jueves, 25 de agosto de 2016

9 parejas trágicas de series

Ah, las historias de amor en las series, cómo nos gusta shippear a algunos y cómo les encanta a los guionistas hacernos sufrir con eso (en ese caso no hay excepción, todos disfrutan torturándonos, eso es así). Y es que, aunque hay algunas parejas que nos hacen sufrir porque son unas cansinas de cuidado con sus idas y venidas (hola, Oliver y Felicity) y otras porque sencillamente son lo peor (Barry, Iris, hola a vosotros también), también las hay porque son unos pupas de la vida que no ganan para disgustos, generalmente ajenos a ellos.

Así que, vamos con una lista de Las parejas más trágicas de la televisión.
A ver, antes de entrar en el meollo del asunto, os explico cómo lo voy a escribir para que no os comáis spoilers. Generosa, que es una. Bueno, pondré el título de la serie y luego el de la pareja y puede haber spoilers de toda la serie, así que si no vais al día, pasad a la siguiente.

9. Buffy la cazavampiros - Buffy y Angel



Ah, Buffy, cómo me gustaba. Fue una de mis primeras series y una de las que más me hizo sufrir porque la relación entre Buffy y Angel era romántica, preciosa y trágica (ahora no me vengáis con Spike y que era mejor porque Spike intenta violarla, ¿vale? Por más que Spike molara, intenta violar a Buffy y la relación entre ambos se basa en que Buffy no se siente bien consigo misma, así que romanticismo cero y toxicidad diez).

Bueno, que yo estaba hablando de Buffy y Angel y cómo no dejaban de pasarles cosas malas. Por si el hecho de que ella fuera la Cazadora y él un vampiro no fuera suficiente, Angel perdió su alma la primera vez que se acostó con Buffy y ella le mató justo cuando la recupera, gracias al subnormal insufrible de Xander y su ataque de cuernos. Luego Angel volvió, pero no estaba bien y le dieron su propio spin-off y nos lo separaron del todo. Un drama del bueno, porque Buffy nunca tuvo una relación tan molona como esa. Eso sí, a mí me gusta pensar que, cumpliendo la profecía, Angel acabaría siendo humano y acabaría con Buffy. Yo vivo en ese mundo de fantasía y no me saquéis de ahí.

8. Angel - Fred y Wesley


Otra serie de Joss Whedon en la lista, di que sí. Es lo que tiene que el Whedon sea un psicópata de mucho cuidado que disfruta reduciendo TODO a cenizas, no sea que los fans de sus series sean felices o algo.

En la segunda temporada de Angel conocemos a Fred, una estudiante que ha pasado cinco años atrapada en otra dimensión y que el equipo salva. Fred vuelve traumatizada, por lo que es un poco peculiar, aunque es amor del bueno. Así que, claro, no es de extrañar que Wesley se enamore de ella y yo los shippeaba a morir porque me encantaban los dos (Wesley era tan mono y tan genial). El camino no fue fácil, ya que el pobre Wesley parecía vivir en la friendzone, pero al final lograron estar juntos... y entonces Joss Whedon mató a Fred.


¡Maldito seas, Joss Whedon, maldito seas! Joder, tío, en serio, ¿qué clase de trauma tienes para destrozar todas tus parejas? Que no se salva ninguna, cabrón asqueroso.

Sí, sigo súper ofendida con el tema (y no ayuda La era de Ultrón, Joss, no ayuda).

7. La señora - Ángel y Victoria


Única serie patria de la lista y es que anda que no me hicieron sufrir estos dos hace unos años, cuando se emitía La señora. Otros que, aunque se querían a morir, acababan boicoteados por todo quisqui, que parecían vivir para impedir que estuvieran juntos. Victoria era la hija de un rico empresario, Ángel un chico pobre, pero ellos se querían a pesar de las diferencias. Eso sí, al resto del mundo no les parecía bien el tema, por lo que los separaron: a Victoria la mandaron a estudiar fuera y a Ángel le orientaron para que se metiera a cura.

Después, aunque no dejaron de quedarse nunca, las interferencias no pararon: entre el marqués obsesionado con Victoria, el cura que quería que Ángel hiciera la carrera eclesiástica que él no pudo, la anulación que no llegaba nunca... Vamos, que no tuvieron más que problemas de toda índole y, para más INRI, cuando al fin pueden estar juntos y felices, va, la serie acaba y me matan a Victoria. En serio, ¿por qué? ¡¿Por qué?! Si era el final de la serie, ¿por qué no darnos una moñez edulcorada, malditos cabrones?

6. Agents of Shield - Skye y Ward


Bueno, he de admitir que esta relación es más lo que pudo haber sido y no fue. La cosa es que al principio Grant Ward era un soso. Seamos honestos, por muy guay que sea Brett Dalton, Ward era un sosaínas... hasta que se descubrió que era de Hydra, justo cuando la química con Skye explotaba y se liaban. El drama estaba servido, sobre todo porque los sentimientos de Ward sí que eran honestos, seguramente lo único sincero en él.

Sin embargo, la mentira de Ward fue más que suficiente como para que Skye lo mandara a la porra (no me entendáis mal, eso me gustó, ya era hora que una chica en una serie no lo perdonara todo por amor), pero la química entre los actores molaba mucho y yo me había esperado una historia de redención que no llegó, así que sus interacciones posteriores fueron, al menos para mí, trágicas... hasta que le cogí asquito del todo a Ward a medida que iba cayendo más y más en el lado oscuro. Pero es que Chloe Bennet y Brett Dalton tienen una química tan chula. Ainss.

5. Veronica Mars - Veronica y Logan


Estos acabaron bien (¡bendita película!), pero el viaje fue difícil y nos hicieron sufrir mucho. Veronica tenía una vida perfecta hasta que asesinan a su mejor amiga, Lilly, cuando se posiciona con su padre (que cree que hay mierda a cascoporro en ese asesinato) y acaba siendo una marginada, que no se deja amedrantar. Logan era el novio de Lilly y, aunque al principio parece un gilipollas de tomo y lomo, se acaba viendo que no es tal, sino alguien maltratado por su familia, pero que tiene mejor fondo del que parece.

El primer beso de estos dos es épico, la química que hay entre ellos es brutal, pero nunca lo han tenido sencillo, en parte por las circunstancias, en parte por sí mismos. Entre que Logan no siempre acierta con sus decisiones y que Veronica siempre lo acaba culpando de todo, no dejan de hacernos sufrir y de pedirnos cosas tan extrañas como que creamos que Veronica vuelve con Duncan. No, en serio, ¿por qué? ¿Quién volvería con un tío que se acuesta contigo creyéndote tu hermana y no saca el tema hasta que le acusas de violarte? En serio, ¿quién?

4. Quantico - Shelby y Caleb


Me he visto la primera temporada de Quantico en menos de una semana (engancha un huevo, ¿vale?) y, aunque los guionistas se empeñan en que me vuelva loca por los protagonistas, a mí me caen mal y me muero de amor con mis rubitos. Ay, mis pobres rubitos, cómo me matan de amor y de sufrimiento al mismo tiempo.

A ver, Quantico va sobre como Alex, que es la prota, es acusada de llevar a cabo un atentado y cómo tiene que limpiar su nombre en el presente, buscando a un terrorista entre sus compañeros, mientras en el pasado vemos cómo Alex y cia se forman en Quantico. Es como si juntáramos Gossip girl con 24 y mola bastante. Pero, bueno, que me enrollo y quiero hablaros de mis adorados rubitos.

Shelby aparentemente es la típica Barbie de concurso de belleza, pero también es una badass de cuidado que ha ingresado en el FBI porque sus padres murieron en el 11-S. Caleb es el único hijo de dos agentes del FBI famosos y, aunque quiere continuar con el legado familiar, no es el mejor de los cadetes. Ella empieza como la chica mona del grupo, él como el idiota, pero van desarrollando sus personalidades, dándoles capas y creando una relación muy chula... a la que ataca todo Dios.


En serio, todo quisqui se mete en esa relación con manipulaciones, mentiras, secretos... Es como si estuvieran gafados. Es que, encima, a veces ellos también la cagan, pero en general sus intenciones son buenas, pero todo se acaba yendo a la mierda todo el rato, aunque se quieren un montón. Y, claro, tú los shippeas, los entiendes a ambos y sufres como una perra, mientras tienes ganas de ponerle una vela a Tatiana Maslany (diosa catódica) para que en la segunda temporada les den alguna alegría.

3. Lost girl - Bo y Dyson


Bo es bisexual y sé que a casi todo el mundo le encanta con Lauren, pero a mí Lauren me cae como el culo (bueno, en la cuarta me reconcilié con ella) y me parece que trata fatal a Bo, así que soy team Dyson a tope. Así que, claro, sufrí lo que no está escrito, porque los dos se enamoran, pero Dyson debe sacrificar su amor y dárselo a la Norn para salvar a Bo. ¿Qué pinta mal? Pues, esperad, que falta lo mejor: Dyson es un hombre lobo y, por eso, sólo puede amar de verdad una sola vez, es decir, a una sola persona. Bum, toma ya, drama a lo loco.

Luego tampoco ayuda que Bo no sepa nada y la pobre sufra al no comprender la frialdad de Dyson, que éste sufra también porque es consciente de toda la situación y que, cuando al fin recupera sus sentimientos, Bo también está enamorada de Lauren. Súper bonito todo, vamos.

2. Person of interest - Shaw y Root


Esta relación es especial cuando menos. Shaw es una asesina del gobierno y es una sociópata, no en plan asesina loca de Mentes criminales, sino porque no experimenta las sensaciones como el resto de personas. Root es una ladrona, hacker, asesina a la que sólo le interesa La máquina. De hecho, su primer encuentro consiste en Root torturando a Shaw, lo que obviamente cabrea a ésta y hace que se proponga acabar con Root, aunque ya entonces había una química curiosa entre ambas.

La relación no es típica, ellas no son típicas, pero acaban molando un montón y las adoras y estás deseando que se vuelvan locas de la vida y frunjan a lo loco aunque sea en un callejón, tras un señor besaco, claro que sí. Lo malo es que, como Sarah Sashi (que interpreta a Shaw) se quedó embarazada, tuvo que pasarse la segunda mitad de la cuarta temporada ausente, nos tocó que Shaw se sacrificara por los demás y que Root no dejara de buscarla, lo que era bonito, pero al mismo tiempo sufrías un huevo. Y, aunque se acabaron reencontrando, la mala suerte no les da un respiro a las pobres.

1. The Originals - Hayley y Elijah


Vale, ¿se puede ser más desgraciados que estos dos? Porque, sinceramente, no puedo pensar en una pareja que haya tenido más mala suerte e interferencias que estos dos. Los pobres se enamoran casi desde el principio, pero en un primer momento Elijah no quiere hacer nada por respeto a su hermano Klaus (que ha dejado embarazada a Hayley tras una noche loca), luego Hayley se ve obligada a casarse con un hombre lobo para salvar a su manada y tiene que serle completamente fiel.

Más tarde, éste muere y la pobre Hayley se siente fatal porque nunca le ha amado y tirarse en brazos de Elijah, por más que esté enamorada, le parece mal. Cuando por fin supera el luto y decide estar con Elijah, se desata el Apocalipsis Mikaelson y todos los hermanos acaban a punto de morir, por lo que tienen que congelarlos y la pobre Hayley acaba teniendo que huir con un camión y Elijah y los demás en un ataúd.

En serio, ¿se puede ser más cruel que eso? Es que, encima, pensadlo, él al menos está dormido como quien dice, pero Hayley se va a pasar cinco años con su novio encerrado en un ataúd tras llevar con él, qué, un día tras todas las penas. Pobre Hayley, va a acabar con el cuerpo que va a parecer una estufa humana.

Esas son las que se me han ocurrido, pero seguro que hay más. A vosotros, ¿se os ocurre alguna?

lunes, 22 de agosto de 2016

El mago de papel

Es lunes, así que os traigo una nueva reseña... Sí, lo sé, últimamente hablo de libros casi exclusivamente, pero es que agosto es un mes muy malo para la tele... y para hacer algo activo con la vida de uno, más allá de cazar Pokemons y revivir mi amor por Harry Potter al releer los libros y ver la película después. Bueno, que me enrollo, que os traigo la reseña de una las novelas que más he disfrutado en lo que va de año: El mago de papel de Charlie N. Holmberg, que es la primera parte de una trilogía. Sí, yo tampoco me sorprendo de acabar enganchada a nuevas sagas.

Ceony Twill es la mejor alumna de su clase de magia, así que espera poder elegir la rama en la que va a especializarse y, encima, tiene claro lo que quiere hacer: ser Fusionadora, trabajar hechizando el metal. Sin embargo, la dirección de la escuela la asigna como aprendiz de Plegadora, es decir, trabajar con el papel, algo que Ceony considera inútil y pasado de moda. Como, si quiere ser maga, no tiene otra que obedecer, se resigna e inicia su aprendizaje junto a un experto mago de papel, Emery Thane.

El mago Thane es peculiar, misterioso, pero también amable y un gran maestro, por lo que Ceony empieza tanto a admirarle como a descubrir que manipular el papel puede ser mucho mejor de lo que creía. No obstante, cuando Ceony está disfrutando de su nueva vida, recibe un nuevo golpe cuando una malvada Extirpadora aparece y le arranca a Thane el corazón del pecho. Dispuesta a salvar a su maestro, Ceony no duda en seguirla y acabará viviendo un curioso viaje por el corazón de su maestro.

Charlie N. Holmberg, la autora, crea un universo ambientado en la Inglaterra victoriana, donde existe la magia, pero de una forma diferente a la que tenemos acostumbrada. En ese sentido, me recordó a El Rithmatista, de Brandon Sanderson, que también inventaba una forma de magia completamente distinta y original, aunque entre ellas no tengan nada que ver. Aquí, los magos se especializan en manipular un material y sólo pueden vincularse a uno. Los dos protagonistas son magos de papel, lo que al principio puede parecer tonto (como le parece a Ceony cuando la asignan al mago Thane), pero poco a poco se va viendo el juego que tiene y, además, es una magia con mucho encanto.

Por supuesto, como en toda historia de fantasía que se precie, hay enemigos y una amenaza al mundo mágico en general. Esta primera parte, El mago de papel, sirve como presentación tanto del mundo como de la amenaza, que son los Extirpadores, magos que han caído al lado oscuro y que deciden vincularse a la sangre.

Y es que, aunque El mago de papel no está exento de aventuras, se centra más en que Ceony descubra su amor por el papel y en que explore la personalidad de Thane al ir visitando su corazón, intentando huir de la mala de la historia. De hecho, en esta primera parte básicamente se responden a todos los enigmas planteados al principio sobre Thane, al mismo tiempo que también se desarrolla a Ceony, aunque de manera diferente.

Porque Ceony y Thane son los protagonistas, el punto fuerte de la novela, ya que los dos molan mucho.

Me sorprendió mucho Ceony como protagonista. Acostumbrada a que las heroínas sean casi perfectas, nos encontramos con una chica que ha trabajado duro para ser maga y que deseaba ser Fusionadora, peor tiene que ser Plegadora lo quiera o no. Por eso, no es de extrañar que al principio de la historia se sienta frustrada y esté cabreada y que eso la lleve a no querer ser injusta con Thane, que no tiene la culpa de nada, pero no poder evitar estar de mal humor. Me pareció muy real, muy lógico y, encima, la autora lo desarrolla estupendamente, ya que Ceony poco a poco va descubriendo que la magia de papel también le gusta mucho.

Además, a pesar de que su destino resulta un fuerte golpe para ella, Ceony también intenta sacar lo positivo de una situación mala. Así, se van descubriendo las distintas caras de Ceony, el cómo también es dulce, aplicada, valiente, imaginativa...

Y, de paso, se desarrolla bien la historia de amor. ¡Sí, amigos, en El mago de papel no hay enamoramientos en un segundo! Ceony va conociendo a Thane, viendo lo amable que es, los detalles que tiene con ella y percibiendo que es un hombre con sus secretos. A medida que lo trata, que trabajan juntos, Ceony se va sintiendo fascinada por él, le va cogiendo cariño y por eso tiene sentido que no dude en salvarlo, sobre todo cuando empieza a llenar los huecos que tiene en la historia de él, tanto por lógica, como cuando no le queda otra que atravesar el corazón de Thane para sobrevivir y salvarlo a él.

Es que encima son la monez, en serio, los shippeo a morir.

Bueno, como creo que ya se me ha notado, también me gustó mucho Thane. Además, al igual que Ceony, me pareció maravillosamente bien escrito y eso que, creo, Thane es más conflictivo a la hora de ser escrito. Porque Thane es encantador, alegre y amable, pero también se nota ese poso de tristeza que indica desde el primer momento que tiene un pasado duro a sus espaldas. Y, de hecho, disfruté muchísimo con cómo se va despejando el pasado de Thane y todo va teniendo sentido, como si fuéramos armando el puzzle al igual que Ceony.

La verdad es que no aparecen mucho más personajes, con la excepción de Lira, la villana de esta aventura, de la que tampoco quiero hablar mucho porque creo que mola más si vas descubriendo cómo es al leerla. Eso sí, me gustó mucho que tuviera ese algo, que no fuera una simple mala, mala, sino que tuviera más complejidad.

Quizás, lo único malo que tiene El mago de papel es que, al menos de momento, no conocemos demasiado sobre ese mundo que crea la autora y que apunta tan buenas maneras. Al centrarse en los dos protagonistas, desaprovecha un poco toda esa mitología que ha creado, lo que es una pena porque pinta muy bien.

Eso sí, la novela se lee en un suspiro. Aunque empieza con ritmo calmado, con la llegada de Ceony a la casa de Thane y con cómo va aprendiendo la magia del papel (lo que, por cierto, tiene todo el sentido de cara a defenderse cuando se inicia el rescate), engancha desde el primer momento y ya, cuando aparece Lira, me resultó básicamente adictivo. De hecho, es que no me duró nada, me lo leí enseguida y lo disfruté muchísimo. Me pareció encantador, entretenido, original y con un romanticismo muy bonito, pero nada cursi. No sé, cuando lo terminé, se me quedó una sonrisa en la cara y esa es una de las cosas más bonitas que se puede decir de un libro.

Y, bueno, como me estoy enrollando como las personas, ya sólo comentaré que la prosa de Charlie N. Holmberg está muy bien, porque es bonita, pero no recargada, lo que contribuye a que El mago de papel se lea todavía más rápido. También me gustaron mucho sus diálogos, como lo equilibrado que es todo: tiene las descripciones justas para crear ambiente, sin que resulten un lastre o pesadas.

Vamos, que me encantó El mago de papel, que lo recomiendo muchísimo y que, encima, Oz se ha marchado una edición preciosa.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Asedio y tormenta de Leigh Bardugo.

martes, 16 de agosto de 2016

Los últimos días de nuestros padres

Como ayer fue festivo y apenas pasé por casa, no subí la reseña, así que va para hoy. Y me toca hablar de Joël Dicker, que es el encargado de esa maravillosa novela que es La verdad sobre el caso Harry Quebert y que es un must literario muy grande. En serio, La verdad sobre el caso Harry Quebert hay que leerlo y punto porque es muy, muy buena.

De hecho, fue el típico libro que en casa nos vamos pasando de unos a otros en plan “eh, léete esto, que mola mil”, por lo que nos acabamos haciendo con Los últimos días de nuestros padres, que publicaron en España a raíz del éxito de Harry Quebert, pero que era la primera novela del autor y que suponía un cambio de registro enorme:

En los albores de la Segunda Guerra Mundial, Palo decide dejar a su querido padre y su hogar para enrolarse en el ejército y parar el nazismo. Sin embargo, Palo acaba siendo uno de los elegidos para recibir un entrenamiento especial y acaba formando parte del SOE, un programa de espionaje orquestado por Churchill. Palo es muy joven, pero acaba formando una gran familia con el resto de sus compañeros reclutas y empieza a descubrir elementos como la amistad, el honor y el amor, sin dejar de estar preocupado por el estado de su padre, que se ha quedado en Francia, solo y sin saber qué está haciendo él.

Los últimos días de nuestros padres prácticamente nos cuenta cómo Palo y sus amigos maduran a marchas forzadas gracias a la terrible situación que hay en toda Europa con Hitler ganando terreno. Todo ello con una historia divida en cuatro partes que abarca desde los primeros pasos en su entrenamiento, hasta cuando los que han logrado superar este último trabajan como espías por todo Europa.

Y, a priori, la novela tenía buena pinta, un arranque interesante con una serie de jóvenes que se forman como espías en plena Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, como casi todo en este libro, ese potencial se queda a medias y Joël Dicker acaba escribiendo una novela muy, muy floja, cuyo final me hizo querer tirar el libro por la ventana.

No todo es un desastre, ya que Joël Dicker sabe escribir, tiene un estilo muy agradable y tiene un toque especial con sus personajes. Todos son complejos, se distinguen y les acabas cogiendo cariño. Además, y creo que es una gran virtud, pese a que al principio te encuentras con un montón de personajes, no los confundes, ni te lías, sino que el autor logra que todo quede claro y que cales enseguida cómo es cada uno, aunque luego vayan evolucionando.

Quizás, en lo que respecta al estilo, a veces peca de detallista y queda un poco forzado, pero la verdad es que, al menos, Los últimos días de nuestros padres se lee con facilidad, a pesar de que no tiene el mejor ritmo del mundo. De hecho, es un tanto irregular y al principio es bastante lento, que sería algo que podría perdonar porque luego sí que mejora en ese aspecto y, al menos, acaba resultando entretenido y tiene partes muy sentimentales que cumplen con su función de emocionar. Sin embargo, para mi gusto, intenta demasiado ser profundo y trascendente, aunque tampoco resulta ridículo.

Lo que sí lo resulta y lo que me molestó son los continuos saltos de fe que Joël Dicker le pide al lector, porque todo el conflicto de su historia se basa en “porque sí” y en “este personaje tiene ese carácter tan extraño y te lo crees porque lo digo yo”. Y es que, lo siento mucho, pero no hay quien se crea el desarrollo tanto de Palo como de su padre. No tiene sentido, no se sostiene y resulta ridículo.

¿O es que me tengo que creer que un hombre que se muere por estar con su hijo, que vive en plena Francia ocupada por los nazis, decida regresar a su casa y esperar ahí todo un día para escapar en lugar de hacerlo en el momento en que su hijo aparece para rescatarlo? ¿En serio? ¿De verdad eso es lógico y creíble? ¿Y de verdad es creíble que el hijo, que es el mejor espía y agente de su promoción, no solo lo permita, sino que vaya tan pito a su casa, sin tener cuidado ni nada? ¡Venga ya! Si es que no se sostiene la situación, da igual cómo la mires, no tiene lógica, ni se entiende, ni nada.

Por eso, aunque Joël Dicker tenga buena mano tanto con prosa como con personajes, no recomendaría Los últimos días de nuestros padres: su desarrollo es demasiado ilógico, no está bien orquestado, también es bastante intenso y, en general, no me gustó nada la última parte. A decir verdad, cuando lo leía, me dio la sensación de que se quedaba un poco a medias.

En mi opinión, se nota mucho que fue la primera novela del autor y creo que a Los últimos días de nuestros padres no le hace ningún favor que La verdad sobre el caso Harry Quebert se publicara antes, porque le da mil vueltas. Sencillamente, esta última pone el listón tan alto que, cuando lees su primera obra, ésta te acaba decepcionando, a pesar de que tiene algún aspecto positivo que otro.

El próximo lunes literario estará dedicado a... El mago de papel de Charlie N. Holmberg.

jueves, 11 de agosto de 2016

Escuadrón suicida, David Ayer, 2016

Hablemos de Escuadrón suicida.

El viernes pasado se estrenó la última película basada en los cómics de DC y lo hizo acompañada de una sarta de críticas negativas que hasta la equiparaban a ese despropósito que fue la última versión de Los cuatro fantásticos. Evidentemente, semejante panorama ofendió a los fans de DC, sembró polémica y, como pasa siempre, reactivó ese eterno debate de Marvel vs. DC, que personalmente nunca he entendido. ¿Por qué hay que quedarse con uno solo?

En mi caso, siempre he sido más de Marvel en lo que respecta a los cómics, ya que eran los que tenía por casa y, cuando he leído algún tomo de DC, nunca he terminado de conectar con ellos. Sin embargo, también creo que el universo catódico de la DC siempre ha sido mejor que el de Marvel, mientras que éstos ganan en el cine, aunque eso no quita que no me gusten ni Agentes de Shield o las películas basadas en el universo DC.

Vamos, que todo tiene sus luces y sus sombras y yo paso de tomar bando y prefiero quedarme con los dos. ¿Para qué enzarzarse en una guerra absurda si puedes tener lo mejor de los dos mundos? ... Y acabo de citar una canción de Hannah Montana, no creáis que no me he dado cuenta.

Total, que una vez aclarado eso, sí que me gustaría opinar de esta última polémica que se ha alzado por las bestiales críticas a Escuadrón suicida y que van acompañadas con teorías de la conspiración y creencias de que meterse con DC es la última moda. Bueno, seguramente se dé en algunos casos, ¿eh? Pero yo no lo veo así, sino más bien como el resultado de la turbulenta experiencia cinéfila de DC. Y es que, pese a que tiene los dos superhéroes más míticos y pese a que se llevan haciendo películas sobre ellos desde hace muchos años, las únicas cintas que de verdad han sido realmente buenas fue la trilogía sobre Batman de Christopher Nolan. De hecho, seguramente sean las mejores películas de superhéroes que hay.

Ni el Superman de Christopher Reeve (bueno, salvemos la primera), ni la versión de Supergirl, ni las cuatro Batman anteriores a The dark knight son buenas películas. De hecho, es que nunca han acertado con Superman (Superman returns es un horror con Brandon Routh siendo el peor Superman que he visto y Man of steel es un rollo macabeo, a pesar de que Henry Cavill está maravilloso en el papel). Y, bueno, recordemos el despropósito de Linterna verde con Ryan Reynolds. Vamos, que no es una moda, sino más bien un historial. Ahora bien, DC está intentando desarrollar su propia versión de la mecánica de Marvel y, oye, está bien pensado y planteado (que los actos de una tengan consecuencias en otras películas me parece una gran idea).


¿El problema? Que parece que viven obsesionados con repetir el éxito entre crítica y taquilla que tuvieron con The dark knight, a base de perpetuar lo que hizo que la cinta de Batman destacara: la oscuridad y un protagonista torturado. Porque, sí, en la película de Christopher Nolan funciona muy bien y creo que casa muy bien con el personaje de Batman, pero ahí quedó todo porque no ayuda ni a Man of steel, ni a Batman contra Superman, aunque creo que ésta mejora bastante a la aventura en solitario de Superman.

Porque, de hecho, Batman contra Superman se deja ver bastante bien, a pesar de que tiene un guión que, cuanto más lo piensas, peor te parece: sinsentidos, agujeros en la trama, deux es machina a lo loco, esa motivación intensa y pseudo religiosa de un villano demasiado pasado de rosca... Pero también tiene cosas muy buenas: el reparto (a Ben Affleck le cayeron hostias por doquier cuando lo anunciaron, pero él está genial en el papel), los efectos, la pelea final, las promesas en cuanto a La liga de la justicia, las escenas de Wonder woman, el debate sobre la ley... Vamos, que no creo que sea el despropósito que muchos dicen, pese a que tiene sus fallos. Y, admitamos una cosa: toda película tiene sus fallos y muchas pelis geniales tienen ciertos agujeros en su guión.

Y así llegamos a Escuadrón suicida, la siguiente película ambientada en el universo DC y que, de hecho, en parte viene provocada por lo sucedido en Batman contra Superman. Esa película que antes de su estreno fue vilipendiada y defenestrada, lo que creo que le hizo un favor en cuanto a taquilla (el ser humano puede ser de lo más morboso) y lo que también creo que es bastante injusto.



¿Es la mejor película de superhéroes de la historia? No.

¿Cumple con lo que prometía en los trailers? Tampoco, pero seamos honestos. ¿Cuántas lo hacen?

Además, eso no significa que sea El horror, con mayúsculas porque, de hecho, a mí me ha parecido bastante más entretenida que Batman contra Superman y también que hace un esfuerzo por ser diferente.

Bien, por si acaso no sabéis de qué trata y, dado que esto es una reseña, vayamos con una breve sinopsis.

Amanda Waller (Viola Davis) decide formar un escuadrón con un grupo de villanos poderosos, por si la Tierra debe hacer frente a un enemigo tan fuerte que deje al ejército obsoleto. Para ello, introduce un chip en las cabezas de los villanos: si no obedecen, los matará. La integrante más poderosa de este nuevo Escuadrón suicida es una bruja, La encantadora (Cara Delevingne), que acaba liberándose del control de Waller e intenta dominar el mundo, por lo que el Escuadrón suicida, liderado por el soldado Rick Flag, deben detenerla.


Cierto es que no está muy bien escrita, no mentiré. Hasta el punto de partida es un tanto cuestionable: siendo tan peligrosa como es La encantadora y tan chunga como es Amanda Waller, ¿de verdad es creíble que deje que la canguree un soldadito que encima está enamorado de ella y sin tener el corazón a mano para mantenerla a raya?

Y, como eso, tiene unos cuantos agujeros de trama y WTF?, que sinceramente no me di cuenta de que estaban hasta que la reposé un poco y la comenté con un amigo. Y creo que eso dice algo bueno de Escuadrón suicida: te atrapa y te entretiene. De hecho, a mí se me hizo hasta corta y me lo pasé muy bien viéndola, sobre todo gracias a esa ídola suprema que es Harley Quinn, que se come la película ella sola y es lo mejor de la cinta. Además, Margot Robbie está maravillosa, perfecta y eso que habría sido muy sencillo caer en la sobreactuación con un personaje tan alocado y estrambótico como Harley Quinn.

Eso sí, la historia de Harley viene acompañada de la del Joker y es otro de los aspectos de la película que no me ha terminado de convencer.

Ojo, no estoy criticando a Jared Leto porque creo que es un buen Joker y, además, ha hecho suyo al personaje, lo que es toda una proeza. Reconoces al Joker, pero no lo comparas ni con el de Jack Nicholson, ni con el de Heath Ledger, que han sido muy míticos.


El problema que yo tengo con el Joker, es que me parece un personaje metido con calzador, seguramente con fines comerciales. El Joker es el personaje más popular y conocido de todos los que aparecen en la película, por lo que entiendo que quisieran utilizarlo, pero sencillamente creo que no han acertado con la forma de hacerlo. Sinceramente, la subtrama del Joker, más allá de cuando aparece en los flashbacks de Harley Quinn, sobra, no deja de ser un pegote que no tiene nada que ver con la trama de la película. Es que si suprimes sus escenas, no cambia absolutamente nada en el desarrollo de la historia.

Personalmente, yo habría dejado únicamente su aparición al final, cuando aparece en la cárcel para rescatar a Harley y lo habría reservado para una película en solitario del dúo. Pero bueno.

El otro personaje importante es el de Deadshot, interpretado por Will Smith, por lo que no lo tenía muy difícil para molar. Es que Will Smith puede protagonizar, no sé, un biopic de Rita Barberá y molaría igualmente. Además, me pareció que Deadshot es junto a Harley el que está más trabajado y me gustó esa dicotomía entre buen padre y asesino sin escrúpulos.


Sí que me quedé con ganas de saber más de los otros miembros del Escuadrón suicida, que no tienen ni el mismo protagonismo, ni la misma categoría que Harley y Deadshot (la película comienza con ellos dos, olvidándose del resto, lo que acaba resultando toda una declaración de intenciones), pero también entiendo que el medio cinéfilo tiene limitaciones. Eso sí, al menos se molestan en presentarlos y ofrecer los flashbacks para comprender a los secundarios, aunque, sí, un poquito más de trabajo en personajes como Katana o Killer Croc no estaría mal, sobre todo porque tienen un reparto genial, que funciona a las mil maravillas.

También me parece que funcionan muy bien tanto la estética, como los efectos especiales. Cualquier escena que tuviera que ver con La encantadora era una preciosidad visualmente hablando (no me digáis que ese cambio de June a La encantadora no molaba mil) e incluso funcionan muy bien los looks más extremos como el del Joker.

Otra de las críticas que no entiendo es cuando tachan tanto a la película como a la banda sonora de caótica, que lo es, pero no veo por qué eso es malo y menos en esta película. Es una aventura sobre un grupo de villanos, cada uno diferente y cada uno extremo a su manera, aunque siempre violento. Por eso, creo que tanto el caos de las batallas como lo ecléctica que es su banda sonora le viene bien, le da personalidad que desean que tenga.

Sí, creo que le falta un poco de descaro y de desenfado, que deberían haber arriesgado más y tirar por un tono más bruto y ligero en plan Masacre. Pero, al menos Escuadrón suicida tiene su propia personalidad dentro de este nuevo universo DC tan oscuro e intenso. Y, como ya he dicho, me entretuvo mucho, que principalmente es lo que le pido a una película. Encima, no me pudo molar más Harley Quinn, para mí auténtica protagonista de la película, junto que Deadshot, que me gustó mucho también. De hecho, estoy deseando volver a verla en acción y me alegra muchísimo que vaya a haber un spin-off de ella.

7'5/10

lunes, 8 de agosto de 2016

¡Guardias! ¡Guardias!

Como todos los lunes, os traigo una reseña y hoy es una nueva entrega de la enorme saga de Terry Pratchett, Mundodisco, donde cada libro es auto-conclusivo y se puede leer de forma independiente y en cualquier orden, aunque tiene personajes y lugares comunes. De hecho, se me fue un poco la pinza y me leí ¡Guardias! ¡Guardias! antes que Pirómides (que se publicó justo antes) y no lo noté.

Bueno, con ¡Guardias! ¡Guardias! se inicia la saga de La guardia de la Ciudad. Las sagas en el Mundodisco, por cierto, agrupan las aventuras dedicadas a ciertos personajes. Personalmente creo que merece la pena leerlas en orden de publicación, sobre todo porque vas conociendo a los personajes y, aunque las aventuras son independientes, sí se mantiene el desarrollo de éstos.

Así que, nada, vayamos con ¡Guardias! ¡Guardias!, que ha sido una de mis favoritas hasta la fecha, con permiso de Mort.

El joven Zanahoria es un enano que no termina de encajar con los demás enanos, puede que porque mida dos metros, puede que sea porque es adoptado o porque ha intentado intimar con una enana que le gusta, algo que para los enanos es raro. Por eso, el padre de Zanahoria ha decidido que es hora de que vuelva a la superficie y lo acaba enrolando en la Guardia Nocturna de Ank-Morpork. Zanahoria acude encantado a su nuevo trabajo, hasta se aprende un viejo reglamento que ha encontrado, pero los Guardia Nocturna no es lo que cree.

Lord Vetinari, el Patricio de la ciudad, ha legalizado el crimen para tener controlados tanto a los distintos Gremios como los delitos, lo que ha terminado afectando a la Guardia Nocturna que ha quedado reducida a tres hombres, que apenas hacen nada. Sin embargo, cuando un misterioso grupo, que desea traer a los antiguos dragones a la vida para reinstaurar la monarquía, empieza a conspirar, la desastrosa Guardia Nocturna es lo único que puede salvar Ank-Morpork.

¡Guardias! ¡Guardias! es uno de los libros más completos que he leído de esta saga y también de los más divertidos y originales. Ya desde la dedicatoria, Terry Pratchett impregna al libro de una personalidad propia que, aunque no desentona en Mundodisco, sí que marca esta saga como algo diferente. Pues estamos ante una historia de detectives, además de la típica historia de perdedores que acaban, no sólo ganando el corazón del lector, sino salvando el día.

Y es que nuestros cuatro protagonistas son un desastre, así, sin más. Pero precisamente eso les hace grandes. Desde el inocente Zanahoria que es incapaz de entender el sarcasmo y que se dedica en cuerpo y alma a ser un buen guardia porque está acostumbrado a darlo todo en lo que hace, hasta ese enorme capitán Vimes, cínico como él solo, también un alcohólico, pero bastante más útil de lo que él mismo se piensa. Los otros dos guardias son el sargento Colon y el cabo Nobby Nobbs y tampoco tienen ningún desperdicio, al igual que todos los personajes que aparecen en la novela. Y, eh, vuelve a salir El bibliotecario, que es uno de mis personajes favoritos de toda la saga.

Además de esa investigación en la que intentan saber qué ocurre con un dragón en la ciudad, en ¡Guardias! ¡Guardias! hay otras cuestiones bastante interesantes, como la crítica social cargada de ironía y humor.

La verdad, es que esta ha sido una de las novelas más divertidas de Mundodisco y, encima, es terriblemente entretenida. No dejan de ocurrir cosas, con la ventaja de que toda la trama me ha parecido más compacta que otras aventuras escritas por Terry Pratchett. Es que encima me he reído de lo lindo con las desventuras de estos cuatro guardias.

Por otro lado, con Lady Sybil Ramkim Terry Pratchett nos regala a un personaje femenino digno de mención que, no sólo protagoniza una historia de amor (¿se puede molar más que esa especie de comedia romántica entre ella y Vimes?), sino que también tiene una voz muy definida y muestra un punto de vista completamente distinto en la aventura. Y es que Lady Ramkim es una experta en la cría de dragones, así que no sólo su ayuda resulta crucial, sino que los defiende, siendo la única.

Como ya he dicho, ¡Guardias! ¡Guardias! se ha convertido en uno de mis libros favoritos, me ha encantado de principio a final y no puedo ser más fan de los personajes que nos han presentado en esta entrega.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Los últimos días de nuestros padres de Joël Dicker.

jueves, 4 de agosto de 2016

Recomendación épica: Las chicas Gilmore

Hace unos días Netflix empezó a promocionar los episodios especiales que ha hecho de Las chicas Gilmore y yo me muero de ganas por ver la nueva mini-temporada porque es una de mis series favoritas y la habré visto unas cuantas veces y siempre la disfruto muchísimo. De hecho, no me extrañaría que acabe sucumbiendo a un nuevo revisionado porque, en serio, Las chicas Gilmore mola mil.

Total, que me ha parecido un buen momento para recomendarla, porque ya tiene sus años y nunca está de más el contar lo genial que son Lorelai y el resto de habitantes de Stars Hollow. Así que, venga, allá vamos: ¿de qué trata Las chicas Gilmore?


Lorelai Gilmore (Lauren Graham) se quedó embarazada cuando tenía dieciséis años y, por eso, tanto sus padres como los de su novio decidieron que debían casarse. Sin embargo, Lorelai no quería eso para ella y, en cuanto nació su hija, abandonó el hogar familiar y acabó siendo acogida por la dueña de un hotel de un pequeño pueblo cercano, Stars Hollow.

Dieciséis años después, Lorelai es la directora de ese hotel y tiene una vida sencilla y asentada junto a su hija, Rory (Alexis Bledel). Las dos tienen una relación muy cercana y se las apañan muy bien solas... al menos hasta que Rory es aceptada en Chilton, una prestigiosa academia que la ayudará en su sueño de estudiar en Harvard. Como Lorelai no puede permitirse pagar la matrícula, acabará recurriendo a sus padres, que aceptan ayudarla con una condición: todos los viernes las dos cenarán con ellos para retomar la relación.

A partir de ahí, la serie trata las vidas de Lorelai, Rory y todos los particulares personajes que las rodean: desde los Gilmore, hasta una colección de vecinos a cada cual más excéntrico. Porque, como ocurre en este tipo de series, el pueblo encantador en el que viven es casi un personaje más y acabas queriendo mudarte ahí.


A lo largo de las siete temporadas que dura La chica Gilmore, los personajes secundarios van a ser tan importantes como madre e hija. Todos tienen sus personalidades, sus tramas y, sobre todo, son únicos. Desde el extraño Kirk con sus mil trabajos o el maquiavélico Taylor, hasta Luke Danes, dueño del café favorito de las Gilmore e ídolo en general, pasando por personajes tan épicos como Paris, Sookie o los señores Gilmore.

De hecho, hay pocas cosas más molonas que las reuniones del pueblo, las extrañas celebraciones o los choques entre Luke y los vecinos más esperpénticos como Taylor o Kirk. Al igual que las cenas de los viernes en casa Gilmore suelen dar momentos epiquísimos y divertidísimos.

Otra de las cosas que distingue a Las chicas Gilmore es la relación tan especial entre las protagonistas, ya que actúan más como amigas que como madre e hija y se llevan genial, pese a ser muy diferentes. Porque mientras Lorelai es todo energía y locura, Rory es calmada y estudiosa, pero se contrarrestan muy bien y es un placer verlas ir a conciertos, ponerse cerdas comiendo o viendo películas. Porque, sí, ambas son capaces de soltar más referencias culturales por minuto que nadie que conozca; sobre todo Lorelai que puede hablar rapidísimo. Y eso, evidentemente, mola mucho.


Al igual que mola mucho tanto Lorelai como el mensaje que da. Y es que Lorelai es alguien que siempre ha vivido según sus normas, que ha luchado por vivir como ella elige y no como sus padres (o nadie) le imponen. Sin embargo, eso no quita que, aunque la relación con sus padres es complicada, haya cariño entre ellos y tengan escenas muy monas, chulas y emotivas.

Además, Lorelai es una gran mujer: trabajadora, buena madre y amiga, divertida, adicta al café, de reflejos rápidos y lengua ingeniosa. No es perfecta, ni sus decisiones son siempre infalibles, pero no por eso deja de molar muchísimo.

Y es que, aunque Las chicas Gilmore es principalmente una comedia, también tiene algunas tramas que tiran al drama, porque no todo iba a ser perfectos y arcoíris y unicornios.

Al igual que también tiene tramas románticas, ya que tanto madre como hija tienen varias relaciones a lo largo de la serie, aunque la gran relación de la serie es la de Lorelai con Luke, el dueño del café. Yo los shippeo a morir incluso ahora que me he visto la serie completa unas cuantas veces, porque molan mucho juntos y me parecen súper monos, además de divertidos. Y es que Luke, aunque parezca un gruñón, es un marshmallow en el fondo y se le quiere un montón.


En lo que respecta a Rory, su situación sentimental es más... cambiante y llega a tener varias parejas a lo largo de la serie y siempre es motivo de discusión cuando te encuentras con otro fan de la serie. Personalmente yo tengo claro con cuál de los candidatos me quedo, pero no diré más para picaros y que veáis la serie, porque merece mucho la pena. Es bonita, divertida, friki y muy memorable.

Eso sí, desde aquí os aviso que vais a tener que echarle paciencia a la sexta temporada. La serie era llevada por su creadora, Amy Sherman-Palladino, y su marido y en aquel año tuvieron problemas con la cadena porque les pilló la fusión de la WB (donde se emitía originariamente la serie) y la UPN y no llegaron a un acuerdo, así que la séptima fue encargada a uno de los guionistas del equipo, David S. Rosenthal. La cuestión es que no sé si eso tuvo que ver (las malas lenguas dicen que sí), pero la sexta temporada es... difícil, ya que llevan a las Gilmore por unos caminos que no molan nada, aunque David S. Rosenthal lo encauzó todo en la temporada final y tiene un final muy a la altura.

Y como no quiero entrar en spoilers, por si todavía no habéis visto esta joya, lo voy a dejar aquí. Pensad que aún falta tiempo para que se estrene la nueva temporada (¡drama!), así que podéis pegaros el maratón en verano. ¡No os arrepentiréis!

martes, 2 de agosto de 2016

Perdiendo la cabeza

Sí, vale, es martes, pero como ayer lunes tocaba poner las Frases inspiradoras del mes, pues paso a hoy la reseña y encima toca reseñar una nueva entrega de las aventuras de Aurora "Roe" Teagarden, esa maravillosa bibliotecaria que acaba siempre investigando misterios y de la que soy muy, muy fan. Bueno, en este caso vamos con la quinta entrega, que se titula Perdiendo la cabeza y que, como es habitual en la saga, presenta un nuevo caso mezclado con la vida diaria de Roe.

La vida de Roe, de hecho, está atravesando una fase bastante tranquila: sigue casada con Martin y su matrimonio es estable y se ha hecho muy amiga de Angel, la esposa del antiguo amigo de Martin, que vive al lado de su casa y que trabaja como su guardaespaldas. Las dos están pasando una tranquila mañana en su jardín, cuando el cadáver del detective Jack Burns cae del cielo.

La policía de Lawrenceton sabe que es imposible que ellas tiraran el cadáver, así que quedan descartadas como sospechosas. Sin embargo, no es que la tranquilidad vuelva a la vida de Roe, ya que empiezan a pasar cosas extrañas a su alrededor y, de nuevo, no le queda otra que investigar para intentar descubrir qué está ocurriendo.

En Perdiendo la cabeza, Charlaine Harris no se anda con rodeos y desde el principio va fuerte con la aparición del cadáver de Jack Burns, un personaje que ya conocíamos. Y, sí, era un idiota desagradable, pero le habíamos sufrido durante cuatro libros y no dejaba de ser alguien del entorno de Roe. De hecho, ese florido reparto que Charlaine Harris ha ido construyendo alrededor de su protagonista se ve reforzado con nuevos personajes y el regreso de otros, que siguen con su vida, al igual que hace Roe.

De hecho, me pareció muy inteligente el que Charlaine Harris decidiera recuperar a Arthur justo en esta entrega y de la manera que lo hace. Al igual que casi todo lo que le pasa a Roe en esta entrega, resulta de lo más inquietante.

Y es que Perdiendo la cabeza quizás no sea esa investigación tan bien llevada que fue La casa Julius, sino que tiene un tono completamente distinto. Mientras que en la entrega anterior nos encontrábamos ante un misterio y una investigación, al más puro estilo de novela negra, en este caso me dio la sensación de que Charlaine Harris apostaba más por el thriller. Sí, hay un asesinato, un asesino que descubrir, pero gran parte del libro consiste en esos hechos extraños que le suceden a Roe y el hecho de que todo parece estar relacionado con ella.

Por todo eso, y por la habitual sencillez de Charlaine Harris al escribir, Perdiendo la cabeza vuelve a ser una novela entretenida, adictiva y de lectura muy fácil. En serio, siempre que leo una aventura de Roe, lo hago en un verbo. Y siempre acabo queriendo tener la siguiente entrega y esta vez no ha sido distinto.

¡Qué grande es Roe! ¡Larga vida a Roe!

El próximo lunes literario estará dedicado a... Guardias, guardias de Terry Pratchett.