viernes, 15 de enero de 2016

Corrientes del tiempo: Capítulo 12

Tras el caos que la Navidad supuso en el blog, la normalidad va volviendo y eso también significa que retomo la publicación de Corrientes del tiempo, la tercera parte de Cuatro Damas, que publico un viernes sí, un viernes dos. Así que, después del parón navideño, retomo la historia en el capítulo 12 titulado Familias.

Tim, todavía pagando los efectos secundarios de la magia, no deja de tener pesadillas, mientras Felipe descubre la desaparición de Tania.



Sé que es un capítulo cortito y muy de transición, pero que conste que no lo calculé así a propósito. Eso sí, es el preludio a un montón de respuestas que, prometo, os llegarán en la siguiente entrega. Y, por lo demás, pues ya sabéis, si queréis quejaros o comentar cualquier cosa, me dejáis un comentario y yo tan contenta de la vida ;)

En dos semanas, más.

Próximamente: La verdadera historia de la reina olvidada.

jueves, 14 de enero de 2016

El segundo intento de Bajo sospecha

El martes regresó Bajo sospecha con su segunda temporada y tenía tanta curiosidad como pereza por verla. Y es que cuando se estrenó el año pasado lo prometía todo y al final fue una decepción continua: actores desaprovechados, personajes horrorosos, obvia a más no poder (esas continuas expresiones de los actores en plan “soy chungo, muajaja”) y, sobre todo, muy mal escrita. Por eso, por un lado, me daba pereza sumergirme en otra investigación sin pies ni cabeza donde todos me caían mal y, por otro, quería ver si habían corregido sus errores.

Y parece que así ha sido o, al menos, esa sensación da con este inicio de temporada. No es maravilloso, ni destacable, pero apunta maneras y era bastante mejor que la temporada anterior, lo que tampoco era difícil.

Eso sí, personalmente no creo que la ausencia de Blanca Romero sea la solución mágica a sus problemas, por mucho que los responsables de la serie insinúen lo contrario. Blanca Romero no es una gran actriz, de acuerdo, pero ni tenía mucho con lo que trabajar, ni es su culpa que no hubiera por dónde coger ni la historia ni el comportamiento estúpido de los personajes que, además de mal escritos, no podían ser más inverosímiles. Todos tenían mierda a mansalva, todos eran desagradables y tampoco ayudaba que los policías actuaran como novatos que les ponían las cosas en bandeja a los sospechosos.


Así que el reseteo se agradece de entrada y también que, al menos de momento, hayan pulido algunas cuestiones, aunque habrá que ver cómo desarrollan la historia. Sí, de los guionistas de Bajo sospecha no me fío nada.

La temporada arranca en Navidad en un hospital, con una enfermera, Isabel (Ingrid Rubio) que es recogida por su marido (José Luis García Pérez) y a la salida se encuentran con una mujer. Ésta está buscando a su hija, Catherine (Leticia Dolera) e Isabel le dice que lleva un tiempo de baja, pero la madre no le cree. Unas semanas después, la pobre mujer sigue buscando a su hija y, al verlo en la tele, Isabel se marcha del hospital, pero es secuestrada y, posteriormente, encontrada muerta.

Por eso, el comisario Casas (Lluís Homar) recluta a Vidal (Vicente Romero) para que sea su segundo y a Víctor (Yon González) para que se infiltre en el hospital donde trabajaba Isabel y también Catherine, que sigue desaparecida. Una vez infiltrado, Víctor descubre que no es el único policía infiltrado, ya que uno de los médicos forenses es un policía francés, Alain (Hugo Becker), que lleva un tiempo investigando la desaparición de Catherine. Así que los dos equipos policiales deben trabajar juntos para descubrir qué está pasando en un hospital lleno de sospechosos.


Ese es el arranque del caso y se agradece que, a primeras, se centren más en los policías y en iniciar el caso que en la presentación de sospechosos. Ya sabes quiénes van a ser, ya que son actores conocidos, pero de momento están en un segundo plano para que te familiarices con ellos, mientras los dos equipos policiales dan sus primeros pasos.

Es cierto que ya desde el principio tiene un buen ritmo y se exploran algunos detalles importantes en la vida de Isabel como que llevaba un tiempo sin acostarse con su esposo y que tenía un amante, un Gonzalo de Castro con pintas de cabronazo y, cómo no, sospechoso. Pero todo fluye con el ritmo adecuado: van pasando cosas sin que haya evidente relleno y a la velocidad adecuada para que te vayas formando una idea de cómo funcionan las cosas en el hospital, que es el centro del caso.

Además, los personajes no van con cara de malos por la vida, lo que es toda una mejora. Eso sí, no es que actúen como personas normales tampoco, pero aceptemos pulpo como animal de compañía. Y también, en mi opinión, los que han tenido mayor protagonismo, han sido unos intensos de la leche, que en un solo capítulo han sufrido un ataque y las típicas escenas de berrear. Vamos, que la sutilidad sigue sin ser algo de esta serie, pero van mejorando, así que tengo curiosidad por ver cómo se va desarrollando el caso.


Pero, bueno, también hay personajes que han tenido esos destellos de humanidad, de ser algo más que un sospechoso para el caso: el personaje de Gonzalo de Castro al hablar con Casas sólo parecía un hombre agobiado y aterrado por haberse cargado su propia vida, mientras que el marido de la difunta daba bastante pena.

En serio, pobre hombre, ¿se le pueden dar más palos a alguien en un solo episodio? Le matan a la mujer, descubre que ésta le era infiel y estaba embarazada de otro, tiene que reconocer ante la policía algo que le da mucha vergüenza, le detienen y vive con una suegra porculera e intensa a la que me bastaron dos escenas para odiarla. Vamos, que mucha penita me da el pobre señor y encima lo interpreta José Luis García Pérez, que me encanta, así que me siento propensa a quererle y esas cosas.

Eso sí, a pesar de que el caso se presenta interesante y que los sospechosos no son tan evidentes, aún hay cosas que me chirrían un poco de esta segunda temporada. La que más, esa rivalidad con los policías franceses que se monta el equipo español desde el primer momento.


Me parece todo un acierto el que el equipo esté formado por Casas, Vidal y Víctor, ya que eran de los pocos personajes que se salvaban en la primera temporada. Pero el tema rivalidad no puede ser más cliché, aunque han conseguido una novedad: que te caiga mejor la parte ajena que los protagonistas que conocen. Lo subidito que está Víctor en la investigación y el continuo machaque a su compañero francés resultan desagradables y hacen que Alain te resulte el santo Job por no estrangular a nuestro compatriota.

Aunque, eso sí, al menos se están tomando la molestia de trabajar la intereacción entre Víctor y Alain y, de hecho, los actores trabajan muy bien juntos. La verdad es que han dado grandes momentos como compañeros y, si no se olvidan de tratar eso, ese estar condenados a entenderse puede molar mucho, a pesar de ese triángulo amoroso que se ve venir desde lejos con el personaje de Olivia Molina. Me da pereza, para qué negarlo, sobre todo porque ella no me gusta como actriz y el personaje ya me cae mal, pero a ver qué hacen.


Espero que se dejen de tonterías con este tema y se centren en la investigación, sobre todo porque con el giro final se demuestra lo que nosotros ya sabíamos: los casos están relacionados y deben investigar a las dos desaparecidas, no sólo centrarse en Isabel.

Que, por cierto, mucho criticar los españoles que a los franceses sólo les importa Catherine, pero ni siquiera se han molestado en investigarla a ella y, ojo, es la que podría seguir viva.

Al menos, en líneas generales, tanto la interacción entre Víctor y Alain promete (curioso que tengan más tensión sexual revuelta que la que tenían el año pasado Víctor y Laura, que era nula) y el caso se antoja interesante. Además, tienen un señor reparto que espero que este año aprovechen de verdad, con alguna excepción que otra que a mí no me termina de convencer. Pero, bueno, habrá que ver qué tal se van desarrollando los episodios y a ver si la mejora queda en agua de borrajas o se mantiene, esperemos que lo segundo.

martes, 12 de enero de 2016

La molonidad de The Librarians

Si la semana pasada os hablaba de una serie que volvía con su nueva temporada, hoy me toca hablar de una que despidió su segunda entrega en Navidad, aunque al menos lo hizo con la promesa de que volverá (¡yey!). Sí, voy a hablaros de The Librarians, esa serie tan sumamente molona que pasa bastante desapercibida, lo cual, por cierto, me parece bastante injusto.

Como es más que evidente os recomiendo verla si no la habéis visto, no os defraudará. En serio, mola un montón. Palabra.

En esta segunda temporada hemos tenido el mismo esquema que en la primera: casos distintos cada semana junto a una trama horizontal que ha abarcado toda la temporada y todo estaba ligeramente relacionado. Además, los guionistas han sido muy inteligentes pues han sabido usar la trama de la temporada para mantener a Flynn apartado de la biblioteca la mitad de los episodios.


En la primera temporada el personaje de Noah Wyle apareció en cuatro episodios, dejando a Eve, Jenkins y al trío a cargo del anexo mientras buscaba cómo recuperar la biblioteca. En esta ocasión era más difícil el mantenerlo alejado, ya que había vuelvo a ser el bibliotecario principal y estaba con Eve, pero han sabido alejarlo de forma bastante coherente. A fin de cuentas, Flynn lleva mucho, mucho tiempo solo y ha perdido a todas las personas a las que quería, así que estaba bien traído el hecho de que, por un lado, tuviera miedo al estar con Eve y, por otro lado, no se acostumbrara a trabajar en equipo.

En ese sentido, sí que me ha convencido tanto su ausencia como el hecho de que prefiriera perseguir a Próspero por medio mundo en lugar de quedarse junto a los demás. Eso sí, me parece que han pasado por puntillas en la relación romántica entre Eve y él. Por mucho que Eve le comprenda y sepa por qué huye, podían haber hablado del tema o haberse sincerado.

Aunque, bueno, nos han dado momentos muy, muy memorables como toda su trama en el final de temporada, así que no me quejaré.


Además, la ausencia de Flynn venía bien para tratar a los otros personajes. Flynn mola mucho, aunque a veces peque un poquito de estar demasiado pasado de rosca, pero, por lo general, cuando él aparece, son Eve y él los protagonistas absolutos de los episodios, aunque los demás tengan sus escenas molonas.

Eso sí, en esta segunda temporada el protagonismo ha estado muy repartido y hemos tenido un episodio dedicado a cada personaje, con la excepción de Jenkins, aunque éste ha tenido más peso y le hemos visto hacer trabajo de campo lo que ha molado.

Pero, bueno, nos han enseñado a la familia de Stone y han explicado por qué siempre se esconde detrás de seudónimos para escribir sus artículos. También han ahondado en el interés de Cassandra por la magia y, de paso, han extendido la mitología de la serie al añadir a las damas del lago (ilusión suprema reencontrarse con Beth Riesgraf). Hemos visto a Eve reencontrarse con un antiguo amigo y a Ezekiel Jones convirtiéndose en un héroe por la vía más difícil en uno de los episodios más chulos y dramáticos que han tenido.


Y es que, aunque todos los personajes molan muchísimo, Ezekiel cada vez se va haciendo más con la serie. Entre que el personaje es muy guay y tiene esa dicotomía de canalla y héroe y que John Kim está comodísimo en el papel es muy sencillo que robe las escenas.

Y yo sigo emperrada en que Ezekiel debe liarse con Cassandra porque juntos son la monez.

Y si el desarrollo de los personajes ha molado, la trama principal de la temporada lo ha hecho también, pues se han dedicado a sacar a personajes míticos de la literatura para que se enfrenten a nuestros protagonistas. Próspero, el mago protagonista de La tempestad de Shakespeare, ha sido el villano de esta temporada, aunque no ha estado solo, pues le han acompañado el hada Ariel (también de La tempestad), Dorian Gray y Moriarty.

Además, Moriarty ha sido un personaje muy genial. Inteligente, retorcido, divertido y prendado de Eve, lo que ha dado muy grandes momentos.


La verdad es que toda la temporada ha tenido escenas muy, muy memorables y muy divertidas, pero lo que más me ha gustado ha sido el amor por la literatura que se notaba a lo largo de la temporada. En la primera nos hablaron de los mitos artúricos en general y, aunque la presencia artúrica sigue ahí, en esta segunda el protagonista ha sido Shakespeare y la literatura en genial, lo que me ha molado mucho porque a mí también me encantan los libros.

Y, encima, el hecho de que los personajes más famosos de la literatura puedan salir de los libros abre un montón de posibilidades de cara a futuras temporadas. Bueno, por el momento creo (y, repito, creo) que en la tercera temporada el malo va a ser el bibliotecario anterior a Flynn, el que se perdió por culpa de la magia, lo que puede molar muchísimo porque por ahí tenemos a Cassandra interesada en aprender magia a pesar de las continuas advertencias de Jenkins y a ese trío de hechiceras encabezadas por La dama del lago.


Que, por cierto, en ese epiquísimo final de temporada, La dama del lago salvó a Eve y ésta salió del lago con cambio de ropa incluido (al más puro estilo Lluvia de estrellas) y no sé si eso traerá consecuencias de cara a la tercera temporada.

Pero, vamos, en general que The Librarians sigue molando lo que no esté escrito. Es divertida, entretenida, friki a más no poder y muy original. Además, es una serie que desprende buen rollo. Todos los personajes son muy geniales, pero además tienen una unión muy fuerte y los actores tienen muy buena química, por lo que ver cada episodio es una auténtica gozada.

Ay, qué larga se hará la espera hasta la tercera temporada. Ay.

lunes, 11 de enero de 2016

Rechicero

Quinta novela de Mundodisco leída y quinta que reseño por aquí, en este caso es Rechicero porque yo soy muy maniática y sigo el orden de publicación. Sin embargo, lo bueno que tienen las entregas de esta saga es que se pueden leer en cualquier orden porque son auto-conclusivas, salvo alguna excepción como La luz fantástica.

En Rechicero nos reencontramos con Rincewind, el mago más desastroso del Disco y protagonista de El color de la magia y La luz fantástica, lo que ya de por sí mola porque Rincewind es muy, muy genial. Además, como el resto de las novelas de Mundodisco es muy, muy divertida y entretenida, a pesar de tener un argumento a priori sencillo:

Había una vez un mago que era el octavo hijo de un mago y que decidió renunciar a la Universidad Invisible para estar con una mujer, ya que los magos tienen prohibido el mantener relaciones sexuales. Como el aburrimiento colabora mucho a procrear, este mago acaba teniendo ocho hijos, lo que no tendría por qué ser malo... salvo porque el octavo hijo de un mago que, a su vez, es el octavo hijo de un mago, no será un simple mago, sino un rechicero, alguien tan poderoso que podría competir con los dioses.

Este mago, además, al saber el destino que el espera a su hijo, Coin, decide darle esquinazo a La muerte y ocultarse en el bastón que le corresponde al niño. Y es que este hombre, Supererudito, tiene sus propios planes para vengarse de sus colegas. Así, años después, Coin se planta en la Universidad Invisible para liderar a los magos, por lo que tiene que usar el Sombrero del Archicanciller, lo que seguramente acabe desatando el Apocrilipsis (el Despido de los Dioses y la invasión de las cosas que habitan las Dimensiones Mazmorra), pero el sombrero quiere evitarlo, así que hace que una heroína, Conina, lo robe y en medio de todo esto Rincewind acaba liado para salvar el mundo una vez más, a pesar de ser un inútil redomado.

La estructura es exactamente igual que en las otras novelas de Rincewind: éste, que sólo intenta sobrevivir y vivir lo más tranquilamente posible, se ve envuelto en un montón de disparatadas desventuras para salvar el mundo.

No es tan original como las últimas novelas de Mundodisco que había leído, que seguían a otros personajes y, por tanto, eran distintas tanto en planteamiento como en temas, pero tampoco importe mucho. Y es que Rechicero, al igual que las otras novelas dedicadas a Rincewind son muy, muy divertidas y llenas de acción, por lo que se leen enseguida. Además, ya conocemos a Rincewind y, por tanto, apreciamos a ese hechicero inútil y cascarrabias con un don para sobrevivir, lo que hace que todo sea aún más divertido.

Y, ojo, porque que esté Rincewind también significa que nos reencontraremos con personajes tan molones como el bibliotecario de la Universidad Invisible, que es sencillamente genial, y El equipaje, ese arcón con miles de patitas, un estómago infinito y el encanto destructor de un psicópata malhumorado.

Precisamente El equipaje ha sido de lo mejor de la novela, ya que en Rechicero se nos enamora de la heroína Conina y acaba sufriendo en sus carnes (o maderas) el desamor, lo que hace que sus intervenciones, aunque breves, sean hilarantes.

También, como es habitual en las novelas de Mundodisco, Terry Pratchett aprovecha para introducir nuevos personajes y ampliar aún más el universo que ha creado al ambientar las aventuras en nuevos lugares. En lo que respecta a los personajes, tenemos a Conina, que es la hija del héroe Cohen el bárbaro (al que ya conocíamos) y, por tanto, parece destinada a seguir los pasos de su padre al estar increíblemente dotada para eso del heroísmo, aunque ella en realidad quiere ser peluquera. También conocemos a Nijel, que desea ser un héroe, pero está empezando y no termina de dominar ni la teoría y a Creosoto, un Serifa que no deja de componer poesía.

Vamos, que es una combinación de lo más loca, pero que funciona a la perfección y arranca unas cuantas carcajadas.

Tampoco quiero entrar más en detalles, para que os sorprendáis con Rechicero y sus situaciones disparatas si no lo habéis leído (que deberíais), aunque sí que diré que me sorprendió el final. Y es que, aunque se cierra el argumento, hay cierto aspecto que se queda abierto para, imagino, protagonizar una de las siguientes novelas.

El próximo lunes literario estará dedicado a... El (sin)sentido del amor de Javier Ruescas.

sábado, 9 de enero de 2016

El regreso de Galavant

Lo sé, lo sé, esta semana he estado súper desaparecida, pero han sido Reyes y luego he estado muy ocupada y apenas he tenido tiempo. Pero a partir de hoy el blog vuelve a la normalidad, lo prometo, que para eso están regresando las series y una de esas ha sido la mayor epicidad que se estrenó el año pasado: Galavant. Sí, leedlo con el tonillo de esa gran canción con la que la serie se inició, algo así en plan: Gaaaalaaaavaaaaant.

Y es que, milagrosamente, Galavant renovó por una segunda temporada y, desde entonces, el mundo es un poquito mejor. De hecho, celebremos apropiadamente que tenemos segunda temporada:



Lo mejor de todo es que los chicos de Galavant saben que son un producto minoritario, que no son precisamente un éxito de audiencia y que el año pasado les daban por cancelados y lo usan para chotearse con bromas autorreferenciales que básicamente son lo mejor. Desde este primer episodio, con el que inician temporada (bajo el grandioso título de A new season AKA Suck it Cancellation Bear), han demostrado que siguen siendo igual de cínicos y ácidos y que saben muy bien qué clase de serie están haciendo, lo que es digno de aplaudir, sobre todo porque logran que mole muchísimo.

Desde ese primer número en el que los piratas (comandados por un irreconocible Lord Grantham, lo que también es maravilloso) se quejan de estar hartos de escuchar la canción de Galavant hasta las continuas bromas sobre el supuesto colgante de Isabella que aparece de repente, a pesar de llevarlo siempre según ella, no han dejado de cachondearse tanto de sí mismos como del género y del medio. ¿Cuántas veces en las series aparece un objeto importante de la nada y nos intentan hacer creer que siempre ha estado ahí o los guionistas se sacan algún familiar de la nada del que no hemos tenido conocimiento hasta que hace falta? Pues eso, que es una verdad como una casa de grande y, encima, les queda gracioso.

Es precisamente esa auto-crítica carga de mala leche (maravillosos esos versos sobre que la canción de Galavant no ganó ningún Emmy y que deben olvidarla o que el Infierno se congelará cuando hagan una audiencia decente) lo que hace que no sólo se les perdonen tópicos, sino que éstos encajen bien.


En ese sentido, Galavant siempre me ha recordado a Jane the Virgin, aunque no puedan ser más distintas, ya que tienen ese equilibrio entre parodia, crítica y homenaje a sus respectivos géneros y usan los clichés maravillosamente bien. En este caso, para alargar la "angustia" romántica han tirado del manido truco de no entenderse por un motivo ajeno a los amantes, esa llamada vía colgante mágico que se cortaba y que hizo que Isabella creyera que Galavant no la quería, a pesar de que el principal deseo de éste es reencontrarse con ella.

Pero es que son tan graciosos cuando tiran de tópicos, la serie mola tanto, que ni siquiera te importa. En otra serie ese recurso habría desesperado, pero no en Galavant, donde puedes hasta sentir cierta pena por Isabella, a pesar de que será el personaje más soso y de saber que, al final, como en todo buen cuento de hadas, el amor prevalecerá.


Además, hay que reconocerles otras dos grandes cualidades que tienen:

Por un lado, la cantidad de cameos y detalles molones que tienen, como esa microaparición de John Stamos que duró nada, pero que no pudo ser más hilarante, en El bosque encantado, ese local gay regentado por una más que divina Kylie Minogue. En primer lugar, las referencias a Once upon a time molaron mucho y, por otro lado, ¿se pudo sacar más provecho a Kylie Minogue con ese epiquísimo número musical?

Esto es pillar cacho y lo demás tonterías.

Es que, vamos, ¿se puede ser más grande que ella en Galavant? Pues eso. Encima, no es la única, ya que hemos vuelto a ver a los piratas de la temporada uno, además del más que breve cameo de John Stamos como Jean Hamm. Me sorprende (para bien) que actores tan famosos y que tienen otros proyectos se presten a hacer esa clase de apariciones, lo que deja claro que aprecian la serie y, oye, pues eso también mola.

Por otro lado, a pesar de que la primera temporada consistió tan solo en ocho episodios, no dejaron de avanzar y de cambiar tanto las relaciones como el status quo de la serie, algo de lo que muchas series no pueden presumir. En estos dos episodios centrales, hemos tenido a los personajes divididos, por lo que hemos tenido tres tramas distintas perfectamente combinadas y que están protagonizadas por combinaciones de personajes no vistas hasta ahora.

Así, Isabella sigue presa en el palacio de su primo (y prometido, a pesar de que es un niño), junto al Chef, Gwynne y el bufón, mientras que en Valencia Sid debe lidiar con esa extraña unión entre Madalena y Gareth y Galavant sigue su viaje para devolver al rey Richard a su reino.

Disfrutemos del Sasse descamisado, que él lo vale.

Personalmente, creo que el dúo Galavant-Richard es el que se come la serie, sobre todo por el segundo, que sigue siendo el personaje revelación, aunque los dos hacen un gran equipo. Se contrapuntan muy bien y nos han dado las tramas más hilarantes de estos dos episodios: el acabar presos en la taberna gay (me sigo riendo al recordarlo) y el tener que esperar en un pueblo con unicornios que siguen a los vírgenes y magos que convierten objetos en móviles.

Timothy Omundson es el actor con más vis cómica del reparto, pero encima logra sacar lo mejor de Joshua Sasse, que está genial como el cínico de la pareja, el que debe aguantar las excentricidades y errores del otro. De momento, en tan solo dos episodios, han llegado a su destino, el reino de Richard... aunque el castillo ha desaparecido sin dejar ni rastro, así que habrá que ver por dónde van los tiros, pero, vamos, yo estoy encantadísima con el dúo, sobre todo porque, además de divertidos, también son muy tiernos: desde las coñas sobre el beso de Galavant a Isabella o a lo mucho que echan de menos a ella y a Gareth.

Por cierto, Richard me rompió el corazón al enterarse de la traición de Gareth y espero que nos den un reencuentro porque la amistad de estos dos es amor, a pesar de todo.


Os pongo la adorabilidad hecha gif para superar a Richard tristón, que rompe la patata.

Luego estaría la parte del reino del primo de Isabella, que yo pensaba que iba a ser la más sosa, pero los secundarios la están manteniendo. El chef y Gwynne son muy graciosos y el bufón alegrándose de no tener que esforzarse para animar al príncipe Harry también tiene su punto. Sin embargo, espero que hagan algo, ya que no creo posible que puedan aguantar toda la temporada con Isabella atrapada ahí y que resulte entretenido.

Finalmente, está el frente de Valencia, donde Madalena y Gareth parecen condenados a entenderse, aunque los propósitos de cada uno son distintos. Mientras que él sólo quiere ser rey y no ser mangoneado por Madalena, ella parece tener planes para conquistar el mundo, lo que podría dar muy buenos momentos (¿un futuro enfrentamiento con Richard, que sacó la espada de la piedra en pla rey Arturo?). Además, personalmente me gusta que sea una mujer la que quiera extender su reino y la que, de hecho, pasó de campesina a reina a fuerza de maldad e inteligencia.


Eso sí, al menos de momento, la combinación de Madelana, Gareth y Sid no me termina de convencer, resultando la parte más floja, a pesar de que creo que Gareth y Sid pueden dar buenos momentos y de que el cambio de los típicos roles masculino-femenino tiene su punto.

Habrá que ver qué nos tienen planeado, pero esta temporada pinta muy bien y me sigue sorprendiendo el buen ritmo que tienen, además de ese gran sentido del humor. Y, encima, con números musicales de lo más molones (en serio, el de Kylie Minogue es grandeza de la buena), así que tengo muchas ganas de ver el resto de la temporada y que se repita el milagro y obtengamos una tercera temporada.

lunes, 4 de enero de 2016

El gusano de seda

Comenzamos los lunes literarios del 2016 con la reseña de una novela que estaba deseando leer, El gusano de seda de Robert Galbraith. Recordemos, por si alguien no se enteró en su día, que Robert Galbraith es el seudónimo que empleó J. K. Rowling para publicar El canto del cuco, su primera novela negra, que estaba protagonizada por el detective Cormoran Strike. Pues bien, El gusano de seda es la siguiente aventura de éste y, como la primera me gustó mucho, le tenía muchas ganas.

¿Y de qué trata El gusano de seda?

Tras haber resuelto el caso de Lula Landry, la agencia de Cormoran Strike sigue manteniendo un buen ritmo de trabajo, hasta el punto de que él solo empieza a no dar abasto. Eso sí, sigue necesitando dinero y desea subirle el sueldo a su secretaria, Robin, así que suele elegir casos que le reporten una buena compensación económica... Al menos hasta que la señora Quine aparece en su despacho para encargarle que busque a su marido, que lleva unos días sin dar señales de vida.

La señora Quine no está demasiado preocupada por su marido, ya que cree que se trata de una de sus desapariciones habituales, pero le necesita en casa para ocuparse de su hija. Por eso, le encarga a Strike que le busque. Éste no puede evitar sentir compasión por ella, así que acepta el caso... y entonces descubre que Owen Quine, un escritor de carácter complicado, ha escrito un libro titulado Bombyx Mori (gusano de seda, en latín) que parece haber sacudido el mundo editorial londinense al no dejar títere con cabeza. Por eso, cuando Strike halla finalmente a Owen Quine, asesinado según describe el final de su propio manuscrito, la lista de sospechosos es bastante larga.

Nuevo caso, nueva situación y nuevo mundillo en el que investigar. Si en El canto del cuco nos adentrábamos en el mundo del famoseo, la moda y los paparazzi, en El gusano de seda nos codeamos con editores y autores que tienen mucho que esconder.

La verdad es que me ha parecido tan interesante como acertado el cambio de escenario, ya que consigue que El gusano de seda tenga su propia personalidad y el mundo editorial también hacía que fuera un caso original, sobre todo gracias a la víctima. Una vez más, la conocemos gracias a los testimonios de aquellos que le rodeaban, que son los mismos que van enriqueciendo un caso mucho mejor planteado que el que investigaba Strike en El canto del cuco. No me entendáis mal, el misterio sobre el suicidio de Lula Landry estuvo muy bien, pero la desaparición y asesinato de Owen Quine ha sido tan retorcido que ha molado mucho más.

Owen Quine no sólo era un hombre complicado y un gilipollas de mucho cuidado, sino que escribió su obra maestra basándose en la gente de su entorno y lo que sabía de ellos, por lo que se insinúan secretos de los demás personajes que no sólo añaden misterio, sino que los perfila tan bien como sospechosos que no dejas de teorizar sobre quién fue el asesino y por qué.

Además, y sin entrar en detalles, la resolución del caso ha estado muy, muy bien y la sorpresa me pareció mejor llevada que el giro de El canto del cuco. Vamos, que el caso ha estado mejor planteado, pero también ha sido más interesante y nos ha dado una galería de personajes mucho más memorables que en la entrega anterior. Y ha habido puteferio fino por toda la novela, lo que es otro añadido.

Al igual que lo han sido las vidas tanto de Strike como de Robin. Y es que, además del caso de Owen Quine, Robert Galbraith (o J. K. Rowling, como prefiráis) ha seguido desarrollando a sus dos personajes principales.

Por un lado, Strike está en un momento de su vida mucho más ligero, ya que la agencia de detectives va mejor, se está cuidando y su pierna no le da tantos quebraderos de cabeza y todo parece más tranquilo en general, al menos hasta que se dedica de lleno al caso de los Quine. De paso, conocemos a gente de su entorno, como a uno de sus hermanastros o a un antiguo compañero del frente, que es el policía encargado de llevar el caso de Quine.

Por otro lado, Robin quiere ascender en la agencia, dejar de ser secretaria para convertirse en investigadora, pero no termina de decírselo a nadie. Encima, su boda con Matthew cada vez está más próxima y su prometido no traga a Strike, ni está demasiado contento con el hecho de que ella haya decidido quedarse en la agencia, lo que no deja de originar fricciones. Sin embargo, a pesar de que su situación no es sencilla, Robin sigue trabajando y luchando para ser considerara como algo más que una secretaria, lo que me gustó mucho. Robin me cae muy bien y encima es muy hábil, así que es muy sencillo empatizar con ella.

Eso sí, quien no sale nada bien parado en esta entrega es Matthew, el prometido de Robin. Si en la primera entrega no era alguien a quien le cogieras afecto, en esta acabas hasta el gorro de él y no dejé de preguntarme qué veía Robin en él y por qué no lo mandaba a paseo. El tío es un pesado prepotente, que siempre tiene que dar por culo y que se cree que Robin debe cumplir su santa voluntad. Me ha parecido un personaje francamente desagradable y el contraste entre la forma en la que él trataba a Robin y cómo lo hacía Strike era bestial.

Porque, además, en esta entrega la relación entre ambos está más asentada y es más íntima, hasta el punto de que se toman ciertas confianzas como hablar sobre sus vidas o preguntarse por ellas. Me da la sensación de que el plan a largo plazo es que ocurra algo entre ellos, pero la autora se lo está tomando con calma, poco a poco, lo que es de agradecer porque con la situación de los dos, se debe construir bien cualquier relación que surja. También se agradece el que Robin vaya ganando peso en la agencia y vaya creciendo en el plano profesional.

Finalmente me quedaría hablar del estilo, pero es que es J. K. Rowling y comentar lo bien que escribe no es novedad. Su prosa es elegante, efectiva y, aunque a veces peque de minuciosa, a mí no me ha importado porque ayuda a imaginarse el Londres de Strike y Robin.

En conclusión, El gusano de seda presenta un salto cualitativo desde su predecesor con un caso más interesante, mejor llevado y resuelto, aunque sigue siendo terriblemente entretenido y adictivo. Una vez que lo coges es difícil soltarlo (yo, por ejemplo, me lo leí en un par de días). Así que no voy a dejar de recomendarlo, ni de esperar que publiquen en España la tercera parte, Career of evil, porque con esta trayectoria tiene que ser una pasada de novela.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Rechicero de Terry Pratchett.

sábado, 2 de enero de 2016

Frases inspiradoras del mes: Diciembre 2015

¡Feliz año a todo el mundo! Esta entrada debería haberla publicado ayer, que para algo era 1 de enero, pero tenía una tortícolis de caballo y me dediqué a seguir con mi revisión de Friends, que está siendo lo que veo estas Navidades para no caer ante la tentación de Blindspot y Quantico. Pero, bueno, que me enrollo, que feliz año, que espero que estéis disfrutando las vacaciones y que, como siempre, agradezco a todos los que participáis en esta sección. ¡Muchas gracias, majos, más que majos!

Así que, nada, me dejo de chorradas y os dejo ya con la recopilación de las Frases inspiradoras del día en su versión navideña: las mías son verdes y las de las vuestras están en rojo.

"- ¿Necesitas una cámara digital?
- Sí. Algo que grabe con poca luz, toda la noche.
- ¿Qué vas a grabar?
- Algo con poca luz, toda la noche." Matt Daehler y Jackson Whittemore en Teen wolf (serie) cortesía de Noelia.


"Así que siguió con el charango, a pesar de que le habían prohibido tocar en casa. También le hicieron desistir de tocar en la calle un niño que se echó a llorar, un hombre con unos papeles que le hablaba de las ordenanzas municipales y una pequeña revuelta.
Como último recurso, se fue a las montañas y tocó allí. Magnus estaba seguro de que la estampida que presenció fue una coincidencia. Las llamas no podían juzgar cómo lo hacía." Cazadores de sombras: Las crónicas de Magnus Bane de Cassandra Clare, Sarah Rees Brennan y Maureen Johnson.

"- Mis días de entrar en sitios y robar cosas han terminado. ¿Qué quiere que haga?
- Quiero que entres en un sitio y robes unas cosas.
- ... Tiene sentido." Scott Lang y Hank Pym en Ant-man.

"- Ahora, escúchame. Ahora vas a estar muy solo y se te da muy mal estar solo. Vas a estar furioso y vas a estar triste. Pero, escúchame, no dejes que esto te cambie. No, escucha, pase lo que pase ahora... donde quiera que sea que ella te envíe, sé de lo que eres capaz. No seas un guerrero. Prométemelo. Sé un Doctor.
- ¿De qué sirve ser un Doctor si no puedo curarte?" Clara Oswald y el Doctor en Doctor Who.


"Adiós, mi canción de luna y mi aliento, mis noches blancas, mis días dorados, mi agua fresca y mi fuego. Adiós, y que puedas encontrar una vida mejor, volver a encontrar consuelo y tu sonrisa adorable, y cuando tu rostro amado se ilumine al ver al amanecer de Occidente, ten la seguridad de que lo que sentí por ti no fue en vano. Adiós y ten fe, mi Tatiana." Alexander en El jinete de bronce de Paullina Simmons cortesía de Xymeeforyou.


"- Siempre me han gustado las bodas.
- ¿En serio? ¿Qué te gusta más: la alegría forzada, la música espantosa o la comida asquerosa?
- Conocer a personas optimistas como tú." Jane Nichols y Kevin Doyle en 27 vestidos.

"Mire, señora Higgins, la diferencia entre una dama y una florista no está en su comportamiento sino en cómo la tratan. Siempre seré una florista para el profesor Higgins porque siempre me ha tratado y me tratará como a una florista pero para el coronel Pickering siempre seré una dama porque siempre me ha tratado como una dama y siempre lo hará así." Eliza Doolittle en My fair lady (Mi bella dama) película de 1964.

"- ¿Jon quiere verme?
- Eso no te lo sabría decir. Yo, personalmente, nunca quise ver la mitad de las cosas que he visto, y nunca he visto la mitad de las cosas que quería ver. No se trata de querer. Pero es lo mismo; más vale que vayas." Samwell "Sam" Tarly y Edd, el penas en Canción de hielo y fuego IV. Festín de cuervos de George R. R. Martin.


"- Escribiré la lista. Creía que eso era lo que querías
- No, eso no es lo que quería. Quería que no fueras capaz de escribir la lista. ¿Cómo voy a competir con todas las chicas con las que has estado?
- No tienes que competir con todas las chicas...
- ¿TODAS las chicas? ¿Con cuántas chicas te has acostado, Fabio?
- No lo sé, nunca lo he pensado.
- Cariño, esa es la razón por la que te pedí que escribieras la lista así que, por favor, ¿puedes hacer lo que te pido?" Nathan Scott y Haley James en One Tree Hill cortesía de Noelia.


"Tienes cinco minutos para disfrutar la delicia de tu miseria. Disfrútala, abrázala, tírala y continúa." Claire Colbum en Elizabethtown.

"–Esa mujer es una mujer y media –aseveró–. Demasiada mujer para cualquiera de vosotros. No sabíais no por dónde empezar con ella. –En cualquier otro momento, una afirmación así habría sido para los tres un acicate para empezar a protestar y a fanfarronear. Pero Manet la hizo sin intención de insultar, así que se lo dejamos pasar. Sobre todo, porque seguramente tenía razón." Kvothe (narrador) en El temor de un hombre sabio (Crónica del asesino de reyes: Segundo día) de Patrick Rothfuss.

"¡María! No sé, ¿tú crees que cuando tú y yo seamos mayores y estemos plagados de canas y de arrugas, tú y yo podremos ser novios?" Ángel Montilla en Amar es para siempre.

"Esta guerra representa el fracaso del diálogo." Padmé Amidala en Star Wars III. La venganza de los Sith.

"Era un beso tan trivial y tan ñoño, y, ¡ay!, tan típico. Cuanto más difícil resulta algo, más valor se le da, ésta era la lección de Clive." Maurice de E. M. Foster.

"Primera regla del mago: ser el más listo de la sala." J. Daniel Atlas en Ahora me ves.

"- ¿Realmente cree que está por encima de la pasión? ¿Que su mundo perfecto puede regirse únicamente con rígidas normas y experiencias flemáticas?
- No lo creo. Lo sé.
- Demuéstrelo. Permítame que le demuestre que ni siquiera un duque frígido puede sobrevivir sin la pasión.
- No.
- ¿Tiene miedo?
- No, falta de interés.
- Lo dudo..." Juliana Fiori y Simon Pearson, duque de Leighton en Once escándalos para enamorar a un duque de Sarah MacLean.

"- Así que... ¿vamos a rescatar a los Inhumanos o a Coulson? ¿O vamos a atacar a Hydra? ¿O las dos? Lo siento, soy un novato que intenta entender cómo funciona S.H.I.E.L.D.
- Así funciona S.H.I.E.L.D.: hacemos un plan, el plan sale mal, hacemos un nuevo plan. Y, sólo para dejarlo claro, esta es la parte en la que el plan sale mal." Joey Gutierrez y Lance Hunter en Agents of S.H.I.E.L.D.

"No sé por qué desperdicié tanto tiempo fingiendo que no me importabas. Supongo que no quería sentir esto, duele." Emma Kurtzman en Sin compromiso.

"- Chicos... Aeropuerto... ¡Aeropuerto! Ah... No solo... ¡Julie! ¡Abrazado a ella...! ¡Calambre, calambre!
- ¡Oíd! Creo que intenta decirnos algo. ¡Llamad a un intérprete!" Rachel Green y Chandler Bing en Friends.

"- ¿Y qué hay en el futuro?
YO.
- ¡Aparte de ti!
¿CÓMO DICES?
- Quiero decir, ¿qué hay en el mundo que merezca la pena vivir en el intervalo?
GATOS. LOS GATOS SON MUY BONITOS." Superudito y La muerte en Rechicero de Terry Pratchett.

"Todas esas personas vivirán mientras estén en tu memoria." Ninny Threadgoode en Tomates verdes fritos.

"A veces las horas puedes parecer minutos y, a veces, un solo segundo puede durar toda la vida." Ted Mosby en How I met your mother (Cómo conocía a vuestra madre).

"Esto es lo que me encanta de la música: que una de las escenas más banales de repente tiene muchísimo significado. Todas las banalidades de repente se convierten en perlas vivas y resplandecientes. Por la música." Dan Mulligan en Begin again.

"- Harry Potter sabe que puede confiar en mí sin recelos, les dije. Preferiría morir que traicionar su confianza.
- Eso no es mucho que decir, ya que ya estás muerto." Nick Casi Decapitado y Ronald "Ron" Weasly en Harry Potter y el misterio del príncipe de J. K. Rowling.

"Pasea la vista por el mundo que te rodea y cambia lo que no te guste." Eugene Simonet en Cadena de favores.

"Prefiero haber llegado tarde para conquistar su corazón que llegar a tiempo para enamorar a cualquier otra mujer del mundo." Quincey Morris en Drácula (novela) de Bram Stoker.

"¿Qué clase de mujer no tiene un hacha?" Rosa Diaz en Brooklyn Nine-Nine.


Y como en cada entrada de esta sección, esperar que os hayan gustado y recordaros que, si lo deseáis, podéis participar y que, de hecho, estamos encantadas con que nos mandéis vuestras citas favoritas ^^ Para participar, simplemente tenéis que hacernos llegar la frase inspiradora en cuestión (junto a la procedencia de la misma) a través de uno de estos medios:

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