la actuación a sus espaldas, Trish no tiene poderes, pero eso no le impide defenderse a sí misma o salvar el día si es necesario. Además, Trish es muy, muy lista y no cae en las típicas trampas que en otras series sí caería. ¿Sabéis esa situación en la que está cantadísimo que un personaje no está en su sano juicio o es malo o está haciendo algo malo, pero no se dan cuenta? Bueno, pues aquí eso no pasa, lo que es de agradecer.


También habría que mencionar a Luke Cage, interpretado por Mike Colter (al que muchos ya conocíamos de The good wife) y cuyo camino se cruza con el de Jessica. Luke no tiene excesivo protagonismo, ya que tendrá su propia serie, pero sí que lo presentan y empiezan a formar la historia de amor con Jessica. Ojo, es más bien algo complementario. Sí, Luke es importante para Jessica, pero no es un aspecto primordial, aunque sirva (al igual que Will en el caso de Trish) para mostrar relaciones adultas y el sexo.

Es decir, que esto no es una comedia romántica, no es una situación de unicornios y arcoíris, sino que es algo maduro y complicado. Eso sí, los dos personajes funcionan muy bien juntos, al igual que Mike Colter y Krysten Ritter trabajando juntos. No sé si ella aparecerá en la serie de él (imagino que sí), aunque estaría bien volver a verla.


Bueno, en líneas generales los personajes de Jessica Jones son bastante inteligentes y actúan como personas normales, a pesar de lidiar con poderes y situaciones imposibles. Bueno, salvo la vecina, que es insoportable y a la que le deseas una muerte dolorosa cada vez que la ves.

Qué mal me cae la vecina, en serio. Igh.

Como decía, los personajes son bastante inteligentes y por eso tiene más mérito el que hayan mantenido la tensión durante trece episodios, elevándola con cada nueva entrega. Porque Jessica es lista, también capaz y sensata y sus planes son bastante ingeniosos, así que en ese juego del gato y del ratón con Kilgrave logra acercarse a él varias veces, pero los guionistas se las apañan para que el enfrentamiento no sea el definitivo sin que quede ridículo o alguien peque de estúpido.

Porque, encima, Kilgrave será de los villanos más terroríficos que he visto nunca. Su poder es inquietante, ya que con sólo decirte algo, tú lo haces. Pero encima él es despiadado y básicamente malvado, además de despreciable, un tanto inestable y muy inteligente. Vamos, es el cóctel perfecto para odiar a muerte y temerle a partes iguales.


De hecho, durante los primeros episodios Kilgrave es más una presencia, una amenaza constante, a la que le cuesta aparecer, pero no por eso es menos inquietante. Eso sí, a medida que avanza la historia, hasta se toman su tiempo para desarrollarle. Sí, Kilgrave es el mal encarnizado, pero también tiene un trasfondo trágico que le dota de cierta humanidad, sobre todo con la maravillosa interpretación de David Tennant, que vuelve a estar magnífico. En realidad, es un poco raro verlo en este papel si has visto Doctor Who, ya que es David Tennant y te encanta, pero Kilgrave es despreciable. Y, claro, no ayudan los guiños a su papel de décimo Doctor (“you’re not ten anymore”, le llega a decir Jessica en un momento dado).

Sin embargo, David Tennant está perfecto. Su presencia acojona, tiene la dosis exacta de humanidad y, aunque hubiera sido fácil caer en la sobreactuación con ese papel, no lo hace. Encima, funciona estupendamente bien con Krysten Ritter, que es otra que no puede estar mejor.

En un principio, yo era más partidaria de la otra candidata a interpretar a Jessica, Alexandra Daddario porque, básicamente, su físico se asemejaba más al personaje que yo había leído. Sin embargo, dudo mucho que exista alguien mejor que Krysten Ritter para interpretar a Jessica: es hosca, humana, fuerte y frágil al mismo tiempo.

A decir verdad, esta Jessica Jones me ha recordado ligeramente a Veronica Mars. No solo porque sea detective privado, sino por la mala leche, los cortes que mete y que se haga la dura, aunque por dentro sea un marshmallow. Porque Jessica es, ante todo, una muy buena persona que intenta ayudar a quien sea, aunque a quien primero intente salvar es a sí misma. Eso también me resultó bastante original. Jessica quiere parar a Kilgrave, salvar a personas, pero su principal meta es sobrevivir física y psicológicamente.


Y eso que la pobre está en una situación de mierda y a lo largo de la serie le caen hostias por todos los frentes. De hecho, la hemos visto desfallecer, caer y volver a levantarse, aunque no por ello ha perdido ese humor negro que la caracteriza. Así que, en realidad, a pesar de tener superfuerza y algo parecido a la capacidad de volar, su verdadero superpoder es su fuerza, su arrojo y su personalidad en general.

Es decir, que si esperáis otra serie de peleas, Jessica Jones no es así. No es tan física como lo fue Daredevil, sino que es más psicológica. Tanto su tono como su ambientación es más de cine noir, de esos detectives decadentes que, a pesar de todo, resuelven el caso y salvan el día. Y, a decir verdad, creo que Jessica dice más veces asshole y fulmina con la mirada que dar hostias, aunque también reparta leña llegado en caso.

Como no voy a entrar a contaros qué pasa o deja de pasar en sus estupendos trece episodios, sólo os diré que es una serie que va in crescendo, que logra una tensión que va a más y llega un momento en que básicamente tienes que maratonearla porque necesitas saber qué va a pasar a continuación. Y es que Jessica Jones está muy bien escrita, también actuada (he destacado a Krysten Ritter y David Tennant porque son los amos de la función, pero el resto del casting está sobradamente a su altura) y básicamente no puede molar más, final incluido. Además, se agradece que sea un canto al feminismo, que sea dura y que sean ellas las que partan la pana.

Así que, Netflix, dime, ¿para cuándo la segunda temporada?

miércoles, 6 de mayo de 2015

Vengadores: La era de Ultrón, Joss Whedon, 2015

Pues como no podía ser de otra forma, este fin de semana fui a ver Vengadores: La era de Ultrón, a la que le tenía muchas ganas y eso que intenté que no me pudiera el hype y esas cosas, lo que fue difícil porque la primera moló mucho y luego ha habido otras películas Marvel grandiosas este año.

Pero, bueno, para aquellos que viváis en un zulo (o paséis de los superhéroes... que, entonces, imagino que no estaréis leyendo esta entrada, todo sea dicho), os diré que La era de Ultrón nos trae de nuevo a Los vengadores, ya perfectamente integrados como equipo e intentando acabar con las amenazas que aún quedaban pendientes, es decir, destruir a Hydra por completo y recuperar El centro de Loki que, recordemos, se lo dieron los Chitauri en la película anterior.

Cuando parece que por fin su misión ha llegado a su fin y que van a poder volver a la normalidad, Tony Stark decide examinar El centro de Loki y, sin consultárselo a nadie y con la ayuda de Bruce Banner, también decide usarlo para llevar a cabo un programa que Tony tiene diseñado y que funcionaría para proteger a la humanidad, Ultrón. Sin embargo, Ultrón desarrolla su propia personalidad y la lógica le dicta que la única forma de salvar el planeta es eliminando a la humanidad al completo, empezando, claro está, por Los vengadores. Así, Ultrón acaba aliándose con los gemelos Pietro y Wanda Maximoff, que han sido alterados por El centro de Loki gracias a los experimentos de un miembro de Hydra, el Barón von Strucker.

Y ya no os voy a contar nada más porque La era de Ultrón mola un montón y es mejor que la veáis sin saber qué va a pasar, porque encima tiene giros muy chulos. De hecho, aunque no es que respete demasiado (o casi nada) el canon de los cómics, la forma en la que han enlazado los distintos elementos me ha parecido maravillosa. Por ejemplo, aunque en los cómics sea Hank Pym quien crea a Ultrón, me ha parecido de lo más inteligente que en la película usen a Tony Stark para tal propósito, dado que al primero no lo conocemos en el universo cinematográfico.


Al igual que me ha parecido una pasada lo que han hecho con la Visión. Y, si queréis saber qué es, pues ved la película, que no os vais a arrepentir.

Otro de los aspectos que también me han gustado de La era de Ultrón es que se han permitido ahondar en los personajes que no disponen de película propia. Sí, tanto Tony como Steve Rogers y Thor tienen sus momentos de gloria, pero resulta de lo más refrescante que nos cuenten cosas sobre Ojo de halcón, que en la primera el pobre era más relleno que otra cosa. Al igual que lo es el que, por fin, ahonden un poco en La viuda negra como persona, más allá de espía pateaculos. De hecho, aunque sólo sea porque hemos podido vislumbrar mucha humanidad en Natasha, la relación entre ella y Bruce merece mucho la pena.

También me han gustado mucho los nuevos personajes, que están bastante bien retratados para ser la primera vez que aparecen. Sí, Ultrón no es un villano tan carismático como lo era Loki en la primera entrega (también diré que tener a Tom Hiddleston de predecesor es tener el listón muy, muy alto, vamos, una putada muy grande), pero tanto Pietro como Wanda molan un montón: sus poderes están muy conseguidos (vale, han simplificado los de La bruja escarlata, pero es que también es verdad que lo de manipular las probabilidades es confuso), los retratan enseguida y sus motivaciones son claras; además, su evolución a lo largo de la película queda muy bien justificada, a pesar de que no tengan mucho tiempo en pantalla.

De hecho, y aunque las comparaciones son odiosas, hay que ver cómo ha mejorado Mercurio en la versión Disney/Marvel en comparación con la versión que Evan Peters hizo en X-Men: Días del futuro pasado. Aaron Taylor-Johnson está estupendo, al igual que Elizabeth Olsen, quien creo que ha sido la más grata sorpresa de la película, junto a Ojo de halcón. En serio, es que Clint mola mil en esta película. Palabra.


De hecho, ese es uno de los principales defectos de La era de Ultrón.

Porque, sí, la película mola y es súper entretenida y las escenas de acción son una puta pasada, pero también es cierto que no es una película perfecta y que, de hecho, quizás la anterior entrega es más redonda.

Y es que La era de Ultrón es demasiado. Es decir, que tiene demasiados elementos y, al menos a mí, me dio la sensación de que, a diferencia de la primera, era más una película puente que una cinta por sí misma. Es cierto que Los vengadores vino dada sobre todo por Thor (donde conocíamos tanto a Loki como las motivaciones que le llevarían a intentar conquistar el mundo) y El Capitán América (que nos contaba el origen del Tesaracto), pero era una película que se podía ver de forma independiente y donde todo quedaba más o menos cerrado.

Sin embargo, La era de Ultrón me ha parecido más un preludio a lo que vendrá que una película independiente, como si fuera el puente que uniera las fases 2 y 3 del plan de Marvel para conquistar las taquillas y el mundo, así, en general.


A mí, al menos, me ha dado la sensación de que la película estaba más interesada en sembrar los conflictos futuros (el nuevo equipo de Vengadores, el enfrentamiento entre Steve y Tony que veremos en Capitán América: Guerra civil, las gemas del infinito que protagonizarán la tercera entrega de la saga, el regreso de Thor a Asgard de cara a Thor: Ragnarok...). Vamos, que entre la historia de Ultrón, la presentación de un montón de personajes nuevos y el preparar el terreno para el resto de películas de la fase 3, me ha parecido que La era de Ultrón estaba un tanto sobrecargada, incluso un poquito apabullante, y que, a veces, iba a trompicones. Es como si no estuviera tan equilibrada como sí lo estuvo la primera.

Pero, vamos, que aún así las dos horas y media de película se pasan en un suspiro, ya que la película te atrapa y no te da prácticamente ningún momento de descanso y siempre están sucediendo cosas.

Vamos, que aunque no es tan genial como la primera, mola mil y es una película que recomiendo ver en pantalla grande porque, en serio, es muy, muy impresionante. Otra cosa no, pero esta clase de películas son súper vistosas y merece la pena gastarse el dinero.

jueves, 30 de abril de 2015

Daredevil y los orígenes

Hoy estrenan Los vengadores: La era de Ultrón y para celebrarlo, voy a contaros maravillas del último producto de Marvel o, lo que es lo mismo, la primera serie nacida de su alianza con Netflix: Daredevil. Porque, amantísimos lectores, Daredevil mola un huevo. Pero uno enorme, ¿eh?

La cuestión es que ya existía una película basada en el personaje y protagonizada por Ben Affleck, al cual últimamente le caen hostias a mansalva hasta por ser casteado (pobrecito), pero bueno. La película de Daredevil es bastante regular, aunque si las comparas con otras del género (la primera Hulk, Linterna verde, las últimas de Superman o ese esperpento, que debería ser borrado de la existencia por la grieta de Doctor Who, que es Elektra) pues es hasta maja, pero, vamos, que la nueva serie le da mil vueltas.

Por si no sois unos frikis como yo, os contaré que Daredevil nos presenta a Matt Murdock, un abogado que siendo niño se quedó ciego por tener un accidente con un camión cargadito de productos radioactivos. Éstos hicieron que, aunque perdiera la vista, el resto de sentidos de Matt se agudizaran de forma sobrehumana. Una vez es adulto, Matt acaba llevando una doble vida: por la mañana tiene un bufete con su amigo Foggy Nelson, donde únicamente aceptan casos que consideran justos, mientras que por la noche se lía un pañuelo a la cabeza (sí, lo he puesto a propósito porque hoy tengo el día tonto) y ejerce de justiciero.


Matt, además, vive en Hell’s kitchen, que cuando los cómics empezaron a publicarse era un lugar muy, muy chungo, pero que actualmente se ha recuperado bastante. Sin embargo, los chicos de Marvel son muy listos y son muy conscientes de que todos sus productos (sean películas, sean series) pertenecen al mismo universo, así que han usado la batalla de Los vengadores contra los Chitauri (es decir, la batalla final que vemos en la primera cinta de Los vengadores) para justificar que Hell’s kitchen vuelva a ser un barrio destrozado y lleno de corrupción.

La verdad es que en ese sentido Marvel le da mil vueltas a DC. Mientras que éstos últimos no tienen prácticamente continuidad entre unas cosas y otras (el universo Flarrow y el de las películas son diferentes y ni siquiera mantienen coherencia en los repartos), en Marvel todo está integrado y de tal manera que no necesites verlo todo y, al mismo tiempo, si lo haces, pillas un montón de guiños. Por ejemplo, Matt Murdock fue al mismo orfanato que Skye de Agents of Shield, lo que es una pasada.

Pero hablemos de la serie en cuestión, de Daredevil.

Lo primero que me sorprendió de Daredevil fue lo rápido que le cogieron el pulso. Así como Agents of Shield tuvo un primer tramo muy titubeante, en Daredevil desde el principio tanto el tono como el devenir de la historia estaba muy marcado. Eso hace que desde el principio Daredevil sea una serie con su propia personalidad y, además, una que se distingue perfectamente de otras series de la casa. Daredevil es oscura, también brutal y, en cierta manera, bebe de otros productos del género como The dark knight o incluso Arrow, aunque se distingue gracias a sus protagonistas.


Porque, aunque la serie lleve el título de Daredevil y Matt Murdock sea el centro de la misma, en ningún momento se ha dejado de lado a ningún personaje y, de hecho, el trato dado a Wilson Fisk, Foggy Nelson y Karen Page hace que sea una serie bastante coral, lo que en mi caso fue una muy grata sorpresa.

Y es que Daredevil es una historia de orígenes muy bien contada. Sí, desde el minuto uno Matt ya es un justiciero enmascarado y Wilson Fisk es un mafioso, pero ni uno es Daredevil, ni el otro es Kingpin.

Sin embargo, a lo largo de estos trece episodios que conforman la primera temporada se van desarrollando ambos personajes y su camino se va trazando para que acaben convertidos uno en un héroe y el otro en un villano, además de en enemigos. De hecho, tanto el retrato de uno como de otro fueron muy interesantes, mostrando tanto el lado humano como esa doble vida que llevan y cómo cada uno se enfrenta al mundo, además de sus respectivos pasados.


Me gustó mucho cómo han enfocado a Wilson Fisk, me ha parecido una idea muy original el mostrarlo como un ser torturado que, aunque es un villano, se cree un salvador y que, al igual que Matt, tiene cierta espiritualidad. Porque si a Matt le viene por ser cristiano, con las dudas morales que eso le provoca, a Fisk ese aspecto le viene de Vanessa, su interés romántico y otro muy buen personaje. De hecho, Vanessa ha sido un personaje muy, muy interesante desde su aparición en la galería de arte.

Eso sí, si hay un personaje que tengo que destacar es a Karen Page.

Ídola suprema. En serio.

Yo no soy una experta en los cómics de Daredevil, pero sí que conocía a Karen y no dejaba de ser la novia pavisosa. De hecho, me imaginaba que el personaje iba a ir por esos derroteros porque, además, admitámoslo, los personajes femeninos en las películas de Marvel dejan bastante que desear en líneas generales, pese a haber excepciones (Peggy Carter y La viuda negra en Soldado de invierno, prácticamente). No obstante, en Daredevil se ha seguido la senda de las series y nos han dado a una señora heroína de la cual soy muy, muy fan.


Porque Karen Page mola un huevo. Me sorprendió un montón lo dura que podía llegar a ser, los ovarios que tiene la tía y eso sin perder un ápice de dulzura y humanidad. Porque Karen es el encanto de chica que se molesta por ancianitas, que es el corazón del bufete, pero también es la que sigue adelante en la búsqueda de la verdad pase lo que pase, la que encuentra la pista que nadie más ha hallado y, sobre todo, la que protagoniza la pedazo de escena del almacén. ¿Qué no sabéis de que hablo? Bueno, ved Daredevil y flipad, chavales.

Me encantó que Karen fuera un personaje con una personalidad muy marcada, su propia historia y que el tema “ser la chica del héroe” haya sido descartado. De hecho, el triángulo amoroso es muy, muy sutil. Sí, está claro que a Karen le gusta Matt (que otra cosa os diré, a cualquiera con ojos o sentidos súperdesarrollados le gustaría Matt, para qué mentir), al igual que está claro que a Foggy le gusta Karen, pero no han pasado de insinuar todo eso, mientras se dedicaban a regalarnos una dinámica tan entretenida como adorable entre los tres miembros del bufete.

Que, por cierto, otra cosa que me ha sorprendido de Daredevil es el buen ritmo que ha llevado la historia y cómo no han tardado en hacer que sucedan ciertas cosas como lo que pasa en ese genial episodio titulado Nelson v. Murdock.


Vamos, que los trece episodios les han dado para mucho y encima ha estado muy bien contado, hilado y de forma muy adulta a la par que entretenida. Es decir, que no tengo nada malo que decir, porque hasta el casting es maravilloso y no sólo se parecen a los personajes, sino que están perfectos en el papel. Lo siento por Ben Affleck (de verdad que no me gusta darte zascas, Ben, pero es lo que toca), pero Charlie Cox se hace con el personaje con tanta maestría que hasta se te olvida que existió una película anterior. Bueno, de hecho ocurre lo mismo con el Wilson Fisk de Vincent D’Onofrio, que hace que olvides al de Michael Clarke Duncan.

De ahí que no me extrañe que les hayan renovado por una segunda temporada. Y, sí, la espera va a ser larga, pero Marvel ha decidido repetir la fórmula de las películas y va a dedicar una serie a un personaje en concreto para unirlos al final en otra serie que llevará el título de Los defensores.

Así que ya hemos conocido a Daredevil y ha molado mucho, pero pronto nos tocará conocer a Jessica Jones (con Krysten Ritter a la cabeza, lo que a mí me resulta raro porque siempre la veré como la Gia Goodman de Veronica Mars, pero eso ya son paranoias mías), a la cual le tengo muchas ganas y no sólo porque David Tennant vaya a ser el villano, sino porque espero que siga la estela de Daredevil y tengamos otra señora serie.

PD: ¿No es súper curioso que Vincent D’Onofrio haya pasado de ser Thor en Aventuras en la gran ciudad (genialidad ochentera donde las haya) a ser Kingpin?

miércoles, 4 de marzo de 2015

La gran Peggy Carter

Ayer regresaron los chicos de Agents of Shield a la tele, lo que es una gran noticia porque molan mil y, encima, The Flash sigue de parón. Eso sí, lo malo de tal vuelta es que ha supuesto la despedida de Agent Carter, la serie que se centraba en una de las chicas más carismáticas del universo Marvel: la gran Peggy Carter.

Para quien no lo sepa, Peggy Carter es la joven agente británica que conquista el corazón de Steve Rogers en la película que lleva su otro nombre, Capitán América. Ya en la película Peggy mola mil y, sinceramente, creo que es el mejor personaje femenino que hay en las películas, incluida la Viuda negra. Total, que entre lo que gustó al público y lo satisfechos que estaban con el trabajo de la actriz, Hayley Atwell, Marvel decidió apostar por el personaje y crearon la breve temporada de Agent Carter de tal modo que sirviera tanto de miniserie como de primera temporada.


Y tras haber visto los ocho episodios que conforman la primera temporada yo sólo puedo arrodillarme y suplicar que la renueven... lo que se está convirtiendo en una costumbre con la ABC esta temporada. No, no me olvido de Galavant y que deberían renovarla también.


He de decir que desde el piloto Agent Carter me sorprendió muy mucho. Yo estaba convencida de que nos iban a contar cómo se creó Shield y sus primeros pasos, pero no, nada más lejos de la realidad. A ver, si que es cierto que de cara al final de temporada, todo parece encarrilado al origen tanto de Shield como del hecho de que Hydra estaba ahí desde el principio, pero las aventuras de Peggy poco tienen que ver con Shield y sí con otros temas que me parecen mucho más interesantes, la verdad.

Estamos en 1946, lo que significa que la Segunda Guerra Mundial ha terminado y el mundo conoce una nueva paz, aunque no por ello la situación está lo que se dice calmada porque tras dicho conflicto llegó la Guerra Fría que mantuvo Estados Unidos con Rusia. Tras haber participado en la guerra, Peggy Carter se ha establecido en Nueva York donde es una agente de la S. S. R., que vendría a ser una agencia de espionaje (y personalmente me inclino a pensar que es el preludio a Shield), aunque, claro, no debemos olvidarnos de que Peggy es una mujer en los años cuarenta, por lo que más bien se ve relegada a ser la secretaria y a tener que aguantar la condescendencia de sus compañeros de agencia.

Peggy, además, no está atravesando su mejor momento, pues la muerte de Steve es relativamente reciente y no lo ha superado. Sin embargo, Peggy pronto deja de tener tiempo para llorar a Steve, ya que la S. S. R. empieza a dar caza a Howard Stark porque creen que le ha vendido su tecnología al enemigo. Peggy, que conoce a Howard por haber estado en su equipo durante la guerra, duda mucho que sea un traidor, pero nadie le hace demasiado caso. Howard Stark, sin embargo, confía tanto en ella como en su valía y le pide que le ayude a limpiar su nombre, antes de fugarse para no ser detenido. Eso sí, Howard tiene el detalle de dejarle a un aliado, su mayordomo, Edwin Jarvis.


Es decir, que en realidad no tenemos ninguna serie de superpoderes o superhéroes, sino una historia de espionaje. Y es que Agent Carter bebe muchísimo de las dos películas del Capitán América, es casi como si cogieran los elementos más característicos de ambas cintas y los mezclaran con maestría aquí: por un lado, el ambiente y el mundo de la primera película (que cuenta los orígenes del Capitán América) y las aventuras tipo espía que tanto bien le hicieron a la segunda.

Y es que a lo largo de la serie, Peggy va descubriendo que la trampa que le han tendido a Howard es mucho más complicada de lo que creían y que hay muchísimo más en juego que conseguir sus inventos más peligrosos. Eso hace que se puedan explorar elementos hasta ahora desconocidos en el mundo Marvel, aunque sí que teníamos ciertas nociones de ellos: el proyecto Viuda negra, Jarvis, Howard Stark y sus inventos...

Todo ello ahondando en un personaje femenino que es una auténtica delicia.

Porque creo que han hecho un trabajo estupendo con Peggy Carter, consiguiendo muy bien el equilibrio entre heroína y persona. Sí, Peggy da hostias como nadie, también es inteligente y muy resolutiva, pero también es una chica que ha perdido a su novio (y de forma bastante traumática, la verdad) y que se siente muy sola. Es decir, que no sólo vemos a Peggy investigar y zurrar a los malos, también la vemos enfadarse y dudar y sufrir y crear amistades.


De hecho, hasta su entorno está equilibrado. Sí, el 95% de la S. S. R. eran unos auténticos capullos con Peggy, a la que creen un florero al que pueden mangonear, aunque ella es muchísimo más capaz que la mayoría de ellos. Pero también tiene a gente a su lado que la valora y está ahí para ella. Su amiga Angie es un amor de chica que siempre está buscando su compañía y preocupándose por Peggy (y eso que muchas veces no es precisamente fácil), mientras que ese 5% de la S. S. R. tiene nombre propio y también es un amor.


Me estoy refiriendo al agente Daniel Sousa, que es el otro mangoneado de la oficina y que, en cierta manera, se encuentra en la misma posición que Peggy. Pues Sousa es mucho más capaz que sus compañeros, pero nadie cree en él y todos le consideran un mero tullido, otro mueble del que apiadarse. Aunque, al igual que Peggy, acaba demostrando que de mueble nada, que es todo un agente.

Personalmente, yo creo (y espero) que Sousa con el tiempo acabará siendo el marido de Peggy. De momento, sabemos que él está enamorado y, poco a poco, Peggy ha pasado página con Steve. Eso sí, no han entrado en el terreno romántico, aunque sí que han insinuado ciertas cosas y, desde luego, si tenemos segunda temporada, espero que profundicen en ese aspecto porque Peggy se merece ser feliz y Sousa es un amor. Además, en cierta manera, que acabara destapando la verdad sobre ella hace ver lo muy en serio que la toma, lo capaz que la cree.

Peggy y Sousa forever and ever.

Aunque, bueno, a favor de los otros personajes de la S. S. R. diré que los guionistas se cuidaron mucho de humanizarlos y dotarlos de más capas. Por mucho que al principio su desdén fuera francamente desagradable (y tú tengas ganas de darles un par de hostias, a ver si se dejan de tanta gilipollez), acabaron dejando claro que el jefe era más bien paternalista y que Thompson sencillamente era un gilipollas con demasiado afán de protagonismo.

Eso sí, me gustó mucho que Peggy en vez de ofenderse continuamente y dejar que la actitud de sus compañeros minara su moral, la aprovechara para sacarles ventaja. Como nadie reparaba en ella, como era la que traía la comida, podía irse a investigar por su cuenta e incluso sacar información sin ser descubierta, salvo por Sousa que, de nuevo, era el único que la tomaba en serio desde el principio. También me gustó que, poco a poco, se fuera ganando la confianza del jefe Dooley hasta el punto de que al final la dejara seguir sus propias pistas y empezara a creer que quizás Peggy tenía razón con respecto a Howard Stark.

Y si he hablado de su amiga, de sus compañeros y de su potencial novio, ahora me toca hablar de su compañero de fatigas. Ya os he dicho que Howard le deja a su mayordomo, Edwin Jarvis, y es lo mejor que podían haber hecho.

Seriously.


Mirad que yo idolatro a Peggy, ¿eh? Soy muy fan de ella, pero si alguien me ha robado el corazón es ese mayordomo inglés torpón, asustadizo y valiente al mismo tiempo y con un corazón de oro.

Vamos, que Jarvis es amor y le amo por encima de todas las cosas.

Jarvis vendría a ser el co-protagonista de Agent Carter y también el robaescenas oficial de la serie. Jarvis le debe mucho a Howard (esa historia es una preciosidad, por cierto) y también sabe muchísimo de él, es un poco como una Howarpedia andante, por lo que no duda en aliarse con Peggy para ayudar a Howard y, en cierta manera, a Peggy le es útil.

Y es que la relación que se establece en ellos se sale del molde, siendo tan atípica como especial. No, no hay tensión sexual no resuelta, aunque sí se va forjando una amistad muy bonita entre ellos (creo que, de hecho, protagonizan la escena más tierna de toda la serie en el último episodio cuando Jarvis le hace un regalo muy especial), pero lo que más me gusta es la dinámica en la que los roles se intercambian. Peggy es la badass, la que protege a Jarvis, mientras que él cuida de ella de otras maneras, más preocupándose por ser su amigo y recordarle lo mucho que la admira.


Eso sí, Jarvis también tiene sus momentos de acudir al rescate de Peggy como si un caballero de brillante armadura se tratara. Desastroso, pero caballero al fin y al cabo, lo que resulta tan tierno como divertido.

No, en serio, Jarvis es amor, amor del bueno.

O sea, por favor, que de cara a la segunda temporada se inventen cualquier cosa, pero que Peggy vuelva a hacer equipo con Jarvis porque juntos son la bomba. De hecho, gracias a Agent Carter voy a suspirar el nombre de James D’Arcy por las esquinas y a dibujar un corazón de tiza en la pared con su nombre, porque no se puede ser más adorable. Encima, el muchacho está muy guapo vestido de traje, tan elegante. Ainss.

No voy a entrar en spoilers concretos sobre lo que han dado de sí estos ocho episodios, aunque sí diré que no hay momento para el aburrimiento y que la serie va a más. Como sólo son ocho episodios no hay relleno y no dejan de pasar cosas.

Además, el casting es espectacular... Bueno, no por completo, porque por algún extraño acontecimiento cósmico se les ocurrió contratar a Chad Michael Murray (interpreta al imbécil de Thompson) que ya puede hacer de langostino venido del espacio que no cambiará su registro ni un ápice. No, en serio, que alguien me explique por qué siguen dándole papeles tanto a este como a Brandon Routh porque yo no lo entiendo.

Y ya sólo me quedan por decir dos cosas.

1) Dado que la mujer de Jarvis sufre del Síndrome de la invisibilidad, si hacen una segunda temporada y necesitan a alguien para interpretarla... ¡Me lo pido! ¡Me ofrezco voluntaria! ¿Dónde he de firmar?


2) Aunque no veáis Agents of Shield, aunque no seáis demasiado fan de Marvel, ved Agent Carter porque es tan fantabulosa y está tan bien orquestada que puede encantar tanto a los fans marvelianos como a los que no suelen darle una oportunidad a esa clase de historias. Palabra.

¡Larga vida a Agent Carter!

PD: Lo de las audiencias del lunes es una broma, ¿no? Porque es la única explicación racional que encuentro para que el programa de Antena 3 de los casados lo petara y El ministerio del tiempo no. Después nos quejaremos de nuestra tele ¬¬U

miércoles, 20 de agosto de 2014

Guardianes de la galaxia, James Gunn, 2014

Ayer fui al cine a ver Guardianes de la galaxia, que en un principio no me llamaba mucho, pero poco a poco fue ganándome. Cómo no hacerlo si el prota era Chris Pratt y luego en el trailer había cachondeo a mansalva con Hooked on a feeling como banda sonora. Además, empezó a recibir buenas críticas, por lo que aún tenía más ganas de verla.

Y, la verdad, ha estado a la altura de las expectativas, incluso las ha mejorado, pero vayamos por el principio.

Peter Quill (Chris Pratt) es un niño que, tras la muerte de su madre, es secuestrado por una nave espacial. Años más tarde, tras haberse criado con un grupo de bandidos, es un saqueador que se llama a sí mismo Star-Lord y que acaba robando un orbe para poder venderlo y conseguir dinero. Como hace el trabajo por su cuenta, sin contar con la banda con la que se crió, éstos le ponen a su cabeza.

Por si no tenía suficiente con eso, Ronan el Acusador (Lee Pace) está decidido a terminar con el acuerdo de paz entre su raza, los Kree, y una raza enemiga, masacrando a ésta última. Para eso, necesita el orbe que Quill ha robado, ya que es lo que Thanos le ha pedido para ayudarle. Por eso, envían a Gamora (Zoe Saldana), una experta asesina que fue criada por Thanos, tras Quill. Así, cuando Quill está vendiendo el orbe, acaba siendo perseguido tanto por Gamora, que quiere vender el orbe para impedir que Ronan se haga con él, como por Rocket y Groot, dos caza-recompensas. Todos acaban zurrándose de lo lindo, lo que provoca que les metan en prisión, donde deciden aliarse para poder escapar y vender el orbe... pero, claro, las cosas nunca salen como los personajes lo planean.

No sé si le he hecho justicia al argumento, pero, bueno, id a verla y os enteraréis muchísimo mejor ;P

Normalmente, cuando veo una de estas películas, voy con cierta idea de qué puedo encontrarme, ya que me he criado con cómics marvelianos porque mi padre los lleva leyendo desde crío. Sin embargo, nunca jamás había leído nada de Guardianes de la galaxia, por lo que no tenía ni idea de qué me iba a encontrar y no sé si le hace justicia a los cómics, pero ha sido una muy grata sorpresa y como película me ha gustado muchísimo.


En cierta manera, sigue más la estela de Thor: El mundo oscuro que de Capitán América: Soldado de invierno, apostando por las aventuras y la acción con mucho humor. Además, hay ciertos elementos comunes como Las gemas del infinito o El coleccionista. Eso sí, creo que la mezcla de géneros está más equilibrada y tiene mejor tino que en Thor: El mundo oscuro, donde morían personajes importantes y, al segundo, ya soltaban chascarrillos.

Porque Guardianes de la galaxia no se toma demasiado en serio a sí misma, pero no por ello deja de tener ese aire espectacular y épico cuando tiene que tenerlo. Las escenas de acción están muy conseguidas, las peleas muy bien armadas e incluso, en la batalla final, tiene varios momentos emotivos (los típicos de la unión hace la fuerza) que funcionan a la perfección. Al igual que lo hace el toque gamberro y friki, que a mí me ha gustado un montón: la música ochentera, las referencias culturales tanto por labios de Quill como guiños por parte del director (ese momento Indiana Jones: En busca del arca perdida es fantabuloso total), los gags que originan los personajes... Todo queda muy bien y todo contribuye a que Guardianes de la galaxia tenga su propia personalidad dentro del (vasto) universo Marvel.

Esa personalidad, sobre todo, viene dada por los personajes que protagonizan la película. Una vez más, los roles de los villanos son bastante planos y se limitan a ser un obstáculo en el camino de los protagonistas, pero el grupo de antihéroes que nos presentan sí que está bien perfilado.


Encabezado por Peter Quill, Star-Lord, que te cae simpático desde que aparece y acabas rendida a sus pies, pues no deja de ser un canalla con buen corazón, un tipo divertido, caradura y espabilado con ciertas ínfulas. El resto del equipo está a la altura, siendo Rocket y Groot los que más me han gustado. No es que tenga nada en contra de Gamora y Drax, que también me han caído bien, pero Rocket y Groot son sencillamente impresionantes. Rocket es único en su especie (un mapache genéticamente modificado, lo que le hace único en el universo), tiene muy mala leche, pero también mucho dolor y rabia y, encima, es inteligente y muy resolutivo. Y Groot... Groot es amor, así, sin más, ese árbol gigantón tan inocente y adorable y que forma un equipo perfecto con Rocket.

Además, el casting está más que a la altura, sobre todo Chris Pratt. Yo conocí a Chris Pratt en Everwood y prácticamente he visto todo lo que ha hecho desde entonces: The OC, Parks and recreation (donde es uno de mis personajes favoritos), alguna película que otra... Y ha sido un placer verlo en un papel así, de héroe de la función, siendo un cambio de registro bastante notable. Encima, hay que ver cómo se ha puesto el muchacho para ser Star-Lord, en serio, ay, omá.

¿Qué? Es para ilustrar que se ha puesto súper cachas.

A mí es el que más me ha llamado la atención, seguramente porque es el más visible, en el sentido que no queda oculto por el maquillaje y que no ejerce de doblador como Bradley Cooper (Disney, me encanta Rocket, pero yo quiero ver a Bradley de superhéroe en alguna otra película, ¡que es Bradley Cooper, por favor! Ay, que Disney va a ser la muchacha del anuncio del helado...) y Vin Diesel. Porque, por ejemplo, porque sabía que Lee Pace y Karen Gillan eran los malos, que tampoco es que los reconociera en exceso tras la pintura azul y las lentillas. Eso sí, qué raro ha sido ver a Karen Gillan como Nébula y no por las pintas, sino por la frialdad y las peleas, que yo tengo todavía muy presente a Amy Pond.

Y también hay unos cuantos cameos bastante chulos, como Glenn Close, John C. Reilly (que puso la voz a Rompe Ralph en la versión original, si es que todo queda en Disney) o Benicio del Toro que repite como Coleccionista y que, de nuevo, protagoniza una de las escenas más WTF?! de la película.

Este hombre tiene más cosas raras en su casa que Rumpel en su trastero misterioso, que conste.

Porque, como empieza a ser habitual, tras los créditos tenemos una escena simpática (en este caso es muuuy chula) y otra WTF?! Porque tras la aparición del Coleccionista en Thor: El mundo oscuro (evidentemente están preparando que Thanos se haga con el guantelete del poder con las gemas del infinito), la escena de la vara de Loki en Capitán América: Soldado de invierno, llega la increíble aparición de Howard, el pato.

En serio, de todo lo que podía imaginarme que podría pasar, jamás de los jamases habría pensado en Howard.

No, en serio, ¿qué significa eso? ¿Es una coña, que se han chutado algo o vamos a ver a Howard en algún lado?

Ignorando al última escena tan sumamente WTF?! sólo me queda comentar que el final está a la altura de la película y que han dejado varios interrogantes abiertos de cara a la segunda película, la cual te anuncian en la misma película. Siendo el más interesante la identidad del padre de Quill, que a priori no sería el mismo que en los cómics (o es lo que declaró el director, al menos) y del cual han soltado alguna pista que otra.

Yo hasta me he replanteado que sea algún personaje de las futuras películas de Star Wars. Oye, en serio, no es tan descabellado teniendo en cuenta que Disney está detrás de la nueva trilogía y que a este gente le gusta relacionar todos sus productos.

PD: Por cierto, con la importancia de los Kree en Guardianes de la galaxia sigo viendo mi teoría de que, en Agents de Shield, Skye sea una Inhumana. Sí, sí. A lo mejor es Crystal y piensan relacionarla con Mercurio, que saldrá en Los vengadores 2. Vale, eso ya es mucha ida de olla, pero lo de que Skye es Inhumana tiene mucho sentido ;P

miércoles, 9 de abril de 2014

Capitán América: El soldado de invierno, Anthony Russo y Joe Russo, 2014

El viernes pasado fui a ver Capitán América: El soldado de invierno (que yo le habría titulado: Capitán América, todo dios le tira la caña, pero bueno) y, la verdad, ha sido de las películas marvelianas que más me han gustado. De hecho, aunque la primera entrega me sorprendió gratamente y me gustó, esta segunda entrega ha sido todavía mejor, como ocurrió con Thor: El mundo oscuro.

Tras todo lo ocurrido en Los vengadores, Steve Rogers (también conocido como Capitán América) está viviendo en Washington D.C., donde trabaja para Shield y Nick Furia, de quien no se fía demasiado. Pese a eso, Steve lleva una vida estable: trabaja con la Viuda negra, quien está empeñada en buscarle una cita; ha conocido a Sam Wilson, un veterano de guerra; le gusta su guapa vecina...

Sin embargo, tras una misión en apariencia sencilla, el mundo de Steve se viene abajo cuando un misterioso hombre aparece: es un famoso asesino, El soldado de invierno. Y, con su aparición, la situación se complica de tal manera que Steve y Natasha se ven obligados a actuar al margen de Shield cuando los toman como traidores y prófugos. Sin saber qué ocurre y en quién confiar, ambos deben investigar un misterioso pendrive y enfrentarse al Soldado de invierno, alguien más cercano a Steve de lo que él mismo se imagina.

Bueno, como no me gusta spoilear, he contado el argumento de la película un poco de aquella manera (aunque la identidad del Soldado de invierno es de cajón, pero bueno). Además, los giros en esta película son importantes, pese a que algunos sean bastante predecibles, ya que no estamos ante la típica película de superhéroes. Sí, hay acción a raudales, explosiones, hostias a mansalva y personas uniformadas súper molonas, pero el argumento no se ajusta al de las demás películas de este tipo: aparece malo, muy malo, amenaza al mundo y protagonistas deben luchar contra él y, de hecho, tras unos primeros asaltos reñidos, acaban ganando.


El soldado de invierno, en cierta manera, es más un thriller de espionaje que una película de superhéroes al uso. Y la cuestión es que funciona muy, muy bien. Durante las dos horas y media de película es imposible despegar la mirada de la pantalla, ni desconectar del argumento. No sólo es entretenida, sino que es trepidante y a mí, personalmente, me gustó muchísimo la línea argumental.

Pese a que el verdadero villano estaba claro desde el principio, tanto su plan como las averiguaciones que van haciendo Steve y Natasha, están muy bien orquestados, tienen sus migas y, sobre todo, deja una situación de lo más interesante.

Además, en El soldado de invierno tampoco nos encontramos con un malo al uso. Sí, es cierto que la idea de que el verdadero enemigo esté escondido y la cara visible no deje de ser una marioneta ya la han usado (Ironman 3, sin ir más lejos), pero en El soldado de invierno le han dado varios giros de tuerca y no deja de hacer la película más interesante. En primer lugar, porque El soldado de invierno es todo un badass y da gusto verlo repartiendo leches; en segundo lugar, porque al ser alguien tan cercano a Steve dota a la historia de un halo de tragedia y dilema que hace que te acabes implicando, que no sea una historia tan típica o sencilla, pues la crueldad de la historia del Soldado de invierno tiene su miga.

Y, como en buena película Marvel, esa trama de espionaje y drama personal está acompañada de unas grandes escenas de acción y, también, de humor, que son de agradecer. De hecho, en El soldado de invierno esa mezcla entre drama, acción y escenas más ligeras está mucho más conseguida que en Thor: El mundo oscuro, que pecaba de pasar de un estado a otro con brusquedad.


Otra de las cosas que me ha gustado mucho de esta secuela es el tratamiento de los personajes. Creo que ya lo dije, pero me repetiré por si acaso: nunca he sido fan del Capitán América de los cómics, es demasiado recto y perfecto, por lo que es un personaje predecible y soso. Sin embargo, Chris Evans y el guión han hecho que me vuelva a sorprender y encantar el personaje.

En primer lugar, porque se nota su paso por Los vengadores, sobre todo las escenas que compartió con Tony Stark: ya no cree en nada ciegamente, se hace preguntas y tiene claro que Furia es un espía y, por tanto, oculta cosas. Personalmente creo que está muy conseguido que mantenga ese espíritu del Capi, con su moral y su heroicidad, pero con ese toque de desconfianza y de humanidad.

En segundo lugar, porque, de nuevo, Chris Evans dota de adorabilidad al personaje, de cierta inocencia e inseguridad, que le hace todavía más humano. A fin de cuentas, Steve no deja de ser un hombre que ha pasado setenta años hibernando. Por cierto, sigo flipada no, lo siguiente, porque su lista de tareas pendientes incluya a Camilo José Cela y Héroes del silencio. Ahora me lo imagino cantando Entre dos tierras, dándolo todo.

Por suerte, no sólo El Capi sale reforzado, sino que se le da más protagonismo y se explora más a otros viejos conocidos que, hasta el momento, habían pasado como de puntillas. Porque, al menos a mí, La viuda negra me daba la sensación de que estaba ahí como representante femenino; ni siquiera le sacaron algo de chicha a la situación con Ojo de halcón en Los vengadores y quedaba eclipsada por otros personajes. No obstante, en El soldado de invierno me ha gustado mucho, más allá de verla pateando culos: como amiga de Steve (muy buena idea juntarlos y de esta forma, mola), como persona (sus momentos de duda, sus reacciones)...


Y lo mismo podríamos decir de Furia, que el buen hombre lleva paseándose por ahí desde la primera Ironman, pero sus apariciones eran más testimoniales que otra cosa.

En lo que se refiere a las nuevas incorporaciones, también tengo únicamente buenas palabras: Sam Wilson es un buen recurso cómico y, la verdad, verlo volar y pelear junto al Capi no podía ser más alucinante. Eso sí, ¿por qué han tenido que llamarlo Falcón? Joder, ¿tanto les costaba dejarle o bien Falcon o bien Halcón, que es como se le conoce en los cómics?

La otra incorporación que más me llamó la atención fue la del personaje de Emily Vancamp, Sharon, que no aparece mucho, pero para los que hemos leído los cómics o conocemos la historia pues sabemos que será importante. De hecho, tiene varias escenas muy molonas y el final deja claro que la volveremos a ver.

Para acabar la parte seria de la reseña, o donde no se me va la pinza (como queráis), sólo me queda señalar que no sólo Chris Evans está fantástico, sino todos los actores, sobre todo Sebastian Stan, que tiene uno de los papeles más extremos y, encima, con dos facetas completamente diferentes.


Y ahora, aviso, se me va a ir la pinza. Del todo. Por eso, si no queréis comeros spoilers o leer desvaríos, saltaos el párrafo siguiente.

La cuestión es que yo creo que El soldado de invierno es la película Marvel más romántica que han escrito jamás. Ni Tony con Pepper, ni Natasha con Ojo de halcón o, muchísimo menos, Thor con la pavisosa, la historia de las historias es la de Steve con Bucky. Que es un dramón, oye, pero es que se dicen unas cosas y hacen unas cosas con otros. Yo qué sé. Bucky tiene el cerebro lavado, pero ve a Steve y empieza a recordar. ¡Coño! Un beso y lo arregla del todo al más puro estilo Once upon a time. De hecho, hasta con segundo lavado de cerebro incluido, salva a Steve... quien casi muere porque no quiere ni herir, ni dejar que le pase nada a Bucky, convertido en un arma mortal controlada por un loco. Lo dicho, súper romántico todo.

Vuelvo a la normalidad un párrafo más para comentar que el final es sencillamente brutal y que deja abiertos varios caminos interesantes: desde el cambio en el juego, como quien dice, que se tiene que ver reflejado en Agents of Shield, hasta los detalles de las películas que se verán. Por un lado, con la primera escena post-créditos que da pistas sobre la segunda parte de Los vengadores y, por otro, la trama que queda abierta para la tercera película del Capi.

9'5/10

PD: Como soy como soy, me hizo una ilusión tremenda ver la vara de Loki... eh... vale, eso suena un poco bastante mal... ¿no? Mmm, a ver esto: el cetro de Loki. Suena mejor, ¿verdad? Bueno, vamos, que me ha molado lo que no está escrito ver el cetro y comprobar que, aunque no salga, Loki siempre se las apaña para estar presente en todos los sitios, xD.