miércoles, 25 de marzo de 2015

El ministerio del Tiempo 1x05 - Cualquier tiempo pasado

Una semana más, hemos tenido un nuevo pedazo de episodio de El ministerio del Tiempo y, encima, con la alegría de que la han renovado para una segunda temporada, ¡yupi! =D Esta semana, por cierto, hemos viajado a los 80 madrileños en un episodio que, en mi opinión, ha sido el más flojo, pero que aún así ha molado cantidad. Es que, claro, con los dos último el nivel estaba taaaan alto que se nota, pero, vamos, que es como pasar de un 10 a un 9'6.

Me dejo de divagar y voy ya con la crónica.

Todo comienza con un vídeo del doctor Jiménez del Oso, que vendría a ser el Íker Jiménez ochentero. Bueno, en el vídeo nos cuentan el misterio de la casa de las siete chimeneas que se supone que está encantada. Dos cosas: una, mola mucho porque en los programas especiales de Víctor Ros ya hablaron de este tema y eso me parece guay; dos, la aparición de la que habla Jiménez del Oso es ni más ni menos que Irene, que fue captada mientras estaba en una misión, buscando algo.

Irene: Estaba ahí, cantando 'Quien maneja mi barca', de ahí que crean que el fantasma se daba golpes en el pecho. Si es que soy una cachonda, ainss... ¿Queréis que os cante un poco? Eh, que la clavo.

A Irene le hace gracia el tema y, de paso, deja caer que está casada con una doctora, algo que a Alonso no le entra demasiado en la cabeza. Tú tranquilo, Alonso, que si el padre de Torquemada se ha adaptado, tú también puedes, ¡vive Dios que sí! Se lo digo en su español, porque es evidente que Alonso de Entrerríos me lee, xD.

A Salvador no le parece tan gracioso y aprovecha para reñir a Alonso porque su rescate épico de Ernesto ha dejado de resultado un dibujo medieval de lo más molón. Alonso se parte la caja hasta que Salvador le dedica una de sus miradas de jefazo, antes de informarles de la misión: deben recuperar el recibo del Guernica porque el museo MoMa no parece muy por la labor de devolverlo a España como debería haber pasado en el 81. Según informa Salvador, hay tres copias del recibo:

1) La del gobierno republicano, que encargó el cuadro.
2) La de la embajada francesa, que era lo que estaba buscando Irene.
3) La del propio Picasso.

Todo esto es interrumpido por Velázquez, que está que no caga con conocer a Picasso, pero Salvador se lo niega siempre y ya está hasta las narices. Le larga muy bruscamente, dejando claro que son el mejor dúo cómico de la serie y manda al trío a por el primer recibo, que se perdió en 1939.

 Salvador: Ya se lo tengo dicho, Velázquez, ni puede ir a conocer a Picasso, ni al futuro a saber quién sobrevive en Juego de tronos.

Me ha hecho mucha gracia ver a Ernesto partiéndose la caja con la escena y por eso pongo la captura.

El problema es que cuando van a colarse en la habitación del funcionario que lo perdió, hay una alarma antiaérea, así que deben refugiarse en el sótano del hotel hasta que la amenaza pase. Mientras, Julián aprovecha para contarles a sus compañeros el significado del Guernica y hablarles de la Guerra Civil, lo que escandaliza a Alonso. Éste opina que no es de extrañar que España haya dejado de ser un imperio porque siempre tuvo mejores soldados que dirigentes. Toma los zascas que meten en esta serie, olé, qué ídolos.

Bueno, al abandonar el refugio descubren que ha habido un pequeño incendio en varias habitaciones, entre las que se encuentra la del funcionario. Uh, qué casualidad.

De vuelta al despacho de Salvador, éste decide que tienen que ir a por el segundo recibo. Como Irene lo intentó encontrar dos meses después de su llegada y es probable que se traspapelara (que para eso estamos en España), Salvador propone que el trío consiga la valija y así no puede perderse. Alonso pregunta que por qué no acudir al propio pintor, pero Salvador dice que es un lío tremendo porque Picasso tenía un lío de tres pares de narices con mujeres, amantes e hijos. Julián se pregunta si todos nuestros genios son unos pichabravas y Salvador cree que tiene razón, xD.

Alonso (pensando): Como se nota que soy un genio español... y soy un truhán, soy un señor, larara...

A Julián no le hace mucha gracia tener que partir, pero Salvador le tranquiliza diciéndole que podrá celebrar el cumpleaños de su padre. Colega, Salvador sabe todo. Qué poderío de hombre, madre mía. Julián, evidentemente, alucina también, pero Salvador le dice que mal jefe sería si no conociera a sus trabajadores. En esas, salen del despacho y Velázquez está esperando para insistir en el tema Picasso, aunque únicamente consigue que Salvador le amenaza con enviarle a pintar bisontes a Altamira. Oh, yo eso lo veo, sobre todo si se cruza con el funcionario que siempre va a la prehistoria y se quejaba de eso. En serio, yo montaba un spin-off de Velázquez en cero coma.

Amelia le indica a Salvador que ella se encarga y aconseja al pintor que no sea tan insistente. Velázquez, entonces, le explica que Picasso es el mejor porque hay quien pinta abstracto porque no sabe, pero no es el caso de Picasso, que sabía pintar la realidad como nadie. Jo, en serio, Velázquez en plan fanboy de Picasso es amor, al igual que lo es Amelia al prometerle que le tendrá en cuenta si necesitan ayuda.

Tras que Julián se reúna con sus padres, que son un par de heavilongos con pintas de simpáticos, vuelve al ministerio para viajar a los 80. Y si Amelia está muy mona con el pelucón rubio de zagal, Alonso es lo mejor de lo mejor al ir con estas pintas:

Alonso con esas pintas es de lo más grande del episodio, en serio.

A Alonso no le mola nada ir así, pero los demás le ignoran y les explican que se alojarán en un piso franco donde encontrarán ropa y documentación necesaria para su misión. De camino a la puerta, Irene le dice que a lo mejor se pasa una chica preguntando por ella, lo que a Julián le hace mucha gracia. Según Irene no hay noches más divertidas que las de los 80 y que, además, en este año no tenía ningún compromiso: su marido de los 60, cuando la reclutaron, ya estaba muerto y luego se casó con la doctora en el 2012. A Julián le parece trampa, pero Irene está muy contenta con el tecnicismo. Por cierto, yo necesito un episodio centrado en Irene y su vida, que sabemos muy poquitas cosas y parece muy interesante.

Una vez están en el piso franco, Alonso se da cuenta de que es el mismo sitio donde él vive en su época y les da muy mal rollo a todos. Bueno, quizás es porque veo mucho Doctor Who, pero tiene lógica: si el Ministerio posee pisos francos y pueden viajar por el tiempo, es lógico que la usen en distintas épocas.

Además de la ropa y las acreditaciones, encuentran información, que Amelia revisa, mientras los chicos pasan el tiempo. Alonso aprovecha para decir que lo de la Guerra Civil le parece fatal, pero Amelia le hace ver que no es tan raro que en España la gente se enfrente entre sí. Están hablando de eso cuando ven en la televisión que el recibo del Guernica no llegará al día siguiente, como se suponía, sino un día después. Eso les mosquea y es entonces cuando, revisando la noticia de los documentos del Guernica en un periódico, Amelia descubre que un hombre que estaba en el hotel de 1939 sigue igual en el 81, así que deducen que es un viajero del tiempo.

Ay, la cara de concentración de Alonso con la tele, por favor.

Cuando informan a Salvador, Irene y Ernesto de lo sucedido, el primero decide que, además de conseguir el recibo, deben hablar con ese hombre, Walcott. Por eso, les dice que se queden en el piso franco a la espera. En su despacho, los tres jefazos se preguntan cosas como si Walcott sabe si ellos viajan en el tiempo, cómo ha aparecido en Suiza (Ernesto cree que ha podido coger un avión en España) y si los Estados Unidos tienen un equivalente al Ministerio.

En el 81, el trío estrecha lazos hablando, viendo la tele (yo soy muy fan de Amelia y Alonso gozando como críos con Torrebruno), leyendo revistas de la época y jugando (muy fan de los chicos jugando al fútbol con papelitos). En cuanto reciben órdenes de que la misión será al día siguiente, Julián decide saltarse las normas y salir a dar una vuelta por su barrio. A Alonso no le hace ninguna gracia que se salte las reglas tan a la ligera, pero a Julián no le importa y Amelia decide acompañarle para cangurearle. Y yo creo que porque Julián empieza a molarle en serio.

El problema es que, de pronto, se topan con una niña... que resulta ser Maite. Julián se pone a jugar con ella, tan emocionado, mientras Amelia se pone tensa y yo creo que esta trama se les está yendo un pelín de las manos. Jolín, es muy creepy, en serio.



Una vez se despiden de la niña, Amelia le dice que no es buena idea escarbar en el pasado o en el futuro y está a punto de contarle lo de la lápida, pero no puede básicamente porque Julián va totalmente a lo suyo. Al ver que esa noche hay un concierto de Leño, Julián decide llevarse a Amelia que fan, lo que se dice fan, de Leño no es. De hecho, Amelia dice que tienen que irse temprano, pero Julián no quiere irse y, claro, ya sabéis lo que dicen: karma is a bitch.

En este caso, Julián ve a su padre y, cuando se acerca, lo ve dándose el lote con una mujer que no es su madre. Amelia intenta convencerlo de que se largue, recordándole que en el 2015 siguen casados, pero Julián entra en brote y teme que, al igual que ocurre con el Guernica, su futuro cambie y acaba siguiéndolos al servicio, donde les monta el numerito para cortarles el rollo, haciéndose pasar por secreta.

De vuelta al piso franco, Alonso cree que la ha cagado, pero a Julián, de nuevo, le da igual y está a punto de irse, a pesar de que tienen que ir a por el recibo. Aprovechando que Alonso va a abrir a Irene y Ernesto, Amelia le dice a Julián que no puede seguir haciendo eso, jugando a ser Dios y rompiendo las reglas. Julián se excusa diciendo que el Ministerio lo hace cuando le viene bien, como cuando salvaron al rabino. Hombre, Julián, igual, igual, la cosa no es: que si los viajes en el tiempo público se liaría parda a nivel mundial y lo de tu padre pues como que no.

A todo esto, en el Ministerio el pobre Velázquez sigue interesado en Picasso y la misión, así que le pregunta a Angustias. La mujer le explica que han ido Irene y Ernesto a ayudarlos, pero que lo deje correr porque Salvador no le dejará ir. Sin embargo, Velázquez no se da por vencido e incluso se ofrece a poner la cara de Angustias en uno de sus cuadros. Angustias sólo se quiere tomar el té tranquila y, de hecho, dice no entender la insistencia con Picasso, si sólo hace garabatos, lo que ofende a Velázquez que se marcha más cabreado que si Angustias le hubiera pegado. Algo que, a juzgar por su cara, ha hecho a propósito. Será malvada.



Aunque reconozco que la admiro, por ser maligna y tal.

De vuelta al 81, el equipo al completo va al aeropuerto uniformados para pasar desapercibidos. Así, mientras Irene y Ernesto van a por el americano (éste no les ha visto en el 39, como sí que ocurrió con el trío), Amelia y Julián va a por la valija para conseguir el recibo. Cuando los primeros consiguen que Walcott les acompañe, lo llevan a un aparte, donde Alonso les está esperando con cloroformo, que deja al americano grogui en cero coma. Evidentemente, Alonso se hace fan del cloroformo.

Sin embargo, la otra parte de la misión no va tan bien como la de hacerse con Walcott, ya que Amelia y Julián no logran dar con el recibo. De hecho, la caja donde estaba tenía los precintos rotos y no había ni rastro del recibo.

Por eso, una vez en el Ministerio Salvador y Ernesto interrogan a Walcott, pero lo único que le sacan es que llamen a la Embajada y que tiene inmunidad. Sin embargo, a Salvador lo de la inmunidad se la trae al pairo. Walcott, de hecho, se pone chulito y empieza a meterse con los españoles. Mala idea, porque Salvador puede ser muy, pero que muy chungo cuando quiere y, de hecho, tras hacerle un zas al comunicarle que ellos también viajan por el tiempo, lo envían a una pintoresca cárcel en Huesca en 1053.


Si es que cuando se ponen chungos, yo fangirleo mucho.

Por su parte, Julián sigue yendo a lo suyo y va a buscar a la chica que estaba con su padre y le dice que éste tiene una familia y que no la dejará. La muchacha no lo ve así, cree que el hombre la quiere de verdad porque no le oculta nada, pero Julián le dice que le hizo lo mismo a su hermana, rompiéndole la patata a la pobre chica.

De vuelta en el ministerio, Salvador está en brote porque le parece fatal que se privaticen los viajes en el tiempo, cuando repara en que Julián no está. Amelia le cubre, pero Salvador es Salvador y se da cuenta de la maniobra, aunque no dice nada. En su lugar, explican que el MoMa ha contratado a Walcott para borrar las pruebas que acrediten que el cuadro pertenece a España y así no devolverlo. Alonso se ofrece a encargarse de Walcott, porque le parece que el ministerio es muy blando, pero Salvador le saca de su error al contarle el destino de Walcott.

Entonces, a Amelia se le ocurre una idea: falsificar el recibo. A Irene le parece muy español, mientras que a Salvador no le parece tan sencillo. Ernesto comenta todos los problemas que tienen: el papel, la máquina de escribir y la firma. Sin embargo, Amelia es muy lista (y un amor, todo sea dicho de paso) y lo tiene todo pensado. Salvador, un poquito exasperado, dice que, al menos, alguien sacará algo de todo eso.

Y es que envíen a Velázquez a la Barcelona de 1899 para hablar con un Picasso yogurín y es la mejor escena del episodio. Seriously. Los dos pintores se ponen a hablar de Madrid, del museo del Prado y Picasso dice que lo que más le gusta del Prado es Goya. A Velázquez le pone triste que Picasso hable tan bien de Goya, pero entonces Picasso dice que Velázquez es el mejor y se pone a alabar Las Meninas y Velázquez se emociona un montón.


Yo con estos dos me muero de amor. En serio.

Velázquez, entonces, le dice que no mire tanto al pasado, que él es el futuro y que un día su firma valdrá millones por lo que le queda por hacer. También le pide como favor que le dé un autógrafo, para cuando sea famoso. En serio, estos dos son amor del bueno y yo estoy enamorada de esta escena.

Por otro lado, cuando Julián vuelve al ministerio, Ernesto le está esperando para llevarlo ante Salvador. Julián justifica su ausencia diciendo que ha ido a comprar un vinilo para su padre y Ernesto le recuerda que está prohibido traer cosas de otras épocas. Salvador le deja quedarse con el disco, pero le echa igualmente la bronca: puede perdonar cualquier cosa, menos que deje a sus compañeros tirados. De hecho, está claro que Salvador sabe todas las veces que se saltan las normas (porque Salvador lo sabe TO-DO visto lo visto), pero sólo le ha llamado la atención esta vez. Que, por cierto, Salvador me ha recordado muchísimo a Kakashi, que también tenía esa filosofía de vida. Pero, vamos, cosas mías.

Después, Julián a la cafetería donde se encuentra con Irene. Ésta le pregunta si ha vuelto a hurgar en su pasado, lo que hace que Julián se ponga a la defensiva. De hecho, Julián se pone bastante desagradable con Irene, echándole en cara que vaya a ligar al pasado, pero Irene es una ídola y tan tranquila le dice que debe ser discreto, que no deje que nada se interponga en las misiones y que no es más que nadie, que el mundo no se para por su dolor y que debería seguir adelante con su vida. Toma lección de vida y de clase que da Irene, por cierto, que Julián hoy está muy, muy pesadito en plan drama king. Irene también le dice que, si necesita ayuda, ahí la tiene.

Tras que Velázquez vuelva con la firma, Amelia dice que necesitan una puerta que les lleve a los años 30 para conseguir una máquina de escribir de la época. A Ernesto se le ocurre que usen el cuarto de fumadores, que en realidad es una puerta que lleva a la salida de incendios de un teatro de Vitoria, que los funcionarios usan para fumar desde que prohibieron hacerlo en las oficinas. Claro, no tienen que cambiarse de ropa ni nada, porque todo pasa por un ensayo.

Entonces vemos a unos cuantos funcionarios, vestidos de forma de lo más dispar, hablando de Messi e Iniesta, mientras fuman. El trío llega, justo cuando un matrimonio pasa por ahí y preguntan qué obra están preparando. Un funcionario responde que un Shakespeare y se queda tan pancho. En serio, muy fan del cuarto de fumadores, que salga más.


El trío va a unas oficinas, donde Julián usa la máquina de escribir, siguiendo las indicaciones de Amelia. Una vez tienen el recibo hecho, lo meten todo en un sobre que envían a Irene, por lo que debe ir a 1981, algo que parece un castigo para ella. De hecho, a Irene le falta irse bailando la conga. En el 81, Irene liga con una chica, a la que se lleva al piso franco, donde, al día siguiente, recibe el sobre con el falso recibo del Guernica.

En cuanto Irene confirma que todo ha sido un éxito, Salvador felicita a Amelia, ya que si el Guernica sigue en España es por ella.

Julián, por su parte, vuelve a ver a su padre para regalarle el disco de Leño por su cumpleaños. Al ver a una adorable pareja de ancianos, Julián se entristece porque se imaginaba así con Maite. Su padre le dice que él también se imaginaba así, pero no con su madre. Julián intenta que su padre no hable del tema, pero el hombre le cuenta que se enamoró de una chica, estando en una mala racha con su esposa, y que, aunque le gustaría contarle que fue él quien cortó, fue ella. Y que nunca supo por qué, de hecho nunca la volvió a ver. El hombre también le dice que siempre ha querido mucho a su esposa, que Julián es lo más importante, pero que no hay día que no piense en la chica.

Padre de Julián: Oye, ¿te he contado alguna vez que me casé con Ana Obregón y todo? Bua, hasta tenía 7 hijos, ya ves lo que cambia la vida.

Todo este tema deja muy tocado a Julián, que se arrepiente de no haber hecho caso a Amelia, ya que no sabe si hizo lo correcto o lo que él quería que fuera correcto. Amelia le consuela y también habla de su madre. Julián hace una comparación de las madres con las rosas de El principito que, claro, Amelia no sabe lo que es, así que Julián promete regalárselo. Eso es amor, sólo para que conste, aunque Julián no se dé cuenta ahora mismo, es amor. Punto.

En esas, llega Alonso para pedirles que vayan a contemplar su triunfo, así que los tres van a ver el Guernica en una escena muy bonita. Julián le cuenta a Amelia cosas del Guernica, ya que era el cuadro favorito de Maite y ella se lo contaba. Entonces dice que a Alonso seguro que le siguen pareciendo cuatro muñecos mal pintados, pero Alonso ha cambiado de opinión y se quedan mirando el cuadro los tres juntos.

Me ha gustado mucho el amor al arte que se respiraba en este episodio, así, en general y sobre todo la escena del museo ha sido muy emocionante. Me ha recordado a ese precioso episodio de Doctor Who con Van Gogh, en el buen sentido, claro.

Eso sí, aunque este capítulo me ha gustado mucho, yo creo que ha sido menos genial de lo habitual por lo mucho que han incidido en el egoísmo de Julián. Está claro que Julián no está en el Ministerio por ayudar, como sí les ocurre a Amelia y Alonso, sino para seguir atado a Maite lo que, en serio, empieza a ser preocupante. Y, la verdad, a mí Julián me gusta cuando es aventurero y divertido, cuando se pone en plan intenso me carga un poco, sobre todo porque sus propios dramas arrasan con todo: no ha escuchado a Amelia en ningún momento, ha habido fricciones con Alonso y les ha dejado tirados.

Esperemos que tanto la conversación con Irene como las dudas que él mismo se ha sembrado (¿su padre se habría quedado con ellos de todas maneras o no? ¿Le ha hecho infeliz? ¿Ha acabado idealizando a Raquel porque se largó sin más y no fue él quien cortó la relación?) sirvan para que Julián avance y empiece a dejar atrás a su difunta mujer y esa obsesión con alterar su propio pasado.

Además, las historias de los demás no están tan explotadas como ese aspecto de Julián y encima me parecen mucho más interesantes. De hecho, hay personajes como Salvador o Irene o Ernesto de los que aún desconocemos muchas cosas.

El próximo episodio pinta muchísimo mejor que este, ya que parece que Irene va a salir un montón, el trío se topa con el Lazarillo de Tormes, sigue la trama del americano y vuelve Lola. Vamos, que parece que viene muy, muy cargadito y eso mola mil.

lunes, 23 de marzo de 2015

Fangirl

Hoy os traigo la reseña de una novela a la que le tenía muchas ganas. Conocí a Rainbow Rowell con la estupenda Eleanor y Park, que me encantó de principio a fin, así que estaba deseando leer su otra novela, Fangirl. Además, era un título con el que podía sentirme muy identificada porque yo puedo ser muy, muy fangirl. Pero vayamos en orden, así que lo primero es lo primero: ¿de qué trata Fangirl?

Cath es una chica complicada, a la que no se le da demasiado bien la vida y mucho menos afrontar los cambios que se le vienen encima al tener que comenzar la universidad. Cath, además, es una fan incondicional de la famosa saga Simon Snow, la cual terminará en unos meses con la publicación de su octava y última entrega. Precisamente como la historia acabará pronto, Cath se siente presionada para terminar su propio fanfiction, el cual es todo un fenómeno en Internet.

Por si no tuviera bastante con dicha presión y con lo que supone abandonar por completo su zona de confort, Cath también debe lidiar con un padre que tiene ciertos problemas, el que su hermana gemela Wren se aleje cada vez más de ella y tener que compartir habitación con Reagan, una chica mayor y un tanto brusca. Y es precisamente Reagan quien provoca que otra persona entre en la vida de Cath: Levi, un chico adorable, una presencia casi constante, que poco a poco se transforma en algo más.

Al igual que ocurría en Eleanor y Park, tenemos una historia de amor, pero también mucho más. No obstante, las similitudes terminan prácticamente ahí, ya que Rainbow Rowell logra una historia completamente distinta, nueva y refrescante. Es cierto que también comparte el que los personajes sean peculiares, pero no se parecen en absoluto, lo que fue una alegría, pues muchos autores se repiten de una obra a otra.

Bueno, pues en este caso no es así.

Y superada esa pequeña comparación, que en realidad no es, entremos en Fangirl, en el mundo de Cath, esa chica tan peculiar que es una fan acérrima de Simon Snow. Simon Snow, por cierto, es una especie de Harry Potter: un mago, que tiene un grupo de amigos, un rival que no sabes a qué juega exactamente y ese rol de elegido. Es cierto que Simon Snow se asemeja a la saga de J. K. Rowling, siendo en mi opinión un bonito homenaje, que Rainbow Rowell se toma lo suficientemente en serio como para desarrollarlo.

Pues entre un capítulo y otro de la novela, siempre hay algún tipo de texto sobre Simon: desde fragmentos de las novelas, hasta fragmentos de los fics que escribe Cath, hasta una entrada de la Wikipedia para dejarnos claro de qué van los libros. Incluso dentro de los capítulos hay fragmentos del fic que Cath está escribiendo, su final perfecto, donde Simon está con Baz (su rival).

La verdad es que a mí esta parte me resultó interesante, me gustaba leer los fragmentos de Simon y, honestamente, si Rainbow Rowell se liara la manta a la cabeza y escribirá la saga, yo la leería. De hecho, seguramente shippearía a Simon con Baz, pero eso ya es otra cuestión diferente. Aunque, vamos, la autora logró que me picara la curiosidad por el mundo de Simon.

Aunque la parte de Simon es como una pequeña historia dentro de la principal, ya que lo que de veras importa es lo que le ocurre a Cath en su nueva vida. Es curioso, porque Cath tiene todas las papeletas para ser un personaje desesperante, pero no lo es. De hecho, es imposible que Cath no te caiga bien, ni que no la entiendas, aunque en muchas ocasiones quieras zarandearla para ver si espabila la muchacha, que una cosa es no ser una persona no muy social y otra empecinarse una y otra vez en ser un ficus humano.

Y es que Cath dista mucho de ser perfecta. Sí, es inteligente, responsable, generosa y cuida de sus seres queridos, pero también es apática, cobarde y una persona un tanto difícil. Sin embargo, como he dicho, es imposible no adorarla. También es muy sencillo empatizar con ella, compartir sus miedos e ilusiones, sus decepciones. Rainbow Rowell nos presenta a una gran protagonista, un personaje complejo, bien escrito y sobre todo muy humano.

De hecho, todos los personajes lo son, en todos los sentidos. No sólo son imperfectos como personas, sino también físicamente: Cath lleva gafas, pintas desastrosas; Levi tiene entradas; Reagan no está delgada y no le importa... Me gusta ese detalle, que los personajes sean tan reales que no sean súper maromos y súper buenorras.

Que, por cierto, no os he contado que Levi es amor del bueno. En serio, es un chico adorable, inteligente, dulce y paciente, todo un gran héroe romántico. Levi es un chico al que te encantaría conocer para poder enamorarte de verdad de él.

Hablando de enamorarse, en este caso no tenemos amores a primera vista, no tenemos a ninguno de los dos perdiendo la cabeza por el otro en un segundo, sino que la historia de amor se cuece de forme lenta, pero segura. Y es una maravilla. En serio, es una historia preciosa, muy mona y sin resultar cursi, pues Rainbow Rowell siempre consigue ese equilibrio entre romanticismo, diversión y realidad, que hace que no te suba el azúcar hasta alcanzar cuotas peligrosas. Las escenas entre Cath y Levi están muy escritas, sus diálogos sin chispeantes y muy ingeniosos.

A decir verdad, todas las relaciones que establece Cath son especiales, están cuidadas y no tienen desperdicio: la amistad con Reagan, lo tierna que es la relación con su padre, que también es un hombre adorable.

Prácticamente todos los personajes desprenden el cariño que les pone la autora, mimo, salvo una excepción: Wren. De hecho, es en este aspecto donde Fangirl me ha chirriado un poco. Y es que Fangirl tiene un poso moralista que no ha terminado de convencerme, ya que Rainbow Rowell presenta el mundo de las fiestas y la juerga como algo malo. Los dos personajes claramente fiesteros, son presentados como antagonistas: la amiga de Wren es superficial, idiota y mala, mientras que Wren es el personaje detestable del libro, mientras que Cath es su víctima.

Me habría gustado que la autora hubiera incidido más en Wren, humanizándola más, en lugar de relegarla a ese ingrato rol de villana. A fin de cuentas, el que Wren quiera experimentar y hacer cosas nuevas no es nada malo, es una opción tan lícita como el empecinamiento de Cath de no pasar por cambios. Sin embargo, Wren se muestra como un ser egoísta, descarriado e hiriente durante toda la novela, aunque al final se dulcifique y se redima al volver a ser la hermana de Cath. Eso sí, una vez abandona la vida fiestera, lo que refuerza esa idea moralista.

Sin embargo, es el único “pero” que le pongo a Fangirl, que vuelve a tocar temas dispares como la aceptación (ya sea de gente diferente o de los cambios que te reserva la vida), la superación, el miedo a lo desconocido o/y a uno mismo, el abandono y las familias complicadas, que no disfuncionales. Pues los Avery tienen una complicada situación, pero el amor siempre prima y también el cuidarse unos a los otros.

Todo ello escrito con la preciosa pluma de Rainbow Rowell, que vuelve a demostrar que es una autora a la que tener muy en cuenta.

Rainbow, estoy esperando tu siguiente novela, que lo sepas.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Tiempo de cenizas de Jorge Molist.

viernes, 20 de marzo de 2015

El efecto Brandon Routh

Podría hablar de Arrow, porque creo que hay bastante que decir sobre los derroteros que está tomando la serie tras ese estupendo primer arco de nuevo episodios, pero de momento quiero centrarme en un fenómeno que la está afectando ahora mismo. Y, sí, como bien dice el título, se trata de lo que he denominado El efecto Brandon Routh.

No, no es que me considere una Sheldon Cooper o una Leonard Hofstadter y ahora entienda de teorías de cuerdas y demás. De hecho, he tenido que copiar el apellido de Leonard de la Wikipedia. Sino que me he dado cuenta de que este señor acaba provocando lo mismo allá donde va.

Pero empecemos por el principio: ¿quién es Brandon Routh?

Porque, eh, podrías no saberlo.

Una fotico de este señor.

Bueno, pues Brandon Routh es un señor que, por algún motivo que no alcanzo a comprender, aparece en películas y series. Así lo voy a denominar porque es tan malo, pero tan malo, que no considero justo denominarlo actor.

Total, que este señor se hizo famoso cuando fue elegido para protagonizar Superman Returns, la película de Superman de Bryan Singer. A ver, yo personalmente creo que Man of steel es un puñetero bodrio (lo siento, Henry Cavill, eres un dios en La Tierra, pero la película es una mierda), pero es que Superman Return es peor. Pero peor. En serio.

No es que Kate Bosworth como Lois sea una elección de casting buena tampoco, la verdad.

Qué horror de película. En serio. Además, te acaba gustando más el novio random de Lois (por qué será que James Marsden, con lo sumamente genial que es, casi siempre es el Pagafantas de la función) que el propio Superman. Con eso lo digo todo del trabajo de Brandon Routh.

Eso sí, el haber sido Superman le ha dado un ticket dorado como los de Willy Wonka para aparecer en series que beben del género friki de una forma u otra. Y es aquí a dónde quería yo llegar. Porque, veréis, en el año 2007 (ese fatídico año de la huelga de guionistas, por cierto) se estrenó Chuck. Si no conocéis Chuck... ¿qué hacéis con vuestra vida seriéfilamente hablando, claro?

Esta serie es grandeza pura.
Y no, no es de dibujos, sencillamente son tan guays que hicieron este súper póster molón de la vida.

A ver, resumiendo, Chuck cuenta la historia de Chuck Bartowski (el más que adorable Zachary Levi), un amor de chico al que le encantan los videojuegos, la ciencia-ficción y demás (un friki, vamos) que acaba con una súper base de datos con secretos gubernamentales en su cerebrito, por lo que acaba convirtiéndose en un espía accidental en compañía de un agente de la NSA, John Casey, y otra de la CIA, Sarah Walker. Pues Chuck mola mucho: es divertida, original, llena de acción y referencias a la cultura pop y los personajes son geniales.

Ah, sí, y sale Matt Bomer como amigo de Chuck y espía empotrable súper molón que provoca que éste tenga el Intersec en su cabeza. ¿A qué con eso os he convencido?

Bueno, pues Chuck duró cinco temporadas y fue genialosa total, salvo en su tercer año, que decayó un poco. ¿Y qué ocurrió en su tercera temporada? Pues que Brandon Routh hizo su aparición como Daniel Shaw, un tío insoportable donde los haya. En serio, qué mal me caía el colega. Además, no ayudaba nada que Brandon Routh actúe tan sumamente mal y tenga ese carisma nulo, por no decir negativo.


Es que, encima, le daban muchísimo papel y no encajaba en absoluto con el universo que presentaba la serie y, de hecho, parecía estar en una serie paralela.

El otro problema que trajo el amigo Routh fue que, con él, llegó el triángulo amoroso. Bueno, a ver, Chuck y Sarah al principio estuvieron con unas cuantas idas y venidas, pero nada era demasiado serio hasta que llegó este tío. Y, a ver, no soy particularmente fan de los triángulos, pero es que en este caso lo llevaron tan mal, pero tan mal, que lograron que Sarah, que me caía bastante bien, me diera un perezón increíble y incluso algunos de sus comportamientos me cabrearan bastante.

Eh, un momento, ¿algo de esto os suena?

Tercera temporada. Personaje insoportable ajeno al tono de la serie...

Hostia, pero si en la actual temporada de Arrow, que es la tercera, el señor Routh interpreta al más que insoportable Ray Palmer (al que Miki en toda su sabiduría llama Gilipalmer, lo que es bien), que ya no es que no encaje en Arrow, sino que es una puñetera rémora sin conexión con la gran mayoría de los personajes. El Gilipalmer es un pedante del quince, un empalagoso y su trama de convertirse en Atom no pega en absoluto con Arrow y cada vez que aparece, es como que se rompe el continuo del episodio.

"Aquí estoy otra vez para daros por culo, muajaja"

Y como los guionistas de Arrow no son lo que se dice sutiles, se les ha notado desde el primer momento las maniobras forzadas que han hecho para incrustarlo en una serie donde no tiene cabida.

Eso significa que nos han dado, sí, un triángulo amoroso, como no podía ser de otra manera. Lo que pasa es que está tan mal escrito que en el proceso están vapuleando a la pobre Felicity. A ver, quiero dejar muy claro que no digo esto porque Felicity se haya liado con él. Eso es lo de menos. A fin de cuentas, Felicity está soltera, no tiene ningún compromiso y es libre de hacer lo que le dé la gana. Encima, he visto demasiadas series como para no saber desde el 3x01 que iba a haber relación con el Gilipalmer, todo sea para alargar el que esté con Oliver. Sin embargo, desde que el Gilipalmer apareció en Starling City nuestra rubia favorita se ha vuelto bipolar, superficial e injusta. Es como que han intentando justificar taaaaanto el triángulo que les ha salido el tiro por la culata.

Así que ahora tenemos a una Felicity que da mayor valor a los regalos caros del Gilipalmer (en serio, ¿no había algo mejor que seducirla con vestidos caros y joyas? ¿Qué es esto? ¿Pretty woman? ¿50 sombras de Grey? No sé, me hubiera gustado más detalles bonitos y personales/sentimentales, no un pedrusco), que un episodio castiga grave e injustamente a Oliver y al siguiente vuelve a ser su apoyo y que, de pronto, está más interesada en que asesine a Malcolm Merlyn que en impedir que Oliver vuelva a matar, que era algo que en la segunda temporada había sido importante.

¿Y todo esto es casualidad?

Pues yo creo que no. Creo que Arrow está sufriendo El efecto Brandon Routh y, a ver, no diré que sea lo único que falla en esta temporada de Arrow, porque no es así, pero sí creo que es lo que más le está pesando y con diferencia. Por eso me alegro cantidad de que le hayan dado su propio spin-off, aunque sinceramente no creo que tenga mucho éxito.

A ver, no es que tenga manía persecutoria contra el muchacho (aunque es verlo y poner cara de asco), es que... ¿Habéis visto el reparto? No mola nada. Pero nada. Aunque, bueno, todo sea para que el Routh se vaya y que, al igual que pasó con Chuck, Arrow tenga una cuarta temporada brutal.

Eso sí, por favor, señores directores de casting, que sus mazas no os engañen y dejad de contratarlo como invitado en una temporada.

jueves, 19 de marzo de 2015

El ministerio del Tiempo 1x04 - Una negociación a tiempo

Una semana más, toca hablar de las nuevas aventuras de los chicos del Ministerio del Tiempo. En este cuarto episodio nos despedimos de los nazis para viajar la Inquisión y conocer a la reina Isabel y al cabrón de los cabrones, Torquemada. Y, una vez más, todo ha molado cantidad, pero mejor no me enrollo y directamente voy con la crónica.

El episodio comienza con la llegada de un abogado al Ministerio, algo que deja flipados a Salvador y Angustias, ya que el Ministerio es un secreto. El abogado en cuestión representa a los descendientes de Abraham Levi (recordemos, el que descubrió las puertas del tiempo y le contó sus secretos a la reina Isabel a cambio de protección a su familia, algo que vemos en un flashback), que quieren denunciar al ministerio porque la queen Isa no cumplió su palabra y tiene pruebas que lo demuestran.

Queen Isa: ¡Oh, Abraham! ¡Es el último libro de Canción de hielo y fuego! ¡Pero qué maravilla es esta de viajar por el tiempo! Me lo voy a leer corriendo para amenazar a Fer con spoilers, muajaja.

Salvador señala que el delito sucedió hace cinco siglos así que ha prescrito, pero, claro, lo que quieren en realidad es una cantidad ingente de pasta y el libro de las puertas a cambio de guardar el secreto. El abogado le deja muy claro a Salvador que tiene cinco días para pensarse si paga o no o al día siguiente El ministerio del Tiempo dejará de ser un secreto.

Yo ya a estas alturas estaría llamando al amigo Espínola para que solucione el problema con su poderío, pero Salvador decide optar por otra vía. Eso sí, que digo yo, ¿eh? Además de Iker Jiménez, ¿quién iba a creer al abogado? Venga, seamos sinceros, una cosa es creerse que se puede viajar en el tiempo y otra ya muy distinta es que los españoles tenemos ese secreto. Venga, si a estas alturas la Merkel nos lo habría quitado.
Total, que la gracia deja sin vacaciones al trío maravilla. La llamada pilla a Amelia escribiendo en su diario, así que lo esconde muy malamente he de decir (tía, que eres una funcionaria que viaja en el tiempo, no sé, qué menos que una tabla suelta) y se cruza con su madre que ha ido a llevarle unas flores y, de paso, dejarle caer que podría cenar con un posible pretendiente. Amelia pasa de la muy poco sutil invitación y se larga, sin saber que su madre sin querer da con el diario. ¿Ves, Amelia? Con una tabla suelta debajo de la cama o incluso debajo del colchón, eso no te pasaría.

Amelia se reúne con sus dos compañeros, que se están quejando de lo cortas que han sido sus vacaciones. Alonso les cuenta que se ha saltado las normas y, en vez de regresar a su tiempo, ha estado en el presente, estudiándolo. Vamos, que sigue con su emoción por las motos.

Alonso (cantando): Y cuando más acelero, más calentito me pongoooo.

Julián, por su parte, ha recuperado el hobbie de hacer fotos. Amelia se alegra porque cree que eso significa que está superando a Maite, pero no puede estar más equivocada, ya que Julián le está haciendo fotos a su difunta mujer. A ver, Julián, como te explico yo esto: estás a un paso de ponerte a cantar Yo soy aquel y eso NO es bonito, sino creepy de cojones. Cuidadín.

Una vez están todos reunidos en el despacho de Salvador, éste les cuenta el plan: salvarán a Abraham Levi y así no hay motivo para la denuncia. Por si salvar a un judío de la Inquisición no fuera ya un pelín complicado, nuestros chicos tienen tres problemas. Sí, no uno, tres. A lo loco.

1) La puerta que deben usar les dejara exactamente en el mismo día de la ejecución. La puerta más cercana les dejará años antes, así que no es precisamente una buena idea usarla.
2) La puerta es un bucle temporal. Vamos, que el mismo día se repite una y otra y otra vez, así que deben volver antes de que termine dicho día. Como Julián muy amablemente nos resume, es El día de la marmota en medieval.
3) La puerta está lejos de Toledo y son dos horas de ida y otras tantas de vuelta a caballo.

Ernesto: Y así hice el casting para 'Una mente maravillosa' y no me cogieron. Gaznápiros todos.

Alonso ya está ideando un plan de los suyos, en plan entrar por la fuerza y sacar al rabino al hombro, pero Salvador quiere ser más delicado. Por eso, ha llamado a un experto en derecho medieval para infiltrarlo como el abogado defensor e intentar ganar el juicio por las buenas. Así que lo primero que hacen al cruzar es que Alonso deje grogui al monje-abogado defensor y birlarle la ropa para que el abogado infiltrado le sustituya. A éste último le molan los métodos de Alonso y dice que en los juicios le gustaría hacer lo mismo, pero ni por esas Alonso se alegra.

Después, asistimos al auto de fe, que es súper nice, vamos, y Julián lo compara con los programas del corazón. Este hombre es un pro. Mientras lo están viendo, un perro le mea a Alonso encima, pero a éste mucha, mucha gracia no le hace. Tras la procesión, llega el juicio del pobre Abraham, que va a presidir Tomás de Torquemada, que son palabras mayores... Aunque mayor es el WTF?! que experimentamos todos, protas incluidos, cuando vemos que es clavadito a Ernesto.

*Introducir canción de Pink: So, so what? I'm still a rockstar...*


¡No lo sé, Barry, pero estoy flipando también!
PD: Os he puesto a Gran Gustin sin camiseta... De nada.

El señor Torquemada es un huevazos de campeonato y, por más que el Abogado infiltrado (próximamente en sus pantallas, en las que pongan La sexta exactamente) dé razones para salvar a Abraham, el tío no hace ni caso. De hecho, hasta cuando El Abogado infiltrado muestra una carta de hace un año de Torquemada atacando a Abraham (lo que demuestra que no es ni mucho menos parcial), pasa de todo y hace un "bota, bota y en tu culo explota" y acaba condenando al pobre Abraham, que muera en la hoguera. Acostumbraos a eso porque este pobre hombre muere más veces que cualquier personaje, con la excepción de Dean Winchester.

De vuelta al Ministerio, los chicos preguntan por Ernesto, pero éste no está disponible. Julián señala que el parecido es asombroso y se pregunta que si por eso hay tanto secreto alrededor de la época de la que procede, pero Salvador le quita importancia comentando que a lo largo de la historia hay muchos parecidos. Por ejemplo, en una misión al siglo XIX se encontraron con un organillero clavadito a Bertín Osborne. Por favor, el organillero en la segunda temporada, en el episodio protagonizado por el Dúo Dinámico Salvador-Velázquez.

Salvador: Y ahora que lo pienso, tú te pareces mucho a Fernando, el católico. Casualidades de la vida, supongo.

El tema, por algún motivo, cabrea a Julián y se marcha súper ofendido, pero Salvador ni se inmuta y pasa a pensar un segundo plan. Alonso insiste en ir con refuerzos, pero el jefe sigue insistiendo en emplear vías más diplomáticas: en este caso, al Papa de Roma.

Amelia regresa a su casa y se encuentra con su madre al borde de los nervios (al leer el diario la creen novelista) que ha decidido que irá a merendar con su pretendiente. De verdad, estas madres plastas que se creen que con un marido arreglan a sus hijas "díscolas" me ponen enferma. Amelia vuelve a pasar de la invitación, pero la pesada de la madre ha estado siguiéndola y ha descubierto que no va a la biblioteca. Como, al parecer, escribir novelas es lo peor de lo peor (¡qué escándalo!, dicho con la voz de las Ashleys, of course), va a ir a la merienda lo quiera o no. La pobre Amelia se ve tan apurada que acaba diciendo que tiene un admirador, pero la pesada de la madre no lo compra y decide que el admirador vaya a cenar.

Por suerte, al día siguiente, Alonso le arregla la papeleta: que lleve a un novio falso, que evidentemente será Julián porque, claro, él habla mejor que el propio Alonso. Oye, pues si Alonso no hace carrera en el ministerio, siempre puede escribir comedias románticas, que el enredo romántico se ve que lo domina.

Amelia les dice que se las arreglará, cuando llegan a la puerta-bucle, donde les está esperando Irene con una bula papal para salvar a Abraham. El bucle se reinicia, así que al pobre Abraham le toca pasar, de nuevo, por su Infierno personal, con el mismo auto de fe, donde todo se repite, incluso el perro meando a Alonso.

Este viaje, en cambio, Julián y Alonso interrumpen el juicio para entregarle a Torquemada la bula papal de forma muy poética, porque Alonso empieza a explicarlo todo como que muy recargado. Pero nada impresiona a Torquemada, ni el florido relato de Alonso, ni la bula, así que pasa de todo en plan "I'm the boss, bitch" y, de nuevo, quema al pobre Abraham en la hoguera. Y van dos. Oye, este hombre tiene una obsesión con el fuego que parece un Targaryen de la vida. ¿Será familia del Rey Loco?

"Yo sólo decido quién arde aquí."

Regina: ¿Perdona? Soy yo quien decide quién arde aquí, porque mira que puedo hacer y tú no.

¡Un Thorin salvaje apareció! Oye, menuda fiesta se está organizando, ¿no?
Y como que se me está yendo de las mano. Vale, vale, sigo:

De vuelta al Ministerio, Alonso ya se lo está tomando en plan personal, mientras que Amelia se pregunta por qué la queen Isa faltó a su palabra. Irene explica que en aquellos días estaba tan ocupada con la conquista de Granada que no atendía más asuntos, así que lo más probable es que ni lo sepa. Así, tras descubrir que la queen Isa estaba en Toledo ese mismo día, deciden ir a visitarla al día siguiente.

Irene: ¡Claro! ¡Por eso no me contesta al Whatsapp la Isa! Ja, para que luego diga que lo del doble tic azul no es culpa suya, que es Cisneros que se lo cotillea. Ya, ya.

Julián sigue queriendo saber dónde está Ernesto, pero Salvador también sigue callando, así que es Alonso quien toma cartas en el asunto. Va a verle para decirle que su parecido con Torquemada es asombroso y que no entiende por qué no arriesga su vida por el Ministerio en esa ocasión.

Mientras tanto, Julián se lo piensa mejor y decide hacerse pasar por el novio de Amelia, así que va a cenar a su casa. El muchacho se pone muy elegante, pero, claro, entre que la situación es incómoda y que no sabe ni papa de la situación de la época, ni de modales pijos, pues canta La Traviata. Por eso, reconoce que es de familia humilde, pero que sabe tratar a enfermos y que quiere a Amelia. Debido a que la pesada de la madre presiona como una loca, también les cuenta todo lo que tiene que ver con Maite, lo que hace que Julián se emocione y se marche.

Al día siguiente, el trío se presenta en la corte isabelina, donde la Queen Isa les recibe junto a Cisneros. A Julián la reina le suena de algo, je, je. El trío dice venir de Roma y cuenta qué hacen ahí, por lo que Isa se nos pilla un señor cabreo del quince porque Abraham está bajo su protección. Al parecer su esposo sabía lo que ocurría, lo que la cabrea aún más. Isa promete enviarle a Torquemada una carta para salvar a Abraham, antes de echarle una señora bronca a Cisneros.

Isa: ¡¿Ya has vuelto a cogerme el móvil para mandarte vidas para el Candy Crush?! ¡Qué es mi móvil, copón!

Cisneros: Jolín, alteza, la culpa es del chocolate ese del demonio, ¡me está quitando la vida!

El trío va, por tercera vez, al auto de fe y Julián se lo pasa pipa adelantándose a lo que dice cada uno. Está en ello, mientras Alonso ve llegar al perro, así que se mueve para que, en esa ocasión, mee a Julián. Sin embargo, el perro es de costumbres fijas y, pese a todo, riega a Alonso, que se vuelve a ofender. Y yo me parto la caja tanto como Julián. Si es que es el destino, vamos, casi una OTP. Eso sí, me pregunto si con la tontería están empezando a dejar claro que hay hechos inamovibles que van a pasar sí o sí.

Después vuelven a ir al juicio, donde comprueban que la reina ha cumplido su palabra. Sin embargo, una vez más, el señor Torquemada se pasa el documento legal por el Arco del Triunfo y condena a Abraham a morir en la hoguera. Y van tres.

Y, de nuevo, saltamos al Ministerio, donde están comentando la situación. Alonso sigue con su plan de una intervención armada, por lo que Salvador le dice que le admira (el ego de Alonso se hincha cual globo), pero que le tiene a las mollejas porque pueden cargarse a cualquiera y cambiar el futuro (el globo se pincha). Tras que Salvador despida al trío, Irene le deja claro que sólo les queda una posibilidad y que él sabe a lo que se refiere.

Mientras, Alonso se está pegando con la cajita de plástico de un sándwich, pero Amelia dice que no tiene hambre. Alonso explica que él tampoco, pero que los soldados deben comer ante todo. Amelia, que la pobre está al límite, dice envidiar a los chicos porque no tienen a nadie en casa, lo que les deja hechos polvo, así que ella les pide perdón apurada. Alonso le quita importancia, diciendo que el tema del rabino les tiene a los tres locos: a él porque no entiende lo de Ernesto, a ella porque siempre se preocupa y a Julián porque le plantea la misma duda de siempre, por qué salvar al rabino y no a su esposa. Bueno, eso tiene fácil solución, la verdad: salvar a Maite crearía una paradoja porque el único motivo de que Julián esté en el Ministerio es que Maite está muerta.

Poderío.

Alonso, por cierto, está on fire y dice que aunque es un soldado antiguo no es gilipollas y que se preocupa por ellos, así que les ordena que vayan a cenar a casa de Amelia para solucionar la papeleta. Hostia, el amigo Alonso cuando quiere como manda el colega. De hecho, sus dos compañeros obedecen y Julián pide la mano de Amelia en matrimonio, aunque les deja claro que la boda será para largo porque él partirá a Cuba para la guerra. Al padre le parece bien y también tiene una buena noticia: ha encontrado un editor para la novela de Amelia. Eh, señor Folch, yo también quiero publicar, ¿una ayudita? *inserte sonrisa encantadora*

La pesada estalla porque todo le parece mal: Amelia como novelista, cree que Julián es un farsante... Pero, en esas, el señor Folch se ahoga (¡haced algo, que me tiene que ayudar!) y Julián le hace la maniobra de Heimlich y lo salva. También le ordena a Amelia que destruya su diario, algo que hace y que la deja muy triste, aunque su padre cree que se debe a que Julián parte a Cuba.

Esa misma noche, Salvador va a pedirle a Ernesto que participe en la misión, aunque jamás debería haberle enviado. Pero, claro, es que no tienen más opciones. Ernesto acepta con una condición: que nadie vuelva a por él pase lo que pase. Después va a verle Irene, que lamenta haberse enterado así de su historia, pero Ernesto no le da importancia. Irene le recuerda que puede negarse, aunque Ernesto le dice que no, que es su obligación y que los soldados tienen que morir por una causa y qué mejor causa que esa.

Tanto flow junto no es ni medio normal.

Por cuarta vez, el pobre Abraham pasa por lo mismo y tiene lugar el juicio, aunque en esta ocasión en vez de Torquemada, entra Ernesto con un cosplay de Torquemada. El juicio es interrumpido por Alonso y Julián que llevan la bula papal para la absolución del reo, aunque en esta ocasión Ernestorquemada la acepta, ya que si lo dice el Papa, va a misa (sí, no me podido evitarlo, podéis pegarme si queréis). En cuanto le dan la absolución a Abraham, el trío va a sacarlo, pero en esas aparece Torquemada y, claro, la gente flipa pepinillos.

La situación está muy, muy tensa, cuando Ernestoquemada se marca un Gandalf, vamos, que los manda huir, así que el trío y el matrimonio de judíos huyen, mientras que el pobre Ernesto es apresado.

Ernestorquemada: ¡Corred, insensatos!

¡¿Pero dónde está Espínola cuando se le necesita?!

El matrimonio es recibido en el Ministerio por Salvador e Irene. Ella se los lleva a que los examine un médico, mientras que Salvador se lleva al trío al despacho, donde le ponen al día. Alonso quiere ir a salvarlo, pero Salvador se lo prohíbe. Éste les explica que sabía que estaba mandando a Ernesto a una muerte casi segura y que lo único que le pidió éste era que nadie iría a por él. Es entonces cuando Amelia, genia donde las haya, pregunta lo que todos llevamos todo el episodio preguntándonos: ¿qué relación une a estos dos? Gracias por preguntarlo, Amelia, en serio.

Antes de oír la respuesta, volvemos junto a Ernesto, que está en una celda con Torquemada que, claro, quiere saber quién es. Ernesto le dice que es su padre, como si fuera un Darth Vader de la vida. Torquemada no se lo cree, lo achaca todo al Maligno, mientras Ernesto le da una señora lección al hacerle ver que ni santo ni mierdas, es un puto asesino, una vergüenza para él. Bueno, eso lo añado yo, ya que Ernesto explica que su madre era judía y que Torquemada asesina a los de su propia sangre. Y nunca mejor dicho porque, eh, lo condena a la hoguera. Uhh, alguien es un hipócrita de mucho cuidado.

De vuelta en el Ministerio, Salvador le enseña a Abraham todo y éste explica que se está muriendo porque tiene tumores. Salvador promete que lo verá un buen médico, antes de explicarle la situación con el abogado. De hecho, Salvador se reúne con éste para decirle que ni pagar ni mierdas. En esas, entra Abraham que protagoniza uno de los mejores momentos EVER cuando el abogado le enseña una tablet, él comenta que es un curioso retablo y, cuando Salvador le corrige diciéndole que es una tablet, el hombre suelta "pues curioso retablet". MUY fan, seriously.

En la retablet le enseñan un descendiente y Abraham básicamente le echa una mardisión judía al abogado, que surte efecto en cero coma, porque el tío se va ipso facto y en paz. Qué poderío el amigo Abraham.

A todo esto, en la cafetería, Amelia y Julián comentan que en menos de una hora Ernesto ya no podrá volver, algo que les entristece. También hablan de tener un novio en Cuba y del diario, lo que les lleva a hablar de si Amelia descubrió algo en el episodio anterior. Ella lo niega, pero entonces vemos esa escena desde la perspectiva de Julián porque la siguió. OMG, que lo sabe. Yo aquí estoy viendo una angst romántico-épica del quince, por cierto. Cuando Amelia le pregunta que en qué piensa, él dice que en Alonso, que hace mucho que no le ve.

¿Y dónde está Alonso? Pues siendo el pro badass de la vida que es. O, lo que es lo mismo, ha vuelto al Toledo medieval a por Ernesto. Éste alucina porque no les va a dar tiempo de regresar antes de que la puerta se cierre y queden atrapados, pero Alonso tiene un señor plan. El muy loco se ha ido con una pedazo de moto a por Ernesto, así que los dos regresan a la puerta a toda leche, mientras Alonso grita que le encanta el futuro.



Eso es todo por hoy, pero, tranquilos, que si hemos tenido episodios mitiquísimos con nazis e Inquisiciones, el siguiente tiene pinta de ser la bomba, porque, amigos, ¡¡nos vamos a los 80!! Los 80. Cómo mola, por favor. Además, Irene dice que también va (¡¡fiesta!!), Alonso va de heavy por la vida y vuelve Velázquez en un episodio en el que sale Picasso. MUERO. Así, tal cual. ¡Qué ganas, por favor!

lunes, 16 de marzo de 2015

La sangre del Olimpo

Ya sabéis que soy muy, muy fan de Rick Riordan y que, por eso, libro que saca, libro con el que tengo que hacerme para leerlo cuanto antes. Encima, en este caso el hype era todavía mayor porque La sangre del Olimpo era la quinta y última entrega de su saga actual, Los héroes del Olimpo. Las expectativas estaban altas, pero el señor Riordan es un pro de la vida y ha sabido cumplir con creces. Mejor no me adelanto y voy con el resumen:

El momento clave que decidirá las vidas de todos, es decir, el despertar de Gaia (y posterior fin del mundo) se aproxima, al igual que una guerra entre griegos y romanos que acabaría con la masacre de un bando si es que no son los dos. Para detener ambos hechos, los héroes que viajan a bordo del Argo II se han dividido: mientras que Nico, Reyna y el entrenador Hedge parten hacia el Campamento Mestizo con la Atenea Parthenos para detener el enfrentamiento entre griegos y romanos, los siete semidioses de la profecía parten para intentar frenar a Gaia y sus gigantes.

Así, tenemos el mismo esquema que encontramos en La casa de Hades: Rick Riordan va alternando no sólo los puntos de vista, sino las historias. Así, recibimos una ración del viaje de la Atenea Parthenos (alternando a Reyna y Nico como puntos de vista) y acto seguido otra de las aventuras del Argo II (siendo Jason, Leo y Piper los narradores).

Personalmente la elección de narradores no me termina de convencer. Sí, Nico al fin tiene punto de vista (sólo le ha costado 7 libros al pobre, nada) y también me han gustado mucho los de Reyna, así que por esa parte no me quejo. Sin embargo, me ha parecido muy pobre que únicamente se haya centrado en el trío que inició la saga. En parte queda circular, en plan, ellos empezaron y ellos terminan, pero he echado mucho de menos que se ahonde en los otro cuatro personajes. Y, mira, a Frank nunca le han hecho mucho caso, pero me parece un delito que Percy, Annabeth y Hazel estén un poco de adorno hasta el punto de que apenas tienen papel en lo que es el final propiamente dicho. Mucho bombo con que son parte de la profecía, pero al final la historia de ellos cuatro se ha quedado un poco en agua de borrajas.

Y, bueno, no sé, tras todo lo que pasaron Percy y Annabeth en el libro anterior, creo sinceramente que se merecían aunque fuera un capítulo para ver cómo han cambiado las cosas. Sí, vale, Riordan lo trata con conversaciones entre Annabeth y Piper, pero, no sé, se me antoja un poco deslucida esa parte.

Sin embargo, he de decir que las historias de los cinco narradores están muy, muy bien. Es increíble cómo ha ido tratando a Jason, como le ha humanizado aún más y me ha gustado mucho su evolución en La sangre del Olimpo. Creo que ha sido el que mayor evolución ha tenido en esta novela, porque, por ejemplo, Piper ha sido un personaje del que nunca se ha olvidado y lleva creciendo los cinco libros. Lo mismo que Leo, que es tan divertido como siempre, además de adorable. De hecho, ha sido Leo el que ha llevado la carga romántica del libro y todo ha sido muy, muy bonito.

También hemos podido de conocer de primera mano a Reyna y a Nico, además de tenerlos juntos, lo que ha funcionado a las mil maravillas. Reyna me ha encantado y me ha gustado conocer su historia, aunque nada llegará a lo genial que ha sido leer a Nico. Llevaba muchos libros esperando esto, ¿vale? Y, ah, cómo ha molado. Leer todo desde su óptica, ver como, al fin, iba abriéndose (¡ya era hora!) y, sobre todo, ¡¡Will Solace!! OMG, cómo mola. Su historia me ha parecido muy, muy corta, pero menos da una piedra y, además, yo creo que la historia de esta gente no termina aquí.

Al igual que hizo en El último héroe del Olimpo (que es la última y quinta entrega de Percy Jackson y los dioses del Olimpo... creo que si tomáramos un chupito cada vez que he escrito (y escribiré) esa palabra, acabaríamos más pedo que Alfredo), Rick Riordan deja varios cabos sueltos: las palabras de Afrodita hacia Reyna, todo lo sucedido con Leo al final... Y creo que, de nuevo, los atará en una nueva saga.

Porque sabemos que Rick Riordan está trabajando en una nueva, en este caso basada en la mitología nórdica (¿qué si me muero por leer a su Loki? Qué bien me conocéis) y bajo el título de Magnus Chase y los dioses de Asgard. Chase. No, no es casualidad, el mismo Riordan lo ha confirmado y, además, en La sangre del Olimpo Annabeth habla sobre un tío suyo al que apenas vio y que tiene un hijo. Vamos, blanco y en botella, leche.

A pesar de esos cabos sueltos, la aventura contra Gaia termina, al igual que los problemas entre campamentos, creando una nueva situación que parece mucho mejor para los semidioses.

Sin embargo, he de decir que me ha faltado epicidad en el final. Sí, hay una parte que es brillante (la que tiene que ver con Nico, Will y Octavio), pero lo que es la lucha contra Gaia y el cumplirse la profecía se me quedó un poco soso. De hecho, El último héroe del Olimpo me parece un final muchísimo más épico, más conseguido y mejor pensado que La sangre del Olimpo, lo que es un poco decepcionante porque llevamos cinco libros con los protagonistas peleando contra el fin del mundo y una rival más que terrible y el enfrentamiento final ha sido un poco descafeinado.

Aunque, eso sí, el plan de Leo me pareció súper inteligente. De hecho, es por cosas de esas que, pese a que tiene sus fallos, estoy encantadísima con el libro. Porque me he reído, no he podido dejar de leer y pasan un montón de cosas súper molonas, así que se le perdonan los puntos flojos.

Vamos, que me ha encantado la saga y que estaré esperando como agua de mayo conocer a Magnus Chase.

El próximo lunes literario estará dedicado a... Fangirl de Rainbow Rowell.

sábado, 14 de marzo de 2015

La carga de Clarke

Y tras decir adiós a la segunda temporada de Sleepy Hollow (de la que tengo pendiente hablar, por cierto), ayer miércoles decía adiós hasta octubre otra serie. En este caso, la segunda temporada de The 100, esa fantástica joya de la ciencia-ficción que, por algún motivo que no alcanzo a comprender, no lo anda petando al otro lado del charco. En serio, yankis, what is wrong with you, guys? Seh, lo pongo en inglés tanto por fardar como para me entiendan... Bueno, sólo por lo primero, que no creo que me lean.

La cuestión es que The 100 nos ha dejado huérfanos hasta octubre, pero a cambio hemos tenido una temporada gloriosa donde no ha habido ni un momento de respiro, ni un sólo episodio de transición (también denominado “la mierda de relleno”).

Los guionistas se han preocupado de tratar a todos los personajes, sabiendo repartir el protagonismo entre todos ellos de forma muy equitativa. Quizás no salían en todos los episodios, a veces sencillamente eran una presencia testimonial, pero todos ellos han contado con historias potentes y momentos que reforzaban el viaje de cada uno. Así, por ejemplo, en esta segunda temporada no se ha ahondado tanto en el carácter de Bellamy como sí se hizo en la primera, pero sigue siendo el héroe por antonomasia: desde el momento en que se infiltra en Mount Weather sabes que todo va a ir mejor, que va a hacer lo que sea para salvar el día.


Sin embargo, sí que han desarrollado a otros tantos personajes, cambiándolos con todo lo que iba pasando y siguiendo la senda natural: Octavia (¡quién lo iba a decir viendo el episodio piloto!) se ha convertido en una guerrera fiera, valiente y decidida que puede con cualquier cosa; Raven ha aprendido que se puede ser fuerte e independiente sin tener que renunciar a ser querida, lo que nos ha dado los únicos momentos románticos, al margen de la relación entre Octavia y Lincoln.

Por cierto, ni que decir tiene que Wick mola mil y que me encantan juntos. Además, ese tira y afloja no sólo es bonito, sino que tiene chispa y es divertido, lo que, de paso, dota de cierta ligereza a una serie tan dura como esta.

De hecho, eso ha sido algo que me ha gustado mucho de esta segunda temporada. En la primera quedó bastante claro que entre chicas andaba el juego, pues las tres protagonistas eran mucho más interesantes que la mayoría de los chicos. Sin embargo, poco a poco han ido trabajando en los personajes masculinos y han hecho cosas muy interesantes con ellos: Wick, como ya he dicho, es una buena incorporación; Lincoln ha pasado por todo un Infierno, del que ha salido reforzado y con una decisión que cambia su posición en la serie (eligió a Octavia, por tanto ahora a los ojos de los suyos es de la gente del cielo, habrá que ver si entre éstos le aceptan); incluso Jasper ha tenido que endurecerse a marchas forzadas y liderar a los 47 en ausencia de Clarke y Bellamy.


Incluso Kane, que había sido uno de los personajes con mayor evolución, ha seguido creciendo y se ha seguido ahondando en él. De hecho, Kane es hoy por hoy el único personaje adulto que merece la pena.

Porque yo no sé quién es peor, si Jaha en plan iluminado debido a un ataque de cojonitis de los gordos (le faltó dejar de respirar cuando pasaron de su opinión, cual niño chico) o Abby viviendo ajena a la realidad. Porque durante estos dieciséis episodios hemos asistido a como Abby se revolvía contra su propia hija, intentando ser una líder que nunca llegará a ser más que nada porque no es realista. Sí, desde luego sus ideales son bonitos, pero en un mundo como en el que viven no son nada prácticos. Está tan empeñada en dejar su alma intacta que ni sabe inspirar ni sabe tomar las decisiones adecuadas para que su gente sobreviva.

Y es que esta temporada ha estado reflexionando mucho acerca del liderazgo, del peso que supone portar la corona y lo han hecho con esa contraposición entre Lexa y Clarke, que ha sido la auténtica protagonista de esta última mitad de la temporada. De hecho, durante estos episodios Clarke ha tenido que decidir si Lexa era un espejo donde reflejarse o liderar fiel a su estilo.


Como bien ha dicho Octavia en este último episodio todos confían en ella, todos esperan que Clarke salve el día, sobre todo con Bellamy estando lejos como agente infiltrado. Es cierto que poco a poco Clarke se ha erigido la líder de la gente del cielo, con Bellamy como mano derecha. La princesa y su capitán de la guardia, por decirlo de alguna manera. ¡Y qué posición tan ingrata!

Clarke ha sido la que se ha visto obligada a tomar decisiones imposibles, a tener que hacer de tripas corazón por el bien de los demás y básicamente a sacrificarse. Clarke tomaba las decisiones que debían tomarse, pero que nadie querría tomar. Que estuviera más o menos acertada es algo que debe juzgar cada uno, aunque sí que es verdad que a Clarke siempre le ha movido el salvar tanto a su gente como a los máximos posibles, incluso a expensas de sí misma.

Porque Clarke en cierta manera ha vendido su alma, algo de lo que ella era consciente, pero que no le ha importado hacer por un bien mayor. De hecho, ha sido algo que ha mantenido hasta el final al exiliarse para facilitar las cosas a los demás. Y es que Clarke habrá salvado a los 47, pero por el camino se ha cargado a mucha peña y ha conseguido una buena cantidad de reproches: desde una Octavia que fue tan humana como cruel (el decirle que no es suficiente todo lo que ha estado haciendo del último episodio) hasta su propia madre, que más parecía una niña enrabietada. Quizás es porque Abby nunca ha sido santo de mi devoción, pero siempre me dio la sensación de que envidiaba a su propia hija porque conseguía con facilidad lo que ella no pudo obtener: que la siguieran y respetaran como líder.


A eso hay que añadirle que la situación con Raven está tensa desde lo sucedido con Finn y que seguramente Jasper va a culparla por la muerte de Maya. Vamos, que entre la culpa que debe sentir y el panorama que le espera en el Arca no me extraña que haya decidido auto-exiliarse.

Eso sí, también me ha gustado que haya habido gente que sí la ha entendido: Kane, que sabe lo que es verse en esa situación (de hecho todas las vidas que arrebató en el Arca son su máxima motivación para proteger a todos los posibles) y, sobre todo, Bellamy.

El reencuentro en este último episodio no ha sido tan bonito como ese abrazo anterior, pero sí que ha sido mucho más intenso y, en mi opinión, una declaración de intenciones. Ha sido Bellamy quien ha puesto la mano sobre la de Clarke para bajar la palanca, el que ha insistido que están juntos y también ha sido él de quien se ha despedido. De hecho, esa escena me ha encantado: el cómo ha intentando que Clarke se quedara, insistiéndole en que estaba con ella y que, si quería perdón, él se lo daba.




Y tras esta pedazo de escena, yo estaba exactamente así:

Y no sólo no se han besado, sino que Clarke se ha ido sola. Sola. ¡¿Pero por qué leches no se ha ido Bellamy con ella?! ¡¿Por qué?!

No, en serio, que hasta Lexa ha besado a Clarke antes que Bellamy. ¡¿Pero esto qué es?! Ojo, creo que en The 100 son valientes hasta a la hora de tratar la sexualidad, haciéndolo con naturalidad, pero es que Clarke y Bellamy deben estar juntos y de momento nada de nada. ¡Pero que Jasper ha pillado cacho antes que estos dos! ¡Jasper!

Espero que en la tercera nos den algo entre ellos, en serio, que ya se está convirtiendo en una costumbre separarlos y que nos dejen esperando el reencuentro. Además, Clarke se merece un poco de amor tras todo lo que ha tenido que pasar. Hombre ya.

Pero, bueno, más allá de lo poco que me gusta que los hayan separado de nuevo, la marcha de Clarke deja una situación muy interesante en el campamento de la gente del cielo. Clarke era la líder, también la que consiguió una tregua con los grounders, pese a que Lexa la acabara traicionando. Por tanto, habrá que ver cómo está la situación entre ellos y, sobre todo, la del Arca: con Clarke fuera, ¿quién será el líder? Los adultos se empeñan en dirigir ellos el cotarro, pero la verdad es que no sirven (Kane no tardó en darse cuenta de ello), por lo que la opción más clara sería Bellamy (sobre todo tras quedar como un héroe tras Mount Weather), pero dudo mucho que Abby lo permita.

Y por si la nueva situación del campamento y el auto-exilio de Clarke no fueran suficiente, también tenemos otro frente abierto: Jaha en plan iluminado (y consecuentemente cada vez perdiendo más la cabeza, sólo hay que ver cómo se carga al random de la barca) y Murphy se dirigían hacia La ciudad de la luz, que vendría a ser La aldea del Arce para esta gente: un lugar donde acogen a todo el mundo y que hay arcoíris y unicornios prácticamente.

Jaha inició la expedición por un mero ataque de orgullo. Este es otro como Abby, incapaz de renunciar al liderazgo, así que se marchó para volver cual Mesías y volver a mandar. De hecho, se ha tirado unos cuantos episodios vagando por el desierto. Personalmente me la traía bastante al pairo lo que pasaba en este frente, más que nada porque Jaha me da pereza infinita y Murphy me parece más interesante cuando se relaciona con los 100.


Al final ese éxodo llevado a cabo por esta extraña pareja ha tenido su razón de ser, pues Murphy ha encontrado un búnker-mansión abandonado donde ha visto un video de lo más extraño (un hombre dice que una mujer lo hizo, que consiguió los códigos de lanzamiento, pero que la culpa es suya y, al final, se suicida), mientras que Jaha ha dado con el holograma de una mujer que lleva siglos esperándole y que tiene la cabeza del misil que Jaha envió a la tierra.

Semejante WTF? final conlleva muchas preguntas: ¿quién es el hombre del video? ¿La mujer del holograma es la misma de la que hablaba el hombre del vídeo? Bueno, yo eso creo que es de cajón, pero bueno. ¿Dónde está el cadáver del suicida? Y, sobre todo, ¿qué planea hacer el holograma con la cabeza del misil y el iluminado? Porque eso me da miedito, que están ambos dos como para llevar bonitas camisas de fuerza.

Ay, que la Comic Con llegue pronto para que nos cuenten cosas y, al menos, tener algo con lo que entretenerlos hasta que nos llegue la tercera temporada. Y como dice la gente del cielo:

Que nos volvamos a encontrar.