viernes, 23 de septiembre de 2016

Recomendación épica: The Goldbergs

Hace unas semanas os hablé de Stranger things, que fue la revelación del verano y que traía de vuelta el espíritu de los años ochenta con su ambientación y su tono. Pues bien, Stranger things no ha sido la primera, ya que este verano he descubierto otra serie que también está ambientada en los ochenta: The Goldbergs.


Esta semana se ha estrenado su cuarta temporada en el canal americano ABC, pero yo no la descubrí hasta este verano y no pude evitar maratonearla hasta ponerme al día. ¿Cómo la descubrí? Pues un domingo, me puse Modern family para ver algo mientras me pintaba las uñas y resultó que, habiendo terminado la temporada más actual, Neox decidió estrenar The Goldbergs y me llamó mucho la atención, sobre todo porque a mí me encantan los ochenta con sus looks imposibles, sus películas y su grandiosa música.

The Goldbergs cuenta el día a día de la familia Goldberg, que está formada por los padres (Murray, vendedor de muebles y Beverly, ama de casa) y sus tres hijos: Erica, Barry y Adam. En realidad, la serie está basada en la infancia de su creador, Adam Goldberg, que desde niño era un friki con deseos de ser director de cine y lo grababa todo, algo que se puede comprobar fácilmente pues al final de cada episodio se incluye o un extracto de sus vídeos caseros o una fotografía, que tiene que ver con alguna trama del episodio. De hecho, los personajes están todos basados en su propia familia, salvo con la excepción de su hermano mayor, Eric, que en la serie decidieron que daría más juego que fuera una chica.


Como pasa algunas veces en las comedias, los primeros episodios de The Goldbergs no tienen nada que ver con el resto. Al principio, los personajes eran tan normales, que puede pecar de ser sosa, aunque poco a poco se van soltando, las dinámicas se van estableciendo y acaba siendo una comedia muy divertida y con su punto tierno y nostálgico.

Porque los Goldbergs no son, para nada, la típica familia americana y se pelean, se zurran y se hacen toda clase de putadas, pero al mismo tiempo todos están muy unidos y se quieren. En ese sentido, sí que me pareció bastante realista. Quizás es porque mi familia tampoco es lo que se dice típica, pero las dinámicas de los hermanos de chincharse y pelearse, aunque luego acaban entendiéndose y ayudándose, me recordó mucho a la que yo tengo con mi hermana desde siempre.

Además, poco a poco vas encariñándote con todos los personajes y es imposible no quererlos a todos, sobre todo porque se salen de los típicos perfiles de las comedias que he visto. Sí, tenemos un abuelo enrrollado, pero también tenemos un padre gruñón y desdeñoso que, en realidad, comprende bien a sus hijos y sirve de contrapunto perfecto a su mujer, Beverly, que es tan cariñosa, devota a sus hijos, como "malvada" y manipuladora (si hasta le tienen miedo en el colegio porque los aterra porque, para ella, sus hijos son perfectos y los defiende contra lo que haga falta).


En lo que respecta a los hijos, tenemos a Erica, que es la mayor y que no corresponde, para nada, con el típico personaje de adolescente americana. Erica es guapa, también es popular (pese a que tiene un pasado como empollona histérica que no oculta), pero en tres temporadas sus tramas han sido orientadas a alcanzar su sueño de ser cantante y de ser independiente y no a los rollos que pueda tener con los chicos. Y, oye, eso mola y me parece muy original.

Además, así esa especie de historia de amor que están construyendo poco a poco para ella es más especial. Erica pasa de citas, cree que los chicos son idiotas y no hace ni caso a Geoff, que lleva enamorado de ella desde que la conoce, pero al mismo tiempo está muy bien con él.

Por otro lado, está Barry, que es el hijo mediano y melodramático, lo que hace de él alguien muy divertido. También es inocente, se cree un experto en deportes aunque es un desastre, un poco corto, pero es parte de su encanto. Es imposible no amar a Barry Goldberg, su forma de correr, sus piques con sus hermanos y sus disparatadas lecciones, que da como si fuera un verdadero experto.


Y finalmente tenemos a Adam, que cuando empieza la serie es un niño, pero poco a poco va creciendo y eso lo aprovechan muy bien en la serie. El actor está en esa edad rara donde le cambia la voz y está dejando de ser el niño mono de la serie, pero aquí saben salir airosos de esos cambios choteándose de ellos. Bueno, pues Adam es un friki de mucho cuidado, de esos que tienen merchandising y adora las películas y los cómics y hace sus propias películas con su adorada cámara.

También es un personaje que va creciendo y descubriendo nuevas cosas. Porque Adam puede ser un friki, pero no es el típico marginado al que putean, sino alguien que tiene amigos e incluso una novia. Y, de paso, es el que más choca con su padre, básicamente porque lo que a Murray le encanta, Adam lo aborrece y al revés, pero al mismo tiempo se buscan mutuamente, así que creo que es muy fácil entenderle e incluso identificarse con él.

Además, los ochenta acaban siendo un personaje más de la serie. En ese sentido, la serie es muy lista y nunca especifica en qué año están, para poder tirar de referencias y hechos históricos sin tener que preocuparse de que todo concuerde. Así, pueden hacerte un episodio homenaje a una película mítica (hemos tenido uno dedicado a Los Goonies, también a Dirty Dancing, Todo en un día y el estreno de la cuarta versiona El club de los cinco), como que pueden hablar de músicos de la época o políticos o cosas que ocurrieron (desde que van a un concierto de Weird Al, hasta que Beverly se obsesiona con el "say no" de la señora Reagan).

Vamos, que The Goldbergs es una serie de lo más disfrutable, un happy place que siempre hace reír y con unos personajes muy, muy chachis. Ya sé que viene septubre, que vuelven muchas series, pero The Goldbergs es una comedia con episodios de veinte minutos y siempre se puede sacar tiempo para ir viéndola.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El regreso de Olmos y Robles

Bueno, pues lo prometido es deuda y, si la semana pasada hablé del regreso de Mar de plástico, hoy toca hablar de Olmos y Robles, una de mis favoritas y, desde luego, una de las que más disfruto. Porque, encima los vecinos de Ezcaray han vuelto en tan buena forma como se despidieron y nos han dado dos episodios muy, muy buenos donde, de nuevo, han sabido aunar esos dos géneros tan extremos que hace de Olmos y Robles algo muy particular: la acción, el misterio y el costumbrismo del adorable pueblo de tarados.

De hecho, abrimos temporada con intercambio de políticos gracias a una conspiración y toma de rehenes, que nos dio lo mejor de los vecinos de Ezcaray. Puede que Gus sea el hombre de acción, el puto amo (y Rubén Cortazar lo vende muy bien), pero el resto de vecinos saben defenderse solitos y volver loco a cualquiera que ose amenazarlos.


Sólo hay que ver esa escena de los interrogatorios para saber que Olmos y Robles sigue siendo única y sigue siendo tan divertida como encantadora, pero que, al mismo tiempo, no le toma el pelo al espectador, ni vuelve a sus personajes idiotas. Y eso es algo que me gusta de esta serie, que es muy divertida, sus personajes son graciosos y un tanto esperpénticos, pero no son una panda de catetos idiotas que necesitan ser salvados por la figura seria y profesional. Por ejemplo, Cata descubre el intercambio en un abrir y cerrar de ojos, al igual que Olmos, cada uno usando su propio método. Todo eso, mientras los secuestradores se jactaban de que era un pueblo de paletos, que no iban a descubrir sus malvados planes, lo que, además de irónico, no deja de ser una declaración de intenciones.

Bueno, pero yo estaba hablando de esta segunda temporada, en la que ha habido varias novedades. Del caso que va a ocupar toda la temporada, apenas sabemos nada, salvo que Gus quiere resolver el caso de la muerte de sus padres (que, gracias al difunto Alcides, sabe que no fue un accidente) ya que los guionistas han usado estos dos episodios para introducir las nuevas tramas y los cambios.

El primero de ellos sería el cambio de reparto, ya que han despedido a Nuria y Lucky para traer a una pareja de guardia civiles nuevos (el sobrino de Atiza y una chica interpretada por Elena Alférez, a la que conoceremos la semana que viene, pero la actriz me gustó muchísimo en Chiringuito de Pepe). Por mucho que yo el año pasado quisiera  a los primeros (y Santi Marín era una monada), me parece una buena decisión, ya que en la primera temporada nos contaron su historia de amor, que acabó con final feliz, así que tampoco es que haya nada más que contar y, así, los tenemos felices en Chicago. Vale, no han dicho que estén juntos, pero a mí me gusta pensar que sí.


Eso sí, a quien echo de menos y estoy deseando que vuelva es Atiza, que lleva estos dos primeros episodios prácticamente desaparecido porque ha ido a ver a su hija. Y es que Atiza es mucho Atiza y, aunque su sobrino no está mal, no es lo mismo. Eso sí, me alegra mucho que hayan dado su propia personalidad al personaje de Alfonso Lara, en vez de tirar por la vía fácil, que sería calcar la personalidad del Atiza original.

Otro de los cambios, y es uno que me hace muy feliz, es que parece que han decidido aprovechar la brutal química entre Ana Morgade y Alex O’Dogherty. Si ya en la primera temporada, los personajes solían chocar, ahora prácticamente viven enfrentados y yo estoy deseando que esa tensión sexual se resuelva de una vez, sobre todo porque los shippeo a muerte desde el año pasado, cuando no parecía que iban a ir por esos derroteros. Pero es que además ese enfrentamiento, que está llamado a reflejarse en las urnas, es muy disfrutable, pues saca lo mejor de dos personajes que no pueden ser mejores. Tanto Cata como Damián siempre me hacen reír y, encima, se enfrentan con cabeza, ¿se puede pedir más?


Y, bueno, es que esta temporada parece la del amor. Si Cata y Damián parecen condenados a entenderse (aunque sea barriendo la mesa para liarse de una vez), también parece que quiere asentar lo que era un flirteo bastante inocente por parte de Olmos e Isa.

Además, Isa en esta segunda temporada está muchísimo más graciosa y Pilar Castro demuestra que tiene una gran vis cómica. Entre su interrogatorio en el primer episodio y el constante estado de nervios del segundo, ha estado inmensa. Y, desde luego, me gusta mucho más ese registro y, de hecho, ahora mismo me estoy riendo al recordar su interrogatorio del inicio de temporada. No, en serio, qué risas con la pobre histérica.

El que no ha tenido tanta suerte, y es el único “pero” que le puedo poner a lo que llevamos de temporada, es Robles. Si Robles en la primera temporada era completamente asexual, ahora le han tenido que poner una chica mona para liarlo con ella. Si en una serie no lían al guapo de turno con una chica mona, algún guionista sufre un ataque o algo así. Pero, bueno, era algo que se preveía (no iban a tirar por algo más arriesgado, pese a que la relación con Alcides se prestaba a que hubiera pasado algo de índole más romántica) y podían haberlo hecho bien, porque se puede ser guapa y ser graciosa y molar, como ocurre con Cata e Isa.


¿El problema? Pues que nos han traído a Elisa Mouliaá, que mucha gracia no tiene (todo lo que tiene de guapa, lo tiene de sosa), con un personaje tan cliché como desagradable. Al menos de momento. Pero, vamos, un episodio y cada vez que Nora hablaba, quería ponerle loctite en la boca a ver si no la volvía a abrir.

Y es que parece que en la televisión, si se es una chica atractiva y dura, se tiene que ser una petarda de mucho cuidado, pues los guionistas parecen confundir fortaleza con bordería. Vale que, en este mundo patriarcal en el que vivimos, una mujer tenga que luchar mucho por conseguir un puesto importante y tenga que ser implacable, sobre todo si tenemos en cuenta que Nora es jueza. Pero una cosa es esa y otra que cada una de sus aportaciones era un ataque de bordería increíble que no venía a cuento. A destacar, ese momento en que Robles le hace el favor de dejarle la mesa que él ocupa y lo primero que hace Nora es atacarle, echándole en cara cosas de su pasado. Se puede ser dura y profesional sin ser desagradable las veinticuatro horas del día, sobre todo cuando nadie en toda la serie la ha atacado, ni puesto en duda, ni nada por el estilo.

De momento, Nora sólo ha tenido escenas con los guardias civiles, con los que casi ha sido tan desdeñosa como los secuestradores del primer episodio. Habrá que ver cómo se desenvuelve con el resto de vecinos, pero de momento no ha podido entrar con peor pie. Es que encima en una serie como esta, en la que coges cariño incluso a alguien como Damián (que yo le quiero, pero tela con el alcalde), no pega que se sea tan desagradable y soberbia. Pero, bueno, tengo fe en los guionistas y, aunque sigo pensando que Elisa Mouliaá no sirve para comedia (aún la recuerdo en Buscando el norte), espero que al desarrollarla el personaje vaya a mejor.

Pero, bueno, salvo eso, Olmos y Robles ha vuelto maravillosa, con más acción, misterios más trabajados y más humor, así que estoy encantada. Y, sí, me estoy olvidando de las audiencias tan pequeñitas que tiene (y que no se merece porque esta serie es grandeza) porque pienso que la van a cancelar y me deprimo. ¡TVE, no me la canceléis, por fa! ¡Eh, que bastante me hacéis sufrir con El ministerio del tiempo, tened piedad!

lunes, 19 de septiembre de 2016

Delirios

Hace un montón, pero un montón, que leí Susurros, la primera entrega de una trilogía escrita por A. G. Howard que reinterpretaba Alicia en el país de las maravillas de una manera de lo más particular. La cuestión es que tenía el libro en mi estantería desde hacía tiempo, pero no me daba por leerlo y eso que la primera parte, pese a tener algunos defectos, me gustó bastante. Sin embargo, al final me apeteció leerlo y reencontrarme con Alyssa, Jeb y cía.

Tras toda la aventura en el País de las maravillas, Alyssa ha vuelto a su vida normal con sus amigos, con su familia y con Jeb, con quien está saliendo, pese a que el chico sacrificó sus recuerdos de dicha aventura por salvarla a ella. Todo parece estable, aunque esa normalidad no dura mucho, pues cosas extrañas empiezan a ocurrir alrededor de Alyssa, quien teme que el loco y oscuro País de las maravillas esté entrando en su otro mundo dispuesto a arrebatarle la vida que estaba llevando.

Sin embargo, Alyssa no puede negar lo que está ocurriendo durante mucho tiempo, pues Morfeo irrumpe en su vida de nuevo con la advertencia de que la malvada Reina Roja parece dispuesta a hacer cualquier cosa por enfrentarse a ella.

Delirios es una novela que funciona un poco de transición, aunque no por eso es aburrida o mala, ya que, al igual que ocurría en Susurros, ocurren muchas cosas y se resuelven varios misterios, mientras se plantean otros nuevos. Eso sí, me dio la sensación de que en esta segunda parte A. G. Howard rebaja un poco el ritmo frenético y permite que tanto la evolución como la exploración de los personajes sea más natural.

Es decir, que aunque hay mucha acción y situaciones tenebrosas, la autora se permite el detenerse para desarrollar el cómo se enfrentan los personajes a todo eso y el cómo les va afectando todo por lo que están pasando. Así, podemos conocer un poco más a personajes que, hasta ahora, habían sido más secundarios como Morfeo o la madre de Alyssa. Y me parece todo un acierto porque todos los personajes de A. G. Howard tienen varias capas y dobleces, lo que les hace más memorables y difíciles de juzgar.

Puede que Alyssa sea la protagonista y, ojo, sigo pensando que es un buen personaje, porque no es perfecta y a veces mete la pata y otras la situación la sobrepasa, pero también es alguien con quien es fácil empatizar y cuyas decisiones son comprensibles. Sin embargo, son todos los personajes que la rodean los que son más complejos y dignos de mención.

Porque Delirios es más la novela tanto de Morfeo como de Alison (la madre de Alyssa), ya que los dos ganan protagonismo y vemos mucho más de ellos. De hecho, me encantó descubrir cosas de Alison, también verla en acción y descubrir cómo era en realidad.

Y luego tenemos a Morfeo. Morfeo, ese personaje por el que todas, absolutamente todas las chicas que escriben reseñas, pierden la razón, las bragas y todo. Y yo me siento muy rara porque a mí no me parece perfecto, ni le adoro, sino que me genera tanto interés como desagrado. A ver, desde luego, es un personaje muy bien construido, completamente impredecible y complejo y siempre te obliga a intentar ver más allá. Además, es alguien que puede ser tierno y valiente, aunque la mayoría del tiempo es un cabrón de mucho cuidado.

Y ahí está lo único que no me está convenciendo de esta saga. Las aventuras, la reinterpretación del clásico, los giros y lo que es la trama de la novela, me gustan; también me parece que A. G. Howard tiene unos personajes muy poco típicos y que es una autora que no da todo mascado, sino que te obliga a pensar. Sin embargo, el triángulo amoroso me parece lo peor porque básicamente los dos chicos lo son, cada uno a su manera.

Ambos intentan controlar y manipular a Alyssa continuamente, sin tener en consideración lo que pueda sentir, lo que ella quiere o por lo que esté pasando. Porque, sí, Jeb es demasiado sobreprotector y melodramático, pero Morfeo es alguien que reduce a cenizas el mundo de Alyssa cada vez que la ve con la excusa de que quiere sacar lo mejor de ella. ¿Perdona? ¿Pero qué mierda es esta? Es que es como decir: mira, guapa, te voy a quemar la casa porque yo creo que puedes ser mejor si vives bajo un puente y no te quejes, que lo hago por ti. Sí, claro, no te jode.

Es que ambas cosas son horribles, porque básicamente cada uno avasalla a Alyssa y pasa de lo que ella quiere, como si la pobre fuera idiota. Por un lado, Jeb parece considerarla alguien débil que necesita que la cuiden constantemente, pero por otro lado Morfeo se piensa que Alyssa no es capaz de decidir nada por sí misma y que lo que él quiere y sus exigencias están por encima de todo. ¿Por qué Alyssa debe dejarlo todo para ir al País de las maravillas sólo porque él desea un futuro en el que están juntos? ¿Es qué acaso ella no tiene el derecho a decidir qué hace con su vida?

Es decir, que yo compro el hecho de que Morfeo haga lo que es necesario por salvar su hogar, lo que me parece comprensible. Lo que no me entra en la cabeza es que intenten venderme que está enamorado de Alyssa porque no deja de joderla viva y encima pretender que lo hace por ella. Para eso, preferiría que pasara de Alyssa y la obliga a salvar el País de las maravillas porque es su hogar.

Vamos, que yo de Alyssa los mandaba a ambos a cagar. Así que, claro, ambos me acaban sacando de quicio, por mucho que fríamente piense que son personajes bien construidos, aunque desde luego Morfeo, como personaje, le da mil vueltas a Jeb.

Pero quitando el componente romántico, el resto de Delirios me ha encantado: los dilemas de Alyssa, la historia de sus padres, el cómo se va desarrollando la trama, el ritmo... Eso sí, aunque me entretuvo y no podía dejar de leer, me parece que son libros un tanto densos, así que no son como para devorarlos en una tarde de lluvia. Aunque eso no quiere decir que sean difíciles de leer, ya que la pluma de A. G. Howard es muy bonita y cuidada.

Y, bueno, mejor me ahorro hablar del final, porque el cliffhanger de Delirios es como para matar a la autora por dejar todo en un punto tan interesante. ¡Maldita seas, A. G. Howard!

El próximo lunes literario estará dedicado a... The raven boys I. La profecía del cuervo de Maggie Stiefvater.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Las nuevas promesas de Campoamargo

El lunes comenzó la temporada de series (wiiii) con el estreno de las segundas temporadas de Olmos y Robles y Mar de plástico, que vuelven a enfrentarse (que digo yo que ya son ganas de TVE de programar a mis amados Guardias Civiles el único día que se emite otra serie, tsk). Y aunque yo disfruto muchísimo más de los vecinos de Ezcaray, quiero esperar a ver cómo le sientan las nuevas incorporaciones en el próximo episodio y voy a hablaros de la vuelta de Mar de plástico, que hizo con unos cuantos cambios que, a priori, parece que le han sentado de maravilla.

Y es que en su primer año, Mar de plástico fue una emisión un tanto desigual: mientras que el misterio sobre el asesinato de Ainhoa funcionaba perfectamente, todo ese entramado de parejas, dramas y argumentos telenoveleros en general acababa siendo un lastre.


De hecho, la intensidad sigue ahí, en cada escena, a cada minuto, agobiándonos desde que la temporada empieza y, aunque creo que deberían rebajarla (aunque sólo sea para impedir que Rodolfo Sancho acabe explotando del esfuerzo), al menos este año la situación lo propicia algo más: entre las consecuencias del asesinato de Ainhoa, que han matado a la que era la novia del prota y que ese nuevo asesinato parece relacionado de forma personal con todo quisqui, pues hasta está justificada. Aunque, eso sí, yo creo que menos intensidad ayudaría, la verdad.

Al igual que ha ayudado que hayan prescindido de Jesús Castro, que no sólo era un actor malo a rabiar, sino que interpretaba a uno de los tíos más coñazo que he visto y que, encima, lastraba a otros personajes. No echaré de menos ni a Lucas ni a Fara, ni tampoco a su historia de amor, pero es que encima su ausencia puede suponer un revulsivo para Pilar.

Porque Pilar el año pasado era la mala de una telenovela, esa mujer sin amor propio que se arrastra al putear a la heroína para conseguir a un hombre que no la quiere. Daba igual que Lucas pasara de ella, el único motor de Pilar era conseguirlo a toda costa, con el agravante de que es violenta y racista. Por eso, el que en esta nueva temporada no tenga ninguna carga y sí que cuente con responsabilidades como un bebé y con ganas de enemistarse con Juan Rueda. Pilar puede dar mucho de sí esta temporada con ese cambio de rol y eso puede molar mucho. A ver en qué queda.


Y es que la segunda temporada promete. A priori, parece que los guionistas han aprendido de sus errores, pues no sólo se han desecho de aquello que no funcionaba, sino que parece que han potenciado aquello que sí lo hacía.

Como, por ejemplo, mantener a Patrick Criado en la serie, pese a que podría parecer que habían terminado de contar su historia. Patrick Criado no sólo es un actor magnífico, sino que su personaje funciona muy bien y, aunque acabó siendo el asesino de Ainhoa, resulta fascinante de ver e incluso me cae bien. No puedo evitarlo. Es ver cómo se comporta con su hermano y me derrito, lo que no deja de ser curioso. Además, parece que va a ser fundamental en la nueva investigación, lo que puede estar realmente bien. Y es muy irónico que ahora Héctor sólo pueda fiarse de él y tenga que trabajar con Fernando para averiguar qué está pasando en Campoamargo.

Porque la trama de thriller no ha podido empezar más fuerte. Si el año anterior el asesinato de Ainhoa fue brutal y nos estuvieron liando durante trece episodios, ahora los guionistas han dado un paso más: ya no es el asesinato de una desconocida, como quien dice, sino de un personaje importante. Encima, Marta era insoportable, así que otro personaje peñazo que nos quitamos de encima y, de paso, sus dramas romántico-absurdos con Héctor.


Es decir, la investigación es más personal hasta para el espectador, que ya conoce al pueblo y a los sospechosos. Pero también lo es para Héctor, que estaba enamorado de Marta y que, de pronto, no puede estar en una situación más complicada con la llegada de Pablo, el marido de Marta que no estaba muerto, estaba de parranda.

Porque, recordemos, uno de los ejes de Héctor en la primera temporada fue la creencia de que él había matado a Pablo y que, encima, estaba enamorado de Marta. Como si le traicionara dos veces, pero ahora descubre que todo lo que pasó, todo su sufrimiento, vino dado por una mentira, que su mejor amigo, en cierta manera, le traicionó a él al fingir su muerte. Porque puede que Pablo, y digo lo de puede con toda la intención, tuviera buenos motivos para actuar, pero también es cierto que para todos ha estado tres años muertos y, aunque él ni se plantee el asumirlo, la vida ha seguido para todos los demás.


En este primer episodio la incorporación de Pablo no ha podido parecerme más acertada. No sólo supone una situación extraña y compleja tanto para Héctor como para Lola y Salva, que están un poco en medio, sino que Pablo se trata de un personaje ambiguo y terriblemente inquietante. En apariencia, Pablo no puede estar comportándose mejor con la investigación, pero al mismo tiempo resulta imposible fiarse de él: todo en sus acciones parece meticulosamente planeado, su mera presencia sirve para poner nervioso a su propio hijo, ha pedido a Héctor que se encargue de la investigación...

Pero, claro, es tan de cajón que casi parece imposible, por lo que las dudas ya están servidas.

Además, también hay otras posibilidades y, curiosamente, apuntan hacia la familia de Lola, porque si Lola no está en medio del fuego cruzado pues los guionistas no se quedan tranquilos. No sólo tiene que debatirse entre su lealtad hacia Pablo y hacia Héctor, sino que su propio hermano parece ser un sospechoso bastante probable y su prima ha sido testigo de cómo preparaban la escena del crimen.


Vamos, que el lío está servido, pero en este caso creo que lo han sabido montar muy bien. El caso es interesante, la tensión es palpable (las apariciones tanto de Pablo como de Lolo acaban resultando de lo más tensas) y abre muchas posibilidades, hasta en esa especie de trama de intrigas que hay alrededor de Juan Rueda intentando recuperar su poder, un serbio que parece que lo va a traicionar y Pilar entrando en el juego para vengar a su padre.

Es verdad que hay ciertos aspectos que, al menos a priori, no me terminan de convencer, como esa especie de fan beata de Fernando o el miedo a que Héctor y Pablo se pasen toda la temporada viendo quien la tiene más larga, pero, por lo general, el regreso de Mar de plástico me ha convencido muchísimo más que su primera temporada.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Ardiente recuerdo

Bueno, creo que con el título de esta entrada y sabiendo que es lunes, es decir, que toca reseña de un libro, no vais a tener problemas para imaginar que hoy toca hablar de una novela erótico-festiva. ¡Efectivamente! Y es que hoy tengo que hablaros de una nueva entrega de la saga Psi/Cambiantes de Nalini Singh (con tanto empacho de Harry Potter que llevo, no dejo de cambiarle el nombre a la pobre mujer y llamarla Nagini, ¡perdóname, Nagini... digo, Nalini!).

Ay, que me enrollo.

No es la primera vez que os hablo de esta saga que mezcla la novela romántica con la ciencia-ficción, ya que me la voy leyendo poco a poco y me está encantando. Una vez más, porque siempre os lo recuerdo (nunca se sabe cuando alguien me va a leer por primera vez), la saga sigue el típico esquema de novela romántica de pareja por libro y todo está conectado. En este caso, además, la parte de la ciencia-ficción es continuada y cada vez va siendo más compleja y su mitología va aumentando con cada nueva entrega.

Pues con eso claro, voy con Ardiente recuerdo, que es la séptima entrega.

Dev Santos dirige la Fundación Shine, una organización que se dedica a proteger a los Olvidados, sobre todo a sus miembros más jóvenes, de los Psi. Los Olvidados son los descendientes de aquellos Psi que se negaron a acatar el Silencio y que se vieron cazados, algo que parece que vuelve a suceder, ya que las nuevas generaciones de Olvidados están desarrollando dones cada vez más poderosos. Precisamente por la importancia de la Fundación, de su trabajo, Dev no tiene reparos en hacer lo que debe hacerse, aunque eso le vaya volviendo más y más frío y duro.

Por eso, cuando una mujer Psi aparece en su puerta más muerta que viva, su instinto le dice que es un peligro del que debería ocuparse. Sin embargo, es incapaz de no ayudarla, pese a que no confía en ella, ni siquiera cuando descubre su historia. La mujer resulta ser Ekaterina Haas, la que fue ayudante de Ashaya Aleine y que la ayudó a salvar a varios niños Olvidados, antes de que la propia Ashaya huyera con los Cambiantes. No obstante, Ekaterina no recuerda ni quién es, ni su historia, ni siquiera qué le ocurrió o por qué se encuentra en semejante estado. Ella misma es consciente de que, sin saberlo, podría ser peligrosa: una espía, una futura asesina... Aunque sabe que es una nueva mujer y que, aunque Dev la considera un peligro que, quizás, tenga que eliminar, ella no va a permitir que nadie la controle o que haga daño a cualquier persona. Eso sí, con lo que ni Katya (como se hace llamar) ni Dev contaban era que iban a empezar a sentirse atraídos.

Ardiente recuerdo es una de las novelas de Nalini Singh con la trama más compleja, también más curiosa. Por lo general, la pareja en cuestión se descubre a sí misma investigando una misma cuestión y las desconfianzas que puedan surgir eran más por la diferencia de raza. Sin embargo, en Ardiente recuerdo tanto Katya como Dev no pueden confiar ni en el otro, ni en sí mismos, y con razón.

Pues Dev es un hombre demasiado importante y Katya puede ser, aunque ella no lo desee, una trampa mortal, lo que ya es de por sí complicado. Pero, encima, ambos empiezan a conocerse, a gustarse y atraerse, lo que complica aún más la situación.

Y aunque me parece que la trama es original e interesante, también ha hecho que no compre el romance como con otras parejas de la saga. Quizás es porque Dev es bastante desagradable de por sí o porque la desconfianza es un tema importante, pero no ha habido ese encanto o ese tonteo que sí había en otras entregas. De hecho, muchas veces la historia de amor se me atragantaba, a pesar de que la parte de misterio y las distintas intrigas de los consejeros Psi me han encantado.

Toda la trama centrada en Katya intentando recuperar tanto su vida como sus recuerdos, además de los planes de los dirigentes de los Psi, que están mezclados con ella, sí que me ha convencido y me ha parecido muy bien llevada. De hecho, la situación política cada vez es más interesante por los distintos factores y aspectos que la autora va desarrollando.

Me imagino que se deberá a que Katya es un personaje con el que es muy fácil empatizar. A diferencia de lo que ocurre con Dev, no me tuve que recordar mil veces que su posición era lógica, sino que comprendí perfectamente sus dudas, su forma de actuar... Y me encantó como, a pesar de que al principio Katya está rota tanto física como psíquicamente, logra recomponerse, hacerse más fuerte y luchar por ella misma contra viento y marea.

Vamos, que el desarrollo de la protagonista y esa forma de volver a construirse me encantó, no como el protagonista masculino que no me convenció.

Y es que Dev es alguien muy controlado, duro y bastante desagradable, por lo menos en varios momentos de su relación con Katya. Si me paraba a pensarlo, sí, me parecía lógico que fuera tan duro, ya que muchísima gente depende de él y ya no sólo sus sentimientos hacia ella le confundían, sino que tenía miedo de equivocarse y que gente inocente lo pagara. Sin embargo, mientras leía sólo podía pensar en que debería relajarse, darle más margen a la pobre Katya y dejar de avasallarla como lo hace.

Es decir, que Ardiente recuerdo se lee rápido, tiene una trama que interesa, pero la pareja queda muy descompensada y eso hace que sea una de las entregas más flojas de la saga, pese a que Nalini Singh sigue desarrollando esa especie de guerra entre las distintas razas y eso mola. Al igual que molan las apariciones de personajes que han protagonizado tomos anteriores y que vayamos viendo como siguen sus vidas.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Delirios de A. G. Howard.

jueves, 8 de septiembre de 2016

La nostalgia de Stranger Things

He caído: he visto Stranger things.

Corrección: he devorado Stranger things como si de un helado en verano se tratase.

Menudo vicio, menuda pasada de serie, menudos ocho episodios que forman la primera temporada, que nos ha traído Netflix. Porque, sí, la primera temporada son ocho episodios y, encima, la historia tiene un final cerrado. ¿Se puede pedir más?

Bueno, evidentemente sí: que sea una buena serie, que lo es, porque Stranger things ha sido la serie revelación del verano, la que comentaba todo dios por todos los lados. Así que esta entrada no va a ser precisamente novedosa o única, pero es que Stranger things me ha encantado, hay que hablar de ella y alabarla porque ella lo vale. Porque es maravillosa y debería haber una ley que nos haga llenar la casa de luces navideñas o elevar a Dustin a dios catódico junto a Tatiana Maslany.


Además, con esto de que ha sido verano, puede que haya despistados que han estado de vacaciones (os odio, con cariño, eso sí, pero os odio... besis) o personas a las que la serie, por lo que sea, les echa para atrás.

Así que, venga, hablemos de Stranger things.

El punto de partida es sencillo: al volver a casa, tras haber pasado la tarde con sus amigos, Will Byers desaparece en extrañas circunstancias en su pequeño pueblo, coincidiendo con la aparición de una niña muy especial, Eleven. La desaparición de Will es investigada tanto por su madre, como por el sheriff, como por sus amigos.

Como ya he dicho, el argumento es bastante sencillo y es que tenemos a tres grupos de personajes investigando el mismo misterio, cada uno averiguando distintas cosas y viviendo situaciones extrañas. Sí, no es el mejor resumen, pero tampoco quiero soltar spoilers, ya que la gracia de Stranger things, entre otras cosas, es que te vaya sorprendiendo. Porque, amigos míos, esta serie, como ya he dicho, es un vicio y, cuando terminas un episodio, necesitas ver el siguiente, ya sea por el cliffhanger, porque quieres saber qué va a pasar o porque necesitas saber qué mierdas está pasando.


Y, oye, tiene su mérito, ya que la trama es bastante sencilla, que no simplona.

De hecho, es que Stranger things es como esas maravillosas películas de los años ochenta, algo de lo que es perfectamente consciente, por lo que sabe usar como nadie el factor nostalgia. Es decir, que desde el principio, no sólo recrea los años ochenta (la historia está ambientada en noviembre de 1983), sino que también homenajea esas películas de aventuras tan increíbles que nos han acompañado desde niños: E.T., Gremmlins, Los Goonies... Yo es que soy muy fan de ese cine, son las típicas pelis que me pongo cuando estoy mala o no tengo un buen día porque me hacen muy feliz.

Stranger things recupera ese encanto, esa forma de contar historias y ese tono que combinaba las aventuras, lo extraño (o lo que se sale de la norma) con el encanto y los personajes tan cotidianos y que tan fácilmente te roban el corazón. Es decir, que recupera a los niños molones que investigan montados en sus bicicletas y que son una panda de frikis que, de pronto, se encuentran viviendo esas aventuras con las que soñaban; a la adolescente que busca su lugar, debatiéndose entre el popular y el rarito cual Molly Ringwald de la vida; a los antihéroes y a los padres que no se enteran de nada ni a propósito.


Y eso mola muchísimo, al igual que cazar los homenajes al cine ochentero.

Porque, sí, ese maravilloso grupo formado por Mike, Dustin (el amo) y Lucas sueltan referencias frikis a cascoporro (dragones y mazmorras, cómics, pelis...), pero también hay muchas cosas que recuerdan a momentos grandes de los ochenta. Desde el ver a los niños en sus bicicletas como si fueran Los Goonies hasta esa escena que parece un revival de esa donde disfrazan a E. T. de niña.

Pero, aunque sea un elemento muy importante, Stranger things no vive únicamente del factor nostalgia, sino que poco a poco nos presenta su propia mitología y una historia de lo más curiosa. Poderes, doctores desalmados, un mundo paralelo... Si es que lo tiene todo y sabe equilibrar ese lado más fantástico con el humano, pues al tener tres grupos de personajes, da para hablar de muchas cosas: la irrupción del mundo femenino en un grupo de niños, la adolescencia y el buscar el lugar de cada uno, incluso la lucha contra los viejos fantasmas y los traumas que acarrean los adultos.


Y es que Stranger things logra lo que tanto le ha costado hacer a la ficción española: tener tres frentes de edad bien diferenciados (niños, adolescentes y adultos) y que funcionan perfectamente, sin resultar cargantes u odiosos.

Porque los niños podrían ser un horror, pero acaban resultando lo mejor de Stranger things, puesto que son adorables, divertidos y sirven para hacer muchos avances. De hecho, me pareció que estaba muy bien pensado el que los cuatro fueran los mejores de la clase de ciencias y que tuvieran esa relación con su profesor, ya que acaba ayudando a que se descubran muchas cosas.

Y, encima, entre los niños está Eleven, que es la cosa más mona del mundo mundial. Es imposible no amar a Eleven con la fuerza de los mares y se acaba convirtiendo en uno de los personajes revelación.


Quizás la parte adolescente es la menos lucida, aunque incluso en esa especie de trillado triángulo amoroso saben salirse de lo típico. Sí, Nancy está un poco a medio camino entre las dos realidades del instinto, la de los marginados y la de los guays, lo que también se representa en que le mola tanto el chico popular (Steve) como el rarito marginado (Jonathan, el hermano del niño desaparecido). Pero los guionistas se toman la molestia de que ninguno de los tres sea plano, ni siquiera ese chico popular que demuestra que es más que el capullo de turno y eso me gustó. No es que shippee a morir a Nancy con alguno de los chicos, pero tanto Jonathan como Steve son algo más que un perfil y Nancy tampoco se maneja como la típica petarda de novela adolescente, así que estoy contenta por esa parte.

Al igual que lo estoy con Winona Ryder, a la que le han caído muchísimos palos al ser tildada de sobreactuada y exagerada, algo con lo que yo no estoy de acuerdo. Su personaje, Joyce, tiene que criar como buenamente a dos hijos y el pequeño desaparece sin dejar rastro. Por si eso ya no fuera suficiente drama, estando sola en su casa empieza a notar cosas raras: que si las luces se encienden solas y parece que Will se comunica mediante ellas, que si sale una mano de la pared...

¿Qué la pobre mujer está al borde del ataque de nervios? Pues claro, coño, pero menuda situación bonita tiene entre las manos. Yo veo salir una mano de la pared de mi casa y echo a correr y no paro hasta llegar a China, mientras grito como una loca.


Además, está la cuestión de que Joyce está convencida de que Will se comunica con ella mediante las luces y que está en algún lado, que no es donde cree la policía. Y Joyce tiene razón, pero los que averigua es tan extraño que sencillamente resulta difícil de creer y ella misma es consciente de que parece una loca y que nadie le va a hacer caso, por mucho que tenga pruebas de que lo que dice es verdad. Vamos, que me parece perfectamente justificado tanto la actuación de Winona Ryder como el comportamiento de Joyce, que demuestra tener unos ovarios como una catedral de grandes.

Porque, encima, y es algo que casi me dejo, no veáis el mal rollo que puede llegar a dar Stranger things. No es tanto como para tildarla de terror, pero tanto la ambientación como algunas escenas (jo, la de la piscina) dan muy mal rollo. Vamos, que la ambientación mola muy mucho, como todo lo que tiene que ver con la serie.

Que la tenéis que ver, vamos, así, como resumen de la entrada.

¡No os arrepentiréis!

lunes, 5 de septiembre de 2016

Después del bosque

Hoy os traigo la reseña de una novela que me sorprendió muchísimo y que me atrapó desde el principio, siendo una de las más adictivas que he leído. Es un thriller, un género que a mí personalmente me gusta mucho, pero ambientado hacia un público juvenil, aunque no por eso es sencillo o light. Estoy hablando de Después del bosque de Kim Savage, que en España ha publicado la editorial Hidra.

Un día como otro cualquiera, Julia acompaña a su mejor amiga, Liv, al bosque para correr. Sin embargo, el día acaba resultando ser diferente, ya que un hombre aparece e intenta secuestrar a Liv. Julia no lo duda ni un momento: acude a ayudar a su amiga, aunque al final acaba siendo ella la secuestrada. Tras dos días, Julia logra escapar y tiene que pasar una noche en el bosque, presa del miedo, antes de salir de él y acabar libre.

Un año después, Julia sigue sufriendo las secuelas de aquellos fatídicos días, por lo que debe visitar a una psicóloga, algo que no le gusta. También no deja de preguntarse qué ocurrió, por qué ocurrió, en parte porque apenas recuerda esos días, en parte porque necesita la verdad para superar lo sucedido. Es entonces cuando otro cadáver aparece en el bosque y todo apunta que esa chica fue víctima del secuestrador de Julia, así que ésta necesita más que nunca averiguar qué está pasando, mientras lidia con Liv, que se comporta de forma muy extraña, como si quisiera dinamitar su amistad.

La historia está ambientada un año después de que Julia escapara de su secuestrador, por lo que estamos ante un thriller más psicológico que de acción. Y eso me ha parecido muy interesante. Con muy buena mano, la autora Kim Savage, nos introduce en el mundo de Julia y en su cabeza: cómo piensa, cómo afrenta el trauma, cuáles son las secuelas de éste... De hecho, es tan importante el desarrollo de la protagonista y la exploración de su persona, como las investigaciones de Julia sobre su secuestrador y los días que ha olvidado.

Y ese enfoque de la historia podría ser un auténtico desastre, pero no lo es porque Julia es una gran protagonista y está muy bien escrita. Julia no es perfecta, tiene sus defectos, pero también es alguien diferente desde antes del secuestro. Es analítica, racional, tiene un curioso sentido del humor y es increíblemente fuerte. Sabe que el secuestro todavía la afecta, que se aferra a cosas que quizás no sean sanas, pero lo intenta llevar todo lo mejor que puede y seguir adelante, buscando incansablemente la verdad de lo que le ocurrió, mientras se relaciona con su entorno: sus padres, su amiga Liv, su psicóloga, la gente que empieza a conocer poco a poco...

Precisamente el entorno de Julia también me resulta muy interesante, ya que Kim Savage normaliza esa familia tan atípica, al igual que lo hace con su atípica protagonista. Julia es distinta, pero no hay nada de malo en eso, al igual que no lo hay en que su madre se quedara embarazada y que no estuviera con el padre de Julia, a pesar de que conservan la amistad y él es parte de la vida de Julia. Me gustó mucho ese mensaje de que lo distinto no es malo, todo lo contrario.

Al igual que me gustó mucho la forma en la que desarrolla el trauma de Julia y el cómo se enfrenta tanto al aniversario del secuestro como al descubrimiento de un nuevo cadáver.

Además, el descubrir qué ocurrió durante esos días o por qué se llevó a cabo el secuestro, me pareció una trama súper absorbente e interesante: es tensa, te da información constantemente y aún así mantiene la intriga... Y el final es maravilloso. No voy a hablar más de él, ya que es absolutamente necesario que no sepáis nada para que os devanéis los sesos y os sorprendáis de lo que ocurre.

Bueno, os he hablado de Julia, ya que es la protagonista y me encantó cómo la desarrolla la autora, pero Julia no está sola, sino que la acompaña todo tipo de personas, interés romántico incluido. Porque, sí, hay historia de amor, pero es un añadido que está bien introducido, bien llevado y no le quita importancia ni a la psique de Julia, ni al misterio.

Sin embargo, el chico no es uno de los personajes secundarios a destacar, ya que esos serían Liv y la periodista que ayuda a Julia. En el caso de ésta última, la autora también trata el dilema del periodismo: ¿la noticia ante todo? ¿Está bien el joder a los protagonistas de una historia para ofrecerla? ¿Hasta qué punto está bien exponerla a los medios?

En el de Liv, no podía caerme peor, ni entendía por qué Julia se esforzaba tanto por ella, ni era tan buena amiga con ella porque Liv es una petarda de mucho cuidado. Me ha parecido una egoísta del quince, también una manipuladora y una aprovechada, que en ningún momento ha tenido en cuenta el estado de Julia. De hecho, era ésta quien debía tener cuidado con Liv, a pesar de que la salva del secuestrador. Sí, es cierto que las circunstancias de Liv son una mierda también, pero aún así me caía muy mal.

Después del bosque es la primera novela de Kim Savage y la verdad es que no lo parece, ya que no ha habido nada que pueda criticar. Me ha parecido una novela genial, adictiva y muy bien llevada, también muy bien escrita. En serio, se lee en un suspiro, te hace pensar y la ambientación es maravillosa. Vamos, que no tengo que decir más que cosas buenas del libro y no puedo dejar de recomendarlo.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Ardiente recuerdo de Nalini Singh.