lunes, 30 de noviembre de 2015

Las tejedoras de destinos

El libro sobre el que os voy a hablar hoy hacía tiempo que me había chocado tanto por su portada (no me digáis que no mola mucho) como por su título, pero no había podido leerlo hasta ahora. Me refiero a Las tejedoras de destinos de Gennifer Albin, la primera parte de una trilogía (cada día tengo más claro que si no me engancho a sagas periódicamente, no soy feliz) cuyas siguientes partes son: Entre dos mundos y La elección final.

Las tejedoras de destinos nos cuenta la historia de Adelice Lewis, una joven de dieciséis años que debe enfrentarse a las pruebas más esperadas por la sociedad: descubrir si es una hilandera o no. Es decir, saber si puede tejer el entramado de la realidad, que es como funciona su mundo estrictamente controlado. Gracias a las tejedoras, los responsables de Arras, su mundo, pueden repartir la comida equitativamente, controlar a todo el mundo o extraerlo llegado el caso. Las tejedoras, por tanto, viven lujosamente encerradas en una torre, donde no envejecen y siempre son hermosas, por lo que todas las chicas están deseando que se las marque como tal.

Sin embargo, Adelice tiene claro que lo es y que debe fallar las pruebas. Durante los últimos años, sus padres la han estado entrenando para que falle las pruebas, aunque llegado el día, no puede evitar tejer. Adelice sabe que se la van a llevar lo quiera o no, lo que no podía imaginar era que sus padres tuvieran un túnel secreto en su casa para intentar que escape... aunque nadie puede escapar de la Corporación. Por eso, la familia de Adelice es asesinada y ella llevada al Coventri, donde la obligaran a ser una tejedora, pero no por eso Adelice está dispuesta a aceptar el destino que le imponen los demás.

Nos encontramos ante una nueva historia distópica, aunque Las tejedoras de destinos tiene personalidad propia y, personalmente, no me recordó a Los juegos del hambre o Divergente, que son las trilogías más representativas. Es cierto que todas poseen rasgos en común, como el gobierno estricto y tiránico, pero es algo propio del género.

Comento esto más que nada porque antes de leer la novela, leí algunas reseñas que lo acusaban de ser parecido y ahora, al recordarlo, alucino un poco.

También es cierto que Adelice está en peligro constante, que durante todo el libro existe esa tensión de que le puede suceder cualquier cosa, como si estuviera caminando sobre un hilo y fuera a caerse en cualquier momento. Sin embargo, la situación de Adelice es muy, muy distinta a la de Katniss y Tris. Y es que Adelice es marcada como rebelde desde el principio, además de llevada al corazón de una organización poderosa que la quiere utilizar, aunque no por ello se cortan en su crueldad. Por eso, Adelice debe desenvolverse en un ambiente político, jugar bien sus cartas, mientras intenta lo imposible: escapar de una organización que, al poder tejer la realidad, lo controla absolutamente todo.

De hecho, en Las tejedoras de destinos la acción está reservada para momentos puntuales, sobre todo ese magnífico final por todo lo alto. Tranquilos, que no voy a contar nada de él, ya que creo que lo más interesante de la novela es cómo Gennifer Albin va planteando y resolviendo preguntas sobre Arras, el mundo donde vive nuestra protagonista.

Y es que es un libro un tanto introductorio, aunque no por eso es aburrido o soso. Todo lo contrario. La verdad es que me gusta mucho cómo lo ha planteado todo la autora: no te explica exactamente cómo es Arras desde el principio, sino que te va ofreciendo información para que te formules ciertas preguntas que Adelice también se hace. Lo bueno es que las respuestas no tardan en llegar y dejarte con la boca abierta, mientras Adelice intenta tanto sobrevivir como no convertirse en la esclava sumisa que desean.

En ese sentido, Adelice no es lo que se dice pragmática. Por mucho que los demás personajes le aconsejen que pase desapercibida, que finja para que la dejen en paz, ella es incapaz de hacerlo. Aunque, personalmente, he entendido esa continua rebelión en la que vive y que se niegue a que la tomen por una idiota que se achanta. Porque Adelice, ante todo, es una chica con mucho carácter que no deja de replantearse cosas sobre su mundo que la inquietan y también es una chica en una posición imposible.

Me gustó mucho que, a pesar de que es impulsiva, vehemente y un poco irreverente, también es inteligente y, sobre todo, no se detiene ante nada. Desde el principio tiene un objetivo (escapar del Coventri y del control que intentan ejercer en ella) y nada la detiene. A veces actúa con más astucia que otras, porque a veces le pierde su propio carácter, pero es una luchadora y tiene las ideas muy claras. Vamos, que me gustó mucho, al menos en esta primera parte, porque Las tejedoras de destinos también tiene un triángulo amoroso y generalmente ser la chica a la que pretenden dos chicos suele hacer que ella salga damnificada.

Ojo, que haya triángulo amoroso no quiere decir que el libro sea de carácter romántico. Sí, hay amor, pero es una parte muy pequeña del libro, que va más sobre la supervivencia de Adelice y los misterios que entraña Arras con su sociedad machista y opresora y sus telares, que sobre los sentimientos románticos de Adelice.

En lo que respecta a los candidatos, son Jost y Erik, ambos secundarios de peso y muy distintos. Jost es el jardinero del Coventri y, la verdad, pasó un poco de él. Quiero decir, la autora se esfuerza por hacerlo molón, pero no lo consigue, dándonos el típico sosaínas que es el chico bueno y atormentado. Ojalá me equivoque, pero he leído suficientes novelas como para saber cuándo me topo con un galán descafeinado, por mucho que a veces tenga la lengua afilada.

Erik, por otro lado, me gustó mucho más. Erik es el ayudante de una de las mandamases del Coventri, alguien que tiene poder y del que no sabes qué esperar. ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Está de parte de Adelice, de la Corporación o sólo de sí mismo? Es decir, que en una sola novela, no sabes exactamente de qué va, aunque sus escenas con Adelice molan un montón y creo que, una vez le desarrollen más en la segunda parte, puede ser un bombazo de personaje.

En lo que respecta al resto de personajes, tenemos de todo: malos malísimos, zorras, víctimas... Todos cumplen con un cometido u otro y, aunque no salgan mucho, están perfectamente dibujados. A veces pecan de típicos, pero como tienen un rol que cumplir y lo hacen tampoco es que importe mucho.

Y ya lo único que me queda por comentar (porque esto se está alargando demasiado, señal de que me moló mucho) es que Gennifer Albin tiene una buena narrativa y, sobre todo, logra que su historia sea adictiva. Ya he comentado que Las tejedoras de destinos peca un poco de introductoria, pero no por eso resulta aburrida. Sí, tras el principio tan potente, hay unos cuantos capítulos más pausados, pero acaba metiendo el turbo y tenemos de todo: acción, respuestas impactantes y un final que te deja con la boca abierta y ganas de leer el siguiente libro.

Es decir, que recomiendo muchísimo Las tejedoras de destinos, porque lo disfruté muchísimo y me pareció tan original como interesante. Ay, qué ganas de hacerme con los dos que me faltan.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Habitaciones cerradas de Care Santos.

jueves, 26 de noviembre de 2015

El pausado buen hacer de Amar

Yo quería haber escrito una entrada sobre Amar es para siempre antes, básicamente cuando acabó la maravillosa tercera temporada. Sin embargo, por un motivo u otro se me pasó. Sí, influyó que en cierta manera me rompieron el corazón. ¿Me gustó el final? Sí, fue una temporada estupenda de principio a fin y las últimas semanas fueron pura dinamita. Eso sí, yo hubiera preferido un final feliz con Laura y Jorge marchándose juntos y Arratia no muriendo.

Pero, bueno, les dio por hacernos llorar a todos. Ay, Arratia, ay.

Aunque esta entrada no va sobre la tercera temporada, sino sobre la cuarta, que lleva ya casi tres meses. Y como ya hemos calado más o menos a los personajes (luego siempre nos pueden dar la sorpresa padre como con el amigo Julián Madariaga) pues toca hablar de ella.


Y es que esta cuarta temporada de Amar está siendo distinta a la anterior y, en parte, me recuerda a mis temporadas favoritas que vendrían a ser la primera y la tercera de cuando se emitían en TVE. Es decir, que están preparando las tramas poco a poco, basándose sobre todo en el corazón y con muchas connotaciones políticas. De hecho, las primeras semanas se ha basado en conocer a los personajes nuevos, situarlos en la plaza y eso les ha salvado.

Porque hay que admitir que se están tomando su tiempo para arrancar. Personalmente creo que no solapar las temporadas, como han hecho la mayoría de las veces, no ha sido precisamente un acierto. Y es que, de pronto, han tenido que presentar a muchísimos personajes y eso no ha dejado que arranquen la historia con fuerza. El año pasado, por ejemplo, como ya conocíamos a Clara y a los Blasco, se sumergieron desde el principio en la historia de Laura; también ayudó tener a secundarios que nos eran conocidos como los detectives, así que pudieron ponerlos en un atentado y a todos nos interesó.

Ojo, que conste que la cuarta empezó fuerte con el asesinato de la madre de Guillermo, pero tras esa primera semana explosiva, todo se pausó y, al menos para mí, no arrancó de verdad hasta que Tomás irrumpió en la Plaza de los Frutos.


Sí, se dedicaron a desarrollar relaciones, a dejar claro cómo era cada uno y a integrarlos a todos. Porque entre unas cosas y otras todos los personajes tienen más o menos relación con otros. Sin embargo, de la trama principal de espionaje todavía no sabemos mucho, más allá de que los rusos han hecho algo con Tomás (¿soy a la única que le trae por la calle de la amargura saber qué significan los puñeteros dados que le dio el agente soviético antes de liberarle como si nada?) y que el doctor Martos tiene relación directa con los nazis.

De hecho, se han dedicado a plantear ciertas cuestiones de forma más o menos clara: sabemos que Martos tiene un pasado nazi (y a saber qué más), que la madre de Guillermo no se casó con Gervasio precisamente por amor y, personalmente, encuentro muy rara la historia de Tomás y Adela.

Eso sí, el triángulo principal me tiene encantada. Al principio, estaba un poco confundida por los roles que iban a tomar cada uno, ya que mientras Martos parecía el encanto hecho hombre, Adela nos retrató a Tomás como un desgraciado que la trató fatal. Sin embargo, en cuanto Tomás regresó de Rusia demostró que era amor y que, en general, mola muchísimo. Hasta sus decisiones como capitán de la guardia civil son mucho más lógicas y humanas que las que había tomado su predecesor.

Precisamente ha sido el regreso de Tomás lo que ha hecho que algo me resulte raro en su historia. Tomás se ha pasado veinte años atrapado en un campo de concentración ruso, arriesgándose todo lo posible para escapar y regresar con su mujer y eso que no sabía que tenía una hija. Al volver a España, lo primero que hace es acudir a ella, pero al descubrir que Adela (que le creía muerto desde hacía años de forma oficial) se había casado de nuevo, se aparta y, aunque lucha por ella, lo hace desde el respeto y la honestidad. Por eso, no me cuadra el que estuvieran súper enamorados, pero de repente él se volviera frío, encadenara un desplante con otro y se pasara las noches fuera.


Todo apunta a una amante, sí, pero yo no dejo de darle vueltas a que hubo algo más. De momento, la teoría que tengo en mente es que le obligaron a ir a la división azul para proteger a Adela. Aunque no han hablado de la familia de Adela, ni de sus inclinaciones políticas, me resulta una mujer adelantada a su tiempo y rebelde, lo que quizás hizo que el régimen se fijara en ella y chantajearan a Tomás.

¿Qué me puedo pegar el hostión con la teoría? Pues sí, ya me pasó el año pasado con Julián, pero el pasado de esos dos no me cuadra y el que las fuerzas de la ley se fijaran en alguien así lo estamos viendo con Leonor y Miguel.

Pero, bueno, volviendo a la historia principal. Los roles han quedado definidos y yo no he podido comprarlos más: me encantan Adela y Tomás tanto por separado como juntos, como en las escenas con su hija, mientras que a Martos lo odio a muerte y ya estoy deseando que Tomás le patee el culo. Porque Martos ya no engaña a nadie. Habla mucho de interesarse por Sofía, de preocuparse por ella y, aunque no dudo que su objetivo es salvarle la vida, me parece que lo único que le interesa es mantener a Adela a su lado y para eso utiliza a Sofía.


Si le preocupara Sofía o la quisiera tanto como dice, habría reculado él solito y, al menos, hubiera avisado a Sofía que estaba viendo alucinaciones porque la pobre no sólo lo estaba pasando fatal, sino que estaba siendo injusta con la gente que quería. Pero, no, el tío callándose hasta que Emilia descubre la verdad.

Emilia, por cierto, es grandeza de la buena y cada vez me mola más. Además, es otra que está envuelta en misterios. Parece que practica abortos a quien lo necesita, pero no han dejado nada claro y a mí me pareció un poco raro el modo en que aparece. No dejo de pensar que podría ser una espía que se ha puesto a trabajar con Martos por su aproximación al Caudillo, pero a ver qué pasa.

Porque yo estaba hablando de Sofía. Ay, mi pobre Sofía, lo que le va a tocar sufrir a ella y a nosotros con ella. Porque Sofía es un amor de chica. Es dulce sin ser empalagosa, tiene carácter, es lista y justa. La hemos visto ayudar a quien sea, llevarse estupendamente con los Asturianos y aceptar a su padre sin montar ningún numerito porque ella misma sabía que Tomás tampoco era el culpable de no estar.

Y, claro, la hemos visto enamorarse de Guillermo, con quien hace una pareja muy mona. Eso sí, echo de menos que tenga una historia propia, que sea algo más que novia e hija. A ver si ahora que estamos entrando en faena, le dan algo más que hacer. De hecho, como le encanta tanto leer y la hemos visto leyendo novela negra, siempre he pensado que molaría verla en plan investigadora, quizás ayudando a Guillermo a encontrar pruebas que culpen a su padre o indagando en su pasado.


Dicho lo cual... ¿cuándo tienen planeado que Guillermo descubra que el pasado de su madre no es el que cree? Sabemos que hay cartas, que están en la mesa de Gervasio y que éste detuvo al hombre del que ella estaba enamorada. Para mí está más que claro que Guillermo es hijo de ese hombre, no de Gervasio, que seguro que era músico y de ahí el odio que procesa Gervasio tanto a los músicos como a su hijo.

No, en serio, ¡que esa trama avance un poco, por favor! Es que tengo ganas de saber exactamente qué pasó.

Es decir, que han sembrado muchas cosas que pueden dar grandes momentos, pero las están desarrollando despacito, afianzando el triángulo, la posición de Sofía en su casa (el no querer traicionar a ninguno de sus padres) y su relación con Guillermo. Es decir, están tirando por el costumbrismo más que el año pasado, que tuvimos giros, asesinatos y acción por un tubo, lo que la hace distinta, quizás más lenta, pero también tiene su encanto.


Porque, encima, están cuidando muy bien las tramas secundarias y nos están dando un poquito de todo como acostumbran: desde drama con más o menos intensidad, hasta humor, todo con relaciones entrañables.

La pensión, por ejemplo, es para morir de amor con la amistad que hay entre todos los personajes que la frecuentan. Estas últimas semanas hemos visto como todos se volcaban en la pobre Benigna (que ya les vale a los guionistas lo mucho que la están puteando esta temporada, ¡mal, guionistas, mal!) o como Pepa y Maruxa se han hecho amigas. Quizás no me termina de motivar el cuadrado amoroso entre Eladio-Pepa-Toni-Carmen, más que nada porque la historia de la mujer y el amigo la hemos visto (Carmen y Simón en la cuarta, Paco y Serafina en la anterior) con el agravante que está la hija de por medio. Encima, Carmen intensa es de lo más desagradable, lo que también me da pereza.

Otro personaje que tampoco sé muy bien qué piensan hacer con él es Ramón. Con él tengo sentimientos encontrados porque cuando lo ponen en la pensión o con Benigna me hace mucha gracia (el día que ella lo descubre haciendo de Hamlet casi me muero de la risa), pero la historia con Manolita corre mucho peligro de hacerse cansina. Además, es que ya hemos visto esta historia en la primera de Amar es para siempre, cuando Marcelino se hizo amigo de la repostera por el equipo de fútbol y Manolita se subía por las paredes.


A mí me hace gracia ver a María odiándolo y calándolo mejor que nadie, pero no se pueden tirar toda la temporada con él intentando seducir a Manolita a la chita callando. No sé si lo acabarán emparejando con Benigna, con Maruxa o qué piensan hacer, pero, por favor, que no alarguen el tema con Manolita demasiado.

Por lo demás, las otras historias y personajes me tienen encantada. En especial esa incipiente relación tan mona entre Ángel y María, quien está en fase de negación, aunque él le gusta. Estos dos son muy monos, él es muy genial (cada vez que le suelta zascas a la perra de Loli le hago la ola) y María se merece ser feliz, que la pobre bastante ha sufrido queriendo al novio de su hermana en silencio.

También es muy mona la historia de Pelayo y Emilia, al igual que la de Leonor y Miguel. Estos dos han tenido escenas de lo más emblemáticas, como el reencuentro en esa plaza cubierta de niebla tras que Miguel decidiera quedarse.

Además, en esta cuarta temporada están afianzando el personaje de Miguel, convirtiéndolo en el heredero de Laura Blasco, en el sentido de que es buena persona y ayuda a todo el mundo. Miguel se ha convertido en uno de los personajes más adorables por excelencia y también muy humano. Quizás su posición política no honra a sus padres biológicos, pero me parece tan sensata como natural, ya que, para él, la política le quitó a sus padres.


Eso sí, en ese sentido me preocupa muchísimo Leonor, que siempre ha tenido muy claras sus ideas y a su modo a luchado por la libertad, aunque en esta temporada lo está haciendo aún más. A veces parece que no sepa en qué país vive y la panda de desalmados que había en la policía, lo que me rechina un poco. Quiero decir, con su historia familiar me resulta tonto que diga cosas como "si no he hecho nada malo" o "¿qué me van a hacer?" o "no tienen motivo". De acuerdo que quieran mostrar lo cabrones que eran y lo mucho que se saltaban todo a la torera, pero tampoco hace falta que pongan a Leonor de ingenua perdida para hacerlo.

Me imagino que o bien de esta aprende un poco la lección (de verdad, sabiendo que el comisario Parrado te quiere cazar, ¿a quién se le ocurre no usar un pseudónimo?) o bien vamos a sufrir mucho con Leonor esta temporada, que una cosa es ser una luchadora y otra muy distinta una insensata.

Pero, vamos, que estoy bastante contenta con esta temporada, aunque estoy deseando que estalle del todo la trama del espionaje. También quiero saber qué personaje de la primera etapa vuelve (mis apuestas están con Álvaro Iniesta) y también cómo va a regresar Víctor Reyes, que sabemos que estos días se reincorporaba al rodaje.

En serio, qué ganas de ver los regresos.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Una de realidades alternativas seriéfilas

En su segunda temporada el universo de The Flash se ha visto ampliado por las realidades alternativas. ¿Y qué es una realidad alternativa? Pues es un mundo parecido, pero sin ser igual y un recurso bastante utilizado en las series. Ahora mismo son los chicos de The Flash los que hacen cambios locos entre lo que conocíamos y lo alternativo, pero no son los únicos.

Así que en esta entrada tenéis varias realidades alternativas seriéfilas, empezando, claro está, por la causante de esta entrada:

The Flash

En esta segunda temporada, y provocado por el final de la primera, han aparecido en Central City una serie de agujeros que conectan el mundo que conocíamos con uno alternativo, conocido como Earth-2. De momento, no hemos explorado en condiciones ese universo alternativo, pero sí que hemos visto a varios personajes que conocemos en su versión de Earth-2. Por ejemplo, Linda Park en su versión alternativa es una ladrona metahumana que les causa varios quebraderos de cabeza cuando cruza a Earth-1.

Barry, nuestro Flash favorito, con Jay Garrick, el Flash de Earth-2

Earth-2 también nos ha recuperado a Tom Cavanagh (mil gracias por eso), que en lugar de ser nuestro doctor-Wells-en-realidad-Eobard-Thawne es Harrison Wells, Harry según Cisco. Y es genial. Soy muy fan de este hombre. Eso sí, espero que en el futuro algún personaje vaya a Earth-2 a flipar y nos enseñen las vidas alternativas de nuestros chicos y, ya puestos, de los de Arrow, que sabemos que allí Arrow es Robert Queen y no su hijo.

Fringe

Si hablamos de una serie sobre realidades alternativas, se nos viene Fringe a la cabeza en cero coma. Si no es así, es que no la habéis visto y... ¿a qué narices estáis esperando? En serio, corred, insensatos, id a conocer a los chicos de Fringe, porque esa serie es grandeza pura. Si ya los conocéis, recordaréis que a lo largo de la primera temporada nos fueron dando pistas hasta que, al final, se explica la existencia de una segunda realidad y, a partir de entonces, cobra muchísima importancia en la serie.


Y durante varias temporadas estuvimos viendo lo que ocurría en dos realidades, con sus personajes cambiados (teníamos a Walter y a Walternativo, a la Olivia rubia y a la pelirroja, al Lincoln molón y al gafas...) y sus líos entre realidades. Muy genial todo. Era increíble ver el trabajo de los actores cambiando de registro, sobre todo de la maravillosa Anna Torv. Jolín, qué genial era Fringe, ¡cómo la echo de menos!

Once upon a time

El doble episodio final de la cuarta temporada de Once upon a time, titulado Operation Mangoose, nos trajo al Autor cambiando las reglas del juego para que los villanos tuvieran sus finales felices, lo que desembocó en que Henry viajara a una realidad alternativa, donde los roles de los personajes estaban cambiados: Rumpel era el héroe de la historia y estaba felizmente casado con Belle, mientras que Regina ocupaba el papel de Snow y ésta el de Regina. El one true love de Snow era James, el gemelo malo, mientras que David esa su perrito faldero y Hook era un cobarde.


En este caso fue un episodio doble, pero fue muy simpático y es que los cambios de registros en personajes siempre molan. Además, en este caso fue todo muy divertido y actores como Ginnifer Goodwin o Colin O’Donoghe se lucieron con el cambio.

Doctor Who

En Doctor Who no son muy de explorar realidades alternativas, sino de viajar a lo largo del tiempo y del universo, pero en su segunda temporada Rose y el Doctor cruzaron a un mundo paralelo en los episodios Rise of the Cibermen y The age of Steel. En ese mundo alternativo, el padre de Rose estaba vivo y no muy felizmente casado con su madre, que no era la Jackie que conocíamos y, además, no tenían hijos, sino un perro. Bueno, luego además estaba ese temilla de que los Cibermen estaban conquistando el mundo, pero con el Doctor presente tampoco era para tanto.


Esos episodios son muy, muy geniales y además supusieron la despedida temporal de Mickey y asentar lo que acabaría siendo la despedida de Rose al final de esa temporada en Doomsday, ya que tanto ella como “su” Jackie acaban cruzando... y despidiéndose del Doctor y mejor paro que como recuerde la escena de la pared, me volveré a deprimir.

Supernatural

Supernatural va por su onceava temporada y ha tenido muchísimos episodios frikis a más no poder, como ese genial Changing channels donde Dean y Sam estaban atrapados en programas de televisión. En su segunda temporada, en el episodio What is and what should never be, Dean viaja a una especie de realidad paralela... Vale, no es que vaya a otro mundo paralelo, sino que un genio le hace vivir una fantasía sobre cómo sería su vida si su madre no hubiera muerto y es lo suficientemente alternativo para mí.


Además, el episodio estuvo muy, muy bien. Fue divertido (Dean cortando el césped de casa de su madre fue muy épico), también vimos a Dean en su faceta más tierna y el caso estuvo chulo.

En su quinta temporada, en el episodio The end, se marcan una especie de Días del futuro pasado, donde Dean viaja a un futuro alternativo... que es un desastre. El Apocalipsis ha tenido lugar, una rara enfermedad está acabando con la humanidad, Sam es Lucifer y Cas un humano de lo más pasado de rosca, mientras que la versión alternativa de Dean es muy distinta a la actual también. Este no es precisamente divertido, pero está muy, muy bien y es súper interesante verlos tan cambiados.

The Librarians

El (genialoso) final de la primera temporada de The Librarians, con el episodio And the loom of fate, va sobre Eve viajando con un Flynn que no recuerda quién es o su realidad, viajando por distintas realidades alternativas: en una el bibliotecario es Jake, en otra Ezekiel y en otra Cassandra. Todas ellas distintas, con distintos problemas y ninguna demasiado buena.


Eso sí, ver las versiones alternativas de los bibliotecarios moló mogollón. Vale, Jake era bastante parecido al nuestro, quizás más bestia, pero Ezekiel y Cassandra no parecían ni ellos. Uno habiendo informatizado todo y siendo tan serio y ella usando magia y siendo tan ceremoniosa, por no repetir lo de seria, que también. Bueno, y además el episodio estuvo genial, salía Flynn lo que siempre es un plus y nos enteremos de quién era Jenkins en realidad. ¿Se puede pedir más?

Embrujadas

En este caso puede que haya más (que en Embrujadas también hacían cosas loquísimas), pero yo sólo recuerdo este episodio. Fue el número 100, titulado Centenniel Charmed, y supuso la despedida de la serie de Julian McMahon (todo un drama, con lo que Cole molaba). Bueno, total, que el episodio iba de cómo Cole, intentando destruir las Embrujadas y recuperar a Phoebe, piensa que todo es culpa de la aparición de Paige en sus vidas, así que hace magia para impedir que eso ocurra. Sin embargo, en ese preciso momento, Paige está orbitando, así que se cuela en la realidad alternativa y, claro, flipa colorines.


Con Prue muerta y sin haberla encontrado a ella, todo ha cambiado una barbaridad: Phoebe sigue con Cole, más obligada que otra cosa, mientras que Piper se ha convertido en una cazadora de demonios súper bruta que se ha divorciado de Leo y no está embarazada. Por suerte, Paige era muy ídola y logra arreglarlo todo.

Bueno, ahora que lo recuerdo, más adelante también vimos retazos de un futuro alternativo donde Wyatt (el hijo de Piper y Leo) era más malo que todas las cosas y, por eso, su hermano Chris (ay, qué guapo era Drew Fuller, qué habrá sido de él) tiene que volver atrás en el tiempo para salvarlo... aunque está a punto de costarle la vida.

Buffy, la cazavampiros

Para la tercera temporada de Buffy, yo ya tenía clara una cosa: Xander era la peor persona viva, pese vampiros, demonios y lo que se terciara. ¡Nunca le perdonaré lo que hizo al final de la segunda! Sin embargo, en la tercera temporada Cordelia lo descubrió cuando vio a Xander besándose con Willow, justo cuando ella y Oz acuden a rescatarlos. Por eso, en el noveno episodio de la temporada, El deseo, herida y humillada le acaba pidiendo un deseo a Anya, un demonio vengador: que Buffy (a la que culpa de todos sus males) no llegara nunca a Sunnydale.


Así, Cordelia acaba en una realidad alternativa donde Buffy no ha llegado nunca a Sunnydale... y Sunnydale es un puñetero desastre: hay toque de queda, los vampiros lo han conquistado y, de hecho, Xander y Willow son dos de los vampiros más chungos del lugar. De hecho, Willow tiene a Ángel de mascota, mientras Giles y Oz son la resistencia. Un WTF?! en toda regla, sobre todo al ver a la Willow alternativa y cómo ha cambiado todo.

Además, en este episodio conocemos a Anya, que es muy genial ella, así que, en resumidas cuentas, mola mil.

Bonus: Friends

Acabo la lista con un bonus, ya que en Friends no viajaron a ninguna realidad alternativa o nadie cambió los hechos, sino que se marcaron un What if... en toda regla e hicieron un episodio doble especial en el que cada personaje se preguntaba qué habría sido de su vida si hubiera tomado una decisión diferente: así que vimos a Rachel casada, a Mónica todavía gorda, a Phoebe siendo un tiburón de Wall Street, Chandler intentando ser escritor, Joey siendo un actor famoso y Ross todavía casado con Carol.


Fue en la sexta temporada (episodios 15 y 16, titulados El que pudo haber sido), así que resultó tan divertido como raro ver cómo cambiaban los personajes. Éstos ya habían evolucionado mucho en seis temporadas, así que verlos tan diferentes fue una pasada: Phoebe histérica de la vida, Mónica súper pava, Rachel siendo una pija tonta... Eso sí, al final nos mostraron que había cosas que siempre acababan pasando como lo de Mónica y Chandler o lo de Carol y Susan.

Ay, qué genial que era Friends :3

Bueno, pues eso es todo por hoy. A mí no se me ha ocurrido ninguna realidad alternativa televisiva más, pero si vosotros sabéis alguna otra, no dudéis en decírmelo por los comentarios.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Heima es hogar en islandés

Hace ya un tiempo, descubrí una novela que me encantó de principio a fin y que a día de hoy recuerdo con mucho cariño: Los días que nos separan, de Laia Soler. Por eso, cuando me enteré de que la autora iba a publicar un libro nuevo, fue directo a la lista (infinita) de libros que quería comprarme y así lo hice. La nueva novela lleva el título de Heima es hogar en islandés y no puede ser más diferente a la anterior de Laia Soler, pero, eso sí, ambas me han gustado un montón.

Y, como de Los días que nos separan ya os hablé en su día, ahora vamos con la reseña de Heima es hogar en islandés.

Laura tiene acromatopsia, una enfermedad que hace que lo vea absolutamente todo en blanco y negro y que, desde niña, ha hecho que sea diferente. Además, Laura tiene problemas y serios, ya que acaba de dejar una relación complicada con su novio y sus padres la usan como arma arrojadiza en un arduo proceso de divorcio. Por eso, cuando ya no puedo más con la situación, Laura decide marcharse de Barcelona y, siguiendo lo que considera una señal, acaba en Islandia.

Al principio, Islandia no es que le guste con su agua que huele raro, el frío y otra serie de cosas, pero entonces Laura se cruza con el simpático Orri. Enseguida hacen buenas migas, por lo que Orri la acaba invitando a que recorra la isla con él y su amigo Guðjon. Aunque al principio Laura no está muy por la labor, decide arriesgarse y así los tres comienzan un viaje por esa extraña y exótica isla.

Y hasta ahí puedo leer. Más que nada porque, si siguiera, debería entrar con spoilers y no lo voy a hacer porque tenéis que dejar que Heima es hogar en islandés os sorprenda. Y es que, ante todo, esta novela es impredecible.

Puede que a priori parezca un road-trip, género que a mí particularmente me gusta mucho, pero no es lo es. Mejor dicho: no es sólo eso, porque sí que es cierto que la historia se basa en un viaje en coche por Islandia. Sin embargo, poco a poco el argumento va virando hasta tocar otros géneros literarios. De hecho, la novela está dividida en tres partes y es como si cada una de ellas pudiera englobarse en uno de ellos, aunque a lo largo de la historia todos se van mezclando: road-trip, comedia, romance, drama... hasta fantasía.

En ese sentido, el trabajo que realiza Laia Soler es asombroso, ya que combina todos los géneros en una sola novela con mucha gracia. Todo queda natural, orgánico, y aunque de repente brote la fantasía en una historia supuestamente realista, queda bien y crees que es posible. Porque, encima, hasta las pinceladas de fantasía están muy ligadas a la realidad, sobre todo porque tanto el carácter como las decisiones de los personajes son realistas.

Los personajes, por su parte, son muy humanos. Empezando por Laura, nuestra protagonista y también nuestra narradora. Conocemos su punto de vista de todas las situaciones y también como piensa. La verdad es que con Laura me ha ocurrido una cosa extraña: a pesar de que comprendía por qué hacía algo o qué la llevaba a tomar algunas decisiones, había ocasiones en las que me desesperaba de lo lindo. Laura es una reina del drama. Que sí, tiene motivos, pero eso no quita que lo sea. También tiene una historia dura detrás, es cabezona, cotilla y un tanto hipócrita.

Encima, a veces la muchacha se hacía unas pajas mentales que era como para pegarle con el libro. Sin embargo, también es una buena persona, con sus virtudes y sus defectos pueden ser los nuestros también. Por suerte, su evolución a lo largo de Heima es hogar en islandés es enorme y acaba madurando muchísimo.

Luego tenemos a Orri, un chico muy simpático, extrovertido y divertido, que básicamente es amor. Es imposible no querer a Orri desde que lo conoces y por eso se comprende perfectamente el que Laura decida acompañarle en el viaje y le coja tanto cariño desde el principio. Leal, alegre, un guía estupendo para conocer Islandia, ya que se toma muy en serio ese papel como parte del trato que tiene con Laura. Vamos, que, como ya he dicho, Orri es amor y un gran personaje.

Y para terminar el trío de protagonistas tenemos a Guðjon, amigo de toda la vida de Orri y su contrapunto perfecto. Callado, un poco misterioso y también un poco brusco. A Guðjon se le va conociendo poco a poco, pues al principio no es que hable mucho y también es un personaje muy complejo. Para mí, fue mi personaje favorito, no sólo él me encanta, sino que me pareció todo un acierto la forma en la que Laia Soler lo desarrolla, como la mostrando sus distintas capas a lo largo de la historia y acaba convirtiendo a Guðjon en el chico de la novela, de la historia de amor.

Porque, sí, hay historia de amor, pero está maravillosamente bien escrita y estructurada. No es amor a primera vista, sino que Laura y Guðjon se van conociendo a lo largo del viaje y se van enamorando poco a poco. Eso sí, desde el principio las interacciones entre ellos son un puntazo y molan mucho tanto cuando son divertidas hasta cuando se tornan más dramáticas. Eso sí, en general tienen ese un de romanticismo de cuento tan conseguido como bonito.

De hecho, Heima es hogar en islandés tiene un carácter muy de cuento, encantador, que hace que sea una novela muy especial. Es decir, que la historia te toca el corazón como pocas y acabas encantada y llorando y pensando lo bonito que es todo. No es que sea sentimental, ni una intoxicación de azúcar, sino que Laia Soler sabe mantener a raya el encanto y, aunque es una novela muy mona, nunca cruza la línea hacia lo cursi, ni siquiera un poco.

Eso sí, tiene un pequeño defecto y es que el principio peca de ser lento. A mí me costó un poco meterme en la lectura de Heima es hogar en islandés, pero luego no deja de ir a más y a más y tiene un final por todo lo alto.

Además, resulta original. No sólo por la curiosa mezcla de géneros, de la que ya os he hablado, sino también por estar ambientada en Islandia. Y qué bien está la ambientación. Hay fotos que acompañan el texto, aunque tampoco son necesarias, pues con las descripciones ya puedes imaginarte ahí. A decir verdad, después de leer Heima es hogar en islandés no me importaría nada, pero nada, ir a Islandia a recorrer la isla aunque sea sin lugareños monos.

Podría explayarme más, que a enrollarme no me gana nadie, pero creo que puedo terminar la entrada con el conciso resumen de: leed Heima es hogar en islandés porque es una maldita preciosidad de novela.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Las tejedoras de destinos de Gennifer Albin.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Corrientes del tiempo: Capítulo 10

Un viernes más un traigo una nueva ración de Corrientes del tiempo, la tercera entrega de Cuatro Damas, que espero que os esté gustando. Y sin enrollarme más, vamos con el décimo capítulo que se titula Jero, la esposa y el armario.

En 1952, Jero se encuentra solo mientras sus amigos han ido al internado Bécquer en busca de ayuda. Aunque le han dicho que se quede en el hotel quieto, Jero no piensa hacerlo, ya que sabe que tiene que estar en otro lugar para encontrarse con alguien.



Capítulo dedicado sobre todo a Jero y a lo que el Doctor llamaría wibbly wobbly timey wimey stuff y donde conocéis a más familia de Deker. Espero que os haya gustado y, como siempre, para comentar cualquier cosa, están los comentarios.

En dos semanas, más.

Próximamente: Buscando una respuesta.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La adorabilidad de Kara Danvers

La DC, una de las editoriales de cómics americanas de más éxito, está intentando conquistar la televisión y, de hecho, ahora mismo creo que tiene cinco series en antena basadas en sus cómics. Vale, iZombie no es precisamente sobre superhéroes, aunque mola mil, por cierto, al igual que Gotham tampoco lo es... aunque esa no mola tanto.

Pero centrémonos en los superhéroes, porque primero conocimos a Oliver Queen, el año pasado nos enamoramos de Barry Allen y este año le ha tocado el turno a Kara Danvers, la protagonista de la nueva serie que reúne a DC y Greg Berlanti, como en Arrow y The Flash. Estoy hablando, por cierto, de Supergirl, que el lunes emitió su cuarto episodio (quinto en realidad, ya que han cambiado el orden por respeto a los atentados parisinos).


Aunque la historia de Supergirl no es tan conocida como la de su primo, Superman, seguramente nos suene o nos resulte familiar. Kara, siendo una niña, es enviada a La Tierra junto a su primo, Kal-El (o Clark Kent), para que le cuide, pero acaba atrapada en la zona fantasma donde el tiempo no pasa para ella. Por eso, cuando su nave al final llega a La Tierra, Kara sigue siendo una niña, pero su primo ha crecido y se ha convertido en Superman.

Liberada de su misión y siendo adoptada por una familia de confianza de Superman, Kara decide llevar una vida normal, alejada de los poderes: tiene un empleo de secretaria, un apartamento, se lleva bien con su hermana adoptiva Alex... Sin embargo, cuando empieza a considerar ayudar a los demás con sus poderes, Alex está a punto de morir en un accidente de avión, así que Kara la salva y, entonces, decide convertirse en una heroína.

La base no es nueva, pero sí el hecho de que se centre en un personaje femenino y que, de hecho, éstos no estén de adorno o para ser cerebritos. En Supergirl son ellas las que manejan el cotarro y es de agradecer. Ojo, no digo que en las otras series de ese universo televisivo tengan malos personajes femeninos, porque no es así (Felicity, Caitlin, Sara, Patty, a Laurel le costó pero está ahí...), pero sus roles siempre son más pasivos o secundarios. De hecho, en Arrow les costó tres temporadas tener a Laurel y Thea en el equipo y pateando culos y primero tuvimos que pasar por tramos horrible (Laurel en la segunda temporada, por ejemplo). Por eso mola que los principales roles de Supergirl sean femeninos y que los chicos ocupen el lugar secundario.


Tampoco es nuevo el tono o el planteamiento y es que Supergirl bebe muchísimo de The Flash, de ahí que haya titulado las entradas prácticamente igual. Tengo mi falta de imaginación en cuanto a títulos, pero no es tan descarada.

Como decía, Supergirl se asemeja mucho a The Flash, aunque no alcanza la redondez de ésta última, al menos por el momento. Eso sí, creo que es todo un acierto que la basen en el concepto de adorabilidad y diversión que en su día hicieron de The Flash algo muy distinto de Arrow. Si algo nos han demostrado estas dos es que las series de superhéroes funcionan mejor cuando la intensidad se ofrece en píldoras y no absolutamente a todas horas.

Si Barry Allen era adorable y un amor desde el primer momento, Kara no se ha quedado atrás. Creo que es imposible no cogerle cariño a Kara con sus ganas de ayudar, el aire nerd que tiene el personaje y el hecho de que a veces meta la pata. Además, Melissa Benoist está maravillosa en el papel. A mí esta chica ya me despertaba ternura en Glee (a pesar de que le daban historias ridículas como cuando le hacían creer que estaba gorda), pero aquí me ha conquistado definitivamente. Es divertida, es mona y patea culos, ¿se puede pedir más?

Hablemos del increíble poder para ondularse el pelo de Kara. ¿Cómo lo hace?
No, en serio, que de Supergirl lo lleva muy mono, quiero saberlo.

Bueno, la verdad es que me gustaría verla compartiendo crossover con Barry y Felicity principalmente, ya que se llevarían bien visto cómo son los tres. Pero dado que Supergirl se emite en la CBS va a ser difícil.

Y es que, al menos en mi opinión, la cadena juega en contra de Supergirl. Tendrán más presupuesto para efectos especiales y les permitirá tener a Calista Flockhart en el reparto (que, no me entendáis mal, es bien), pero creo que el no estar ambientada en el mismo universo Flarrow le resta encanto. Con Supergirl no se pueden permitir esos detalles amables de hacer referencias como, por ejemplo, Cisco criticando que Oliver se llame ahora Green Arrow.

También me parece una carga el que estén todo el día con el nombre de Superman en la boca. Entiendo que no le ignoren completamente, ya que Kara y él están emparentados y aquí él ya es famoso, pero una cosa es eso y otra muy distinta que se acuerden de él hasta cuando Kara va al baño. Así, lo único que logran es que Kara esté a la sombra y que un personaje que ni siquiera está presente se adueñe de la serie. Además, no es que entienda que estén constantemente comparando a Kara con su primo y que, en cuatro episodios emitidos, Superman la haya salvado en dos ocasiones. Vamos, que deberían relajar el asunto Superman y, si dejan de mencionarlo, mejor. Quiero decir, si en el fondo Superman siempre va a salvar a Kara en el último momento, ¿cómo planean mantener la tensión?


Algo en lo que, por cierto, deberían trabajar más. Es cierto que The Flash también pecó de ser procedimental en sus primeros episodios, pero The Flash tenía dos cosas que la hacían interesante desde el principio: el misterio sobre la muerte de su madre y Harrison Wells, un personaje inquietante que, al principio, no dejaba de crear dudas y dejarlos locos.

Tras este último episodio parece que en Supergirl van a tirar por averiguar qué pasó con el padre de Alex y Kara, lo que se presenta interesante y, encima, el padre es Dean Cain, lo que mola mucho. Sin embargo, Henshaw no es Wells, en parte porque David Harewood no tiene el carisma de Tom Cavanagh y en parte porque lo único que ha hecho es tener los ojos rojos. Y eso hace que le falte ese componente serializado que te interesa de veras. Porque, de hecho, los villanos de Supergirl son bastante anticarismáticos y muy olvidables, incluida la tía de Kara.

Pero, bueno, Supergirl tiene margen de mejora y seguro que lo hace, porque encima tiene material. Al personaje adorable que es Kara, se le ha juntado desde el principio un buen equipo formado por un informático muy mono (¿alguien dijo la versión masculina de Felicity?), James Olsen y Alex, la hermana de Kara.


Precisamente es Alex otro de los puntos en común que tiene Supergirl con The Flash. Si en ésta última la relación entre Barry y su padre adoptivo es el corazón de la serie, en Supergirl lo es la relación entre las hermanas.

También tenemos un incipiente triángulo (o cuadrado ahora que Lucy Lane ha entrado en juego) que nos dosifican bastante bien. Personalmente soy team Winn, ya que James Olsen, por muy guapo que sea (que lo es), me resulta un sosaínas de mucho cuidado, aunque sea majo. Así que ya sabemos quién no se va a llevar a la chica, ¿verdad?


Y, finalmente, tenemos a la ídola de las ídolas, a la gran Cat Grant, que ha sido mi descubrimiento particular de Supergirl. Yo ya había caído a los pies de Calista Flockhart antes (era Ally McBeal y Kitty Walker, ambas muy grandes) y lo he vuelto a hacer con Cat Grant, esa jefa de Kara un poco del estilo Meryl Streep en El diablo viste de Prada, pero que poco a poco va mostrando rasgos más humanos: primero cuando insinuaron su relación con el misterioso personaje de Peter Facinelli y ahora con toda su relación con su pupila Leslie Willis/Livewire.

Pero, vamos, que cada aparición de Cat Grant es grandeza y no puedo ser más fan de ella: es lista, en poderosa y los tiene muy bien puestos. Pese a que una villana con poderes eléctricos la perseguía, la tía no pegó ni un chillido, ni se dejó impresionar o capturar. Además, está orgullosa de ser una chica, ha convertido a Supergirl en una marca y le falta cantar la canción de Las divinas. Conclusión: no puedo ser más fan de ella y, para mí, es el mejor personaje de Supergirl.

Es decir, Supergirl no es mi estreno favorito de la temporada como el año pasado lo fue The Flash (este año el título es para Limitless, que cada semana es todavía mejor), pero es muy simpática, entretenida y apunta maneras de ser genialosa como lo son sus primas hermanas.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Mort

Sigo con mi particular reto de ir leyendo las novelas de Mundodisco y hoy os traigo la reseña de la última que he leído: Mort. Es la cuarta en orden de publicación y la primera en la saga centrada en el personaje de La muerte y, hasta el momento, mi favorita y eso que las tres anteriores también me gustaron mucho.

Mort es un desastre. No tiene ninguna habilidad conocida, sobre todo para trabajar en el campo como hacen el resto de su familia y prácticamente todo el mundo en su pueblo. De hecho, Mort es especial, ya que es soñador, distraído y su particular visión del mundo hace que se pregunte muchísimas cosas. Desesperado por no encontrarle un futuro, su padre decide llevarlo a la ciudad para que alguien –cualquiera– lo coja de aprendiz. Sin embargo, Mort no tiene suerte hasta que a última hora aparece La muerte con su túnica negra, su guadaña y su caballo para tomarlo como aprendiz.

La muerte empieza a enseñarle el oficio y pronto le relega tareas importantes como la de recoger las almas de los difuntos. Al principio, todo va más o menos bien, pero luego Mort debe cortar la vida de una princesa de la que se enamora y, entonces, es incapaz de matarla. Pero, claro, si La muerte debe llevarse a alguien no es por gusto, sino porque le ha llegado su hora y, cuando Mort decide salvar a la princesa, acaba originando un problema espacio-temporal de épicas proporciones. Por eso, Mort intentará resolverlo sin matar a la princesa y sin contar con La muerte, que está muy ocupada haciendo otras cosas y sumergiéndose en reflexiones de todo tipo.

Creo que, hasta el momento, Mort ha sido la novela de Terry Pratchett con la que más me he reído y que más me ha gustado, sobre todo porque está protagonizada por dos grandes personajes.

A La muerte ya le conocíamos, pues había aparecido en El color de la magia y La luz fantástica persiguiendo a Rincewind para sesgar su vida. Sin embargo, en Mort deja de ser un personaje secundario para pasar a primera línea y conocerle un poco mejor. Y es que Muerte tiene su mundo, su familia y sus aficiones como todo el mundo... aunque a su manera. De hecho, a lo largo de la novela se ahonda en su carácter y también en la gente que le rodea o, lo que es lo mismo, su hija Ysabell y su criado Albert.

La verdad es que me ha gustado mucho conocer mejor a Muerte, sobre todo una vez empieza a probar cosas nuevas y acaba divagando. Me he reído mucho con él y, aunque pueda sonar raro porque es La muerte y tal, me ha parecido adorable. ¿Cómo no va a serlo si le encantan los gatos y llama a su caballo Blinky? Pues eso.

El otro protagonista es Mort, al cual conocemos en esta entrega y cumple muy bien con la función de aprendiz que la caga y héroe-desastroso-en-ciernes. Sí, me he inventado el término, pero seguro que me habéis entendido. Y es que Mort es un chico normal y corriente, por mucho que sea diferente, sobre todo para aquellos que forman parte de su entorno. Por eso, el puesto de Muerte le queda grande y acaba liándola parda cuando quiere ayudar a una princesa de la que se ha enamorado.

Eso sí, a lo largo de toda la obra, Mort sufre una evolución impresionante y resulta tan entretenido como interesante ver cómo va cambiando y cómo intenta arreglar el desaguisado que ha provocado al salvar a la princesa.

De hecho, la trama de Mort es muy, muy entretenida. En cierta manera, me pareció más convencional que otras novelas de Mundodisco que he leído (El color de la magia está formado por cuatro aventuras independiente y Ritos iguales no tiene la típica de propuesta de x problema que solucionar, sino que trataba más del feminismo y de la relación de sus protagonistas) y como más directa: Mort crea un problema, que se debe solucionar para evitar un desastre aún mayor.

Además, todo el asunto de la muerte y el destino me ha resultado interesante, sobre todo la situación de la princesa Keli, que debería estar muerta, pero no lo está gracias a Mort y lo que eso provoca a su alrededor. Me resultó muy original, al igual que todo el mundo de La muerte: cómo trabaja, cómo es su entorno, cómo son las cosas desde su punto de vista...

Vamos, que Mort me ha encantado. Se ha convertido en una de mis novelas favoritas porque es original, divertida y tremendamente entretenida. Eso, sin contar con la pareja protagonista que no puede molar más.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Heima es hogar en islandés de Laia Soler.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Razones para... ser #TeamMichael

Sí, le he puesto un hashtag al título porque esta entrada va sobre Jane the Virgin y hay que honrar al gran Rogelio de la Vega con sus contantes hashtags y su llamada a las armas casi instantánea, como si fuera del Rayo.

Dicho eso, he decidido escribir esta entrada en lugar de hablaros de Supergirl, que era lo que tenía planeado porque he de aprovechar el momento. Y es que, aunque empecé comprando lo que los guionistas vendían, es decir, el romance épico entre Jane y Rafael, a medida que avanzó la serie me decanté por Michael. Como yo soy yo y siempre me pasa lo mismo, di por hecho que, de nuevo, shippeaba algo que no iba a terminar bien... pero ya no estoy tan segura.


Como os podréis imaginar, va a haber spoilers de esta segunda temporada de Jane the Virgin, así que leed bajo vuestra propia responsabilidad, ¿si? Bueno, pues durante este verano, los guionistas avanzaron que el triángulo se solucionaría en los cinco-seis primeros episodios de la segunda temporada y que la decisión de Jane sería la definitiva, aunque eso tampoco quería decir que lo fueran a tener fácil para estar juntos y ser felices. Así que, si fueron sinceros (que tampoco termino de creerme a esta gente cuando habla), Jane se ha decantado por Michael, que ella misma se lo dice a su madre, lo que a mi shipper interior la haría muy feliz.

Pero, como ya os he dicho, no me fío nada, encima me han roto el corazón con la última parte del último episodio y ahora vivo acojona de lo que pueda pasar con Michael. Porque le han dejado sin trabajo, Jane le ha dicho que aunque quiere no puede estar con él (¡maldito seas, Rafael, por llenarle la cabeza de mierda!) y ahora encima reaparece Nadine para llevárselo a punto de pistola. Ay, miedo, tengo miedo.

Esta era yo durante el final del último episodio de Jane the Virgin.

Así que voy a aprovechar que, de momento, Michael sigue vivo y siendo el de siempre, para dedicarle una entrada y, como bien dice el título, dar razones sobre por qué soy #TeamMichael en lugar de #TeamRafael.

1. Por Brett Dier

Yo siempre creeré que Brett Dier es el responsable del triángulo y de que Michael le dé mil vueltas al galán de la serie. Creo que tanto él como Yael Grobglas, que interpreta a Petra, conquistaron a los guionistas y por eso él dejó de ser un supuesto chungo (que al principio parecía hasta ser un poco el villano) y ella es un poco porculera, pero también muy humana. Vamos, que es uno de esos actores que ha conseguido que cambien a su personaje con su trabajo, algo como lo que pasó con Matt Czuchry en The good wife, que dejó de ser el villano para ser uno de los personajes más queridos.

Michael mirando a Jane = la viva estampa de la felicidad.

Además, aunque el muchacho no esté tan de buen ver como Justin Baldoni (Rafael) le da mil vueltas como actor, encaja en el tono de la serie a la perfección y vende muchísimo mejor la química con Jane.

2. Porque los flashbacks molan mil

Decía en el punto anterior que Brett Dier vende muchísimo mejor la química con Gina Rodriguez y es cierto. Rafael y Jane tenían un montón de escenas románticas que, sin más, pero entonces les dio por hacer flashbacks de la relación de Jane y Michael y entonces era imposible no morirse de amor: desde el día que se conocieron (¡con nieve y todo!) hasta cuando se van de acampada o, mi súper favorito, en el que se dicen “te quiero”, que es la monez hecha escena y, por eso, os la dejo aquí:


3. Porque las nieve los persigue

A ver, es que es nieve, ¿vale? Y en más de una ocasión. ¿Hay algo más bonito que la nieve? No, como bien dice una de mis diosas particulares, Lorelai Gilmore. Pero, vamos, que la nieve es lo más y gana de goleada a los pétalos que le cayeron cuando besó a Rafael.

Para mí hay una ecuación matemática que vendría a decir: nieve = one true love. Pues eso, que si se conocieron y pareció nevar, no hay vuelta atrás. Hay que shippearlos a muerte.

4. Porque Michael es amigo de Rogelio

Hasta bien avanzada la primera temporada, no mezclaron a Rogelio con Michael, pero entonces fue grandioso y lo sigue siendo. Estos dos tienen una amistad muy chula, Michael hasta se lo llevó para que se documentara en eso de ser policía (bendita paciencia que tiene el muchacho) y Rogelio, al igual que Xiomara, es #TeamMichael reconocido. ¡Y eso tiene que significar algo! Porque, quizás, los consejos de Rogelio no son los mejores, pero el tío tiene buen gusto (para algo está enamorado de Xo, que mola mil), es amigo de Gloria Estefan (y ahora de Britney Spears) e ideó la operación Macho Man que, vale, no estaba bien pensada, pero yo soy pava y me reía cada vez que decían eso de Macho Man.

Si hasta le hizo un diploma de detective, ¡eso es amistad, leches!

5. Por el cuaderno (y porque entiende a Jane mejor que nadie)

La operación Macho Man (recordemos: ideada por Rogelio de la Vega o, mejor dicho: #OperationMachoMan #byRogelioDeLaVega) consistía en que Michael tenía que pasar de Jane, callarse todo y hacerse el interesante para conquistarla. Eso sí, si tenía algún pensamiento, sólo tenía que escribirlo en un cuaderno (que no diario, eso era importante para Rogelio), algo que Michael hizo durante todo el episodio cada vez que veía a Jane, le preguntara ella algo o no.

Al final, Michael le regala el cuaderno con sus anotaciones y se demuestra que Michael es quien mejor conoce a Jane, ya que le escribe todo lo que Jane necesitaba oír y la ayuda a aclararse con todos los problemas que tiene. Y es que Jane siempre ha sido capaz de hablar y entenderse con Michael, no así con Rafael.

6. Porque ayuda a las Gloriana Villanueva hasta límites insospechados

A ver, no diré que Rafael no colabore, pero Michael ha estado ahí hasta en los momentos en los que Jane acababa de dejarle y estaba fatal. Siempre les ha ayudado en todo lo posible, sin echarlo en cara o apuntarse el tanto, sólo ha ayudado y fue el primero dispuesto a jugarse la placa por recuperar a Mateo.

7. Porque está siendo sincero y honorable

A lo largo de esta segunda temporada Michael ha hecho gala de una honestidad brutal, que hasta podía jugar en su contra. Cuando Petra le enseña la fotografía de Rafael besando a Jane, aunque le duele, no hace nada y luego, de hecho, es a quien se le ocurre que Petra es la responsable de que Jane encuentre tirada la nota que le había dado a Rafael con las instrucciones para cuidar a Mateo.

Incluso en este último episodio, tras dejarse llevar por el cabreo y sacudirle a Rafael, vuelve a la comisaría para averiguar si tenía razón y, al ver que no es Rafael, tarda cero coma en contárselo a Jane y en aceptar su decisión de no estar juntos por el bien de Mateo. De hecho, esa escena me dolió en la patata con los dos sufriendo, entendiendo al otro y preocupados por Mateo. Jolín, es que fue muy triste.


Pues lloremos todos, ¿no?

Eso sí, como en el fondo soy hasta un poco positiva, la escena me da la sensación que es la confirmación de que van a tirar en serio por el Jane/Michael porque no montas ese drama, ni ese angst en una pareja, si sólo es el otro, no el endgame.

8. Porque Rafael puede ser un poco (bastante) gilipollas

Sé que toda esa parte de Rafael haciendo daño a Jane y alejándola de él se debía a que él pensaba que hacía lo mejor, pero la cuestión es que lo hizo. Por eso, me sentó como una patada en el estómago que en este último episodio chantajeara emocionalmente a Jane y la hiciera sentir fatal diciéndole que ella estaba destrozando su familia. ¿Perdona? Jane se quedó contra viento y marea, se quedó a pesar de que no terminaban de conectar como pareja, pero él la largó. Que apechugue, coño, y acepte el mea culpa, en lugar de culpar a Jane.

Rafael: "You are throwing again our family."
Yo: Vete un poquito a la mierda ¬¬U

Además, siempre ha dado la sensación de que Jane y él estaban a kilómetros de distancia, como que nunca se ponían de acuerdo en las cosas importantes y él siempre acaba echándole cosas en cara a Jane, como que no se casara con él, cuando no llevaban nada saliendo.

9. Porque, según el narrador más épico de todos los tiempos, Michael querrá a Jane hasta el día en que muera

Esa frase, en su día, me resultó tan bonita como inquietante, más que nada porque me dio miedo que decidieran cargarse a Michael cualquier día y aún sigo temiendo que le pase algo al perseguir a Sin Rostro. Sólo espero que sean paranoias, ya que Jane the Virgin es ante todo una comedia bastante amable, pero con la suerte que tengo no sé yo... Eso sí, quedémonos con lo importante y es que Michael siempre querrá a Jane. Ay, qué bonito.

10. Por el denominado “The most epic kiss EVER”

Escenón del quinto episodio de esta temporada, que no necesita ni introducción, ni razones, sencillamente disfrutad de su molonidad:


Soy muy fan de ese beso. MUY fan.

No further questions, your honor. Vamos, que no hay más que añadir a por qué soy #TeamMichael. Sólo espero que no me hundan la vida con el ship, que eso me suele pasar muy mucho. Quiero decir, que en Agents of Shield soy Skyeward y eso que está más difunto que Tutankamón. Y con eso lo digo todo, ¿verdad?

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Karma is a bitch

Primer martes sin ración de Faking it y ya echo de menos a los chicos del instituto Hester, así que espero que vuelvan de sus vacaciones pronto. Lo bueno es que nos han dejado atrás una segunda temporada de veinte episodios que ha dado para mucho.

Y es que esta segunda temporada ha sido grandiosa. Le han cogido el tono a la serie y ha sido mucho más divertida que antes, incluso han aprovechado algo más el curioso mundo al revés que es el instituto Hester y nos han demostrado que Amy, Lauren y Shane son los que se llevan la serie de calle sin ningún problema, dejando a Liam como un comodín y a Karma como alguien que la mayoría del tiempo es una dramas sin interés.


Pero vayamos un poco por partes.

Porque tengo que reconocerles que, aunque Liam nunca será mi personaje favorito, al menos han hecho un buen trabajo con él. No sólo se entendían sus decisiones, sino que curiosamente funciona muy bien con Amy. Los episodios en que deciden juntarlos, suele ser un buen contrapunto, sobre todo porque Amy suele enloquecer cuando tiene trama con Liam, como cuando va a verle a su casa en plena fiesta y la lía parda.

Quizás sus rollos sentimentales no interesan demasiado, pero alejado de Karma ofrece cosas más interesantes: su amiga Zita es un buen personaje (muy fan de que Donna Ladonna de The Carrie diaries vuelva a una serie) y la relación con la hermana de Shane (que es Paige de Pretty Little Liars, así que flipo mucho) sirvió para tensar las cosas con su mejor amigo. Vamos, que, sin ser nada del otro mundo, Liam gana muchísimo cuando se olvidan de ese ni contigo, ni sin ti que lleva manteniendo con Karma desde la primera temporada.


Además, han seguido desarrollando a su familia, ese mundo Booker, por lo que sabemos que es el hijo de su supuesta hermana y, desde entonces, anda buscando a su padre. En el final de temporada, Zita lo encuentra, así que a ver qué nos depara el tema.

Sólo les pido que se olviden un poco de su relación con Karma, porque de verdad es muy cansina. Bueno, la verdad es que Karma en general lo es. De acuerdo que su situación ahora mismo no sea la mejor, con sus padres arruinados, pero no es la única que tiene problemas y sí la única que va penando y llamando la atención desesperadamente.

No es que Karma actúe con maldad, sino que es tan sumamente egoísta que nunca se percata de nada de lo que pasa alrededor, ni de lo que provocan sus actos. En esta segunda mitad de temporada lo hemos visto más que nunca. Vale, su situación no era sencilla con sus desastrosos padres alquilando su casa para conseguir dinero y habiéndose enterado de lo que Amy y Liam quisieron ocultarle, pero aún así Karma resultaba insoportable. No sólo mareó hasta decir basta a Liam, usando el engaño como comodín cada vez que le venía en gana, sino que no ha tenido en cuenta los sentimientos de nadie, en especial los de Amy.


A pesar de saber que Amy tenía sentimientos por ella, que sigue confusa con respecto a su sexualidad y que gracias a ella tiene problemas con Reagan, Karma se ha estado aferrando a ella como tabla de salvación. ¿Qué no quiero ir al baile con nadie? Pues voy con Amy. ¿Qué me encuentro sola? Pues hago que Amy esté a mi lado.

De hecho, es curioso como Karma ha intentado socavar todas las relaciones de Amy con gente que no es ella: Reagan, su padre y, sobre todo, Felix. Es cierto que en los dos primeros casos tenía razón: Amy no debía fingir ser algo que no sabía si era sólo para contener a Reagan y la relación con su padre era complicada para ella (aunque al final se arregla bastante), pero no deja de ser curioso como intenta alejarla de toda relación nociva, cuando en estos momentos la más hiriente para Amy es la que mantiene con ella.

Eso sí, el boicot a la incipiente relación de Amy con Felix no tiene perdón, al igual que su comportamiento durante el tramo final: cabrearse con Amy por besar a a Felix, el trío, desfasarse a propósito, el beso en la piscina... Todo, absolutamente todo, ha sido para herir a Liam y llamar la atención de Amy, sin importarle lo que eso podría hacerle a ambos dos. Y encima no tuvo la honestidad de Shane, que nunca ocultó que quería fastidiar a su amigo porque éste se había liado con su hermana.


Por eso ha sido justicia cósmica que en verano se haya quedado sola: Liam no quiere ni verla, harto de sus juegos, y Amy ha decidido marcharse para poder aclararse y olvidarse de sus sentimientos por Karma. Aunque a ella las razones de Amy, como siempre, se la han traído al pairo y, en lugar de admitir que Amy necesita alejarse, ha preferido montarle la escena y hacerle chantaje emocional. Ay, Karma, Karma, qué irónico tu nombre y qué poquito aprendes de tus errores. Porque Karma ha terminado donde empezó la temporada: pagando el precio de sus juegos y mentiras, de sus acciones.

En serio, necesitan hacer algo urgente con Karma porque, salvo en contadas ocasiones, resulta un personaje bastante odioso.

Es curioso, de hecho, como la supuesta mejor amiga es insufrible y como la que inicialmente era la zorra de la serie ha terminado siendo uno de los apoyos de Amy. Lauren tiene mal genio, es muy brusca e irónica, pero es mucho más madura que Karma y también mejor persona. Quizás no es una persona fácil, pero ha estado al lado de Amy, llegando incluso a ocultarle a su padre la infidelidad de su esposa sólo porque Amy se lo pidió.


Ha sido muy bonito ver como a pesar de que discutan y se gruñan, Amy y Lauren se quieren y quieren permanecer juntas. Al igual que lo ha sido ver como se ayudan la una a la otra cuando la ocasión lo requiere: Lauren nunca ha juzgado ni presionado a Amy y ésta no dudó en ayudarla en su loca venganza contra Theo, escenón impagable de Lauren creyéndose -A, por cierto.

También es curioso el hecho de que Lauren haya sido el personaje que apenas ha hecho daño a nadie con sus acciones. Sí, estando cabreada jodió a Theo, pero había sido traicionada y luego, a pesar de estar enamorada de él, renunció a su relación para no costarle el trabajo y porque el tipo de relación que tenían no era suficiente para ella. Ni siquiera cuando le daba un arrebato de los suyos, lograba hacer nada que hiriera a nadie, ni a sí misma. Hasta fue ella quien salvó al instituto Hester, así que espero que el karma le traiga algo bueno a la pobre porque, jolín, menuda racha entre la traición de Theo, luego tener que dejarle y al final descubrir que Tommy no quería acostarse con ella por ser intersexual.


Desde aquí exijo que le pase algo bueno a Lauren porque lo merece, leñe.

Al igual que Amy lo merece, que ha sido otra que en esta segunda mitad ha ido de un problema a otro: tras el cabreo de Karma, llegaron los problemas con Reagan que no quería estar con nadie que tuviera dudas sobre quién era, luego los problemas familiares y al final la vuelta de sus sentimientos por Karma, con el dolor que implicaba.

Amy en estos momentos sólo sabe que no sabe nada. No tiene claro si es hetero, lesbiana o bisexual, sólo que sigue enamorada de Karma y eso es malo para ella. De hecho, aunque Karma no la ha presionado para elegir, como sí hizo Reagan, tampoco ha ayudado con sus planes y su constante presencia. ¿Cómo va a poder Amy olvidarse de Karma y ser su amiga si ésta no le da ni un mísero instante de calma?


De hecho, en el momento en que estaba empezando algo bonito, algo con lo que se sentía bien aunque no supiera exactamente qué era, va Karma y se lo boicotea. Me refiero, claro está, a Felix, que espero que vuelva porque, de lejos, ha sido el pretendiente que más me ha gustado para Amy. Reagan me caía bien, pero, no sé, Amy y Felix tenían una química estupenda y el chico era un amor. Además, no es el típico chico, ni es perfecto (es alcohólico, de ahí la estrecha vigilancia de su padre), lo que es marca de la casa.

Encima, ha encajado muy bien en la serie, en ese grupo de amigos... o amienemigos en el caso de Shane con Lauren o enemigo en el de Shane con Karma, es que Shane es inteligente, de ahí que no la soporte. Bueno, la cuestión es que Felix mola mucho él como personaje al igual que como pretendiente de Amy: el arco del baile de fin de curso con ella fue muy bonito y el muchacho ha tenido escenas hilarantes como cuando entretiene a su padre en ese episodio tan homenaje al Club de los cinco.


Es decir, que espero que Felix repita en la tercera temporada (al igual que Zita, por cierto) y que le den más cancha a su relación con Amy porque, sí, les shippeo del todo.

¿Y quién se iba a imaginar que a estas alturas iba a querer a un chico para Amy cuando todos dábamos por hecho que era lesbiana? Estupendo giro de los guionistas, que hablan del sexo sin tapujos y que saben perfectamente cuáles son los dilemas de sus personajes y que intentan alejarse de etiquetas como bien han demostrado con Amy, que sigue intentando aclararse. ¡Y sin resultar repetitivo, increíble!

Vamos, que no puedo ser más fan de Faking it, que sigue siendo una de las mejores series juveniles y más originales. Ay, qué larga se va a hacer la espera hasta que los chicos del Hester vuelvan.

Y, ah, sí, e insisto como Matías Prats: ¡traed a Felix de vuelta en la tercera, por fa, por fa!

lunes, 9 de noviembre de 2015

Las puertas de Anubis

Hoy os traigo la reseña de una novela de la que no había oído hablar hasta que El ministerio del tiempo llegó a nuestras pantallas con su grandeza y es que Javier Olivares (que creó la serie junto a su hermano) la mencionó como una de sus inspiraciones. Y, claro, me picó el gusanillo y acabé pillándome el libro por mi cumpleaños. ¿Y de qué libro estoy hablando? Pues de Las puertas de Anubis de Tim Powers, un locurón de novela de los grandes.

En 1983 Brendan Doyle deja Estados Unidos para viajar a Inglaterra donde le está esperando el señor Darrow, un multimillonario aquejado de una grave enfermedad que necesita a un experto en el poeta Samuel Taylor Coleridge. Lo que el señor Darrow quiere es organizar un viaje para un reducido grupo de personas interesadas en el poeta y, por eso, necesita a Doyle con sus conocimientos. Ahora bien, esa excursión guiada es al pasado, exactamente a 1810 para acudir a una conferencia que Coleridge impartió en una taberna.

Doyle, a priori, no cree las explicaciones científicas de Darrow sobre los viajes en el tiempo, pero acaba aceptando el trabajo... y viajando a través del tiempo. Sin embargo, lo que en principio parece un sueño hecho realidad, se tornará una pesadilla cuando, en el pasado, Doyle sea secuestrado por un hechicero y, tras escapar, acabe perseguido por todo tipo de personas (incluido un tenebroso payaso que controla los mendigos de Londres, hechiceros egipcios e incluso un peludo asesino en serie), mientras intenta ya no sólo volver a su tiempo, sino sobrevivir a todo lo que le va sucediendo.

Como ya he dicho al principio, Las puertas de Anubis es una de las novelas más locas que he leído nunca, ya que mezcla géneros como nadie: desde un Londres más propio de Dickens, hasta ciencia-ficción y magia, pasando por aventuras, amor y todo tipo de seres a cada cual más peculiar, incluso también personajes históricos reales como Lord Byron.

Eso sí, Tim Powers mezcla esos elementos tan dispares con maestría, por lo que todo tiene sentido y encaja perfectamente. Ya sea la secta egipcia, que el payaso, que esa especie de hombre lobo, todo resulta creíble dentro de ese Londres tan particular y no sobra nada. De hecho, ni siquiera resulta excesivo y eso que Tim Powers nos ofrece una cantidad ingente de aventuras, personajes, desgracias y paranoias espacio-temporales.

De hecho, una vez Doyle acaba en ese Londres de 1810, Las puertas de Anubis se vuelve un poco denso, ya que debe presentar todas las fuerzas que manejan la ciudad, peor enseguida se recupera y sigue con su ritmo acelerado. Porque en esta novela no te vas a aburrir, la acción nunca falla y el pobre Doyle parece estar viviendo Una serie de catastróficas desdichas, porque le pasa absolutamente de todo y, claro, nada bueno, se entiende. Precisamente por eso, aunque Doyle es un llorón, tampoco molesta, ya que se comprende muy bien tanto su angustia, como que, mientras hace todo lo posible por sobrevivir, también tenga esos momentos de penar. Como para no con todo lo que le pasa al pobre.

La verdad es que Doyle es un personaje muy completo y con un gran recorrido que le hace evolucionar a lo largo de toda la novela. Es impresionante lo que le va curtiendo tanta aventura. También me gustó mucho lo sumamente humano que me resultó: se emociona con la posibilidad de conocer a su héroe, se asusta, tiene limitaciones, pero aún así siempre sigue hacia adelante.

En lo que respecta a los otros personajes, la galería es amplia, pero todos están muy bien dibujados, son muy particulares y únicos. Horrabin, Fikee, Romanelli, Lord Byron... Todos los personajes se quedan en tu memoria, lo que ayuda sobre todo al principio cuando empiezas a conocerlos, por lo que no te pierdes. Eso sí, si me tengo que quedar con un personaje, sería Jacky, de quien no voy a dar más detalles porque Las puertas de Anubis debe leerse sin saber demasiado, dejar que Tim Powers te sorprenda con sus giros.

Lo que sí puedo decir es que el estilo de Tim Powers es muy efectivo. Al principio, me resultó algo pesado, pero en el segundo capítulo ya estaba encantada con sus diálogos, su forma de narrar y lo sumamente bien que ambienta las escenas. Las calles de Londres parecen sacadas de una novela de Dickens, aunque también tiene otras escenas de lo más inquietantes y las de acción están muy conseguidas.

Además, todo el entramado que monta me parece muy, muy original. Nunca había leído nada así, ni tampoco nada de Tim Powers, así que no dejé de sorprenderme y me lo pasé pipa con el libro. Es decir, que lo recomiendo mucho, aunque también creo que, si lo tuyo no es la fantasía, Las puertas de Anubis no es tu novela.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Mort de Terry Pratchett.