jueves, 28 de abril de 2016

Los aciertos de Supergirl

La semana pasada se acabó la primera temporada de Supergirl y yo ya la echo de menos porque, si empezó bien, ha ido yendo a más y ahora adoro ese pequeño universo formado por Kara y sus allegados. Porque a lo largo de los veinte episodios de la temporada han ido limando aquellas cosas que no funcionaban y dando cancha a las que lo hacían desde el principio, haciendo de Supergirl una serie muy, muy disfrutable.

¿Qué es la serie perfecta? Pues no, no es el caso, ya que, al menos en mi opinión, hay un elemento que no funciona y al que le dan demasiada cancha. Pero, bueno, una cosa mala no eclipsa todas las cosas buenas, sobre todo porque son muchas e importantes.

Y es que hay algo que distingue a Supergirl de sus primas hermanas, las series de la CW. Bueno, en realidad con quien tiene cosas en común es con The Flash, ya que ambas tienen sentido del humor, aventuras y son mucho más dinámicas que Arrow, que la pobre está un poco estancada. De hecho, Kara tiene muchas cosas en común con Barry Allen: desde lo adorables que son sus actores y lo comprometidos que están con sus personajes, hasta el tipo de héroes que son. Por eso fue todo un acierto el que decidieran juntos, aprovechando la teoría de los multiversos que está siendo tan importante en The Flash esta temporada.


Esperemos que Melissa Benoist les devuelva la visita en The Flash, aunque sea como un doble de la Kara que nosotros conocemos y amamos.

Pero, bueno, a lo que iba y es que la gran diferencia que ha tenido Supergirl es la importancia de mostrarnos todas las facetas de Kara, incluido el amor y dedicación que le procesa a su trabajo. Porque, sí, sabemos que Barry es un científico forense, pero generalmente es algo que usan más como excusa para el metahumano de la semana, que algo a lo que le den cancha.

Sin embargo, en Supergirl hemos visto a Kara hacer malabarismos entre su rol de superheroína y de trabajadora, lo que ha sido un enorme punto a su favor. En parte, porque cualquier escena ambientada en Cat Co molaba lo suyo, ya que el trío Kara-Cat-Winn funciona muy, muy bien cualquiera que sea su combinación y lo que estén haciendo. Además, Cat Grant ha sido el personaje revelación de la serie. Podía haber caído perfectamente en ser la Meryl Streep de El diablo viste de Prada y, aunque sí que tiene esos rasgos de ser una déspota con sus empleados, es muchísimo más.


Porque Cat Grant es una mujer compleja con muchísimas caras y las mejores frases de la serie; además, Calista Flockhart no puede estar ni más cómoda, ni más inmensa en el papel, siendo una diva de las grandes, de esas que es muy fácil amar. Porque Cat también ha sido una buena persona, alguien muy humano y, curiosamente, un gran apoyo tanto para Kara como para Supergirl, eso contando con que ya no sospeche más que son la misma persona, que con Cat nunca se sabe.

Pero además Cat, también ejemplifica junto a Kara y Alex, lo que más me ha gustado de Supergirl: ese aire feminista, que rompe muchos tópicos. Cat es la dueña de Cat Co, es una profesional que sabe sacar ventaja y una gran empresaria, mientras que Kara ha ascendido en  Cat Co y Alex es la badass del grupo. Quizás el rol de Kara es más típico, mientras que los de Cat y Alex suelen ser reservados para personajes masculinos, pero eso no quita que Supergirl sea una serie donde ellas rompen la pana y es de agradecerse.

De hecho, hasta Lucy Lane, que no es un personaje regular, también ha sido importante y ha acabado dirigiendo el DEO. Que, por cierto, espero que se la queden porque es un personaje muy interesante y podría dar muy buenos momentos al trabajar con Hank/J’onn ahora que van a dirigirla juntos.

Y esa ha sido otro de los aciertos de Supergirl: el desarrollo de todos los personajes. Puede que Kara sea la protagonista y el corazón de la serie, pero los guionistas se han molestado en dar profundidad a todos los personajes y dotarles de su propio bagaje. De hecho, así fue como el personaje de Hank ganó muchísimo. Al principio, siendo el misterioso hombre de los ojos rojos, resultaba muy soso, pero cuando se supo su verdadera historia todo cambió y el personaje funcionó muchísimo mejor. Desde lo triste de su pasado, hasta los problemas y dudas que le generaba el ser el último marciano, pasando por la relación con las hermanas Danvers, que ha tenido muchísimo corazón.


Curiosamente, los malos de la temporada tenían que ver con la familia de Kara, pero tanto su tía como su tío resultaron muy descafeinados y bastante olvidables. Sin embargo, la parte con su familia de acogida, incluido Hank, sí que funcionaba bien. Era muy fácil sufrir junto a Hank cuando Kara lo odiaba y también hacerlo junto a Alex, que tenía ese secreto que la estaba matando, pero que Hank le pedía que guardara por su propio bien.

Precisamente por lo bien que ha funcionado eso, también por lo importante que ha sido la relación entre las hermanas Danvers, no me extraña ese giro de cara a la segunda temporada (que tienen que hacer sí o sí) que nos revelaba que el señor Danvers sí que estaba vivo, pero preso. ¿Qué se veía venir? Desde el momento en que te hacen creer que Hank lo mató, aunque eso no quita que pueda ser algo que mole. Además, sería muy bonito que Alex lograra recuperarlo, sobre todo porque parte de sus motivos de estar en el DEO es honrarle.

Habrá que ver en qué queda esto y, sobre todo, las aventuras que le depararán al equipo Supergirl y a los trabajadores de Cat Co. Espero, ya puestos, que Maxwell Lord regrese, pero como el personaje que hemos visto al final de temporada.


Y es que el señor Lord me ha provocado sentimientos encontrados: por un lado, me gustan los personajes impredecibles y con una moralidad dudosa y creo que alguien así es necesario, sobre todo porque todos los personajes de Supergirl son muy buena gente. Pero, por otro, es que el tío puede ser súper repelente, sobre todo cuando ataca a la pobre Kara. Por eso, cuando al fin comprende que Kara no es un enemigo a batir y ha trabajado junto a ella, ha molado mucho. Encima, hay que admitir que Peter Facinelli y Chyler Leigh funcionan muy bien juntos y tienen una química impresionante.

Otra cosa curiosa, ya que tampoco parece que los guionistas estén muy preocupados de ir por esos terrenos parejiles, pero llevan veinte episodios intentando meternos el Kara/James por los ojos. Pues tengo una mala noticia para vosotros, guionistas: NO funciona, asumidlo de una vez.


Yo no sé qué clase de problema tienen en el trío de series DC de Greg Berlanti, pero no dan ni una con la pareja principal: Oliver Queen no funcionaba con Laurel Lance, al igual que Barry Allen tendrá química con una piedra pero no con Iris West, que es lo que pasa en Supergirl. Melissa Benoist funciona perfectamente con cualquier actor que le pongas al lado, salvo con Mehcad Brooks. Todas las escenas de Kara y James no sólo resultan sosas y aburridas, sino que dan la sensación de ser dos escobas hablando y no dos personas que se atraen.

Además, es que James Olsen me cae fatal, porque cumple con todos los requisitos para ser un petardo del quince: no pinta nada en el equipo y tampoco tiene ninguna utilidad; es don moralinas, alguien que siempre tiene que dar discursos y lecciones de moral, aunque sean estúpidos (lo de ofenderse porque la DEO tiene preso a Maxwell Lord tras todo lo que éste hizo fue para pegarle repetidamente en la cara) y encima es un galán de mierda sin un poquito de decisión.

En serio, es bastante insultante que, gustándole Kara, volviera con Lucy y que tuviera que ser ésta quien le dejara en primer lugar y luego le empujara hacia Kara. Hijo, James, ¿no tienes sangre en las venas o qué? Porque, vamos, para jugar a dos bandas con Lucy y Kara no perdías la oportunidad tampoco.

Vamos, que tanto Lucy como Kara se merecen alguien mejor y espero que corten de raíz la pareja porque, por más que lo intenten, no funciona.


De hecho, a mí siempre me ha parecido que Melissa Benoist tenía muchísima más química o con Blake Jenner que interpretó al hijo mayor de Cat (vale, es su marido, como para no) o con Grant Gustin o con Jeremy Jordan, que es Winn. En serio, Winn sería un novio mucho mejor para Kara, porque ha demostrado ser útil, un amor y no ha dudado en ayudarla, aunque estuviera en un mal momento.

Además, Winn también tiene una historia complicada detrás con su padre, el psicópata, y lo ha pasado fatal, el pobre, porque entre vivir la friendzone y todo lo que le pasó con Siobhan, menudo percal ha tenido. Encima, Winn sí que tiene habilidades y ha colaborado puntualmente en el equipo y con éxito. Vamos, que soy Team Winn a saco y que espero que en la segunda temporada (que, de nuevo, tiene que encargar la ABC sí o sí) decidan sacar a Winn de su papel de amigo y que sea un interés amoroso de verdad.

Vamos, que la primera temporada de Supergirl me ha encantado y ha sido una de las series que más ganas tenía de ver, así que espero que nos den una segunda temporada para seguir disfrutando de Kara, Cat, Alex y los demás.

¡¡Y para saber qué narices hay en la nave del final!!

martes, 26 de abril de 2016

El ministerio del Tiempo 2x09 - Óleo sobre el tiempo

Tras dos semanas que se han hecho muy largas, El ministerio del tiempo ha vuelto del parón con sus últimos cinco episodios de temporada y lo ha hecho con un episodio donde Velázquez por fin participaba en una misión de forma activa. Yey. Y, vamos, ha sido un episodio genial, así que no me voy a andar con coñazos y empiezo ya con el análisis:

La acción arranca en el Alcázar de Madrid en 1734, donde la reina Isabel de Farnesio intenta acostar a su marido, Felipe V, que está empeñando en que su camisa de dormir está envenenada. La mujer lo logra, su alteza se acuesta y entonces, cuando le dejan a solas, un trío de personas ataviadas de negro, en plan ladrones molones, dejan al rey grogui, aunque él logra verles. Cuando el rey queda inconsciente, los recién llegados cambian algunos cuadros de la habitación y acaban quitándose las máscaras, por lo que vemos que es Lola, que está tan contenta con el hecho de robarle los cuadros a un rey.

Isabel de Farnesio: Buenas noches, hasta mañana, los Lunnis y su alteza se van a la cama.
Felipe V: Jo, yo hoy quería escuchar Los tres cerditos.

En el presente, la patrulla vuelve de su misión en Sitges en 2010, cuando Amelia les dice que es el santo de su padre y tiene que irse corriendo. A Alonso le sorprende que Amelia se haya saltado la cita que tenía con él, ya que no es propio de ella, mientras que a Julián le sorprende que queden a menudo. Alonso le cuenta que solían quedar con Pacino a hacer cosas modernas y yo me acuerdo de Pacino y quiero llorar.

Por su parte, Velázquez nos tiene una crisis de identidad ministérica y decide dimitir, pero Angustias le vacila como ella acostumbra, ya que lo ha intentando otras siete veces. Velázquez le dice que está harto de ser un chupatintas, que quiere crecer como artista... cuando le llega una notificación al móvil: un hombre ha colgado una foto con uno de sus cuadros. ¿El problema? Que dicho cuadro se quemó en el incendio del Alcázar de Madrid de 1734.

Velázquez tarda cero coma en irle con el cuento a Salvador, que se sorprende al ver que Velázquez se ha enterado de ese pequeño misterio, aunque tampoco parece sorprenderse al saber que tiene un alarma en su móvil que le avisa de cuando le buscan en Internet. Oh, Velázquez, érase un hombre a un ego pegado.

Total, que para saber qué está ocurriendo con exactitud, ya que sospechan que se tratan de traficantes de arte intertemporales, hay que mandar a alguien al Alcázar justo antes del incendio. Velázquez se ofrece como unas veinte veces, pero Salvador le dice que no con ese tono de padre cansado de su hijo pesado. Sin embargo, como andan cortos de personal e Irene se ha ofrecido tanto a ir ella como a que él la acompañe, pues Velázquez acaba yendo de misión, tan contento él.

 Velázquez: Jo, jefe, venga, venga, déjame ir, por fa, por fa, ¿puedo ir? Anda, di que sí, por fa...

Salvador: Que no... Hay que ver, este es más insistente que el niño de La momia... ¿Estaría bien que le hiciera lo del cuchillo y la mano? Mmm.

En 1734, Lola está trabajando con los de Darrow para robar los cuadros quemados, cuando se queja de que les falta un hombre y espera que Walcott mejore pronto. Sin embargo, uno de sus compañeros le informa de que eso no va a ser posible. Esperad, ¿desde cuándo está Walcott enfermito?

Amelia, por su parte, regresa a su casa y la criada la pilla con unos pantalones. Amelia intenta que la criada no comparta la noticia con su madre, pero ésta huye espantada. Y no es lo único incómodo, ya que el padre de Amelia se empeña en que la criada, Enriqueta, se quede a tomar el postre con ellos porque, claro, también es su santo. Uh, llamadme desconfiada, pero el señor Folk o bien se está tirando a la criada o tiene intenciones de ello. Por si Amelia no tenía suficiente con semejante incomodidad, su madre le comenta que hace mucho que no recibe carta de Julián. ¡Pero dejadme a la pobre Amelia en paz!

Más tarde esa noche, cuando Enriqueta le lleva la leche de antes de dormir, ésta le pregunta que como puede tener prometido si lleva pantalones. Amelia le explica que una cosa no quita la otra y también le regala algo por su santo, por lo que Enriqueta le da las gracias y le dice que su prometido volverá pronto y le dice que cuando encuentras al hombre que quieres, lo sabes. Nada, todos hurgando en su herida, ¡qué alguien tenga compasión!

Amelia (pensando): Dientes, dientes... ¿Pero van a dejar de echarme sal en la herida? ¡Qué estoy muy confusa y echo de menos a Pacino y en mi época no puedo ver Dawson Crece para saber qué hacer en estos casos!

En la actualidad, Julián está cenando con Alonso en sustitución de Amelia y éste último presume de lo que ha cocinado. Si es que se confirma mi teoría de que era el chacho de Pacino y de que ve a Arguiñano. Ahora no dejo de visualizar a Alonso dándolo todo en Masterchef y me parece tan molón, que deberían hacer un especial en la web de RTVE y lo sabéis todos. Bueno, que me enrollo, al final Alonso le dice a Julián que quería hablar con Amelia porque quiere oír su opinión porque es mujer.

Julián se lo toma con humor, sobre todo cuando tiene que coger el teléfono de Alonso y es Elena. Julián ayuda a Alonso a que hable en plan moderno con ella, mientras el pobre Alonso pone unas caras de acojono súper graciosas (tío, que fuiste el Cid 3.0., ¡tú puedes con ello!) y acaba quedando con ella. Julián le toma el pelo porque Alonso le había negado que su problema venía a raíz de una mujer y, de paso, tras ponerle al día, le dice que no quería contarle nada para no remover sus heridas. Jo, si es que Alonso es lo más adorable del mundo.

En el ministerio, mientras, Irene está preparando la misión con Velázquez. Se van a hacer pasar por un matrimonio de indianos que han amasado una gran fortuna en América y van a visitar al rey para cambiar un cuadro de Velázquez por un título nobiliario. A Velázquez la idea no le mola, ya que no quiere que le roben otro cuadro, así que propone llevarle un queso gigante a la reina que, al parecer, la llamaban La parmesana porque le encantaba el queso. A Irene el nuevo plan no le convence lo más mínimo, así que le ordena a Velázquez que se presente con el cuadro y punto.

Así lo hacen al día siguiente, cuando cruzan la puerta hacia 1734 con el cuadro y un poco de parmesano, por si acaso. Irene, por cierto, está contentísima de la vida y, de hecho, está como en su salsa, ahí, haciendo de adinerada.

La viva estampa de la felicidad.

Total, que se reúnen con la reina Isabel de Farnesio, que se muestra entusiasta sobre Velázquez y su arte, así que, claro, como era de esperar, Velázquez se viene arriba con el tema y se hace fan de la reina. Irene corta el tema de raíz y se las apaña para que la reina les permita darle el lienzo ellos mismos al rey, por lo que pueden pasar a su estancia. La reina les advierte que el rey sufre de, ojo al dato, "vapores melancólicos que le empañan el espíritu". Esta va a ser mi nueva excusa para todo y, por su puesto, la razón de que tanto el rey, como yo cuando me convenga, estemos así es del ADN y lo sabemos todos.

Cuando le ofrecen el lienzo a Felipe V, que está desvariando sobre ánimas en el Alcázar que destrozan cuadros, Velázquez se fija en que varios de los cuadros que hay en la estancia son falsificaciones.

Mientras estos dos están de misión, Alonso se reúne con Elena, que claramente está interesada en él. Algo súper comprensible, por otro lado. El pobre Alonso sigue acojonado perdido mientras flirtea (o lo intenta), aunque gana puntos cuando le explica a Elena que la defendió porque no soporta que ataquen a una dama. Elena le da las gracias, también un besito, le dice que es lo más raro que ha encontrado y que quiere salir con él, pero sólo si él quiere.

Momento: ¡pardiez, que me ha besado, voy a entrar en modo pánico!


Por otro lado, en Houston en la actualidad, Lola visita a Walcott, que tiene muy, pero que muy, mala pinta. Lola sólo va a saber qué tal está, pero Walcott le dice que lo va a hacer todo público y que su mujer tiene los documentos que prueban que la radiación le está matando, la radiación del sistema de teletransportación. Walcott le avisa a Lola que un día empezará a sangrar, que luego se le caerán mechones de pelo y entonces sabrá que ese día tiene razón. Walcott también le pide que viaje al pasado para destruir a Darrow y salvarlos a todos.

 Walcott: Un día vas a empezar a sangrar y vas a ver que tengo razón y estás enferma.

Lola: No me jodas, que ya pasé por eso en un internado al que fui y no mola nada.

Hostia, tú, yo esto no lo había visto venir. ¡Qué fuerte, qué fuerte! Que, por cierto, el karma es muy malo. Si al final Walcott iba a estar mejor en el castillo de Toledo que lucrándose a base de robar arte y putear al Ministerio.

Después, Lola va a ver al Darrow Jefazo para pedirle que le asigne más gente a su misión y, de paso, le informa de lo que Walcott le ha dicho. El Darrow Jefazo dice que sus teorías no tiene fundamento y que el cáncer le ha afectado al cerebro. Tío, que le has provocado tú el cáncer, ten un poco de lo que hay que tener.

De hecho, prácticamente después el pobre Walcott la palma entre terribles sufrimientos, por culpa de esa radiación de nada, menor que la de una radiografía.

En el Alcázar, Irene y Velázquez tienen que hacer el paripé de matrimonio, así que tienen que dormir juntos. Deciden observar las obras que aún no han cambiado, aunque a Velázquez le duele el que, para una vez que tiene una misión, ésta consista en quemar sus propios cuadros en lugar de salvarlos. Irene le recuerda el propósito del Ministerio y Velázquez dice que lo comprende, pero que este caso es distinto porque: ¿qué habría de malo en dejar esos cuadros en museos para ser vistos? Pues yo estoy con Velázquez, ¡salvemos los cuadros! Total, que dejen que se quemen las copias y salvan los buenos.

Mientras Velázquez está diciendo eso, los hombres de Darrow gasean el Alcázar, así que los dos se quedan dormidos. Al día siguiente, el pobre Velázquez amanece sobre Irene, mejor dicho, su cara sobre el chirri de Irene y el pobre se pone todo violento. Sin embargo, Irene se hace cargo de la situación y, mientras él va a comprobar los cuadros que quedan, ella pide ayuda.

Resacón en el Alcázar.


Ernesto y Salvador, entonces, ponen al corriente a la patrulla para que vayan a echar una mano. A Amelia no le mola nada eso de colaborar con Felipe V, ya que mandó sitiar su ciudad durante un año y la bombardeó. Amelia también dice que en ese año Felipe V no importaba, que era su mujer la que se encargaba de todo y Salvador tiene que explicarles que básicamente el rey estaba como una cabra.

Así que los tres se reúnen con Irene y Velázquez, haciéndose pasar Amelia por la hija del falso matrimonio y a Alonso por su marido. Julián, por su parte, se hace pasar por un amigo de la familia, que es un doctor recién llegado de la Sorbona y especializado en el equilibrio de los humores. La reina se sorprende al saber que, quizás, el problema de su marido tiene solución y no duda en pedirle a Julián que le eche un vistazo... algo difícil, ya que Felipe V ha escapado. Bueno, más que escapar, se ha ido a una fuente creyéndose una rana. Yo con esto me muero, soy súper tonta, qué le vamos a hacer.

 Isabel de Farnesio: Ay, señor, qué paciencia he de tener entre el marido, el reino y lo lenta que me va la ADSL en palacio. ¡No sabéis lo que tardan en cargarse los episodios semanales de las series de Shonda! Pues, nada, veamos qué tripa se le ha roto a Felipe ahora.

Felipe V: Croac, ¡mmm, moscas!
No me digáis que tanto los actores como la escena no son maravillosos.

Julián le atiende (me gusta pensar que le da un Frenadol) y el rey le cuenta que él amaba Francia, Versailles y sus jardines, pero que odia el Alcázar. Le explica que su abuelo Luis le obligó a partir a España, para quitarlo de en medio, y que le ordenó ser español, algo que no le mola, porque podría ser francés. Bueno, hijo, piensa que los españoles tenemos a Rafa Nadal y los franceses sólo inquina hacia él, en algunas cosas salimos ganando.

Felipe V confiesa que nunca ha querido ser rey, que de hecho consiguió dejar de serlo hace diez años y que fue muy feliz, pero su dicha no duró mucho porque su primogénito murió y que, entonces, la reina le obligó a volver. A Julián le pasa como a mí, que Felipe V le da ternurita y se le nota mucho. El monarca, por cierto, le dice que él no necesita mucho para ser feliz: sólo una Biblia y una mujer.

Amiguis.

Y mientras Julián se hace amigo del rey, las chicas hacen lo mismo con la reina. Isabel les explica que su marido odia vivir encerrado en el Alcázar, así que intenta hacer lo posible por controlar sus crisis. También les explica que, cuando llegó a la corte, todos se reían de ella por inculta y que la eligieron por creerla sumisa e incapaz de hacerse con las intrigas palaciegas. Pero, por suerte, no es así y por eso el país va bien. De hecho, la misma Isabel dice que lo único que necesita es hacer feliz a su esposo para poder seguir gobernando. Esta mujer es una puta ama, una puta ama, en serio. Muy fan de ella.



Al mismo tiempo, tienen a Alonso cangureando a Velázquez, que sigue afectado por el tema de sus cuadros y le suelta un pedazo de monólogo, con referencia a Blade Runner incluida, sobre un cuadro en concreto del que tiene que despedirse. Para variar, Alonso no le hace básicamente ni caso al pobre Velázquez, pero éste ni se da cuenta, que está muy afectado despidiéndose de La expulsión de los moriscos.

Una vez todos reunidos, acuerdan un plan: como sólo hay dos lugares con cuadros originales en todo el Alcázar, cada chica vigilará una de ellas, mientras que Alonso y Julián se encargarán de los corredores. El primero que vea a los ladrones, tiene que dar la voz de aviso. Velázquez protesta porque él no tiene papel en la misión, ya que Salvador ha prohibido que se ponga en peligro, pero Amelia es muy hábil y le hace sentirse el más especial de todos al encargarle que vigile las comunicaciones.

La noche llega y Julián tiene que asegurarle a Felipe V que está vivo, algo que le tranquiliza y no da ningún problema a la hora de acostarse. Los demás, están cada uno en su lugar, salvo Julián, que tarda cero coma. Por cierto, señalar que Alonso sigue cangureando a Velázquez que invade totalmente su espacio personal para comprobar que los pinganillos funcionan.

Alonso: Oye, Velázquez, ¿no crees que este momento se puede malinterpretar?
Ya te digo, Alonso...
Velázquez: Oh, qué bien hueles últimamente, Alonso.
O quizás no lo he malinterpretado para nada.

En una escena muy molona, en plan película de robos, los hombres de Darrow se cuelan en la sala donde está Amelia para robar. Cuando ella da el aviso, los demás se dirigen hacia allí, mientras Velázquez quiere saber si han cogido uno de sus cuadros. Una vez se disipa el gas, la patrulla se quita las máscaras y también los de Darrow. Cuando sale uno de éstos, los chicos lo atrapan y Alonso lo deja grogui en cero coma, con ese estilizando tan suyo.

Entonces, lo llevan a su habitación, donde lo interrogan. El de Darrow dice que los cuadros están mejor en un museo que calcinados, algo que Velázquez y yo compartimos, pero no es suficiente para que Alonso baje el tono de interrogador experto y chungo. El yanki les dice que no le importa morir, que cuanto antes mejor porque así se ahorra el sufrimiento. Irene no entiende nada, pero el tío de Darrow pasa de dar más explicaciones, además de que la forma de viajar de los españoles es más segura, y coge la pistola de Alonso para pegarse un tiro, ante la estupefacción de todos los demás.

Alonso: O nos dais el último libro de Canción de hielo y fuego u os arrepentiréis, gaznápiro.
Irene: Eso, que quiero saber quién va a acabar mandando.

El disparo alerta a Lola, que decide que lo mejor es que salgan corriendo. Los de la patrulla van detrás de ellos (menos Velázquez, al que Irene le encarga la importante misión de vigilar al muerto), pero cuando llegan a la habitación del rey no los encuentran. Julián, entonces, tiene que darle una pastillita a su alteza para que siga durmiendo, mientras Irene descubre un pasadizo.

Julián se queda esperando a Amelia, mientras Alonso e Irene siguen hasta que da con un almacén donde están los cuadros robados.

De vuelta al Ministerio, Salvador les felicita por recuperar los cuadros, aunque no están muy contentos por no haber cogido los de Darrow. Salvador también les informa que Ernesto está consiguiendo el cuadro que lo inició todo, pero Velázquez prefiere que esté con un ricachón que quemado. Si es que es verdad, Salvador, que ganas de quemar cuadros, leñe.

Al final, Salvador se queda a solas con Velázquez para consolarle diciéndole que no sólo van a quemar sus cuadros. ¡¿Pero qué clase de consuelo es ese, Salvador?! Éste insiste en que la historia dice que esos cuadros se quemaron en el incendio del Alcázar y Velázquez dice que, como están las falsificaciones, que lo aprovechen, porque pueden corregir la historia sin cambiarla en realidad. Hijo, Salvador, pero mira que eres terco, si es una solución perfecta.

Salvador: No he visto a nadie más cabezón en toda mi vida...
Hombre...
Salvador: Tú, chitón, o mando a Pacino a Altamira y no vuelves a verlo.

La patrulla se marcha y Julián propone tomar una copa antes de irse a casa, pero a Amelia le falta hacer la croqueta para huir. Julián se pregunta si le estará rehuyendo, aunque Alonso no tiene ni idea. Julián también dice que va a vender su casa, porque le trae demasiados recuerdos, así que Alonso le ofrece un catre en la suya. También le dice que echa de menos a Pacino y que era agradable tener a alguien en casa y eso sale a colación de que le pregunte a Julián qué le ha dado al rey para calmarlo, porque cree que va a necesitarlo cuando ve a Elena.

Amelia, al regresar a casa, descubre a Enriqueta robando en su casa y ésta le dice que es por necesidad, que su madre está enferma. Amelia le dice que podía haberle pedido el dinero (ya te digo) y la despide por romper su confianza. Enriqueta la amenaza con contar lo de los pantalones, pero Amelia sigue inflexible, aunque le da el resto del jornal del mes. Uh, esto tiene pinta de acabar fatal. En serio, ¿quieren dejar de putearme a Amelia? Jolín, pobrecita.

En el Ministerio, Salvador recibe la visita de Lola, lo que deja tanto a él como Angustias súper flipados. Tras la típica conversación inicial, Salvador amenaza con encerrarla de por vida, pero Lola sabe que no lo hará porque tiene una oferta para él. En ese momento, la nariz le sangra y Salvador se preocupa, aunque no tanto como yo. ¡Ay, que se nos muere Lola! ¡No me fastidieis, que Lola mola mucho! ¡Ay, ay!

Los recuerdos de 'El internado' me están provocando tantos feelings. Ay, no quiero pasar por eso otra vez.


Tomando un café, Lola le dice que quiere acabar con Darrow y que le ofrece la cabeza del jefazo en bandeja de plata. Salvador comenta que no le sorprende el que traicione a Darrow, ya que siempre traiciona a todo quisqui, pero Lola matiza que ella nunca ha sido de nadie. Muy cierto, ella siempre ha ido a la suya y por eso mola y por eso no debería morir. Bueno, que me pierdo, Salvador le pregunta que por qué se arriesga y Lola le dice que hace tiempo que su vida está en riesgo y que, a cambio de entregarle a Darrow, quiere que las obras no se quemen, se queden en el Ministerio.

También nos enteramos de que Lola tiene parte del libro de las puertas y Salvador quiere recuperarlo, pero Lola le dice que por el momento se lo quedará. Lola le dice que va a acabar con Darrow en ese mismo momento y para ello decide un ordenador, con el que habla por Skype con el Darrow Jefazo.

Mientras le dice que la misión acabó y que las obras están en el Ministerio, se va poniendo la chaqueta. Darrow Jefazo se escandaliza porque, claro, qué le va a decir a todo el mundo y Lola le recomienda que diga que Darrow ha terminado porque ningún negocio vale vidas humanas. El Darrow Jefazo sigue insistiendo en que Walcott mentía, cuando Lola usa su pulsera, se presenta en el despacho del jefazo y se lo carga de un tiro en la cabeza en una especia que no puede molar más. Joder, en serio, Lola es la puta ama. ¡OMG!




Luego, Velázquez se presenta en el despacho de Salvador todo ofendido para renunciar, pero Salvador le dice que va a conservar las obras en el Ministerio. Lo mejor del caso es que le hace creer a Velázquez que ha sido cosa de él, cuando le ha ignorado, que ha sido el leiv motiv del episodio, ¿no? Pero, oye, así se queda el hombre todo contento.

Para acabar el episodio, Velázquez se queda mirando uno de sus cuadros, Julián está mirando pisos, a Amelia la ve en la calle Enriqueta y la sigue, los reyes ven todo contentos como arde el Alcázar (¿no era más fácil mudarse, que tienen que quemarlo?) y Alonso llama a Elena y se acuesta con ella.

El episodio me ha gustado mucho porque ha sido muy variado y completo, ya que además de una misión, hemos tenido un poco del día a día de la patrulla y hemos avanzado con el frente Darrow (¡y de qué manera!). Además, el tema de los cuadros y de Felipe V e Isabel de Farnesio me ha parecido súper interesante y, encima, Velázquez ha tenido mucho protagonismo, lo que siempre es bien.

El avance del de la semana que viene me ha dejado loquísima, porque anda que no van a pasar cosas: desde el tema de la vampira de Barcelona, hasta la aparición de Alexandra Jiménez como una de Las Sin Sombrero, pasando por el pasado de Salvador, Ernesto encontrando a su hijo y una trama de niños robados. Vamos, no sé cómo van a hacerlo para hilar todo, pero el episodio tiene pintaza y estoy deseando ver a Alexandra Jiménez porque es amor del bueno (y ya me emociono sola al imaginármela con Pacino y Argamasilla en una segunda patrulla).

lunes, 25 de abril de 2016

Sueños de piedra

Hoy os voy a hablar de un libro que me sorprendió muy (pero que muy) gratamente y eso que había leído reseñas que lo ponían por las nubes: Sueños de piedra de Iria G. Parente y Selene M. Pascual. Yo no había leído nada escrito por ellas, pero desde ahora las tengo fichadas por siempre jamás… Qué mal ha sonado eso, seh, pero lo he dicho en plan bonito, que conste, xD.

Bueno, me dejo de tonterías y os hablo de Sueños de piedra:

Arthmael nació para ser el rey de Silfos, algo que él siempre ha dado por hecho... al menos hasta que su hermanastro, un noble con muy buena fama, decide entrometerse y acaba siendo nombrado el sucesor. El padre de ambos intenta calmar a Arthmael prometiéndole que le conseguirá una esposa digna para que reine en otro lugar, pero Arthmael adora Silfos y no quiere renunciar al trono. Por eso, impulsado por la ofensa y el ansia de venganza, decide abandonar el palacio y empezar a viajar para convertirse en un héroe tan popular que le supliquen que se siente en el trono.

Lynne lleva atrapada en una vida de prostitución desde que era una niña y sólo sueña con poder escapar de ese noble que se cree su dueño y que la lleva maltratando años. Una noche, Lynne acaba matando al noble y tiene que escapar, no sólo de esa horrible vida, sino también de la ciudad para no enfrentarse a la justicia. Y es entonces cuando da con Arthmael por casualidad, que conoce la forma de abandonar Silfos discretamente. Desde el principio los dos chocan y están deseando seguir cada uno su camino, pero entonces se cruzan con Hazan, un mago que busca desesperadamente la cura para salvar a su hermana, y ambos acaban accediendo a ayudarle en su misión.

Desde el punto de partida Sueños de piedra es una novela bastante original, sobre todo porque su pareja protagonista no es nada típica: Lynne es una prostituta, mientras que Arthmael es un príncipe desastroso y egocéntrico que, sin embargo, sí que se preocupa por su reino y estar a la altura.

De hecho, son dos personajes muy complejos y humanos a los que van desarrollando a lo largo de las aventuras que van viviendo. Cada uno tiene tanto sus problemas como sus habilidades y todo está expuesto de manera que no sólo es lógica, sino que queda orgánica y natural, logrando que tanto Arthmael como Lynne sean más que los clichés típicos de la literatura fantástica. A mí personalmente me gustó mucho el que fueran cosas dispares, pero todo encajara bien, como si las autoras le dieran un giro a los tópicos del género.

Por ejemplo, Arthmael es un príncipe guapo, encantador y mujeriego, pero también alguien sensible y que, aunque tenga arrebatos y comportamientos infantiles, sea alguien comprometido y responsable que de verdad quiere que su reino sea un lugar mejor.

Por otro lado, Lynne es una chica con mucho carácter y problemas para relacionarse, algo completamente natural viendo su historia, pero también es alguien dulce y que tiene las ideas muy claras. Precisamente Lynne es todo un ejemplo de lo que debería ser un personaje femenino, pues es capaz de amar y darlo todo por amor, pero no renuncia ni a sus sueños, ni a sus propósitos.

Y es que la historia de amor de Sueños de piedra es una de las mejores que he leído nunca. Es divertida, tierna, chispeante y nos habla del respeto mutuo y de que el amor no es pertenencia, lo que debería recordarse a menudo, sobre todo tras la noción de romanticismo de muchas autoras. Arthmael y Lynne son distintos, se llevan a matar al principio y durante toda la novela no dejan de mantener ese tira y afloja, pero también se van enamorando poco a poco, sin prisas, y conociéndose y respetando los sueños y los deseos del otro. Todo eso con escenas muy bonitas, que hacen que suspires de amor por ellos.

Me he centrado en la pareja porque son los protagonistas, pero no son los únicos personajes ni que molan, ni que resultan originales. Sin embargo, no quiero entrar en ello, por si os reviento la historia, ya que sería una pena.

Eso sí, durante toda la historia las autoras saben jugar muy bien con los clichés del género y los giros que ellas les dan y no dejas de preguntarte si lo siguiente que va a pasar va a ser lo típico y van a cambiarlo. Me parece muy inteligente ese continuo juego, sobre todo porque todos hemos leído mucha fantasía, sabemos de qué va el asunto y resulta muy estimulante tanto el leer algo tan fresco, como el estar dándole vueltas al asunto.

Además, Sueños de piedra se lee enseguida, no sólo porque engancha mucho, que lo hace, sino porque está tan bien escrito que te sumerges en sus páginas y pierdes la noción del tiempo. Yo me lo leí en un par de días y encima lo disfruté como una enana, así que sólo os lo puedo recomendar encarecidamente, porque mola muchísimo. De verdad de la buena, deberíais leer Sueños de piedra porque es muy original, divertido, tiene ese algo que lo hace especial y encima trata temas que no son nada habituales en la literatura juvenil como la prostitución o la corrupción política. Encima es inteligente, feminista y, como creo que ya he dicho, refrescante.

Haceos con él, vamos, ¡no os arrepentiréis!

El próximo lunes literario estará dedicado a... La última confidencia del escritor Hugo Mendoza de Joaquin Camps.

jueves, 21 de abril de 2016

Una defensa de Laurel Lance

Aprovechando que Arrow sigue de parón tras su último (y polémico) episodio, voy a escribir una entrada que lleva rondándome la cabeza mucho, pero mucho tiempo. Y es que, aunque no es la primera vez que lo digo por aquí, quiero recordarlo: a mí me encanta Laurel Lance.

Sí, sí, ya lo sé, opinión impopular, sobre todo entre el fandom femenino. En tuiter me lo han dicho unas cuantas veces, pero yo sigo defendiendo a Laurel Lance. Así que aquí tenéis varias razones por las que creo que Laurel Lance es un gran personaje y que, de hecho, es de los mejores personajes que tiene Arrow en su haber.


No es una reina del drama (y eso que tiene razones)

Es cierto que Laurel tuvo una segunda temporada muy mala y que no encontró su sitio hasta que supo que Oliver Queen era Arrow. Pero, seamos sinceros, ¿qué personaje de Arrow no ha pasado por una mala racha? Porque no hay ninguno. Ninguno. Thea era una niñata ahostiable en la primera temporada, Oliver ha tenido momentos que daban ganas de zurrarle muy fuerte, Felicity parecía bipolar en la tercera temporada, Dig no sólo es aburrido sino que cuando es intenso resulta odioso y Lance siempre se ha movido entre molar y dar por saco.

Por eso, no creo que haya que tener en cuenta la época horrible de Laurel porque, además, lleva más de dos temporadas habiendo superado ese bajón. Encima, seamos honestos: ¿es que Laurel no tendría motivos para ir dramando por la vida?


Pensemos fríamente en la historia de Laurel: su novio (del que está completamente enamorada) la engaña sistemáticamente hasta el punto de que se lleva a su propia hermana a un viaje romántico, en el que ambos mueren y es entonces cuando Laurel se entera de la traición. Eso también provoca que su madre la abandone y la deje a solas con un padre alcohólico que la trata a patadas. Cinco años más tarde, con la vida más o menos resuelta y con una relación incipiente con Tommy Merlyn, Oliver vuelve a su vida. Por si eso no fuera suficiente, apuesta por Tommy, que muere y no es el único porque luego recupera a su hermana para que la vuelvan a matar. En resumidas cuentas, a Laurel no pueden darle más hostias porque es imposible.

Vamos, que esta pobre chica vive en un blow mind perpetuo. Como para volverse loca.

La vida de Laurel resumida en un gif y sabéis que es así.

Pero Laurel, más allá de su época horrible de la segunda temporada, no va montando ningún drama, ni llorando, ni nada por el estilo. De hecho, era curioso que en la tercera temporada Felicity dramara por la negativa de Oliver a matar a Malcolm Merlyn, mientras que Laurel, a pesar de no compartir su decisión y ser la hermana de Sara, no lo hacía.

Ni siquiera con el descubrimiento del hijo de Oliver, que fue concebido mientras él estaba con Laurel, la muchacha dijo esta boca es mía y se dedicó a ayudar como la que más. Vamos, encima que Oliver fue un cabrón con ella, la pobre Laurel nunca se lo ha echado en cara y ha sido uno de sus máximos apoyos y no la petarda de turno, papel en el que podría haber caído muy fácilmente.

Porque se convirtió en una heroína y es una gran persona

Laurel será una de las personas más bondadosas de Star City. Al igual que todos los personajes de Arrow, Laurel es un alma torturada (me remito de nuevo a su historial), pero a diferencia de casi todos, Laurel decidió sacar algo positivo: en lugar de ser idiota, abandonarse a la soledad o cualquier otra paranoia, convirtió su rabia en el motor de ser Black Canary y salvar a la gente.


Así, desde la tercera temporada, no sólo la hemos visto convertirse en una heroína contra viento y marea, sino que ha demostrado que tiene un corazón de oro. Laurel no sólo es el apoyo de todo su equipo cuando toca, sino que intenta ayudar a todo el mundo ya sea como heroína enmascarada, ya sea como fiscal. Vamos, la pobre se está muriendo y se dedica a intentar ayudar a Oliver a recuperar a Felicity. ¿Se puede ser mejor persona que eso? Otra cuestión es que los guionistas hayan hecho que la parejita le robe hasta la escena de muerte, algo que Laurel no se merecía. Pero no quiero salirme del tema.

Porque es un personaje atípico y eso mola

La ficción suele relegar a los personajes femeninos a los mismos roles: la novia del héroe, el personaje dulce, la reina de la moralidad... Hasta en las series donde los personajes femeninos se salen del molde, siempre hay ciertas características que no suelen tener, como ser un personaje lleno de ira. Por poner un ejemplo, la agente May de Agents of Shield es toda una badass, pero por lo general es más fría que iracunda; por otro lado, Octavia en The 100 se ha enfadado (generalmente con razón), pero no se la puede describir como alguien rabioso.

Laurel Lance, por el contrario, es una chica llena de rabia, que ha roto muchos clichés y eso deberíamos apreciarlo.

En primer lugar, ha demostrado que no es necesario estar relegada a una historia de amor para tener interés. De hecho, Laurel ganó muchísimo cuando los guionistas comprendieron que no funcionaba como novia del héroe y le dieron su propia identidad. Su viaje para ser Black Canary y su relación con su hermana eran muchísimo mejores historias que el tira y afloja que pudiera tener con Oliver Queen.


Además, Laurel ha demostrado que se puede ser una chica maja y agradable y al mismo tiempo alguien con problemas. Porque Laurel es una buena amiga, alguien que ha estado ahí para cualquiera del equipo, pero también alguien que lo ha pasado mal y usó ese dolor para superarse a sí misma y convertirse en alguien que era capaz de salvarse a sí misma. Porque Laurel superó el alcoholismo, la muerte de Tommy y cualquier problema ella sola, sin que nadie le echara una mano, aunque su padre y Oliver intentaran cuidar de ella.

Porque creo que su mayor problema es ser una chica

Vale, vale, un momento, antes de llevaros las manos a la cabeza, dejad que me explique. Siempre he pensado que la ficción en muchas ocasiones no hace justicia a sus personajes femeninos, es que ni siquiera las mujeres escriben buenos personajes femeninos. Las mujeres más patéticas y odiosas de la ficción que se me ocurren siempre han salido de la pluma de una autora (hola, Anastasia Steel) o, por poner un ejemplo más concreto, La que se avecina es llevada por una mujer y la mayoría de los personajes femeninos son francamente desagradables y torturadores de los personajes masculinos.

Pues bien también creo que nosotros, los espectadores, no juzgamos a los personajes de ambos sexos por igual, creo que somos más duros con un personaje femenino que con uno masculino. Así, por ejemplo, a una chica no tardamos nada en acusarla de ser una Mary Sue, pero nunca habré oído esa crítica a un personaje masculino y no será porque no los hay en ficción: Jon Nieve, Neal Caffrey, Ichabod Crane...

Por eso creo que el mayor problema de Laurel, sin contar a esa gente que sólo la odia porque la ve como una rival de Felicity por el corazón de Oliver Queen (que no sé qué serie habrán estado viendo, pero bueno), es que es una chica. Seguramente ahora os pensáis que estoy loca, pero lo creo muy firmemente. Al fin y al cabo la historia de Laurel es bastante parecida a la de Oliver, pero sólo se la critica a ella: una muerte cataliza el que se convierta en héroe, algo que no les resulta sencillo, aunque lo logran; son capaces de lo que sea por sus respectivas hermanas, tienen relaciones complejas y afectivas con sus padres, ambos hacen lo que creen que deben sin dejar que nadie les disuada o se entrometa...


De hecho, era curioso como nadie comentó el que Oliver resucitara a Thea en el Pozo de Lázaro, pero a Laurel se le dijo de todo por resucitar a su propia hermana. ¿Por qué hay que criticarla a ella y no a él, sobre todo cuando ambos fueron advertidos de los problemas que iban a desencadenar?

Y es que nosotros, los espectadores, muchas veces donde en una mujer vemos a una petarda de mucho cuidado, en un hombre vemos a una pobre alma torturada por la que suspirar. Mucho más petardos son personajes como Damon Salvatore o Klaus Michaelson, pero no se les suele considerar así, sino que son los antihéroes de sus ficciones, los pobres incomprendidos por el resto de personajes. Curiosamente, antihéroes hay muchos, mientras que antiheroínas muy, muy pocas (y casi todas las que se me ocurren son de ficciones españolas, por cierto), al igual que los villanos masculinos suelen ser mucho más agradecidos que los femeninos.

Por eso creo que si Laurel fuera un hombre, no sería tan criticada y me parece un poco triste, la verdad, sobre todo porque no creo que ella se lo merezca. Al igual que no creo que se merezca el que la mataran porque, según el propio creador, era un personaje que estaba quemado. Sí, ya, claro, Laurel, ¿no? Dig lleva sin pintar nada más de dos temporadas, mientras que Laurel sí que daba juego, pero según él es Laurel la que estaba agotada.


Ojo, no voy a culpar de la muerte de Laurel a la pareja Olicity (a mí me gustan, aunque sí que creo que se les ha ido de las manos el tema: la historia de amor debería ser un añadido, no algo sobre lo que girar la serie), pero sí que creo que el creador se arriesgó cero al acabar con el personaje no que estaba más quemado (Malcolm y Diggle podrían pelearse por ese papel), sino con el único cuya muerte iba a ser celebrada por una gran parte de los seguidores de Arrow.

Eso sí, a mí me sigue pareciendo fatal porque fue Laurel la que mantuvo a flote la tercera temporada y encontró su lugar tras que ser el interés romántico del prota no funcionaran (ya podrían aprender en The Flash, porque Iris sigue sin pintar nada en su serie y tiene pinta de seguir así). Y porque, jolín, menuda temporada está siendo para los personajes femeninos, así, en general.

Sólo espero que a la pobre Katie Cassidy la cambien a otra serie del Arrowverso, aprovechando que en The Flash han desarrollado el tema del multiverso y los dobles. Yo qué sé, podrían traer una Laurel metahumana con los poderes del cómic o añadirla al grupo de Legends of tomorrow (sin ir más lejos, Laurel le da mil vueltas a Kendra, que la pobre es muy, muy sosa).

martes, 19 de abril de 2016

Tatiana y Alexander

Ay, pobrecito blog, que lo he tenido abandonado casi una semana, pero es que he estado con un gripazo de impresión y luego he tenido que recuperar el tiempo perdido y hacer recados... Vamos, que ha sido un lío muy grande y por eso os traigo la reseña del lunes hoy, martes, porque yo lo valgo. Además, hoy vengo a hablar de Tatiana y Alexander, la segunda parte de El jinete de bronce, que reseñé hace un tiempo ya.

Y, como el libro arranca justo donde acaba El jinete de bronce, pues es necesario haber leído la primera entrega. De hecho, es que todos deberíais leer El jinete de bronce porque mola un montón, pero voy a dejar de hacer propaganda e ir con la reseña de Tatiana y Alexander:

A sabiendas de que la NKVD va a ir a por él al sospechar que es un ciudadano americano, Alexander decidió fingir su muerte ante los ojos de su esposa porque era la única manera de que abandonara Rusia y encontrara una vida mejor. Unos meses después de aquel trágico suceso, Tatiana llega a Nueva York enferma y deshecha, pero logra dar a luz a su hijo, con quien forma una especie de burbuja: Tatiana cree que su marido está muerto, que se ha quedado sola, pero no por eso puede avanzar u olvidarse de él. Por eso, decide quedarse a vivir en la isla de Ellis, por donde llega la gente a los Estados Unidos y donde trabaja de enfermera.

Por su parte, a miles de kilómetros de Tatiana, Alexander sigue preso y sufriendo las prácticas de la NKVD, que intentan que admita que en lugar de Alexandr Belov es el ciudadano estadounidense Alexander Barrington. Sin embargo, Alexander no deja que le rompan, pues sólo puede pensar en escapar y reunirse con Tatiana.

Si El jinete de bronce era el libro de Tatiana, pues ella ocupaba el noventa por cierto de la novela, Tatiana y Alexander es el libro de él. En la primera parte conocíamos a Alexander y su historia con ojos de Tatiana, pero en esta segunda entrega la autora, Paullina Simons, nos cuenta su pasado junto a su presente. Así, conocemos de primera mano a sus padres, la complicada relación con ellos y todo lo que ha tenido que pasar el pobre Alexander para sobrevivir en su precaria situación: siendo él niño, sus padres renunciaron a la ciudadanía estadounidense para mudarse a Rusia, donde acaban siendo perseguidos, lo que provoca que Alexander se quede en tierra de nadie y acabe adoptando una identidad falsa.

De hecho, las partes de Alexander han sido mis favoritas: desde los flashbacks hasta el infierno que tiene que vivir, tanto con los interrogatorios como el castigo posterior. Y es que esa parte es mucho más dinámica y tensa que la de Tatiana, que en esta ocasión tiene una trama más emocional.

Tatiana no está en zona de guerra, pero tampoco está en el paraíso que se suponía que iba a ser Estados Unidos. Sí, poco a poco va formando una vida, no se queda quieta, pero es incapaz de olvidar a Alexander y superarlo, a pesar de que las personas de su alrededor no dejan de insistirle con el tema. De hecho, Tatiana y Alexander es una novela romántica que se sale de lo común porque están separados, una cree que su esposo está muerto y el otro no tiene ni idea de dónde puede estar Tatiana, más allá de que ha salido de Rusia.

Sin embargo, el amor que sienten sigue ahí, en sus recuerdos y en sus pensamientos, mientras ellos siguen adelante: uno intentando escapar de Rusia y la otra intentando disfrutar una vida cómoda y apacible que se merece. Y eso me pareció muy bonito.

Además, la posición de Tatiana no es nada fácil, ya que ella cree que Alexander está muerto y no logra descifrar el mensaje que él le dejó. Sin embargo, no por eso se rinde y no deja de intentar saber qué le ha ocurrido a su marido de verdad. De hecho, precisamente por esa insistencia y esa lucha continua es imposible no odiar a Tatiana cuando decide darle una oportunidad a otro hombre, a pesar de que tú sabes que Alexander está vivo y haciendo lo imposible por reunirse con ella. Aunque, claro, no es como si llegue a pasar nada, porque eso ocurre justo en la última parte de la novela y es cuando Paullina Simons decide meter el turbo y regalarnos unos capítulos llenos de acción, donde es imposible dejar de leer porque tienes el corazón en un puño y necesitas saber cómo va a terminar todo.

Y, de paso, con esa última parte Paullina Simons vuelve a demostrar lo fuerte que es Tatiana y que ella no necesita a nadie que la salve. Era algo que ya habíamos visto en la primera parte, que Tatiana era más dura que las piedras y una chica muy inteligente, pero en esta segunda entrega se confirma lo ídola que es. Vamos, que ya todas las protagonistas podrían ser como ella, porque ejerce más de caballero andante que de damisela en apuros y eso siempre mola.

Me he estado concentrado en los dos protagonistas, que son el motor de la historia y lo más importante, puesto que no deja de ser una novela romántica y bélica. Sin embargo, no están solos, ya que los dos se van cruzando con todo tipo de personajes, que los acompañan en sus desventuras. Porque, encima, Paullina Simons no es cruel ni nada. En serio, qué manera de sufrir con la novela, gracias a lo implacable que es Paullina Simons y, sí, aún a día de hoy me sigo preguntando: ¡¿por qué lo de Pasha, maldita zorra del infierno?! ¿Por qué?

Pero, bueno, también es una novela muy, muy bonita y muy emocionante. Por lo que, una vez más, no puedo más que recomendar esta saga porque, en serio, mola un montón: romántica, dura, emocionante, tensa... Lo tiene todo y, además, Tatiana y Alexander tiene un final por todo lo alto.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Sueños de piedra de Iria G. Parente y Selene M. Pascual.

martes, 12 de abril de 2016

Receta de tarta de chocolate y nata con forma de jacuzzi para cerditos

Sí, como estáis leyendo, hoy os traigo una receta. No es algo que vaya a convertirse en habitual, más que nada porque casi todo lo que hago lo saco de Internet y, claro, tampoco voy a ir subiendo recetas que no son mías. Sin embargo, en este caso he hecho la excepción porque la receta me la inventé tras ver la fotografía de una tarta que estaba así decorada.

Además, varias personas en twitter me pidieron que explicara cómo hice la tarta de los cerditos la primera vez y como ayer tuve que hacerla, pues aproveché para hacer fotos y así preparar esta entrada. Eh, a veces soy mujer de palabra.


Así que, nada, al lío, ¿cómo hacer esta tarta de cerditos tan remona? Pues lo creáis o no es mucho más sencillo de lo que parece (y quedas como una pro cuando la llevas algún lado).

Ingredientes

  • 2 bricks de nata para montar de 500 ml
  • Azúcar
  • Nesquick
  • Amaretto (opcional)
  • Agua
  • 1 tableta de chocolate para fundir
  • Aproximadamente 48 kitkats
  • 1 bloque de fondant rosa
  • Un poco de fondant negro
  • Un bizcocho dividido en tres capas

Bueno, lo primero de todo: por lo general, suelo hacer yo el bizcocho (tenéis miles de recetas en Internet), pero como ayer llevaba prisa compré el que veis en la fotografía. Es de Eroski, ya viene cortado (y me ahorro el momento cortar las capas con hilo de dental, McGiver tiembla que llego yo) y está muy bueno, aunque un poco seco.

Por eso, se debe pinchar bien con un tenedor y humedecer con algo: podéis hacer almíbar, pero es mucho más rápido (y está más bueno) coger un par de dedos de licor, mezclarlo con agua y pintar bien los bizcochos. Como es una tarta de nata y trufa, yo usé el Amaretto, que está muy bueno y sabe a almendras.


Mientras el bizcocho va chupando el licor, cogemos un paquete de nata y la montamos con azúcar al gusto. Montar nata es un poco chungo, pero si la dejáis enfriar bien en la nevera (e incluso el recipiente donde vayáis a hacerlo) no tiene por qué iros mal. Eso sí, tened cuidado de no pasaros batiendo y acabar con mantequilla.

Mi padre montando nata mientras yo sacaba fotografías. Eh, fue un trabajo en equipo.

Después, cogemos el otro paquete y disolvemos en él un par de cucharadas de Nesquick. Id probando para que quede como os guste e, importante, usad Nesquick y no Cola-Cao. No es una cuestión de que te guste más uno que otro, sino que el Nesquick se disuelve y con el Cola-Cao es imposible que eso ocurra y quedará fatal.


Una vez que tenemos la nata y la trufa preparadas, montamos la tarta. Una base, encima una generosa capa de una de las dos preparaciones, otra base de bizcocho, la otra preparación y la última base. Es importante que intentéis que os quede lo más igualado posible y que coloquéis los bizcochos lo más en línea posible.




Luego, derretimos el chocolate en una perola con un poco de leche, para que quede en plan tosco, que simule al barro. Una vez toda la tableta está perfectamente derretida, usamos el chocolate para cubrir bien la tarta. Hay que manchar bien el lateral de la tarta (yo me ayudo con una espátula de silicona y un pincel también de silicona), pero tampoco tiene que quedar perfecto, tan solo que haya bien de chocolate por todos los lados para, finalmente, ir pegando los kit-kats previamente separados.


Con cuidado, presionadlos bien contra la tarta para que queden bien fijos. Yo, además, una vez he acabado de rodear todo el perímetro con los kit-kats, les ato una cinta alrededor y hago un lazo. Queda muy bonito y así se me va la paranoia de que se van a ir cayendo los kit-kats.

Mi padre sacando fotos de mis manos en posiciones súper raras.
No, no le estoy echando una maldición a nadie, xD.

Y ahora pasamos a la parte de los cerditos. Con un paquete de fondant rosa os debería llegar. El fondant, por cierto, es una masa de azúcar que se maneja muy fácilmente. También la hay de mazapán y de distintos sabores y si yo encontré en Calahorra, seguro que no tenéis problemas. La que usé es la de Vahiné, que es una marca que no me gusta mucho porque es muy cara y tirando a mala (aunque no tanto como Dr. Oetker), pero la verdad es que el fondant me sorprendió.

Bueno, pues hacer los cerditos es como usar plastilina cuando eras un niño. Coges una porción, haces una bola y, con cuidado, la aplanas un poquito. Después, coges otra bolita mucho más pequeña, le das forma ovalada, la aplanas y la pegas para hacer el morro. Yo tengo unas cosas para modelar fondant, pero antes de comprármelas, usaba palillos y también queda bien. Entonces, usas o el palillo o el modelador (o como diantres se llame) y haces dos incisiones en el morro. Después, le haces la boca y con fondant negro haces los ojos.

Finalmente, haces dos triángulos, les das forma, los pegas a la cabeza (si queréis, podéis fijarlos con agua) y con eso tienes las orejas y la cabeza terminada.


Para hacer el cuerpo, se coge una bola de fondant más grande, se le da forma, se le hace el ombligo y se pone sobre el chocolate, justo debajo de la cabeza. Para las piernas y los brazos es tan sencillo como coger bolitas más pequeñas, darles un poco de forma y pegarlas a los laterales.

Con eso podéis hacer todas las combinaciones que queráis. Yo también hago el culo, como si un cerdo estuviera buceando porque lo vi en una foto y me encantó. Es tan sencillo como coger una bola, aplanarla un poco y, con ayuda de un palillo, darle la forma de las nalgas. Al final, coges un poco más de fondant, le das forma de churro y lo retuerces para hacer la cola. Y ya, para acabar del todo, podéis ponerles una sombrillita de esas que se ponen en las bebidas y el resultado queda muy molón.

Bueno, si os animáis a hacer la tarta, podéis mandarme fotos a tuiter, a ver cómo os quedan.

lunes, 11 de abril de 2016

Brujerías

Hacía ya tiempo que no seguía con la saga Mundodisco de Terry Pratchett y aún tenía Brujerías esperándome en la estantería, así que lo cogí con muchas ganas, sobre todo porque suponía el regreso de Yaya Ceravieja, que me gustó muchísimo en Ritos iguales.

Por si no lo sabéis, Mundodisco es una saga que, además de extensa, es muy particular, ya que está formada por novelas autoconclusivas en su mayoría que se pueden leer de forma independiente. También se pueden dividir por distintas sagas dentro de la principal y Brujerías sería la segunda entrega de Las brujas, que se inició con Ritos iguales, y sexta entrega si sigues la publicación original. Una vez aclarado eso por si hay alguien que no haya oído hablar de Mundodisco, voy con la reseña de Brujerías:

El rey del reino de Lancre es asesinado. Hasta ahí, nada nuevo, suele ser algo típico en los reyes. Sin embargo, el problema viene cuando sus asesinos, el duque Felmet y su esposa, se hacen con el trono y deciden hacerles la guerra a las brujas, que viven estupendamente en el reino, donde cuidan a sus animales, ayudan o maldicen a la gente, según les venga en gana. Y es que, por azares del destino, un aquelarre de tres brujas (formado por Yaya Ceravieja, Tata Ogg y la novata Magrat Ajostiernos) acaba encontrando al hijo del difunto rey, un bebé, al que dejan en una compañía de teatro para que crezca a salvo.

Y como las brujas no intervienen en la monarquía, ni en nada básicamente, todo podría haber parado ahí, pero resulta que el reino de Lancre no traga a su nuevo rey y les pide ayuda. Así que una cosa lleva a otra y, al final, el aquelarre decide intervenir en contra del nuevo rey, el duque Felmet... que no sabe la que le viene encima.

Con Brujerías, Terry Pratchett hace un homenaje y coña en toda regla de Macbeth, la obra de Shakespeare. No es que sea sutil, pero sí terriblemente divertido, sobre todo por ese trío protagonista que no puede ser más distinto.

A Yaya Ceravieja ya la conocía de Ritos iguales, donde me conquistó. Yaya Ceravieja tiene muy mala leche, es una experta en cabezología y cree que lo mejor para una bruja es pasar de todo. Sin embargo, en Brujerías Yaya Ceravieja acaba viniéndose totalmente arriba en su enfrentamiento con el duque Felmet. Vamos, que la tenemos desatada y eso acaba resultando muy, muy gracioso, sobre todo por lo irónica que es y las salidas que tiene. A medida que avanza la novela, Yaya se va desatando más y más y no puedes más que quererla y admirarla al mismo tiempo.

Por otro lado, está Tata Ogg, que es una bruja bastante particular, más que nada porque en su juventud fue muy promiscua y ahora tiene una caterva de hijos, que a su vez han tenido más hijos, así que es la matriarca de una enorme familia donde esclaviza a sus nueras y cuenta con la defensa a ultranza de sus hijos.

Finalmente, tenemos a Magrat que es joven y básicamente una hippie, que cree que la magia debería entenderse de otra manera. A Magrat le gustan los rituales, los libros de hechizos, las velas y toda la parafernalia que sus compañeras creen que es una estupidez. La muchacha es bastante inocente, más pacífica que las otras dos, también más comprensiva, pero tiene su carácter y la vemos crecer un poco a lo largo de la novela.

Y aunque el trío de brujas son las protagonistas de la novela, no están solas, ya que, como ocurre en todas las entregas de Mundodisco, sus páginas están plagadas por toda clase de personajes, cada cual más peculiar que el anterior: desde el príncipe heredero bendecido por el aquelarre (al más puro estilo las tres hadas buenas de La bella durmiente), hasta los malvados duques donde ella es el auténtico cerebro y su esposo un panoli que se dedica a aguantarla.

Todos tienen lo suyo, cada uno tiene su historia y todo va confluyendo a los largo de las trescientas páginas de Brujerías.

Además, como ocurría con Ritos iguales (la novela anterior de esta saga centrada en las brujas), Brujerías resulta una novela bastante peculiar. No hay aventuras que recorren el Disco, ni enredos, sino que se trata de ese conflicto entre los nuevos reyes y las brujas, mientras Terry Pratchett se cachondea de todo y divaga sobre temas tan distintos como el gobierno, el teatro o la sociedad.

La verdad es que cada novela nueva que leo del Mundodisco no sólo me encanta, sino que acaba sorprendiéndome porque no hay dos iguales y encima siempre me hacen reír. Son unas novelas que, personalmente, no me canso de recomendar porque merecen mucho la pena.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Tatiana y Alexander de Paullina Simons.