Este miércoles la venganza que María Fuentes, reconvertida en Mercedes Dantés, culminaba en un episodio tan emocionante que era imposible despegar los ojos del televisor, cerrando así la serie y, sobre todo, una segunda temporada maravillosa, bastante alejada de la primera en tono y género.
En realidad, las dos temporadas podrían ser consideradas series diferentes, siendo la primera un prólogo a la segunda, donde te presentaban a los personajes y cómo se había alcanzado el punto en que una buena chica como María decidía acabar con toda su familia. La primera era más bien un drama que hablaba de niños robados, de cómo afectaba dicho tema a varias familias y empezaba a dibujar al villano sin escrúpulos ni alma que acabó resultando Enrique Vergel. La segunda, en contrapartida, era el thriller, los giros locos y un tipo de drama distinto, más telenovelesco y mucho más adictivo.
De hecho, entre una temporada y otra no sólo variaron el tono, sino que también ajustaron a los personajes, haciendo que todos tuvieran sus cosas buenas y sus cosas malas. Mientras que al principio, salvo la excepción de Amparo, sólo había muy buenos y muy malos, entre el final de la primera temporada y, sobre todo, la segunda los fueron modificando para que fueran más complejos y entraran en ese terreno gris en el que Amparo era la reina y señora. Bueno, como de la serie en realidad.
Así, Bruno dejó de ser el primo psicópata que perseguía enfermizamente a María para ser un hombre lleno de conflictos, siendo el principal el de hijo vs. marido. Porque Bruno quería serle leal a Amparo, la quería a su manera, pero también seguía deseando conseguir el respeto y la acepción de su padre.
La verdad es que podría decirse que ha sido la temporada de los conflictos, porque todos los personajes tenían uno que les definía.
Si, como ya he dicho, Bruno se movía entre su padre y su esposa, Luisa lo hacía entre lo que consideraba correcto y lo que de verdad quería. Era un tema que se había tratado antes, pero los guionistas lo sacaron de nuevo a la palestra con tanto arte que retrataron a Luisa de manera diferente, dándonos un aspecto nuevo de ella, alejado de esa madre frígida y sin corazón que se empecinaba en no querer ver la realidad. Incluso llegó a haber momentos en que fue bastante más humana, en que se comprendía mejor ese conflicto que tenía de sí misma contra sí misma, como a sus propios ojos sus propios sentimientos no estaban bien.
Y no hablo sólo de esa atracción que sentía por Belén, a la que dejó marchar por terquedad y miedo, sino también a algo que ya sabíamos y que repitió en el último episodio: a ser incapaz de querer a su hija hasta el punto de considerarla la fuente de todos sus males, ignorando a propósito lo que en el fondo sabía y es que su querido hermano sí que era la fuente de todo mal.
Porque, en serio, ¿ha habido villano más malvado que Enrique Vergel? No sólo se hizo rico vendiendo niños, sino que no ha habido nada que le haya parado: quiso matar a su propia sobrina, hizo que mataran a Francisco, si Amparo sobrevivió fue porque ella era muy hábil, le dio igual el tema del medicamento, al igual que no le importó destrozar a su propio hijo sólo por ganarle la partida a Amparo.
Que, por cierto, resulta muy hipócrita que Bruno se prestara a separar a su hijo de Amparo y a dejarla tirada, sabiendo la verdad y, sobre todo, habiendo pasado por un infierno desde niño porque Enrique le hizo precisamente lo mismo. Bu, Bruno, arde en el infierno.
Bueno, que ardan en el infierno la gran mayoría de personajes, que se lo merecen. Y eso ha sido algo que me ha gustado mucho, el cómo han demostrado que todos los personajes eran humanos y tenían motivaciones, pero al mismo tiempo querías que María los destrozara por ser unos cabrones de mucho cuidado. Aunque lo mejor ha sido que todos han obtenido lo que merecían al buscarse ellos mismos su destino.
En el último episodio, Amparo hablaba sobre revelarse contra el destino, sobre como alguien tan puteado como ella acababa negándose a que éste siguiera castigándola. Y es algo que define muy bien el final de Sin identidad, todos han escrito su propio destino: no sólo Enrique y Bruno se suicidaron, sino que Juan, Alex y Luisa también decidieron su propio final. Juan jugó con fuego y se quemó, a Alex la lealtad ciega hacia Enrique le pasó factura y Luisa no quiso abrir los ojos, pese a tener pruebas.
Al igual que María eligió ser feliz, dejar de un lado el pasado y el amargor que había estado dominando su vida y quedarse con la conciencia tranquila junto a Pablo y su hermana pequeña. Ni que decir tiene que no pudo gustarme más el final, me morí de amor y estoy súper satisfecha con él.
Porque Pablo y María se lo merecían, porque nosotros nos lo merecíamos también. Él fue el único personaje que se mantuvo íntegro hasta el final, el único que a pesar de los golpes siempre se movió guiado por la justicia y que actuó correctamente. Fue Pablo quien salvó a María al impedir que destrozara a su hermana, también quien la mantuvo en el suelo y alejada de un límite que ella habría podido cruzar y que le hubiera pasado factura para siempre.
Porque en esta segunda temporada María seguía siendo la heroína, pero había dejado atrás a la chica que fue, algo completamente comprensible visto por todo lo que había tenido que pasar. María era fuerte, tenía las ideas claras y estaba más que dispuesta a vengarse, aunque al final lo que hizo fue justicia.
Por cierto, me pareció una decisión de lo más acertada que se olvidaran del triángulo amoroso y que Juan dejara de ser el chico de la función para ser otro esbirro de Enrique. El personaje se volvió más interesante, supuso un bache importante para María (como miembro del team Pablo no me gusta recordarlo, pero admito que dio pie a escenas muy chulas y fue un desencadenante para que Juan tuviera ese final) y, así, aprovecharon la química brutal que tienen Megan Montaner y Eloy Azorín, cuyas escenas no podían ser más monas. Muy fan de los dos y de su final, como ya hecho.
Aunque si de algo soy fan es de Amparo. Sí, pese a todo la adoro. Mucho.
Amparo es una hija de puta, pero no se merece ese final, le dijo Pablo a María al conocer el destino que ésta le había reservado a su hermana. Y tenía razón. Porque, sí, Amparo traicionó a su hermana en dos ocasiones, pero su situación era mucho más complicada que la del resto de personajes. Ella era mucho más compleja que nadie.
Porque si ha habido un personaje verdaderamente complejo, ésa ha sido Amparo. Siempre lo fue y en esta segunda temporada eso sólo se ha intensificado. Si en la primera temporada Amparo se debatía entre el cariño hacia María y la envidia que ésta le provocaba, en la segunda tuvo que decidir entre su hermana y su hijo. ¿Qué también le sacó dinero a Enrique con la traición? Claro, es Amparo, lo de volver a quedarse sin dinero la aterraba, pero principalmente quería proteger a Quique. Ya lo habíamos visto antes, para Amparo el criar ella a Quique, el protegerlo de los Vergel, era una de sus prioridades, de ahí que se lo intentara llevar a la desesperada cuando creía que Enrique iba a matarla.
De hecho, en esta segunda temporada Amparo ha estado cuidando de María, mientras convivía con la culpa de haber participado en su fatal destino. Ha sido la única en la casa de los Vergel que se ha preocupado por ella, que se ofreció a ayudarla a criar a su hermana pequeña y que aceptó tanto sus mentiras como sus decisiones, incluso cuando descubrió que estaba liada con Juan, sólo le advirtió que no era trigo limpio.
Creo que por eso el final de las hermanas es, en parte, bastante triste. Sí, es perfecto, porque ambas sobreviven y ambas tienen nuevas oportunidades, pero me pareció una pena que, en ese sentido, Enrique ganara. Desde luego, María no tenía otra opción que mandarla a la mierda y no querer volver a ver a Amparo, no tras todo lo sucedido, pero también creo que si Enrique no hubiera estado tan empeñado en destrozar a Amparo, la segunda traición no se habría dado.
Porque Amparo sabía, al fin, que ser María no era tan bueno como creía, aunque también tenía claro que su vida pre-Vergel era mucho peor.
Y creo que por eso siempre he empatizado tanto con Amparo, que por eso sigo siendo fan de ella (además por la estupenda temporada que nos ha dado, siendo una diva de la leche en sus enfrentamientos con Enrique y Luisa), porque su conflicto inicial era mucho más humano y comprensible que el de María. A fin y al cabo, María tuvo una vida feliz (su madre no la quería, vale, pero tuvo un padre que la adoró e incluso recibió mucho amor por parte de su tío... lo que hace de Enrique un malo todavía más perturbador) llena de oportunidades, mientras que Amparo tuvo una madre que, aunque la quería, prefería la botella.
Seamos sinceros, por muy genial que fuera Fernanda, todos habríamos preferido ser criados por Francisco y la frígida de Luisa. De hecho, si María no hubiera buscado la verdad sobre su origen, seguiría teniendo una vida casi de ensueño, mientras que Amparo habría acabado siendo la puta del pueblo.
Así que, aunque quise estrangular a Amparo cuando traicionó por segunda vez a María, tampoco puedo odiarla. En parte porque con ella no soy objetiva, en parte porque sus motivaciones siempre han sido comprensibles. Desde el querer salir de una mierda de vida (el rebelarse contra su destino, como ella misma dijo) hasta el hacer todo lo posible para seguir con su hijo. Otra cosa es que el petardo de Quique no se merecía tanto sacrificio, pero, bueno, esa ya es otra cuestión.
Lo importante es que Sin identidad ha tenido una segunda temporada brutal y un final muy a la altura y que ha sido otra de las joyas de Antena 3 esta temporada. La verdad es que Antena 3 está acertando mucho con sus ficciones entre Sin identidad, Vis a vis y Allí abajo, grandeza las tres y cada una en su estilo.
Así que, bueno, sólo queda decirle adiós a María Fuentes y desearle que sea feliz ;)
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martes, 14 de julio de 2015
lunes, 29 de diciembre de 2014
20 personajes del 2014
Ya sé qué hoy tocaba una reseña literaria, pero como es la última semana del año, he preparado las típicas entradas con listas para hacer balance del 2014. Empezamos la semana "especial" con los veinte personajes revelación del 2014 para mí, así los habrá nuevo; personajes consolidados que, por lo que sea, han destacado más; incluso un par de ellos que yo conocí este año, aunque no sean nuevos.
Sí, son 20, soy buenísima descartando, lo sé. Y son un pelín más que los odiosos, entrada que publiqué hace unos días. Los personajes, por cierto, no van en orden y no hay serie repetida, para que haya variedad y eso ;)
1. Claire Randall en Outlander
Yo ya conocía a Claire porque he leído las novelas de Diana Gabaldon, pero este año han estrenado la serie y ha sido una maravilla. En los ocho episodios emitidos, Claire ha sido el personaje en el que más se ha ahondado y nos han mostrado lo muchísimo que mola esta enfermera de la segunda guerra mundial que acaba en la Escocia de la rebelión jacobita. Fuerte, serena, inteligente, sensual... Claire es una de las mejores heroínas que he visto nunca y Caitriona Balfe la interpreta a la perfección.
2. Oswald Cobblepot (El pingüino) en Gotham
Gotham me está gustando, pero es muy irregular y no mola todo lo que debería. Sin embargo, sí que han dado en el clavo con algo: cada vez que El pingüino aparece en pantalla, la serie gana enteros. Es un psicópata muy inteligente, que se mueve como pez en el agua entre las mafias de Gotham y nunca, absolutamente nunca, sabes por dónde va a salir. Vamos, que mola un cojón el señor Cobblepot.
3. Oberyn Martell en Game of thrones
En la cuarta temporada de Game of thrones conocimos al príncipe Oberyn, también conocido como La víbora roja, que llegaba a Desembarco del Rey desde Dorne con la clara intención de vengar la muerte de su hermana Elia. Oberyn es un experto en venenos, le da igual carne que pescado, es un personaje con varios veres y la elección de casting fue perfecta, pues Pedro Pascal se lució como Oberyn y yo no puedo ser más fan de ambos dos.
4. Clarke Griffin en The 100
La verdad es que tenía varias opciones en The 100 (me encanta tanto Bellamy como Octavia, Raven y Kane), pero me he quedado con Clarke porque fue uno de los personajes que más me sorprendió. Clarke no es la típica protagonista, sino que es una joven con las ideas muy claras; una médico improvisada con un gran sentido de la supervivencia que está dispuesta a todo por salvar a su gente y no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones difíciles. Además, su química con Bellamy, aunque en un muy segundo plano, mola mucho.
5. Mary Morstan en Sherlock
El principio del 2014 nos trajo la tercera temporada de Sherlock, que me encantó de principio a fin. He de admitir que, cuando leí que iba a aparecer Mary, no estaba muy a favor, pensaba que iba a ser una petarda que se iba a entrometer entre los dos chicos. Pues me equivoqué un montón. Mary es un personaje muy interesante, que se va mostrando poco a poco y que encaja perfectamente en la serie, sobre todo con Sherlock y John. Es inteligente, capaz de manipularlos y su giro en el último episodio de la temporada fue tan genial como su boda con John.
6. Grant Ward en Agents of Shield
Ward era el personaje más soso de Agents of Shield hasta que llegó el crossover con Capitán América: Soldado de invierno y se reveló como un miembro de Hydra. Mejor dicho, alguien que era únicamente leal a Garrett y que había estado fingiendo durante todo ese tiempo. Desde entonces, y tras ejercer brevemente de villano, Ward se ha convertido en ese personaje impredecible, de moral dudosa, que no sabes qué va a hacer a continuación, pero que tanto sus motivaciones como sus movimientos resultan de lo más estimulantes. ¡Larga vida a este nuevo Grant Ward!
7. Amparo Duque en Sin identidad
La protagonista de Sin identidad es Megan Montaner, una actriz que siempre levanta pasiones allá donde va porque es muy buena. Sin embargo, en su nueva serie, Sin identidad, ha sido el personaje encarnado por Verónica Sánchez el que ha resultado el más interesante de lejos. Amparo es una chica que ha tenido una vida muy difícil al cargar con una madre borracha, falta de dinero y el saber que no tiene muchas opciones para prosperar. Por eso, aunque María era la protagonista y caía bien, también se entendía muy bien ese continuo dilema de Amparo entre el cariño que le va cogiendo a su hermana y la envidia que le provoca el saber que ésta tiene todo lo que ella quería: un padre que la quería, dinero a mansalva, etc.
8. Regina Mills en Once upon a time
Bien podría haber puesto al trío de Frozen, que molaron cantidad, incluso a Rumpel porque siento debilidad por él, pero creo que en este 2014 la auténtica revelación de Once upon a time, al menos para mí, fue Regina. Yo tengo una curiosa relación con Regina. Al principio me flipaba la mala leche que se gastaba la reina malvada, pero luego acabé harta de ella en la segunda temporada. Me daba la sensación de que estaba tanto en tierra de nadie como lastrada y no ayudaba las locas ideas que tenía para recuperar a Henry y que conllevaban la muerte de los Charming. Sin embargo, la tercera temporada llegó, sobre todo el arco argumental de Oz, y Regina se redimió, aunque manteniendo sus pullas y su mala leche, lo que hacen de ella un personaje tan divertido como fácil de querer.
9. Harrison Wells en The Flash
Sí, Barry Allen es la monez personificada y el equipo Flash mola, aunque nadie lo hace tanto como este hombre. Desde el primer episodio, el doctor Wells se ha dedicado a cerrar los episodios, regalándonos un WTF?! tras otro y a darnos mucho margen para teorizar pues insinúan muchas cosas, pero tampoco nos han dejado nada claro. De momento, sabemos que no es el indefenso científico paralítico que finge ser, que está dispuesto a hacer lo que sea para proteger a Barry y que tiene información del futuro. ¿Será el Flash reverso? ¿Un descendiente de Barry? ¿El propio Barry venido del futuro? Muchas preguntas que, espero, nos respondan pronto.
10. Amy Raudenfeld en Faking it
Este verano se estrenó en la MTV la comedia Faking it y fue una verdadera sorpresa, no sólo porque fuera una comedia muy maja, sino por su temática. Y aunque poco a poco varios personajes se han destapado como auténticas revelaciones (sobre todo Lauren), la que más destaca es Amy. Rita Volk la interpreta a la perfección, mostrando como nadie tanto su viaje sexual como las distintas facetas de Amy, pues Amy puede ser la más sensata, un personaje frágil o que se vuelva loca del todo y empiece a liarla parda. Eso, junto al enamoramiento hacia Karma y el explorar su sexualidad, hacen de ella un personaje muy a tener en cuenta.
11. Will Graham y Hannibal Lecter en Hannibal
Vale, Hannibal es del 2013, pero yo me vi las dos temporadas este verano y acabé fascinada por ambos personajes. De hecho, no he podido decantarme por uno solo, sobre todo porque es terriblemente interesante ver la relación tan retorcida que los une, ese juego psicológico que se traen ambos dos: Will un asesor del FBI con una mente muy especial que le hace meterse en las de los peores asesinos, lo que le perturba mucho; Hannibal el elegante psicólogo que oculta a un caníbal sociópata en su interior. No pueden ser más distintos, pero ambos son tan interesantes como magnéticos.
12. Cary Agos en The good wife
Cary lleva en The good wife desde el episodio piloto, siendo uno de los personajes que más ha evolucionado y que ha pasado por situaciones más diferentes. No obstante, esta sexta temporada está siendo la de Cary. No sólo está protagonizando el 50% de la serie, sino que está teniendo un arco tan dramático como angustiante que le ha puesto en primera fila. Ahora mismo, su protagonismo competiría con el de la misma Alicia y su historia está molando tanto como él lleva molando desde que dejó la fiscalía.
13. Helena en Orphan Black
Cualquiera de los clones de Orphan Black mola cantidad y, aunque yo siempre sentiré debilidad por esa mujer desesperada que es Alison, Helena ha sido la que más ha evolucionado en la segunda temporada y también de las más divertidas. Helena se ha acercado a sus sistras, que ella dice; se ha enamorado (descacharrante ese episodio) y sus ideas, aunque bestias, no iban desencaminadas. Vamos, que si la hubieran dejado solucionar el problema de Rachel, que ella decía, se habrían ahorrado muchos problemas.
14. Twelve en Doctor Who
Los cambios de Doctores son difíciles para el espectador, que ya hemos pillado el punto al actual y le queremos, por lo que despedirle no es fácil. Sin embargo, a mí este cambio no me ha costado en absoluto. Quizás es porque Eleven no era, ni de lejos, mi favorito o quizás porque superada la marcha de Ten, yo puedo con todo. Da igual, pues lo que importa es que el Doctor de Peter Capaldi es la bomba. Irreverente, malhumorado, duro y con facilidad para faltar (la pobre Clara le tiene que aguantar cada comentario). También es más oscuro que su predecesor y mucho más imprevisible, por lo que resulta divertidísimo verle en acción.
15. Isidro Santiesteban y Katherine Taylor en Amar es para siempre
La segunda temporada de Amar es para siempre fue terriblemente irregular con una trama principal que dejaba mucho que desear y una historia de amor sencillamente horrible. Sin embargo, hacia la mitad apareció el padre Isidro, un cura que entraba a trabajar en la academia y que parecía ser el típico cura inflexible, pero poco a poco demostró ser una muy buena persona, un hombre adorable y, sobre todo, uno de los personajes más coherentes de la serie. Algo que se vio reflejado con la llegada de Katherine, periodista americana de lo más liberal, que chocó con el páter y nos dieron la historia de amor más apasionada, romántica y divertida que he visto en mucho tiempo. Estupendos los dos tanto por separado como juntos, por lo que van ambos al ranking de cabeza.
16. Mackenzie "Kenzi" Malikov en Lost girl
Este otoño descubrí Lost girl, de la que ya os conté lo genial que es, y por tanto descubrí a la maravillosa Kenzi. Idolatro a esta mujer, en serio. Adicta a las pelucas y a los estilismos extremos, divertida, friki, positiva, resolutiva... Kenzi es la única humana del grupo, personaje que suele ser el más coñazo y random, pero no en el caso de Kenzi, que es la que más mola con diferencia.
17. Raúl de la Riva en Velvet
Velvet tiene un pequeño grupo de personajes que son grandeza, pero aún así no me ha resultado difícil elegir entre ellos porque, seamos sinceros, ¿se puede ser más grande que Raúl de la Riva? La respuesta, obviamente, es no. Raúl es un diseñador apasionado, elegante, divertidísimo, incluso campechano, que se apodera de cualquier escena en la que salga. Cada intervención suya es oro puro, cada palabra es para recordarla y yo aún no entiendo cómo no es fijo.
18. Annie Edison en Community
Otra serie que descubrí este año y otro reparto del que me ha costado quedarme con uno porque todos los personajes de Community son grandeza. Pero he elegido a Annie porque ha sido un personaje que ha ido de menos a más, que empezó siendo la niñita buena del grupo para acabar siendo la bomba, ayudada sobre todo por la vis cómica de Alison Brie, que ha sido capaz de hacer graciosas escenas de lo más extremas como el ataque de cojonitis de Annie en el episodio de la ONU. Además, esa química brutal que tiene con Jeff me da la vida como shipper.
19. Will Scarlet/The Knave en Once upon a time in Wonderland
Ahora tenemos el placer de ver a Will en la serie principal, algo que no es de extrañar porque Will fue, de lejos, lo mejor del spin-off. Eso sí, de momento en Once lo tienen desaprovechado, pero los creadores han prometido que vamos a ver muchísimo más de él en la mitad de temporada que falta. La cuestión es que Wonderland es una mini-serie bastante maja (pese a sus efectos cutres hasta decir basta), con un final cerrado y donde Will destacó sobre los demás gracias a sus "bloody hell", su sarcasmo, su carisma y esa dualidad entre pendenciero y hombre adorable. En la actual temporada de Once, además, es un misterio pues no sabemos cómo ha acabado en Storybrooke, ni siquiera si es un pre o post Wonderland.
20. Malachai "Kai" Parker en The vampire diaries
Sí, un personaje de The vampire diaries. No, no tengo fiebre, podría parecerlo, pero no. La cuestión es que, por increíble que suene, The vampire diaries ha vuelto a molar, no llega al nivel de las temporadas 2 y 3, pero mola y la culpa de eso la tiene Kai. Kai es lo que la serie necesitaba, un malo tan malo como carismático, que supone una amenaza real (aunque todos sepamos que aquí no muere nadie, que sobrevive la peña más que Son Goku y cía) y que trae a su complicada familia con él, lo que supone vidilla de nuevo para la serie.
Estos han sido mis 20 personajes del 2014, ¿y para vosotros?
Sí, son 20, soy buenísima descartando, lo sé. Y son un pelín más que los odiosos, entrada que publiqué hace unos días. Los personajes, por cierto, no van en orden y no hay serie repetida, para que haya variedad y eso ;)
1. Claire Randall en Outlander
Yo ya conocía a Claire porque he leído las novelas de Diana Gabaldon, pero este año han estrenado la serie y ha sido una maravilla. En los ocho episodios emitidos, Claire ha sido el personaje en el que más se ha ahondado y nos han mostrado lo muchísimo que mola esta enfermera de la segunda guerra mundial que acaba en la Escocia de la rebelión jacobita. Fuerte, serena, inteligente, sensual... Claire es una de las mejores heroínas que he visto nunca y Caitriona Balfe la interpreta a la perfección.
2. Oswald Cobblepot (El pingüino) en Gotham
Gotham me está gustando, pero es muy irregular y no mola todo lo que debería. Sin embargo, sí que han dado en el clavo con algo: cada vez que El pingüino aparece en pantalla, la serie gana enteros. Es un psicópata muy inteligente, que se mueve como pez en el agua entre las mafias de Gotham y nunca, absolutamente nunca, sabes por dónde va a salir. Vamos, que mola un cojón el señor Cobblepot.
3. Oberyn Martell en Game of thrones
En la cuarta temporada de Game of thrones conocimos al príncipe Oberyn, también conocido como La víbora roja, que llegaba a Desembarco del Rey desde Dorne con la clara intención de vengar la muerte de su hermana Elia. Oberyn es un experto en venenos, le da igual carne que pescado, es un personaje con varios veres y la elección de casting fue perfecta, pues Pedro Pascal se lució como Oberyn y yo no puedo ser más fan de ambos dos.
4. Clarke Griffin en The 100
La verdad es que tenía varias opciones en The 100 (me encanta tanto Bellamy como Octavia, Raven y Kane), pero me he quedado con Clarke porque fue uno de los personajes que más me sorprendió. Clarke no es la típica protagonista, sino que es una joven con las ideas muy claras; una médico improvisada con un gran sentido de la supervivencia que está dispuesta a todo por salvar a su gente y no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones difíciles. Además, su química con Bellamy, aunque en un muy segundo plano, mola mucho.
5. Mary Morstan en Sherlock
El principio del 2014 nos trajo la tercera temporada de Sherlock, que me encantó de principio a fin. He de admitir que, cuando leí que iba a aparecer Mary, no estaba muy a favor, pensaba que iba a ser una petarda que se iba a entrometer entre los dos chicos. Pues me equivoqué un montón. Mary es un personaje muy interesante, que se va mostrando poco a poco y que encaja perfectamente en la serie, sobre todo con Sherlock y John. Es inteligente, capaz de manipularlos y su giro en el último episodio de la temporada fue tan genial como su boda con John.
6. Grant Ward en Agents of Shield
Ward era el personaje más soso de Agents of Shield hasta que llegó el crossover con Capitán América: Soldado de invierno y se reveló como un miembro de Hydra. Mejor dicho, alguien que era únicamente leal a Garrett y que había estado fingiendo durante todo ese tiempo. Desde entonces, y tras ejercer brevemente de villano, Ward se ha convertido en ese personaje impredecible, de moral dudosa, que no sabes qué va a hacer a continuación, pero que tanto sus motivaciones como sus movimientos resultan de lo más estimulantes. ¡Larga vida a este nuevo Grant Ward!
7. Amparo Duque en Sin identidad
La protagonista de Sin identidad es Megan Montaner, una actriz que siempre levanta pasiones allá donde va porque es muy buena. Sin embargo, en su nueva serie, Sin identidad, ha sido el personaje encarnado por Verónica Sánchez el que ha resultado el más interesante de lejos. Amparo es una chica que ha tenido una vida muy difícil al cargar con una madre borracha, falta de dinero y el saber que no tiene muchas opciones para prosperar. Por eso, aunque María era la protagonista y caía bien, también se entendía muy bien ese continuo dilema de Amparo entre el cariño que le va cogiendo a su hermana y la envidia que le provoca el saber que ésta tiene todo lo que ella quería: un padre que la quería, dinero a mansalva, etc.
8. Regina Mills en Once upon a time
Bien podría haber puesto al trío de Frozen, que molaron cantidad, incluso a Rumpel porque siento debilidad por él, pero creo que en este 2014 la auténtica revelación de Once upon a time, al menos para mí, fue Regina. Yo tengo una curiosa relación con Regina. Al principio me flipaba la mala leche que se gastaba la reina malvada, pero luego acabé harta de ella en la segunda temporada. Me daba la sensación de que estaba tanto en tierra de nadie como lastrada y no ayudaba las locas ideas que tenía para recuperar a Henry y que conllevaban la muerte de los Charming. Sin embargo, la tercera temporada llegó, sobre todo el arco argumental de Oz, y Regina se redimió, aunque manteniendo sus pullas y su mala leche, lo que hacen de ella un personaje tan divertido como fácil de querer.
9. Harrison Wells en The Flash
Sí, Barry Allen es la monez personificada y el equipo Flash mola, aunque nadie lo hace tanto como este hombre. Desde el primer episodio, el doctor Wells se ha dedicado a cerrar los episodios, regalándonos un WTF?! tras otro y a darnos mucho margen para teorizar pues insinúan muchas cosas, pero tampoco nos han dejado nada claro. De momento, sabemos que no es el indefenso científico paralítico que finge ser, que está dispuesto a hacer lo que sea para proteger a Barry y que tiene información del futuro. ¿Será el Flash reverso? ¿Un descendiente de Barry? ¿El propio Barry venido del futuro? Muchas preguntas que, espero, nos respondan pronto.
10. Amy Raudenfeld en Faking it
Este verano se estrenó en la MTV la comedia Faking it y fue una verdadera sorpresa, no sólo porque fuera una comedia muy maja, sino por su temática. Y aunque poco a poco varios personajes se han destapado como auténticas revelaciones (sobre todo Lauren), la que más destaca es Amy. Rita Volk la interpreta a la perfección, mostrando como nadie tanto su viaje sexual como las distintas facetas de Amy, pues Amy puede ser la más sensata, un personaje frágil o que se vuelva loca del todo y empiece a liarla parda. Eso, junto al enamoramiento hacia Karma y el explorar su sexualidad, hacen de ella un personaje muy a tener en cuenta.
11. Will Graham y Hannibal Lecter en Hannibal
Vale, Hannibal es del 2013, pero yo me vi las dos temporadas este verano y acabé fascinada por ambos personajes. De hecho, no he podido decantarme por uno solo, sobre todo porque es terriblemente interesante ver la relación tan retorcida que los une, ese juego psicológico que se traen ambos dos: Will un asesor del FBI con una mente muy especial que le hace meterse en las de los peores asesinos, lo que le perturba mucho; Hannibal el elegante psicólogo que oculta a un caníbal sociópata en su interior. No pueden ser más distintos, pero ambos son tan interesantes como magnéticos.
12. Cary Agos en The good wife
Cary lleva en The good wife desde el episodio piloto, siendo uno de los personajes que más ha evolucionado y que ha pasado por situaciones más diferentes. No obstante, esta sexta temporada está siendo la de Cary. No sólo está protagonizando el 50% de la serie, sino que está teniendo un arco tan dramático como angustiante que le ha puesto en primera fila. Ahora mismo, su protagonismo competiría con el de la misma Alicia y su historia está molando tanto como él lleva molando desde que dejó la fiscalía.
13. Helena en Orphan Black
Cualquiera de los clones de Orphan Black mola cantidad y, aunque yo siempre sentiré debilidad por esa mujer desesperada que es Alison, Helena ha sido la que más ha evolucionado en la segunda temporada y también de las más divertidas. Helena se ha acercado a sus sistras, que ella dice; se ha enamorado (descacharrante ese episodio) y sus ideas, aunque bestias, no iban desencaminadas. Vamos, que si la hubieran dejado solucionar el problema de Rachel, que ella decía, se habrían ahorrado muchos problemas.
14. Twelve en Doctor Who
Los cambios de Doctores son difíciles para el espectador, que ya hemos pillado el punto al actual y le queremos, por lo que despedirle no es fácil. Sin embargo, a mí este cambio no me ha costado en absoluto. Quizás es porque Eleven no era, ni de lejos, mi favorito o quizás porque superada la marcha de Ten, yo puedo con todo. Da igual, pues lo que importa es que el Doctor de Peter Capaldi es la bomba. Irreverente, malhumorado, duro y con facilidad para faltar (la pobre Clara le tiene que aguantar cada comentario). También es más oscuro que su predecesor y mucho más imprevisible, por lo que resulta divertidísimo verle en acción.
15. Isidro Santiesteban y Katherine Taylor en Amar es para siempre
La segunda temporada de Amar es para siempre fue terriblemente irregular con una trama principal que dejaba mucho que desear y una historia de amor sencillamente horrible. Sin embargo, hacia la mitad apareció el padre Isidro, un cura que entraba a trabajar en la academia y que parecía ser el típico cura inflexible, pero poco a poco demostró ser una muy buena persona, un hombre adorable y, sobre todo, uno de los personajes más coherentes de la serie. Algo que se vio reflejado con la llegada de Katherine, periodista americana de lo más liberal, que chocó con el páter y nos dieron la historia de amor más apasionada, romántica y divertida que he visto en mucho tiempo. Estupendos los dos tanto por separado como juntos, por lo que van ambos al ranking de cabeza.
16. Mackenzie "Kenzi" Malikov en Lost girl
Este otoño descubrí Lost girl, de la que ya os conté lo genial que es, y por tanto descubrí a la maravillosa Kenzi. Idolatro a esta mujer, en serio. Adicta a las pelucas y a los estilismos extremos, divertida, friki, positiva, resolutiva... Kenzi es la única humana del grupo, personaje que suele ser el más coñazo y random, pero no en el caso de Kenzi, que es la que más mola con diferencia.
17. Raúl de la Riva en Velvet
Velvet tiene un pequeño grupo de personajes que son grandeza, pero aún así no me ha resultado difícil elegir entre ellos porque, seamos sinceros, ¿se puede ser más grande que Raúl de la Riva? La respuesta, obviamente, es no. Raúl es un diseñador apasionado, elegante, divertidísimo, incluso campechano, que se apodera de cualquier escena en la que salga. Cada intervención suya es oro puro, cada palabra es para recordarla y yo aún no entiendo cómo no es fijo.
18. Annie Edison en Community
Otra serie que descubrí este año y otro reparto del que me ha costado quedarme con uno porque todos los personajes de Community son grandeza. Pero he elegido a Annie porque ha sido un personaje que ha ido de menos a más, que empezó siendo la niñita buena del grupo para acabar siendo la bomba, ayudada sobre todo por la vis cómica de Alison Brie, que ha sido capaz de hacer graciosas escenas de lo más extremas como el ataque de cojonitis de Annie en el episodio de la ONU. Además, esa química brutal que tiene con Jeff me da la vida como shipper.
19. Will Scarlet/The Knave en Once upon a time in Wonderland
Ahora tenemos el placer de ver a Will en la serie principal, algo que no es de extrañar porque Will fue, de lejos, lo mejor del spin-off. Eso sí, de momento en Once lo tienen desaprovechado, pero los creadores han prometido que vamos a ver muchísimo más de él en la mitad de temporada que falta. La cuestión es que Wonderland es una mini-serie bastante maja (pese a sus efectos cutres hasta decir basta), con un final cerrado y donde Will destacó sobre los demás gracias a sus "bloody hell", su sarcasmo, su carisma y esa dualidad entre pendenciero y hombre adorable. En la actual temporada de Once, además, es un misterio pues no sabemos cómo ha acabado en Storybrooke, ni siquiera si es un pre o post Wonderland.
20. Malachai "Kai" Parker en The vampire diaries
Sí, un personaje de The vampire diaries. No, no tengo fiebre, podría parecerlo, pero no. La cuestión es que, por increíble que suene, The vampire diaries ha vuelto a molar, no llega al nivel de las temporadas 2 y 3, pero mola y la culpa de eso la tiene Kai. Kai es lo que la serie necesitaba, un malo tan malo como carismático, que supone una amenaza real (aunque todos sepamos que aquí no muere nadie, que sobrevive la peña más que Son Goku y cía) y que trae a su complicada familia con él, lo que supone vidilla de nuevo para la serie.
Estos han sido mis 20 personajes del 2014, ¿y para vosotros?
domingo, 20 de julio de 2014
Maromo de la semana 174
Hoy es domingo y estoy en casa, por lo que voy a alegraros la vista veraniega con un nuevo maromo. Es un chico que me encantaba desde hacía tiempo y que cada día va a más guapo y encima últimamente se agencia personajes por los que siento debilidad, así que se juntan el hambre con las ganas de comer ;P Estoy hablando del guapísimo y remonísimo...
Eloy nació el 19 de febrero de 1977 en Madrid y es hijo del cómico Eloy Arenas, vamos, que el arte le viene de familia ;) Bueno, Eloy debutó en 1996 con la película Como un relámpago y, después, participó en un episodio de la serie Hermanas y en la película Atómicas. En aquella época también fue uno de los protagonistas de La vida en el aire, una serie donde aparecía gente como Tristán Ulloa y Mariví Bilbao entre otros.
Entonces, comenzó a encadenar películas como Todo sobre mi madre (creo que esta la conocemos todos), Aunque tú no lo sepas, Besos para todos (ohh, esta me moló mucho cuando la vi y hay mucho chico mono como Eloy, el Maldeman del Internado o Roberto Hoyas :3), Juana la Loca, Cuba, Guerreros (esta también la he visto, pero no la recuerdo, bien por mí), Ausias March, Arroz y tartana, El año del diluvio y A + (Amas).
En el 2004 fichó por Hospital central, donde apareció durante una temporada interpretando a un joven médico que se liaba con Cruz. Sí, me acuerdo y todo. Es que yo ya andaba enamoradita perdida y mi madre y yo comentábamos lo mono que era el rubito, como le llamábamos. No era un mote muy original, pero nos servía perfectamente, xDD.
Tras su paso por Hospital central, Eloy regresó al cine apareciendo en Camarón, Skizo, Los Borgia y No me pides que te bese porque te besaré. De estas, sólo he visto la última y porque él era el protagonista junto a Teresa Hurtado (que ahora protagoniza Ciega a citas, por cierto). Ya sabéis que yo veo las cosas por el argumento, xDD. La verdad es que la peli me gustó un montón... y Eloy salía monísimo ^^
Ese mismo año, el 2008, Eloy volvió al mundo televisivo protagonizando Guante blanco, que era una maravilla de serie sobre ladrones y policías y con un reparto para quitar el hipo. Sólo os digo que además de Eloy, aparecía Jose Luis García Pérez y José Ángel Egido (alias el cardenal Mendoza de Águila roja). A mí Guante blanco me encantaba, me parecía una pasada y por eso me dolió en la patata que La 1 se la cargara tan fácilmente, jolines.
Tras trabajar en la película Todas las canciones hablan de mí, Eloy obtuvo un papel recurrente en Aída... que no he visto, pero en Wikipedia he leído que era un novio piloto de Paz. Al parecer, durante dos años, estuvo apareciendo y marchándose y, de hecho, en el 2011 fue uno de los protagonista de Gran Hotel. Más concretamente era el genial Javier Alarcón, el hermano mujeriego y desastroso que siempre ponía la parte más graciosa y uno de mis personajes favoritos. Es que Javier Alarcón era muy grande, no me digáis que no, siempre liándola pardísima y siendo la Lady Mary Crawley española, XDD.
Eloy estuvo en Gran hotel durante las tres temporadas que duró y, en aquella época, participó en un episodio de Águila roja y su personaje me moló... y no murió, lo que es de agradecer en esa serie. Tras que Gran hotel terminara, Eloy colaboró en la película Pancho, el perro millonario... y yo no entiendo por qué todo quisqui sale en esa película. En serio, ¿por qué? Vale, no la he visto, pero... es que se titula Pancho, el perro millonario, ahí termina mi alegato, señoría.
Y esta temporada hemos podido disfrutar de Eloy de nuevo como personaje fijo de una serie, ya que interpreta a Pablo en Sin identidad. Pablo es el hacker amigo de la protagonista y prácticamente la mejor persona de la serie, que está muy llena de chungos, xDD. Bueno, yo siento debilidad por Pablo (en serio, Eloy Azorín es mi kriptonita, siempre me encantan sus personajes) y quiero que se quede con la chica, hombre ya que lo merece. Si no tiene suerte, pues yo estoy aquí (guiño, guiño).
Eloy Azorín
Eloy nació el 19 de febrero de 1977 en Madrid y es hijo del cómico Eloy Arenas, vamos, que el arte le viene de familia ;) Bueno, Eloy debutó en 1996 con la película Como un relámpago y, después, participó en un episodio de la serie Hermanas y en la película Atómicas. En aquella época también fue uno de los protagonistas de La vida en el aire, una serie donde aparecía gente como Tristán Ulloa y Mariví Bilbao entre otros.
Entonces, comenzó a encadenar películas como Todo sobre mi madre (creo que esta la conocemos todos), Aunque tú no lo sepas, Besos para todos (ohh, esta me moló mucho cuando la vi y hay mucho chico mono como Eloy, el Maldeman del Internado o Roberto Hoyas :3), Juana la Loca, Cuba, Guerreros (esta también la he visto, pero no la recuerdo, bien por mí), Ausias March, Arroz y tartana, El año del diluvio y A + (Amas).
En el 2004 fichó por Hospital central, donde apareció durante una temporada interpretando a un joven médico que se liaba con Cruz. Sí, me acuerdo y todo. Es que yo ya andaba enamoradita perdida y mi madre y yo comentábamos lo mono que era el rubito, como le llamábamos. No era un mote muy original, pero nos servía perfectamente, xDD.
Tras su paso por Hospital central, Eloy regresó al cine apareciendo en Camarón, Skizo, Los Borgia y No me pides que te bese porque te besaré. De estas, sólo he visto la última y porque él era el protagonista junto a Teresa Hurtado (que ahora protagoniza Ciega a citas, por cierto). Ya sabéis que yo veo las cosas por el argumento, xDD. La verdad es que la peli me gustó un montón... y Eloy salía monísimo ^^
Ese mismo año, el 2008, Eloy volvió al mundo televisivo protagonizando Guante blanco, que era una maravilla de serie sobre ladrones y policías y con un reparto para quitar el hipo. Sólo os digo que además de Eloy, aparecía Jose Luis García Pérez y José Ángel Egido (alias el cardenal Mendoza de Águila roja). A mí Guante blanco me encantaba, me parecía una pasada y por eso me dolió en la patata que La 1 se la cargara tan fácilmente, jolines.
Tras trabajar en la película Todas las canciones hablan de mí, Eloy obtuvo un papel recurrente en Aída... que no he visto, pero en Wikipedia he leído que era un novio piloto de Paz. Al parecer, durante dos años, estuvo apareciendo y marchándose y, de hecho, en el 2011 fue uno de los protagonista de Gran Hotel. Más concretamente era el genial Javier Alarcón, el hermano mujeriego y desastroso que siempre ponía la parte más graciosa y uno de mis personajes favoritos. Es que Javier Alarcón era muy grande, no me digáis que no, siempre liándola pardísima y siendo la Lady Mary Crawley española, XDD.
Eloy estuvo en Gran hotel durante las tres temporadas que duró y, en aquella época, participó en un episodio de Águila roja y su personaje me moló... y no murió, lo que es de agradecer en esa serie. Tras que Gran hotel terminara, Eloy colaboró en la película Pancho, el perro millonario... y yo no entiendo por qué todo quisqui sale en esa película. En serio, ¿por qué? Vale, no la he visto, pero... es que se titula Pancho, el perro millonario, ahí termina mi alegato, señoría.
Y esta temporada hemos podido disfrutar de Eloy de nuevo como personaje fijo de una serie, ya que interpreta a Pablo en Sin identidad. Pablo es el hacker amigo de la protagonista y prácticamente la mejor persona de la serie, que está muy llena de chungos, xDD. Bueno, yo siento debilidad por Pablo (en serio, Eloy Azorín es mi kriptonita, siempre me encantan sus personajes) y quiero que se quede con la chica, hombre ya que lo merece. Si no tiene suerte, pues yo estoy aquí (guiño, guiño).
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miércoles, 16 de julio de 2014
La dualidad de Amparo
El jueves pasado María Fuentes se encaminaba a China tras los nueve episodios que conforman la primera temporada de Sin identidad, cerrando así un arco en la ficción. O, al menos, eso creo tras ese epílogo tan brusco y un tanto chapucero donde la voz en off de la protagonista resumía lo que pasaba desde que la embarcaban a China hasta que iba a parar a la cárcel, de donde se escapó en el primer episodio.
No sé qué deparará la segunda temporada, pero espero que esté ambientada en el presente y más orientada al thriller, a esa venganza que la protagonista nos prometía en cada episodio, con esas palabras en voz en off. Sí, ya sé que ya lo había dicho antes, pero es que tengo muchas ganas de ver la trama desarrollada en el 2013, sobre todo tras ver cómo han quedado las piezas en el tablero.
Porque a lo largo de estos nueve episodios hemos tenido pequeñas escenas del presente, casi siempre dedicadas a un personaje del entorno de María: su padre con una niña pequeña, su tío metido en la política, su madre llevando una fundación, Pablo siendo un aliado y Juan trabajando para Enrique.
Lo que más me ha gustado de esta primera temporada es como han ido girando algunos personajes, como han mostrado que todos eran complejos y tenían distintos veres y como no todo era lo que parecía. En el primer episodio el personaje de Jordi Rebellón, Francisco, parecía el malo de la función, mientras que el de Tito Valverde, Enrique, se presentaba como el tío bonachón. Sin embargo, con el avance de la historia se fue demostrando que Francisco es un buen hombre, un hombre justo que cometió un error conducido por la desesperación y que Enrique era tan sumamente malvado que haría temblar al mismísimo Voldemort.
En serio, había escenas donde Enrique daba un miedo del copón. Qué sangre fría, qué par de narices y qué maldad sin fin. Es que le daba igual ordenar la muerte de un cualquiera que la de su propia sobrina, a la que se supone que quería, que el tío ni se inmutaba.
La verdad es que ambos hermanos son un par de desalmados, a los que me imagino pateando gatitos a su paso, pues Luisa es otra que tal baila. No sólo podía ser increíblemente cruel con sus supuestos seres queridos, sino que llegó hasta sentirse aliviada ante la desaparición de María, a la cual crió como su propia hija. Lo dicho, los hermanitos son el mal encarnado y tanto Tito Valverde como Lydia Bosch han estado estupendos; además, a mí nunca me había tocado verlos en ese registro y ha sido toda una sorpresa.
Otro que también ha mostrado ser algo más de lo que parecía fue Juan. Poco a poco fueron mostrando que, aunque era un personaje que ayudaba a la protagonista y, de hecho, era su pareja, también era un personaje oscuro. En su relación con María a veces pesaba ese egoísmo de querer usarla, por tanto exponerla, para salirse con la suya y tener un caso importante y famoso. Curioso, ya que él también era un niño robado y podía haber empleado su propio caso.
Sin embargo, no fue hasta el final de temporada cuando vimos que no era otro todo lo que reluce y que Juan tenía un secreto deleznable. Al menos, en apariencia. Porque es cierto que han dejado la cuestión de Juan un tanto ambigua. ¿Era verdad lo de la violación o no? ¿Trabaja codo a codo con Enrique porque se ha vendido o lo hace porque no tiene más remedio? La verdad es que tengo curiosidad por conocer la situación de Juan en el presente, conocerla de verdad y no esa breve aparición del último episodio.
Ha sido el desarrollo de los personajes lo que más ha merecido la pena de Sin identidad, sobre todo por como iban cambiando las tornas y la opinión del personaje cambiaba. Juan es un buen ejemplo, pues ha pasado de ser un poco el galán a ser una posible rata traidora, aunque el mejor caso es Amparo.
Porque Verónica Sánchez se ha adueñado de la función con su Amparo, el personaje más magnético, complejo y humano de todos los que aparecen en Sin identidad. Era muy sencillo comprender sus motivos, entender por qué tenía ese debate interno entre odiar y querer a María. María lo tenía todo (un padre que la quería, dinero, muchas opciones para su futuro, una carrera prestigiosa, ropa bonita, un apartamento maravilloso...), mientras que ella no tenía nada únicamente porque nació después. Encima, María acudía quejándose de sus circunstancias, buscando justicia por algo que Amparo no entendía, envidiándola por algo que para ella no tenía sentido.
Así, a lo largo de los nueve episodios Amparo se ha visto dividida entre el hecho de querer a su hermana y el hecho de envidiarla y de desear algo mejor para ella, salir de esa vida que odiaba. Y esa batalla interna, ese torbellino imposible de predecir ha sido muy interesante de ver. Nunca sabías por dónde iba a salir Amparo, lo que resultaba estimulante y encima Verónica Sánchez se comía la pantalla.
Porque su Amparo es envidiosa, es una buscavidas, pero también es alguien frágil que ha sufrido mucho y que está cansada de pasarlo mal. Esa mezcla de hermana y enemiga dio mucha vida a la serie y la fuerza de Verónica Sánchez eclipsó a los demás.
Megan Montaner es una actriz estupenda y lo está en el papel, sobre todo al comparar a María con Mercedes, pero su personaje no era tan atractivo como el de su hermana. María no es una mala heroína, sobre todo porque es el típico personaje que intenta hacer lo correcto y se lleva palos por todos los lados. No obstante, no hemos visto una evolución en María, no ha ofrecido distintas facetas, limitándose a ser un elefante en una cacharrería muy poco avispado. Sí, sabemos que María tiene carácter, eso está bien, pero era desesperante ver como caía en el mismo error estúpido una y otra vez.
Porque, vamos a ver, si tu tío es el jodido Voldemort y ha matado a Fernanda sólo para silenciarla, ¿de verdad es buena idea bramarle a la cara que le vas a hundir y que sabes cosas? ¿De verdad?
Al igual que en el último episodio Juan, al intentar buscar a María, iba anunciando a voz en grito todo lo que tenía, lo que es también muy idiota. Si les avisas, si les enseñas tus cartas, van a saber qué hacer y, dado que ellos no tienen alma, te van a dar por culo y no lo vas a ver. Es que es de cajón. Jolín, no es necesario leerse El arte de la guerra, sino pensar un poco.
En ese sentido, Amparo también era digna de admiración, porque es un personaje que sabe qué decir y en qué momento y a qué persona. En cuanto vio que Enrique quería solucionar todo por las buenas, se atrevió a pedirle pasta y, en cuanto comprobó que la situación se le escapaba de las manos, soltó el bombazo de su embarazo. Que, por cierto, han dado por hecho que es del primo, pero visto lo visto podría ser del jeque o incluso de Curro.
Tengo mucha curiosidad por saber qué ha sido de Amparo en el futuro, ya que ha sido el único personaje al que no hemos visto. ¿Estará casada con el primo? ¿Será su hija la niña que aparecía con Francisco? Por edad no creo, pues debería ser mayor, pero, oye, cualquier cosa.
El otro personaje que también ha mostrado ser más sensato y que se ha ganado un hueco en mi corazoncito ha sido Pablo. Pablo ha sido otro personaje que no ha mostrado dobleces, pese a que siempre estaba dispuesto a saltarse la ley para conseguir pruebas e incluso cruzó el límite de espiar a María, aunque fuera para protegerla. Sin embargo, se ha mostrado como su más fiel apoyo, no poniendo reparos en hacer lo que fuera: vigilar una taquilla, colarse en la clínica de Enrique...
Incluso fue Pablo quien, en cierta manera, salvó a María al impedir que asesinara a su tío a sangre fría y la condujera hacia una venganza, que puede dar mucho de sí. La voz en off con la que se despidieron anticipaba que María iba a volver a la familia con la intención de desestabilizar a todos y arrebatarles lo que más querían. Puede dar mucho de sí la incursión de Mercedes en la vida de su antigua familia, por lo que se le perdona a la serie el hecho de que la muerte de María esté tan mal orquestada. ¿Juan dice que una mujer cubierta de pies a cabeza es María y eso sirve para identificarla? Pues, bueno, aceptamos pulpo como animal de compañía.
La verdad es que, en mi opinión, el final fue un poco chapucero. No sé, me dio la sensación de que decidieron cambiar de rumbo y cerraron el pasado un tanto precipitadamente. Imagino que el pasado seguiría teniendo importancia en la segunda temporada, pero que van a apostar por la trama de venganza y el thriller que, en general, era lo que casi todo el mundo echaba en falta.
Yo, aunque me repita, estoy deseando ver como María y Pablo hacen justicia con esa panda de desalmados que son los Vergel, ya que tanto los hermanos como el primo han sido los auténticos villanos de la función, mientras que otros personajes como Amparo y Francisco se encontraban en una zona gris, donde no eran ni una cosa ni otra.
Bueno, y que de paso se líen, Pablo se merece a la chica, por favor.
Sólo espero que sigan con ese rumbo ascendente que llevó la ficción desde su segundo episodio, donde la intensidad y el ritmo han ido creciendo, hasta culminar en ese final donde todo se aceleró en la desesperada búsqueda de María, que dejó entrever el buen thriller que puede ser.
No sé qué deparará la segunda temporada, pero espero que esté ambientada en el presente y más orientada al thriller, a esa venganza que la protagonista nos prometía en cada episodio, con esas palabras en voz en off. Sí, ya sé que ya lo había dicho antes, pero es que tengo muchas ganas de ver la trama desarrollada en el 2013, sobre todo tras ver cómo han quedado las piezas en el tablero.
Porque a lo largo de estos nueve episodios hemos tenido pequeñas escenas del presente, casi siempre dedicadas a un personaje del entorno de María: su padre con una niña pequeña, su tío metido en la política, su madre llevando una fundación, Pablo siendo un aliado y Juan trabajando para Enrique.
María Mercedes: ¡Será vendido!
La cara de flipe de María Mercedes al ver a Juan. Sí, todos nos quedamos igual.
Lo que más me ha gustado de esta primera temporada es como han ido girando algunos personajes, como han mostrado que todos eran complejos y tenían distintos veres y como no todo era lo que parecía. En el primer episodio el personaje de Jordi Rebellón, Francisco, parecía el malo de la función, mientras que el de Tito Valverde, Enrique, se presentaba como el tío bonachón. Sin embargo, con el avance de la historia se fue demostrando que Francisco es un buen hombre, un hombre justo que cometió un error conducido por la desesperación y que Enrique era tan sumamente malvado que haría temblar al mismísimo Voldemort.
En serio, había escenas donde Enrique daba un miedo del copón. Qué sangre fría, qué par de narices y qué maldad sin fin. Es que le daba igual ordenar la muerte de un cualquiera que la de su propia sobrina, a la que se supone que quería, que el tío ni se inmutaba.
La verdad es que ambos hermanos son un par de desalmados, a los que me imagino pateando gatitos a su paso, pues Luisa es otra que tal baila. No sólo podía ser increíblemente cruel con sus supuestos seres queridos, sino que llegó hasta sentirse aliviada ante la desaparición de María, a la cual crió como su propia hija. Lo dicho, los hermanitos son el mal encarnado y tanto Tito Valverde como Lydia Bosch han estado estupendos; además, a mí nunca me había tocado verlos en ese registro y ha sido toda una sorpresa.
Otro que también ha mostrado ser algo más de lo que parecía fue Juan. Poco a poco fueron mostrando que, aunque era un personaje que ayudaba a la protagonista y, de hecho, era su pareja, también era un personaje oscuro. En su relación con María a veces pesaba ese egoísmo de querer usarla, por tanto exponerla, para salirse con la suya y tener un caso importante y famoso. Curioso, ya que él también era un niño robado y podía haber empleado su propio caso.
Sin embargo, no fue hasta el final de temporada cuando vimos que no era otro todo lo que reluce y que Juan tenía un secreto deleznable. Al menos, en apariencia. Porque es cierto que han dejado la cuestión de Juan un tanto ambigua. ¿Era verdad lo de la violación o no? ¿Trabaja codo a codo con Enrique porque se ha vendido o lo hace porque no tiene más remedio? La verdad es que tengo curiosidad por conocer la situación de Juan en el presente, conocerla de verdad y no esa breve aparición del último episodio.
Yo lo auguraba muerto, no traidor... No sé qué es peor.
Ha sido el desarrollo de los personajes lo que más ha merecido la pena de Sin identidad, sobre todo por como iban cambiando las tornas y la opinión del personaje cambiaba. Juan es un buen ejemplo, pues ha pasado de ser un poco el galán a ser una posible rata traidora, aunque el mejor caso es Amparo.
Porque Verónica Sánchez se ha adueñado de la función con su Amparo, el personaje más magnético, complejo y humano de todos los que aparecen en Sin identidad. Era muy sencillo comprender sus motivos, entender por qué tenía ese debate interno entre odiar y querer a María. María lo tenía todo (un padre que la quería, dinero, muchas opciones para su futuro, una carrera prestigiosa, ropa bonita, un apartamento maravilloso...), mientras que ella no tenía nada únicamente porque nació después. Encima, María acudía quejándose de sus circunstancias, buscando justicia por algo que Amparo no entendía, envidiándola por algo que para ella no tenía sentido.
Así, a lo largo de los nueve episodios Amparo se ha visto dividida entre el hecho de querer a su hermana y el hecho de envidiarla y de desear algo mejor para ella, salir de esa vida que odiaba. Y esa batalla interna, ese torbellino imposible de predecir ha sido muy interesante de ver. Nunca sabías por dónde iba a salir Amparo, lo que resultaba estimulante y encima Verónica Sánchez se comía la pantalla.
Porque su Amparo es envidiosa, es una buscavidas, pero también es alguien frágil que ha sufrido mucho y que está cansada de pasarlo mal. Esa mezcla de hermana y enemiga dio mucha vida a la serie y la fuerza de Verónica Sánchez eclipsó a los demás.
Megan Montaner es una actriz estupenda y lo está en el papel, sobre todo al comparar a María con Mercedes, pero su personaje no era tan atractivo como el de su hermana. María no es una mala heroína, sobre todo porque es el típico personaje que intenta hacer lo correcto y se lleva palos por todos los lados. No obstante, no hemos visto una evolución en María, no ha ofrecido distintas facetas, limitándose a ser un elefante en una cacharrería muy poco avispado. Sí, sabemos que María tiene carácter, eso está bien, pero era desesperante ver como caía en el mismo error estúpido una y otra vez.
Porque, vamos a ver, si tu tío es el jodido Voldemort y ha matado a Fernanda sólo para silenciarla, ¿de verdad es buena idea bramarle a la cara que le vas a hundir y que sabes cosas? ¿De verdad?
Al igual que en el último episodio Juan, al intentar buscar a María, iba anunciando a voz en grito todo lo que tenía, lo que es también muy idiota. Si les avisas, si les enseñas tus cartas, van a saber qué hacer y, dado que ellos no tienen alma, te van a dar por culo y no lo vas a ver. Es que es de cajón. Jolín, no es necesario leerse El arte de la guerra, sino pensar un poco.
En ese sentido, Amparo también era digna de admiración, porque es un personaje que sabe qué decir y en qué momento y a qué persona. En cuanto vio que Enrique quería solucionar todo por las buenas, se atrevió a pedirle pasta y, en cuanto comprobó que la situación se le escapaba de las manos, soltó el bombazo de su embarazo. Que, por cierto, han dado por hecho que es del primo, pero visto lo visto podría ser del jeque o incluso de Curro.
Tengo mucha curiosidad por saber qué ha sido de Amparo en el futuro, ya que ha sido el único personaje al que no hemos visto. ¿Estará casada con el primo? ¿Será su hija la niña que aparecía con Francisco? Por edad no creo, pues debería ser mayor, pero, oye, cualquier cosa.
El otro personaje que también ha mostrado ser más sensato y que se ha ganado un hueco en mi corazoncito ha sido Pablo. Pablo ha sido otro personaje que no ha mostrado dobleces, pese a que siempre estaba dispuesto a saltarse la ley para conseguir pruebas e incluso cruzó el límite de espiar a María, aunque fuera para protegerla. Sin embargo, se ha mostrado como su más fiel apoyo, no poniendo reparos en hacer lo que fuera: vigilar una taquilla, colarse en la clínica de Enrique...
Incluso fue Pablo quien, en cierta manera, salvó a María al impedir que asesinara a su tío a sangre fría y la condujera hacia una venganza, que puede dar mucho de sí. La voz en off con la que se despidieron anticipaba que María iba a volver a la familia con la intención de desestabilizar a todos y arrebatarles lo que más querían. Puede dar mucho de sí la incursión de Mercedes en la vida de su antigua familia, por lo que se le perdona a la serie el hecho de que la muerte de María esté tan mal orquestada. ¿Juan dice que una mujer cubierta de pies a cabeza es María y eso sirve para identificarla? Pues, bueno, aceptamos pulpo como animal de compañía.
La verdad es que, en mi opinión, el final fue un poco chapucero. No sé, me dio la sensación de que decidieron cambiar de rumbo y cerraron el pasado un tanto precipitadamente. Imagino que el pasado seguiría teniendo importancia en la segunda temporada, pero que van a apostar por la trama de venganza y el thriller que, en general, era lo que casi todo el mundo echaba en falta.
Yo, aunque me repita, estoy deseando ver como María y Pablo hacen justicia con esa panda de desalmados que son los Vergel, ya que tanto los hermanos como el primo han sido los auténticos villanos de la función, mientras que otros personajes como Amparo y Francisco se encontraban en una zona gris, donde no eran ni una cosa ni otra.
Bueno, y que de paso se líen, Pablo se merece a la chica, por favor.
Sólo espero que sigan con ese rumbo ascendente que llevó la ficción desde su segundo episodio, donde la intensidad y el ritmo han ido creciendo, hasta culminar en ese final donde todo se aceleró en la desesperada búsqueda de María, que dejó entrever el buen thriller que puede ser.
jueves, 5 de junio de 2014
La venganza que tarda en llegar
Hace ya unas cuantas semanas se estrenó la nueva serie de Antena 3, Sin identidad, y he estado esperando a ver si cambiaban de esquema, pero parece ser que no. Basta que publique eso para que la semana que viene ocurra, que suelo tener esa suerte.
La cuestión es que el máximo defecto que le he visto a Sin identidad ha sido el trabajo publicitario previo. Antena 3 este curso televisivo se está esforzando en promocionar sus series, lo que está de maravilla, pero con Sin identidad nos vendieron una serie diferente de la que es... al menos de momento. Según las promos, según las informaciones, era una historia de venganza que se contaba a dos tiempo, algo así como una versión española de Revenge.
De hecho, sabíamos que la protagonista, María, se escapaba de una cárcel china y decidía vengarse de su familia que no sólo la había robado siendo un bebé, sino que tenían algo que ver con su caída. También estaba la figura de un hacker aliado de la protagonista, chanchullos dentro de una familia adinerada... Vamos, que el referente de Revenge estaba ahí, con la diferencia de que Sin identidad daba la sensación de tirar más por el thriller que por el culebrón.
Y, por eso, el primer episodio fue un poco decepcionante, pues tras la huida de María de la cárcel china en 2013, nos vimos arrastrados al pasado, a 2002, cuando María descubre que no es hija de sus padres. Así, poco a poco, se nos ha ido presentando al elenco de personajes, donde la gran mayoría no sólo tiene secretos, sino que son más cabrones que uno que lo era mucho. Hoy no tengo el día con las analogías, no.
Por suerte, con el paso de los episodios, Sin identidad se ha convertido en un drama de lo más entretenido, donde las tramas van cogiendo fuerza a cada capítulo. Sin embargo, yo sigo esperando que los breves fragmentos del 2013 pasen a ocupar más metraje. No es que no me guste la trama del 2002, que me gusta y los dos últimos capítulos han sido de lo más interesantes, pero siempre tengo la sensación de que si repartieran las dos líneas temporales al cincuenta por ciento, la serie molaría todavía más, quedaría mucho más equilibrada.
Supongo que lo que pretenden con la táctica de ponernos la miel en los labios con el 2013, con la venganza de María reconvertida en Mercedes Dantés, es la de crear tensión y misterio, pues no sólo no sabemos qué ha llevado a María a cambiar tanto y a terminar en una cárcel china, sino que desconocemos quién sigue vivo en el 2013. De momento, salvo a María, sólo hemos visto a su padre acompañado de una niña pequeña que, ojo al dato, también se llama María.
Dios, en serio, es muy creepy. Mucho.
Pero, bueno, voy a dejar aparcada la venganza yo también, ya que de nada sirve el pensar lo que yo haría si fuera responsable de la serie y me voy a concentrar en lo que hemos visto hasta ahora. La verdad es que la introducción de la familia biológica de María fue todo un acierto, pues le dieron más vidilla a Sin identidad y el personaje de Verónica Sánchez crea una tensión que los demás no igualan, pues es una bomba de relojería que tarde o temprano le estallará a la pobre María en la cara y, supongo, que será la responsable de su caída junto al primo psicópata.
Colega, qué loco está el primo. Me acojona un poco, sobre todo cuando se pone en plan acosador de María. Uh, qué grimilla me da, iggghhh.
Lo bueno que tiene es que no se sabe a qué juega, al igual que su padre, los andaluces... La verdad es que la mayoría de personajes de Sin identidad son unos cabrones y tienen esqueletos en el armario, lo que hace que sean impredecibles y que sean capaces de hacer cualquier cosa. Yo aún sigo flipando cuando atropellaron a Juan para quitarle los papeles, la crueldad de Lydia Bosch ante su propia hija a la que dice querer tanto o con la frialdad que tuvo el personaje de Tito Valverde a la hora de afrontar ciertos problemas.
Y parece que en el próximo episodio la madeja familiar se liará aún más con la unión que hay entre el argentino y la familia de Bruno. Sí, me sé muy pocos nombres de esta serie, soy lo peor, lo sé.
La cuestión es que entre tanto claro enemigo, también hay un par de amigos. Un par, que no más. Por un lado, tenemos a Pablo, un hacker interpretado por Eloy Azorín, que me conquistó desde el primer momento (muy objetiva no soy, pero el tío mola) y que sigo pensando que va a ejercer de Nolan de María en el 2013 (o de su mano derecha, as you wish).
Por otro lado, tenemos a Juan, interpretado por Daniel Grao, que es el chico de la función, un abogado idealista que fue un bebé robado y que no ceja en su empeño de sacar todo ese tema a relucir. Juan es valiente, cabezota, sensible... Vamos, que es un amor, y sus escenas con María son la monez y yo los shippeo mucho. Lo malo es que estoy empeñada, pero empeñada, en que en el 2013 Juan está muerto, seguramente asesinado por la familia de María, algo que va a ser otro revulsivo para que ella se vengue. Pero eso son paranoias mías, que no están basadas en nada, tan sólo en la intuición... y en que los guionistas/escritores tienen la fijación de acabar con mis personajes favoritos.
De momento, yo he caído rendida ante los pies del trío maravilla, por denominarlo de alguna manera, ya que son los únicos personajes buenos en todo este lío. Bueno, Fernanda y Trini no es que sean malas, pero ya me entendéis. Tengo ganas de ver cómo continúan las investigaciones de los tres, incluso un enfrentamiento contra el resto de personajes, que están decididos a ocultar todo el asunto del robo de bebés.
Y, una vez más, me encuentro deseando algo que vendrá y que no me dan.
Porque, de momento, Sin identidad ha resultado ser una serie bastante más clásica y convencional de lo que parecía en un primer momento. No obstante, avanza a muy buen ritmo, a los guionistas no les tiembla el pulso para hacer barbaridades y tiene pinta de que éstas irán a más. Y, sí, estoy deseando que la trama del 2013 coja más fuerza, pero de momento es una maravilla ver como, poco a poco, las piezas del tablero se van movimiento y, sobre todo, ver el trabajo de los actores.
El reparto de Sin identidad es una jodida pasada. Así, sin más, sin buscar palabras más finas, porque es lo que mejor lo define. Encabezado por Megan Montaner, que casi parece que está interpretando a dos personajes distintos, pues el cambio de Mercedes a María en brutal. No es la primera vez que veo a Megan Montaner en acción, ya que la disfruté en Gran hotel, pero es increíble la fuerza que tiene esta chica y lo sumamente natural que es, ya sea en su versión joven e inocente o en la curtida y vengativa. La única pega es que esta chica no pasa por tener casi cuarenta años, pero, bueno, se ignora porque Sin identidad no podría tener una mejor protagonista.
Sin embargo, Megan Montaner no es la única que está estupenda, pues todos los actores lo están aunque algunos se hayan lucido más que otros. Victoria Abril, Verónica Sánchez y Lydia Bosch se han marcado unas escenas mucho más potentes que los hombres del reparto, sobre todo porque sus personajes son muchísimo más interesantes, pero éstos también están increíbles. Incluso Miguel Ángel Muñoz, en quien yo no confiaba demasiado (yo es que tengo su videoclip grabado en la cabeza, qué queréis que os diga), convence como primo psicópata.
Para acabar, y ya que es mi blog y me gusta pedir cosas, voy a pedir que le den más papel a Eloy Azorín, que está saliendo muy poco y a mí me gusta mucho.
PD: Mientras escribía esto, he terminado viendo el videoclip de Tú dirás que estoy loco (sí, estoy fatal, lo sé) y, joer, entre que va todo de negro, las greñas rizadas y que me cerebro hace relaciones extrañas, me he acordado de Jon Nieve y me he visto a toda la Guardia de la noche haciendo el bailecito. Sé que estabais deseando tener esa imagen en la cabeza. De nada.
La cuestión es que el máximo defecto que le he visto a Sin identidad ha sido el trabajo publicitario previo. Antena 3 este curso televisivo se está esforzando en promocionar sus series, lo que está de maravilla, pero con Sin identidad nos vendieron una serie diferente de la que es... al menos de momento. Según las promos, según las informaciones, era una historia de venganza que se contaba a dos tiempo, algo así como una versión española de Revenge.
De hecho, sabíamos que la protagonista, María, se escapaba de una cárcel china y decidía vengarse de su familia que no sólo la había robado siendo un bebé, sino que tenían algo que ver con su caída. También estaba la figura de un hacker aliado de la protagonista, chanchullos dentro de una familia adinerada... Vamos, que el referente de Revenge estaba ahí, con la diferencia de que Sin identidad daba la sensación de tirar más por el thriller que por el culebrón.
Y, por eso, el primer episodio fue un poco decepcionante, pues tras la huida de María de la cárcel china en 2013, nos vimos arrastrados al pasado, a 2002, cuando María descubre que no es hija de sus padres. Así, poco a poco, se nos ha ido presentando al elenco de personajes, donde la gran mayoría no sólo tiene secretos, sino que son más cabrones que uno que lo era mucho. Hoy no tengo el día con las analogías, no.
Por suerte, con el paso de los episodios, Sin identidad se ha convertido en un drama de lo más entretenido, donde las tramas van cogiendo fuerza a cada capítulo. Sin embargo, yo sigo esperando que los breves fragmentos del 2013 pasen a ocupar más metraje. No es que no me guste la trama del 2002, que me gusta y los dos últimos capítulos han sido de lo más interesantes, pero siempre tengo la sensación de que si repartieran las dos líneas temporales al cincuenta por ciento, la serie molaría todavía más, quedaría mucho más equilibrada.
Supongo que lo que pretenden con la táctica de ponernos la miel en los labios con el 2013, con la venganza de María reconvertida en Mercedes Dantés, es la de crear tensión y misterio, pues no sólo no sabemos qué ha llevado a María a cambiar tanto y a terminar en una cárcel china, sino que desconocemos quién sigue vivo en el 2013. De momento, salvo a María, sólo hemos visto a su padre acompañado de una niña pequeña que, ojo al dato, también se llama María.
Dios, en serio, es muy creepy. Mucho.
Pero, bueno, voy a dejar aparcada la venganza yo también, ya que de nada sirve el pensar lo que yo haría si fuera responsable de la serie y me voy a concentrar en lo que hemos visto hasta ahora. La verdad es que la introducción de la familia biológica de María fue todo un acierto, pues le dieron más vidilla a Sin identidad y el personaje de Verónica Sánchez crea una tensión que los demás no igualan, pues es una bomba de relojería que tarde o temprano le estallará a la pobre María en la cara y, supongo, que será la responsable de su caída junto al primo psicópata.
Colega, qué loco está el primo. Me acojona un poco, sobre todo cuando se pone en plan acosador de María. Uh, qué grimilla me da, iggghhh.
Lo bueno que tiene es que no se sabe a qué juega, al igual que su padre, los andaluces... La verdad es que la mayoría de personajes de Sin identidad son unos cabrones y tienen esqueletos en el armario, lo que hace que sean impredecibles y que sean capaces de hacer cualquier cosa. Yo aún sigo flipando cuando atropellaron a Juan para quitarle los papeles, la crueldad de Lydia Bosch ante su propia hija a la que dice querer tanto o con la frialdad que tuvo el personaje de Tito Valverde a la hora de afrontar ciertos problemas.
Y parece que en el próximo episodio la madeja familiar se liará aún más con la unión que hay entre el argentino y la familia de Bruno. Sí, me sé muy pocos nombres de esta serie, soy lo peor, lo sé.
La cuestión es que entre tanto claro enemigo, también hay un par de amigos. Un par, que no más. Por un lado, tenemos a Pablo, un hacker interpretado por Eloy Azorín, que me conquistó desde el primer momento (muy objetiva no soy, pero el tío mola) y que sigo pensando que va a ejercer de Nolan de María en el 2013 (o de su mano derecha, as you wish).
Por otro lado, tenemos a Juan, interpretado por Daniel Grao, que es el chico de la función, un abogado idealista que fue un bebé robado y que no ceja en su empeño de sacar todo ese tema a relucir. Juan es valiente, cabezota, sensible... Vamos, que es un amor, y sus escenas con María son la monez y yo los shippeo mucho. Lo malo es que estoy empeñada, pero empeñada, en que en el 2013 Juan está muerto, seguramente asesinado por la familia de María, algo que va a ser otro revulsivo para que ella se vengue. Pero eso son paranoias mías, que no están basadas en nada, tan sólo en la intuición... y en que los guionistas/escritores tienen la fijación de acabar con mis personajes favoritos.
De momento, yo he caído rendida ante los pies del trío maravilla, por denominarlo de alguna manera, ya que son los únicos personajes buenos en todo este lío. Bueno, Fernanda y Trini no es que sean malas, pero ya me entendéis. Tengo ganas de ver cómo continúan las investigaciones de los tres, incluso un enfrentamiento contra el resto de personajes, que están decididos a ocultar todo el asunto del robo de bebés.
Y, una vez más, me encuentro deseando algo que vendrá y que no me dan.
Porque, de momento, Sin identidad ha resultado ser una serie bastante más clásica y convencional de lo que parecía en un primer momento. No obstante, avanza a muy buen ritmo, a los guionistas no les tiembla el pulso para hacer barbaridades y tiene pinta de que éstas irán a más. Y, sí, estoy deseando que la trama del 2013 coja más fuerza, pero de momento es una maravilla ver como, poco a poco, las piezas del tablero se van movimiento y, sobre todo, ver el trabajo de los actores.
El reparto de Sin identidad es una jodida pasada. Así, sin más, sin buscar palabras más finas, porque es lo que mejor lo define. Encabezado por Megan Montaner, que casi parece que está interpretando a dos personajes distintos, pues el cambio de Mercedes a María en brutal. No es la primera vez que veo a Megan Montaner en acción, ya que la disfruté en Gran hotel, pero es increíble la fuerza que tiene esta chica y lo sumamente natural que es, ya sea en su versión joven e inocente o en la curtida y vengativa. La única pega es que esta chica no pasa por tener casi cuarenta años, pero, bueno, se ignora porque Sin identidad no podría tener una mejor protagonista.
Sin embargo, Megan Montaner no es la única que está estupenda, pues todos los actores lo están aunque algunos se hayan lucido más que otros. Victoria Abril, Verónica Sánchez y Lydia Bosch se han marcado unas escenas mucho más potentes que los hombres del reparto, sobre todo porque sus personajes son muchísimo más interesantes, pero éstos también están increíbles. Incluso Miguel Ángel Muñoz, en quien yo no confiaba demasiado (yo es que tengo su videoclip grabado en la cabeza, qué queréis que os diga), convence como primo psicópata.
Para acabar, y ya que es mi blog y me gusta pedir cosas, voy a pedir que le den más papel a Eloy Azorín, que está saliendo muy poco y a mí me gusta mucho.
PD: Mientras escribía esto, he terminado viendo el videoclip de Tú dirás que estoy loco (sí, estoy fatal, lo sé) y, joer, entre que va todo de negro, las greñas rizadas y que me cerebro hace relaciones extrañas, me he acordado de Jon Nieve y me he visto a toda la Guardia de la noche haciendo el bailecito. Sé que estabais deseando tener esa imagen en la cabeza. De nada.
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