Hace algún tiempo leí Un canalla siempre es un canalla, con el que Sarah MacLean iniciaba su nueva saga, Las reglas de los canallas, que volvía a repetir el esquema de pareja por libro. Bueno, la historia de Penelope y Bourne queda cerrada, pero justo al final del libro, la autora inicia la trama del siguiente con una pequeña escena y por eso yo me moría por hacerme con la segunda entrega, Amor con amor se paga.
Y me encantó muy mucho.
Lady Philippa Marbury es la cuarta de cinco hermanas y siempre ha tenido muy claro que es muy distinta a todas ellas, también al resto de chicas de Inglaterra. Pippa es rara, ya que le interesa la ciencia por encima de todo, descubrir cómo funcionan las cosas y le aburren las fiestas, los vestidos y demás. Por eso, cuando Pippa tiene la oportunidad de casarse con Lord Castleton, acepta sin dudarlo porque es un hombre bueno, que comparte su amor por los perros y, no sólo la dejará seguir con sus experimentos, sino que quiere contar con ella para que le ayude con los negocios y la economía familiar.
Pippa está feliz con su compromiso, pero hay algo que la obsesiona: la noche de bodas. No sabe exactamente qué se espera de ella como esposa, lo que la tortura. Y, por eso, decide llevar a cabo su propia investigación, antes de que llegue la boda. Así que, ni corta ni perezosa, se presenta en El ángel caído, el club más exclusivo de Londres, en busca de ayuda. Más concretamente la de Cross, uno de los socios de su cuñado, de quien ha oído hablar maravillas. Las damas de Londres cuentan que Cross es un amante experto, que puede desnudar a una mujer sin ni siquiera tocarla y eso es precisamente lo que Pippa quiere.
Ni corta ni perezosa, Pippa le pide a Cross que la ayude con su investigación, lo que rompe todos los esquemas de un hombre que, desde hace años, controla todo lo que hay a su alrededor. Y es que Cross, el conde de Harlow, arrastra su propio pasado traumático, que le sigue afectando en la actualidad y que hace que se centre únicamente en los negocios y en proteger a su hermana, Lavinia, algo con lo que cuentan sus enemigos.
El argumento de Amor con amor se paga es bastante complejo, ya que, al igual que todos los libros de Sarah MacLean, mezcla la historia entre sus protagonistas con otras cuestiones. En este caso, la complicada situación de Cross, que desde el principio es chantajeado para casarse con la hija de su máximo rival, a expensas de que, si no cumple, será su hermana Lavinia la que pague el pato. Pero no es el único problema de Cross, que sigue sintiéndose culpable por su pasado y es que él no debería ser el conde de Harlow, ya que ese título pertenecía a su hermano, que murió.
Precisamente es ese pasado de Cross lo que hace que su reticencia a dejarse llevar y a intentar proteger la reputación de Pippa tenga tanto sentido. A lo largo de la novela vemos en Cross a un alma atormentada, aunque no por eso trata mal a nadie, lo que es bastante novedoso en esta clase de personajes.
Y es que Amor con amor se paga es bastante original tanto en su planteamiento como en su desarrollo, ya que los personajes no se comportan como en la mayoría de las novelas. Y no sólo porque ambos sean unos cerebritos, sino por muchas de sus reacciones: Cross desde el principio se niega a casarse, también resulta que es célibe, Pippa nunca hace un drama de ninguna de sus situaciones, el tercero en discordia juega un rol muy original también...
De hecho, Pippa es todo un soplo de aire fresco.
No puedo adorar más a lady Philippa Marbury, su curiosa mente, su inocencia y su fuerza. Me fascinó desde el principio tanto el modo en el que ve el mundo, como lo que va evolucionando y las decisiones que va tomando a lo largo de la novela. Me pareció adorable, divertida y admirable. Es tan sencillo quererla como comprender qué la mueve o cómo ha terminado en esa situación.
Además, es tremendamente divertida, sobre todo en su relación con Cross. La forma en la que lo fascina al mismo tiempo que lo desespera, el cómo se abre paso hacia su corazón sin pretenderlo y las múltiples conversaciones inteligentes que tienen. Su toma y daca mola muchísimo, es chispeante, al igual que ellos, que tienen una química brutal.
La verdad es que me leí Amor con amor se paga en un santiamén. Entre lo divertidas que son las escenas entre ellos, lo interesante que era el pasado de él y las ganas de saber cómo iba a terminar su historia, básicamente no podía dejar de leer. Y, encima, se disfrutaba muchísimo, me lo pasé como una enana, vamos, mejorando todavía más el sabor de boca que me dejó su primera entrega, Un canalla siempre es un canalla. Por eso, tengo muchísimas ganas de leer la siguiente novela, que encima está protagonizada por Temple, a quien se le va cogiendo cariño en cada una de sus apariciones.
El próximo lunes literario estará dedicado a... La bolsa o la vida de Catharina Ingelman.
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lunes, 4 de julio de 2016
lunes, 21 de septiembre de 2015
Un canalla siempre es un canalla
Hace un tiempo descubrí a Sarah MacLean y su trilogía El amor por números, que desde aquí os digo que si os gusta el género romántico (y un poco erótico-festivo), debéis leerla a la de YA porque no tiene desperdicio. Bien, cada novela de esa trilogía está protagonizada por una pareja distinta, pero que tienen relación entre sí. En ese caso era el hecho de que los chicos de las dos primeras entregas y la chica de la tercera eran hermanos.
Pues Sarah MacLean repite la fórmula en su nueva saga, Las reglas de los canallas, que está formada por cuatro novelas y, de momento, os reseño la primera, Un canalla siempre es un canalla. Sí, acaban de publicar la cuarta y última, pero yo voy a mi ritmo. Bueno, total, que la nueva saga está ambientada en el mismo Londres que la trilogía anterior e incluso la protagonista de Un canalla siempre es un canalla es una vieja conocida para los lectores de sus obras anteriores.
¿Significa eso que no se puede leer Un canalla siempre es un canalla sin haber leído las novelas anteriores? No, desde luego que no. De hecho, esta novela supone el inicio de la saga y presenta al amplio abanico de personajes que irán apareciendo a lo largo de las siguientes entregas. Además, Sarah MacLean explica muy bien lo que es necesario saber, por lo que no, no es necesario leer El amor por números... aunque, insisto (a lo Matías Prats), es una trilogía que mola mucho y que debería leerse por eso.
Pero, bueno, ahora sí que sí, vayamos con Un canalla siempre es un canalla, empezando por su sinopsis:
Diez años atrás, cuando prácticamente acaba de quedarse huérfano, el marqués de Bourne pierde absolutamente todo en una partida de cartas a manos del hombre que debía cuidar de sus intereses y padre de su mejor amigo. Despojado de todo salvo de su título nobiliario, a Bourne sólo le mueve una única cosa: recuperar las tierras de su familia. Por eso, es uno de los cuatro propietarios del club de juegos más exclusivo de Londres, una especie de rey en los bajos fondos londinenses. Eso le da dinero, poder, pero no la oportunidad de recuperar lo que es suyo... hasta que se entera de la gran noticia: sus tierras han sido añadidas a la dote de Lady Penelope Marbury.
Por su parte, años atrás, el compromiso de lady Penelope con uno de los hombres más poderosos y respetables de Londres, el duque de Leighton, se rompió cuando él eligió casarse con la mujer a la que amaba. Desde entonces, lady Penelope se ha visto no sólo rodeada de escándalo, sino que ha ido recibiendo propuestas de matrimonio cada vez peores y, además, ella no desea un mero matrimonio habitual, sino que desea la pasión y el amor.
Cuando, tras rechazar a su mejor amigo, su padre le comunica que ha obtenido las tierras de su amigo de la infancia, Bourne, a Penelope no le parece bien. Sin embargo, antes de que pueda hacer algo al respecto, Bourne reaparece en su vida y prácticamente la obliga a casarse con él, aunque le promete que la mantendrá al margen de la parte perversa y oscura de su vida, pero, claro, Penelope no está muy por la labor, ya que lo que ella quiere es vivir aventuras y nuevas experiencias.
En cuanto leí de qué iba Un canalla es siempre un canalla, me sorprendió muchísimo que Sarah MacLean recuperara a Penelope que, en Once escándalos para enamorar a un duque, había ejercido de obstáculo. Sin embargo, aún fue todavía más sorprendente el conocer a Penelope, ya que ella es muy genial y, por otro lado, ofrecía la otra cara de la moneda.
De hecho, me gustó particularmente que, cuando se refería a todo aquel asunto de su pasado, se alegrara de veras por Leighton y Juliana y anhelara que algo así le pasara a ella. Me pareció muy original y ayuda a querer más a lady Penelope, que no puede ser más encantadora. Lista, con carácter, buena y preocupada por los demás, hasta por ese Bourne que no le pone las cosas nada fáciles.
El trabajo que Sarah MacLean realiza con Bourne también es digno de admirar. El juego de puntos de vista que se trae está muy bien escrito. Así, podemos ver a Bourne actuando como un auténtico capullo delante de lady Penelope, pero luego, al leer su punto de vista, le comprendes mejor y es imposible no odiarlo a muerte. Todo un acierto, si tenemos en cuenta que es el galán de la función y es una novela romántica, así que la función de todo es que quieras que los protagonistas acaben juntos.
Y, la verdad, la relación entre ambos está muy conseguida. Es divertida, sexy y complicada, más que nada porque Bourne tiene muchos problemas, está amargado, le cuesta espabilar y no habrá hombre más cabezota en la faz de la tierra. Sin embargo, resulta muy creíble que lady Penelope le dé una oportunidad. A fin de cuentas, se han criado juntos y Penelope le aprecia de verdad y conoce su problemático pasado, así que es fácil comprender el que esté buscando al chico del que estaba enamorada. Además, la evolución de Bourne está muy bien llevada, junto con la de la relación, de ahí que el final de Un canalla siempre es un canalla sea de mis favoritos.
Pero como no voy a entrar en spoilers, os vais a tener que contentar con eso. O leerlo y así sabréis cuál es.
Por suerte, Penelope y Bourne no están solos, sino que están acompañados de una serie de secundarios que no sólo están perfectamente definidos y dibujados, sino que se antojan de lo más interesantes. Las hermanas de Penelope son muy distintas entre ellas y respecto a Penelope, pero sus apariciones son grandiosas, al igual que los amigos y socios de Bourne en El ángel caído. De hecho, las interacciones entre ellos y lady Penelope, para desesperación de Bourne, son muy, muy divertidas.
Ya en el epílogo Sarah MacLean te deja claro cuál va a ser la pareja de la segunda novela, Amor con amor se paga, que evidentemente estoy deseando leer.
Por lo demás, es que sólo me queda repetirme porque, la verdad, Sarah MacLean nunca falla: no sólo tiene una pluma exquisita y un don para los diálogos ingeniosos, sino que todas sus novelas son divertidas, románticas y de lo más entretenidas. Y con Un canalla siempre es un canalla cumple con todo eso, de hecho se lee prácticamente de un tirón y, mientras lo lees, no dejas de disfrutar como una enana. Vamos, que es una lectura de lo más recomendable.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Las crónicas de Fortuna I. El secreto del trapecista de Javier Ruescas.
Pues Sarah MacLean repite la fórmula en su nueva saga, Las reglas de los canallas, que está formada por cuatro novelas y, de momento, os reseño la primera, Un canalla siempre es un canalla. Sí, acaban de publicar la cuarta y última, pero yo voy a mi ritmo. Bueno, total, que la nueva saga está ambientada en el mismo Londres que la trilogía anterior e incluso la protagonista de Un canalla siempre es un canalla es una vieja conocida para los lectores de sus obras anteriores.
¿Significa eso que no se puede leer Un canalla siempre es un canalla sin haber leído las novelas anteriores? No, desde luego que no. De hecho, esta novela supone el inicio de la saga y presenta al amplio abanico de personajes que irán apareciendo a lo largo de las siguientes entregas. Además, Sarah MacLean explica muy bien lo que es necesario saber, por lo que no, no es necesario leer El amor por números... aunque, insisto (a lo Matías Prats), es una trilogía que mola mucho y que debería leerse por eso.
Pero, bueno, ahora sí que sí, vayamos con Un canalla siempre es un canalla, empezando por su sinopsis:
Diez años atrás, cuando prácticamente acaba de quedarse huérfano, el marqués de Bourne pierde absolutamente todo en una partida de cartas a manos del hombre que debía cuidar de sus intereses y padre de su mejor amigo. Despojado de todo salvo de su título nobiliario, a Bourne sólo le mueve una única cosa: recuperar las tierras de su familia. Por eso, es uno de los cuatro propietarios del club de juegos más exclusivo de Londres, una especie de rey en los bajos fondos londinenses. Eso le da dinero, poder, pero no la oportunidad de recuperar lo que es suyo... hasta que se entera de la gran noticia: sus tierras han sido añadidas a la dote de Lady Penelope Marbury.
Por su parte, años atrás, el compromiso de lady Penelope con uno de los hombres más poderosos y respetables de Londres, el duque de Leighton, se rompió cuando él eligió casarse con la mujer a la que amaba. Desde entonces, lady Penelope se ha visto no sólo rodeada de escándalo, sino que ha ido recibiendo propuestas de matrimonio cada vez peores y, además, ella no desea un mero matrimonio habitual, sino que desea la pasión y el amor.
Cuando, tras rechazar a su mejor amigo, su padre le comunica que ha obtenido las tierras de su amigo de la infancia, Bourne, a Penelope no le parece bien. Sin embargo, antes de que pueda hacer algo al respecto, Bourne reaparece en su vida y prácticamente la obliga a casarse con él, aunque le promete que la mantendrá al margen de la parte perversa y oscura de su vida, pero, claro, Penelope no está muy por la labor, ya que lo que ella quiere es vivir aventuras y nuevas experiencias.
En cuanto leí de qué iba Un canalla es siempre un canalla, me sorprendió muchísimo que Sarah MacLean recuperara a Penelope que, en Once escándalos para enamorar a un duque, había ejercido de obstáculo. Sin embargo, aún fue todavía más sorprendente el conocer a Penelope, ya que ella es muy genial y, por otro lado, ofrecía la otra cara de la moneda.
De hecho, me gustó particularmente que, cuando se refería a todo aquel asunto de su pasado, se alegrara de veras por Leighton y Juliana y anhelara que algo así le pasara a ella. Me pareció muy original y ayuda a querer más a lady Penelope, que no puede ser más encantadora. Lista, con carácter, buena y preocupada por los demás, hasta por ese Bourne que no le pone las cosas nada fáciles.
El trabajo que Sarah MacLean realiza con Bourne también es digno de admirar. El juego de puntos de vista que se trae está muy bien escrito. Así, podemos ver a Bourne actuando como un auténtico capullo delante de lady Penelope, pero luego, al leer su punto de vista, le comprendes mejor y es imposible no odiarlo a muerte. Todo un acierto, si tenemos en cuenta que es el galán de la función y es una novela romántica, así que la función de todo es que quieras que los protagonistas acaben juntos.
Y, la verdad, la relación entre ambos está muy conseguida. Es divertida, sexy y complicada, más que nada porque Bourne tiene muchos problemas, está amargado, le cuesta espabilar y no habrá hombre más cabezota en la faz de la tierra. Sin embargo, resulta muy creíble que lady Penelope le dé una oportunidad. A fin de cuentas, se han criado juntos y Penelope le aprecia de verdad y conoce su problemático pasado, así que es fácil comprender el que esté buscando al chico del que estaba enamorada. Además, la evolución de Bourne está muy bien llevada, junto con la de la relación, de ahí que el final de Un canalla siempre es un canalla sea de mis favoritos.
Pero como no voy a entrar en spoilers, os vais a tener que contentar con eso. O leerlo y así sabréis cuál es.
Por suerte, Penelope y Bourne no están solos, sino que están acompañados de una serie de secundarios que no sólo están perfectamente definidos y dibujados, sino que se antojan de lo más interesantes. Las hermanas de Penelope son muy distintas entre ellas y respecto a Penelope, pero sus apariciones son grandiosas, al igual que los amigos y socios de Bourne en El ángel caído. De hecho, las interacciones entre ellos y lady Penelope, para desesperación de Bourne, son muy, muy divertidas.
Ya en el epílogo Sarah MacLean te deja claro cuál va a ser la pareja de la segunda novela, Amor con amor se paga, que evidentemente estoy deseando leer.
Por lo demás, es que sólo me queda repetirme porque, la verdad, Sarah MacLean nunca falla: no sólo tiene una pluma exquisita y un don para los diálogos ingeniosos, sino que todas sus novelas son divertidas, románticas y de lo más entretenidas. Y con Un canalla siempre es un canalla cumple con todo eso, de hecho se lee prácticamente de un tirón y, mientras lo lees, no dejas de disfrutar como una enana. Vamos, que es una lectura de lo más recomendable.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Las crónicas de Fortuna I. El secreto del trapecista de Javier Ruescas.
lunes, 7 de abril de 2014
Once escándalos para enamorar a un duque
Hoy os traigo la reseña de un libro que me moría por leer, ya que era el final de la trilogía Love by numbers de Sarah McLean: Once escándalos para enamorar a un duque. Por si no lo sabíais, El amor en números (o, como la llamo yo, la saga de los títulos cortitos ;P) es una trilogía romántica que en España publicó Versátil y que recomiendo muy mucho. La primera entrega, Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja, me gustó muchísimo, aunque la segunda, Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore, supuso una decepción.
Pero hoy toca hablar de la última parte, de la novela que se centra en la hermana más joven, en Juliana, que, además, es la mejor entrega de la trilogía: Once escándalos para enamorar a un duque, a partir de ahora Once escándalos, para abreviar y eso.
Juliana Fiori lo tiene difícil para encajar en la encorsetada sociedad inglesa, puesto que es la hija fuera del matrimonio de una marquesa y, además, un espíritu libre, alguien apasionado y decidido al que no le importan ni los cotilleos ni la habladurías de la sociedad londinense. En conclusión, Juliana es el tipo de mujer del que el duque de Leighton, parangón de la rectitud y de la reputación intachable, huiría casi desesperadamente, sobre todo estando en el momento tan delicado en el que está: con su hermana a punto de tener un hijo sin estar casada.
No obstante, Leighton y Juliana siempre acaban encontrándose y, tras un malentendido ocurrido hace tiempo, se llevan a matar. En una de sus discusiones, acaban haciendo una apuesta: Juliana tiene dos semanas para mostrarle que la pasión es lo más importante en la vida y que nadie puede resistirse a ella, ni siquiera el duque del desdén.
En esta ocasión nos encontramos con dos viejos conocidos, pues tanto Juliana como Leighton fueron presentados en la primera entrega, donde leímos como se conocieron y se gustaron... hasta que Leighton descubrió quién era Juliana en realidad. Desde entonces, los dos no pueden ni verse, aunque, en el fondo, no dejan de pensar en el otro: Juliana cree que Leighton no quiere saber de ella por ser una bastarda y, de ahí, que le importe lo que él opina sobre ella, aunque no piense reconocerlo bajo ninguna circunstancia; Leighton, por su parte, cree que Juliana sólo quería cazarle como marido, por lo que está profundamente decepcionado, pero al mismo tiempo intenta cuidar de ella y que no estropee aún más su reputación.
Con ese punto de partida tenemos el conflicto, que explica los dimes y diretes de nuestros protagonistas. Dos personajes con carácter que, pese a llevarse a matar, siempre se acaban encontrando. Personalmente, me gustó mucho cómo Sarah McLean lleva el tira y afloja entre Juliana y Simon, el duque de Leighton, sobre todo porque su historia llevaba planteada desde la primera entrega y, pese a eso, no resulta ni previsible, ni repetitiva, sino todo lo contrario: su evolución es tan constante que engancha como ninguna otra.
En ese sentido, me ha recordado a Nueve reglas, donde la relación iba cambiando, se iba enfrentando a distintos problemas y fases diferentes, en vez de Diez lecciones que se limitaba a dar vueltas a lo mismo una y otra vez.
También se ha parecido a Nueve reglas en la magia, en la chispa, que hay entre ellos dos. Los diálogos, las situaciones y cada escena entre Juliana y Simon está llena de química y es una auténtica delicia leerles. Tienen momentos muy, muy divertidos y otros tan románticos como apasionados.
Además, resulta refrescante que Juliana sea la protagonista. Tanto Callie como Isabel, las protagonistas de los libros anteriores, no son damas inglesas tradicionales, pero Juliana es todavía más distinta. Ella es una chica italiana, que se ha criado con su padre lejos de normas de etiqueta, reputaciones y demás parafernalia, por lo que es muy interesante ver la sociedad londinense a través de sus ojos: cómo no entiende las costumbres, lo sumamente estúpidas que le parecen algunas cosas, cómo las supuestas damas virtuosas pueden llegar a ser mucho peor que ella y sus allegados, que son los que gozan de mala reputación...
Juliana, por cierto, es una gran protagonista. Decidida, valiente, franca, deslenguada, pero también sensible y con varios problemas a la espalda. Porque Once escándalos no habla sólo de amor, sino de aceptarse a uno mismo y de cómo los hijos pueden pagar por los pecados de los padres. Juliana se limita a ser la heroína de la historia romántica, sino que toda la situación tiene más miga: el miedo a ser como su madre y acabar hiriendo a todo el mundo; el miedo a que sus hermanos le den la espalda, algo que cree que merece; el creerse indigna...
Todo está perfectamente hilado y ambas facetas (la romántica y los traumas familiares) encajan como si fuera un puzzle, haciendo que la gran Juliana tenga una gran evolución.
Aunque para evolución la de Simon. A fin de cuentas, la historia de Juliana trata sobre aceptarse a uno mismo, tampoco nos contaba nada que no conociéramos de ella, sino que la desarrollaba más, pero a Simon no lo conocíamos como persona. Sólo sabíamos que era el duque de Leighton y que, para él, la reputación lo era todo.
Y ha sido un placer conocerle, ver por qué era como era (de nuevo, gracias a una madre terrible, qué trauma tiene Sarah McLean con los progenitores) y ver como Juliana, poco a poco, derretía la coraza de hielo que él mostraba al mundo. Porque Simon, aunque no lo pareciera o cometiera errores, es un buen hombre. También es sensible, apasionado y valiente y tiene unas escenas muy, muy chulas.
Como veis, Once escándalos recupera por completo el espíritu de Nueve reglas, que estaba ausente en Diez lecciones: la química, los diálogos chispeantes, la evolución constante, que transcurra un tiempo comprensible... y, sobre todo, la importante de los secundarios. En Once escándalos nos reencontramos con todos los personajes de las novelas anteriores: Callie, sus hermanos Benedick y Mariana, el marido de ésta, Isabel y, sobre todo, los hermanos St. John. De hecho, las apariciones de Gabriel (más numerosas que las de su hermano, aunque es pura lógica) son todas para enmarcar, ya sea con su hermana o con Simon.
Vamos, que Once escándalos para enamorar a un duque es una gran novela romántica: entretenida, amena, divertida y apasionada. Un broche de oro para una trilogía que no puedo dejar de recomendar.
Que, por cierto, Sarah, entre tú y yo, ¿para cuándo una novela que le busque churri a Benedick, eh, eh?
El próximo lunes literario estará dedicado a... La biblioteca de los muertos de Glenn Cooper.
Pero hoy toca hablar de la última parte, de la novela que se centra en la hermana más joven, en Juliana, que, además, es la mejor entrega de la trilogía: Once escándalos para enamorar a un duque, a partir de ahora Once escándalos, para abreviar y eso.
Juliana Fiori lo tiene difícil para encajar en la encorsetada sociedad inglesa, puesto que es la hija fuera del matrimonio de una marquesa y, además, un espíritu libre, alguien apasionado y decidido al que no le importan ni los cotilleos ni la habladurías de la sociedad londinense. En conclusión, Juliana es el tipo de mujer del que el duque de Leighton, parangón de la rectitud y de la reputación intachable, huiría casi desesperadamente, sobre todo estando en el momento tan delicado en el que está: con su hermana a punto de tener un hijo sin estar casada.
No obstante, Leighton y Juliana siempre acaban encontrándose y, tras un malentendido ocurrido hace tiempo, se llevan a matar. En una de sus discusiones, acaban haciendo una apuesta: Juliana tiene dos semanas para mostrarle que la pasión es lo más importante en la vida y que nadie puede resistirse a ella, ni siquiera el duque del desdén.
En esta ocasión nos encontramos con dos viejos conocidos, pues tanto Juliana como Leighton fueron presentados en la primera entrega, donde leímos como se conocieron y se gustaron... hasta que Leighton descubrió quién era Juliana en realidad. Desde entonces, los dos no pueden ni verse, aunque, en el fondo, no dejan de pensar en el otro: Juliana cree que Leighton no quiere saber de ella por ser una bastarda y, de ahí, que le importe lo que él opina sobre ella, aunque no piense reconocerlo bajo ninguna circunstancia; Leighton, por su parte, cree que Juliana sólo quería cazarle como marido, por lo que está profundamente decepcionado, pero al mismo tiempo intenta cuidar de ella y que no estropee aún más su reputación.
Con ese punto de partida tenemos el conflicto, que explica los dimes y diretes de nuestros protagonistas. Dos personajes con carácter que, pese a llevarse a matar, siempre se acaban encontrando. Personalmente, me gustó mucho cómo Sarah McLean lleva el tira y afloja entre Juliana y Simon, el duque de Leighton, sobre todo porque su historia llevaba planteada desde la primera entrega y, pese a eso, no resulta ni previsible, ni repetitiva, sino todo lo contrario: su evolución es tan constante que engancha como ninguna otra.
En ese sentido, me ha recordado a Nueve reglas, donde la relación iba cambiando, se iba enfrentando a distintos problemas y fases diferentes, en vez de Diez lecciones que se limitaba a dar vueltas a lo mismo una y otra vez.
También se ha parecido a Nueve reglas en la magia, en la chispa, que hay entre ellos dos. Los diálogos, las situaciones y cada escena entre Juliana y Simon está llena de química y es una auténtica delicia leerles. Tienen momentos muy, muy divertidos y otros tan románticos como apasionados.
Además, resulta refrescante que Juliana sea la protagonista. Tanto Callie como Isabel, las protagonistas de los libros anteriores, no son damas inglesas tradicionales, pero Juliana es todavía más distinta. Ella es una chica italiana, que se ha criado con su padre lejos de normas de etiqueta, reputaciones y demás parafernalia, por lo que es muy interesante ver la sociedad londinense a través de sus ojos: cómo no entiende las costumbres, lo sumamente estúpidas que le parecen algunas cosas, cómo las supuestas damas virtuosas pueden llegar a ser mucho peor que ella y sus allegados, que son los que gozan de mala reputación...
Juliana, por cierto, es una gran protagonista. Decidida, valiente, franca, deslenguada, pero también sensible y con varios problemas a la espalda. Porque Once escándalos no habla sólo de amor, sino de aceptarse a uno mismo y de cómo los hijos pueden pagar por los pecados de los padres. Juliana se limita a ser la heroína de la historia romántica, sino que toda la situación tiene más miga: el miedo a ser como su madre y acabar hiriendo a todo el mundo; el miedo a que sus hermanos le den la espalda, algo que cree que merece; el creerse indigna...
Todo está perfectamente hilado y ambas facetas (la romántica y los traumas familiares) encajan como si fuera un puzzle, haciendo que la gran Juliana tenga una gran evolución.
Aunque para evolución la de Simon. A fin de cuentas, la historia de Juliana trata sobre aceptarse a uno mismo, tampoco nos contaba nada que no conociéramos de ella, sino que la desarrollaba más, pero a Simon no lo conocíamos como persona. Sólo sabíamos que era el duque de Leighton y que, para él, la reputación lo era todo.
Y ha sido un placer conocerle, ver por qué era como era (de nuevo, gracias a una madre terrible, qué trauma tiene Sarah McLean con los progenitores) y ver como Juliana, poco a poco, derretía la coraza de hielo que él mostraba al mundo. Porque Simon, aunque no lo pareciera o cometiera errores, es un buen hombre. También es sensible, apasionado y valiente y tiene unas escenas muy, muy chulas.
Como veis, Once escándalos recupera por completo el espíritu de Nueve reglas, que estaba ausente en Diez lecciones: la química, los diálogos chispeantes, la evolución constante, que transcurra un tiempo comprensible... y, sobre todo, la importante de los secundarios. En Once escándalos nos reencontramos con todos los personajes de las novelas anteriores: Callie, sus hermanos Benedick y Mariana, el marido de ésta, Isabel y, sobre todo, los hermanos St. John. De hecho, las apariciones de Gabriel (más numerosas que las de su hermano, aunque es pura lógica) son todas para enmarcar, ya sea con su hermana o con Simon.
Vamos, que Once escándalos para enamorar a un duque es una gran novela romántica: entretenida, amena, divertida y apasionada. Un broche de oro para una trilogía que no puedo dejar de recomendar.
Que, por cierto, Sarah, entre tú y yo, ¿para cuándo una novela que le busque churri a Benedick, eh, eh?
El próximo lunes literario estará dedicado a... La biblioteca de los muertos de Glenn Cooper.
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lunes, 16 de septiembre de 2013
Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore
Ayer no pude cambiar al Maromo de la semana porque estuve fuera, pero hoy sí que cumplo con lo prometido y os traigo la reseña de Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore. La novela, escrita por Sarah McLean, es la segunda parte de la trilogía El amor por números, que en España ya ha publicado por completo la editorial Versátil y que sigue la estructura de pareja por novela: es decir, cada libro está centrado en una pareja distinta, aunque el universo sea el mismo y haya personajes comunes.
Hace ya un tiempo, leí la primera entrega, Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja, y me gustó muchísimo. La disfruté de cabo a rabo, así que estaba deseando hincarle el diente a las otras dos. Por suerte, antes de ponerme a leer esta segunda entrega, una buena amiga de cuyo criterio me fío muy, mucho (y que responde al nombre de Xymeeforyou) me dijo que, mientras que la tercera le gustó todavía más que la primera, la segunda la decepcionó.
Y, pese a ir advertida, Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore me ha decepcionado.
Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore nos presenta a lady Isabel Towsend, la hija de un conde que es la vergüenza entera de la sociedad inglesa: mujeriego, borracho, se juega hasta la camisa... Por eso, Isabel no tiene dinero, pero sí muchas responsabilidades: debe educar a su hermano pequeño, el futuro conde; hacerse cargo de la casa y de todos aquellos que viven en ella. Además, desde pequeña cree que los hombres no traen nada bueno.
Por otro lado, lord Nicholas St. John (el hermano gemelo de Gabriel, que es el protagonista de la primera entrega) ha sido declarado la quinta esencia de la virilidad, el soltero más codiciado de Londres, así que todas las solteras de la ciudad le persiguen por los rincones. Harto de tal situación, Nick acepta el encargo de su amigo, el duque de Leighton, para alejarse de Londres... y se encuentra con Isabel, quien tiene demasiados misterios como para que Nick no se fije en ella.
Bien, la situación que presenta Sarah McLean es bastante interesante: una chica dura, independiente y adelantada a su época se topa con todo un caballero andante, que tiene debilidad por las damiselas en apuros y el corazón roto. Sin embargo, el resultado de la novela deja bastante que desear.
En primer lugar, la historia es muy, muy precipitada. Si no me equivoco, la novela abarca unos tres, cuatro días y Nick e Isabel se enamoran enseguida, lo que me resultó poco creíble, sobre todo porque ambos personajes tienen sus traumas a las espaldas.
En segundo lugar, es terriblemente repetitiva. Los diálogos entre ellos, las escenas que comparten... todo parece estar cortado por el mismo patrón durante toda la historia. No hay evolución, no hay situaciones diferentes, sólo lo mismo una y otra vez. Las comparaciones son odiosas, pero, mientras leía Diez lecciones, no dejaba de recordar que en Nueve reglas, la pareja evolucionaba a las mil maravillas y la situación entre ellos iba cambiando a medida que pasaban tiempo junto.
En tercer lugar, la chica. Dios, que pesada que me resultó Isabel. Vale, su padre pasó de ella, destrozando a su madre (que la tomó con ella) e incluso apostaba a Isabel cuando jugaba. Comprendo que no confíe en el primero que pase, que decida llevar ella sola el peso del mundo y que el amor no le interese. Sin embargo, resultaba cansino, absurdo y un insulto a la inteligencia del lector que Isabel se tire tooooodo el santo libro tomando a Nick por Satanás cuando él no ha hecho nada más que ayudarla. Nick siempre la ayuda, la protege e, incluso cuando descubren que Nick está buscando a la chica que Isabel tiene escondida, Nick no hace nada por perjudicarla. Pero Isabel erre que erre, que Nick es malo y demás tonterías.
Pese a que se suponía que Isabel era madura, independiente y fuerte, me acabó resultando todo lo contrario: una niña victimista, dependiente de Minerva House, que es incapaz de ver la realidad y se enroca en su posición sin intentar razonar.
Además, a diferencia de Nueve reglas, Diez lecciones está única y exclusivamente centrado en la pareja. Mientras que en el primero, tanto Nick como Juliana como la familia de Callie tenían importancia, aquí los secundarios ni siquiera llegan a tal y están de lo más desaprovechados. Personalmente, eché mucho de menos ver a los personajes de la primera entrega, sobre todo porque la pareja protagonista de Diez lecciones no está a la altura. De hecho, a Isabel y Nick no les encontré la misma chispa, ni la misma magia que desprendían Callie y Gabriel en la primera parte.
Por lo demás, la narración de Sarah McLean sigue siendo muy amena a la par que versátil, pues se adapta perfectamente a cada tipo de escena: las más románticas, con más descripciones y preciosismo, mientras que las de humor están llenas de diálogos. Personalmente, me gusta mucho cómo escribe Sarah McLean y también que aúne tan bien la erótica con el romanticismo y el humor, pese a que, en este caso, no ha acertado demasiado con los personajes.
Pese a eso, estoy deseando leer el tercero, ya que la pareja protagonista me interesa (Juliana, la hermana de Gabriel y Nick y el duque de Leighton) y el título de la novela: Once escándalos para enamorar a un duque. Además, como ya he dicho antes, me han chivado que es el mejor, por lo que tengo aún más ganas.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Siempre de Maggie Stiefvater.
Hace ya un tiempo, leí la primera entrega, Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja, y me gustó muchísimo. La disfruté de cabo a rabo, así que estaba deseando hincarle el diente a las otras dos. Por suerte, antes de ponerme a leer esta segunda entrega, una buena amiga de cuyo criterio me fío muy, mucho (y que responde al nombre de Xymeeforyou) me dijo que, mientras que la tercera le gustó todavía más que la primera, la segunda la decepcionó.
Y, pese a ir advertida, Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore me ha decepcionado.
Diez lecciones para dar caza a un Lord y que te adore nos presenta a lady Isabel Towsend, la hija de un conde que es la vergüenza entera de la sociedad inglesa: mujeriego, borracho, se juega hasta la camisa... Por eso, Isabel no tiene dinero, pero sí muchas responsabilidades: debe educar a su hermano pequeño, el futuro conde; hacerse cargo de la casa y de todos aquellos que viven en ella. Además, desde pequeña cree que los hombres no traen nada bueno.
Por otro lado, lord Nicholas St. John (el hermano gemelo de Gabriel, que es el protagonista de la primera entrega) ha sido declarado la quinta esencia de la virilidad, el soltero más codiciado de Londres, así que todas las solteras de la ciudad le persiguen por los rincones. Harto de tal situación, Nick acepta el encargo de su amigo, el duque de Leighton, para alejarse de Londres... y se encuentra con Isabel, quien tiene demasiados misterios como para que Nick no se fije en ella.
Bien, la situación que presenta Sarah McLean es bastante interesante: una chica dura, independiente y adelantada a su época se topa con todo un caballero andante, que tiene debilidad por las damiselas en apuros y el corazón roto. Sin embargo, el resultado de la novela deja bastante que desear.
En primer lugar, la historia es muy, muy precipitada. Si no me equivoco, la novela abarca unos tres, cuatro días y Nick e Isabel se enamoran enseguida, lo que me resultó poco creíble, sobre todo porque ambos personajes tienen sus traumas a las espaldas.
En segundo lugar, es terriblemente repetitiva. Los diálogos entre ellos, las escenas que comparten... todo parece estar cortado por el mismo patrón durante toda la historia. No hay evolución, no hay situaciones diferentes, sólo lo mismo una y otra vez. Las comparaciones son odiosas, pero, mientras leía Diez lecciones, no dejaba de recordar que en Nueve reglas, la pareja evolucionaba a las mil maravillas y la situación entre ellos iba cambiando a medida que pasaban tiempo junto.
En tercer lugar, la chica. Dios, que pesada que me resultó Isabel. Vale, su padre pasó de ella, destrozando a su madre (que la tomó con ella) e incluso apostaba a Isabel cuando jugaba. Comprendo que no confíe en el primero que pase, que decida llevar ella sola el peso del mundo y que el amor no le interese. Sin embargo, resultaba cansino, absurdo y un insulto a la inteligencia del lector que Isabel se tire tooooodo el santo libro tomando a Nick por Satanás cuando él no ha hecho nada más que ayudarla. Nick siempre la ayuda, la protege e, incluso cuando descubren que Nick está buscando a la chica que Isabel tiene escondida, Nick no hace nada por perjudicarla. Pero Isabel erre que erre, que Nick es malo y demás tonterías.
Pese a que se suponía que Isabel era madura, independiente y fuerte, me acabó resultando todo lo contrario: una niña victimista, dependiente de Minerva House, que es incapaz de ver la realidad y se enroca en su posición sin intentar razonar.
Además, a diferencia de Nueve reglas, Diez lecciones está única y exclusivamente centrado en la pareja. Mientras que en el primero, tanto Nick como Juliana como la familia de Callie tenían importancia, aquí los secundarios ni siquiera llegan a tal y están de lo más desaprovechados. Personalmente, eché mucho de menos ver a los personajes de la primera entrega, sobre todo porque la pareja protagonista de Diez lecciones no está a la altura. De hecho, a Isabel y Nick no les encontré la misma chispa, ni la misma magia que desprendían Callie y Gabriel en la primera parte.
Por lo demás, la narración de Sarah McLean sigue siendo muy amena a la par que versátil, pues se adapta perfectamente a cada tipo de escena: las más románticas, con más descripciones y preciosismo, mientras que las de humor están llenas de diálogos. Personalmente, me gusta mucho cómo escribe Sarah McLean y también que aúne tan bien la erótica con el romanticismo y el humor, pese a que, en este caso, no ha acertado demasiado con los personajes.
Pese a eso, estoy deseando leer el tercero, ya que la pareja protagonista me interesa (Juliana, la hermana de Gabriel y Nick y el duque de Leighton) y el título de la novela: Once escándalos para enamorar a un duque. Además, como ya he dicho antes, me han chivado que es el mejor, por lo que tengo aún más ganas.
El próximo lunes literario estará dedicado a... Siempre de Maggie Stiefvater.
viernes, 27 de abril de 2012
Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja
A estas alturas ya habréis adivinado que es novela romántica pura y dura, un género del que sólo he leído las dos sagas anteriores y con opiniones dispares: mientras que los libros de Karen Marie Moning me gustaron (sobre todo el primero y el tercero), los tres de Lena Valenti que me he leído todo lo contrario. Por eso, aunque sí que he encontrado que cumple con ciertos clichés, también me ha parecido una novela muy original.
¿Y de qué trata Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja?
La historia comienza con Lady Calpurnia Hartwell, a la que llaman cariñosamente Callie, en la noche de su presentación en sociedad. Callie no es la más guapa, está regordeta y encima su madre la obliga a vestirse de forma horrible, así que no es precisamente la mejor noche de su vida. Sin embargo, cuando huye de la fiesta, se topa con el marqués de Ralston, conocido Don Juan, que la consuela, antes de irse con una de sus amantes, lo que escandaliza y excita a Callie a partes iguales.
Diez años después, Callie se ha convertido en una de las damas con mejor reputación de toda Inglaterra, aunque también está a punto de entrar en el horrible grupo de las solteronas y, además, sigue enamorada de Ralston. No es hasta que su hermana pequeña se promete en matrimonio, que Callie decide reaccionar y cambiar una vida que ya no le gusta, así que escribe una lista con nueve cosas que desea hacer y que no están bien vistas por la sociedad. Envalentonada por todo eso, se presenta en casa de Ralston para cumplir el primer punto de la lista: besar a alguien... apasionadamente.
A todo esto, Ralston tiene sus propios problemas, pues acaba de conocer a su hermanastra, que acaba de llegar desde Italia. Tanto Ralston como su hermano gemelo Nick desean que su hermana se quede con ellos y, por tanto, deben presentarla en sociedad, algo que puede salir tremendamente mal dado que su hermana, Julia, es el fruto de una relación de la antigua marquesa después de que abandonara a su familia. Por eso, cuando Callie se presenta en su casa, ve la oportunidad de que la presentación en sociedad salga bien, pues si alguien tiene una reputación intachable es Calpurnia... Hasta ese momento, al menos.
Utilizado la tercera persona desde el punto de vista de él y de ella, Sarah MacLean nos cuenta la historia de amor entre Callie y Ralston. Ella una romántica que lleva enamorada de él diez años, él que no cree en el amor porque vio como éste destrozó a su padre cuando su esposa le abandonó. Y lo que puede parecer una cursilería de primeras, no lo es. Sí, hay romanticismo, pero queda algo relegado por el humor y también por la pasión y es que a Ralston no lo consideran un granuja o un libertino por nada.
Las escenas eróticas están bien escritas, son explícitas, pero escritas con gusto, algo que en sí me esperaba. Lo que me sorprendió, sin embargo, fue el sentido del humor de la novela. Callie y Ralston al principio oscilan entre el entendimiento, la pasión y el llevarse como el perro y el gato, así que sus conversaciones son memorables y en muchas ocasiones divertidísimas. Luego, hacia el final del libro, la autora abandona la comicidad, centrándose algo más en el drama, lo que hace que el ritmo sea un poco más pausado, pero no queda mal dado el desarrollo de la historia.
Y si es tan divertida y recomendable esta novela es por la pareja protagonista, sobre todo por el personaje de Callie. Ralston es un buen personaje masculino, tiene su pasado, sus dobleces, comete errores, tiene su genio, pero también es comprensivo, buena persona y, sobre todo, en una época donde sólo eran floreros, Ralston sabe respetar a las mujeres.
Pero Callie es simplemente la leche. Creo que es un personaje con el que es muy fácil sentirse identificada, no es la más guapa, lo sabe y lo acepta, sin dejarse hundir por ello y le presión que le supone el que todo el mundo la tome por una solterona para los restos. También es muy decidida, valiente, amante de las aventuras y, aunque está locamente enamorada de Ralston, ni se deja humillar, ni se achanta ante él, todo lo contrario: se envalentona más. De hecho, yo me reía mucho cuando Callie hacía lo que fuera para cumplir los puntos de la lista y Ralston casi se infartaba al pensar que Callie iba a perder su reputación y, por tanto, empeorar la de Juliana.
Además, Callie rompe con todos los tópicos de protagonistas de este tipo de novela y, también, con todas las reglas que le impone una sociedad injusta para la mujer, que la relega a ser un mísero florero y le prohíbe hacer cosas como fumarse un puro.
La química entre los dos es genial, fluye muy bien, encajan muy bien y desde el primer encuentro se nota que saltan chispas entre los personajes, lo que hace que la lectura sea todavía más amena.
En cuanto a otros aspectos, la narración es muy fluida, Sarah MacLean mezcla muy bien tanto pasajes más descriptivos y de ritmo más lento, como diálogo con un ritmo muy rápido, que casi parece sacado de televisión. De hecho, y salvando las distancias, me ha recordado a los enfrentamientos dialécticos de Elizabeth Bennet y el señor Darcy.
Otro punto a su favor es la ambientación. Encontré muy original que situara la novela en el siglo XIX, aunque, como ya he dicho, no soy una experta en esta clase de literatura. Eso sí, está muy bien ambientada y en su justa medida. Sí, describe los vestidos, las costumbres de la época, la forma de ser de la sociedad, pero tampoco se explaya demasiado, así que los pasajes más descriptivos no resultan tediosos.
En conclusión, Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja es una novela romántica que resulta muy amena e interesante por la química que desprende la pareja protagonista, en la que ambos son grandes personajes. Está muy bien escrita y combina perfectamente el siglo XIX con el romance, el erotismo y un gran sentido del humor.
A mí me encantó y estoy deseando leer las siguientes ^^
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