lunes, 30 de junio de 2014

La lección de August

Cuando se publicó La lección de August de R. J. Palacio en España, el libro me iba persiguiendo allá donde iba: leía un blog, lo recomendaban; iba a comprar, lo veía entre los más vendidos; iba a una librería, el librero me daba propaganda... Total, que al final me hice con él y, entonces, comprendí por qué todo el mundo estaba tan emocionado con La lección de August, ya que es un libro que merece muy, mucho la pena.

August tiene diez años, le encanta Star Wars, tiene una familia que le adora, un perro... Pero no tiene una vida normal. Al nacer, tuvo ciertas complicaciones y su rostro es muy diferente al de los demás, por lo que suele suscitar miradas y comentarios allá donde va. Por eso, August apenas sale de casa, pero eso va a cambiar, puesto que va a ser la primera vez que acuda al colegio, donde conocerá a todo tipo de personas.

La lección de August es uno de esos libros especiales, de esos que te llega al corazón. Si tuviera que compararlo con otro, sería con La ladrona de libros, no porque tengan trama o género en común, sino porque ambos saben llegar, emocionar como pocos. De hecho, si tuviera que definir La lección de August con una palabra sería "precioso".

Puede que no lo parezca por la idea en la que está basada, pero es una novela muy positiva y tierna, que habla sobre aceptación, sobre ser diferente y sobre ponerse en la piel de los demás. Porque, aunque en español lleva el nombre de August en el título, no se centra únicamente en él, sino en varios personajes que forman el universo de August: su hermana Via, el novio de ésta, los amigos de August... Todos tienen su parte, donde son los narradores y que sirve para comprenderlos.

Los personajes de R. J. Palacio no son sólo inolvidables, sino también complejos y, encima, la autora juega muy bien con los puntos de vista. No voy a entrar en spoilers, pero hay momentos donde juzgas a un personaje por sus acciones y luego, cuando lees su punto de vista, tienes una imagen completamente distinta de él.

También son muy auténticos, toda la novela lo es. A veces se equivocan, tienen sentimientos y pensamientos que no están bien, pero es muy comprensible que lo tengan. De hecho, aunque La lección de August es muy positiva y muy tierna, no es edulcorada, hay partes tristes y refleja muy bien la crueldad y estupidez de algunas personas. Vamos, a esas a las que hay que ignorar, como bien te enseña la novela. Tampoco es dramática o exagerada, sino que se trata todo con mucha naturalidad: desde la situación de August, hasta lo que supone crecer o lo distintas que pueden ser las familias.

La verdad es que he intentado pensar un personaje favorito, pero no sé decidirme: los padres de August eran sencillamente geniales, él mola, su hermana Via me gustó mucho, los amigos de ambos también...

Además, R. J. Palacio se adapta con maestría a cada punto de vista. No sólo tiene una gran pluma, sino que se expresa de maravilla y refleja bien lo que es ser un niño de diez años o un adolescente. Todos los puntos de vista eran completamente diferentes entre sí, adquiriendo su propia personalidad, lo que me pareció no sólo un acierto, sino algo que admirar. De hecho, es increíble que La lección de August sea su primera novela, pues está escrita con un gusto y una narrativa para quitarse el sombrero. Desde luego, cuando publique otra novela, iré directa a leerla porque, en serio, me ha gustado mucho: he reído, se me ha saltado las lágrimas, me he emocionado...

Para acabar, me gustaría hablar de la edición de la novela. No suelo comentar la edición, salvo que me choque mucho y en este caso así ha sido y para bien. No sólo no he encontrado erratas o nombres cambiados (flipo mucho con que me haya pasado eso en varios libros, por cierto), sino que la portada me gusta mucho, al igual que el detalle de que en cada punto de vista, venga con un dibujo y una cita que se adapta muy bien al personaje que nos va a narrar la acción.

Y una vez más, no puedo más que recomendaros La lección de August. En serio, es un libro divertido, tierno, muy positivo y con una galería de personajes que no tienen ningún desperdicio. Es una de esas lecturas que no sólo se releen, sino que se recuerdan con una sonrisa.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Legado en los huesos de Dolores Redondo.

miércoles, 25 de junio de 2014

En blanco y negro: Capítulos 38, 39 y epílogo

Hoy os traigo una pequeña sorpresa pues, al revisar el capítulo que me tocaba subir, he recordado que escribí los dos últimos como uno solo y, por eso, he decidido publicarlos de una sola vez. Por tanto, estamos ante la última entrada de En blanco y negro con sus últimos capítulos:

En Londres, mientras Álvaro, Felipe, Jero y Kenneth parten hacia la Torre Benavente para rescatar a Ariadne y Deker, éstos son utilizados por Rodolfo Benavente para llevar a cabo sus planes. En Madrid, Tania se ve atrapada entre nuevos episodios en blanco y negro... que han vuelto peor que nunca.


Hasta aquí ha llegado En blanco y negro, la segunda parte de la saga Cuatro damas. Sé que lo he dejado cargadito de cliffhangers, así de maja soy, podéis quejaros o decir qué os han parecido las aventuras de Tania, Ariadne y compañía durante estos 39 capítulos. Vamos, que cualquier comentario es más que bienvenido y me hacen muy feliz y esas cosas ^^

Próximamente...

CORRIENTES DEL TIEMPO.

martes, 24 de junio de 2014

Un chiringuito que sorprende

Desde hace unos meses, parece que Telecinco se está poniendo las pilas con las ficciones, sobre todo porque las está cuidando como es debido. La temporada anterior tuvo proyectos interesantes como Familia (jolín, cuanto la echo de menos), que, en parte, se fueron al garete por el maltrato al que le sometió la cadena. Sin embargo, desde que dio con el pelotazo de El príncipe, están mimando a sus ficciones y están apostando por opciones muy distintas entre sí.
Así, además del thriller El príncipe (que no, no he visto, me estoy resistiendo porque el actor protagonista no me gusta nada), nos sorprendieron con la dramedia Byb, de boca en boca y ahora han vuelto a hacerlo con Chiringuito de Pepe.


He de ser franca. No daba dos duros por la serie. Creo que se debe al título, que me parece muy casposo y, sinceramente, creo que juega un poco en su contra, aunque el centro de la ficción sea dicho chiringuito. Tampoco ayudaba que la protagonizara Jesús Bonilla. No porque sea mal actor, sino porque la sombra de Los Serrano es alargada y temía que tuviéramos a Santi Serrano 2.0.

Sin embargo, el primer episodio llegó y me sorprendió, algo que se repitió con el segundo y que ha vuelto ha suceder con el tercero. Puede que Chiringuito de Pepe no sea una serie rompedora, ni una de esas pretenciosas que intentan aparentar que tiene más nivel del que en realidad tienen, ni de esas completamente novedosas... Pero es que no lo necesita, puesto que se trata de una comedia ligera, entretenida y con el toque justo de emotividad. No intenta cambiar el género, ni aparentar ser otra cosa de lo que es, sólo contarnos las peripecias de unos personajes que chocan frontalmente y que están envueltos en ese mundo de restaurantes que la hace distinta a otras ficciones.

Y esa franqueza le sienta bien, incluso logra enternecer.

La historia comienza dejándonos claro cómo de distintos son los mundos que van a chocar: primero con ese vídeo elegante y ególatra de Sergi Roca y su cocina minimalista, en contraposición con el anuncio cutre y anticuado del chiringuito. ¿Y cómo colisionan ambos mundos? Pues cuando Sergi descubre que su padre biológico es un tal Pepe Leal, que tiene un chiringuito en Peñíscola y que ni siquiera sabe que tiene un hijo, va a conocerle y descubre que está en la ruina. Por eso, decide echarle una mano y acaban siendo socios, aunque los modos de ver la cocina de ambos sean tan distintos.


Vamos, resumiendo, que es un poco como el hijo que tendrían Pesadilla en la cocina y Doctor Mateo.

Porque no sólo va de cocina tradicional contra cocina minimalista (o del carácter tradicional de unos con el modernista de otros), sino también de cómo un estirado como Sergi debe adaptarse a un pueblo con encanto, que está lleno de tarados (dicho desde el cariño) con sus costumbres, sus manías y sus ganas de putear al personal si es necesario. Algo que, claro, un hombre hecho a sí mismo y cosmopolita no termina de comprender.

De hecho, Chiringuito de Pepe tiene ese aire de encanto, de lugar feliz, que tenía Doctor Mateo y el pueblo es otro personaje más. Los planos de Peñíscola son una preciosidad y le dan ese toque de ser una serie bonita, de tener cierta elegancia mezclada con luminosidad y alegría, que en un principio no parecía que iba a tener. Al menos, yo me esperaba una serie chabacana en plan La que se avecina (que, oye, me río mucho con ellos, pero hay que admitir que es casposa total). Incluso los decorados tienen su encanto, siendo muy multicolores y muy cálidos, en especial la tahona de Laura; el paraíso debe de ser algo así, con todos esos dulces tan bonitos.


También me sorprendió la ternura que puede tener. Sí, es una comedia, ha tenido escenas descacharrantes (la parte de Vicente en casa de Laura fue memorable) y tiene chistes que pueden ser de lo más bastos, pero también tienen mucho corazón. Todos los personajes tienen una parte adorable, que hace que te caigan bien absolutamente todos, incluso Sergi que puede llegar a ser un borde del quince.

Eh, ¡y ojo al dato! ¡Los niños molan! No, sé que no me vais a creer, pero hay dos niños y molan. Además, no tienen trama obligatoria. De hecho, en el tercer episodio apenas salen y esa breve aparición ha estado muy bien (Dani "ayudando" con los deberes a Oli fue graciosísimo). Bueno, la cuestión es que Manu es el hijo de Sergi, que nada más llegar a Peñíscola para instalarse con su padre, se enamora de Oli, que es la hija de Laura, la pastelera. Y no sólo tienen esa parte adorable del primer amor infantil, sino que pueden ser muy graciosos. La cara de felicidad de Manu al casi morirse por el atracón de dulces no tuvo desperdicio, al igual que las escenas que comparte con su padre.


Y los actores que los interpretan son muy rebonicos, por cierto.

A decir verdad, el reparto de Chiringuito de Pepe es muy solvente: Jesús Bonilla está perfecto como ese perdedor entrañable que intenta demostrar su valía, Santi Millán es un estupendo Sergi Roca con sus ataques de ego y también su corazoncito y Blanca Portillo es la amiga de Pepe, de la cual está enamorado, y que lo conoce mejor que nadie. Vamos, nada nuevo, porque los tres han demostrado muchas veces que valen, no es que sean novatos.

Al igual que tampoco lo es el resto del reparto, aunque no tienen tanta experiencia. Aunque es cierto que sí que me han sorprendido, quizás porque les he visto en papeles muy distintos y nunca me había tocado verlos en estos registros: la dulzura y la paz que muestra Begoña Maestre (que es muy genialosa ella), la inocencia y candidez de Dafne Fernández (a la que me ha tocado verla en plan guarrona más que nada), la vis cómica de Adrián Rodríguez (yo es que aún me acuerdo de su última temporada en FoQ y me duele la patata, ay, qué drama) y lo sumamente tierno que está El Langui, con su Vicente.

No sólo todos cumplen, sino que se nota que hay química entre todos ellos, que funcionan se relacionen con quien se relacionen. Por cierto, me tienen muy despistada con el tema parejil, ya que veo muchas combinaciones posibles. Yo me declaro Dani-Mati y Vicente-Laura for ever and ever, aunque al pobre Sergi lo deje solito, xDD. Y, eh, no es por nada, pero en el tema parejil, las cazo al vuelo (muchos años de shippear como una loca), así que, en ese sentido, sí que me tienen muy alucinada.

Sólo quiero señalar que los dos primos son la monez. La monez.

Como ya he dicho, Chiringuito de Pepe no inventa un género, no supone una revolución, pero es una serie donde todos los elementos confluyen con naturalidad, que tiene encanto y ese factor x, ese corazón, que hace que te intereses de verdad por todos los personajes. Incluso puede resultar muy graciosa. Y la mezcla mundo cocina con lo sumamente bonita que es Peñíscola, hace que tenga su propia personalidad y se desmarque de otras series.

Es curioso porque, aunque son muy, muy diferentes, cuando empecé a ver Byb me sorprendió más o menos lo mismo: el tono que tenía, los personajes, el factor emotividad... Aunque he de decir que, mientras que en Byb hay cierta parte que me sobra y mucho, en Chiringuito de Pepe todos los elementos me han convencido por igual y creo que encajan muy bien.

lunes, 23 de junio de 2014

Agencia Lockwood. Los visitantes

Hay varios autores a los que le leería cualquier cosa porque nunca, jamás, me han decepcionado. Uno de ellos es Jonathan Stroud, el creador de la saga de Bartimeo, que siempre recomiendo porque, en serio, es lo mejor. Si no conocéis a Bartimeo, id corriendo a buscar El amuleto de Samarkanda y leedlo. No os vais a arrepentir.

Bueno, que amo e idolatro a Jonathan Stroud por encima de todas las cosas. Por eso, cuando anunció que estaba trabajando en una nueva saga, empecé a seguirle la pista (tras celebrarlo con fuego artificiales y demás, of course) e incluso me la leí en inglés. Hace unas semanas, la editorial Montena publicó la versión en español, la cual han titulado Agencia Lockwood, junto al subtítulo Los visitantes, que se han sacado de la ch... de ahí, ya que su título original es The screaming staircase, pero bueno.

¿Y de qué trata Los visitantes?

Inglaterra se ha visto asolada por una plaga de fantasmas. Por algún motivo que nadie conoce, hace unos años los fantasmas empezaron a aparecer, encantar casas y matar a personas. Para luchar contra ellos, también surgieron agencias sobrenaturales que se encargan de deshacerse de los fantasmas y donde trabajan niños. Pues únicamente los más jóvenes son capaces de percibir a los espíritus.

Así, nos encontramos con Anthony Lockwood y Lucy Carlyle, dos miembros de la Agencia Lockwood, que deben descubrir si una casa está siendo ocupada por un fantasma o no. Sin embargo, lo que en un principio parecía un trabajo sencillo, se acaba complicando un poco y provocando que la Agencia Lockwood esté a punto de desaparecer. Para salvarla, sus tres miembros se ven obligados a pasar la noche en la casa más encantada de Inglaterra... de donde nadie ha salido con vida.

Los visitantes es la tercera historia de Jonathan Stroud que leo, contando los cuatro tomos de Bartimeo como una. Y, de nuevo, el señor Stroud ha logrado crear un mundo completamente nuevo y una ambientación distinta a la de sus anteriores obras. En este caso, nos sumerge en una Inglaterra sombría acosada por fantasmas espeluznantes, que pueden llegar a dar muy, muy mal rollo.

Porque, sí, pese a ser una novela juvenil, tiene pasajes que resultan de lo más inquietantes. No quiero entrar en spoilers, pero sólo diré fantasmas de siete monjes asesinados y pasadizos oscuros. Brrr, mal rollo. En serio.

Y, la verdad, es que ese ambiente oscuro y tétrico le viene muy bien porque, básicamente, Los visitantes es una historia de fantasmas contada con aire detectivesco. No hay historia de amor, ni situaciones descacharrantes (pese a que los protagonistas pueden llegar a tener la lengua muy afilada y eso siempre acaba provocando sonrisas), pero la tensión siempre está presente.

En este caso lo que no lo está tanto es el misterio. Personalmente, me pareció que la resolución del caso era bastante predecible. Al menos, yo la adiviné. Sin embargo, tampoco resulta una pega, pues Los visitantes es más una introducción al mundo de Lucy, Lockwood y George que otra cosa.

Eso sí, no vais a encontraros un libro aburrido, ni siquiera pasajes de "bueno, este es mi mundo y funciona así, bla, bla", ya que Jonathan Stroud vuelve a demostrar su habilidad a la hora de estructurar la historia: empieza con acción, así, directamente, sin preparación ni nada, te sumerges junto a Lucy y Lockwood en una misión cualquiera, mientras, poco a poco, va dando información clave del mundo. Y una vez has caído ante la historia, una vez te ha dejado en el momento álgido, regresa al pasado para contar cómo se originó la situación de Lucy y luego ya sigue con la acción a todo trapo.

Porque, aunque por el título pueda parecer otra cosa, la auténtica protagonista de la novela es Lucy. Lucy es quien narra la acción y en quien más se explaya el autor. Sí, conoces a Lockwood y George, pero es a través de los ojos de Lucy, mientras que de ella lo acabas sabiendo todo: cómo es, cuál es su pasado, por qué actúa cómo lo hace, cómo funcionan sus poderes, etc. Mientras que de los dos chicos, no obtienes ninguna información salvo cómo son sus caracteres.

No sé qué planea hacer Jonathan Stroud en las futuras entregas, pero personalmente creo que sería interesante que cambiara el narrador y que cada una estuviera centrada en un personaje distinto para conocer su pasado y sus motivaciones. Eso lo que yo haría, al menos.

Pero yo no soy la autora y no voy a divagar sobre los siguientes libros, sino regresar a la reseña y hablar de los personajes.

Como ya he dicho, Lucy es la protagonista y ejerce muy bien de ello. No es una de esas narradoras divertidas, pero sí que es eficaz presentando el mundo de manera que no resulte pesado y, además, es un gran personaje. Porque Lucy es fuerte, decidida, intuitiva y segura tanto de su intuición como de sus capacidades; también es irreflexiva y, a veces, poco sensata, pero eso sólo hace que sea más interesante.

Porque, de hecho, Jonathan Stroud siempre logra que sus personajes sean memorables y que se les aprecie, pese a que cometan fallos y tengan grandes defectos. Nathaniel en la saga de Bartimeo era tan anti-héroe que hasta el término se le quedaba corto a veces, pero tú siempre acababas perdonándole todas sus cagadas. En este caso, los protagonistas son tres adolescentes completamente distintos entre sí y, aunque se ven obligados a actuar como adultos, son fieles a su condición y de lo más creíbles.

Además de Lucy, la Agencia Lockwood se nutre de otros dos miembros más. Por un lado, Anthony Lockwood, el carismático líder que disfruta de la caza de fantasmas y que, pese a que es muy vital y sonriente, también oculta una historia triste de la cual sólo se ven algunas trazas. Es inteligente, encantador, muy bueno en su trabajo, pero también es un insensato un tanto kamikaze y un poco arrogante.

Por otro lado, está George, que ejerce el papel de sensato de grupo y, a diferencia de sus compañeros, es más ratón de biblioteca que hombre de acción. También tiene carácter, muy mal genio y un comportamiento un tanto peculiar.

Aparecen más personajes, pero no son tan relevantes, aunque me imagino que algunos irán apareciendo en futuras entregas. Todos cumplen con su cometido: los miembros de otras agencias pueden llegar a ser muy capullos; el agente del gobierno que, en cierta manera, les observa, puede ser antipático pero también ayudarles, etc. La verdad es que la galería es amplia y nadie te deja indiferente.

Y, una vez más, el estilo de Jonathan Stroud a la hora de escribir es una pasada. No sólo por lo bien que maneja la historia y los personajes que crea, sino porque su pluma es muy efectiva y elegante, que sabe adaptarse a cualquier tipo de escena y tono: desde las partes más desenfadadas con el día a día de la agencia a otras que dan auténtico mal rollo. Además, cuando leí la versión en inglés acabé aprendiendo más vocabulario que por otros medios, xD.

Agencia Lockwood. Los visitantes es la primera parte de una saga y es un tanto introductoria, aunque no por eso deja de ser entretenida y fácil de leer. Además, presenta un mundo que, aunque está basado en elementos conocidos (la forma de luchar contra los fantasmas es casi igual que en la serie Supernatural), es muy original y puede dar mucho de sí. En cuanto salga la segunda parte, la leeré sin falta.

El próximo lunes literario estará dedicado a... La lección de August de R. J. Palacio.

domingo, 22 de junio de 2014

Maromo de la semana 172

Pues un domingo más, os traigo una entrada nueva con un nuevo Maromo de la semana. He estado viendo My mad fat diary estos días y, a falta de ver el último episodio de la segunda temporada, estoy muy, pero que muy, enamorada del Chico, así, con mayúsculas. Es que, además, es la monez, pero la monez, así que se merece el puesto. Y el muchacho es cuestión es...

Nico Mirallegro


Nico Cristian Mirallegro nació el 26 de enero de 1991 en Heywood, Greater Manchester, Inglaterra donde se crió y fuego al colegio. Su padre es siciliano, su madre irlandesa y tiene una hermana un año más joven que él.

Su debut como actor tuvo lugar en la serie Hollyoaks (una serie adolescente larguísima), en la que estuvo como regular desde el 2007 al 2010 como Barry "Newt" Newton. Según leo en la wiki, su personaje fue todo un hito porque fue el primer personaje emo en la serie. Cosas de británicos. Por cierto, menudas pintas llevaba el pobre Nico cuando salía en Hollyoaks.

Tras abandonar Hollyoaks, Nico trabajó en la serie Doctors (otra serie eterna) en un arco de nueve episodios y también en uno de la serie Moving on. Además, ese mismo año fichó por el remake de Arriba y abajo, siendo uno de los protagonistas en las dos temporadas que duró. Después, protagonizó la mini-serie Exile y apareció en un episodio de The body farm.


En el 2012 protagonizó la película Spike Island y apareció en un episodio de la serie Last tango in Halifax. Entonces llegó el 2013 y protagonizó la serie The village, además de fichar por My mad fat diary, una serie juvenil del Channel 4 británico. En My mad fat diary es Finn, el chico guapo del grupo, interés romántico de la prota y un amor de chico. En serio, es lo más. Me encanta y lo shippeo a muerte con Rae.

Durante las dos temporadas de My mad fat diary, Nico trabajó en varios cortos y en la película Anita B, que está protagonizada por Robert Sheehan. Además, tiene varios proyectos en post-producción como la tv-movie Common y la película Shooting for Socrates (con John Hannah y el español Sergio Mur, flipo por esto último, por cierto); también está rodando la tv-movie The ark. Y espero que My mad fat diary sea renovada por una tercera temporada y seguir viendo a Rae, Finn y los demás ^^

viernes, 20 de junio de 2014

Cómo matar a un personaje y no cagarla en el intento

Quizás sea cosa mía, pero esta temporada televisiva ha estado cargadita de muertes. Yo juraría que ha habido una plaga... y no, no me refiero a los zombies de The walking dead. La cuestión es que tantas muertes seriéfilas ha hecho que me dé por divagar, ya que me gusta escribir y, a veces, me cargo a algún personaje que otro.

La muerte es un recurso dramático que, si se usa de forma adecuada, puede sacudir las bases de una historia (sea serie, película o libro), tocar la fibra sensible del espectador (o incluso despertar su ira o hasta su alivio) y, también, ofrecer uno de los mejores capítulos o el momento cumbre de la historia. Bueno, la muerte también puede ser un recurso descacharrante, como bien nos han enseñado los chicos de Orphan Black, pero es menos habitual.

¿Y cómo se debe tratar este recurso para que funcione bien?

Bueno, a partir de aquí encontraréis spoilers de las temporadas actuales de las siguientes series: Arrow, Once upon a time, Teen wolf, The good wife y The vampire diaries. Menciono más series, pero los spoilers son sólo de esas ;)

En primer lugar, se debe dejar claro que está ahí, presente. Por ejemplo, en estos momentos estoy viendo la sexta temporada de Castle y hay episodios que juegan con la tensión al poner a los personajes en riesgo de muerte. ¿Funciona esa tensión? No del todo. Por mucho que los actores estén estupendos, por mucho que el episodio esté bien escrito y, aunque quieras comprar ese riesgo, en el fondo sabes que no va a ocurrir nada malo, que ni Castle ni Beckett van a morir.

Me apetecía poner esta foto tan mona y ya que hablaba de ellos, pues aprovecho.

Y es que en las series procedimentales los personajes son inmunes a todo tipo de accidentes o problemas. Por poner varios ejemplos: Beckett en Castle ha sobrevivido a un tiro, a estar sobre una bomba, a quedarse atrapada en un camión frigorífico... Los chicos de NCIS (ya sea el original o el de Los Angeles) han sobrevivido a atentados de todo tipo, explosiones, torturas, incluso extrañas enfermedades. Por tanto, al final acabas asumiendo que los personajes son invencibles y, o sabes que el actor en cuestión no va a estar en la siguiente temporada, o no temes por su vida.

Por eso, hay varias series que se encargan de que en sus primeros episodios te encariñes de un personaje principal y luego, ¡zas!, le matan. El mejor ejemplo sería El cazador en Once upon a time. El episodio centrado en él será de los mejores de la serie, logró que Graham fuera un personaje todavía más interesante y luego le mataron sin contemplaciones, avisándonos de que en Storybrooke el peligro era real y que cualquiera podría morir. Ese mismo recurso lo usaron con Vicky en The vampire diaries, el rubito de The secret circle, Floro en Águila roja y seguramente alguna más de la que no me estoy acordando.

Ahora bien, en líneas generales en cualquier historia todos sabemos que ese "cualquiera" es muy, muy relativo. Los protagonistas nunca mueren. Los protagonistas tienen una resistencia que ni Terminator. Retomando el ejemplo de Once upon a time. Las muertes de secundarios son creíbles, pero, por ejemplo, cuando Rumpelstiltskin la palma a mitad de la tercera temporada sabes que va a haber alguna laguna, que algo va a ocurrir porque es imposible que prescindan de ese personaje. Que emociona, pues sí, en ese caso emocionó muchísimo porque estuvo bien ejecutada, Robert Carlyle es un actor estupendo y la muerte suponía una redención para el personaje que te llegaba a la patata.


Sin embargo, los protagonistas no siempre pecan de ese complejo de inmortalidad, sobre todo cuando se aproxima el final de la serie o saga, en caso de los libros. Aunque, en las series, en general, depende más del actor que del creador.

En esta temporada hemos tenido dos muertes de personajes importantes, en dos series que no pueden ser más diferentes y ambas por el mismo motivo: los actores querían abandonar la serie en cuestión.

Por un lado, Josh Charles llevaba queriendo dejar The good wife desde la temporada anterior y, por motivos creativos, los King decidieron matar a su personaje, Will Gardner, ya que era la única explicación que encontraban plausible para explicar ausencia. La verdad, fue una de las muertes más chocantes que he visto nunca, más que nada porque ocultaron la marcha de Josh Charles y porque sucedió de repente, sin que tuvieras algún tipo de aviso. Levantó mucha polvareda en Internet, hubo quien lo consideró un error y no voy a entrar en si estuvo bien ejecutada o no, porque la cuestión es que el giro funcionó y sirvió para cambiar casi por completo The good wife.

Por otro lado, Crystal Reed quería dejar Teen wolf porque estaba cansada de interpretar a una adolescente a su edad y porque, seguramente, quiera ir en busca de prados más verdes. En este caso, fue la propia Crystal quien pidió que le dieran algo potente con lo que despedirse y se lo dieron. En este caso, también fue sorprendente que Allison fuera la elegida, más que nada porque era de los pocos personajes que no estaban en peligro inminente y, encima, dada la actual popularidad de Dylan O'Brien, él parecía la elección más probable.

Hasta siempre, Allison. A veces me caías como el culo, pero molaba mil que la badass del grupo fuera una chica.

La despedida de Allison emocionó, pese a que, bueno, Allison no era precisamente un gran personaje, aunque en la tercera temporada se redimiera. Pero la cuestión es que su adiós fue real, fue creíble y, sobre todo, fue definitivo.

Porque ahí está lo más importante para que el recurso sea efectivo. La muerte debe ser definitiva en caso de que quiera ser tomada en serio. Si a la mínima de cambio estás resucitando al personal, al final por más música sensiblona que pongan, por más que los actores lloren, a ti te la pela en grande.

Y, sí, The vampire diaries, te miro a ti.

La quinta temporada de The vampire diaries quiso terminar por todo lo alto con un episodio escrito para llorar y emocionar y cagarte en la parentela de Julie Plec. Al menos, era su intención, pero, claro, cuando llevas cinco temporadas matando y resucitando indistintamente, al final quemas tanto el recurso que ya no funciona. Damon murió y Elena le lloró con Wings de Birdy sonando de fondo. ¿Y qué? ¿Cómo pretenden que me lo crea lo más mínimo si en Mystic Falls resucita todo quisqui sin ni siquiera pagar un precio?

Nina Dobrev llora muy bien, ¿eh? Pero, vamos, ni por esas, ni por el cursi discurso de Damon, emociona. Bleh.

¿Cuántas veces ha muerto Bonnie para regresar episodios más tarde? Porque, vamos, ya está claro que en caso de hecatombe, sobrevivirán las cucarachas y Bonnie, que la tía es indestructible.

Por tanto, no entro en el juego de lamentar la muerte de Damon. ¿Para qué? En dos, tres episodios volverá y todos tan contentos. De hecho, por no creerme, no me creo ni la muerte de Katherine, pese a que los guionistas juren y perjuren que es definitiva. Ya, lo que ellos digan. En cuanto quemen al malo de turno y la necesiten, se inventarán cualquier triquiñuela para traerla de vuelta y ya está.

En ese sentido, los chicos de Supernatural son mucho más honestos. En Supernatural sólo debes preocuparse si eres un secundario, porque si te apellidas Winchester la muerte no es nada para ti. ¿Cuántas veces han resucitado Dean y Sam? Muchas. Sin embargo, los guionistas no juegan a sentimentalismos baratos, no intentan que te deshidrates con esa falsa muerte, sino que lo emplean como herramienta para cambiar la situación o para provocar un nuevo giro: la aparición de los ángeles, el Sam sin alma, la última pelea de los hermanos, etc.

Y es que resucitar es otro recurso bastante empleado, pero hay que hacerlo de la manera adecuada, con cabeza. Resucitar debe conllevar un precio alto a pagar porque, si no, te arriesgas a sufrir ese efecto The vampire diaries y que acabes por no tomarte en serio la historia. Ese precio puede ser un trauma y un viaje difícil por delante, como le ocurre a Buffy en la sexta temporada de su serie; el hecho de que los que vuelven no lo hacen como se fueron, algo que ocurre en Canción de hielo y fuego con Lady Corazón de Piedra; o que una vida debe pagarse con otra, como hicieron en Once upon a time con Rumpel y Baelfire.


En ese sentido, Agents of Shield ha sabido lidiar muy bien con la resurrección de Coulson, mostrándonos que no es tan fácil que alguien vuelva a la vida, ni siquiera que alguien la salve (ahí tenemos a Fizt al final de temporada). De hecho, es curioso que las dos series de superhéroes que hay ahora mismo en la tele hayan lidiado tan bien con el tema de la muerte y los regresos de ultratumba, cuando en general en los cómics es algo de lo que chotearse a gusto. Eh, en cualquier colección de Marvel si no has muerto al menos una vez y has vuelto para contarlo, no eres nadie.

Porque en Arrow a veces parecen los de The walking dead, más que nada porque nadie que haya muerto en la isla parece estar muerto de verdad. Sin embargo, lo compensan con las que tienen lugar en el presente, tan impresionantes como definitivas: primero Tommy y ahora Moira. No me digáis que el asesinato de Moira no es una de las escenas más potentes de la temporada. Y, vale, rescataron a Malcolm Merlyn, pero también es verdad que no le vimos morir, sino perder a manos de Oliver y, encima, lo interpreta John Barrowman, lo que lo hacía un tanto predecible.

Ay, John Barrowman :3
No, no he podido evitarlo. Es que este hombre es too much.

Y, si no habéis pillado eso, ya estáis viendo Doctor Who y Torchwood porque lo merecen, que son fantásticas.

Me he centrado en las series, en parte porque ha sido una temporada bastante cargadita en muertes de personajes importantes, y también porque es más fácil llevarlas al día que los libros, que cada uno llevamos a nuestro ritmo. Además, los libros no dependen de tantos factores como ellas, sino únicamente del autor y, encima, por mucho que sean parte de una saga, no se exprimen tanto como una serie, por lo que los escritores no tienden a caer en esos excesos... salvo que sean George R. R. Martin y les enorgullezca matar hasta al apuntador, pero esa es otra cuestión.

Ah, George, por cierto, si alguna vez osas tocar a Jaime, tú y yo vamos a tener un serio problema y tengo muy mala leche ^^

Por si acaso.

PD: Soy una loca que se ha puesto a escribir esto sin haber visto el season finale de Game of thrones o haya terminado de ver la última de Merlin, que por fin la estoy viendo, ahora que es verano y hay sequía seriéfila. Ahí, a lo loco, xD.

miércoles, 18 de junio de 2014

La farsa no tan farsa de Amy

Faking it era la nueva propuesta de comedia juvenil de la cadena MTV, que nos presentaba a Amy y Karma, dos amigas que acababan haciéndose pasar por lesbianas para ser populares en un instituto donde los marginados son los que parten la pana y los pringados son aquellos que, en otros lados, serían las abejas reinas.

La propuesta era, cuando menos, original, ya que ese instituto de Austin jugaba al mundo al revés y suponía una vuelta de tuerca a un género que siempre suele regirse por las mismas reglas. Y, bueno, es cierto que no aprovechan el mundo de instituto, algo que deberían trabajar de cara a la segunda temporada y ampliar el universo de personajes. Pero también es verdad que en Faking it han sabido encontrar el rumbo, el tono y el corazón y le ha sentado estupendamente.

Porque los primeros episodios no terminaban de hacer click. No es que estuvieran mal, que no era el caso, pero le faltaba algo. En ellos nos contaban como Karma, desesperada por ser popular, arrastraba a Amy a su farsa de fingir ser lesbianas, mientras también intentaba seducir al chico guapo del instituto, Liam Booker. Era una premisa válida para una comedia romántica de noventa minutos, aunque yo no estaba muy segura de que fuera a dar mucho de sí como serie. ¿Hasta cuándo iban a mantener el engaño? ¿Iban a repetir situaciones de enredos continuamente?


Y, de hecho, no terminaba de funcionar como centro de Faking it, al igual que tampoco terminaba de convencer el personaje de Lauren (la hermanastra de Amy) como mala malísima de la función o zorra de instituto, como prefiráis.

Pero, por suerte, los guionistas se dieron cuenta y decidieron cambiar el rumbo de la ficción, centrándolo en el mejor personaje que tenían y en su mejor actriz. Porque la Amy de Rita Volk ha sido el auténtico descubrimiento de Faking it, se ha convertido en su corazón y también en el personaje más interesante y carismático. No es que no haya otros grandes personajes, que los hay, pero ha jugado muy en contra de la otra protagonista de la serie.

La dinámica entre Amy y Karma no es precisamente algo nuevo. Mis primas se pirran por una serie del Disney Channel sobre bailes (Shake it up, por si os interesa), donde la pareja protagonista también se basa en una amiga egoísta que arrastra a la más sensata a sus locuras. No es que sea una especialista el dicha serie, pero lo poco que he visto con ellas, ambas están equilibradas y los arranques egoístas de una acaban provocando que la sensata haga lo que de verdad quiere hacer y que no se atreve a hacer y siempre tienen una base más o menos sólida como conseguir su trabajo soñado.


Pero aquí todo lo que Karma ha hecho no sólo ha sido egoísta, sino que también ha sido destructivo para Amy y basado en un pretexto tan idiota como querer ser popular a toda costa o poder estar con un chico al que ni siquiera conoce. Por eso, es muy difícil sentir cierta empatía con Karma y sus dramas o idas de olla, sobre todo cuando sus actos siempre provocaban que Amy sufriera. Porque siempre, siempre, Amy acababa teniendo problemas porque Karma era incapaz de pensar en nada más que en lo que ella quería: la salida del armario, que casi mata del disgusto a la madre de Amy; el trío, que implicaba a Amy sin que ella supiera nada...

Y, claro, tampoco ayudaba que Liam Booker fuera el mayor aborto de galán de la historia. Porque, madre mía, se puede ser soso y luego se puede ser Liam Booker. Es cierto que han intentado darle algo de profundidad, de no hacer al típico guaperas de instituto, sino a alguien más complejo que no sólo era alguien que apoyaba a los marginados, sino que tenía problemas familiares y demás. Y yo no sé si es que es tan poco interesante por cuestiones de guión, si es que no saben escribir el personaje o es que el talento interpretativo de Gregg Sulkin es nulo, pero, vamos, que Liam Booker ha sido, en general, un pozo de desinterés y sosez tremendo.

Además, Karma no tiene química con él. Para nada. Yo creo que si Katie Stevens besara a una escoba, sería lo mismo. Es como que ella sí que le pone ganas, se esfuerza, pero él es lo más soso de la historia. En serio. Eso hace que el triángulo sea un poco difícil de comprar, más que nada porque cuando Karma está con Amy sí que saltan las chispas. ¿Acaso hay alguien que quiere que Karma esté con Liam en vez de darle una oportunidad a Amy?


De hecho, cuando Karma quiere es la cosa más mona con Amy, lo que hace que, por un lado, veamos cierta humanidad en ella y, por otro, entendamos que Amy esté enamorada de ella.

Antes he dicho que Amy era el corazón de Faking it, el centro, y es verdad. La serie se encaminó muchísimo cuando se olvidó de que era una comedia con dos chicas fingiendo ser lesbianas y se centró en ser una dramedia juvenil con el viaje de Amy como trama principal.

Porque el viaje de Amy ha sido algo mágico de ver: la incertidumbre, sus dudas, el miedo y la esperanza, combinado con su nueva situación familiar, lo que hacían de Amy un personaje un tanto complejo y adorable. Porque Amy es la sensata, es la que acepta todo, la mejor amiga, la que pasa de cosas de instituto, pero al mismo tiempo es la que se vuelve loca y vengativa cuando se le cabrea (estuvo divertidísima con el tema del croquembuche) y la que no duda en hacer lo que sea, por mucho que se vuelva en contra de ella, por Karma. Y Rita Volk está fantástica. No sólo es natural, sino que sabe retransmitir la vulnerabilidad de Amy, su ilusión y su dolor y hace que la adores por encima de todas las cosas.


Amy, encima, se convirtió en el centro de los personajes. Entre ellos muchos no tienen relación, pero todos están unidos a Amy de una forma u otra. Y mientras que la relación entre Karma y Liam estaba muy falta de magia y de interés, los otros dos secundarios se perfilaron mucho más interesantes a lo largo de la temporada. Shane funciona perfectamente tanto como amigo y apoyo de Amy y de Liam, tanto como chico más popular y rompecorazones, que intenta ser mejor persona de lo que él mismo se cree. Y Lauren ganó enteros haciendo equipo con Shane y luego apoyando a Amy cuando más lo necesitaba.

La verdad es que Lauren es otro de los personajes que más me han gustado. Al principio, como zorra malvada no sólo era tópica, sino plana y no funcionaba, quedando más esperpéntica que otra cosa. No obstante, acabaron mostrando que tenía corazón y ganó enteros. Es mucho mejor como amienemiga de Amy y Shane, como una chica que no es tan fiera como la pintan y que tiene problemas, que como villana.


Y hasta aquí la ausencia de spoilers, porque lo que ha pasado en el final de temporada me ha dejado tan loca que tengo que entrar en faena. Así que, ya sabéis, si no lo habéis visto, pasad de lo que queda ;P

Yo tenía claro que el entramado de mentiras de Karma le iba a pasar factura, haciendo honor a su nombre. Karma llevaba jugando con Amy y Liam toda la temporada y ni siquiera intentaba enmendarse, se limitaba a mentir y mentir para salirse con la suya, sin pararse a pensar en lo que provocaban sus mentiras. Por tanto, era justicia que tarde o temprano, todo le estallara en la cara.

Ha sido curioso como ha pasado de tenerlo todo a nada en un solo episodio. Al fin estaba con Liam, las cosas con Amy parecían estabilizadas, pero entonces ha comprendido de una vez que Amy estaba enamorada de ella y ha tenido que revelarle que estaba con Liam, algo que ha terminado de romper la patata de Amy. Porque una cosa es que tu mejor amiga no te corresponda y otra muy distinta que esté con alguien a tus espaldas, sobre todo con alguien que ha conseguido utilizándote a ti. Es muy, muy cruel, por mucho que Karma no conociera sus sentimientos... que habría conocido de no ser tan egocéntrica, por cierto.

"Amy, do you have feelings for me?"
¿Y ahora te das cuenta? Really?

Y, al mismo tiempo, Liam se enteraba de todo el engaño y, claro, la ha mandado a la mierda, algo que era de esperar una vez le ha hablado de los problemas que había en su familia con ese tema.

La verdad es que este episodio ha logrado que, al menos, Liam me interesara algo y me diera pena, porque ha sido muy triste verlo destrozado tras saber la verdad. Porque Karma lleva volviéndolo loco toda la temporada con sus idas y venidas y, encima, ha descubierto que todo era una mentira desde el principio.

Al final, los enemigos, los dos que luchaban por lo mismo casi sin saberlo, han acabado en la misma situación y compartiendo más que la chica ha conseguir. Ambos se sienten estafados, dolidos y traicionados por Karma, lo que les ha hecho bajar a los infiernos donde se han encontrado. Y, aunque al ver cómo se acostaban borrachos y dolidos he flipado colores, una vez lo he pensado tenía todo el sentido del mundo.

La hostia que se va a llevar Karma va a ser de campeonato.

Además, esa escena supone un cambio de juego en toda regla. Del engaño no queda nada, ya sólo queda la honestidad y un escenario completamente nuevo: la amistad entre Amy y Karma pende de un hilo y cuando se conozca la noche de pasión entre Amy y Liam va a estar peor; Lauren parece estrechar lazos con su hermanastra y seguramente tenga que afrontar que todos conozcan su secreto; Shane, el ligón, no sólo tiene novio, sino que éste es célibe...

Vamos, que la segunda temporada pinta muy, muy interesante y tengo muchas ganas por ver cómo se van a desarrollar las relaciones a partir de todos los cambios introducidos en este octavo episodio. Ay, qué larga va a ser la espera.

PD: Que la semana que viene vuelve Teen wolf, ¡yupi! =D

lunes, 16 de junio de 2014

Obsidian

Hoy os traigo la reseña de una novela que me estaba resistiendo a comprar, más que nada porque era el primero de una saga de cinco y yo ya no puedo con mi vida, que me la paso entera esperando que salgan nuevas entregas de las sagas que sigo. Si es que mi vida es una jodida espera, xD. Y encima siempre acabo enganchada a sagas... Ay, señor, llévame pronto, xD.

Total, que estoy hablando de Obsidian, la primera parte de la Saga Lux de Jennifer L. Armentrout, de la que encima todo el mundo hablaba maravillas, así que al final he caído rendida ante Daemon y cía.

Tras la muerte de su padre, Katy y su madre se mudan desde Los Angeles a un pequeño pueblo de Virginia Occidental. Katy cree que su vida va a ser tan aburrida que no va a tener ni Internet para actualizar su blog literario, pero entonces conoce a los Black, sus vecinos, que son de su misma edad: Dee, de la que se hace amiga enseguida... y Daemon, que es tan guapo como arrogante y malcriado y que parece empeñado en torturar a Katy para que se aleje de ellos.

Cuando una noche Daemon salva a Katy de un extraño que está a punto de matarla, la situación empieza a cambiar y, al final, Katy descubre el secreto de los gemelos Black: son alienígenas y una raza enemiga los está buscando para matarlos.

Como podéis ver, Obsidian no inventa nada nuevo, es un cliché hasta en la sinopsis. Sin embargo, eso no quiere decir que sea una novela aburrida o que peque de las mismas cosas que otras del género, como Crepúsculo. Porque, sí, tiene elementos que recuerdan mucho a Crepúsculo: chica cosmopolita y solitaria llega a un pueblo pequeño donde hay una familia no-humana de la que se hace amiga. No os preocupéis, porque aunque tiene un planteamiento parecido, Obsidian no es Crepúsculo.

La mayor diferencia radica en los personajes. Y es que Katy no es una pavisosa intensa, sino una chica con carácter, que no se corta a la hora de encarar situaciones y que, encima, está dispuesta a vivir la vida y participar en ella. Así, tenemos una protagonista que no se amilana ante nada y que no se calla ante el chico de la historia, que dista mucho de ser el típico torturado misterioso y melancólico.

Porque Daemon es divertido y encantador, pero también puede ser un capullo del quince cuando quiere, algo que es superior a Katy. Por eso, hay escenas que son muy monas entre ellos, pero en general la pareja nos ofrece un toma y daca de lo más divertido y que muestra el gran carácter que tienen ambos. La verdad es que es divertidísimo como Katy se divide entre las hormonas y el pensar lo bueno que está Daemon, entre como la irrita y entre lo agradable que puede ser con ella.

De momento, en esta primera entrega, la relación entre los dos se basa en esa dinámica de entendimiento y pullas, lo que resulta de lo más entretenido y nada cursi.

Además, la pareja principal está acompañada por una buena ración de secundarios que, tengan más o menos papel, están muy bien definidos: Dee es positiva y alegre, las amigas de Katy son la leche, los trillizos amigos de los Black son algo más complejos y pueden dar mucho de sí en futuros libros...

De hecho, lo único que podría criticarle a Obsidian es que peca de ser introductorio. Creo que en este caso la sinopsis de la portada juega mucho en su contra, pues la mayor parte del libro está dedicada al misterio acerca de qué son los Black y, claro, tú ya lo sabes sin haber empezado a leerlo. Sin embargo, pese a eso, Obsidian tiene un ritmo bastante ágil y resulta muy sencillo de leer, incluso engancha pese a no contar con un misterio del que necesitas saber la respuesta.

Eso sí, pese a que el planteamiento es muy típico de la novela juvenil, Jennifer L. Armentrout lo salva con una mitología poco explotada: los extraterrestres. Además, lo que propone sí que escapa de clichés y me resultó muy interesante cómo son las dos razas que nos presenta, sus poderes, su conflicto y que se encuentren en La tierra de forma pacífica y siendo controlados por el gobierno. También me gustó mucho el tema de que los poderes de Daemon y compañía dejen rastro en los humanos que están cerca cuando los usan.

La verdad es que tengo ganas de leer los siguientes porque, imagino, que una vez entrados en materia, se dedicarán a dar más cancha al conflicto de las razas, el gobierno y algo que a mí me llama mucho la atención: ¿qué ocurrió con el hermano de Daemon y su novia?

Vamos, que Jennifer L. Armentrout sabe jugar muy bien con los tópicos y consigue hacer de una historia en principio manida, una novela divertida y adictiva protagonizada por dos personajes con garra y sazonada por el tema extraterrestres, lo que supone un soplo de aire fresco. Tiene un buen final, que me sorprendió bastante y que me dejó con unas ganas terribles de hacerme con los otros dos libros publicados hasta el momento.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Agencia Lockwood. Los visitantes de Jonathan Stroud.


PD: Yo creo que me quiero ir a vivir a la editorial Plataforma Neo porque todos los libros que he leído de ellos, me han encantado.

viernes, 13 de junio de 2014

La difícil situación de Clara Bornay

El miércoles terminó la temporada de Byb, de boca en boca, una serie que empezó con buen pie y que ha ido mejorando a medida que transcurrían los episodios hasta acabar por todo lo alto con unos cuantos cliffhangers de estos de tirarse de los pelos. Byb ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de crear situaciones complicadas, ni tener miedo cuando se trata de consecuencias de los actos de los personajes.

Pero no quiero adelantarme porque Byb no es una serie perfecta y prefiero centrarme en el defecto que le he visto en estos dieciséis episodios, antes de hablar de sus maravillas. Cuando hablé de sus primeros episodios, encontré que todo el entramado de personajes tenía un talón de Aquiles, la familia de Bornay, que era lo que menos me interesaba de lejos. La cuestión es que, poco a poco, con el devenir de los episodios, esa situación se ha visto mejorada... en parte.

Porque la familia del personaje de Luisa Martín, ella incluida, me sobran. Mucho. No sólo eso, sino que tanto ella como su hija son los peores personajes de la ficción y sus tramas son un agujero negro que rebobinaría sin dudarlo.


El personaje de la criada (es que ni siquiera recuerdo el nombre) tiene un discurso rancio e insostenible, ¿o es que acaso se puede comprar que tras que Bornay provocara el suicidio de su hermana, no sólo siga trabajando para él, sino que venere a los señores como si fueran dioses? Yo es que no lo entiendo, para nada. De hecho, me pone negra su eterna retahíla sobre lo buenos y generosos que son los señores dándoles trabajo y bla, bla, sobre todo cuando los señores son un par de cabrones clasistas que los tratan a patadas.

El de la hija tampoco es mucho mejor. Eso sí, mientras que la criada tiene cierta personalidad (es muy cliché, pero eso es otra cuestión), el de la hija ni eso. Ese es el mayor problema de Martina, que ni siquiera es un personaje, es alguien limitado a estar o con Bornay o con Mario. No hay más. No tiene trama, no tiene ni escenas que ayuden a hacer de ella algo más que la secretaria buenorra de turno. Por no tener, no tiene ni escenas "monas" con Mario.

Me aburro.
Y esta chica necesita una personalidad con urgencia.

De hecho, ese triángulo es lo peor armado de Byb con diferencia. Tal y como lo plantean es para que el espectador desee que Martina elija a Mario sobre Bornay, que desees que ese "amor imposible" se cumpla. Sin embargo, es que no nos dan nada. Absolutamente nada. Ni un mísero flirteo, ni escenas que apoyen a la pareja. Lo único que nos han enseñado es a Martina yendo de uno a otro, pasando completamente de Mario desde el principio. Porque siempre es él quien la busca a ella, porque es él quien le pregunta, pero ella pasa de Mario hasta el punto de no tener ningún detalle con él. Por eso, no entiendo esa fijación que tienen con la pareja, personificada en Juan.

Yo, no sé, pero si fuera Juan, no estaría emperrado en que mi amigo persiga a una chica que no ha hecho nada salvo utilizarle.

Si nos quieren vender la relación me parece bien, pero que lo hagan, leches. Porque, además, con las otras parejas sí que saben dar escenas que demuestran que hay sentimientos, ese tipo de escenas para que shippees, vamos.

Por ejemplo, hasta Hugo y Cayetana han tenido tonteo y escenas que muestran que ambos están interesados en el otro. Bueno, Hugo es otro personaje bastante tópico, plano y, sobre todo, soso a rabiar, pero me molesta menos que los otros dos miembros de su familia, quizás porque no es tan casposo o, quizás, porque hace de Cayetana un personaje más interesante.


Y es que resulta curioso que los mismos guionistas que nos han dado a ese trío tan rematadamente malo, sean capaces de hacer que el resto de los personajes, aunque estén basados en clichés, tengan ese algo que los diferencia y los hace cercanos y más interesantes para el espectador.

Hasta han logrado que Cayetana sea algo más que lo que parecía en un principio: la típica niña bien consentida y caprichosa. Sí, lo es, pero hay más. Personalmente, siempre me llama la atención que todo el mundo piense que es peor persona de lo que es, en especial el trío de chachos, que siempre están pensando mal de ella; sobre todo cuando, hasta el momento, ha sido Hugo el único que ha jugado un pelín a dos bandas al tontear con Sonia.

Cayetana se ha mostrado como alguien muy sincero, vehemente, víctima de esos padres tan sumamente horribles que no han dudado en humillarla y machacarla, pero también como alguien impredecible. Ya me sorprendió cuando guardó el secreto de Martina, por mucho que ante ella no se callara y no le ocultara su desprecio, pero en el último episodio me dejó a cuadros al acostarse con su amigo pijo al saber que estaba embarazada de Hugo y, también, al mentirle a éste. ¿Por qué lo ha hecho? ¿Para proteger a Hugo de la ira de Bornay? ¿Para ahorrarse problemas?

Me intriga saber por dónde va a ir Cayetana en la próxima temporada, aunque me fastidia saber que la que va a purgar todo esto va a ser Sonia, que no ha hecho nada para merecer acabar en semejante situación. Porque estoy segura que cuando esté en su momento más dulce con Hugo, éste descubrirá lo que pasa en realidad y la patata de Sonia se hará pedazos. Lo bueno de eso es que podrían lanzarse a liarla con Mario (el otro damnificado por los primos maravilla).

Sí, a mí no me quitarán de la cabeza que Fran y Macarena deberían ser pareja de nuevo. Además, el chico cínico y la chica idealista pueden dar mucho de sí. Yo lo veo. Lo veo mucho. Soy muy cabezona, ya me conocéis.


Aprovechando que he sacado a Sonia a colación y que el Pisuerga pasa por Valladolid, me toca hablar de una de las tramas de más largo recorrido y que más me han gustado y es esa situación tan jodida y maravillosa en la que están metidos ella, Candela, Pablo y Clara. Porque con su parte los guionistas han sabido entretejer una maraña complicada, pero también muy natural y realista, donde nadie es víctima ni verdugo.

Habría sido muy sencillo que escribieran que Clara era una pija insufrible, alguien a la que odiar, para que la pareja de Pablo y Candela contara con el apoyo del público. Sin embargo, Clara ha resultado ser un amor de chica: dulce, comprensiva, enamorada de Pablo, siempre dispuesta a ayudar y a apoyar a quien sea... De hecho, Clara lleva toda la temporada haciendo un esfuerzo tras otro, acallando el sufrimiento que le provocan ciertas situaciones que no es que los otros provoquen de forma malintencionada.

Y eso me ha sorprendido para bien, que se hayan salido de los tópicos al escribir a una chica que está enamorada y que en ningún momento le ha reprochado nada a Pablo, todo lo contrario: le ha apoyado, pese a que ella suele estar en la posición más jodida. Muchas veces Clara me ha dado mucha pena y las miradas de dolor de Cristina Alarcón (todo un descubrimiento esta chica, me parece súper natural y transmite un montón) llegan a la patata.


Porque es de ley que ella quiera ser el centro de Pablo, también ser la protagonista del día de su boda, al igual que lo es que Sonia desee estrechar lazos con su padre y que la relación de Candela y Pablo no esté tan muerta como ellos creían antes de reencontrarse.

Todos actúan como buenamente pueden, dejándose llevar por instintos muy humanos y sufriendo que el resto de personajes de ese cuarteto haga lo mismo. Porque a Candela se le despertaron sus sentimientos por Pablo tras conocer por qué se marchó, pero también aprecia a Clara. Y Pablo quiere a Clara hasta el mundo de tragarse sus principios, pero también se pone celoso cuando alguien se acerca a Candela y también le es muy fácil formar parte de su familia al conocer bien a César y Susana, lo que provoca que Clara se sienta una extraña y no olvide las palabras que su madre le dedicó con tal mala leche: que Pablo tiene ya una familia y ella nunca formará parte de eso.


Y todo es muy difícil porque todos te caen bien y es muy jodido porque todos sufren y, vamos, en el fondo todo eso mola. La verdad es que esa parte de la serie no puede ser más perfecta y no puede estar mejor escrita, además tiene ese punto de originalidad y de ser valiente porque no han ido a lo fácil.

De momento, nos han dejado a Candela dándole una oportunidad al buenorro (ay, qué grandes Sonia y Susana con el buenorro, sobre todo ésta última) y a Clara creyendo que Pablo ha vendido a su padre, justo cuando estaban en su momento más dulce. De hecho, es de lo más cruel que justo cuando Sonia le da a su padre su peluche, para su futuro hermanito, Mario haga saltar todo por los aires y provoque una crisis entre los dos. En serio, la crueldad, pero mola al mismo tiempo.


No sólo esas relaciones han estado muy bien escritas, el resto también: el matrimonio tan adorable de César y Susana (con sus hijos, que son genialosos), que en parte parece que ha adoptado a Lucas y eso mola; las distintas amistades en la revista; el odio y el rencor entre el matrimonio Bornay, que funcionan muchísimo mejor como villanos que como triángulo amoroso con Martina; la relación tan complicada entre Juan y Vero, a la que por cierto echo de menos.

Porque Vero es un personaje que siempre me ha gustado mucho. Me gusta que si se equivoca o hace algo que no está bien, asume las consecuencias, en vez de ir de víctima (Martina, te miro a ti). También me gustó que no dejara que Juan fuera con ella, me pareció muy honesto y valiente y, en parte, demostró que le quería. Así que yo espero su regreso como agua de Mayo. Y espero que acabe enamorándose de Juan, que me gustan mucho juntos.

Porque también creo que Juan va a volver, pese a ser el protagonista del peor cliffhanger de todos. Y es que, si las tramas horizontales en líneas generales han estado muy bien, las episódicas también y en este episodio culminaron con Juan más muerto que vivo tras haber sido víctima de una paliza brutal.

No es la primera vez que el afán periodístico crea problemas a los protagonistas, pues Pablo fue disparado en el cierre del estupendo episodio de la boda, justo en brazos de su hija tras que ella lo llamara por primera vez "papá". Lo que hace que Byb tenga ese aire de ensueño, de ideales que me gusta tanto, porque no sólo critican a los paparazzi sin despeinarse, sino que los guionistas parecen escribir una oda al periodismo de verdad y eso es bonito. Además, pone a los personajes en situaciones límite constantemente, porque en Byb siempre están pasando cosas, no saben lo que es el relleno.


La cuestión es que Juan y Mario habían descubierto el desfalco de Bornay, algo que les ponía contra las cuerdas porque, al fin y al cabo, Bornay les da de comer. Pero, además, Juan tenía entre manos el reportaje a una banda de moteros y, al incluir el testimonio de un amigo de Lucas al que habían estado a punto de matarle de una paliza, tanto él como Mario acaban sufriendo el mismo destino.

La verdad es que, si te paras a pensarlo, el episodio estuvo lleno de ironías crueles de este tipo, lo que demuestra, una vez más, que los guionistas saben llegar hasta el final. Ya lo demostraron en el episodio de la boda, que originariamente era el final de temporada, pero lo han seguido haciendo en estos tres añadidos, donde la tensión y el humor han ido de la mano: Pablo en el hospital fue angustiante por el médico que le atendía, Candela y Rubén en el coche, la despedida de Vero...

Por mi parte, sólo me queda decir que estoy deseando que llegue la segunda temporada y saber qué pasará a continuación tras ese final tan explosivo que se marcaron. Y me encantaría que se cargaran el lastre que supone el entresijo de la casa de los Bornay o que, al menos, mejoren a ese trío de rancios tan rematadamente planos.

Ah, y que el maromo se quede, yo quiero al maromo de vuelta, que me encanta. Y, de paso, que le den más cancha al hermano de Susana y a Lucas, que ahí hay tema ;P

miércoles, 11 de junio de 2014

En blanco y negro: Capítulo 37

La semana pasada tocaba subir un nuevo capítulo de En blanco y negro, pero estuve en plena época de exámenes y me fue imposible preparar la entrada. Pero hoy sí que os traigo el capítulo 37 y espero recuperar la normalidad con los que quedan. Sin más dilación, os dejo con el capítulo 37, Padres e hijos.

Mientras Tim intenta adelantarse a los Benavente e impedir que le hagan nada a Hanna, Rodolfo Benavente se reúne con Ariadne para darle las respuestas que tanto estaba buscando.


Una vez más espero que os haya gustado, sobre todo porque ha habido bastante información y respuestas. También espero que si estáis con la PAU o la acabáis de hacer, que os haya ido bien, al igual que si estáis con exámenes. Y, como siempre, si queréis comentar cualquier cosa, vuestras palabras son más que bienvenidas y que, de hecho, son la base de mi energía vital, xDD.

En dos semanas, más.

Próximamente: La motivación adecuada.

lunes, 9 de junio de 2014

Lord John y el prisionero escocés

Hoy es fiesta en La Rioja, algo que me gusta comentar porque, eh, es fiesta y estoy de vacaciones, ¡hay que celebrarlo! ¿Y qué mejor para hacerlo que publicar la reseña que para eso es un Lunes Literario sea fiesta o no? Además, hoy os traigo la reseña de una novela que disfruté muy mucho: Lord John y el prisionero escocés, la tercera (y penúltima) entrega de la saga de Lord John.

La verdad es que pese a estar ambientadas en el mismo mundo y protagonizadas por los mismos personajes cada novela de Lord John ha sido distinta a la anterior y esta no ha sido la excepción.

Por un lado, Lord John contrae una deuda de honor con un colega, que acaba de fallecer, que le lleva a trabajar en un caso para llevar a un oficial corrupto a la justicia. En medio del papeleo que le ha dejado el difunto militar, se encuentra una hoja a la que no le encuentra sentido alguno porque está en irlandés. Lord John, a sabiendas de lo meticuloso que era su compañero, sabe que es importante y su hermano, Hal, acaba encontrando el modo de saber qué significa la hoja en cuestión.

Por otro lado, Jamie Fraser vive tranquilamente en Helwater, donde puede ver a su hijo crecer de la distancia, cuando un fantasma del pasado vuelve. Su nombre Ian Quinn, un irlandés al que conoció en prisión y que quiere reclutarle para intentar un nuevo Levantamiento. Jamie, que sabe que la causa nunca llegará a buen puerto y cansado de problemas, sólo quiere vivir en paz, por lo que se niega a colaborar con Quinn. Sin embargo, el duque de Pardloe, también conocido como Hal Grey, decide llevarlo a Londres para que les ayude a Lord John y a él con el caso que tienen entre manos.

No es la primera vez que Jamie Fraser aparece en esta saga, que cronológicamente abarca el periodo de tiempo en el que Jamie y Claire estuvieron separados entre la segunda y tercera entrega de su propia saga. Sin embargo, las apariciones anteriores eran algo más bien puntual y siempre desde el punto de vista de Lord John, mientras que en El prisionero escocés el punto de vista se reparte entre los dos.

Y, claro, Jamie es Jamie, lo que significa que mola mucho. Además, en el punto donde se encuentra la acción la relación entre Jamie y Lord John no puede estar en peor punto. La verdad es que la relación entre los dos personajes siempre ha sido muy compleja, incluso cuando están en buenos términos. Por eso, es muy interesante el que Diana Gabaldon decidiera compartir los puntos de vista de los dos para ver cómo es el reencuentro y como, poco a poco, vuelven a vencer sus diferencias y ser amigos de nuevo.

También es interesante que se vea el punto de vista político de ambos, ya que Lord John es fiel a la corona, mientras que Jamie es jacobita. Bueno, el conflicto escocés es un tema que me gusta mucho. Lo conocí gracias a los libros de Forastera (que me llevaron a investigar en Internet para no hacerme la picha un lío, todo sea dicho) y la verdad es que me gusta mucho como la autora ofrece las dos visiones del conflicto. Además, en este libro en concreto habla sobre Irlanda, lo que es un cambio de escenario y una novedad en la saga y que le ha sentado muy bien.

Al igual que el darle más cancha a la familia de Lord John. En otras entregas habíamos conocido bien a su madre, también a Hal, pero en El prisionero escocés no sólo hemos visto otras facetas de Hal (verlo conversando con Jamie fue un placer o los miedos de John de que acabaran a palos), sino que hemos podido conocer a Minnie, lo que ha molado cantidad. Quién iba a decir que Minnie era lo que era. Y, de paso, la autora nos regala una escena de Lord John con sus sobrinos que es lo más mono que he leído en mucho tiempo. En serio.

De nuevo, había un misterio que Lord John debía resolver, aunque en este caso más que el misterio (como ocurría en Lord John y un asunto privado), lo importante eran las aventuras y los cambios de escenario que sufrían los personajes, sobre todo para ver como iba evolucionando la relación de John y Jamie y como, poco a poco, dejaban la apocalíptica discusión atrás y volvían a ser amigos y respetarse.

Por lo demás, no me queda más que repetirme, pues Diana Gabaldon sigue escribiendo tan maravillosamente bien, no le tiembla el pulso al seguir la historia y vuelve a regalarnos unos personajes inolvidables. Una vez más, sólo me queda hacerle reverencias a Diana Gabaldon.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Obsidian de Jennifer L. Armentrout.

domingo, 8 de junio de 2014

Maromo de la semana 171

Tras no sé cuántas semanas sin cambiar al maromo, hoy os traigo a uno nuevo, no sea que Colin se me hernie el pobre de estar ahí casi infinitamente, xD. Bueno, la cuestión es que ayer vi Maléfica y el príncipe daba pena no, lo siguiente, lo que me llevó a acordarme de Mirror, mirror, la versión de Blancanieves que a mí me pareció bastante divertida y que tenía un chulazo de príncipe y ese chulazo rematadamente mono es...

Armie Hammer


Armie, que se llama Armand Douglas Hammer, nació el 28 de agosto de 1986 en Los Angeles, California en el seno de una familia adinerada. Durante su infancia, estuvo viviendo una temporada en Dallas y, cuando tenía siete años, la familia se mudó a las Islas Caimán. De regreso a Los Angeles, Armie empezó a asistir a cursos de arte dramático, que compaginaba con el instituto, aunque al final abandonó sus estudios para dedicarse únicamente a actuar.

Su debut llegó en el 2005 con un papel episódico en la serie Arrested development, al que le siguió otros personajes episódicos en series como Veronica Mars y Mujeres desesperadas. También tuvo un papel muy pequeñito en la película Flicka. No fue su única incursión en el cine, pues en el 2008 apareció en Blackout (película protagonizada por Aidan Gillen, por cierto), donde tenía un personaje mucho más importante; en Billy: The early years y en Desmadre vacacional.


En el 2009 apareció en un arco de episodios de Gossip Girl como Gabriel Edwards y en otro de la serie Reaper como Morgan. Ese mismo año participó en la película The last hurrah, a la que le siguieron otros proyectos de más renombe como La red social y J. Edgar.

Tras aparecer en un episodio de Los Simpsons y en otro de Padre de familia, Armie fichó por la adaptación que Julia Roberts estaba haciendo de Blancanieves. En español, se quedó con ese título, aunque en inglés era Mirror, mirror. Y yo recuerdo que Armie me moló un montón en esa película y no porque lo descamisaran, que también, sino porque el tío estaba muy mono y bastante gracioso.


En el 2011, Armie consiguió un papel que, en un principio, resultaba bastante jugoso, pues Disney esperaba repetir el éxito de la saga Piratas del Caribe adaptando una serie mítica, El llanero solitario. A Armie le dieron el papel protagonista y a Johnny Depp el de Tonto, el indio que le acompaña. En español no recuerdo si es Tonto o Toro, pero en inglés es lo primero. Bueno, la peli se deja ver, no es nada del otro mundo, pero se pegó un buen batacazo en taquilla, aunque Armie salía guapísimo no, lo siguiente.

Desde entonces, Armie no ha vuelto a aparecer en nada, pero eso está a punto de cambiar, pues tiene una película en postproducción: The man from U.N.C.L.E junto a Henry Cavill y Hugh Grant. OMG, verlos a todos juntos en una comedia tiene que ser fantabuloso total.

jueves, 5 de junio de 2014

La venganza que tarda en llegar

Hace ya unas cuantas semanas se estrenó la nueva serie de Antena 3, Sin identidad, y he estado esperando a ver si cambiaban de esquema, pero parece ser que no. Basta que publique eso para que la semana que viene ocurra, que suelo tener esa suerte.

La cuestión es que el máximo defecto que le he visto a Sin identidad ha sido el trabajo publicitario previo. Antena 3 este curso televisivo se está esforzando en promocionar sus series, lo que está de maravilla, pero con Sin identidad nos vendieron una serie diferente de la que es... al menos de momento. Según las promos, según las informaciones, era una historia de venganza que se contaba a dos tiempo, algo así como una versión española de Revenge.

De hecho, sabíamos que la protagonista, María, se escapaba de una cárcel china y decidía vengarse de su familia que no sólo la había robado siendo un bebé, sino que tenían algo que ver con su caída. También estaba la figura de un hacker aliado de la protagonista, chanchullos dentro de una familia adinerada... Vamos, que el referente de Revenge estaba ahí, con la diferencia de que Sin identidad daba la sensación de tirar más por el thriller que por el culebrón.


Y, por eso, el primer episodio fue un poco decepcionante, pues tras la huida de María de la cárcel china en 2013, nos vimos arrastrados al pasado, a 2002, cuando María descubre que no es hija de sus padres. Así, poco a poco, se nos ha ido presentando al elenco de personajes, donde la gran mayoría no sólo tiene secretos, sino que son más cabrones que uno que lo era mucho. Hoy no tengo el día con las analogías, no.

Por suerte, con el paso de los episodios, Sin identidad se ha convertido en un drama de lo más entretenido, donde las tramas van cogiendo fuerza a cada capítulo. Sin embargo, yo sigo esperando que los breves fragmentos del 2013 pasen a ocupar más metraje. No es que no me guste la trama del 2002, que me gusta y los dos últimos capítulos han sido de lo más interesantes, pero siempre tengo la sensación de que si repartieran las dos líneas temporales al cincuenta por ciento, la serie molaría todavía más, quedaría mucho más equilibrada.


Supongo que lo que pretenden con la táctica de ponernos la miel en los labios con el 2013, con la venganza de María reconvertida en Mercedes Dantés, es la de crear tensión y misterio, pues no sólo no sabemos qué ha llevado a María a cambiar tanto y a terminar en una cárcel china, sino que desconocemos quién sigue vivo en el 2013. De momento, salvo a María, sólo hemos visto a su padre acompañado de una niña pequeña que, ojo al dato, también se llama María.

Dios, en serio, es muy creepy. Mucho.

Pero, bueno, voy a dejar aparcada la venganza yo también, ya que de nada sirve el pensar lo que yo haría si fuera responsable de la serie y me voy a concentrar en lo que hemos visto hasta ahora. La verdad es que la introducción de la familia biológica de María fue todo un acierto, pues le dieron más vidilla a Sin identidad y el personaje de Verónica Sánchez crea una tensión que los demás no igualan, pues es una bomba de relojería que tarde o temprano le estallará a la pobre María en la cara y, supongo, que será la responsable de su caída junto al primo psicópata.


Colega, qué loco está el primo. Me acojona un poco, sobre todo cuando se pone en plan acosador de María. Uh, qué grimilla me da, iggghhh.

Lo bueno que tiene es que no se sabe a qué juega, al igual que su padre, los andaluces... La verdad es que la mayoría de personajes de Sin identidad son unos cabrones y tienen esqueletos en el armario, lo que hace que sean impredecibles y que sean capaces de hacer cualquier cosa. Yo aún sigo flipando cuando atropellaron a Juan para quitarle los papeles, la crueldad de Lydia Bosch ante su propia hija a la que dice querer tanto o con la frialdad que tuvo el personaje de Tito Valverde a la hora de afrontar ciertos problemas.

Y parece que en el próximo episodio la madeja familiar se liará aún más con la unión que hay entre el argentino y la familia de Bruno. Sí, me sé muy pocos nombres de esta serie, soy lo peor, lo sé.

La cuestión es que entre tanto claro enemigo, también hay un par de amigos. Un par, que no más. Por un lado, tenemos a Pablo, un hacker interpretado por Eloy Azorín, que me conquistó desde el primer momento (muy objetiva no soy, pero el tío mola) y que sigo pensando que va a ejercer de Nolan de María en el 2013 (o de su mano derecha, as you wish).


Por otro lado, tenemos a Juan, interpretado por Daniel Grao, que es el chico de la función, un abogado idealista que fue un bebé robado y que no ceja en su empeño de sacar todo ese tema a relucir. Juan es valiente, cabezota, sensible... Vamos, que es un amor, y sus escenas con María son la monez y yo los shippeo mucho. Lo malo es que estoy empeñada, pero empeñada, en que en el 2013 Juan está muerto, seguramente asesinado por la familia de María, algo que va a ser otro revulsivo para que ella se vengue. Pero eso son paranoias mías, que no están basadas en nada, tan sólo en la intuición... y en que los guionistas/escritores tienen la fijación de acabar con mis personajes favoritos.

De momento, yo he caído rendida ante los pies del trío maravilla, por denominarlo de alguna manera, ya que son los únicos personajes buenos en todo este lío. Bueno, Fernanda y Trini no es que sean malas, pero ya me entendéis. Tengo ganas de ver cómo continúan las investigaciones de los tres, incluso un enfrentamiento contra el resto de personajes, que están decididos a ocultar todo el asunto del robo de bebés.

Y, una vez más, me encuentro deseando algo que vendrá y que no me dan.

Porque, de momento, Sin identidad ha resultado ser una serie bastante más clásica y convencional de lo que parecía en un primer momento. No obstante, avanza a muy buen ritmo, a los guionistas no les tiembla el pulso para hacer barbaridades y tiene pinta de que éstas irán a más. Y, sí, estoy deseando que la trama del 2013 coja más fuerza, pero de momento es una maravilla ver como, poco a poco, las piezas del tablero se van movimiento y, sobre todo, ver el trabajo de los actores.


El reparto de Sin identidad es una jodida pasada. Así, sin más, sin buscar palabras más finas, porque es lo que mejor lo define. Encabezado por Megan Montaner, que casi parece que está interpretando a dos personajes distintos, pues el cambio de Mercedes a María en brutal. No es la primera vez que veo a Megan Montaner en acción, ya que la disfruté en Gran hotel, pero es increíble la fuerza que tiene esta chica y lo sumamente natural que es, ya sea en su versión joven e inocente o en la curtida y vengativa. La única pega es que esta chica no pasa por tener casi cuarenta años, pero, bueno, se ignora porque Sin identidad no podría tener una mejor protagonista.

Sin embargo, Megan Montaner no es la única que está estupenda, pues todos los actores lo están aunque algunos se hayan lucido más que otros. Victoria Abril, Verónica Sánchez y Lydia Bosch se han marcado unas escenas mucho más potentes que los hombres del reparto, sobre todo porque sus personajes son muchísimo más interesantes, pero éstos también están increíbles. Incluso Miguel Ángel Muñoz, en quien yo no confiaba demasiado (yo es que tengo su videoclip grabado en la cabeza, qué queréis que os diga), convence como primo psicópata.

Para acabar, y ya que es mi blog y me gusta pedir cosas, voy a pedir que le den más papel a Eloy Azorín, que está saliendo muy poco y a mí me gusta mucho.

PD: Mientras escribía esto, he terminado viendo el videoclip de Tú dirás que estoy loco (sí, estoy fatal, lo sé) y, joer, entre que va todo de negro, las greñas rizadas y que me cerebro hace relaciones extrañas, me he acordado de Jon Nieve y me he visto a toda la Guardia de la noche haciendo el bailecito. Sé que estabais deseando tener esa imagen en la cabeza. De nada.